jueves, 13 de agosto de 2026

KEITH CHAPMAN (1958): BOB, THE BUILDER (BOB, EL CONSTRUCTOR (1999)



Yes, we can.
El lema de todo constructor. 
¿Lema  feliz?

La muralla de la ciudad

 





Su nombre no trasciende más allá del reducido círculo de los asiriólogos; pero su imagen, en una escena de un relieve, es una de las más conocidas del arte mundial. Se trata de una célebre composición, tallada en losas de piedra. que muestra a un emperador neo-asirio, el sanguinario Assurbanipal, estirado en un lecho, y su esposa, la emperatriz Libbali-Sharrat, sentada en un trono, celebrando una victoria sobre el rey de Elam (hoy en Irán), cuya cabeza decapitada cuelga de un árbol, en un frondoso jardín, atendido por sirvientes, bajo una parra cargada de racimos. El relieve, del siglo VII aC, hoy en el Museo Británico de londres, formaba parte de un conjunto de mayores dimensiones que  decorada la sala del trono del palacio real , en el norte de la capital imperial de Ninive (hoy en la periferia de Mosul, en el norte de Iraq).

La emperatriz, al igual que en otro relieve, está coronada. La corona representa una muralla. Posiblemente, la muralla de la ciudad de Nínive. 

Este motivo no es extraño. Abunda en el arte. Tres siglos más tarde. En época alejandrina, en efecto, nació una nueva divinidad: la diosa Fortuna. Al menos, surgió una nueva manera de representarla. Seguia sosteniendo el tradicional emblema de la Fortuna, una cornucopia -el cuerno del fecundo dios griego de los ríos, Aqueloo, fuente de vida, que Heracles arrancó-, cargada de bienes que desbordaban del cuenco, o unas espigas, signo de la riqueza de los campos cultivados que proporcionan alimentos a la ciudad. 

Pero la Fortuna helenística, vestida con un peplo, una túnica de amplios vuelos, elegantemente sentada, portaba una corona en forma de la muralla de la ciudad de la que era la divinidad protectora. La imagen de la muralla es tan realista que los estudiosos pueden saber a qué ciudad la diosa Fortuna representada (o encarnada en su efigie) protegía. No existen dos imágenes idénticas. Cada representación de Fortuna es distinta, como diversas son las configuraciones de las murallas de las ciudades.

Este motivo deriva de la representación de la emperatriz neo-asiria Libbali-Sherrat . Ésta no era propiamente una diosa, aunque el trono en el que se asienta es un atributo divino, y el relieve destaca la figura de la reina, contrariamente a la de su esposo, Asurbanipal, con la cabeza al descubierto. Pero fue divinizada como la diosa Fortuna en época helenística. 

La figuración de la diosa Fortuna, confundida a veces con la imagen de la benéfica diosa Cibeles, de origen también oriental, en el Imperio Romano -Cibeles se representaba coronada, sentada en un trono, flanqueada por leones o toros, como signo de su capacidad de dominar a las bestias (una función que la diosa llamada La Señora de las Bestias ejercía en el Mediterráneo central y oriental, como en la isla de Creta, por ejemplo, a lo largo de la edad del bronce,  desde el cuarto milenio aC), y de asegurar la paz de la ciudad, liberada de los peligros que las fieras,provenientes de la selva, el espacio no civilizado, encarnan- prosperó en el mundo romano, y revivió en Europa a partir del Renacimiento. 

Se trata, en suma, de una de los legados más divulgados y de mayor recorrido, de un motivo iconográfico de origen mesopotámico (neo-asirio), junto con, entre otros, la estructura política imperial, también  neo-asiria, y desarrollada en el imperio alejandrino en contacto con oriente, y el cristianismo, de origen levantino -con influencias tanto egipcias como persas e hindúes.


martes, 11 de agosto de 2026

La letra con sangre…..: normas para estudios universitarios privados en Barcelona (ss. XVI-XVIII)








 

Fotos: Tocho, Biblioteca de Cataluña, Barcelona, agosto de 2026


Barcelona contó, a partir de mediados del siglo XVI, una universidad pública, llamada Estudio General de la Universidad de Barcrelona -cuya fundación fue rogada por la Corona de Aragón desde finales del siglo XIII, topando con la cerazón del gobierno municipal (el Consejo de Ciento), que temía que las tolerantes leyes universitarias pusieran en jaque a las mucho más severas leyes municipales- y dos centros de estudios superiores privados, además de estudios superiores especializados de medicina, de gran calidad, existentes desde el siglo XII.

Los centros de estudios universitarios privados de Barcelona, hoy desaparecidos, comprendían un centro exclusivo, el Colegio de los Cordellas, para primogénitos de las familias aristocráticas, que sumaban las asignaturas de danza y escrima, necesarias para triunfar en la corte, a los consensuados estudios europeos que basicamente comprendían Derecho (canónico y civil), Teología, Artes, Matemáticas, Filosofía y Medicina, cuya gestión finalmente recavó en los jesuitas, y un segundo centro, enteramente jesuítico, ubicado en el Convento de Belén -del que solo queda la iglesia que sustituyó a la original en el siglo XVII.

Los tres centros, público y privados, estaban ubicados en la parte superior de las Ramblas, cerca de la muralla: la Rambla de los Estudios.

Las normas que regían el Colegio Superior de los Cordellas, en manos de la orden de Jesús, así rezaban (nunca mejor dicho):


"El precio del Seminario es de cien libras de moneda catalana al año, que son en moneda de vellón de Castilla mil setenta y cinco reales y veintidos maravedies.  Estos se pagan en plazos adelantados, o de 

seis en seis meses, o por cuartos, o por tercios, a arbitrio de los Interesados del Seminarista (...)

