miércoles, 20 de junio de 2018

IÑAKI BERGERA (1972): GASOLINERAS (2014-2018)





























El arte fotográfico moderno y contemporáneo, desde los años setenta del siglo pasado, ya no consiste en tomas aisladas, sino en series de imágenes dedicadas a un mismo tema, casi siempre vulgar o anodino -construcciones industriales en las que nadie se ha fijado, aisladas o abandonadas, retratadas siempre desde un mismo ángulo y a partir de criterios compositivos y lumínicos preestablecidos, y reproducidas en un mismo formato y soporte. Las fotografías componen archivos, y no pueden contemplarse aisladamente. El orden, a veces, es casual. La importancia de la imagen reside en el barrido sostenido de una misma realidad, desdeñada hasta entonces.

Las fotografías del arquitecto y fotógrafo Iñaki Bergera responden a estas normas. Son imágenes a color de gasolineras norteamericanas casi siempre abandonadas. Las imágenes no pueden evitar ser leídas como símbolos: el tiempo que pasa, la fugacidad de la construcción, la decadencia y el abandono de las formas modernas, una alegoría de que ya nadie circula por esas carreteras, convertidas en vías muertas o vías a ninguna parte,  través de territorios desérticos o despoblados, por donde no pasa alma alguna. Estaciones donde no cabe estacionar; los surtidores han desaparecido o no funcionan. La estación no surte de nada, nada ofrece. No constituye ninguna estación de paso. Nadie pasa.
 
Esta serie se expone en estos momentos en el Museo Universitario de Navarra.

Agradecemos al artista, actor y pedagogo de la arquitectura Jorge Raedó el haber comunicado esta exposición.

martes, 19 de junio de 2018

ALFRED HITCHCOCK (1899-1980) & DON TAYLOR (1920-1998): THE RIGHT KIND OF HOUSE (EL VERDADERO HOGAR, 1958)




Delicioso cortometraje sobre los "valores" del hogar, el hogar como receptáculo de recuerdos, presentado por Hitchcock. Suficientemente sarcástico

Habitar el Mediterráneo (Instituto Valenciano de Arte Moderno IVAM, Valencia, 29.11.2018 - 14.04.2019)



Herbert List (1903-1975): Pez rojo en una pecera, Santorini, 1937, Col. IVAM, Valencia



TEXTO DE PRESENTACIÓN

Más allá de la idílica visión del mar Mediterráneo que retrataran los pintores norteños, fascinados por la luz, de principios del siglo XX, el Mediterráneo engloba una superposición, una mezcla y una confrontación de lenguas, culturas y religiosas desde los inicios de la historia. Se trata también de un marco urbano, compuesto por ciudades históricas, destruidas y reconstruidas, por aglomeraciones ilusorias de vacaciones, y por campamentos de quienes no tienen acceso a la ciudad. El Mediterráneo acoge a ciudadanos desde la Grecia antigua, lo que conlleva el rechazo de todas las personas que permiten que la ciudad viva pero a las que no se les otorga el título de ciudadano, y compone el escenario de hábitos y costumbres, de modos de vida, moldeados por un hábitat que los deja respirar o los constriñe. El mar Mediterráneo es un mar de fondo. Habitar el Mediterráneo es una exposición con un mosaico de imágenes, de obras de la antigüedad y contemporáneas, de artistas de todas las riberas, que traducen la compleja, contradictoria, inclusiva y excluyente imagen de pueblos y ciudades, levantados con muros que ceden el paso o que amurallan, bajo una luz que echa luz o que ciega. 

lunes, 18 de junio de 2018

CAM CRISTIANSEN: WALL (MURO -FRAGMENTOS-, 2018)


WALL (Clip 1.A - David Hare's introduction pt.1) from NFB/marketing on Vimeo.
WALL (Clip 3 - Wall's aerial shot) from NFB/marketing on Vimeo.
WALL (Clip 3 - Aerial shot) from NFB/marketing on Vimeo.
WALL (Clip 4 - Racial segregation) from NFB/marketing on Vimeo.
WALL (Clip 5 - Palestinian suicide bomb) from NFB/marketing on Vimeo.


