martes, 24 de diciembre de 2024

CHARLIE CHAPLIN (1889-1977): EL CIRCO (FRAGMENTO , 1928)

 

 Célebre escena que se anticipa a la aún más alabada -y mucho más inquietante, aunque igual de lúcida y cruel- de Orson Welles en La dama de Shanghai

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Para poder la filmación legalmente cliquen donde indica Ver en YouTube. La filmación ya está libre de derechos de reproducción 


Perfecta para anunciar el año que nos espera.

domingo, 22 de diciembre de 2024

Aprobado

 Aprobado: un resultado -mínimo, quizá, decepcionante incluso si se aspira a más, pero imprescindible si uno quiere seguir adelante en una carrera, una profesión o una relación, en la vida también- al que cualquiera que se encuentra sometido, voluntariamente o no, a prueba, a presión, aspira obtener. Un aprobado es una clase que levanta un obstáculo y permite proseguir. Un aprobado calma, se acepte con alegría, sorpresa o cierta decepción. El camino hacia la prosecución de un objetivo o un sueño, una meta real o irreal, se despeja hasta nueva orden.

El aprobado no es un resultado ambiguo. Es claro, sin ambages, indiscutible, en principio. Un aprobado es una luz verde, intensa o amortiguada.

Sin embargo, tanto en latín -origen de la palabra moderna- como en español, catalán y francés, por lo menos, aprobar ofrece matices o significados que van más allá de una sanción positiva.

No solo los exámenes o las pruebas se aprueban. También, por ejemplo, las leyes y las decisiones. El aprobado, en este caso, autoriza, facilita, despeja la aplicación de una sanción. Libera la vía -vía libre- para que un edicto que regula la vida se siga obligatoriamente. La ley aprobada es de obligado cumplimiento. Regula usos y costumbres. Encauza procedimientos. Acota acciones.  Traza vías por las que circular. Impide, por tanto, obrar con soluciones o por sendas que no gozan del aprobado. Limita las posibilidades de acción, pero legaliza ciertas decisiones o, mejor dicho, compone unas sendas o maneras que se pueden y se deben seguir si se quiere operar a plena luz. 

La aprobación tiene que ver con la luz. Aclara procedimientos y decisiones. Les aporta un fundamento, una base legal. El aprobado es la base a partir de la cual desarrollar una acción, un proyecto. Sin dicha sanción positiva no se puede operar. Solo cabe la repetición incesante, como en una maquina cuyo mecanismo se bloquea o se enroca, o como en una situación de bloqueo de la que no sabemos salir ni encontramos una salida.

 Un aprobado es una liberación. Es una mano tendida (ad-probare: la partícula adverbial ad, hacia, tiende puentes, orienta el gesto, apunta hacia el otro bando, invita a un acercamiento mutuo, facilita un primer paso, dirime diferencias que parecen insalvables, facilita el diálogo, el reconocimiento, siempre que se acepten y se respeten unas reglas: la prueba es un juego y, como todo juego, requiere ser regulado, a fin que la operación se lleve a cabo en un terreno seguro, sin trampas ni zonas oscuras. Un juego se practica siempre bajo los focos, a la vista de todos, las reglas aprendidas). Un aprobado es gesto (de buena voluntad)  que desbloquea una situación. La persona sometida a examen puede acercarse al fin. Ya no se le veta el ingreso en la comunidad. 

Tras una prueba, el aprobado demuestra el recto proceder, el cumplimiento satisfactorio de una operación, el acierto del proyecto o de la intuición, la correcta aplicación de unas reglas que logran un resultado esperado. 

Aprobar es demostrar: una demostración de conocimientos y de habilidades. El aprobado convence. Hace saltar recelos, susceptibilidades, dudas. Quien no tiene claro un procedimiento ni el objetivo perseguidos, se rinde ante la evidencia. El aprobado demuestra que la luz se ha hecho. Las sombras se han disipado. Se temía que se procedería a ciegas, que no se sabría avanzar, o solo a tientas. Se desconfiaba que la prueba pudiera llegar a buen término, y de las capacidades operativas y de razonamiento de quien llevaba a cabo la prueba. Su clarividencia estaba en entredicho. La sanción despeja las nubes. La sanción certifica las luces de quien ha aprobado.