Las menudencia que necesita el Seminarista [el estudiante universitario], como son papel, plumas, Barbero, peluquero, chocolate en indisposiciones, y días de ayuno, Médicos, Cirujano, medicinas, coladas de ropa, etc. las provee el Seminario, y se apuntan por lo que cuestan, para que se satisfagan de seis en seis meses (,,,)

El vestido del Seminarista para lo público ha de ser de color negro a lo militar; en el invierno de paño, en verano de ropa ligera, pero no de seda, sino fueren las medias.

Dentro de casa el vestido puede ser de cualquier ropa, color y forma, con tal que sea decente. No se permite el uso del pelo natural sino rara vez, y con motivos particilares: regularmente llevan los Seminaristas [los estudiantes] peluquín. La ropa blanca que trae el Seminarista es la que quieran o puedan darle los suyos. El Seminario prove de ropa de mesa, toallas y cubierto de cuchara, tenedor y cuchillo, sin permitir el que nadie lo traiga por justos motivos (...)

Cada Seminarista habita en cuarto separado con un solo compañero. El ajuar de dicho cuarto trae el Seminarista en su entrada, y se lo devuelve en la salida. Se reduce a la cama regular con su cubierta, una cortina de indiana, una mesita, dos sillas de paja, y un baúl o arca para la ropa.

Distribución del tiempo, que observan los caballeros seminaristas:

En verano se levantan a las cinco y media, y en Invierno a las seis. En los días de fiesta y vacaciones de verana, a las seis, y en invierno, a las siete. Los criados acuden a despertarlos y ayudan a vestir a los más pequeños.

Emplean media hora en vestirse y lavarse las manos; luego se llama a Capilla, donde juntos hacen a Dios con el padre, que les preside, el ofrecimiento de las obras del día e imploran su protección, y la de los santos con algunos padrenuestros y avemarías; se lee inmediatamente en el Manual de Meditaciones del Padre Villacastin algún punto, que puedan meditar en tiempo de misa, la que concluida rezan la estación de la bula y se retiran a sus cuartos a peinarse, prever la lección, pensos, y libros para entrar en la clase; bajan a desayunarse, y concluido el desayuno dan la lección.

A las ocho entra cada cual con su maestro en el aula, que cursa hasta las diez. Dadas las diez salen del aula, y se retiran a sus cuartos a estudiar las lecciones, y trabajar los pensos, que han de llevar por la tarde a clase. A las once los Gramáticos, y Retóricos acuden con el maestro de escuela al salón, donde escriben planas, y se ejercitan en cuestas por espacio de media hora, la que los Filósifos y Teólogos emplean en argumentar.

A las once y media se toca a comer, y habiéndose lavado las manos, y dichas las bendiciones, se sientan en las mesas de los Padres Maestros, o en la del Padre Rector, conforme están repartidos.  Mientras se come guardan silencio, y para conseguirle, uno de los Seminaristas lee algún libro espiritual,, o de historia, a excepción de los miércoles, viernes y sábado en que por su reo de facultad mayor explican alguna cuestión relativa a los tratados que actualmente estudian y satisfacen a los argumentos que sobre ellos se les proponen; los de Gramática, y Retórica recitan de memoria sus lecciones y traducen del latín al español en los autores que les destinan sus Maestros. 

Después de comer dan gracias a Dios con la debida compostura, se lavan las manos, y dicha en el Salón la Salve a la Virgen Santísima, se dividen en las piezas, donde los Maestros de Danza, Esgrima y Música dan la lección a los que con voluntad de sus Padres aprenden estas habilidades. Duran estas lecciones por espacio de una hora, la que emplean en recreación y juegos permitidos los que no se imponen en ellas. A la una se retiran todos a sus cuartos a prevenir sus lecciones, composiciones ypasos. A las dos entran con sus Maestros en el Aula hasta las cuatro. A las cuatro meriendan y se entretienen en hablar unos con otros en juegos proporcionados, o en tocar algún instrumento hasta las cinco.

A las cinco acuden a sus respectivas piezas destinadas al esudio, en que deben perseverar hasta las siete en silencio, con aplicación y con quietud, interrumpiéndole solo por espacio de media hora los que toman lección de lengua Francesa . A las siete van todos al lugar de las conferencias, y pasos, que les tienen sus respectivos Maestros.

A las ocho rezan el rosario, y luego cenan, guardando el mismo método y orden de lugares que los del mediodía. Habiendo cenado, dado gracias al Señor y lavado las manos, se recogen todos en el Salón grande donde tienen con el Padre Rector y Padres Maestros, media hora de recreación. A las nueve y cuarto rezan de rodillas las Letanías de la Virgen; hacen el examen de conciencia, con el Acto de Constricción, y besando la mano del Padre rector,y a sus Mestros se retira cada uno a su cuarto para acostarse, ayudando los criados a que se desnuden los pequeños.  Acostados todos se apagan las luces, a excepción de las lámparas que permanecen toda la noche encendidas en los tránsitos, para que en cualquier ocurrencia  esté pronta la luz y sea siempre fácil el registro.

