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sábado, 3 de enero de 2026

Maquetas antiguas de santuarios dr la Magna Grecia








 

Fotos: Tocho, museo arqueológico nacional , Reggio Calabria (Italia)


El centro de cultura contemporánea de Barcelona (CCCB) organizó, hace veintinueve años, una gran exposición, titulada Casas del alma, brillantemente puesta en escena  por los arquitectos GuriCasajuana, sobre maquetas arquitectónicas de la antigüedad occidental, por el aquel entonces poco conocidas y estudiadas, y habitualmente no incluidas en las exposiciones permanentes de los museos, sino dormidas en cajas en reservas y almacenes de aquéllos. En algunos casos, fueron la vez primera que, literalmente, vieron la luz. 

Hoy, son obras que no se desdeñan. El museo arqueológico de Reggio Calabria posee varias maquetas o “maquetas” de santuarios  -no formaban parte de ningún proyecto arquitectónico, sino que bien podrían ser pequeños santuarios transportables, ofrendados en tumbas o santuarios, en ocasiones depositados en altares domésticos, como pequeñas capillas (como acontece aún hoy con objetos devocionales domésticos cristianos), desde capillas hasta sagrarios-. 

La característica de dichos objetos es que son imágenes -si es que son imágenes o más probablemente modelos en miniatura- de grutas o fuentes dedicadas seguramente a divinidades acuáticas (ninfas), lo que evoca bien la importancia de las potencias sobrenaturales de las aguas para la vida de las ciudades, que solían recibir culto fuera de las urbes -aunque en estas destacaba los ninfeos en forma de cavernas-, en hitos naturales donde el agua discurría. 

La colección de “maquetas” -unos objetos votivos o sagrados, en verdad- de la Magna Grecia, entre los siglos VI y IV aC, de este museo es excepcional por el número, el tamaño y el estado de conservación.

No se incluyeron entonces en la exposición antes citada. No existían aún catálogos telemáticos y estas obras no solían exponerse.

viernes, 26 de diciembre de 2025

Los rostros prehistóricos de Karahan Tepe (Turquía): entre la petrificación y la animación
















Los hallazgos arqueológicos en el yacimiento paleolítico de Karahan Tepe (Anatolia, a los pies de los montes Tauro que vierten al Sur en la llanura mesopotámica, entre los actuales países de Turquía e Iraq), de hace entre doce mil y once mil años, se multiplican recientemente.

Lo que parecía un pálido reflejo del monumental yacimiento, aún más antiguo, de Göbekli Tepe, a unos pocos quilómetros de distancia, se revela tan complejo como éste, y con un “rostro” propio. No son, además, los únicos yacimientos de parecidas características que se están hallando en el territorio.

¿Centros de culto? La noción de divinidad no ha sido aún inventada. ¿Asentamientos? Karahan Tepe seguramente lo fuera, pero sin apenas cultivos. La construcción de un imaginario parece haber precedido la construcción de un territorio, la figuración humana o sobrehumana antes que la domesticación de la tierra, las creencias antes que la racionalización del espacio, si es que ambas maneras de ser en el mundo, imaginativa y racionalmente, pueden ser separadas.

Se cree que en Karahan Tepe el sedentarismo había iniciado así como un primer atisbo de cultivo, pero el nomadismo seguía vigente así como la caza. Y, sin embargo, pequeñas (¿?) comunidades humanos empezaron a proyectarse en la piedra, labradas de manera hercúlea, sin útiles de metal, ni medios de transporte, o a humanizar la piedra no se sabe porque, buscando anular el abismo entre la carne y la piedra. ¿Rostros humanos o de seres imaginarios, serenos o dolientes, difuntos petrificados o revividos? La figuración humana de Karahan Tepe parece anunciar toda la historia del arte, como si éste no fuera sino una variante infinita e incesante, que aún prosigue, de la representación humana, empeñada en perdurar en la piedra por miedo al olvido, a ser piedra, consciente, sin embargo, como se intuye en los rostros dolientes o estupefactos de Karahan Tepe, con ojos sobre todo, de la imposibilidad o la irrealidad, y quizá la fatuidad del empeño.

Los rostros de Karahan Tepe posiblemente sean el legado perdurable del aciago 2025 

martes, 23 de diciembre de 2025

Devastación: los restos de Edo, la capital renacentista del mundo

 







¿Por qué puede ser el descubrimiento arqueológico más importante del siglo?


