jueves, 17 de julio de 2014
A vueltas con el Fórum de las Culturas, Barcelona, 2004
La revisión de las cuentas del fallido Fórum de las Culturas de Barcelona, en 2004, del que la ciudad aún no se ha recuperado -un "evento" que quiso ser una Exposición universal, tener el mismo eco que los Juegos Olímpicos de 1992, y acabó siendo una pesadilla entre el desinterés general- revela datos "sospechosos", cuenta la prensa diaria hoy.
Entre éstos, se mencionan 174000 euros pagados a una empresa que obtuvo el encargo de una exposición que no se llegó a hacer.
Sorprende que este dato aflore diez años más tarde. Algo parecido -quizá se trata del mismo hecho- se sabía desde 2002.
A finales de los años noventa, se organizaron concursos para escoger empresas que llevarían a cabo tres exposiciones sobre un tema dado de antemano.
Uno de los temas versaba sobre mitos mundiales.
El presupuesto era de dos mil quinientos millones de pesetas.
El contrato de la empresa ganadora, de quien había sido coordinador de Cultura del ayuntamiento de Barcelona durante diez años, en los años 80/90 del siglo pasado, fue anulado dos años más tarde, por indicación del responsable de las grandes exposiciones del Fórum, debido a que el proyecto seguía en barbecho. Al parecer, no tenía entidad. Poco se había hecho, se dijo. La indemnización subió a unos veinticinco millones de pesetas, si no falla la memoria.
El presupuesto descendió a ochocientos millones.
Se me encargó un proyecto alternativo que, todo y incluyendo obras de arte, no podía ser la simple continuación del proyecto anulado. Tenía solo dos años para desarrollar la exposición a partir de cero.
Los honorarios eran unas tres veces menos que la indemnización concedida a la empresa expulsada . Aún así, se trataba de unos honorarios excepcionales -salvo para comisarios muy conocidos.
El llamado Comité de Sabios exigía que la muestra incluyera cuadros de Rembrandt, Velázquez, etc., y Venus clásicas. Los préstamos estarían garantizados por la intervención de la Casa Real y del gobierno.
Meses más tarde, estas intervenciones se desvanecieron. La razón estribaba, se me comunicó, en que "a los políticos no les gusta recibir negativas", por lo que nadie iba a interceder para el préstamo de obras excepcionales.
La muestra pudo llevarse a cabo, con un guión de Eugenio Trías, Marta Llorente y mío. Se tituló La Condición Humana. La sombra de un sueño. La reina Sofía la inauguró en el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, con un muy buen montaje del arquitecto Josep Llinás -quien recibió el encargo porque el Fórum no tenía "ningún Llinás".
El presupuesto final, que fue descendiendo a medida que los patrocinadores iban dando la espalda al Forúm, debido al constante goteo de malas noticias, fue unas nueve veces menos del previsto años antes.
Tuvo un número de visitantes discreto, adecuado al limitado espacio, muy lejos de las previsiones o las exigencias del Comité de Sabios, para quienes menos de diez mil visitantes diarios eran impensables e inaceptables -apenas caben dos mil al día en este Museo-, y el trabajo del arquitecto tenía que consistir en organizar las colas que, sin duda, iban a llegar hasta la Vía Layetana.
La experiencia de trabajar con Eugenio Trías, en el comedor de su casa, y Marta Llorente, fue el mejor, el más grato de los recuerdos, así como con el prudente y brillante Josep Llinás, y las personas del Museo.
Corramos un tupido velo sobre todo lo demás.
Entre éstos, se mencionan 174000 euros pagados a una empresa que obtuvo el encargo de una exposición que no se llegó a hacer.
Sorprende que este dato aflore diez años más tarde. Algo parecido -quizá se trata del mismo hecho- se sabía desde 2002.
A finales de los años noventa, se organizaron concursos para escoger empresas que llevarían a cabo tres exposiciones sobre un tema dado de antemano.
Uno de los temas versaba sobre mitos mundiales.
El presupuesto era de dos mil quinientos millones de pesetas.