Esta distribución de tiempo se observa todo el año constantemente en los días de clase, a excepción de los meses de mayor calor en que la variación de las aulas públicas hace inevitable alguna mudaza en las horas del estudio y del recreo. En los días de Fiesta y Asueto tiene también alguna variación el estudio, son más las horas del recreo, hay media hora destinada para la explicación del catecismo, pláticas y documentos espirituales y para darles reglas de la policia y urbanidad qu se estila en el trato y concurrencia de las Personas de forma. En los mismos días se les ejercita en escribir y notar debidamente las cartas, asi familiares como cortesanas; y se les dan lecciones de Blasón, Geografía, Historia, Cronología y Esfera; se les impone en el manejo de los Globos, y en otras materias útiles y curiosas conforme se reconocen a cada uno más proporcionadas (...)"

(Constituciones del Imprial y Real Seminario de Nobles de Barcelona fundado bajo la invocación de Nuestr Señora y Santiado de Cordelles. Barcelona: Francisco uriá, 1763, ps. 7-15)

Se ha actualizado la ortografía.

El programa suma la vida de un colegio mayor con el de una universidad privada con estudiantes internos.

Hoy que triunfan los "coaches", el "mindfullness" y el "wellness", este programa sería sin duda recibido entusiásticamente. Si el ministerio y los rectorados...

Si Foucault hubiera leído este programa, que data de mediados del siglo XVI, no hubiera teorizado sobre la educación reglamentada, entre la cárcel y el hospital, a partir del siglo XVIII.  









lunes, 10 de agosto de 2026

Color

 Una próxima exposición sobre el color en Barcelona da pie a que le demos una vuelta a dicho tema.

Aunque sabemos que el color nace en nuestro cerebro cuando éste interpreta los rayos reflejados que llegan al ojo -rayos que resultan de una parte de la luz descompuesta cuando llega a un objeto y una parte de la misma rebota en la superficie, sin la parte que el objeto absorbe-, solemos considerar  que el color es una materia o tiene un fundamento material: el color es un pigmento, sólido o licuado, y no un rayo de luz descompuesto. El color se toca, se palpa y tiñe los dedos. El color es un polvo imperceptible, una pasta o un líquido que recubre las cosas. 

Color, en latín no designa exactamente lo que nombramos color. El latín, color se traduce más bien  por tinte como por tono. El color es una substancia que por un lado impregna, es decir se adentra en la materia, el interior de las cosas, pero por otro se queda en la superficie que recubre. El verbo coloro se traduce por disfrazar. El color es una máscara que cambia la apariencia de las cosas.

Tiene así el color, en latín, una connotación estética. Así como no existe una palabra que se pueda traducir directamente por belleza o bello -una cualidad estética siempre asociada a un valor ético-, lo que más se acerca a lo que entendemos hoy por belleza, en latín, es color. El color embellezca, o, mejor dicho, otorga una cualidad a las cosas que las hace atractivas.

La máxima atracción posible es la sensación de vida: el tono, uno de los significados del latín color, es el tono vital. Y es cierto que distinguimos a los vivos y del muertos por el color: blanco, lívido en un caso, vívido en otro. A los muertos, precisamente, se los maquilla, se les colorea el rostro con colorete, para producir una ilusoria ilusión de vida durante el velatorio.  Detectamos que una persona está enferma, no se encuentra “bien”, algún mal la afecta, cuando percibimos que tiene “mal” color: un color apagado, gris, mortecino. El “buen” color, que implica viveza y brillantez, claridad, luminosidad, que estalla o irradia, está asociado a la vida.

A un tipo de vida. El color, en Roma, se asocia a la urbanidad. Las personas educadas, civilizadas, hechas a las normas urbanas que regulan las relaciones y dictan lo que está escrito y lo que está proscrito, lo aceptado y lo prohibido, tienen un color determinado. Los malhechores, los maleducados, los fantasmas no tienen color. Son oscuros, sombríos, opacos; no circulan a plena luz; actúan a la sombra; no presentan el barniz, el color, que invita a establecer buenas relaciones porque suscita imágenes placenteras. El color es una muestra de urbanidad; determina la cualidad, la “bondad” de las relaciones que mantenemos con los demás. Tenemos que poner o tener buena cara para evitar conflictos, que siempre nacen de la ausencia de color, de la oscuridad, de la cerrazón. 

 

domingo, 9 de agosto de 2026

RODRIGO GOULAO DE SOUSA (1996): UNCANNY ALLEY (PASAJE SINIESTRO, 2024)



Sobre este director de cine de animación portugués, y sobre este conocido cortometraje, que forma parte de una trilogía, véanse, por ejemplo:



Abstenerse quienes echan un atemorizado vistazo debajo de la cama antes de apagar la luz, y a quienes los pasillos, iluminados por una bombilla, recorridos a solas....

DAVID ROMERO: PLEASANT INN (MOTEL AGRADABLE, 2019)



Si alguien está de vacaciones solo en un hotel de carretera, que no se le ocurra mirar este celebrado cortometrajede animación.

Sobre este director de películas de animación de terror norteamericano, véase, po ejemplo:

ORINA: MORENO ALBAÑIL (2025)



Sobre este grupo malagueño, véase esta página web: 

sábado, 8 de agosto de 2026

Matrícula de honor

 Julio: la corrección de los últimos exámenes y trabajos ha concluido, antes de las evaluaciones de las entregas que tendrán lugar de aquí a un mes, en septiembre, incluso en octubre.

Los mejores exámenes y trabajos reciben la calificación de. Sobresaliente siempre que la nota (sobre diez) sea 9 ó 10. La máxima calificación.

¿Máxima? ¿Acaso no es la Matrícula de Honor, que suele anotarse en los expedientes como MH?