Este largometraje de animación del canadiense Cam Cristiansen (y texto del dramaturgo británico David Hare) no se estrenará en Europa.

MATS GRORUD: THE TOWER (LA TORRE -FRAGMENTO-, 2018)

The Tower International Trailer 2018 from Tenk.tv on Vimeo.

Aunque solo un "trailer"....
No se proyectará en España.
Película de animación de un joven director noruego.

Misericordia


"Desde que hay hombres el hombre se ha alegrado demasiado poco: ¡tan sólo esto, hermanos míos, es nuestro pecado original! Y aprendiendo a alegrarnos mejor es como mejor nos olvidamos de hacer daño a otros y de imaginar daños. Por eso yo me lavo la mano que ha ayudado al que sufre, por eso me limpio incluso el alma. Pues me he avergonzado de haber visto sufrir al que sufre, a causa de la vergüenza de él; y cuando le ayudé, ofendí duramente su orgullo. Los grandes favores no vuelven agradecidos a los hombres, sino vengativos; y si el pequeño beneficio no es olvidado acaba convirtiéndose en un gusano roedor. «¡Sed reacios en el aceptar! ¡Honrad por el hecho de aceptar!» - esto aconsejo a quienes nada tienen que regalar. Pero yo soy uno que regala: me gusta regalar, como amigo a los amigos. Los extraños, en cambio, y los pobres, que ellos mismos cojan el fruto de mi árbol: eso avergüenza menos. ¡Mas a los mendigos se los debería suprimir totalmente! En verdad, molesta el darles y molesta el no darles. ¡E igualmente a los pecadores, y a las conciencias malvadas! Creedme, amigos míos: los remordimientos de conciencia enseñan a morder. Lo peor, sin embargo, son los pensamientos mezquinos. ¡En verdad, es mejor haber obrado con maldad que haber pensado con mezquindad! (…)
Mas el pensamiento mezquino es igual que el hongo: se arrastra y se agacha y no quiere estar en ninguna parte - hasta que el cuerpo entero queda podrido y mustio por los pequeños hongos. A quien, sin embargo, está poseído por el diablo yo le digo al oído esta frase: «¡Es mejor que cebes a tu diablo! ¡También para ti sigue habiendo un camino de grandeza!» - ¡Ay, hermanos míos! ¡Se sabe de cada uno algo de más! Y muchos se nos vuelven transparentes, mas aun así estamos muy lejos todavía de poder penetrar a través de ellos. Es difícil vivir con hombres, porque callar es muy difícil. Y con quien más inicuos somos no es con aquel que nos repugna, sino con quien nada en absoluto nos importa. Si tú tienes, sin embargo, un amigo que sufre, sé para su sufrimiento un lugar de descanso, mas, por así decirlo, un lecho duro, un lecho de campaña: así es como más útil le serás. Y si un amigo te hace mal, di: «Te perdono lo que me has hecho a mí; pero el que te hayas hecho eso a ti - ¡cómo podría yo perdonarlo!» Así habla todo amor grande: él supera incluso el perdón y la compasión. Debemos sujetar nuestro corazón; pues si lo dejamos ir, ¡qué pronto se nos va entonces la cabeza! Ay, ¿en qué lugar del mundo se han cometido tonterías mayores que entre los compasivos? iY qué cosa en el mundo ha provocado más sufrimiento que las tonterías de los compasivos? ¡Ay de todos aquellos que aman y que no tienen todavía una altura que esté por encima de su compasión! Así me dijo el demonio una vez: «También Dios tiene su infierno: es su amor a los hombres.»"

