Judas, mostrando un poco de impaciencia, vuelve y replica: "Yo estoy haciendo lo que
Usted me enseña, ¿indica esto que ya soy UNO con Usted?".
Contesta el Maestro:
"Nosotros somos UNO, como mi Padre es UNO conmigo, pero tú no puedes todavía hacer lo que Yo hago... Porque el Sol alumbra a todos sus Planetas, pero los Planetas, ni aún todos reunidos, podrían dar ni una décima parte de Luz hacia el Sol; por eso es necesario que vosotros os convirtáis en vuestro propio Sol, en vuestra propia Luz, y así alumbrándose y alumbrando a otros, le corresponderíamos con nuestra Obra a mi Padre que me ha enviado"
“Judas guardó silencio. El Maestro volvió a interrogar: "Judas Iscariote, ¿cuál es nuestro propósito?".
Judas, levantando la mirada, le dijo: "Señor,... pienso que nuestro propósito es enseñar a la gente a hacer la Voluntad de quien le envió".”
“Dice Judas: "Maestro, si eso es así, entonces nosotros que somos UNO con Usted y estamos en el mundo, ¿cargamos las mismas culpas y somos hechos de pecado?"
Dice el Maestro:
"Cada uno de vosotros habéis sido hechos de pecado y por el pecado, por lo tanto, es que ni los huesos, ni las carnes, ni la sangre heredarán a mi Padre, sólo lo incorruptible que es el Espíritu. Después de purificados, seréis UNO, con EL que me envió".
"Así vosotros, también, seréis UNO conmigo y así como YO me he vestido con una carne, con unos huesos y con una sangre incorruptible para continuar con vosotros, así también vosotros deberéis vestiros con unas carnes, unos huesos y una sangre
incorruptible para poder llegar donde YO he llegado.””
Viernes: el dia en que no se hizo de dia. Las sombras no se descorrieron, o mejor dicho, se corrieron de nuevo para que no se hiciera de día. El gallo ya cantó por última vez el jueves al alba.
Viernes, el día en que se cumplía la profecía: el dios encarnado asumía su condición hasta la extenuación y moría crucificado. Ya podía ser considerado como un mortal a parte entera. Un mortal ejecutado por sus semejantes que, con la ejecución, se comportaron como lo que eran y así lo demostraron: cometiendo una ejecución, ofreciendo la imagen más descarnada y baja de lo que es ser mortal, una imagen en la que el dios hecho hombre se miró y asumió. Aceptó su condena. Si no lo hubiera hecho, si se hubiera rebelado y la hubiera impedido, hubiera denunciado a los hombres y se hubiera apartado de ellos. No hubiera podido salvarlos de ellos mismos. La salvación pasaba por asumir la maldad y morir, extrayendo así la maldad que nos caracteriza.
La condena a muerte tuvo un causante. El apóstol Judas, cuyo nombre significa en hebreo Alabanza a Dios, fue quien señaló a Jesús para que fuera arrestado, juzgado, condenado y ejecutado.
¿Qué hubiera ocurrido si Judas no hubiera actuado a tiempo? El tiempo que el hijo de dios se había otorgado para librar a los hombres de la muerte, es decir, lavarlos de la culpa original, el sentimiento de culpa por el crimen con el que la humanidad hizo su entrada en el escenario del cosmos, y se mostró como lo que era, humana y, por tengo, capaz de todo, de ascender y de rebajarse hasta el crimen, este tiempo llegaba a su fin, y el hijo de Dios aún no había logrado que la luz prendiera. Debía lograr extraer de los humanos su mancha, y asumirlas. Cargar con ella afín de liberar a los hombres del peso de la culpa. Por tanto, debía comportarse como un humano, ser un humano más que humano, marcado por una culpa infinita que ya no recaería en ningún otro humano: debía morir humillado, ultrajado, torturado, y sobre todo, traicionado y negado. Tenía que vivir la humana condición hasta el final, hasta el ultraje.
Pero el hijo de Dios acababa de hacer una entrada triunfal en Jerusalén. Se le consideraba un rey como su ascendente, el rey David. Se le estaba divinizando. Sus palabras eran asumidas como oráculos. Aparecía como una luz en la noche. Sabio, admirado, lentamente se estaba apartando de lo que un humano es: una víctima de los demás, y un ejecutor de sus víctimas. Su misión estaba condenada al fracaso. Pronto retornaría a lo alto sin saber logrado vivir hasta el final la condición humana, sin haber padecido la suerte de los humanos: la negación de sus semejantes.
Fue entonces cuando Dios se encarnó por segunda vez. Se hizo Judas: un humano a parte entera, que no dudaría hasta la delación y la bajeza moral. Ls traición que cometió era necesaria. Sin ésta, el hijo de Dios no habría pasado por la muerte más infame, no habría revelado que asumía la condición humana hasta la abyección: la muerte sin sentido, solo por el oprobio, el rechazo y la delación ajena.
Judas fue al rescate del hijo de Dios, incapaz por si mismo de asumir la condición humana hasta el final. El hijo de Dios necesitó que Judas interviniera, para vivir en carne propia el oprobio que es ser un humano. Sin Judas, el plan divino habría fracasado, y la humanidad no habría sido rescatada de la muerte. La salvación no tendría sentido. La esperanza sería vana. El futuro sería un agujero negro. La humanidad se iría extinguiendo abrumada por la culpa, ciega y destructiva. Ser humano no tendría sentido. Humano, entendido como la antesala previa a la redención.
Mas, cabe plantearse si Judas logró acometer su misión redentora, si la muerte del hijo de Dios tuvo sentido, y si la humanidad se liberó del mal que la corroía.
Cabe plantearse, en fin, si la divinidad no tenía otros planes, o cambió de planes a lo largo de los siglos.
Y decidió abandonarnos.
A menos que la divinidad se haya encarnado en algunos políticos, hoy, para librarnos de la infamia, de caer en su tentación.
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