Puede sorprender que exámenes y trabajos calificados con la nota 10 no reciban una Matrícula de Honor. Ocurre que esta calificación no es tal. La calificación más alta es Sobresaliente . La Matrícula de Honor, en cambio, es una gracia que se concede, una dispensa del pago de una asignatura el curso siguiente. Tal gracia se concede con cuenta gotas, toda vez que la ausencia de pago afecta la economía de las escuelas y las facultades. El estudiante obtiene una gratuidad, y lo que no abona es cubierto por las matrículas no de honor sino efectivas del resto de los estudiantes.

¿A qué viene el nombre de Matrícula de Honor?

Matrícula viene del latín Matrix, y esta, a su vez, de Mater: madre. Matrix sígnica seno, origen. Matrix es lo que da la vida. Un inicio, un borrón y cuenta nueva.

Las matrículas de honor deben registrarse: registrar la gratuidad concedida, la liberación de la sujeción a un pago: una nueva vida, sin la coacción del abono de la matrícula. 

Matricularse significa registrarse. El registro, en este caso, se realiza con el apellido de la madre -estamos  en un registro vital que permite respirar sin ahogos económicos-, al contrario que los registros en el padrón, con el apellido del padre. Empadronarse significa enraizarse, instalarse, asentarse; matricularse, en cambio, conlleva liberarse de un pago, lo que concede libertad de movimiento y poder iniciar una nueva vida, seguramente lejos de donde uno se ha empadronado. Frente a la rigidez, el estar atado a un lugar, la capacidad de desplazarse sin ataduras.

La matrícula concede un respiro. Éste es un alivio. Uno se saca un peso de encima. Puede aspirar a algo más, un puesto, un cargo más elevados. Puede tener ambiciones en la prosecución de un bien, de hacer bien las cosas. La matrícula permite crecer y desarrollarse sin el freno del pago de una matrícula. Facilita la vida, los estudios. Concede una segunda oportunidad. El estudiante renace. Ya no es una carga para la familia. Podrá moverse y extraerse de la raíz familiar, tendrá la libertad de decidir qué hacer, dónde instalarse -si piensa en instalarse (la instalación pone el freno a la exploración; se llega a término, que puede ser a buen puerto, pero sin posibilidad de reemprender el viaje. Éste ha concluido).. La matrícula de honor es un soplo, permite respirar, concede aire para seguir estudiando.

Es por eso, que la limitación que la ley establece para la concesión de una matrícula de honor es injusta, pues la denegación de tal honor impide un cambio de aires, que concede un renovado deseo en el estudio. El enraizamiento, la falta de movimiento, las limitaciones para seguir avanzando amenazan entonces. La explotación de la vida llega a su fin. Ya solo cabe la repetición mortecina. 



jueves, 6 de agosto de 2026

Αula

 Estudiamos, impartimos clase en un aula. Ésta se define como un espacio cerrado y cubierto, dedicado a una función preferentemente académica o docente. El aulario es el conjunto de aulas. Compone un bloque cerrado, que se opone al patio, necesariamente abierto. El estudio frente al recreo, la concentración ante la dispersión, el silencio opuesto al bullicio. Dos mundos, de tensión y de distensión, enfrentados, pero que se necesitan aunque -puesto que- se enfrentan. Se complementan. Cojeen el uno sin el otro; pierden sentido y utilidad. 

Se ha comentado a menudo la función que cumplía el claustro en los monasterios: un patio de ciertas dimensiones, a cielo -nunca mejor dicho- abierto,  rodeado por un pórtico abovedado, en cuyo centro en ocasiones se halla una fuente, una evocación del paraíso donde la vida surgió.

Los monjes deambulaban solos y en silencio. La mirada gacha, meditaban al ritmo de los pasos. Daban vueltas y vueltas por el claustro, tratando de solventar un problema cuya resolución les obligaba a girar una y otra vez alrededor del tema. No se trataba de un motivo que diera pie a una sola, unívoca solución inmediata, sino que los circunloquios eran necesarios para abordar las múltiples ramificaciones del tema planteado. El caminar imitaba los avances de la mente. Cuerpo y espíritu actuaban coordinados.

Un eco de esta conexión entre la conversación con uno mismo o el trato con un problema y el deambular, acontece diariamente cuando hablamos largamente a través del teléfono móvil. ¿Alguien es capaz de razonar, argumentar y debatir o discutir sin dar pasos adelante y hacia atrás, volviendo una y otra vez sobre los pasos como un animal enjaulado?

Recuerdo la impartición de una clase en directo a través de Internet cuando la pandemia. La clase se filmaba y se retransmitía desde el claustro de un monasterio. Nunca anduve tanto. Ninguna clase “salió” mejor. Libre de encerrona.

La insólita falta de armonía entre un aula y un claustro considerado como el lugar más apto para pensar y repensar, considerar desde todos los ángulos un problema, y ordenar las distintas soluciones, desaparece cuando sabemos que aula viene del latín y éste del griego. En latín, aula designa un espacio abierto: un patio, y aulé, en griego, se refiere a un patio abierto ante una morada, bordeado también por dormitorios,  establos, graneros, y el cercado del conjunto. Hoy que la lectura de Homero ha vuelto a la palestra, podemos descubrir en los textos homéricos que las puertas de acceso a las estancias de los varones y a las de las mujeres se abrían desde el aulé. Éste actuaba como un distribuidor, al mismo tiempo  que conjuntaba vivienda humana, animal, despensas y graneros. Actuaba de pulmón, de centro, desde el que se organizaba la vida de la hacienda: un lugar donde organizarse para que la vida se desarrollara sin sobresaltos. La presencia de un altar en el centro del aulé contribuía a unir a los mortales con los mortales, siendo así el patio una imagen de un universo ordenado, libre de enfrentamientos: un paraíso -donde formarse. 

