viernes, 19 de julio de 2019

JEAN CLARACQ (1991): LA CIUDAD EN LOS TIEMPOS DE TINDER







Jóvenes solitarios, ensimismados, perdidos entre sus propias imágenes reflejadas en una multitud de pantallas, encerrados en su habitación, en ciudades, que se descubren a través de ventanas -otras pantallas-, de torres y autopistas, en escenas que oscilan entre las estampas japonesas del siglo XIX, y la pintura de Balthus y de Hockney.
El joven pintor realista francés Claracq -que pinta sobre diminutas tablas interiores que también recuerdan intencionadamente la pintura renacentista flamenca, parece haber captado la melancolía, la falta de perspectivas, la renuncia del primer cuarto  del siglo XXI -al menos en Occidente y, sin duda, en Japón.

ANDRÉ MASSON (1896-1987): EL CASTILLO ENCANTADO (LA CHÂTEAU HANTÉ, 1926-1927)

 Le château hanté (El castillo encantado, 1926-1927)

 Los habitantes del pueblo (1927)


El laberinto (1938)

Fotos: Tocho, Julio de 2019

André Masson, o cómo un pintor relativamente mediocre (pero apasionante) pudo estar en el origen de una de las principales movimientos artísticos occidentales del siglo XX.
La excelente -documentada, bien montada y aún mejor contada- exposición dedicada a la influencia de Nietzsche en el pensamiento y la obra del artista surrealista francés André Masson, también marcado por Bataille, lejos del surrealismo daliniano o de Magritte-, en el Museo de arte Moderno de Ceret (Francia) -André Masson: una mitología del ser y de la naturaleza-, quizá la mejor exposición europea de este verano, revela cómo Masson, un artista de segunda fila (sin ningún menosprecio), inicialmente seguidor de Cézanne y, más tarde, influido por Picasso y Bataille, no solo influyó en Miro -Masson fue el primer artista en pintar sobre fondos de arena (una técnica asociada con Miró)-, sino que, tras su exilio a los Estados unidos, tras la Segunda Guerra Mundial, influyó decisivamente en las obras surrealistas de Pollock y en el arte de Arshile Gorky. Sus imágenes de carnicerías, con un trasfondo mitológico -Masson estaba fascinado por los violentos mitos, con escenas de raptos, violaciones, canibalismo y bestialismo, del Minotauro,la maga Medea y de las andanadas de Zeus-, y de espacios inquietantes y tenebrosos -castillos encantados en medio de bosques de los que no se sale con vida, laberintos- resuenan en los motivos de tótems y de sacrificios de Pollock.
 

martes, 16 de julio de 2019

Arquitectos astronautas.....



Qué futuro más prometedor para los jóvenes: arquitectos astronautas o “gamers” -es decir jugadores profesionales....¿e influencers o youtubers?
No sé si es consejo muy cristiano por parte de un gobierno conservador  

ORSON WELLES (1915-1985): VIENNA (1968)

El tiempo (en el arte)

