viernes, 13 de septiembre de 2019

Ilustración

Una ilustración es una imagen -gráfica, escrita o musical. Completa y aclara lo que se escribe o se enuncia. No es un ejemplo, sino una extensión o ampliación de lo narrado o contado. permiten ver o entender lo que, sino, quedaría confuso o de imposible comprensión. Una ilustración hace más amena la explicación. En algunos casos, la ilustración hace explicita lo que el texto deja entender. No repite ni dobla lo narrado sino que desvela capas de sobreentendidos a los que no se llega o que han pasado desapercibidos. La ilustración completa, por tanto, el mensaje que se quiere transmitir. Tiene que ver con el saber. Un ilustrado es un sabio que puede echar luz, mediante una explicación clara y didáctica, sobre algún tema o punto oscuro. Se trata de un figura importante, ilustre. La ilustración se relaciona con el saber y la claridad expositiva, con la enseñanza, no con los bienes.
Esta función de la ilustración es lógica. La palabra ilustración, de origen latino, deriva del sustantivo luz. Una iluminación es, literalmente, una ilustración: una miniatura pintada sobre un códice que acompaña o completa el texto. Una iluminación es también una revelación. De súbito, se percibe lo que hasta entonces estaba oculto, era invisible. Los iluminados son seres superiores, son o parecen sabios.

La palabra ilustración está emparentada con lustración. La relación, a primera vista, no es evidente ni lógica, aunque una ilustración puede dar lustre a un texto.
Lustrare, en latín, significa purificar mediante un sacrificio. Entramos, de nuevo, en el mundo sagrado. Dicha purificación consistía en rodear con el ser o el ente que se iba a sacrificar lo que se tenía que lustrar o purificar. Así, se daban vueltas alrededor de lo mancillado, a fin que las manchas o los males, definitivamente lavados con la sangre de la víctima, empezaran a disolverse. De este modo, lo que estaba oscurecido por una mancha volvía a la luz.
El rito de lustración se practicaba sobre todo con edificios, tanto templos cuanto casas. El sacerdote circulaba alrededor del edificio para expurgarlo o liberarlo de faltas con ofrendas o víctimas. De este modo, se disolvían las tinieblas. El movimiento circulatorio, comenta Émile Benveniste en su decisivo tratado El vocabulario de las instituciones indo-europeas,  evocaba el tránsito de los astros, en particular del sol, que iba iluminando el mundo a su paso, y devolviéndolo a su estado inicial de pureza, incontaminado.
Una ilustración, así, nos "aclara" las ideas.
Es una lástima que los textos de arte contemporáneo y de teoría política suelan considerar que las ilustraciones banalizan el texto, no fuera que expusieran las incoherencias o sinsentidos de lo que se cuenta de manera enrevesada.

jueves, 12 de septiembre de 2019

STEVE REICH (1936): WTC 9/11 (2009-2010 - ESTRENO 2011)



Interpretado por Kronos Quartet.

Composición basada en los atentados de las Torres Gemelas del World Trade Centre (WTC) el 9 de septiembre de 2001.
Sobrecogedor.

El origen del hogar

Los esponsales son, tradicionalmente, el origen de una nueva casa. Una vez el ritual de matrimonio concluido, los antiguos prometidos, parten -o se instalan, casi siempre, en la casa del padre de la novia. Así ocurría en Grecia y en Roma, en la antigüedad, y así acontece aún hoy en algunas culturas.
¿Por qué prometidos? Se prometieron fidelidad y asistencia mutua, sin duda, pero cabe preguntarse si éstas son las razones del nombre que reciben quienes se van a esposar.

Los esponsales (la ceremonia de noviazgo, que no de matrimonio, al menos en Roma, en verdad) se decían sponsalis. Esta palabra está relacionada con el sustantivo sponsio (promesa, garantía) y con el verbo spondeo. Directamente, poco tienen que ver con el matrimonio, pero sí dan cuenta de la razón de éste.
Spondeo significa prometer, dar la palabra, garantizar. El verbo pertenece al vocabulario tanto religioso cuanto jurídico. Un juramento, en la antigüedad, implicaba algo más que una palabra ante los dioses -quienes podían tomar la justicia por la mano si las garantías ofrecidas no eran suficientes, o se faltaba a la palabra dada. Dicho juramento implicaba, además, poner la mano sobre un objeto sacralizado (hoy, a menudo, un libro "sagrado"). Este contacto ponía a quien juraba en conexión con los dioses quienes velaban por lo que se afirmaba. Quien juraba debía responder con su propia persona (responder, en efecto, significa comprometerse en cuerpo y alma con lo que se dice). Debía ofrecer lo más valioso, aquéllo que en caso de pérdida -por incumplimiento de la promesa-, entrañaba una pérdida real o moral insuperable. Quien juraba ponía pues su hija en la balanza.
Un juramento de matrimonio es un compromiso. Dos clanes van a unirse. Las diferencias, las desconfianza deben abolirse. El acuerdo se sella entre varones: el "prometido" y el padre de la joven. La joven compromete a ambos bandos: al padre a entregarla y al joven a aceptarla. El padre entrega pues a la esposa. Ésta garantiza que el juramento perdurará. La conclusión del acuerdo conlleva un sacrificio: la entrega de un bien. Éste se efectúa ante "notario": los propios dioses, que certifican que la entrega cumple con todos los requisitos, y les place. La esposa es el símbolo del de lo que está en juego: un acuerdo "de palabra". La esposa, que pasa de la casa del padre a la casa del esposo, es el bien sobre el que descansa la palabra dada -es una ofrenda, una libación ante los dioses-, que da fe de la fundación de un nuevo hogar

miércoles, 11 de septiembre de 2019

ROBERT FRANK (1924-2019): THE ROLLING STONES, PLUNDERED MY SOUL (ME ROBASTE EL ALMA,1970-2010)

Rolling Stones - Plundered My Soul from Nexus Studios on Vimeo.

ROBERT FRANK (1924-2019): PULL MY DAISY (1959)

Pull My Daisy from Altarwise on Vimeo.

El fotógrafo suizo, afincado en los Estados Unidos, Robert Frank, fallecido ayer, es quizá un artista de solo tres obras fundamentales: su libro de fotografías Los Americanos (1955), que retrata a vuelo la vida gris de los suburbios y los desclasados norteamericanos, sin el pintoresquismo, la singularidad del fotoperiodismo, sin encuadrar y exaltar los valores de quienes no han merecido atención alguno; el cortometraje Pull my Daisy (1959), su primera película, que aquí se muestra, que narra una historia cómica o absurda, la visita de un clérigo en casa de un ferroviario, en la Ciudad de Nueva York (que se cuela por las ventanas) ya ocupada por una banda de amigos artistas, en la que los diálogos son contados por una voz en off, que también describe y comenta la historia, un procedimiento novedoso que Woody Allen ha tenido en cuenta en muchas de sus películas; y el polémico y descarnado documental Cocksuker Blues sobre un gira de los Rolling Stones en los Estados Unidos a finales de los años sesenta (mostrado hace años en este blog), seguido de la portada del disco subsiguiente del grupo, Exile on Main Street -una de las más célebres del diseño gráfico-, cuyo coletazo fue la última filmación de Frank, un tardío videoclip, Plundered my Soul, para una canción descartada de aquel disco en su momento, y finalmente rescatada y publicada en 2010, atendiendo siempre al mismo principio: cazar lo no nunca ha sido tema de presa, lo que se ha deslizado sin llamar la atención, pero que revela lo que subyace debajo de las apariencias. 