(Friedrich Nietzsche: “De los misericordiosos”, Así habló Zaratustra)

domingo, 17 de junio de 2018

En el museo del Louvre



The Carters (Beyonce y JayZ): Apeshit (Hecho una fiera, 2018)


sábado, 16 de junio de 2018

ROSALÍA (ROSALÍA VILA, 1994): POR MI PUERTA NO LO PASEN (2017)



Sobre esta cantante de flamenco, cabe Barcelona, véase su página web

ALBERTO BURRI (1915-1995): GIBELLINA (1984-1989, 2015)











El pueblo de Gibellina, de origen árabe, situado en lo alto de una colina (jebel significa montaña, en árabe), cerca de Trapani, al oeste de la isla italiana de Sicilia, desapareció hace exactamente cincuenta años (1968). Quedó tan dañado por un terremoto, que fue imposible restaurarlo.
Se edificó Nova Gibellina, cerca de las ruinas. Los mejores arquitectos y artistas italianos participaron en el proyecto de edificios públicos y en la ornamentación o dignificación del espacio público.
El pintor Alberto Burri desistió. Pero la devastación le conmovió.
Cubrió las ruinas con una gruesa capa de cemento blanco de metro y medio de alto por trescientos cincuenta metros y doscientos cincuenta metros de lado, con una superficie de ocho mil metros cuadrados, dispuesta como escamas separadas por una trama de pasos que seguía -y mostraba- la sepultada la trama urbana.
El inmenso manto, que evocaba un sudario y se adaptaba a las ondulaciones del terreno, como una sábana estirada al viento, se asemejaba a la tierra reseca y cuarteada.
La lechada blanca cubrió la tierra como la lava de los volcanes Etna, Stromboli y Vulcano -Sicilia es una tierra de volcanes- . El molde de las calles que afloraban recordaba los moldes de los habitantes de Pompeya cubiertos por la lava y las cenizas del Vesubio, pero esta placa -por la que se transita, como si lo que constituye un pueblo, sus calles, sus vías de comunicación, contacto e intercambio, estuvieran aún dispuestas a ser recorridas, como nervios o venas- también se asemeja a la sólida base de una nueva edificación, un alto podio a la espera de la venida, manteniendo las trazas del desaparecido pueblo, inscrito su recuerdo en el mismo lugar en el que se asentaba.

La inmensa escultura, completada en 2015, es quizá una de las obras más hermosas de Sicilia, junto con la carena de templos griegos que velan también por una ciudad desaparecida, la antigua Agrigento, sepultada por las espantosas construcciones modernas fruto de la codicia, la especulación y la miseria -moral.
 

viernes, 15 de junio de 2018

De visita (la visitación)

Por aquellos días, María, embarazada,  se levantó pronto se aprestó a dirigirse más allá de las montañas, para visitar a su prima Isabel que también estaba encinta. Cuenta el evangelista Lucas que no bien hubo cruzado el umbral de la casa de Zacarías y de haber saludo a su prima, ésta quedó deslumbrada por la aparición de María y, después que el niño que llevaba dentro hubiera pegado un brinco (de gozo), auguró que el hijo de María sería el Señor de todos. La profecía se cumplía. El reconocimiento de la venida del Mesías, de que el hijo de María era el Mesías esperado, tuvo lugar durante la visita.

