domingo, 20 de septiembre de 2020

Inmisericordia

 


...con inquilinos...

Anuncio de gran tamaño en una calle de Barcelona, a plena luz del día


RAGNAR KJARTANSSON (1976): THE SKY IN A ROOM (EL CIELO EN UNA ESTANCIA, 2018-2020)


Ragnar Kjartansson es un artista islandés.

La obra, una "performance", consiste en la incesante repetición, durante horas, días y meses, de una popular canción italiana de finales de los años cincuenta,del siglo pasado que cuenta la historia de la desaparición de los muros de un presidio (un burdel) gracias precisamente a esta canción. 
Una multitud de cantantes y músicos, acompañada por un órgano, la interpretan en la iglesia manierista milanesa de San Carlo al Lazzaretto, obra de Pellegrino Tibaldi, a finales del siglo XVI, construida tras una plaga de peste..

sábado, 19 de septiembre de 2020

En el nombre de Platón

Platón no se llamaba Platón...

 Platón escribió acerca de una República ideal; una ciudad estado armónica, que no era sino la imagen de una estructura anímica, un modelo de cómo ser, estar y comportarse. La ciudad exterior era una imagen de la ciudad interior. un mundo pacífico y regulado, iluminado por la luz que el alma atesoraba de sus años en contacto con el uno, antes de encarnarse. Años más tarde, y teniendo también como referente el apocalipsis de juan, San Agustín, de formación griega, escribiría sobre la Ciudad de Dios.

Platón, al final de su vida, escribió un texto más sombrío o desencantado -y desde luego menos encantador-: las Leyes, una descripción del intento de organización de una ciudad terrenal. 

Del mismo modo, Platón, al final de su vida, habría viajado en tres ocasiones a Siracusa, invitado por el tirano Dionisio II, fascinado por el texto de la República que su tío, el filósofo Dion le dio a conocer -una estructura bajo el mando único de un ser supremo- y curioso de conocer de viva voz las visiones de Platón. Los tres viajes concluyeron del mismo modo. Platón, a cada vez, huyó de Siracusa de vuelta a Atenas, temiendo por su vida, tras descubrir el verdadero rostro de Dioniso, un supuesto "amigo de la sabiduría", pero en verdad un tirano ávido de poder. 

Platón habría intentado no quedarse en el invisible mundo de las ideas -aunque idea, en griego, significara forma característica que define lo que uno "es", una forma terrenal aunque quizá desdibujada por la materia de la que es imposible a veces desgajarse u olvidarse.

Platón se llamaba Aristón o Aristocles. Platón era un apodo. En griego platus significa ancho y plano y, en concreto, ancho de espaldas (plate es omoplato, y platos, anchura de un ente fuerte y masivo). Platón era un luchador de pancracio, de lucha libre mezclada con boxeo, un ejercicio físico, violento, sin duda, que se practicaba en los juegos olímpicos, esto es en los juegos en honor de Zeus, dios de Olimpia, una práctica sagrada a través de la cual los jugadores se sacrificaban, entregando su fuerza, a veces su vida, en honor de la divinidad. Platón tenía un cuerpo hercúleo, tan ancho de espaldas que dicha característica se convertiría en su apodo, con el que se recordaría, sustituyendo a su nombre.

No se sabe a fe cierta si Platón participó en unos juegos olímpicos, ganando en un par de ocasiones. En verdad poco sabemos de su vida. pero sí sabemos que emprendió su "camino a Damasco", cuando tuvo una revelación al encontrarse, subyugado, por Sócrates, a quien convertiría en una figura literaria, teatral el protagonista de muchos de sus diálogos -que eran obras teatrales o tenían la estructura de una obra de teatro.

Antes del encuentro con Sócrates, Platón habría mordido mucho polvo. Quizá por eso, descubrió y apreció la luminosidad de las ideas, la fuerza de las formas capaces de aguantar el envite de la tierra.

jueves, 17 de septiembre de 2020

GILLIAN WEARING (1963): LOCKDOWN (ENCIERRO, 2020)

 


La máscara es traslúcida, fácil de llevar y de quitar; pero, debajo, cubierta por la máscara anterior, una segunda máscara: nuestro propio rostro, del que es imposible desprenderse -por las buenas.
En griego, una misma palabra, prosopon, significaba tanto rostro cuanto máscara; esta confusión no implicaba que el rostro escondiera lo que uno “es”, sino que, por el contrario, gracias a las máscaras, lo no que “era”, los héroes y los dioses, se presentaban visiblemente ante los fieles, portados por los sacerdotes o los actores, que cedían su puesto a los entes invisibles encarnados.
Hoy, esta consideración se ha invertido, y la verdadera máscara que portamos día y noche es la cara de circunstancia, o impávida, que ponemos cuando nos enfrentamos a las diversas situaciones en las que nos vemos inversos.
Una máscara, empero, que también se puede levantar, sostiene la artista británica Gillian Wearing, ganadora del premio Turner en 1997, gracias al autorretrato que no sea complaciente.