El aprobado, en fin, legitima, da validez a un ejercicio o una operación. Da carta de crédito al método, el desarrollo, los fines y el resultado. El procedimiento es validado. Y, por tanto, es aceptable, y debe ser aceptado. El aprobado despeja las reticencias. La persona, cuyos conocimientos y habilidades estaban a prueba, y que, por tanto, estaba, temporalmente al margen de la comunidad, a la espera de la sanción, puede ingresar o volver a ingresar en un colectivo. El aprobado es un salvo conducto que impide el rechazo. Invita a la aceptación y el reconocimiento. Bendice el acercamiento, la inclusión en un grupo. El aprobado es una sanción moral, que da fe de la bondad del procedimiento, de la acción seguida para solventar una prueba. Gracias a dicha sanción reconocemos la capacidad, el talento y la luz de quienes estaban a las puertas de ingreso. Pueden entrar. Acceden, y buen pueden reemplazarnos.

Un aprobado es un paso hacia la transferencia de conocimientos, a la sucesión que permite que una comunidad no se paralice. Un aprobado facilita la vida de quien aprueba, de quien otorga el aprobado y de quienes han aprobado ya, ya que asegura que la desesperanza, el desamparo y el abandono no rigen aún. Un aprobado es un digno de esperanza para todos. Nos enriquece a todos, estudiantes y estudiosos, alumnos y profesores. 

sábado, 21 de diciembre de 2024

Suspenso

 Llegó la hora de las evaluaciones finales. Los estudiantes han realizado las pruebas parciales y finales, han entregado los trabajos prácticos, han pasado las pruebas orales -en las que se ponen a prueba sus capacidades cognitivas y expresivas ante un jurado o un examinador-, y aguardan, a veces nerviosamente, el resultado. Pende un suspenso. 

El docente, a su vez, puede afrontar con tristeza el dilema de suspender a un estudiante aplicado y participativo en clase. Un suspenso puede ser compartido: el suspenso del examinado  refleja el suspenso del examinador. 

Sin embargo, quizá  no hayamos calibrado que, en latín, suspender es un verbo que no se aplicaba a la evaluación de un examinando. El verbo, compuesto por la partícula adverbial subs-, que significa debajo, y el verbo pendere, significaba colgar de un punto elevado, o colgar cabeza abajo. Se colgaban a los condenados a muerte, y los suicidas también se colgaban, pero, habitualmente, lo que colgaba eran ofrendan suspendidas de los árboles, entregadas a las potencias invisibles. La suspensión conllevaba una entrega: de un bien, o un abandono: la voluntad, cuando un oyente quedaba suspendido de las palabras de una persona admirada o amada.

El verbo latino pendere significa pesar o sopesar. Los platos de una balanza, colgados de una barra horizontal, permiten calcular el peso de un objeto y, metafóricamente, de una argumentación.

Un suspenso académico significa que un texto, una respuesta no tiene peso, entidad. Es ligera, insulsa, inconsistente. Popularmente, no hay por dónde cogerla. Es inconsecuente y impide una respuesta adecuada. Cae por su propio peso. 

Quien se somete a examen queda, literalmente, colgado. Sufre un castigo. Su suerte pende de un hilo. En tanto que retenido, no puede avanzar ni prosperar. Sufre un cuelgue, un estado que le impide razonar y responder adecuadamente. Una persona colgada es dependiente. Su suerte pende de una decisión o voluntad ajenas. Es incapaz de tomar la vida en sus manos. No sabe qué tiene qué hacer. Está falto de sabiduría, al menos temporalmente. La mente en blanco, queda detenido, mudo, sin dar con una respuesta. No acierta a salir de una situación en la que ha quedado enredado.

Un suspenso conlleva incertidumbre: suspense. No se vislumbra qué puede suceder. La luz se ha apagado. Reina la oscuridad, que impide proseguir. Las pistas, los datos, las certezas han desaparecido. El estudiante no puede avanzar -ni retroceder. Queda encallado. Su vida se detiene. Sufre un bloqueo. Se diría que se ha dormido, se ha abandonado. No logra dar un salto adelante: carece de futuro. Todo lo que tenía que hacer, todo lo que planeaba o esperaba obtener queda lejos, fuera de su alcance. Su vida da un vuelco. Un suspenso es una trampa en la que ha caído, que lo retiene. Una cuerda, de la que pende, le impide avanzar, y mirar confiadamente hacia adelante. 