El saludo

Negar el saludo se ha convertido en una práctica habitual en la política. ¿Qué implica este gesto?
La palabra saludo viene del latín saluto que significa visitar, acudir a una casa para honrar a su dueño. El saludo culmina y da sentido a un desplazamiento y, de algún modo, es un rito de paso que permite cruzar el umbral de una casa tras ser invitado a entrar. El saludo certifica el encuentro y la aceptación. La anunciación, la llegada de la buena nueva, que acontece en la casa de María -la casa es el lugar por excelencia del encuentro-, viene precedida por la salutación
Saludo viene tanto de salus cuanto de salvus, dos palabras latinas que significan lo mismo: bienestar, salud.

Salvus introduce un matiz: dicha salud implica entereza. A una persona saludable no le falta nada: su persona no está afectada -marcada, mutilada- por ningún accidente. Salvus viene del griego olos: olos significa entero y único: el ser o el ente olos es singular: lo tiene todo, no necesita nada. Por todo, lo que o quien goza de tal entereza, está solus (solo, que también deriva de olos): solus se traduce tanto por solo como por desierto. Bien es cierto que quienes están sanos pueden vivir sin estar o entrar en contacto con nada ni nadie. Son autosuficientes, gozan de todo lo necesario. Pero dicho aislamiento no produce frutos. Por eso, la buena salud necesita del saludo, del encuentro con los demás.

Saludar es desear salud. Es algo más: un saludo aporta la salud. Quien brinda el saludo, es decir, la salud, es tan saludable (tan amigable) que puede repartir saludos y salud. La salud le sobra. Tiene tanta que puede disponer de ella y repartirla, creando así lazos. Los saludos mantienen las comunidades en vida. Evitan los daños, las enfermedades. Esta generosidad solo está al alcance de los dioses (que son seres singulares). Por eso aquélla es santa. Salud y santidad son palabras vecinas también. Un santo no es un eremita. Por el contrario, va de puerta en puerta aportando salud. Un santo cuida, protege. A los santos se lees invoca cuando la salud declina. Saludarse es un gesto con el que se renuevan energías que permiten reponerse y recuperar la entereza, la confianza.
Si solo se pudiera practicar este arte hoy. 

martes, 10 de septiembre de 2019

Santo y sagrado

Santo y sagrado son, en general, sinónimos. ¿Era así en Roma?

Ya hemos escrito sobre sacer: recibe la calificación de sacer todo lo que está vetado, lo que no pertenece al espacio humano, sino al mundo de los dioses. Positivo o negativo, benéfico o maléfico, lo sacer escapa al control, a las leyes humanos. Fuera de toda norma, imposible de reducir, de acotar, lo sacer puede ser una pesadilla, y una fuente de daños físicos y morales. Todo lo que pertenece a los dioses, todo lo que depende de ellos, es imprevisible, y no tiene que justificar sus acciones ante los hombres. De ahí que lo sacer pudiera ser anulado o destruido, como un cuerpo ajeno.

Se ha escrito que, en cambio, sanctus califica algo -un ente, un ser, un espacio- benéfico. La relación con la significación que sanctus adquirió en el cristianismo sería evidente, no así la relación entre sacer y sagrado (aunque hoy también lo sagrado es inviolable: es decir no puede entrar en contacto impunemente con los hombres, y cualquier relación es conflictiva, problemática. Una hostia consagrada, que es la carne de la divinidad ofrecida en sacrificio -un término derivado de sacer- no se puede coger, ni se puede morder. Su ingesta requiere además una preparación anímica.

Sanctus, en verdad, es una propiedad de lo que ha quedado sancionado: santo y sanción son palabras emparentadas. En este caso, lo santo está sometido a la ley: definido, acotado por ésta. Lo santo tiene límites, tiene que ver con los límites: los que segregan lo sagrado.
Un espacio sagrado está vetado: nadie puede acercarse a él, y menos acceder a él, so pena de un daño irreparable: acceder a un espacio sagrado implicaría salir del espacio de los mortales y acceder al de los inmortales, siempre punible en cualquier cultura. El mundo de los dioses es inaccesible a los hombres.
Los límites, los muros del espacio sagrado, sin embargo, han sido levantados por los hombres, precisamente para impedir que el profano pudiera estar marcado por el encuentro con lo sagrado. Estos muros siguen disposiciones. Defienden el espacio sagrado, y nos defienden de su irradiación. Están sometidos a una sanción que defiende o prohibe el acceso. El muro, lo santo, es lo único que los hombres pueden contemplar. Si otearan lo que acontece, lo que se halla detrás de aquéllos, quedarían ciegos o caerían fulminados. La ley humana define lo santo (un trazado protector), la ley divina, en cambio, acota lo sagrado (lo que escapa a las acotaciones y definiciones humanas). 

BON IVER (JUSTIN VERNON, 1981): SALEM (2019)



Sobre este cantante y compositor norteamericano, véase su página web

ENRICO RAVA (1939) & JOE LOVANO (1952): ROMA (2019)



Sobre el saxofonista norteamericano Joe Lovano y el trompetista italiano Enrico Rava, véanse sus respectivas páginas webs.
Véase también el siguiente enlace legal.

viernes, 6 de septiembre de 2019

Lo sagrado

La noción de lo sagrado, en la antigüedad, poco tiene que ver con la moderna, decisivamente transformada por el cristianismo. Lo sagrado, ayer y hoy, bebe del mundo de los dioses, pero, hoy, lo sagrado es una característica sobrenatural y positiva. Lo sagrado escapa a la limitación, quizá a la mezquindad humanas. 

En Roma, sin embargo, sacer-de donde viene la palabra sagrado-, significaba tabú, prohibido. Lo sacer era lo que no tenía nada que ver con lo humano. Lo sacer podía ser  luminoso, benéfico, o terrible, maléfico. Lo sacer dependía exclusivamente de los dioses, lo que no siempre beneficiaba a los hombres. Éstos no podían competir con la omnipotencia y la voluntad divinas.

