sábado, 31 de julio de 2021

La profundidad (de las imágenes)

 Aunque un texto trata de ceñir una realidad palpable, imaginada, intuida o visionada, material o ideal, la imagen textual, todo y su cercanía con lo descrito o representado, ofrece varios niveles de lectura -o inspira cuatro niveles-, desde una lectura literal hasta una última llamada "mística", pasando por alusiones y alegorías. No es cierto que una manzana fuera una manzana fuera una manzana, según la pobre lectura de Gertrude Stein. La imagen era y no era lo que mostraba: la imagen de una pipa era y no era un pipa, recurriendo de nuevo a un comentario de un artista moderno.

En Grecia antigua, la interpretación de un texto -un poema, inspirado por las Musas- ofrecía tres niveles. Un texto iba más allá de lo que "en apariencia" contaba. Poseía significados aludidos y ocultos que debían ser descifradas, para atender a la "profundidad" del texto. Éste no se quedaba en la "superficie" de las palabras. Era necesario prestar mucha atención lo que la literalidad del texto insinuaba. las interpretaciones de los textos de Homero, llevadas a cabo por un autor como Porfirio, iban en este "sentido": descubrir lo que las palabras (escritas) de Homero escondían. En la interpretación bíblica, por el contrario, como ya hemos mencionado, un texto poseía cuatro niveles de lectura.

Estas capas, sin embargo, solo deberían encontrarse en las imágenes poéticas, sagradas o profanas, fruto de una inspiración o rapto sobrenatural: los dioses, los espíritus (el Espíritu Santo), y las Musas: voces del más allá que cuentan, de manera alusiva, con medias palabras, lo que no puede ser comunicado directamente.

Las imágenes pictóricas, por el contrario, son planas. Se extienden sobre un plano. Formas y figuras siluetadas, recortadas, sin grosor, que se asemejan a recortes en un papel. Sin embargo, a partir del siglo V aC, en la Grecia antigua, y dos mil años más tarde, en Florencia, los artistas trataron de hallar un equivalente a la "profundidad", al "misterio" de las imágenes poéticas: la perspectiva fue uno de esos sistemas compositivos que trató de ir más allá de la literalidad, de la planimetría de las figuras representadas.  De pronto, el tamaño, las luces y las sombras, los contornos, se disolvieron, se complicaron, se fundieron, se desdibujaron. Las cosas se acercaban o se alejaban de los espectadores. Era necesario prestar atención a la representación. Su sentido no era evidente. Partes de la escena estaban abocetadas u ocultas. El tema principal podía, como en la pintura manierista (en los cuadros de El Tintoretto, por ejemplo), quedar en una esquina, pasar desapercibido, pese a ser la clave de la representación, lo que le daba sentido. 

La perspectiva fue un método compositivo (y ético:  una manera de situarse ante el mundo, o de situarlo ante nosotros) que trató de dar cuenta de cómo son las cosas, de reproducir su apariencia. Pero esta fidelidad a lo que las cosas muestran tenía como finalidad (oculta) revelar los múltiples significados de las cosas. Para que dichos significados fueran alcanzados, era necesario, previamente, que las formas fueran identificadas con precisión, sin ambigüedad. Era necesario saber lo que eran para tratar de llegar a lo que "representaban", significaban, a su razón de ser en el mundo, y a la relación que aceptaban establecer con los espectadores. El arte naturalista quería dar cuenta de la piel de las cosas, para luego darle la vuelta, ahondar en ellas y llegar a sus posibles múltiples sentidos. Una representación literal era una vía para dejar atrás una interpretación literal. 

El gran error de la teoría del arte occidental fue no darse cuenta que el arte naturalista no pretendía quedarse en una perfecta reproducción del mundo, sino que ésta vehiculaba fines teleológicos, es decir, quería "profundizar" en la lectura de las cosas, desvelando sentidos latentes y ocultos que solo podían intuirse en la piel o apariencia de las cosas, siempre que se quisiera levantar este velo.  


viernes, 30 de julio de 2021

CLOVIS NICOLAS (1973): HOT HOUSE (2021)

 

 Sobre este contrabajista de jazz originario de Costa de Marfil, formado en Francia, véase por ejemplo, su página web: https://clovisnicolas.com/

TERENCE DAVIES (1945): OF TIME AND THE CITY (DEL PASO DE LOS AÑOS Y DE LA CIUDAD, 2008)

 