Un suspenso es un peaje que se tiene que pagar, y expiar. Es una pena (poine, en griego, es una multa), que deberá esforzarse en abonar. De algún modo, es una ofrenda que le podría abrir unas puertas que se le han cerrado, impidiéndole proseguir su carrera, sus estudios. Su suerte está en entredicho. Deberá aclarar qué dice, deberá aclarase sobre cómo proceder. 

Un suspenso es un alto forzado. Una parada impuesta por un obstáculo que no se ha podido, no se ha sabido sortear, o vencer, derribar.

Un suspenso nos pone a prueba. Obliga a redoblar esfuerzos, si fuerzas aún no queda. El suspenso es una metáfora de la vida, prendida entre la esperanza y ls incertidumbre. Todos estamos a merced del suspenso, hasta topar el suspenso final: la barrera que no lograremos abrir. 

viernes, 20 de diciembre de 2024

El signo del vacío


Fotos: Google image. El museo del Prado en Madrid solo permite, en el mejor de los casos, fotografiar cartelas, discretamente.


La extraordinaria exposición Darse la mano, sobre la conjunción de la pintura y la escultura para dotar de una ilusión de realidad a la estatuaria barroca española, presenta alguna obra de difícil interpretación. La duda no reside en lo que representa -el tema-, sino en cómo representa.

Es un lugar común destacar que los collages cubistas fueron las primeras obras representativas que introdujeron elementos reales -fotografías, papeles pintados, rejillas, etc-, casi siempre planos, en lugar de su reproducción mimética.

Pero sabemos que en ocasiones, las tallas barrocas policromas no reproducían con minucia los pliegues de los ropajes  en madera tallada y pintada, sino que envolvían las figuras talladas con telas endurecidas con resinas. El trabajo laborioso de la talla y la policromía se obviaba, por lo que el tiempo de ejecución de una escultura se acortaba sobremanera. Las tallas que parecían arropadas lo eran de verdad: ropajes reales, que se hacían pasar por representaciones sí mismos, las cubrían.

Lo más sorprendente de muchas tallas barrocas, sin embargo, no se ve: son las partes traseras de esculturas adosadas a retablos, esculturas que nunca podrán ser contempladas desde distintos ángulos, de frente, de costado y desde atrás.. 

La imponente estatua de Santo Tomás, del escultor barroco español Gaspar de Becerra, es una de las obras maestras de la estatuaria occidental. La figura del patrón de los arquitectos, a escala mayor que el natural, impone. La viva reproducción de la carne y los ropajes produce casi inquietud. Si un espectador quedará encerrado a solas, a media noche, a oscuras, frente a la mirada terrible de esta figura, en la sala…. No desearía ser un vigilante abriendo las luces de la sala, aún vacía de visitantes, a primera hora del día siguiente.

Una figura potente, vigorosa, inquietante domina a los visitantes.

Mas, si se pudiera rodearla, como ocurre, excepcionalmente en esta exposición temporal, se descubre….nada. No hay nada. Tan solo medio tronco hueco tallado por una cara, y vaciado interiormente. Por detrás, solo se descubre la cara interior, sin tallar, del ilusorio volumen exterior. La escultura no es ni siquiera un relieve. Tan solo es una máscara, o una piel que no envuelve nada.

Esta realidad no es excepcional. Las estatuas que se exponían exentas no solían estar trabajadas por la cara oculta.

Es por esta razón que los primeros autores cristianos se burlaban de las estatuas paganas que pretendían ser consideradas como una manifestación sensible de una divinidad invisible. Su oquedad, su interior vacío, argumentaban, era un signo de su vanidad, su nadería. Eran una mera ilusión; un engaño.

La feroz crítica cristiana hacia la estatuaria sagrada pagaba bien hubiera podido dar de lleno a las tallas religiosas cristianas y a los pasos procesionales. Las figuras, en estos casos, apenas están talladas. Son cabezas y manos unidas por un andamiaje de madera oculto por pesados ropajes que simulan revestir un cuerpo -cuando solo están llenos de aire, como ropajes colgados de un perchero.

Tanto las tallas cuanto las figuras de los pasos procesionales, ambas huecas, pueden ser interpretadas no tanto como simples apariencias sin consistencia, sino como apariciones: imágenes incorpóreas que, en la ausencia de materia o cuerpo, revelan su carácter sobrenatural. La materia densa, opaca, ciega, insensible no lastra las figuras. Su cuerpo es invisible. Adoptan una faz visible para manifestarse a los ojos de los humanos. Su imagen es una máscara que hace visible lo invisible. En sí misma, su esencia es el éter. Los sentidos humanos son incapaces de percibir, y de concebir los seres celestiales. Solo a través de la mediación de una delgadas piel policromada, los fieles pueden sentir la cercanía , la presencia de los seres celestiales necesariamente hechos de una sustancia que no es natural ni humana: una sustancia que escapa a la percepción del limitado alcance de los sentidos.

