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miércoles, 8 de abril de 2026

Mesopotamia en el cine






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¡MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN!

Mesopotamia en el cine.

 

Belsasar, rey de Babilonia, invitó a un gran banquete a mil de las altas personalidades de la nación; y, durante la comida, el rey y sus invitados bebieron mucho vino  (…) Todos bebían vino y alababan a sus ídolos, hechos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.

En aquel momento apareció una mano de hombre que, a la luz de los candiles, comenzó a escribir con el dedo sobre la pared blanca de la sala. Al ver el rey la mano que escribía, se puso pálido y, del miedo que le entró, comenzó a temblar de pies a cabeza. Luego, se puso a gritar y llamar a los adivinos, sabios y astrólogos de Babilonia…”

 

Mene, Mene, TekelUpharsin (Contado, contado, pesado, dividido), es la maldición que la mano de Yahvé escribió en una de las paredes de la sala de banquetes del rey babilónico: una bíblica escena terrorífica, que anunciaba el fin del imperio babilónico que ya no iba a tener peso alguno y se desmembraría, que el cine no ha dejado escapar.

A ojos de Occidente, el Próximo Oriente antiguo, centrado sobre todo en la ciudad de Babilonia, maldecida en la Biblia, ha sido percibido como un mundo de excesos, crueldad, corrupción y decadencia, personificada en la figura de la mítica reina asiria y babilónica Semiramis. Es decir, un mundo cinematográficamente atractivo en el que el misterio y el horror se conjugan, como ya retratara una de las primeras grandes películas de la historia, Lcaída de Babilonia, de D. W. Griffith, y la fascinante serie de peplums, de los años cincuenta, tras la Segunda Guerra Mundial, y en pleno auge de los irracionales miedos a lo desconocido que atenaza a Occidente. Una versión partidista y deformada que ha marcado y lastra el imaginario occidental del Próximo Oriente, como se percibe, precisamente, en estos días.

 

Notas:

Una última película, acabada de restaurar, otro conocido peplum , Los 7 rayos de Assur, de Silvio Amadio, de 1962, se incorporará a finales de semana.

La caída de Babilonia, de D.W. Griffith, es una obra maestra de los inicios del cine.

Por un tema de derechos, no se ha podido incluir otra obra maestra, más reciente, la terrorífica película de William Friedkin: El exorcista, de 1973, cuya larga primera escena se rodó en el yacimiento de Hatra en el norte de Iraq.

Caixaforum + es una plataforma gratuita. Ofrece un ciclo de cube sobre Mesopotamia, hasta agosto de 2028, relacionado con la exposición itinerante sobre el emperador neo-asirio Assurbanipal, organizada por el Museo Británico de Londres, que los centros CaixaForum presentarán desde este mes de abril sucesivamente en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza.


sábado, 4 de abril de 2026

El regreso de las procesiones de Semana Santa en Barcelona (Abril de 2026)



 






Imágenes: Tocho, Procesión de Nuestro Padre

Jesús del Gran Poder y María Santísima Esperanza

Macarena & Procesión de Nuestra Señora de las Angustias, Casco antiguo de Barcelona, viernes santo, abril de 2026

 

Durante años, las procesiones de Semana Santa parecían haber pasado de largo en Barcelona, aunque las ciudades de Hospitalet de Llobregat (con una procesión seguida por cien mil personas) y Badalona (con la procesión del Silencio), en el área metropolitana, podían competir con Tarragona, y su célebre impresionante procesión de los Navegantes, que arrastra a ciento veinte mil seguidores en una ciudad de cien mil habitantes.

En verdad, Barcelona nunca dejó de tener procesiones por la ciudad antigua. Minoritarias, sin duda, pero acongojantes, también, portando imágenes realistas lacerantes, de noche, por las angostas callejuelas a oscuras de la ciudad vieja, al ritmo sobrecogedor de los tambores mortuorios.