Hoy, siempre cubrimos los patios para convertirlos en estancias, perdiendo este espacio intermedio que permite un tiempo de reflexión y de meditación y nos prepara para combatir el infortunio y aceptar sin vanagloria la fortuna incierta. 

martes, 4 de agosto de 2026

Cuando las culturas jugaban …

 Cervantes se paseaba un día por un mercado de viejo en Toledo. Estaba angustiado. Estaba escribiendo las aventuras de don Quijote que había leído, pero el texto que tenía en manos era incompleto. Buscaba y rebuscaba la continuación para seguir copiándolo o seguir inspirándose en aquel. La historia se había quedado detenida en medio de una contienda, con las armas alzadas. No sabía qué hacer, ni cómo continuar. 

En esas, Cervantes se topó con un muchacho que vendía  papeles y libros viejos. Rebuscando, Cervantes halló una caja llena de hojas sueltas. Pero estaban escritas en letras árabes. No era capaz de leerlas, Pero no se preocupó. En el Toledo de su época, escribió Cervantes, no costaba hallar quien conociera las lenguas más antiguas. Y así fue.

Un aljamiado, es decir quien sabía aljamía , castellano escrito en letras árabes (una palabra de origen árabe, alachemia, que significa extranjera), se ofreció y se puso a leer en silencio. No pudo contener la risa. Cervantes le preguntó qué contaba el texto: una historia en la que la dulce Dulcinea no quedaba muy bien parada. De inmediato, Cervantes intuyó que sus preocupaciones podían estar llegando a término. Preguntó qué era este texto, cómo se titulaba, quién lo había escrito. El aljamiado le respondió: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo. 

No bien hubiera oído esto, Cervantes adquirió el legajo. Ahora podría seguir copiando, en letras latinas, las aventuras de don Quijote, a partir del original -o de su transliteración en alfabeto árabe- escrito por un autor árabe que sabía castellano, un aljamiado. Cervantes, así, se presentaba como un copista, y asumía que el verdadero autor no era un “cristiano viejo”. 

La aljamia (una palabra de origen árabe, que significa la extranjera) , el castellano escrito en alfabeto árabe, no era una rareza en la España del siglo XVI. Era un testimonio del transvase de una cultura a otra, de un alfabeto o escritura a otra, un fenómeno que se ha dado a menudo en la antigüedad (pensemos en la más conocida piedra de Roseta egipcia con un texto en egipcio y en griego, con tres tipos de escritura), como comentaban unos estudiosos esta tarde, entre quienes se halla Heather Ecker, estudiosa del arte islámico y conservadora del departamento de arte islámico en el Museo de Dallas, a quien agradecemos que nos halla revelado el tema de la aljamía, fundamental en los estudios literarios españoles manieristas y, sin embargo, poco conocido.

Sin querer idealizar el pasado,  hubo posiblemente un tiempo en que las culturas no necesariamente chocaban.

Miremos hoy lo que está ocurriendo en España, donde existen comunidades que ni siquiera aceptan integrar a  unos pocos niños que podríamos definir como aljamiados.

Cervantes escribió este juego meta literario con humor, sin amargura,  a la vuelta de su esclavitud en Argel. 


Nota:

Cervantes escribió (Quijote, parte 1, cap. 9):

 Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos cartapacios y papeles viejos a un sederoVI21; y como yo soyVIIaficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural inclinación tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía y vile con carácteresVIII22 que conocí ser arábigos. Y puesto que aunque los conocía no los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado que los leyese23, y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua le hallara24. En fin, la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír.

Preguntéle yo queIX de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese, y élX, sin dejar la risa, dijo:

—Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: «Esta Dulcinea del Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha»25.

Cuando yo oí decir «Dulcinea del Toboso», quedé atónito y suspenso, porque luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo26. Mucha discreción fue menester para disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del libro, y, salteándosele al sedero27, compré al muchacho todos los papeles y cartapacios por medio real; que si él tuviera discreción y supiera lo que yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la compra. ApartémeXI luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor28, y roguéle me volviese aquellos cartapacios29, todos los que trataban de don Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y dos fanegas de trigo30, y prometió de traducirlos bien y fielmenteXII31 y con mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa32, donde en poco más de mes y medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere.”





Retablo




 

Antonio Gaudí: fachada lateral -la única original del templo expiatorio de la Sagrada Familia, de Barcelona. Último cuarto del siglo XIX - primer cuarto del siglo XX

Retablo de la Virgen de la candelaria, en alabastro, de la basílica gótica de la Virgen María de Castelló de Ampurias (Gerona).  Siglos XV- XVIII


Retablo: palabra compuesta de origen latino que significa detrás del mostrador (el altar) o de las tablas pintadas colgadas de la escenografía que constituye un retablo.

En cualquier caso, un retablo es un gran decorado ante el que acontece un ritual o un espectáculo, ya sea en cultos paganos o cristianos.

Un retablo simula una fachada de un templo, o una tela tendida. Aunque tenga cuerpo no encapsula ningún espacio interior. Es una estructura que existe para ser contemplada desde la distancia, se ubique en un espacio interior (que simboliza el mundo), como una iglesia, o al exterior. El retablo instaura un espacio sagrado que permite que los poderes invisibles se muestren y que los humanos, sacerdote mediante, comulguen con aquéllos. Un retablo, pues, abre un espacio de encuentro y de comunicación. No requiere ser penetrado: la comunión acontece ante aquél. Como una aparición deslumbrante, el retablo extiende sus alas laterales para acoger a la comunidad. Funda un lugar donde las voces discordantes se armonicen en un mismo canto.