El vacío, la ausencia, como signo paradójico de la presencia divina, no es extraño en la concepción y la figuración divinas. En la figuración sagrada cristiana, tan solo una ilusión material parece acercar la divinidad al ser humano y hacer soportable la impalpabilidad de aquélla, que solo se ve pero no se toca, como si fuera un espectro, una nube o un sueño el sueño que existen los dioses tutelares, figuras que simulan existir para que no nos sentamos solos definitivamente y para siempre.


https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/darse-la-mano-escultura-y-color-en-el-siglo-de-oro/ee9f1869-acd0-f319-3f01-fd2dbacb8375





jueves, 19 de diciembre de 2024

SOLEDAD SEVILLA (1944): ARQUITECTURAS AGRÍCOLAS (2013)




















 
Fotos; Tocho, diciembre de 2024


Maquetas de pared de pequeño tamaño, de plancha metálica pintada, de secaderos de tabaco andaluces.
Construcciones sencillas, originariamente de planchas o de listones de madera, separados entre sí, componiendo un enrejado, por el que el aire cálido y seco circula, impidiendo que las cosechas se pudran.
Las casas, coronadas por tejados a dos aguas, parecen vibrar, movidas interior e exteriormente por no se sabe qué impulso. 
Construcciones gastadas pero vivas, cuyas tramas regulares de líneas verticales recuerdan las tramas que durante decenios, Soledad Sevilla ha pintado incesantemente, y que entroncan con  el interés de la artista por los espacios arquitectónicos , sean reales, como los de la Alhambra, o pintados, como la estancia de las Meninas -la secuencia de estancias unidas por la luz-, sobre los que ha trabajado. Más que arquitecturas materiales, opacas, son espacios definidos por círculos de luz que interesan a la artista. Son son volúmenes bajo el sol, que reflejan el sol, sino lugares definidos por la luz cuyos límites y cantos trazan los rayos de luz.

Una exposición en Madrid muestra este conjunto de modestas construcciones: 







martes, 17 de diciembre de 2024

AGUSTÍN VILLARONGA (1953-2023): TRAS EL CRISTAL (1986) -CON MARISA PAREDES (1946-2024)







 https://vk.com/video437024591_456239512

En este enlace podrán ver la película


Se escribe que la recientemente fallecida actriz Marisa Paredes logró el reconocimiento internacional con sus papeles protagonistas en diversas películas de Pedro Almodóvar. Brilló, brilla, sin duda.

Mas, en verdad, Marisa Paredes protagonizó la polémica, espléndida película de Agustín Villaronga, Tras el cristal (una de las cinco o seis mejores películas españolas, junto con obras de Buñuel, Barden, Berlanga, Neville, Val del Omar, Zulueta, Erice y Almodóvar)presentada en el festival de cine de Berlín, que causó un gran escándalo. La película fue prohibida en Alemania. Se contaba de numerosos espectadores que abandonaban la sala mareados. 

Agustín Villaronga intervino generosa y graciosamente, y de manera discreta, en un par de ocasiones en las clases de Estética en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en los años noventa.

Una copia en 35 mm de la película se proyectó en dicha Escuela. Ilustraba el concepto de lo siniestro. Solo un estudiante se levantó.

Marisa Paredes -al igual que Victoria Abril, con quien interpretó una película de Almodóvar- estuvo a punto de impartir también una clase en la Escuela de Arquitectura de Barcelona. Sin pedir nada a cambio.

In memoriam...




domingo, 15 de diciembre de 2024

Melancolía (la percepción del fin)




Robert Burton (1577-1640): Anatomía de la melancolía (1621). Una de las fuentes de la no-novela del también inglés Laurence Sterne, Vida y opiniones de Tristam Shandy (1759) que bebe de Cervantes, Montaigne y Rabelais, y es la directa precedente del Ulises de James Joyce. 

Ambos libros, de Burton y de Sterne, sobrecogen por la lucidez y el humor sarcástico que exhiben ante la bajada final del telón.