Una de las mejores películas -un documental sobre los años de infancia y juventud del cineasta en la ciudad, los pasados años cincuenta y sesenta- relativamente recientes sobre una ciudad -Liverpool, despojada anteayer del título de Patrimonio de la Humanidad a causa de los desmanes urbanísticos y arquitectónicos en el barrio portuario, hasta entonces armónicamente preservado- del brillante cineasta inglés Terence Davies

jueves, 29 de julio de 2021

Los albañiles, la Universidad y la Santa Inquisición

 El tribunal de la Santa Inquisición fue una institución europea, un contrapoder al poder monárquico o imperial, fundado en la Corona de Aragón en el siglo XIII, que actuó sobre todo en el centro de Europa, hasta bien entrado el siglo XIX. Su función era velar por la ortodoxia del dogma cristiano, católico en particular -más que por las buenas costumbre-, debido  a las numerosas herejías causadas por las reformas protestantes, y la presencia de judíos y musulmanes, incluso tras su a menudo forzada conversión al cristianismo, tras los primeros pogromos en el siglo XIV -iniciados en varias ciudades españolas, particularmente en Barcelona, buscando algún chivo expiatorio ante la expansión de la peste negra-, y la caída del reino de Granada a finales del siglo XV. 

Aunque en la península ibérica, su presencia se generalizó a finales del siglo XV y su periodo de mayor control aconteció bajo el reinado de Felipe II, en el siglo XVI, los tribunales del Santo Oficio no fueron abolidos antes de la primera mitad del siglo XIX, si bien, el cambio de dinastía, de los Hausburgo a los Borbones, menguó la influencia de los tribunales de la Santa Inquisición.

Se conserva abundante documentación sobre los distintos tribunales en el reino o los reinos de España en el Archivo histórico Nacional.  El Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, así como el Archivo Histórico de la Universidad de Barcelona, también poseen documentación.

Un estudio de la misma revela qué faltas eran juzgadas: religiosas (Judaísmo, Islamismo, Protestantismo; Proposiciones, o palabras en contra del dogma católico; Celebraciones religiosas sin la debida autorización; No respeto de los votos: religiosos casados; atentados contra el dogma como comer carne en días prohibidos; Superstición; Masonería; Blasfemia), y de buenas costumbres o sociales en general en relación a prácticas sexuales (Bigamia, Bestialismo,  Fornicarios, Sodomía; pero también Falsas Testificaciones).

Se conservan listas de procesados, a veces con su profesión, y de penas: desde la ejecución o la cárcel perpetua, hasta la reconciliación (el juzgado abraza la fe católica) y la absolución, pasando por azotes, galeras, y, sobre todo en Barcelona, la "estatua": dicha condena se ejecutaba gracias a una efigie (una estatua) del procesado, que era expuesta y quemada. Dicha condena por delegación se aplicaba en el caso de personas ya fallecidas o huidas, pero también de personas vivas, quemadas por sustitución, cuyo futuro estaba así marcado para siempre. 

Raramente personas de alto rango eran juzgadas, aunque algún miembro del propio Tribunal del Santo Oficio sufrió el proceso. Casi ningún aristócrata fue enjuiciado, sí algunos militares. Un ministro de Justicia, Jaume Maseras,  fue enjuiciado en Barcelona en 1633: su condena no se especifica. Un gobernador, de Tragó, Matías Aguilar fue reprendido, por asesinato, en 1627.

Pero fueron sobre todo artesanos y comerciantes los más afectados. La lista de profesiones es sorprendente, y fascinante, a ojos del siglo XXI; denotan la riqueza, diversidad y precisión de las labores artesanas. Todo un mundo, un pequeño mundo se despliga en un listado casi desconcertante. Algunas profesiones han desaparecido (incluso de nuestro vocabulario), y son casi inimaginables. La lista suena casi como una incantación: 

Estanquero, joyero, curtidor, mercader, tintorero, tejedor, pintor, barbero, coralero, sedero, tendero, sastre, tornero, curtidor, jubonero, ropavejero, peletero, portero, médico, zapatero, librero (hasta a finales del siglo XV, como Bartomeu Sastre en 1488: una profesión sin duda nueva), lencero, hornero, cotamallero, chatarrero, médico, revendedor, chapinero, escribano, calcetero, cocinero, herrero, fustero, cerrajero, pelaire, trajinero, cardador, cordonero, torcedor de lana, afilador de tijeras, serrador, ¡músico!, boyero, naipero, estampero, molinero, carnicero, picapedrero, botero, lapidario, cirujano, vidriero, sombrerero, boticario, mesonero, blanquero, escritor de libros (uno, en Perelada, en 1564), abogado, vaquero, pedreñalero, platero, terciopelero, calcetero, papelero, molinero, escribiente (un caso), arriero, fundidor, serrador, mercero, espadero, bandolero (desconozco si era una profesión "reglada"), relojero, colchonero, asmolador de tijeras, ayudante de verdugo (un caso), minero, cochero, hortelano, escultor (un caso: azotado y desterrado, en 1570), polvorero, corredor, iluminador, óptico, mesonero, maestro (varios casos de denuncia por Sodomía), bastero, peluquero (también una acusación por Sodomía), cantante, marinero, hornero, cestillero, botifollero, cintero, guardarropa de teatro, buhonero, relojero, ermitaño (otra "profesión" singular), yesero, comediante (un caso), panadero, cubero, albeitar, aduanero, receptor de limosnas (?), peinador, velero, procurador, taponero, pedralero, campanero, palafranero, ligador, mozo de caballos, regador, droguero, guantero, encuadernador, mozo de espuelas, ganadero, pasamanero, toquero, salmista, barrinolero, medidor de trigo, nuncio de baile, escopetero, verdugo (un caso, azotado en Barcelona en 1596)), chapinero, tintorero, farmacéutico, galonero, herbolario, ropero, ahechador de trigo, cortador de papel, picador de limas, lavandero, calcetero, arcabucero, apotecario, zurrador, torcedor de sedas, ferrero, espadero, corredor de oreja (?). Y, sobre todo, albañil; se diría que la profesión de albañil -quizá por insultos y juramentos mientras se construía- estaba condenada a estar siempre bajo el ojo del tribunal del Santo oficio, al menos en Barcelona.