NB: El paralelismo entre ambas obras ha sido postulado desde mediados de los años sesenta, especialmente perceptible, cuando el templo aún no cargaba con los añadidos actuales.


lunes, 3 de agosto de 2026

Contra tación

 El reino de Liliput es severo con la contratación pública. Cualquier gasto que supere los quince mil maravíes debe ir a concurso. Es cierto que las fases de algunas obras pueden trocear y distribuir las fases del trabajo como si fueren encargos independientes a distintos artesanos, siempre que los costes sean inferiores a la cantidad antes enunciada. La pintura del trono puede concebirse como una tarea muy distinta del tapizado y ya no digamos de la tarea del ebanista. Así, se evita tener que plantear un concurso entre fabricantes de tronos que, necesariamente, para asegurarse el encargo, bajarán dramáticamente los costes -a costa de no aceptar ninguna modificación, por mínima que sea (un cambio de color de la tela, por ejemplo, o unos centímetros más de madera lacada) y de sub-contratar  artesanos de discreto nivel, como un fabricante de cajas de madera para patatas, acostumbrado a la sierra y el martillo, en vez de un ebanista que trabaje con cinceles, brocas y formones, tras años de adiestramiento, cuyo fino trabajo es mucho más oneroso que el de clavar listones de madera de pino aserrados. 

A partir de entonces, se deberá proceder sigilosamente. No tienen que quedar documentos comprometedores. Los mensajes, escritos en clave, con palomas, y quemados apenas leídos. Dado que existe un ebanista que trabaja bien y con el que se ha trabajado bien en anteriores obras, se le entrega el detallado proyecto del tornero o del decorador suntuario y se le pide un presupuesto por el trabajo, cantidad por la que saldrá a concurso público la tarea y al que secretamente se espera que se presente quien queremos que realice el trabajo, que parte con ventaja, porque ha podido disponer de todos los datos y ha hablado con el diseñador del mueble acerca de lo que se espera del trabajo.

Se trata de un procedimiento lento y laborioso, sometido a suspicacia, en el que solo se valora el coste y no las demostradas habilidades resolutivas del torneador, cuyo resultado no siempre es el esperado. Un aprendiz de ebanista sin experiencia ni mano puede haber optado al concurso con un precio tan bajo que no puede sino ganar el concurso, pero tampoco podrá realizar un trabajo satisfactorio. El resultado será un trono cojo que habrá que restaurar a poco, o cambiar, a través de un nuevo concurso público que… (o de un encargo bajo mano). La transparencia en los contratos públicos en el reino de Liliput exige silencio, discreción y mucha oscuridad. Y unas cuantas invocaciones a los dioses artesanos.

domingo, 2 de agosto de 2026

JEROME HILL (1905-1972): THE SAND CASTLE (EL CASTILLO DE ARENA, 1960)



Entre Tati y Fellini, esta extraordinaria película, entre ficción y animación, de uno de los mejores cineastas norteamericanos -pintor y músico, formado en Francia-, es una joya que el Museo de Arte Moderno de Nueva York acaba de restaurar.
Basada en teorías de Jung, entre el sueño y la realidad, la película muestra que cuando se logran construir castillos de arena, dar forma a los sueños, todo ya es posible.
Imprescindible.

sábado, 1 de agosto de 2026

Muros

 “Adiós a la civilización como la conocemos”

Un mensaje recibido en el móvil  ayer por la tarde, a raíz de los acontecimientos en Ceuta y Melilla, y comentarios sobre la “desaparición de la civilización occidental” pueden suscitar aplausos o rechazos, entusiasmo o indignación; pero quizá podamos recapacitar sobre “nuestra” cultura “occidental”.

Sin tener que remontarnos al lugar de origen de los homo sapiens sapiens -que no se sitúa, al menos por ahora, en Europa-, la cultura judeo-cristiana procede del Levante, marcada a su vez por cultos mesopotámicos, con influencias persas e hindúes, y se impuso por contactos y por imposiciones, en Europa occidental, en sucesivas etapas, desde conversiones hasta invasiones especialmente del norte de Europa. 

Las influencias árabes proceden de próximo oriente y del norte de África. Y éstas, a su vez, son el resultado del encuentro y del choque, de la admiración, la asimilación o la imposición, el contacto casual, buscado, favorecido o forzado, con culturas y credos egipcios, hindús, centro-asiáticos, centro-europeos, y centro-africanos. Sin que nos olvidemos de las aportaciones de culturas sudamericanas,  a partir del siglo XVII.

¿Acaso, entonces, no existe una (una sola, única) cultura originaria, propia de la península ibérica? Las ruinas arquitectónicas de un palacio o un santuario de Cancho Ruano son uno de los ejemplos más destacados de la antigüedad en la península ibérica. El modelo arquitectónico es conocido: procede del ámbito siro-mesopotámico. Aún no se han localizado los restos de Tartessos, la gran urbe del primer milenio en la península. Pero la cultura tartésica conjuga culturas locales con culturas fenicias, griegas y quizá etruscas. Gades (la actual Cádiz) fue el gran puerto del mediterráneo occidental: una fundación fenicia. 

No existen culturas puras, propias: las culturas griegas reflejan influencias mesopotámicas, del mismo modo que la cultura asiria no escapó a la difusión de Grecia; los tallistas de los relieves de Persepolis, la tardía capital persa, eran griegos. Como procedentes del imperio bizantino eran las cofradías de pintores que trabajaron en los Pirineos, con un imaginario cristiano oriental, distinto del romano, aunque ambos resultaban del encuentro entre Roma y Jerusalén, Roma influida por Atenas, y ésta, opuesta pero fascinada por Babilonia, la ciudad más querida por Alejandro.