Desde hace algunos años, las procesiones ganaban terreno. La pascua de 2026 hebra visto como cuatro procesiones y un viacrucis han colapsado el casco antiguo, seguidas por decenas de miles de personas, en un espectacular oratorio fúnebre y marcial que ha convertido a la ciudad vieja en un escenario doloso, un retablo de otro tiempo que deja en pañales a las esforzadas acciones performativas contemporáneas. 
Nazarenos con capirote de terciopelo negro o verde oscuro, taladrados por los ocultos que engrandecen la mirada extática, cirio prendido en mano, devotas con mantilla y estricto vestido corto negro, nubes de incienso, emanadas de turíbulos de plata, que cortan el hálito, pasos cubiertos de densos ramos desbordantes de flores blancas llevados por una multitud de jornaleros, efigies marianas con mantos bordados dignos de capas bordadas con hilo de oro suntuarias de imperiosas soberanas, trágica música marcial sacudida por solos de trompeta agónica, regios portadores de estándares, penitentes doblados por el peso de negras cruces, han compuesto, con la llegada de la noche, bajo un manto cada vez más sombrío, espléndidos, trasnochados e hipnóticos auto sacramentales entre imágenes pías y crueles, que arrastran como un río que no se debería cruzar, pero que avanza irresistiblemente en medio del cual los brazos se rinden. 
El retorno del barroco en toda su gloria
Que nos coja confesados. La entrega es inevitable.




 
 

viernes, 3 de abril de 2026

Judas (viernes santo

 

Judas, mostrando un poco de impaciencia, vuelve y replica: "Yo estoy haciendo lo que

Usted me enseña, ¿indica esto que ya soy UNO con Usted?".

Contesta el Maestro:

"Nosotros somos UNO, como mi Padre es UNO conmigo, pero tú no puedes todavía hacer lo que Yo hago... Porque el Sol alumbra a todos sus Planetas, pero los Planetas, ni aún todos reunidos, podrían dar ni una décima parte de Luz hacia el Sol; por eso es necesario que vosotros os convirtáis en vuestro propio Sol, en vuestra propia Luz, y así alumbrándose y alumbrando a otros, le corresponderíamos con nuestra Obra a mi Padre que me ha enviado"


“Judas guardó silencio. El Maestro volvió a interrogar: "Judas Iscariote, ¿cuál es nuestro propósito?".

Judas, levantando la mirada, le dijo: "Señor,... pienso que nuestro propósito es enseñar a la gente a hacer la Voluntad de quien le envió".”


“Dice Judas: "Maestro, si eso es así, entonces nosotros que somos UNO con Usted y estamos en el mundo, ¿cargamos las mismas culpas y somos hechos de pecado?"

Dice el Maestro:

"Cada uno de vosotros habéis sido hechos de pecado y por el pecado, por lo tanto, es que ni los huesos, ni las carnes, ni la sangre heredarán a mi Padre, sólo lo incorruptible que es el Espíritu. Después de purificados, seréis UNO, con EL que me envió".

"Así vosotros, también, seréis UNO conmigo y así como YO me he vestido con una carne, con unos huesos y con una sangre incorruptible para continuar con vosotros, así también vosotros deberéis vestiros con unas carnes, unos huesos y una sangre

incorruptible para poder llegar donde YO he llegado.””

(Evangelio de Judas)


Viernes: el dia en que no se hizo de dia. Las sombras no se descorrieron, o mejor dicho, se corrieron de nuevo para que no se hiciera de día. El gallo ya cantó por última vez el jueves al alba. 

Viernes, el día en que se cumplía la profecía: el dios encarnado asumía su condición hasta la extenuación y moría crucificado. Ya podía ser considerado como un mortal a parte entera. Un mortal ejecutado por sus semejantes que, con la ejecución, se comportaron como lo que eran y así lo demostraron: cometiendo una ejecución, ofreciendo la imagen más descarnada y baja de lo que es ser mortal, una imagen en la que el dios hecho hombre se miró y asumió. Aceptó su condena. Si no lo hubiera hecho, si se hubiera rebelado y la hubiera impedido, hubiera denunciado a los hombres y se hubiera apartado de ellos. No hubiera podido salvarlos de ellos mismos. La salvación pasaba por asumir la maldad y morir, extrayendo así la maldad que nos caracteriza.

La condena a muerte tuvo un causante. El apóstol Judas, cuyo nombre significa en hebreo Alabanza a Dios, fue quien señaló a Jesús para que fuera arrestado, juzgado, condenado y ejecutado. 