Visitar, en latín (visitare), significa  ver a menudo. Nombra una acción que se repite. El verbo está emparentado con otro término latino: videre, que se traduce por escudriñar, observar con atención. Una visita es un reconocimiento. Y éste se logra mediante la vista: una mirada atenta que permite descubrir la realidad. Un mirarse las caras, cara a caras (el francés visage -cara, rostro- está emparentado con el verbo voir -videre, en latín-. Una visita es casi un careo, si es que la cara es un espejo que revela lo que recubre. Permite apreciar, y entender, de un golpe de vista, lo que sucede. 
Una visita tiene lugar en una cara, un espacio doméstico, íntimo. Ir de visita implica acudir a una casa ajena donde sabes que serás bien recibido. Una casa es un lugar de recogimiento -donde uno puede sentirse protegido, a salvo, en confianza (aunque ésta pueda ser vana o ilusoria)-, pero también se trata de un espacio de acogida. Un verdadero hogar tiene siempre la puerta de entrada abierta. Pero uno no entra sin llamar. Debe esperar a que le inviten a  entrar. Una visita no acontece en la entrada, sino en la sala de estar (o incluso en la cocina), espacios interiores, donde se comparten vivencias, donde los habitantes se exponen a la vista de los invitados. Por unas horas, éstos entran a formar parte de la familia, o ésta es la impresión que se quiere dar. Las barreras, los muros saltan. El encuentro acontece alrededor de unos platos o unos vasos. Una visita es la ocasión del intercambio de regalos. Quien recibe ofrece comida o bebida que se toma juntos. El visitante aporta algo -que quien lo recibe puede, de inmediato, abrir y ofrecer compartir. 
La visita da sentido al hogar. Un hogar cerrado, que no acoge a nadie, que no "invita" a entrar, es un espacio triste o inquietante, un espacio del que conviene apartarse. Una casa se convierte en un hogar cuando los foráneos se sienten como en su casa. Una casa existe para compartir. No se cierra en banda. Las ventanas cerradas, las persianas bajadas, la puerta cerrada a cal y canto son signos de mal augurio. Denotan miedo, abandono o desgracias. Pese a que una casa pueda no tener ventanas a la calle y presentar un muro ciego de fachada, la puerta debe de abrirse a los invitados. Una casa sin invitados encierra peligros. El reconocimiento de las cualidades hogareñas se obtiene cuando la casa abre sus puertas. No a todos, sin embargo, sino a quienes comparten valores, o a quienes con los que queremos debatir sobre valores. La visita es la ocasión de un debate de ideas. Invita a la conversación. La casa se convierte en un receptáculo de palabras, se llena de palabras que fluyen. El embarazoso o tenso silencio no tiene cabida. Tan solo el silencio que denota acuerdo, paz (interior). El silencio -de hielo- se rompe definitivamente. Las reticencias, la cerrazón cede. La casa es el lugar donde uno se abre, cuando una visita. Los lazos se establecen o se fortalecen. Una verdadera visita no concluye con una partida, sino con la promesa de devolver la visita. Las visitas se intercambian. Son regalos. Que nos permiten conocernos, reconocernos como miembros de una comunidad. Tristeza o inquietud inspiran quien no recibe (a los demás y de los demás, quien no invita ni le mandan invitaciones).

jueves, 14 de junio de 2018

Partitura (música y arqutectura)

Reciente montaje de la exposición en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca.
 Extrañeza de los montadores ante los planos entregados: alzados de los muros con todas las obras -cuadros y dibujos- ubicados en su sitio. Era la primera vez, en más de cien exposiciones, que alguien entregaba unos planos, un proyecto dibujado de montaje.
Habitualmente, los comisarios y diseñadores distribuyen las obras directamente en sala.. Prueban, colocando y retirando las obras, hasta dar con la posición adecuada. A menudo, el emplazamiento se decide con las obras en el suelo, apoyadas contra la pared. Se determina la posición y las distancias entre aquéllas, aunque la altura solo se fija alzando las obras a mano y tomando medidas. Se trata de un proceso lento y laborioso, de prueba y error, con aciertos y muchos cambios.
En el caso comentado, sin embargo, el montaje se llevó a cabo en unas pocas horas.
Tras la extrañeza ante los planos -y dudas ante su necesidad o eficacia-, los montadores observaron, para sorpresa de todos, que los planos se asemejaban a una partitura. Las alturas respectivas de las obras parecían estar dictadas por un pentagrama invisible. Se leían de izquierda a derecha. Los cuadros y los dibujos eran figuras musicales, su tamaño correspondía a su valor o duración, y la superposición de obras en altura se asemejaba a un acorde. Muy pronto, los montadores ya no necesitaron "leer" los planos. La disposición -en planta y en alzado- de las obras se intuía a partir de la disposición de las primeras obras a la izquierda de la pared. Los planos parecían estar "escritos" en una clave determinada que obligaba a ciertas disposiciones. La posición de una obra llamaba a otra, que debía, necesariamente, ubicarse a cierta distancia y a una altura determinada.