La artista expone esta obra, en estos momentos, en una galería londinense.

sobre esta artista, véase, por ejemplo, este enlace.

miércoles, 16 de septiembre de 2020

PAUL MEFANO (1937-2020): MÉMOIRE DE LA PORTE BLANCHE (1991)


El mejor compositor francés contemporáneo, fallecido hoy, Paul Mefano, era iraquí, nacido en Basora

Sobre este compositor, véase, por ejemplo, este enlace

SERENA STEVEN (1988): INTERIORES (2020)

 










Desde finales de la Primera Guerra Mundial, hace ya más de un siglo, en las culturas occidentales, pintar se ha vuelvo muy complicado. Las dificultades no son técnicas ni comerciales, sino "éticas": cualquier punto de vista, objeto representado y pincelada, inevitablemente, tiene una historia: remite a una obra anterior, por lo que la duda se instala acerca de la pertinencia de repetir una imagen o la manera de plasmarla, así como de la necesidad, futilidad y "legalidad" de la obra que se va a emprender.  Interrogarse sobre lo que se va a hacer parece ineludible. ¿Cómo desprenderme o alejarme de este modelo, que siempre estará allí? o ¿acaso es mejor darse por vencido y volver a rehacer un gesto, una mirada, una obra que alguien ya ha realizado? Estas preguntas son modernas; hasta entonces, se asumía que las obras entraban a formar parte de una familia, a la que aportaban variaciones, y de cuyas bondades y maldades eran testigo y un testimonio. Cada pintor escogía su familia, de que no se desmarcaba demasiado. La noción barroca de originalidad puso fin a esos ligámenes. Y la conciencia, o el temor, de Duchamp, de que ya nada nuevo se podía pintar, le devolvió, paradójicamente, al olvidado mundo de los gabinetes de curiosidades -y al gesto del artista de escoger objetos, no de representarlos-, aunque, esta vez, mostrando objetos cuyas características eran, o así lo pensaba Duchamp, precisamente la total ausencia de rasgos curiosos. 

¿Pintar? Los logros de la fotografía, desde hace más de siglo y media, ya no son un problema. Es cierto que la pintura ya no tiene una misión: documentar el mundo. Pero puede -y debe- ofrecer una mirada que hasta entonces nadie ha tenido, no para ser original, sino para refrescar y ampliar la mirada, Mas, ¿es posible aún?

Desde los años ochenta, la vuelta a la pintura es una tentación, siempre combatida. ¿Qué, cómo y para qué pintar? La pintura, casi siempre, acaba siendo una reflexión sobre medios y fines: sobre puntos, líneas, planos y pinceladas, sin ningún otra finalidad. No pintan algo; se pintan a sí mismas. Son como piezas de construcción que nada levantan y se muestran, aisladas, abandonadas, tales como son, sin ningún objetivo al que atender   

La joven artista norteamericana Serena Steven vuelve a la pintura. Inevitablemente Hopper ronda. Pero el tamaño de los cuadros escapa a las contenidas vistas de Edward Hopper. Cuadros de interiores acogedores pero desocupados o abandonados casi siempre -a veces, es difícil saber si el gato es un cojín, una estatua o un ser vivo-, cerrados (puertas y cortinas dejan entrever espacios a los que no se llega), en los que las sombras tienen casi más entereza o entidad que las objetos que las crean, y en los que formas reconocibles se desgajan -como en la obra de Soutine (las referencias no se pueden acallar)- con dificultad de la materia que las crea y las atenaza. Una extraña, más que inquietante, imagen del mundo doméstico, que parece a punto de rebullir.

"I think of home as both a place and a feeling, something both fleeting and everlasting. A source of potential comfort or contempt, a home sinks in its roots while remaining utterly receptible to being uprooted"


Serena Steven acaba de exponer en una galería de Nueva York

lunes, 14 de septiembre de 2020

Construcción y destrucción durante la Guerra Civil española (de las regiones devastadas y Belchite a los pueblos de nueva planta) (1936-1939)








Hoy, lunes 14 de septiembre de 2020 se ha leído, en el aula de Grado de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (UPC-ETSAB), una tesis que hará historia: Espacio y memoria. Un viaje por las ruinas de la Guerra Civil española, del profesor asociado de Teoría Carlos Bitrián Varea, bajo la dirección de la profesora titular de Teoría, la doctora Marta Llorente, ambos del Departamento de Teoría e Historia de la Arquitectura.
¿Ha hecho historia?
Amén de la calidad de la documentación , la escritura, el estudio y la exposición, este trabajo de investigación, de mil quinientas páginas, trabajado en todos los archivos de la Guerra Civil española, y con exhaustiva documentación fotográfica realizada ex-profeso, que pronto podrá consultarse públicamente -a la espera de su publicación-, estudia seis pueblos destruidos, entre Madrid y Barcelona, entre los que destaca Belchite, que nunca fueron reconstruidos sino preservados en ruinas como testimonio de la guerra -de la destrucción de la República, obviamente: son pueblos que el gobierno del General Franco quiso que exhibieran, con las huellas de su destrucción, las "culpas" del gobierno legal republicano.
La tesis, por otra parte, no trata solo de destrucción -una destrucción que construye una memoria- sino de reconstrucciones, emprendidas ya a partir de 1937, en plena Guerra -una Guerra que, en ocasiones, acontecía lejos-, por instituciones y particulares de ambos bandos, y que, en el caso de las reconstrucciones en el bando sublevado, tenían una fuerte componente ideológica, ya que buscaban construir o reconstruir la imagen de pueblos y hogares de otro tiempo, que quizá nunca existieron salvo en los sueños o pesadillas de arquitectos y políticos, organizados alrededor de una chimenea, en el caso del espacio doméstico, y de plazas porticadas encintando iglesias, ayuntamientos y centros de la Falange, en el centro de las villas alrededor de las cuales se organizaban barriadas periféricas, también organizadas alrededor de plazas, según un modelo que se extendía como una tela de araña desde la casa hasta todo el territorio de la Península.
Un trabajo de investigación deslumbrante, fundamental para los estudios tanto sobre la Guerra Civil como el imaginario arquitectónico.