No, no existen culturas propias  -lo propio es la mezcla, la interrelación-; existe el mito de la pureza, y de la autoctonía: la creencia, imperante en ciudades griegas como Atenas, en la existencia de una cultura nacida de las entrañas de la tierra, desde los orígenes del mundo, incontaminada. Una creencia que implicaba el rechazo, la exclusión, la expulsión de los “extranjeros”, los foráneos, de quienes no podían demostrar que sus antepasados ya existían en la ciudad cuando la creación del mundo, unos antepasados con una forma pre-humana de twn antigua que era, hija de las entrañas de la tierra. El rechazo, el cierre en banda, se asocia al miedo y al sentimiento de superioridad. Es decir, de aislamiento, que conduce a la ruina, la irrelevancia, y la muerte. La cultura “occidental” se apoya en Grecia y en Jerusalén. Grecia se ejemplifica en Platón y Aristóteles, padres respectivamente de la especulación y la observación, el estudio del alma y del cuerpo, del cielo y de la tierra. Mas, Aristóteles era macedonio, y nunca fue aceptado como un ciudadano por Atenas: era el extranjero, y los propios griegos consideraban que Platón, un autor helenístico, estuvo influido por Egipto -lo fuera o no: lo importante es que así fuera juzgado, como un autor que no era “propiamente” griego.

Si, podemos cerrar puertas y ventanas. Recluirnos, encerrarnos, dando la espalda al mundo. Pero si taponamos todas las aperturas, pronto nos faltará el aire: y nos desecaremos. Y pereceremos -si el encierro no es defensivo ante un ataque violento .

La cultura nace de la interacción con el mundo y con los demás; las técnicas y las reflexiones surgen del encuentro y del intercambio, de la emulación, de la escucha, de la asociación de ideas. Pensamos cuando escuchamos, leemos, observamos: a los demás. Las puertas cerradas, las persianas bajadas, las alambradas electrificadas, los muros ciegos definen un espacio característico: la cárcel. Y en la cárcel yacen los condenados, los excluidos. Mientras, la vida prosigue fuera. Cerrándonos nos condenamos. A ser irrelevantes. A desaparecer. A dejar de ser humanos. 


viernes, 31 de julio de 2026

(POESÍA URBANA, III). ÉMILE VERHAEREN (1855-1916): LA VILLE (LA CIUDAD, 1893)

“La ciudad”


Todos los caminos van hacia la ciudad.

Del fondo de las brumas, Con todos sus pisos de viaje

Hasta el cielo, hacia los más altos pisos

Como de un sueño, ella se exhuma.

Allí,

Son los puentes musculosos de hierro,

Lanzados, a saltos, a través del aire;

Son los bloques y las columnas

Que decoran esfinges y gorgonas, Son las torres sobre los suburbios,

Son los millones de tejados

Alzando al cielo sus ángulos rectos:

Es la ciudad tentacular, De pie

Al pie de los llanos y las haciendas.

Las claridades rojas

Que se mueven

Bajo los postes y los grandes mástiles,

Incluso a mediodía, arden aún

Como huevos de púrpura y oro;

El alto sol no se ve:

Boca de luz, cerrada

Por el carbón y la humareda.

Un río de nafta y pez

Sacude los diques de piedra y los pontones de madera;

Los silbidos crudos de los navíos

que pasan

Aúllan de miedo en la niebla;

Un farol verde es su mirada

Hacia el océano y los espacios.

Los muelles suenan con los choques de pesados furgones;

Las carretillas chirrían como

goznes;

Las balanzas de hierro hacen caer

cubos de sombra

Y los deslizan de repente en subsuelos de fuego;

Los puentes se abren por la mitad, 

Entre los tupidos mástiles se erigen horcas sombrías

Y letras de cobre inscriben el universo,

Inmensamente, a través 

De los tejados, las cornisas y las murallas,

Cara a cara, como en batalla.

Y por todos lados, pasan caballos y ruedas,

Corren los trenes, vuela el esfuerzo, 

Hasta las estaciones, alzando, como

proas

Inmóviles, de mil en mil, un frontón de oro.

Rieles ramificados ahí descienden

bajo tierra

Como pozos y cráteres

Para reaparecer a lo lejos en redes claras de destellos

En el estrépito y la polvareda.

Es la ciudad tentacular.

La calle y sus remolinos como

cables

Anudados alrededor de

monumentos-

Huye y regresa en largos enlazamientos;

Y sus masas inextricables, 

Las manos locas, los pasos afiebrados,

El odio en los ojos,

Atrapan con los dientes los tiempos que las anticipan.

Al alba, a la tarde, a la noche, 

En la prisa, el tumulto, el ruido, 

Ellas lanzan hacia el azar la áspera semilla

De su trabajo que la hora se lleva.

Y los mostradores taciturnos y

negros

Y los despachos turbios y falsos

Y los bancos golpean las puertas

Con los golpes de viento de la demencia.

A lo largo del río, una luz

amortiguada,

Aproblemada y pesada, como un harapo que arde,

De farola en farola retrocede.

La vida con raudales de alcohol es

fermentada.

