viernes, 13 de septiembre de 2019

Ilustración

Una ilustración es una imagen -gráfica, escrita o musical. Completa y aclara lo que se escribe o se enuncia. No es un ejemplo, sino una extensión o ampliación de lo narrado o contado. permiten ver o entender lo que, sino, quedaría confuso o de imposible comprensión. Una ilustración hace más amena la explicación. En algunos casos, la ilustración hace explicita lo que el texto deja entender. No repite ni dobla lo narrado sino que desvela capas de sobreentendidos a los que no se llega o que han pasado desapercibidos. La ilustración completa, por tanto, el mensaje que se quiere transmitir. Tiene que ver con el saber. Un ilustrado es un sabio que puede echar luz, mediante una explicación clara y didáctica, sobre algún tema o punto oscuro. Se trata de un figura importante, ilustre. La ilustración se relaciona con el saber y la claridad expositiva, con la enseñanza, no con los bienes.
Esta función de la ilustración es lógica. La palabra ilustración, de origen latino, deriva del sustantivo luz. Una iluminación es, literalmente, una ilustración: una miniatura pintada sobre un códice que acompaña o completa el texto. Una iluminación es también una revelación. De súbito, se percibe lo que hasta entonces estaba oculto, era invisible. Los iluminados son seres superiores, son o parecen sabios.

La palabra ilustración está emparentada con lustración. La relación, a primera vista, no es evidente ni lógica, aunque una ilustración puede dar lustre a un texto.
Lustrare, en latín, significa purificar mediante un sacrificio. Entramos, de nuevo, en el mundo sagrado. Dicha purificación consistía en rodear con el ser o el ente que se iba a sacrificar lo que se tenía que lustrar o purificar. Así, se daban vueltas alrededor de lo mancillado, a fin que las manchas o los males, definitivamente lavados con la sangre de la víctima, empezaran a disolverse. De este modo, lo que estaba oscurecido por una mancha volvía a la luz.
El rito de lustración se practicaba sobre todo con edificios, tanto templos cuanto casas. El sacerdote circulaba alrededor del edificio para expurgarlo o liberarlo de faltas con ofrendas o víctimas. De este modo, se disolvían las tinieblas. El movimiento circulatorio, comenta Émile Benveniste en su decisivo tratado El vocabulario de las instituciones indo-europeas,  evocaba el tránsito de los astros, en particular del sol, que iba iluminando el mundo a su paso, y devolviéndolo a su estado inicial de pureza, incontaminado.
Una ilustración, así, nos "aclara" las ideas.
Es una lástima que los textos de arte contemporáneo y de teoría política suelan considerar que las ilustraciones banalizan el texto, no fuera que expusieran las incoherencias o sinsentidos de lo que se cuenta de manera enrevesada.

jueves, 12 de septiembre de 2019

STEVE REICH (1936): WTC 9/11 (2009-2010 - ESTRENO 2011)



Interpretado por Kronos Quartet.

Composición basada en los atentados de las Torres Gemelas del World Trade Centre (WTC) el 9 de septiembre de 2001.
Sobrecogedor.

El origen del hogar

Los esponsales son, tradicionalmente, el origen de una nueva casa. Una vez el ritual de matrimonio concluido, los antiguos prometidos, parten -o se instalan, casi siempre, en la casa del padre de la novia. Así ocurría en Grecia y en Roma, en la antigüedad, y así acontece aún hoy en algunas culturas.
¿Por qué prometidos? Se prometieron fidelidad y asistencia mutua, sin duda, pero cabe preguntarse si éstas son las razones del nombre que reciben quienes se van a esposar.