El contrato de la empresa ganadora, de quien había sido coordinador de Cultura del ayuntamiento de Barcelona durante diez años, en los años 80/90 del siglo pasado, fue anulado dos años más tarde, por indicación del responsable de las grandes exposiciones del Fórum, debido a que el proyecto seguía en barbecho. Al parecer, no tenía entidad. Poco se había hecho, se dijo. La indemnización subió a unos veinticinco millones de pesetas, si no falla la memoria.
El presupuesto descendió a ochocientos millones.
Se me encargó un proyecto alternativo que, todo y incluyendo obras de arte, no podía ser la simple continuación del proyecto anulado. Tenía solo dos años para desarrollar la exposición a partir de cero.
Los honorarios eran unas tres veces menos que la indemnización concedida a la empresa expulsada . Aún así, se trataba de unos honorarios excepcionales -salvo para comisarios muy conocidos.
El llamado Comité de Sabios exigía que la muestra incluyera cuadros de Rembrandt, Velázquez, etc., y Venus clásicas. Los préstamos estarían garantizados por la intervención de la Casa Real y del gobierno.
Meses más tarde, estas intervenciones se desvanecieron. La razón estribaba, se me comunicó, en que "a los políticos no les gusta recibir negativas", por lo que nadie iba a interceder para el préstamo de obras excepcionales.
La muestra pudo llevarse a cabo, con un guión de Eugenio Trías, Marta Llorente y mío. Se tituló La Condición Humana. La sombra de un sueño. La reina Sofía la inauguró en el Museo de Historia de la Ciudad de Barcelona, con un muy buen montaje del arquitecto Josep Llinás -quien recibió el encargo porque el Fórum no tenía "ningún Llinás".
El presupuesto final, que fue descendiendo a medida que los patrocinadores iban dando la espalda al Forúm, debido al constante goteo de malas noticias, fue unas nueve veces menos del previsto años antes.
Tuvo un número de visitantes discreto, adecuado al limitado espacio, muy lejos de las previsiones o las exigencias del Comité de Sabios, para quienes menos de diez mil visitantes diarios eran impensables e inaceptables -apenas caben dos mil al día en este Museo-, y el trabajo del arquitecto tenía que consistir en organizar las colas que, sin duda, iban a llegar hasta la Vía Layetana.
La experiencia de trabajar con Eugenio Trías, en el comedor de su casa, y Marta Llorente, fue el mejor, el más grato de los recuerdos, así como con el prudente y brillante Josep Llinás, y las personas del Museo.
Corramos un tupido velo sobre todo lo demás.
miércoles, 16 de julio de 2014
ALBERT CAMUS (1913-1960): MEDITERRÁNEO
Caixaforum, de Madrid, presenta la exposición Mediterráneo. Entre el mito y la razón (ss. VI aC-III dC), entre los meses de agosto y diciembre de este año, tras haber sido mostrada en Caixaforum de Barcelona a principios de año.
La exposición presenta alguna variación: la inclusión de algunos textos más, diferencias en algunas piezas y en la presentación.
Entre los textos que no se hallaban en Barcelona, figura, a modo de conclusión, un fragmento de un discurso pronunciado por Albert Camus en Argelia en 1937:
“Cuenca internacional atravesada por las corrientes, el Mediterráneo es, entre todos los espacios, el único que quizá halla un lugar de encuentro con los grandes pensamientos orientales. Pues no es clásico y ordenado, es difuso y turbulento, como esos barrios árabes o esos puertos entre Génova y Túnez (…) Lo que hay de más esencial en el genio mediterráneo brota quizá de ese encuentro, único en la historia y la geografía, nacido entre Oriente y Occidente (…) Del mismo modo que el sol mediterráneo es el mismo para todos los hombres, el esfuerzo de la inteligencia humana debe ser un patrimonio común y no una fuente de conflictos y matanzas” (Albert Camus: La nueva cultura mediterránea, 1937).