Los sumerios desconocían el futuro. No poseían un tiempo verbal que se refiriera a un hecho o una acción que aconteciera en un tiempo que aún no hubiera acaecido. El futuro, en Sumeria, contrariamente para nosotros para quienes el futuro, en principio, es signo de esperanza, y la vida parece abocada al futuro, a un futuro mejor que el pasado y el presente -el futuro nos guía, nos ilusiona (y nos engaña casi siempre, sin que dejemos de creer en él, en su necesidad y sus beneficios)-,  el futuro no era concebible. La edad de oro no estaba al final de los tiempos, sino en los inicios. Por tanto la vida se desarrollaba, no de cara al futuro, sino hacia el pasado. Se avanzaba marcha atrás, retrocediendo; se avanzaba dando la espalda a un tiempo del que nada se quería saber, mirando siempre a un pasado que se alejaba pero al que se aspiraba a retornar. El pasado era el guía que orientaba y daba sentido a la vida.
Con el cristianismo -a diferencia del judaísmo donde los tiempos venideros, los tiempos de la gracia aún no han acontecida ya que el Mesías no ha llegado aún-, en verdad, el tiempo se ha detenido en un permanente presente. Toda vez que el Hijo de Dios se encarnó, nació, vivió y murió, asumiendo lo que corta la vida, desarbolando a la muerte, el futuro, entendido como una época de luz, ya está aquí. La nueva venida del Mesías solo traerá mil años más de luz antes de la resurrección de los cuerpos y las almas. El tiempo del mal que socava el presente y hace que se aspire al futuro, libre del mal, ya es nuestro tiempo, desde la muerte y la resurrección del hijo de Dios. en tanto que ser humano ejemplar que ha escapado a la muerte (muriendo y venciéndola finalmente), cualquier ser humano está libre del mal de la muerte. Ésta ya no es un final y, por tanto, no debe ser temida. Yo no es el arma de las tinieblas.
Pero, en realidad, el futuro es, para nosotros, un tiempo al que aspiramos, concebido con los mismos colores que el pasado para los sumerios: un tiempo libre del mal, de la degradación, la decrepitud, la descomposición, la pérdida de la unidad. El tiempo de la recuperación.
Mas apenas el futuro acontece, pasa inmediatamente. El presente no existe. Las cosas serán y han sido. Nunca son. El presente es un instante imperceptible, una intervalo entre el futuro y el pasado. Por lo que muy pronto, el pasado se convierte en el depósito de la nostalgia, del tiempo que hemos perdido.
Fue el novelista francés Marcel Proust quien defendió la existencia y la bondad del presente en un relato-río titulado, paradójicamente, A la búsqueda del tiempo perdido. Tiempo pasado, sin duda; pero tiempo al que se aspira desesperadamente porque contiene todo lo que constituía el presente, las bondades del presente que desechamos, a las que no prestamos atención. Dichas bondades pueden ser recuperadas, postulaba Proust. El presente, bondadoso, puede ser revivido -o vivido plenamente, por vez primera, aspirando todas sus cualidades y obteniendo sus beneficios vitales y morales, que hacen que la vida merezca ser vivida. El presente no fue vivido, pero fue almacenado, sin darnos cuenta, en la memoria. Y, de tanto en tanto, debido a un acontecimiento nimio del presente que evoca a otro que fue presente pero que no se nos presentó, dicho presente, convertido en pasado, reaparece y se muestra con todo su esplendor, para que podamos disfrutar de él. El tiempo recordado es un tiempo pleno, plenamente gozado. Tiempo pasado hecho presente, que no se vivió cuando ocurrió, en el presente, porque somos incapaces de disfrutar de lo que nos ocurre o nos envuelve, porque estamos ciegos ante el presente, presente ante el que abrimos los ojos solo cuando viene, no del futuro, sino del pasado, se libera del pasado y, recordado, vivido como si fuera presente, como si aconteciera ante nosotros, y sin que podamos enturbiarlo -en tanto que hecho pasado se libera de nuestra capacidad de dañar o alterar lo que acontece en el presente-, por lo que acontece ante nuestros ojos -como un sueño, una imagen mental- sin que podamos asirlo, guardarlo o deformarlo. Acontece y pasa. Se desvanece, como una aparición. Y en este caso, para siempre. Como concluía Proust, solo podemos disfrutar plenamente del pasado; solo el pasado, cuando es rememorado, puede ser vivido, como si estuviera presente (conscientes, sin embargo que nunca podremos retenerlo). Salvo, añadía el novelista, si un artista es capaz de fijar el pasado que se presenta como si fuera del presente en una obra de arte. En este caso, el presente se eterniza. Es decir, el presente, con toda su viveza, solo existe en el mundo del arte. En la vida real, solo existe los sueños vanos del futuro y los lamentos por el pasado.

sábado, 13 de julio de 2019

ARCHIBALD MCLEISH (1892-1982)) & ORSON WELLES -LOCUTOR- (1915-1985): THE FALL OF A CITY (1937)



La caída de la ciudad es una composición radiofónica en verso del poeta norteamericano antifascista McLeish, que narra, inspirada por la subida del nazismo en Europa y la toma y anexión de Viena por las tropas alemanas de Hitler, la caída de la la ciudad azteca de Tenochtitlan  (la moderna México).

En uno de sus primeros trabajos como locutor, que precede de un año la célebre y terrorífica "retransmisión" de una invasión alienígena (la guerra de los mundos), y de cuatro su primer largometraje (Ciudadano Kane), Orson Welles, un actor de veintidós años, de poderosa y magnética voz, se convirtió en una celebridad.
La audición, hoy, no es solo de una obra del pasado. Puede resonar aún.

jueves, 11 de julio de 2019

MARJAN TEEUWEN (1953): DESTROYED HOUSE (CASA DESTRUIDA, 2019)























Una casa desalojada abandonada, a veces apresuradamente, a causa de un conflicto -como en Gaza-, condenada a la piqueta.
Justo antes, la artista holandesa Teeweren adquiere la construcción. Y la desmonta concienzudamente. Cada elemento, casa ladrillo, cada piedra, cada azulejo es extraído de la masa, a veces cortándolo, casi siempre manualmente. El propio hormigón es aserrado, desmenuzado.
Luego, sin ningún mortero, la casa es reconstruida apilando los fragmentos -hasta que el derribo acabe definitivamente con ella. Una reconstrucción en seco.
Por unos días, la casa puede volver a ser sino habitada sí recorrida, animada.
La casa se construye sobre sus propios restos. Se levanta en el mismo lugar donde decayó. Se asemeja a un despellejado, o a un yacimiento arqueológico. Todas las capas, las trazas superpuestas son visibles. Algunos restos de previas ocupaciones, un mueble desvencijado, una alfombra raída, vuelven a la vida: sus restos se insertan entre las piedras apiladas. Se diría que la casa ha sido excavada antes que levantada.
Conocemos las intervenciones del artista y arquitecto norteamericano Gordon Mata Clark quien, en los años 70, adquiría casas a piunto de ser derribadas por la especulación, y abría amplios boquetes, de nítidos perfiles, con sierras mecánicas, para que la luz entrara y se desvelara las miserias que las paredes escondían.
En este caso, sin embargo, no existe ninguna intención moral. No se pretende ninguna denuncia, sino reintegrar la casa en un ciclo de construcción y destrucción del que ha sido expulsada. Su derribo sella su final, final postergado, acabando con ella a fin que se vuelva a levantar, sin ocultar, sin embargo -y este gesto sí es moral-, las heridas que manifiestan la fragilidad de la casa.