Sin entrar en las prolijas consideraciones del filósofo Agamben, el homo sacer (una figura del mundo Romano), el hombre sagrado o marcado por la sacralidad, no era un sacerdote, pero sí un ser humano del que uno debía apartarse, porque su presencia acarreaba un peligro para las limitadas funciones humanas. Literalmente, ya no pertenecía al acotado mundo de los hombres. El hombre sagrado dependía exclusivamente de los dioses, su voluntad estaba en las manos de éstos. Sagrado podía ser un criminal. Los dioses le habían llevado a cometer crímenes (cómo Edipo, o Rómulo, por ejemplo). Las leyes humanos no se lo podían aplicar. Dependía de leyes sobrenaturales, desconocidas por los hombres e inaplicables en y por la comunidad. Los hombres sagrados eran unos fuera de la ley (outlaw, en inglés, unos forajidos -situados fuera de las fores, las puertas de la ciudad-, unos proscritos: obligados, por escrito, al destierro, ubicados en tierra de nadie, sin contacto con ningún humano, desde entonces, unos excluidos).
 Por tanto, al no formar parte de una comunidad, necesariamente regulada, al depender tan solo de los dioses que lo habían convertido en un criminal o un chivo expiatorio, que lo habían deshumanizado, relegándolo o situándolo fuera de las normas y convenciones humanas, al obedecer tan solo a los dioses, los hombres sagrados podían ser tratados como unos no-humanos: se les podía asesinar sin que quien los había matado pudiera ser castigado. Pero no podían ser sacrificados: el sacrifico es una ofrenda humana a los dioses. Los hombres, sin embargo, sólo podían ofrendar lo que les pertenecía. Los hombres sagrados, en cambio, ya estaban en las manos de los dioses. Se les ejecutaba, pues, pero no se les sacrificaba. 
Los hombres sagrados no tenían cabida en el orden de la ciudad. Eran de  ningún lugar. Trashumantes, emigrantes, condenados al eterno destierro, siempre rechazados. Nadie quería saber nada de ellos, como nadie quería un encuentro directo con los dioses, ya que la omnipotencia de éstos podía fulminar las limitadas facultades humanas. Los hombres sagrados eran unos muertos en vida. Ni siquiera servir como sustento sacrificial de los dioses. Ni en la tierra ni en el cielo, no tenían cabida. 
En estos tiempos profanos, la sacralidad ha vuelto.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

JIRÍ BARTA (1948): KRYSAR (THE PIED PIPER, EL FLAUTISTA, 1986)


THE PIED PIPER (Krysař), 1986, Directed by Jirí Barta from Not Available on Vimeo.


Obra maestra del cine de animación, estrenada en el Festival de Cine de Cannes (Francia),  de uno de los mejores cineastas de animación checos y del mundo.

IVO MALEC (1925-2019): LIGNES ET POINTS (LÍNEAS Y PUNTOS, 1965)



Este compositor contemporáneo franco-croata, que trabajaba más con ruidos que con notas, falleció ayer.

Autor, creador

Autor y creador son sinónimos. Designan al responsable de una obra de arte. Cabría preguntarse, sin embargo, por el significado exacto de cada palabra. No pueden existir varias palabras con un significado idéntico. Algún matiz debe existir, un matiz que quizá sea importante.

Autor y creador son palabras de origen latino.

Autor viene del latín auctor. Auctor no significa en primer lugar autor, tal como entendemos esta palabra, sino que se traduce por garante. Un auctor responde por un hecho o un acto. Da fe de su realización, su importancia, su necesidad. La obra o la acción no tienen sentido, no existen si el auctor no certifica que han tenido lugar. El auctor tiene la potestad de certificar o anular existencias. Él es el origen de lo que acontece.
Auctor está emparentado con el verbo latino augeo. Éste se traduce por acrecentar. Es decir, en principio, designa un gesto que tiene como fin dar más peso, relevancia, presencia, a algo que ya existe. No es, propiamente, un engendrador, sino un modificador. Sin embargo, este significado, que otorga solo una cierta importancia al auctor, no se corresponde con lo que el verbo augeo implica. Éste se refiere al aumento, no de cosas, sino de seres. Por tanto, augeo designa el acto de acrecentamiento de vida: se traduce, en verdad, por crear o procrear.

Mas, en este caso, ¿qué diferencia existe entre el autor y el creador?

Crear (creo), en latín, es sinónimo de crecer (cresco): se pueden traducir por crear o, con más precisión, procrear. Creo se refiere al momento alumbramiento, cresco a las consecuencias del mismo: al posterior desarrollo que solo acontece tras la creación. Lo que se crea y lo que crece son tanto seres cuanto fuerzas. La importancia, el poder también surgen y se acrecientan.
Ambos designan actos diríamos que naturales, casi involuntarios. 

El autor, contrariamente al creador, en latín -y esta diferencia quizá también se de en nuestras lenguas modernas-, está imbuido de autoridad. Responde de lo que hace. Está facultado para crear. La creación es suya, y solo suya. Se responsabiliza de lo que ha hecho. Es consciente de sus actos y sus consecuencias. Está imbuido de un poder de decisión, de vida y muerte, sobre lo que ha creado o procreado. Es un padre o una madre, y la obra es hija suya. Ha actuado en libertad, con plenos poderes, sabiendo qué y porqué actúa. Augeo no designa tanto un acto espontáneo sino un acto reflexivo, que mide y ha medido las consecuencias de sus actos, plenamente asumidos. Y la obra resultante viene respaldada por la autoridad del autor, una figura augusta, es decir sabia, responsable.
Seguramente, la palabra auctor se refiere más a los dioses y a los héroes que a los humanos, que no saben lo que hacen. Tan solo quienes auguran el futuro -los augures-, en contacto con los dioses, pueden ser considerados autores: idean, se anticipan a la realidad, son proyectistas y visionarios: son poetas y arquitectos.
Un auctor es un creador con pleno dominio de sus poderes que ejerce lúcida y libremente, legitimado por la autoridad que emana de él.

martes, 3 de septiembre de 2019

Templo (la palabra de dios) . ¿Qué es un templo?

La palabra templo viene del latín templum (en griego, temenos). Pero templum no significa templo. Un templum no es una construcción, ni se trata de ninguna realidad material. Un templum es una forma ideal: se trata de un espacio acotado en el cielo que la varilla del augur -un sacerdote o un mago latino o etrusco- traza en el aire. La dirección del vuelo de un pájaro, cuando cruza este rectángulo virtual, interpretada por el augur, es una señal que indica lo que los dioses capitolinos han decidido.
En los templos no entran quienes no creen en los dioses, los profanos (en temas religiosos): literalmente se quedan a las puertas de los templos, ante (pro) los fanos (un sustantivo antiguo, pero que el Diccionario de la Real academia Española aún incluye).
Fanum, en efecto, significa templo, en latín.

El fano es un lugar donde se acude los días fastos (días laborables, que no festivos, ciertamente, días que podríamos pensar son nefastos, pero días en los que la suerte nos aguarda).
En los fanos se escucha la palabra de los dioses. Los dioses nos hablan, o fablan (otro término antiguo aún vigente, sin embargo). Los dioses no cesan de contarnos fábulas: hechos que solo los dioses conocen y que nos pueden parecer irreales o imaginarios porque no los podemos ver, de los que solo tenemos noticias verbales. Los dioses fabulan, cuentan hechos memorables acerca de ellos mismos, cuentan gestas de los héroes, gracias a las que alcanzan la fama, hechos que acontecen fatalmente.