¿Qué hubiera ocurrido si Judas no hubiera actuado a tiempo? El tiempo que el hijo de dios se había otorgado para librar a los hombres de la muerte, es decir, lavarlos de la culpa original, el sentimiento de culpa por el crimen con el que la humanidad hizo su entrada en el escenario del cosmos, y se mostró como lo que era, humana y, por tengo, capaz de todo, de ascender y de rebajarse hasta el crimen, este tiempo llegaba a su fin, y el hijo de Dios aún no había logrado que la luz prendiera. Debía lograr extraer de los humanos su mancha, y asumirlas. Cargar con ella afín de liberar a los hombres del peso de la culpa. Por tanto, debía comportarse como un humano, ser un humano más que humano, marcado por una culpa infinita que ya no recaería en ningún otro humano: debía morir humillado, ultrajado, torturado, y sobre todo, traicionado y negado. Tenía que vivir la humana condición hasta el final, hasta el ultraje.

Pero el hijo de Dios acababa de hacer una entrada triunfal en Jerusalén. Se le consideraba un rey como su ascendente, el rey David. Se le estaba divinizando. Sus palabras eran asumidas como oráculos. Aparecía como una luz en la noche. Sabio, admirado, lentamente se estaba apartando de lo que un humano es: una víctima de los demás, y un ejecutor de sus víctimas. Su misión estaba condenada al fracaso. Pronto retornaría a lo alto sin saber logrado vivir hasta el final la condición humana, sin haber padecido la suerte de los humanos: la negación de sus semejantes.

Fue entonces cuando Dios se encarnó por segunda vez. Se hizo Judas: un humano a parte entera, que no dudaría hasta la delación y la bajeza moral. Ls traición que cometió era necesaria. Sin ésta, el hijo de Dios no habría pasado por la muerte más infame, no habría revelado que asumía la condición humana hasta la abyección: la muerte sin sentido, solo por el oprobio, el rechazo y la delación ajena.

Judas fue al rescate del hijo de Dios,  incapaz por si mismo de asumir la condición humana hasta el final. El hijo de Dios necesitó que Judas interviniera, para vivir en carne propia el oprobio que es ser un humano. Sin Judas, el plan divino habría fracasado, y la humanidad no habría sido rescatada de la muerte. La salvación no tendría sentido. La esperanza sería vana. El futuro sería un agujero negro. La humanidad se iría  extinguiendo abrumada por la culpa, ciega y destructiva. Ser humano no tendría sentido. Humano, entendido como la antesala previa a la redención.

Mas, cabe plantearse si Judas logró acometer su misión redentora, si la muerte del hijo de Dios tuvo sentido, y si la humanidad se liberó del mal que la corroía. 

Cabe plantearse, en fin, si la divinidad no tenía otros planes, o cambió de planes a lo largo de los siglos. 

Y decidió abandonarnos. 

A menos que la divinidad se haya encarnado en algunos políticos, hoy, para librarnos de la infamia, de caer en su tentación.












domingo, 1 de febrero de 2026

Dios está en los ladrillos

 Los romanos no eran religiosos; eran supersticiosos. 

Al contrario que los griegos -los egipcios y los mesopotámicos, solo por mencionar culturas antiguas más o menos cercanas o que han influido en la visión europea del más allá-, los romanos daban más importancia y créditos a los espíritus, genios o duendes, mucho más impredecibles, poderosos y temibles, y también mucho más cercanos físicamente, que los distantes dioses oficiales. El Estado cumplía con su comprimido honrando y alimentando a los dioses capitolinos. Las familias, por el contrario, se inclinaban ante los duendes que moraban en todas las cosas, no fuera que de pronto, dieran la espalda a la familia o suscitaran vientos en contra.

Los hogares estaban centrados en la presencia y la importancia del hogar: el fuego sagrado -distinto del fuego profano de las cocinas. La vida y la supervivencia estaba a merced del hogar: el fuego debía estar encendido para evitar el frío de la muerte, pero debía vigilarse para que no se desmandara.

Por este motivo, las familias -el pater familias o familiae - se cuidado de honrar a los duendes del fuego. Duendes, en plural. El hogar era la sede de una turbamulta de genios locales. 

Es cierto que Vesta, una diosa de importancia que formaba parte del séquito de los dioses capitolinos y que por eso mismo poseía un templo en el centro del foro, el espacio central comunitario de la ciudad, velaba sobre los hogares domésticos. Mas, su poder se manifestaba a través del trabajo de los espíritus. 