Todas las profesiones eran practicadas por varones. Eso no significa que ninguna mujer fuese enjuiciada. Muchas lo fueron junto a sus esposos, y del resto no se indica profesión alguna -ninguna condena por brujería-; tan solo se precisa, en varios caso, que eran gitanas: no queda claro si fueron perseguidas por serlo.  En ningún caso se señala a ningún gitano 

Los juicios por Islamismo afectaban sobre todo a trabajadores del mar: esclavos, marineros y galeotes, raramente a artesanos. Las denuncias por Bestialismo recaían sobre todo sobre pastores -ya fuere porque eran propensos a estas prácticas, o porque tenían una profesión que daba pie a murmuraciones y denuncias. La Incontinencia Sexual afectaba sobre todo a comisarios (?).

El Tribunal del Santo Oficio ¿afectó al Estudio General (la Universidad), al menos en Barcelona?. Conocido y comentado ha sido y es el procesamiento y encarcelamiento de de Fray Luis de León, de la Universidad de Salamanca, en el siglo XVI.  

Amén de la prohibición de libros, la Universidad 8el Estudio General), marcada por dicho tribunal inquisitorial, exigía un certificado de pureza de sangre. Una exigencia que estuvo en vigor en Barcelona hasta 1870, cuando el Tribunal del Santo Oficio llevaba ya cincuenta años desmantelado. Este certificado, que probaba la inexistencia de antecesores herejes (conversos, judíos, musulmanes, protestantes), era entregado por sacerdotes parroquiales, y era necesario para poder ingresar, como alumno y como docente, en la Universidad.

Así como se encuentran varios casos de estudiantes llamados a juicio, los casos de docentes perseguidos, al menos en Barcelona, fueron muy raros. Si bien hubo maestros, a lo largo de tres siglos, perseguidos, solo un catedrático universitario fue enjuiciado: Antoni Serra, reprendido en Barcelona en 1680, y un profesor Sebastiá Villagret, desterrado de Barcelona en 1629.


Nota: toda la documentación se halla en el Archivo histórico Nacional. Sección Inquisición,  y ha sido estudiada por el catedrático Juan Blázquez Miguel. Suyo enteramente es el esfuerzo y el mérito del hallazgo y del estudio de dichos documentos. Me he limitado a seguir sus investigaciones. 

miércoles, 28 de julio de 2021

Claridad expositiva

 


Foto: Tocho, Julio de 2021

Texto explicativo en un panel de una exposición de arte contemporáneo en Barcelona.


“Ce qui se conçoit bien, s’énonce clairement, et les mots arrivent aisément  »

(Nicolas Boileau, s.XVII)


« Lo que se piensa bien, se enuncia claramente y las palabras llegan con facilidad »




martes, 27 de julio de 2021

El albañil y la hostia consagrada: la Santa Inquisición y la Universidad

 





