viernes, 28 de enero de 2022

Cine y Mesopotamia

 


https://jexmovie.com/watch?v=The_Exorcist_1973#video=p_jCj8rSYSNYg0gwRkswj-NnYyKe0Q-EFa9rbQ


David Wark Griffith (1875-1948), La caída de Babilonia (1919), basada en un capítulo de la película Intolerancia (1916)

Virgil William Vogel (1919-1996), Bajo el signo de Ishtar (The Mole People, 1953)

William Friedkin (1935), El exorcista (1973)x


Si la primera película dedicada a la figura de un arqueólogo y aventurero, Indiana Jones, de Spielberg, estrenada en 1984, pudo desatar nuevas vocaciones en el campo de la arqueología, como sin duda ocurrió -¿quién habría podido resistirse, aunque la realidad, en el yacimiento, revelara que no siempre se desentierran arcas de la alianza y otros enigmáticos tesoros, y sí innumerables fragmentos cerámicos envueltos en tierra reseca y nubes de polvo?-, la arqueología propiamente mesopotámica estuvo marcada por tres películas que desataron la imaginación y aún constituyen un marco a través del cual se percibe o se imagina no solo lo que se va a desenterrar, sino los valores o conocimientos que dichos hallazgos aportan. 

Sin la piedra fundacional del cine de ficción, la discutida película norteamericana, Intolerancia, de D.W. Griffith, que narra, durante casi tres horas, la historia de imperios que precedieron, si bien cayeron, aportando una lección sobre cómo gobernar, la instauración del "imperio" norteamericano, entre los que se encontraba el imperio babilónico, deslumbrante pero lastrado por los excesos, la imagen del Próximo Oriente antiguo, ya marcada y denostada por la Biblia y textos clásicos, y corroborada por las escenas de guerra en los relieves neo-asirios que empezaron a llegar a museos occidentales a mediados del siglo XIX, escenas "bárbaras" que se comparaban negativamente con los relieves griegos poblados de ninfas y diosas seductoras -los textos de Nietzsche exponiendo la explícita violencia en muchas obras escenográficas griegas no tuvieron excesivo eco popular-no habría quedado conformada hasta hoy, acentuada aún más por las sucesivas y destructivas guerras recientes o vigentes en el Líbano, Siria, Palestina, Iraq, Yemen y Afganistán. 

Intolerancia fue un fracaso de público y comercial, que no de crítica,, y Griffith realizó un nuevo montaje del capítulo fílmico más deslumbrante, dando lugar a una nueva película, intencionadamente titulada La caída de Babilonia, estrenada tras la Primera Guerra Mundial, cuando Europa yacía en ruinas, y el dominio y las guerras coloniales en el Próximo Oriente se desataban.


Tras la aún más mortífera Segunda Guerra Mundial, marcada por la ceguera de la bomba atómica, y la vuelta a las guerras coloniales en el Próximo Oriente, y la instauración del estado de Israel, basado en las profecías bíblicas, se estrenó la película norteamericana Bajo el signo de Ishtar (Ishtar la diosa pasional babilónica, capaz de todo para satisfacer sus deseos, hasta la misma aniquilación del objeto o sujeto del deseo) que cuenta como un desconocido y monstruoso pueblo, sediento de sangre, bárbaro y violento como los seres infernales, asentado en las profundidades de la tierra, llamado el pueblo sumerio, sale al exterior tras un descubrimiento arqueológico casual, aunque anunciado por escritos en enigmática escritura (cuneiforme), en el Próximo Oriente, poniendo en peligro al mundo civilizado.


La crisis del petróleo, causada por la segunda guerra de los Siete días, entre países árabes, bajo la órbitas soviética, e Israel, marcadamente norteamericana, desatada en el Próximo Oriente, y extendida por todo el mundo, coincidió con el estreno de la terrorífica película El exorcista -que nadie la contemple si padece terrores nocturnos-, filmada en la ciudad iraquí de Mosul y en el yacimiento romano oriental  de Hatra, en el norte de Iraq -una filmación hoy imposible-, que documenta, de manera fiel, cómo la vida en una misión arqueológica se ve trastocada por el desenterramiento de la pequeña testa esculpida, neo-asiria, de un Pazuzu, un monstruo mesopotámico causante de desgracias, que despertaba pavor, aunque sus temibles poderes podían ser utilizados ventajosamente para contrarrestar ataques venidos de fuera, lo que desencadena el abrir los ojos del mal (un mal ciego y que ciega, haciendo perder la contención moral) que toma posesión de una niña (un símbolo de inocencia) convertida en un ser incontrolable y maligno. De nuevo, de excavaciones en Próximo oriente antiguo,  emergían todos los males, nacidos de la tierra, entre los hombres, fuera de todo control, que ponían en jaque el orden del mundo.


Tres películas, la primeras y la última, obras maestras, que asentaron, en un siglo de lenta pérdida de las credenciales bíblicas, la imagen pérfida, dañina y peligrosa del Próximo oriente, la imagen turbadora del "otro", radicalmente distinto a "nosotros", que debe ser controlado, dominado o destruido.

  



2 comentarios:

  1. Muchas gracias por citar estas películas. Acto seguido he visto Bajo el signo de Ishtar, que si llego a verla de niño me hubiera obsesionado, como me sucedió con La guerra de los mundos (1953) o con Los crímenes del museo de cera (1953)

    A ver si veo la de Griffith.

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    1. Es curioso pero por un lado el productor fue un miembro del partido comunista, ilegal y perseguido, que sufrió los interrogatorios de McCarthy, y que por otro la película estuviera influido por autores que defendían la supremacía babilónica, a Babilonia como origen de todo, ninguneando a la Biblia, presentando a los textos del AT como copias serviles de mitos babilónicos, es decir nefando el pan a a la cultura judía, en un extraño acto anti-semita, lo que dirá a la película de un complejo trasfondo político.
      Muchas gracias por compartir recuerdos

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