Músicos, arquitectos y artistas recurren a dibujos, anotaciones, transcripciones. Algunas partituras se disponen como esquemas escritos o gráficos. Artistas plásticos de principios del siglo XX establecieron equiparaciones entre formas y colores dibujados o pintados y notas musicales. Han habido arquitectos músicos. Pero no recordaba que alguien hubiera considerado -y leído- un plano como un pentagrama. La correcta disposición de las obras, en este caso, dependió de la "musicalidad" del plano. Una hermosa y sorprendente lección para futuros proyectos.


Para los maravillosos montadores del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, el joven y brillante arquitecto suizo Tiziano Schürch, autor de los planos, y el excelente arquitecto Joan Borrell, para quien la arquitectura se desenvuelve como una composición musical en el tiempo y el espacio. 

Arte y asesinato (no matarás)

Reflexión enviada por el arquitecto, escenógrafo y artista Albert García Alzórriz, a quien agradezco la sugerente comunicación:

Escribe el cineasta franco-belga Luc Dardenne en su diario Detrás de nuestras imágenes, en 1994:

“[El filósofo francés Emmanuel] Levinas escribió en Dificil libertad que el alma no es posibilidad de inmortalidad (la mía) sino imposibilidad de matar (al prójimo). El arte es reconocido por muchos como una manifestación de nuestra posibilidad de inmortalidad, como un fuerte deseo de durar, como antidestino. ¿Podría ser una modalidad de la institución de la imposibilidad de matar? ¿Podría abrir esa alma que se descubre como imposibilidad de dar la muerte al prójimo? Mirar la pantalla, el cuadro, el escenario, la escultura, la página, escuchar el canto, la música, sería: no matar”.

miércoles, 13 de junio de 2018

Arte y parte

Imaginémonos una reunión en un ayuntamiento en la que se decide ceder una capilla de estilo gótico tardío y renacentista, desacralizada y en desuso a un museo de arte contemporáneo cercano de nueva planta que necesita ampliar el espacio expositivo.
El museo presenta problemas en su concepción espacial debido a que el encargo nunca especificó qué obras ni de qué género acogería. Tan solo se sabia que serían "contemporáneas" -es decir, que podrían ser cualquier cosa (o nada, como una obra de Tino Seghal).
La capilla permitiría ampliar el museo con un coste comedido.

Usted es un nuevo responsable municipal. No acepta la decisión anterior. Quiere, se intuye, dejar una huella en la ciudad. Pero se supone que quiere ser juzgado como alguien que vela por la salud de los ciudadanos.

Un centro asistencial, ubicado en un edificio que es patrimonio de la ciudad, se halla cerca del museo. Aquel necesita reformas -tanto para adecuarlo a nuevas necesidades como por la edad del edificio y su frágil construcción en tiempos poco boyantes.
Niega ayudas para la reforma.
La degradación se acentúa.
Llegan las primeras quejas de usuarios y trabajadores.
Decreta usted, entonces, que cabe una solución urgente. No se puede jugar con la salud de los súbditos. Lo más fácil y rápido consiste en recurrir a un edificio ya existente desocupado a fin de trasladar los servicios asistenciales.
¿Dónde se puede encontrar un edificio de tales características?
No hace falta devanarse los sesos: la capilla, antes asignada al museo, se convertirá en un nuevo centro de salud. El museo deberá buscar nuevos espacios fuera de la ciudad -o donde quiera, pero nunca cerca.
De este modo, queda patente que Usted se preocupa del bienestar físico de los ciudadanos (o de la "ciudadanía"), que el anímico que dudosamente puede aportar el arte contemporáneo no es urgente ni quizá necesario.
Y, así, Usted asciende políticamente.

Un sórdido cuento que nada tiene que ver con la realidad 

ANGE LECCIA (1952): LA MER (1991)



Filmado en la costa de Córcega -de donde es oriundo este artista francés.
El documental no tiene sonido.