Los esponsales (la ceremonia de noviazgo, que no de matrimonio, al menos en Roma, en verdad) se decían sponsalis. Esta palabra está relacionada con el sustantivo sponsio (promesa, garantía) y con el verbo spondeo. Directamente, poco tienen que ver con el matrimonio, pero sí dan cuenta de la razón de éste.
Spondeo significa prometer, dar la palabra, garantizar. El verbo pertenece al vocabulario tanto religioso cuanto jurídico. Un juramento, en la antigüedad, implicaba algo más que una palabra ante los dioses -quienes podían tomar la justicia por la mano si las garantías ofrecidas no eran suficientes, o se faltaba a la palabra dada. Dicho juramento implicaba, además, poner la mano sobre un objeto sacralizado (hoy, a menudo, un libro "sagrado"). Este contacto ponía a quien juraba en conexión con los dioses quienes velaban por lo que se afirmaba. Quien juraba debía responder con su propia persona (responder, en efecto, significa comprometerse en cuerpo y alma con lo que se dice). Debía ofrecer lo más valioso, aquéllo que en caso de pérdida -por incumplimiento de la promesa-, entrañaba una pérdida real o moral insuperable. Quien juraba ponía pues su hija en la balanza.
Un juramento de matrimonio es un compromiso. Dos clanes van a unirse. Las diferencias, las desconfianza deben abolirse. El acuerdo se sella entre varones: el "prometido" y el padre de la joven. La joven compromete a ambos bandos: al padre a entregarla y al joven a aceptarla. El padre entrega pues a la esposa. Ésta garantiza que el juramento perdurará. La conclusión del acuerdo conlleva un sacrificio: la entrega de un bien. Éste se efectúa ante "notario": los propios dioses, que certifican que la entrega cumple con todos los requisitos, y les place. La esposa es el símbolo del de lo que está en juego: un acuerdo "de palabra". La esposa, que pasa de la casa del padre a la casa del esposo, es el bien sobre el que descansa la palabra dada -es una ofrenda, una libación ante los dioses-, que da fe de la fundación de un nuevo hogar

miércoles, 11 de septiembre de 2019

ROBERT FRANK (1924-2019): THE ROLLING STONES, PLUNDERED MY SOUL (ME ROBASTE EL ALMA,1970-2010)

Rolling Stones - Plundered My Soul from Nexus Studios on Vimeo.

ROBERT FRANK (1924-2019): PULL MY DAISY (1959)

Pull My Daisy from Altarwise on Vimeo.

El fotógrafo suizo, afincado en los Estados Unidos, Robert Frank, fallecido ayer, es quizá un artista de solo tres obras fundamentales: su libro de fotografías Los Americanos (1955), que retrata a vuelo la vida gris de los suburbios y los desclasados norteamericanos, sin el pintoresquismo, la singularidad del fotoperiodismo, sin encuadrar y exaltar los valores de quienes no han merecido atención alguno; el cortometraje Pull my Daisy (1959), su primera película, que aquí se muestra, que narra una historia cómica o absurda, la visita de un clérigo en casa de un ferroviario, en la Ciudad de Nueva York (que se cuela por las ventanas) ya ocupada por una banda de amigos artistas, en la que los diálogos son contados por una voz en off, que también describe y comenta la historia, un procedimiento novedoso que Woody Allen ha tenido en cuenta en muchas de sus películas; y el polémico y descarnado documental Cocksuker Blues sobre un gira de los Rolling Stones en los Estados Unidos a finales de los años sesenta (mostrado hace años en este blog), seguido de la portada del disco subsiguiente del grupo, Exile on Main Street -una de las más célebres del diseño gráfico-, cuyo coletazo fue la última filmación de Frank, un tardío videoclip, Plundered my Soul, para una canción descartada de aquel disco en su momento, y finalmente rescatada y publicada en 2010, atendiendo siempre al mismo principio: cazar lo no nunca ha sido tema de presa, lo que se ha deslizado sin llamar la atención, pero que revela lo que subyace debajo de las apariencias. 

El saludo

Negar el saludo se ha convertido en una práctica habitual en la política. ¿Qué implica este gesto?
La palabra saludo viene del latín saluto que significa visitar, acudir a una casa para honrar a su dueño. El saludo culmina y da sentido a un desplazamiento y, de algún modo, es un rito de paso que permite cruzar el umbral de una casa tras ser invitado a entrar. El saludo certifica el encuentro y la aceptación. La anunciación, la llegada de la buena nueva, que acontece en la casa de María -la casa es el lugar por excelencia del encuentro-, viene precedida por la salutación
Saludo viene tanto de salus cuanto de salvus, dos palabras latinas que significan lo mismo: bienestar, salud.