Los conocidos Encuentros Fotográficos de Arles (Francia), este verano, incluyen una muestra dedicada a la artista, con intervenciones en casas dejadas y fotografías de casas desaparecidas para siempre, pero que lograron, por un tiempo, volver a la vida. 

miércoles, 10 de julio de 2019

LUIS BUÑUEL (1900-1983): ESPAÑA 1936 (1937)



Este documental, del que Buñuel renegó porque respondía a un encargo y porque utilizó imágenes del frente, tomadas por intrépidos corresponsales de guerra, que no filmó personalmente, se incluye hoy en la exposición Picasso y el exilio en el Museo de Arte Contemporáneo Les Abattoirs en Toulouse (Francia).

(Una cara B de la ) Barcelona olímpica, 1992

La llamada ciudad de los periodistas consiste en un desmesurado bloque residencial, del arquitecto Carles Ferrater, que se extiende justo debajo de la Ronda de Dalt, en el bíblico Valle Hebrón. Justo enfrente, del otro lado de la vía rápida antes citada, el cinturón que rodea y delimita la ciudad por el norte, cuando se detiene ante las escarpadas y boscosas laderas de la Sierra de Collcerola que ciñe la ciudad a sus pies, se ubica otra instalación olímpica -aunque construida antes de los Juegos de 1992: el velódromo, hoy solo utilizado para ceremonias evangelistas los domingos, del arquitecto Esteban Bonell.
Estos dos equipamientos, situados en uno de los límites casi despoblados de Barcelona, se enfrentan a los bosques antes citados. Éstos rodean el polígono de Montbau, edificado en los años 50, y los Hogares Mundet, más arriba incluso -comprende las últimas edificaciones de la ciudad más allá de las cuáles ya solo se encuentra la Sierra-, un conjunto de edificios de ladrillo, de los años 40, alrededor de un alto campanario, que no desentonarían en una pintura metafísica de de Chirico o de Savinio. Acogían a niños abandonados. Hoy alberga las tranquilas y cuidadas dependencias de la Universidad de Barcelona, un oasis lejos del tránsito de la Ronda. Cerca, entre los altos pinos, se divisan las torres neo-renacentistas de un castillo indiano, del siglo XIX, con un vago aire de un palacio manierista del Loira, durante años abandonado y en ruinas y que hoy acoge también, en medio de un jardín barroco aterrazado, cruzado por una escalinata monumental y salpicado de estanques, bordeados de altísimas palmeras, dependencias universitarias.

Desde todos equipamientos señoriales no se distingue, en medio del bosque, unos pocos restos constructivos: algunos ladrillos, restos de armaduras metálicas oxidadas que se retuercen como arbustos resecos, muretes de hormigón, y escombros desperdigados, que componían un poblado de chabolas que se mantuvo hasta mitad de los años noventa, cuyos ocupantes no pudieron obtener un alojamiento digno porque eran invisibles desde los equipamientos olímpicos y pasaron desapercibidos. ¿Cuántas personas supieron y saben de este poblado, en medio de basuras, una humedad infernal, que solo disponían de un hilo de agua de un riachuelo y de una fuente que manan de la Sierra de Collcerola? Algunos habitantes ocupaban incluso diminutas cuevas -hoy aún ocasionalmente ocupadas.

Desconocía también que los hipnóticos bloques de los Hogares Mundet, que hoy invitan al recogimiento, albergaron, en los años 1939 y 1940, un temible campo de concentración en el que malvivían hacinados quince mil prisioneros de guerra y (verdaderos) presos políticos.

La quietud del bosque sepulta esos hechos, algunos relativamente recientes, a pocos metros de algunos de los mejores barrios de la ciudad, hoy olvidados .

Agradezco al arquitecto y artista David Mesa no solo la información sino un detallado recorrido, ayer tarde, cuando el bochorno que atenaza la ciudad disminuyó por unas horas,  por esos parajes que no conocía y por esos conjuntos de edificios tan serenos en apariencia.









Emplazamiento del conjunto de chabolas hasta mitad de los años 90.







El cercano Palacio de las Heures





Los también cercanos Hogares Mundet: albergaron un campo de concentración en 1939-1940

Fotos: Tocho, Barcelona, julio de 2019