En el Antiguo Testamento, Dios creó el mundo gracias a su verbo. Se ha dicho que una de las diferencias entre los dioses paganos (greco-latinos) y los orientales, es la importancia que unos conceden a la imagen visual, cuando se muestran con todo su esplendor apolíneo o venuseo, frente a quienes, invisibles, pero no inaudibles, solo se dejan oir. El verbo los caracteriza y define. Son voces.
Pero, en Roma, la palabra fas, que está en el origen de esta serie de palabras -fano, fasto, fabula, fama, fatal-, es la "expresión de la voluntad divina" (Félix Gaffiot), designa la ley divina que funda el derecho que preside la organización del mundo, que funda el derecho: palabra recta que ordena o rectifica la creación. Los dioses greco-latinos también eran facundos, tenían la palabra fácil, que determinaban los hechos (en francés, les faits, facti, en latín), la factura (factura, en latín, significa construcción) del universo.
Y la factura de un fano, necesariamente bien "ordenado" -compuesto según las órdenes divinas- era la máxima expresión del poder de la fabla divina. La arquitectura expresaba la ordenación del cosmos, pues los fanos (los templos), fabulosos (es decir, inconcebibles para la horma humana), se facturaban como se había conformado el universo, fabulando.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Cíclopes

Homero, en La Odisea, pone en evidencia las diferencias entres las sociedades urbanizadas de su tiempo, como el propio reino de Ulises, en la isla de Ítaca -incluso bajo la amenaza de quienes pretenden su corona-, y la barbarie que reina en las islas de los Cíclopes. Homero enuncia una y una las diferencias, marcando negativamente todas las características de la vida ciclópea. El que los aquéllos comieran carne cruda era un evidente signo de bestialidad, acentuada por su aspecto físico: un solo ojo les otorgaba un aspecto inhumano: eran monstruos, aunque supieran hablar. Pero que vivieran solos, fuera de toda comunidad también era una prueba de que no habían alcanzado la civilización. Las islas en las que moraban eran metáforas de su voluntario aislamiento. Nadie podía acercárseles.

"Desde allí continuamos [cuenta Ulises] la navegación con ánimo afligido, y llegamos a la tierra de los Cíclopes soberbios y sin ley: quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan árboles, ni labran campos, sino que todo les nace sin semilla y sin arada -trigo, cebada y vides, que producen vino de  unos grandes racimos- y se lo hace crecer la lluvia enviada por Zeus. No tienen ágoras donde se reúnan para deliberar, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres, y no se cuidan los unos de los otros (οὐδ᾽ ἀλλήλων ἀλέγουσιν)."
(Homero: La Odisea, IX, 105-115)

Los Cíclopes tienen familia: mujeres e hijos; pero no trabajan la tierra. viven aislados en lo alto de riscos. Rehuyen los valles donde los griegos, al pie de las alturas (dedicadas a los dioses), abrían espacios comunes, ágoras, donde poder intercambian bienes e ideas, donde las diferencias se exponían y se resolvían mediante la palabra. Los cíclopes no respetaban la palabra, no tenían leyes.
Pero el rasgo que más los alejaba de los seres civilizados era que no se cuidaban mutuamente. Apenas les llegaban extranjeros, penosamente llegados por mar, ya sea por voluntad propia, ya sea tras un naufragio, los Cíclopes los apresaban y los devoraban: así trató el Cíclope Polifemo a Ulises (u Odiseo) y a sus compañeros. Los Cíclopes no tenían piedad. No sabían ponerse en el lugar del otro. Vivían encerrados en sí mismos, siempre a la defensiva. No aceptaban otros modos de vida, otras maneras de pensar. El cuidado de quien lo necesita, de quien llega pidiendo ayuda, no les incumbía. De hecho, el rechazo era tan violento que mataban a todos los que osaban abordar sus tierras.
Los Cíclopes no cuidaban a los demás: alegoo, en griego, significa preocuparse. Se relaciona con el sustantivo algos, dolor físico- y el verbo algeoo: sufrir, sentir un dolor físico, pero también moral. Algeoo es estar apenado, turbado, sentir en carne propio el dolor ajeno; sentir dolor ante el dolor de los demás; un dolor que no lo remedia medicamento alguno, sino un gesto, un gesto de bienvenida, la apertura a los demás, a fin de que al cuidarlos, cese la angustia de ver en qué estado se encuentran. El sufrimiento es mutuo. Encierra a quien lo padece en sí mismo. Quien sufre es incapaz de abrirse, de dar y de recibir. El dolor es una puerta cerrada. Los ojos, los brazos se recogen, la figura toda se encoge. No puede preocuparse por nadie.
Este rasgo, la incapacidad de sentir lo que los otros sienten y de tratar de poner cura es precisamente lo que distingue a los cíclopes, a los monstruos, de los humanos.
Homero lo escribió hace dos mil ochocientos años.

domingo, 1 de septiembre de 2019

FERRANT CRUIXENT (1976): URBAN SURROUND (2007)

Resultado de imagen de Ferran Cruixent Urban






Nota: Escucha legal


Ferran Cruixent, de Barcelona, es uno de los músicos españoles cultos contemporáneos -con obras acústicas y electrónicas- más importantes.
Ha compuesto con el supercomputador (uno de los más potentes de Europa) Mare Nostrum, de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC, Barcelona), obra de próximo estreno en Barcelona.


Cultura y dogma




De vuelta de tres nuevos días en Venecia, coincidiendo con la Mostra de Cine, para repetir, durante cuatro sesiones, el pasacalles (o "performance") del autor, actor y director de teatro Marcel Borràs, con la actriz Marta Aguilar -y la participación de asistentes-, que constituye una de las obras inéditas de un artista vivo del Pabellón Catalán de 2019 (que la Biennale de Arte de Venecia exige).

La Bienal se clausurará el 31 de octubre.

El pabellón recibe unos cien visitantes diarios -extranjeros, sobre todo, y españoles (en particular, catalanes)- entre semana, y unos mil los fines de semana. Incluso en este tórrido agosto.

Los visitantes pueden responder a una encuesta y escribir sus impresiones en un cuaderno:


"Very interesting. I shall visit again.

 Un tema molto interessante che fa pensare!

SENZA PAROLE! SEMPLICEMENTE TOCCANTE! [conmovedor, en italiano]
 
MOLTO INTERESSANTE.

Molto bella e ben spiegata, da vedere.

Molto interessante e stimulante. Credo che il messaggio sta claro ma sopratutto vero.

Presenting statues and their meaning and the emotional reactions of people, very interesting.

Molto interesante e... profetica

Excellent 

Grazie

Dekujeme Vám [Gracias, en checo]

Es un pabellón muy especial, destaca del resto

MOLT BÈ, MOLT FORT

Excelent exposició

Felicitats nois! L´heu clavat. M´ha encancat

Interessant! Gràcies

(....)

VISCA CATALUNYA LLIURE

Catalunya Lliure.
No pararem la lluita

Es de vergonya no hi ha res en català. Decepció total"



Notas:
Los idiomas de la Bienal son el italiano y el inglés.
El tema de la exposición documental es una "reflexión" sobre la "iconoclastia" y la "iconodulia" -la destrucción y la adoración de imágenes- que se da hoy en día en Cataluña, al igual que en otras partes del mundo, ayer y hoy, desde el fervor que suscita la piedra negra de La Meca y los pasos de Semana Santa, hasta la destrucción de las imágenes naturalistas en Palmira (Siria), Mosul (Iraq), Afganistán, y en Europa.