Edo, así se llamaba la capital del reino de Benín, fue la ciudad más extensa y adelantada del mundo -con iluminación pública, recogida de basuras, entre otros servicios públicos, amén de la mayor construcción de adobe  que jamás haya existido, y la mayor obra de ingeniería, superando a la gran muralla china- entre los siglos XII y XVI, cuando empezó un cierto declive. Cuando los portugueses la descubrieron en el siglo XV quedaron deslumbrados. La comparaban con Génova, entonces la capital más potente occidental que empalidecía ante Edo. La ciudad era el centro del comercio de marfil con el que, desde China hasta los reinos góticos europeos, se tallaban estatuas y objetos suntuarios. Las caravanas, con el marfil y cerámica, partían de Edo, cruzaban desiertos de manera segura. A cambio el reino de Benín -el más poderoso del mundo- recibía bienes de los que carecía, metales sobre todo.


El gobierno británico sabía cuáles eran las normas de la corte de Benín para iniciar negociaciones. La invitación, que siempre llegaba -Benín no se cerraba en banda-, tenía que proceder de Edo.

Ante cualquier negociación a la vista, había que comunicar el deseo de encuentro y esperar la invitación.

Sabiendo esto, la corte británica mandó una delegación sin previo aviso. Fue arrestada y unos delegados ejecutados.

Se sabía que ocurriría.

Fue la ocasión de enviar entonces el ejército en represalia, y acabar con el reino de Benín, cansado de las crecientes exigencias británicas en caucho y aceite de palma para la maquinaria industrial y la naciente industria automovilística, que requería caucho para los neumáticos .


Un incidente diplomático intencionadamente provocado por el imperio británico llevó al ejército de la reina Victoria a atacar y a arrasar la capital, expoliando ochenta mil obras de arte hoy en los almacenes del museo británico -que luego vendió unas pocas, que se encuentran en diversos museos, una en Barcelona, aunque algunas instituciones están procediendo a la devolución de las obras, no el museo británico- con tanta sala que, aunque la devastación, la más importante de la historia, ocurriera hace tan solo ciento veintiocho años, hasta hoy, desaparecieron tan drásticamente los restos que no se sabía -y aún no se sabe a de cierto, aunque este descubrimiento ayude a clarificar el emplazamiento de ls urbe- donde se ubicaba Edo, pese a haber sido la ciudad más grande, poderosa y técnica y políticamente más avanzada del mundo.


https://www.smithsonianmag.com/smart-news/museum-west-african-art-will-incorporate-pieces-city-destroyed-1897-invasion-180976318/


https://www.cambridge.org/core/journals/antiquity/article/mowaa-archaeology-project-enhancing-understanding-of-benin-citys-historic-urban-development-and-heritage-through-preconstruction-archaeology/29CDB0E92C192DFA64D724CE892ED2FD

martes, 25 de noviembre de 2025

Nippur



Dos mapas sobre tablilla de arcilla, segundo milenio aC: mapa de canales en la periferia de Nippur, y plano -fundamental- del centro religioso de la ciudad. De Google Image 

 




























 

Fotos: Tocho, Nippur, noviembre de 2025

El panteón sumerio-acadio estaba encabezado por una triada -que quizá postergara a la figura de la diosa madre Ninhursag, o Nammu-, compuesta por el Cielo, las Aguas del Cielo, y las Aguas terrenales, o An, Enlil y Enki.
An era inalcanzable. Lejano y distante; Enlil era colérico, y su cólera podía llevarle, para castigar a los humanos, a abrir las compuertas del cielo, dando lugar al diluvio. Por el contrario, Enki era un dios cercano que transmitió sus saberes a los humanos y velaba por su supervivencia: el agua dulce , necesaria para la vida, estaba bajo su protección. El agua del Éufrates que purificaba a la ciudad a través de un canal. 
Enlil tuvo su santuario principal, el Ekur (o E-kur; Casa-de-la-Montaña -de la montaña y de las profundidades, que tales son los significados de kur), en lo alto de un zigurat en la ciudad santa -no era un centro político- de Nippur, a la que los reyes acudían para coronarse.
Fue una ciudad habitada durante cinco mil años, desde el cuarto milenio hasta finales del primer milenio dC, ya bajo dominio islámico. Cayó en el olvido entonces.
Explorada a mediados del siglo XIX, sigue siendo uno de los principales yacimientos arqueológicos en el que aún se excava.
A finales del siglo XIX, con ladrillos originales enteros,  hallados desperdigados, los arqueólogos reconstruyeron el Ekur en lo alto del zigurat.
Hoy, se asciende, con cierta dificultad debido a la pendiente y a la inestabilidad de las caras del zigurat, hasta el templo de Enlil. 
Desde allí, a través de diminutas ventanas, la luz cegadora, animada por la arena, y el desierto hasta el horizonte, ni siquiera rasgado por una carretera. Tan solo una pista casi invisible conduce a los pies del alto zigurat, y a otras construcciones que parecen esconderse bajo el amplio y ondulado manto del desierto. 
Lejos de los hombres….