martes, 23 de junio de 2026

Verbena

 No había pensado nunca, en los veintitrés de junio que he vivido, que la fiesta a punto de comenzar al atardecer que ya despunta, recibía un nombre común, verbena, cuyo significado se ampliaba y coloreaba de manera particular tanto esta fiesta nocturna durante la cual que levantan puras en las que se queman útiles que han cumplido su función y deben dejar paso a nuevos útiles sin estrenar, como los tiempos que, hoy, (mal)vivimos.

Si, verbena también designa una planta medicinal con la que se realizan infusiones.

La verbena, en latín, era una palabra referida a distintas plantas aromáticas, no solo a la verbena, sino al tomillo, el laurel y el arrayan o mirto, entre otras.

Estas plantas jugaban un papel esencial en unos rituales que determinaban la vida política (y sagrada) de los romanos republicanos.

Portada por un verbenario -un sacerdote autorizado para el manejo de esta planta o este arbusto-, la verbena protagonizaba las ceremonias de los feciales. 

Estos sacerdotes y magistrados, cuyo nombre se relaciona con el sustantivo latino foedus , que significa tratado de alianza, pacto , y que que formaban parte, de por vida, de los veinte Feciales, intervenían cuando se debía declarar la guerra: la guerra asociada a la paz, apagada por la paz. La guerra pactada, concluida con un pacto cuyo respeto estaba supervisado por los Feciales. En efecto, éstos velaban  por el cumplimiento de los acuerdos, normas o reglas  establecidos para que la guerra justa pudiera declararse. Invocaban a Júpiter, representado por una piedra sagrada, y en nombre de la divinidad, advertían a ambos contendientes que la guerra se declararía después que los pactos no se hubieren respetado, que se hubieren violado acuerdos de paz, y después de semanas concedidas a ambas partes para reflexionar sobre las consecuencias de la guerra. Ésta solo podía llevarse a cabo si cada bando manifestaba piedad hacia el enemigo,  y juraba tratar al vencido como a un igual. Es así como una de las primeras guerras emprendidas por los romanos contra los sabinos se declaró según cuenta el historiador romano Tito Livio (I, XXIV). Con una rama de verbena recolectada en el monte Capitolio (dedicado a Júpiter), los feciales bendecían a los negociadores de los contendientes tocándolos (purificándolos, acariciándolos) con una rama de verbena,  y pactaban el desarrollo de la confrontación, si antes no sellaban un acuerdo que evitara el enfrentamiento. Los contendientes, durante la República , a menudo eran vecinos. Existían numerosos lazos familiares y de buena vecindad que debían  ser cuidados. 

Tras arrojar una lanza ensangrentada en el campo contrario, la guerra se declaraba. Su desarrollo estaba estipulado y el buen trato del enemigo, de obligado cumplimiento. 

Mientras, los feciales ya preparaban los acuerdos de paz, azotando los libros sagrados con ramas de verbena, a fin de activar lo que los libros enunciaban.

La verbena sellaba así el nacimiento de unos tiempos nuevos, que sucedían a unas contiendas en las que el maltrato y el asesinato del enemigo, el tomarlo por traición, estaban proscritos. 

Viejos tiempos olvidados que una rama de verbena podría recuperar -si creyéramos aún en los acuerdos de buena vecindad, y en la justicia de los dioses, si éstos existiesen.

El fuego purificador y regenerador. 


2 comentarios:

  1. Bárbaras palabras entorno a la verbena, y tal vez, al buen hacer de otros tiempos donde la filosofía era respetada y la reflexión un atributo positivo, y donde las consecuencias de las guerras eran tenidas en cuenta.

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    1. Es cierto que estos códigos de honor que requerían ritos complejos gracias a los cuales se ponía coto a la violencia desabrida, perdieron una parte de su efectividad cuando los frentes de guerra se multiplicaron y tuvieran lugar lejos del Lacio, de la capital, Roma, como ocurrió durante el imperio.

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