Los bares abren sobre las aceras

Sus tabernáculos de espejos

Donde se contemplan la ebriedad y la batalla;

Un ciego se apoya en la muralla 

Y vende luz, en cajas de un centavo,

El derroche y el robo se aparean en 

su agujero;

La bruma inmensa y rojiza

A veces hasta la mar retrocede y se arremanga

Y es entonces como un gran grito

lanzado

Contra el sol y su claridad:

Plazas, bazares, estaciones, mercados,

Exasperan tanto su vasta

turbulencia

Que los moribundos buscan en vano el momento de silencio

Que le hace falta a los ojos para cerrarse.

Tal el día —sin embargo, cuando las tardes

Esculpen el firmamento, con sus martillos de ébano,

La ciudad a lo lejos se extiende y domina la llanura

Como una nocturna y colosal

esperanza,

Ella surge: deseo, esplendor, obsesión;

Su claridad se proyecta en resplandores hasta los cielos,

Su gas milenario en matorrales de oro se atiza,

Sus rieles son caminos audaces

Hacia la felicidad falaz

Que la fortuna y la fuerza acompañan;

Sus muros se dibujan semejantes a una armada

Y lo que aún viene de ella de bruma y de humo

Llega en llamadas claras a los campos.

Es la ciudad tentacular, 

El pulpo ardiente y el osario 

Y la carcasa solemne.

Y los caminos de aquí se van al infinito

Hacia ella.



«La ville»


Tous les chemins vont vers la ville.

Du fond des brumes,

Avec tous ses étages en voyage

Jusques au ciel, vers de plus hauts

étages,

Comme d'un rêve, elle s'exhume.

Là-bas,

Ce sont des ponts musclés de fer, Lancés, par bonds, à travers lair;

Ce sont des blocs et des colonnes

Que décorent Sphinx et Gorgones;

Ce sont des tours sur des faubourgs;

Ce sont des millions de toits

Dressant au ciel leurs angles droits:

C'est la ville tentaculaire,

Debout,

Au bout des plaines et des domaines.

Des clartés rouges

Qui bougent

Sur des poteaux et des grands mâts,

Même à midi, brûlent encor

Comme des oeufs de pourpre et d'or;

Le haut soleil ne se voit pas:

Bouche de lumière, fermée

Par le charbon et la fumée.

Un fleuve de naphte et de poix

Bat les môles de pierre et les pontons de bois;

Les sifflets crus des navires qui passent

Hurlent de peur dans le brouillard;

Un fanal vert est leur regard

Vers l'océan et les espaces.

Des quais sonnent aux chocs de lourds fourgons;

Des tombereaux grincent comme des gonds;

Des balances de fer font choir des cubes d'ombre

Et les glissent soudain en des soussols de feu;

Des ponts s'ouvrant par le milieu, 

Entre les mâts touffus dressent des gibets sombres

Et des lettres de cuivre inscrivent l'univers,

Immensément, par à travers

Immensément, par à travers 

Les toits, les corniches et les murailles,

Face à face, comme en bataille.

Et tout là-bas, passent chevaux et roues,

Filent les trains, vole l'effort,

Jusqu'aux gares, dressant, telles des proues

Immobiles, de mille en mille, un fronton d'or.

Des rails ramifiés y descendent

sous terre

Comme en des puits et des cratères

Pour reparaître au loin en réseaux clairs d'éclairs

Dans le vacarme et la poussière.

C'est la ville tentaculaire.

La rue-et ses remous comme des

câbles

Noués autour des monuments—

Fuit et revient en longs enlacements;

Et ses foules inextricables,

Les mains folles, les pas fiévreux,

La haine aux yeux,

Happent des dents le temps qui les devance.

A laube, au soir, la nuit, 

Dans la hâte, le tumulte, le bruit, 

Elles jettent vers le hasard l'âpre

semence

De leur labeur que l'heure emporte

Et les comptoirs mornes et noirs

Et les bureaux louches et faux

Et les banques battent des portes

Aux coups de vent de la démence.

Le long du fleuve, une lumière

ouatée,

Trouble et lourde, comme un haillon qui brûle,

De réverbère en réverbère se recule.

La vie avec des flots d'alcool est fermentée.

Les bars ouvrent sur les trottoirs

Leurs tabernacles de miroirs

Où se mirent l'ivresse et la bataille;

Une aveugle s'appuie à la muraille

Et vend de la lumière, en des boîtes d'un sou;

La débauche et le vol s'accouplent en leur trou;

La brume immense et rousse

Parfois jusqu'à la mer recule et se retrousse

Et c'est alors comme un grand cri jeté

Vers le soleil et sa clarté:

Places, bazars, gares, marchés,

Exaspèrent si fort leur vaste turbulence

Que les mourants cherchent en vain le moment de silence

Qu il faut aux yeux pour se fermer.

Telle, le jour - pourtant, lorsque les soirs

Sculptent le firmament, de leurs marteaux d'ébène,

La ville au loin s'étale et domine la plaine

Comme un nocturne et colossal espoir;

Elle surgit: désir, splendeur, hantise;

Sa clarté se projette en lueurs jusqu'aux cieux,

Son gaz myriadaire en buissons d'or s'attise,

Ses rails sont des chemins

audacieux

Vers le bonheur fallacieux

Que la fortune et la force

accompagnent;

Ses murs se dessinent pareils à une armée

Et ce qui vient d'elle encor de brume et de fumée

Arrive en appels clairs vers les campagnes.

C'est la ville tentaculaire,

La pieuvre ardente et l'ossuaire 

Et la carcasse solennelle.

Et les chemins d'ici s'en vont à

l'infini

Vers elle.



Sobre este poeta belga, flamenco, que escribía en francés, véase, por ejemplo, este enlace:

 https://www.musee-orsay.fr/es/programa/agenda/exposiciones/emile-verhaeren-un-museo-imaginario