Salvus introduce un matiz: dicha salud implica entereza. A una persona saludable no le falta nada: su persona no está afectada -marcada, mutilada- por ningún accidente. Salvus viene del griego olos: olos significa entero y único: el ser o el ente olos es singular: lo tiene todo, no necesita nada. Por todo, lo que o quien goza de tal entereza, está solus (solo, que también deriva de olos): solus se traduce tanto por solo como por desierto. Bien es cierto que quienes están sanos pueden vivir sin estar o entrar en contacto con nada ni nadie. Son autosuficientes, gozan de todo lo necesario. Pero dicho aislamiento no produce frutos. Por eso, la buena salud necesita del saludo, del encuentro con los demás.

Saludar es desear salud. Es algo más: un saludo aporta la salud. Quien brinda el saludo, es decir, la salud, es tan saludable (tan amigable) que puede repartir saludos y salud. La salud le sobra. Tiene tanta que puede disponer de ella y repartirla, creando así lazos. Los saludos mantienen las comunidades en vida. Evitan los daños, las enfermedades. Esta generosidad solo está al alcance de los dioses (que son seres singulares). Por eso aquélla es santa. Salud y santidad son palabras vecinas también. Un santo no es un eremita. Por el contrario, va de puerta en puerta aportando salud. Un santo cuida, protege. A los santos se lees invoca cuando la salud declina. Saludarse es un gesto con el que se renuevan energías que permiten reponerse y recuperar la entereza, la confianza.
Si solo se pudiera practicar este arte hoy. 

martes, 10 de septiembre de 2019

Santo y sagrado

Santo y sagrado son, en general, sinónimos. ¿Era así en Roma?

Ya hemos escrito sobre sacer: recibe la calificación de sacer todo lo que está vetado, lo que no pertenece al espacio humano, sino al mundo de los dioses. Positivo o negativo, benéfico o maléfico, lo sacer escapa al control, a las leyes humanos. Fuera de toda norma, imposible de reducir, de acotar, lo sacer puede ser una pesadilla, y una fuente de daños físicos y morales. Todo lo que pertenece a los dioses, todo lo que depende de ellos, es imprevisible, y no tiene que justificar sus acciones ante los hombres. De ahí que lo sacer pudiera ser anulado o destruido, como un cuerpo ajeno.

Se ha escrito que, en cambio, sanctus califica algo -un ente, un ser, un espacio- benéfico. La relación con la significación que sanctus adquirió en el cristianismo sería evidente, no así la relación entre sacer y sagrado (aunque hoy también lo sagrado es inviolable: es decir no puede entrar en contacto impunemente con los hombres, y cualquier relación es conflictiva, problemática. Una hostia consagrada, que es la carne de la divinidad ofrecida en sacrificio -un término derivado de sacer- no se puede coger, ni se puede morder. Su ingesta requiere además una preparación anímica.

Sanctus, en verdad, es una propiedad de lo que ha quedado sancionado: santo y sanción son palabras emparentadas. En este caso, lo santo está sometido a la ley: definido, acotado por ésta. Lo santo tiene límites, tiene que ver con los límites: los que segregan lo sagrado.
Un espacio sagrado está vetado: nadie puede acercarse a él, y menos acceder a él, so pena de un daño irreparable: acceder a un espacio sagrado implicaría salir del espacio de los mortales y acceder al de los inmortales, siempre punible en cualquier cultura. El mundo de los dioses es inaccesible a los hombres.
Los límites, los muros del espacio sagrado, sin embargo, han sido levantados por los hombres, precisamente para impedir que el profano pudiera estar marcado por el encuentro con lo sagrado. Estos muros siguen disposiciones. Defienden el espacio sagrado, y nos defienden de su irradiación. Están sometidos a una sanción que defiende o prohibe el acceso. El muro, lo santo, es lo único que los hombres pueden contemplar. Si otearan lo que acontece, lo que se halla detrás de aquéllos, quedarían ciegos o caerían fulminados. La ley humana define lo santo (un trazado protector), la ley divina, en cambio, acota lo sagrado (lo que escapa a las acotaciones y definiciones humanas).