Atónitos ante ciertos comentarios que poco tienen que ver con la muestra....




jueves, 29 de agosto de 2019

Agradecimiento

Hoy, 29 de agosto de 2019, a las 23.51 horas, y tras diez años de funcionamiento, gracias a lectores y comentaristas, a quien agradezco las intervenciones y observaciones, el blog Tochoocho ha alcanzado:

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Nunca lo hubiera imaginado cuando empecé a redactar este blog de notas y archivador de textos, fotos y filmaciones -útiles para clases de estética y teoría de las artes en una escuela de arquitectura.

Espero poder seguir, compartir y debatir durante algún año más.

Es un placer poder mantener abierto este blog -aunque ten solo me permita reflexionar en general sobre temas de teoría del arte y de la arquitectura .

Agradeciendo las observaciones y la lectura

Un cordial saludo

PS: seguiremos el próximo domingo, espero 



miércoles, 28 de agosto de 2019

DIDIER CORNILLE: ARQUITECTURA PARA LOS NIÑOS




















El profesor de dibujo e ilustrados francés Didier Cornille es una maravilloso intérprete de arquitectura moderna y de ciudades en libros infantiles, facilitando a los niños reconocer, aprender y apreciar el entorno construido, entendiendo cómo funciona y valorando sus mejores ejemplos.
Los dibujos, de nítidas líneas, sin sombras, casi bordados sobre una tela blanca, sintetizan perfectamente los principales rasgos de los edificios.









martes, 27 de agosto de 2019

El poder de los objetos

No es extraño utilizar la palabra corona para referirse a la familia real y, más concretamente, al rey o la reina. Esta expresión metonímica, que se refiere a un todo a través de una parte, es significativa: el monarca no porta una corona, sino que la corona designa al rey. En verdad, le concede el título. Un rey lo es porque porta una corona. La realeza, por tanto, se expresa a través de este objeto.

Siguiendo con las observaciones en este blog de una profesora (María), los reyes, en la antigüedad, tanto en Micenas como en el Próximo Oriente Antiguo, lo eran porque portaban corona y cetro.Estos objetos lograban la transformación de un mortal en un ser casi sobrehumano, divino, en algunos casos.
Se trataba de objetos mágicos, dotados de un singular poder, que transformaban a quienes los poseían. Este poder, mágico, concedida la gloria, la inmortalidad incluso. No se trataba de un ente inanimado, poseído por un humano, sino un ser, que irradiaba, que poseía al mortal, y cuya presencia determinaba la suerte, la condición del poseedor.

Cabe preguntarse si ésta no es la función de los objetos (de arte). Amén de  facilitar los encuentros, y de desactivar conflictos -no podemos encontrarnos con una persona, sobre todo desconocida, sin un intercambio de regalos, un acto casi ritualístico que pasa tanto por la entrega como por el lento descubrimiento, desvelamiento y mostración del regalo o de la ofrenda-, los objetos conceden un singular poder a las personas que se relacionan con éstos. Los reyes son mortales. Las coronas y los cetros perduran. Dan fe de la importancia de las palabras, los gestos, la presencia de los portadores. Son objetos que pasan de mano en mano, de padres a hijos. Permiten la continuidad de los linajes, y de las funciones. Los objetos no cambian; los portadores nacen, viven y desaparecen. Su recuerdo perdura a través de los objetos con los que se han relacionado.
No hacemos los objetos, sino que éstos nos hacen, nos realzan o nos hunden. Sin ellos no somos nada. Un rey desnudo es risible: nadie cree en él. A quien de verdad se honra es al objeto. Son objeto de nuestra veneración. No son propiamente humanos. De hecho, en la antigüedad, se creía que habían caído del cielo, eran dones de los dioses, fraguados por las mismas divinidades y cedidas, temporalmente a los mortales -a fin que éstos, en agradecimiento, rindan un culto eterno al cielo. Son los objetos los que nos mantienen en vida y dan sentido a nuestra vida, la orientan. Hasta los mismos difuntos resisten a desaparecer gracias a los objetos que los acompañan en el más allá, objetos que son lo único que perdura. 

CATE LE BON (1983): HOME TO YOU (2019)



sobre esta cantante británica (galesa), véase su página web

Meter un gol









El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) podrá organizar exposiciones de obras "abordan la la huella de la represión y la desposesión colonial, así como el modo en que las potencias imperiales han ejercido el control mediante estructuras epistémicas como la cartografía política y la lengua" (según el diáfano enunciado del museo), pero la realidad es el monumento de bronce (de tres metros y medio de alto y tonelada y media de peso) dedicado a Johan Cruyff, de la escultora holandesa Corry Ammerlaan-van Niekerk  (1947), especialista en "estatuillas de empresa", que el Barcelona Fútbol Club ha inaugurado ayer.
 Hubo suerte. Véanse otras estatuas del artista.

lunes, 26 de agosto de 2019

¿Qué es una casa?

La casa es un refugio, un techo protector; un espacio acotado, medido, donde refugiarse. Una casa es un lugar cerrado, a la medida de los peligros que emanan del exterior. En una casa uno no se siente perdido. Aun sin tener en cuanta los peligros que anidan en el interior de una casa, propios de espacios vueltos sobre si mismos, que controlan todo lo que puede ocurrir dentro de ellos, pero que también los esconden de cara a fuera, permitiendo que se desarrollen sin levantar la liebre, lo cierto es que la concepción de una casa como un espacio sin aperturas al exterior la presenta como un espacio a la defensiva, que tiene sentido mientras existan peligros sobre los que alerta (o que crea), un espacio replegado que denota temor y que se niega a abrirse hacia el exterior.

Esta concepción fue corregida o critica por el filósofo francés Levinas. Partiendo de la forma de propia letra hebrea, la consonante b, que le lee también como una palabra que significa casa (b es bait, en hebreo -beit en árabe- y aparte de corresponder a la segunda letra del alfabeto, significa también casa), y que se grafía como un cuadrado con tras lados trazados y el lado izquierdo sin marcar, Levinas postuló que la casa era un espacio abierto al exterior, en el que uno podía recogerse, pero también acoger a los demás. La casa como tierra de acogida. El que la apertura mirara hacia la izquierda, es decir hacia el oeste, la dirección hacia la que el sol transita cuando declina, antes de desaparecer, significaba que la casa estaba dispuesta a acoger hasta a los muertos. De este modo, los vivos y los muertos, los presentes y los antepasados compartían un mismo espacio. La casa era el lugar donde moraban todas las generaciones, a las que la casa ofrecía un lugar seguro. Los muertos no habían vivido en vano. Desde la misma casa estaban junto a los vivos sobre los que velaban.