Quizá solo sea una reflexión bienintencionada pero inocua, pero es posible que no haya perdido su actualidad ni su necesidad.
lunes, 14 de julio de 2014
Le Chanel: Karl Lagerfield y Le Corbusier (2014)
Volúmenes blancos en los que los cuerpos parecen encajonados, incómodos, desajustados, con uniones y cambios que no siguen las proporciones humanas -la cintura se ubica a la altura de las axilas-, formas hinchadas y pesadas, de gruesas telas acartonadas, hormigonadas, togas y capas como rampas que nunca terminan, motivos reiterativos, ornamentos concentrados en unos pocos lugares, vestidos largos -aunque no lo suficiente- apoyados sobre delgados soportes, los últimos vestidos de Karl Lagerfield para la casa de alta costura Chanel son, tras la villa y los trajes en la añeja película Mi tío, de Jacques Tati, la mejor interpretación de los logros de la arquitectura, el urbanismo y el mobiliario de Le Corbusier.
domingo, 13 de julio de 2014
ERIC FUENTES : BARCELONA (CAPITAL) (2014)
http://bcoredisc.bandcamp.com/track/barcelona-capital-2
Lejos, muy lejos de Manel, Els Amics de les Arts & Co. Por tanto, imprescindible.
El templo ibérico (el santuario de Astarté en Puente Tablas, Jaén)
Fotos: Tocho, julio de 2014
1-2: acceso al santuario
3: capilla de la divinidad
4-6: ojo, oreja, y recipiente grabados en el umbral
7-8: cuevas dedicadas a entes del mundo de los muertos
Los primeros santuarios íberos consistían en espacios delimitados al aire libre, en los que se enterraban o se echaban en fosas o pozos profundos, conectados con el mundo infernal, ofrendas y ex-votos.
Hacia el siglo IV aC, se construyeron los primeros templos. Quedó el recuerdo del culto a divinidades o fuerzas del inframundo.
Un santuario como el gran templo de Puente Tablas se organiza a partir de varias terrazas. Dedicado a una divinidad femenina, comprende dos áreas.
Una estatua anicónica de una divinidad femenina encinta, representada por una piedra erecta y abultada en la que tan solo destacan los brazos y las manos apoyadas sobre el vientre encinto, se erguía en la entrada, justo tras el umbral que la enmarcaba, a la que se accedía a través de una rampa. El día del equinoccio, el sol alumbraba solo la divinidad mas, durante el curso del día, mientras la luz penetraba en el recinto, el marco del umbral ensombrecía a la figura, que aunaba así rasgos solares o que irradiaban, con rasgos nocturnales: vida y muerte, luz y sombra se conjugaban en la imagen de culto, distinguiéndose del entorno. La diosa irradiaba y se ensombrecía a lo largo del día, destacando siempre de un entorno en el que el juego de luces y sombras se invertía, como si la diosa jugara con el tiempo.
Un altar, ante la estatua, acogía animales sacrificados, a los que se enterraba, ofrendados a las fuerzas del día y de las profundidades.
Dos áreas se contraponían entonces: una torre que quizá permitiera, desde la terraza, la observación de astros y estrellas, y, a través de un estrecho pasadizo, cuatro cuevas abiertas en la ladera. Posiblemente acogieran a figuras heroicas o divinizadas, a los ancestros que, desde las profundidades comunicaban con los vivos y los muertos.
La asociación del santuario con el mundo de los muertos se acrecentaba por la relación que la diosa mantenía con una divinidad masculina fúnebre. Ambas divinidades controlaban el ciclo de la vida. El tránsito de una etapa de la vida a otra, hasta cerrar el círculo se realizaba mediante un rito de paso que conducía al joven de la diosa de la luz al mundo de las tinieblas al que se asomaba desde el umbral; a lo largo de éste, incrustado en el suelo, destacaban tres grabados en piedra: un recipiente rectangular, quizá para ofrendar a los muertos y invitarles a ascender de las profundidades, un ojo con el que obtener la visión del futuro, y una oreja que escuchaba las plegarias.
De este modo, la fertilidad de la tierra, la fecundidad humana, el conocimiento del destino, a través del curso de los astros, y las voces del interior de la tierra -como en el Canto XI de la Odisea-, y el tránsito por las etapas de la vida se aseguraban, y se conducían a buen término gracias a la presencia del santuario que, desde lo alto de la colina dominaba el asentamiento así como el territorio circundante.
Nota: Agradecimientos al profesor Joaquín Ruiz Jiménez, de la Universidad de Jaén, y arqueólogo de Puente Tablas, por las detalladas y luminosas explicaciones
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