Documentos en el archivo de la Corona de Aragón en Barcelona


El tribunal del Santo Oficio (la Santa Inquisición) se instituyó en el siglo XII en el sur de Francia. Su tarea consistía en luchar contra las herejías cristianas -interpretaciones no reconocidas por el poder papel sobre cuestiones teológicas: la doble naturaleza del Hijo de Dios, el estatuto de su madre, la relación entre imagen y modelo referida a la imagen del Hijo de Dios, el papel y el estatuto del vicario del Hijo de Dios (el Papa), la relación entre paganismo y cristianismo: el estatuto de los dioses paganos y su relación con los poderes infernales, etc.-. La difusión del catarismo -una religión que sostenía la doble divinidad de Dios y del Diablo, su igualdad, su lucha por el dominio del mundo, y la vía para escapar al imperio de la noche, una vía que no pasaba por la mediación de la iglesia-, en el sur de de Francia, vasallo de la Corona de Aragón, determinó la instauración de la Inquisición, que pronto se expandió por todos los territorios de la Corona de Aragón.
Fueron los Reyes Católicos que extendieron la Santa Inquisición por toda la Península dos siglos más tarde: los territorios no solo de la Corona de Aragón, sino de las coronas de Navarra y de Castilla. Se trataba de controlar a los judíos y a los musulmanes conversos -sospechosos de seguir practicando los rituales de sus religiones, y de adorar a dioses que no eran el Hijo de Dios, dado que ésta solo era reconocido como profeta (humano), mas no como divinidad.
Pronto la Santa Inquisición constituyó un problema. En tanto que institución real estaba sometida a la Corona, mas en tanto que organismo que trataba cuestiones de fe (aunque no solo), dependía del poder eclesiástico, es decir papal. Los reyes tenían la potestad de nombrar y de destituir al Inquisidor Principal, pero la acción de éste se ejercitaba a través de tribunales locales, cuyas funciones de control del orden público (civil) y no solo religioso, entraron en conflicto con los poderes locales, por ejemplo el Consejo de Ciento municipal, en el caso de Barcelona.
Uno de los organismos sometidos a escrutinio fueron los Estudios Generales (la Universidad). Los debates teológicos, entre humanistas, abiertos a la cultura clásica y a la interpretación de los textos bíblicos, y escolásticos seguidores de Tomás de Aquino que no se alejaban del dogma, la penetración del Eramismo, y posteriormente de la Reforma cristiana, llevaron a juicio, al encarcelamiento de docentes, y al control de profesores y estudiantes. Éstos fueron sometidos a juicios para controlar la "pureza de la sangre": la inexistencia de ascendentes heréticos, judíos o musulmanes. El control se ejerció sobre todo entre clases menesterosas: artesanos, comerciantes, viajantes. La delación era de recibo. No todos los juicios terminaron en condenas, y menos a la pena capital. Mas, la amenaza de la denuncia por herejía era un arma más política que religiosa. Gracias a ella, se anulaban rivales en la corte y los poderes locales. Las guerras de Religión que asolaron el centro de Europa y afectaron a las posesiones españolas europeas incrementaron el poder del tribunal de la Santa Inquisición. El Sacro Imperio Germánico -desgarrado por dichas guerras-, que dio lugar al linaje de los Hausburgo en el trono de España, fomentó la presencia, la "necesidad" del Santo Oficio.
 Los gastos que causaban los tribunales eran abonados por el poder papal y, sobre todo, por la corona. Sin embargo, las exenciones fiscales de las que disfrutaban los miembros y familiares del Santo Oficio, menguaban los ingresos reales. El Santo Oficio, en el siglo XVII, era un costoso contrapoder los poderes real, foral y municipal en España.  

La ciudad de Barcelona fue bombardeada del  1 al 9 de octubre de 1705. Las bombas caían desde la ciudadela de Montjuic. Fue la conocida como batalla de Montjuic. Una alianza de catalanes de la llanura de Vic (llamados "vigatans") e ingleses disparaban sobre la ciudad. Ésta se rindió. El candidato austríaco a la corona de España -tras la muerte de Carlos II de Hausburgo sin descendiente, llamado el Hechizado-, el Archiduque Carlos de Austria, entró victorioso en la ciudad.
Una de las primeras decisiones del nuevo rey confirmó la política que los Hausburgo, reinantes desde el siglo XVI, acerca de la preocupación por la herejía -o la condena de la misma para mantener el control de los reinos-: se mantuvo, y se reforzó el tribunal del Santo Oficio, al que, por el contrario, se oponía y se opondría la dinastía rival, francesa, de los Borbones -que aspiraba a la existencia de un único poder-que, tras su victoria en la Guerra de Sucesión europea, y la toma del poder real, tras la partida del rey Carlos de Hausburgo, limitaría el poder de la Santa Inquisición a asuntos exclusivamente religiones y acabarían desmantelando los privilegios de este inmenso poder que escapaba al poder real centralizador. El tribunal de la Santa Inquisición no aguantó la embestida napoleónica, y desapareció a principios del siglo XIX.
Queda  por valorar si su capacidad por conformar mentalidades se ha esfumado. 

El Archivo de la Corona de Aragón, en Barcelona, guarda documentos sobre las denuncias y juicios del tribunal de la Santa Inquisición, sobre todo en los siglos XVII y XVIII: algunos son reveladores del control religioso y moral: un albañil fue acusado de guardar en su casa una hostia consagrada, un pecado de lesa majestad.