El lingüista Émile Benveniste, analizando la etimología de la palabra "ario", que significa tanto amigo como enemigo, así como dueño de una casa, defendió que la casa era el lugar de una metamorfosis decisiva para la vida. La casa es el lugar donde hostis se vuelve hostes, donde lo hostil se convierte, al ser recibido en un huésped, donde el hospitalario lo acoge. La casa, así, juega un papel decisivo en la desactivación de los conflictos. Se trata del lugar donde los enemigos, hasta entonces enfrentados, que viven para la guerra, se encuentran y sellan un acuerdo. Desde entonces, la guerra será sino imposible sí mucho más difícil de declarar. La hostilidad ha mutado en hospitalidad. Quienes solo se veían las caras en combate aceptan mirarse a los ojos y reconocerse. Quien recibe introduce su antaño enemigo en el seno de su casa, lo convierte en un miembro de la familia, lo integra de modo que las diferencias desaparecen. Se han vuelto cercanos y pueden compartir valores y espacios. Esta integración, esta aceptación del otro requiere la presencia de un espacio de acogida, espacio que trastoca los valores y trasforma lo distinto en lo mismo. El otro se vuelve como uno mismo. Todos somos moradores.

domingo, 25 de agosto de 2019

Arquitectura religiosa contemporánea









Una frase que resumía un largo artículo sobre arquitectura religiosa contemporánea, publicada ayer en un diario de tirada nacional española, ha dado lugar a un intercambio de opiniones:


X: Creo que el autor del texto no ha acertado. La afirmación es errónea

Y: ¿Por qué?

X: Es erróneo escribir que, a partir de ahora, las iglesias "sólo" pueden ser ascéticas y además consensuadas a partir de la participación de los usuarios. Eso es un error incomprensible.
Si alguna tipología es aún válida, y deseable la autoría y la desmesura, es precisamente en las tipologías arquitectónicas relacionadas con el culto religioso.
Ya sea católico, islámico o sintoísta.

[Nota: el artículo, pese a estudiar las causas formales y finales de la arquitectura religiosa contemporánea, se centra solo en templos cristianos, obviando, por ejemplo, la existencia de mezquitas (foto 2: mezquita en Teherán) que se apartan de las formas tradicionalmente asumidas y, a menudo, impuestas. Así el proyecto de la mezquita del Viernes Santo, del arquitecto jordano Rasem Badram, en Bagdad, nunca construida, es un buen ejemplo, como la reciente mezquita libanesa de Amir Shakib Arslan, del estudio de arquitectura L.E.FT]

Y: En efecto; la capilla del artista contemporáneo inglés Grayson Perry, Premio Turner, en el condado inglés de Essex -Dream House (foto 4), un templo profano, dedicado a una santa imaginaria del siglo XX,  basado en capillas de peregrinaje y en iglesias eslavas- , es un ejemplo de sobreabundancia decorativa actual (el templo está enteramente recubierto de azulejos con distintos motivos geométricos y colores).
La reluciente catedral ortodoxa de la Santa Trinidad (foto 3), del arquitecto Willmote, recientemente inaugurada en París, no se desmarca del templo profano de Perry.
Las iglesias (los templos) no son fruto del consenso, sino que son actos de fe, de confianza o de entrega -ciega o a sabiendas-, no de negociación. No se negocia con la divinidad, ni con el resto de los fieles (que no usuarios): no existirían comunidades religiosas, iglesias, en sentido literal, ya que éstas depositan su confianza, se entregan absolutamente, sin cálculos ni reticencias, sin dudas ni inquietudes, a una o a varias divinidades. La arquitectura religiosa no se distingue de los fieles. Un templo vacío no tiene sentido. No existe, al menos en las religiones monoteístas para las que el templo no es la morada de la divinidad sino un lugar de encuentro entre mortales e inmorales.

X: El templo del Santo Redentor, en la Laguna (Tenerife), de Fernando Menis [origen del artículo comentado, foto 1],  es todo lo contrario a ascético.
Es complejo, aleatorio y diverso en texturas y formas.

sábado, 24 de agosto de 2019

El extranjero

Advenedizo es una palabra que designa una realidad poco apreciada: una persona “venida a más”, de fama considerada poco justificada, juzgada como no preparada para las reglas de una comunidad, desconocedora de las mismas, ni merecedora del crédito que supuestamente se le concede. Un advenedizo es un rechazado, sospechoso por no pertenecer a un grupo en el que se ha introducido y en el quizá se ha impuesto, pese a no haber nacido en aquél.
Un advenedizo viene, en efecto, de fuera. No forma parte de un círculo, no tiene reconocimiento ni mérito.

Advenedizo “viene” de advena, que en latín significa extranjero (y por extensión, esclavo): es el que viene de fuera (ad), de lejos; del campo, del extranjero. Es agreste. No es una persona cercana. No es “de los nuestros”. El advenimiento es indeseado, inesperado. Perturba, altera el “orden público”, trastoca las “buenas costumbres o maneras”; no se “comporta”. Se le rechaza. Es un intruso.
Pero eso significa que nadie es un extranjero (o un extraño) de por sí; no existe un extranjero “naturalmente”, la naturaleza extranjera no tiene sentido. Se es siempre un extranjero con respecto a un grupo constituido. Es decir, todos somos extranjeros con respecto a otros. Los nativos, los autóctonos, también son extranjeros ante otros nativos. No “somos”, en esencia, de ningún sitio.

Un extranjero se diferencia de un grupo: no forma parte de él. Es, por tanto, una persona potencialmente hostil: es un extraño. No se sabe nada de él. Causa inquietud o miedo. Se desconocen sus intenciones. No responde a pautas asumidas.
El enfrentamiento es latente, quizá inevitable si no se interviene.
Es en este momento cuando las leyes de la hospitalidad cobran sentido. Desactivan la hostilidad.  Tienen como fin integrar al extranjero en una comunidad, de modo que se vea, se sepa qué hace, qué piensa. Compartirá mesa, valores y costumbres. Ya no se le juzgará  como un ser ajeno, un enemigo.

El extranjero venía de lejos; hoy está cerca de nosotros, somos cercanos. Ya no damos miedo. La hospitalidad era (y es o debería ser) un ritual gracias al cual todos nos convertimos en huéspedes los unos de los otros, bajo un mismo techo, alrededor de un mismo fuego.

viernes, 23 de agosto de 2019

Familia y esclavitud

Un fámulo es un sirviente, en lenguaje “familiar” - y hoy en desuso.
Esta palabra deriva del latín famulus, que significa esclavo.
De famulus deriva el sustantivo plural latino familia. Éste designa a la servidumbre o, más precisamente, al conjunto de esclavos que atienden en una casa, que forman parte de una “casa”, de una familia.
La moderna palabra familia se refiere a los habitantes de una casa; antiguamente también, pero solo al servicio, el fundamento de una casa bien atendida, independientemente de las relaciones de parentesco, de los “lazos de sangre”.
Del mismo modo, el sustantivo griego domo, casa, está relacionado -o deriva- de lo (los) que la sustentan, los dmoi: los esclavos
Ah, si lo supieran los defensores de la llamada “familia tradicional”...


jueves, 22 de agosto de 2019

CHARLES KOECHLIN (1867-1950): LA CITÉ NOUVELLE, RÊVE D´AVENIR (LA NUEVA CIUDAD, SUEÑO DE PORVENIR, 1938)



Composición inspirada en la obra Hombres como dioses (19239 de H. G. Wells.

Sobre este gran compositor francés, asociado a Satie, y maestro de Poulenc, véase, por ejemplo, este enlace.