No sé cómo puede ser percibido sabiendo lo que acontece en aguas del Mediterráneo esos días

ANGE LECCIA (1952): LA DËRAISON DU LOUVRE (LA LOCURA DEL LOUVRE, 2006)

La déraison du Louvre from ange leccia on Vimeo.


Sobre este cortometraje del artista francés Ange Leccia (presente en la última Documenta), véase esta página:

 http://films.louvre.fr/les-films/le-louvre-imaginaire/films-dauteur/la-deraison-du-louvre.html

lunes, 11 de junio de 2018

HAROLD LÓPEZ NUSSA (1983): CORRIENDO POR LOS PORTALES (2013)



Sobre este pianista y compositor de jazz cubano, véase la página web

BART & THE BEDAZZLED (BART DAVENPORT): THE HOUSE THAT BUILT ITSELF (LA CASA QUE SE CONSTRUYÓ SOLA, 2018)




Sobre este cantante norteamericano, véase su página web

Casas-museo

La casa constituye un tipo o género particular de museo.
Las casas que se suelen visitar suelen ser de arquitectos reconocidos -casas propias o proyectadas por éstos-, casi siempre del siglo XX, como ciertas casas, villas o apartamentos de Loos (Viena), Horta (Bruselas), Rietveld (Utrecht), Gaudí (Barcelona y otras ciudades), Bo Bardi (Sao Paolo), Le Corbusier (París, entre otras ciudades), Mies van der Rohe (Tugendhat en Brno, Farnsworth en el estado norteamericano de Illinois), Wright (Chicago, por ejemplo), Johnson (Casa de vidrio, en el estado norteamericano de Connecticut), Melnikov (Moscú), etc. Pero también se visitan villas de Palladio y palacios de grandes arquitectos desde el Renacimiento hasta el siglo XIX, si bien en estos casos, no se presentan tanto como obras de un determinado arquitecto -a menudo, la obra es el resultado del trabajo de múltiples creadores en el tiempo-, como muestras del arte de una época determinada (y receptáculos de obras de arte de diversos artistas) o manifestaciones de una concepción del poder.
Los hogares o los talleres de todo tipo de artistas -pintores como El Greco, Rubens, Rodin, Monet, Dalí, Khalo, Miró, Pollock, Judd, por ejemplo-, escritores -Cervantes, Victor Hugo, Verdaguer, Proust, Faulkner, Hemingway, Lorca-, músicos, actores, etc., también se "musealizan".
Esas casas no siempre corresponden a las que los artistas o arquitectos diseñaron u ocuparon. La casa del Greco en Toledo o de Shakespeare en Statford-on-Avon son ficciones (no se sabe siquiera si el propio autor teatral inglés es una ficción). Algunos personajes, decididamente de ficción, como Romeo y Julieta, han acabado por tener una casa (en Verona) que se visita. 