De puertas adentro, de puertas afuera (el imaginario de las puertas)

La metáfora del hogar como un centro del mundo es habitual. La casa se percibe como un refugio desde el que se organiza todo el espacio. es un centro que irradia.
La puerta media entre el interior y el exterior. Cierra, defiende, pero también abre la casa a la intemperie. La puerta es frágil. Debe ser protegida. Ritos, aún hoy, buscan impedir que el "daño" se instale en el interior.
Puerta, en latín, se decía fores. Esta palabra estaba asociada a foris. Su significado es evidente: fuera. La puerta, entonces, situada entre el interior y el exterior, define, nombra el espacio exterior. Ambos, interior y exterior, se necesitan. Un interior requiere la presencia del exterior: es un interior con respecto al exterior. Y podríamos escribir que al exterior le ocurre lo mismo -depende del interior, se define con respecto al interior-, si no fuera porque la puerta da nombre al exterior. Una puerta, por tanto, relacionada con el interior, asociada a él, que mira al exterior y lo organiza.

Los espacios interiores y exteriores están poblados. El espacio exterior pertenece a los forasteros: quienes viven de puertas (fores) para afuera. Los forasteros son nómadas. No tienen un espacio propio, una casa donde asentarse. Son siempre ajenos a los valores del hogar. No pertenecen a ningún lugar. Cuando se echa a una persona del hogar, un intruso, un indeseado, un repudiado, se le pone de puertas afuera. La puerta lo expone al exterior, convirtiéndolo en un extraño, un forastero, un extranjero (en inglés, foreigner) que ya no será bien recibido, que no podrá cruzar ninguna puerta más. Desde entonces será un peregrino, es decir, un habitante del ager (del espacio agrícola), necesariamente sometido a todos los peligros.
Su lugar, en todo caso, es el bosque: forestis o foresta, en latín, forestaforêt y forest, en catalán, francés e inglés, el espacio forestal. Éste también se define con respecto a la puerta (fores): se trata de lo que la envuelve, del que la puerta se defiende, cerrando el espacio interior ante los peligros de la masa forestal. 
Este espacio no es necesariamente siniestro. Es el lugar donde acontecen las "fêtes foraines": las ferias (feria, en castellano, deriva del latín feria que significa festivo; por el contrario, forain, en francés, viene del latín fores. Los feriantes, como los forains, se desplazan constantemente. No echan raíces, no crean ni poseen un espacio propio. No se organizan un lugar. Las actividades que practican, las ferias o las fiestas "foraines", son temporales, ocasionales. No son propias de la vida cotidiana, asentada. Son acontecimientos excepcionales, que se desmarcan del tiempo regulado. No obedecen a regla alguna, al menos, escapan a las reglas profanas, propias de la vida común, en común. Los feriantes -los forains- no saben, no pueden vivir en comunidad. No son comunes, son seres excepcionales, ante los que hay que vigilar las puertas ya que acarrean valores, normas propios, distintos de los que organizan los espacios acostumbrados. Atraen e inquietan, como todo lo que pertenece a lo forestal, lo venido del exterior, necesariamente desconocido.
Una puerta, una simple puerta, tras la que nos refugiamos, o que abrimos, define nuestros valores y organiza nuestra visión del mundo.

miércoles, 21 de agosto de 2019

Domus et dominus

La palabra casa tiene dos significados: nombra una estructura material, arquitectónica, y al núcleo humano (familia, clan, etc.), estrechamente relacionado con el volumen construido, que mora permanentemente en su interior. En este caso, la casa es sinónimo de linaje.

Casa, en griego, se decía domo; domus, en latín.
Pero domo solo designaba el edificio. Oikos, en cambio, se refería a quienes lo poseían y vivían en él. Oikos compone la palabra economía (oikos-nomos), que significa la ley o norma que regula la vida de una casa, es decir de quienes moran entre las cuatro paredes de una domo.
Domus, que se suele asocial a lo construido, se refiere, en cambio, solo a quienes viven en la casa. La casa entendida como una construcción, se decía aedes. De ahí, las palabras modernas de edículo (pequeña construcción), el  adjetivo edilicio (referido a la construcción), o el sustantivo edificio (aedes-faccio) que significa volumen hecho o construído.

Domus estaba emparentado con dominus. Aunque los radicales sean distintos, los autores latinos solían asociar ambas palabras. El dominus era el señor de la domus, y ésta el espacio en el que se manifestaba el poder del dominus, del padre de familia. La domus era su bien.

Domus está en el origen de dos palabras, también de origen latino: doméstico y domesticar.
Lo domestico es el carácter del espacio interior habitado. Se refiere a las cualidades de éste, no en tanto que construcción, sino que espacio que acoge, modela y expresa las relaciones humanas, teñidas por el ambiente del espacio, espacio, a su vez, marcado por las relaciones de quienes viven en su interior.
La domesticación es un apaciguamiento. Conlleva una transformación, un paso de la animalidad a la civilización, que permite que los animales puedan tener cabida en el espacio doméstico. Los rasgos asociados al espacio exterior, carente de límites, se adaptan, se amoldan a las mesura, a las formas de lo doméstico. Los animales se vuelven sociables. Aprenden a convivir juntos y con los humanos. En principio, la domesticación extiende las virtudes de lo doméstico a lo indómito.

Sin embargo, como comenta agudamente el lingüista Émile Benveniste (Le vocabulaire des institutions indo-européennes, 1: économie, parenté, societé -existe traducción española), la domesticación es una imposición. La domesticidad es la servidumbre: nombra a quienes están entregados al poder del dominus. Se ejerce una fuerza para controlar al animal. La domesticación es una carga que limita los movimientos del animal y le obligan a ceñirse a un determinado modo de vida. La domesticación coarta la libertad. Se doma el animal. Se le reduce a la fuerza.

La domesticación completa, matiza la imagen de los valores de la domus. La domus es el fruto de un acuerdo, de pactos, de rituales (matrimonio, nacimiento, fallecimiento, etc.), de un sometimiento , asumido o sufrido, a lo que la domus, las normas de la casa exigen. Cada casa -real, noble, etc.- (cada familia, cada linaje) tiene sus propias reglas que se tienen que respetar so pena de perder lo que la domus ofrece, volviendo a la intemperie, al estado salvaje o bárbaro. A cambio de protección, se pierde libertad de decisión. La casa es un hogar y una celda, un refugio y un encierro, donde cohabitan seres que se han entregado al poder de la domus, percibido como liberador o castrador.

martes, 20 de agosto de 2019

Entre la hostilidad y la hospitalidad

Las ciudades griegas no cesaban de hacerse la guerra. Se enfrentaban pero se reconocían, incluso cuando una dominaba a la otra, como poseedoras de unas mismos valores o creencias: hablaban dialectos griegos y compartían unas mismas divinidades, pese a que cada santuario estaba dedicado a una manifestación de la divinidad que no tenía por qué casar con la de otro templo.
Sin embargo, raramente se enfrentaban a invasiones no griegas. Las guerras médicas fueron una larga excepción, hasta la invasión definitiva macedónica. No parece que los griegos tuvieran diferencias irreconciliables con los fenicios, pese a explorar unos mismas costas, y no se dieron guerras entre ciudades griegas y los imperios egipcio (aunque existieron colonias griegas en el delta del Nilo), neo-asirio y neo babilónico. Tampoco los celtas causaron problemas.
Los extranjeros, a los que se daba entrada en la ciudad, si eran de ascendencia noble, eran griegos -o, con mayor precisión, hablaban griego (la nacionalidad griega no existiría hasta el siglo XIX). Por tanto, se les podía -se les debía- conceder la hospitalidad y sellar acuerdos de buena vecindad. Ningún grecoparlante tenía que encontrarse con las puertas cerradas.  Las leyes que regulaban sus vidas eran parecidas.