Las casas y los interiores suelen estar en estado impecable. Los muebles, su disposición, la pintura corresponden a los de un año determinado o, mejor, al proyecto original. Aunque no siempre sean elementos de época, copias fidedignas los sustituyen. Se busca recrear la atmósfera de una época determinada. En el caso de un piso en la Pedrera, de Gaudí, se han ido reuniendo muebles modernistas para evocar el aspecto que debía de tener un interior "gaudiniano" -sin pensar que el edificio aun acoge a usuarios (que viven, sin duda, en el siglo XXI). La preservación del entorno obliga a que determinadas estancias no se puedan visitar y a que, en general, no se puede salir de un circuito muy acotado, sin poder detenerse o recorrer las estancias enteramente. Éstas se perciben a mundo como teatrillos, desde un tendido o una barrera, escenarios, espacios tras el espejo (en el que nunca se podrá acceder).
La sensación que producen es extraña. Recuerdan las tumbas etruscas en las que se reproducían en piedra todos los detalles de un hogar, a fin de preservar para la eternidad la casa de los muertos, semejante a la de los vivos, pero que solo los espíritus, que no tienen necesidades materiales, pueden  habitar. El tiempo está congelado. La vida ausente. Son casas, pese a estar amuebladas, vacías. Todo está en su sitio y, sin embargo, es imposible saber dónde uno se ubica. Están fuera del tiempo, en un tiempo de ninguna parte. Son casas que, pese a ser visitadas, rechazan todo contacto.
Esta impresión desaparece en gran parte, en aquellas casas, como La Ricarda, de Bonet Castellana, en las que los usuarios siguen viviendo, siquiera parcialmente -en algunas áreas, o en determinadas fechas-. De pronto, un objeto fuera de lugar, o que no corresponde con la época supuestamente recreada: una lámpara, una botella abierta, un vaso, un periódico, o algún aparato ineludible (un ordenador, por ejemplo, apenas camuflado). Aunque es cierto que la casa de Howard Hughes, en California, ha sido dispuesta de tal modo que se recrea la amplitud de miras -o el peculiar gusto- del millonario que acogía, sin ninguna distinción, chimeneas renacentistas y botes de ketchup-, en general, esos encuentros sorprendentes de objetos de épocas distintas, tienen la capacidad de mantener la casa viva -o de producir una ilusión de vida: la imperfección, el desorden, la sorpresa que introducen, el azar que se cuela, y que revela que algo ha logrado escapar al férreo control temporal, a la voluntad escenográfica que se persigue, sugieren que la casa no es un mausoleo, y provocan en el visitante la sensación (ilusoria, sin duda) de que es un invitado (y no tan solo un intruso), en un espacio en el que se vive (hoy) que lo acoge. Son los muebles y las tapicerías usados, ciertos desconches, un cuadro torcido, alguna mancha que evocan la imperfección de la vida, lejos del entorno gélido de tantas casas-museos que nos quieren transportan a un tiempo pretérito y solo nos producen la repulsiva sensación del frío contacto con un muerto. El desgaste es signo de vida, del roce con la vida, el roce que la vida produce, que aviva, suaviza y apaga la vida. Una casa viva es una casa usada -en todos los sentidos de la palabra-, donde el fuego se consume (es decir, se disfruta y se apaga lentamente).
     

domingo, 10 de junio de 2018

Si Roma levantara la cabeza


Las mascotas de acontecimientos deportivos internacionales merecerían un estudio psicoanalítico.
El inmortal Naranjito español, cuando la Competición mundial de fútbol, a principios de los años ochenta del siglo pasado, parecía insuperable. El rey de las mascotas.
Tarracus -creo que así se llama- parece decidido a arrebatarle el puesto. Varios diseñadores se habrían conjurado para pertrechar esta criatura celestial, con motivo de los próximos Juegos Mediterráneos en la ciudad de origen romana Tarragona.
La sonrisa petrificada -y los grandes ojos asustados- de la mascota parece denotar que es bien consciente de su imagen...
El mundo de las mascotas sigue librando perlas.

EDWARD RUSCHA (1937): LOS ÁNGELES
































































Una exposición actual en la Galería Nacional de Londres ha vuelto a poner de relieve las imágenes reiteradas -tan repetitivas como los temas que trata- de la ciudad de Los Ángeles del fotógrafo y pintor norteamericano Ed Ruscha.
Vistas entre irónicas y desoladas -no hay nadie en la ciudad, tan solo coches ocasionales-, centradas en arquitecturas cotidianas, vulgares, sin atributos o con atributos grotescos, llamativos o patéticos, que configuran un entorno fascinante y deprimente, compuesto por imágenes, anuncios, postes, cables, que unen -pero en el que nadie parece unido, poblado de construcciones que compensan la funcionalidad con la gesticulación -gasolineras, moteles, villas de alquiler, piscinas-, entornos que oscilan entre el ensueño y la pesadilla, el color y el vacío, sin denuncia pero sin exaltación.
Ed Ruscha fue uno de los primeros artistas en mostrar -y no esconder- la casi infinita secuencia de talleres y modestas construcciones, soportes de anuncios que los minimizan. que se extienden a lo largo de las avenidas de Hollywood -contrastando con lo que este nombre evoca.