Los enfrentamientos entre pueblos muy distintos se dieron ya en época helenística y posteriormente romana. Fue entonces cuando se trazaron fronteras que tenían que defenderse. Los romanos aceptaban la llegada de "bárbaros" en los territorios que controlaban; podían incluso conceder el estatuto de ciudadano a quien no hablaba latín -o griego-, pero estas concesiones no se daban en caso de violentos enfrentamientos. Las ciudades, las casas daban la espalda a quienes eran percibidos como invasores, destructores del orden romano. Fue en época romana cuando la palabra latina hospes, que hasta entonces significaba tanto huésped -es decir, a la persona a quien se acogía en el seno de una casa, invitándole a compartir techo y alimentos- cuanto quien concedía la hospitalidad, cambió de significado. Ya no designaba a un próximo, a un conocido, sino a un extraño. De hospes se pasó a hostis (hospes y hostis eran palabras emparentadas, con una misma raíz; y esta diferencia tan importante de significado no es extraña o gratuita. En ambos casos quien llega es un desconocido, no forma parte de un clan o de una familia. Pero mientras que, en tanto que el desconocido es percibido como un hospes, se buscan lo que se pudiera tener en común, un idioma, unos valores o unas creencias, en tanto que hostis se señala todo lo que nos separa): un enemigo, opuesto en todo a quien, hasta entonces, le habría recibido con los brazos abiertos.
Esta cambio de percepción de quien tenemos ante nosotros no se ha dado solo en Roma.

lunes, 19 de agosto de 2019

ELICHI YAMAMOTO (1940) & YUSAKU SAKAMOTO (1939): ‘ある街角の物語’ (ARU MACHIKADO NO MONOGATARI -TALES OF A CERTAIN STREET CORNER / CUENTOS DE UNA CIERTA ESQUINA EN LA CALLE-, 1962)



Sobre este clásico de la animación, véase por ejemplo, este enlace

Comunidad

Munus, en latín, era un sustantivo que tenía varios significados, bien entrelazados. Munus era, en primer lugar, una función, un cargo público. Este oficio, en el doble sentido de la palabra -una tarea institucional, y también manual, profesional-, se manifestaba a través de unos gestos, unas acciones. Se trataba de un trabajo que se tenía que cumplir, un deber. Una actuación que incidía en la vida pública, que afectaba, en principio para bien, la vida de las personas cercanas. Munus también designaba el fruto de dicha intervención, su resultado. Se trataba de una obra bien hecha. En este caso, munus era lo que "un" cargo entregaba a quienes le rodeaban y dependían de sus acciones y decisiones. Munus, por tanto, era un servicio público, y quienes lo realizaban eran servidores, personas serviciales: funcionarios al servicio de los demás, entregadas en la mejora de las relaciones entre miembros de una misma comunidad. Munus era un presente llevado a cabo y entregado por el una figura atenta (a las necesidades y requerimientos públicos). En tanto que aportación, munus era un regalo o un don brindado, graciosamente, por una figura pública (por ejemplo, juegos y espectáculos financiados y promovidos por estas personas escogidas).

Pero, en la antigüedad, un don no era gratuito. no era una gracia. Los dones se insertaban en un juego de ofrendas y recibimientos, que debían regularse y practicarse so pena de poner en peligro las relaciones tejidas por el tránsito constante de regalos y ofrendas que mantenían vivos los recuerdos, que recordaban la presencia de los demás, favorecidos o desfavorecidos. Los habitantes competían para saber quien era capaz de desprenderse de lo que tenía, es decir, quien tenía más. No se trataba de ser desprendido sin esperar nada a cambio. Por el contrario, quien ofrecía un don espera una contrapartida. Los que habían recibido un don se sentían deudores. Y tenían, pues, que compensar con un don aún mayor, dones que circulaban de mano en mano, permitiendo que todos los miembros pudieran disponer, en un momento u otro, de bienes recibidos durante un tiempo, antes de volverlos a poner en circulación, devolviendo el favor a quien lo había realizado en primer lugar.

Una comunidad era, así, un grupo que compartía unas cargas, haberes y deberes. Poseían, entre todos, unos bienes que pasaban de mano en mano. Cada miembro tenía la obligación de atender a los demás, sin quedarse con todo para siempre, sin acaparar nada. Los bienes solo se poseían un tiempo, antes de devolverlos a la comunidad. Se trataba de una asociación asistencial que compartía la abundancia y la miseria, sabiendo que nada se obtenía o se ganaba para siempre y que nadie quedaría desvalido permanentemente sin posibilidad de salir a flote.

Los miembros de una comunidad se ayudaban mutuamente -otra palabra derivada de munus-: eran capaces de ponerse en el lugar del otro, conociendo sus necesidades y sus aspiraciones. Una comunidad era una estructura que ayudaba a entenderse, aceptarse y ayudarse -sabiendo que toda ayuda no implicaba superioridad ni condescendencia sino la capacidad de simpatizar, sabiendo que un día, uno se encontraría en el lugar, en la misma situación que el otro, que compartirían bienes y faltas.

domingo, 18 de agosto de 2019

KATHERINE LINN SAGE (KAY SAGE, 1998-1963): CIUDADES EN RUINAS Y FIGURAS VELADAS



























Giorgio de Chirico: La surprise, 1914 (adquirido por la artista)

Norteamericana acomodada, formada en Italia, viviendo en Roma y en Venecia antes de la Segunda Guerra Mundial, Kay Sage no fue aceptada por los artistas surrealistas precisamente a causa de su fortuna, pese a que Breton y otros artistas vivieron a su costa, y aprovecharon las ayuda que les brindó para emigrar a los Estados Unidos huyendo de la Alemania nazi y el París ocupado por los alemanes.
Ni siquiera se sabe si su segundo esposo, el pintor surrealista Yves Tanguy (alcohólico) la aceptó, dado el maltrato psicológico y físico a la que la sometió hasta el final.
Con la muerte de Tanguy, a mitad de los años 50, Sage dejó de pintar hasta que se suicidó a principios de los años sesenta.
Oscurecida por la fama y la obra de Tanguy, y hoy casi olvidada, las pinturas de Sage, marcadas por las obras metafísicas de de Chirico -una de cuyas obras emblemáticos adquirió- representan ciudades desoladas, a medio construir. Más que ruinas, ciudades decaídas por el tiempo, son ciudades, en territorios planos que se pierden hasta el horizonte, sin obstáculos, cuya construcción ha quedado detenida, quedando tan solo estructuras, marcos de puertas y de ventanas (quizá de madera, la madera estructural con la que su padre hizo fortuna), que, en ocasiones, acogen o encierran a figuras humanas enteramente veladas.

Tan solo una reciente exposición en un remoto pueblo no lejos de Boston (EEUU), le ha devuelto cierta visibilidad. Era la quinta muestra antológica en cincuenta y cinco años.