Poco o nada se sabía de éstos, al contrario que la vida pública de los dioses, en concreto de Vesta. Ni siquiera se sabía qué forma, qué aspecto tenían  los duendes, si es que tenían una forma definida. Lo único cierto era que existían, aunque eran invisibles, y que no se les podía tomar a la ligera. Moraban en el interior de los hogares y su furia despechada podía ser devastadora si no se les atendía. 

Fornax era la diosa de los hornos, públicos y privados. En los hornos se tostaba el trigo y posteriormente el pan. Se trataba de una diosa vital para la supervivencia de los hogares. La alimentación básica de los hogares dependía de su humor. Por eso, se le rendía también un culto público durante las fiestas religiosas de las Fornacalia -que, si fuéramos romanos, estaríamos a punto de celebrar este mes que empieza hoy, cuando el fuego, en pleno y crudo invierno, es más necesario que nunca.

Los hogares, los hornos, y las chimeneas se construían con ladrillos. Éstos eran de adobe. Con el primer encendido del fuego, los ladrillos se secaban, se contraían y se endurecían. Esta transformación de la materia, tal que el adobe, que afectaba la forma y la estabilidad de los ladrillos, debía estar bajo control. 

Por eso mismo, ninguna familia se olvidaba de rendir culto a Laterano, el dios, o mejor dicho, el duende o el espíritu  de los laterii -ladrillos-, cuya intervención evitaba el cuarteo de los hornos y los hogares, y aseguraba su durabilidad. 

Si tenemos en cuenta que, en época republicana, los muros se construían también con ladrillos crudos -de arcilla no cocida-, la importancia del cuidado de Laterano era esencial para que un hogar no colapsara. 

Por suerte, los Lares o genios de los lugares en los que se emplazaban las viviendas, también velaban. Pero los hornos y los hogares y, por tanto, la buena predisposición de Laterano, imprescindible, jugaban un papel decisivo en el culto a los Lares, así como de los Penates, que cuidaban de los despensas -los espacios más recoletos e interiores, que guardaban los alimentos con los que vivos y muertos, humanos y duendes eran honrados o alimentados-, y los Manes -los espíritus de los muertos, hijos de Manía, la diosa de los muertos, a la que era imprescindible cuidar, incluso sacrificándole, en época arcaica,la vida de un recién nacido si era necesario, para aplacar su furia y evitar que enloqueciera al pater familias y éste prendiera fuego al hogar: diariamente se alimentaba a estos genios con granos tostados en el hogar. 

Sin embargo, la protección externa de la morada frente al peligro del fuego ya no dependía de Vesta, Fornax, los Lares, los Manes, los Penates o Laterano, sino de Estata Mater, un espíritu que evitaba los devastadores incendios que solían asolabar las ciudades -hasta que el emperador Nerón creó los vigiles, un cuerpo de bomberos que velaban que el fuego no prendiera.

El duende Lateranus sigue muy presente en el occidente cristiano. La catedral de Roma, sede del papado, no es la basílica del Vaticano, sino una basílica aún más venerable: la archibasílica de San Juan de Letrán, construida en un solar regalado por el emperador Constantino, que había pertenecido a una familia patricia, que complotó contra el emperador Nerón, que mandó sea proscrita y desposeída y su miembro más distinguido ejecutado, los Plautii Laterani. Se trataba de una extensa propiedad, lejos del centro urbano, donde se ubicaban los hornos en los que se cocían los laterii, bajo la advocación de Lateranus.

¡Lo que debemos al genio de los ladrillos!, -hoy sustituidos  por el culto a la madera como material de construcción, bajo la advocación de Silvano, antiquísima divinidad, que cualquier día se cansará que le vayamos talando los bosques y les prenderá fuegos devastadores -como ya hace y ya no solo en verano-, que la olvidada y desdeñada Estata Mater, y no digamos el destronado Laterano, no se cuidarán más en apagar.

Los humanos somos seres incendiarios.


A C.P. que tanto sabe sobre los laterii

sábado, 31 de enero de 2026

Babilonia y los ángeles (Babilonia en el Corán)


 


El Corán y la Biblia presentan parecidos y diferencias que justifican la cercanía entre ambos textos, redactados en épocas distintas, aunque basados en relatos orales que bien pudieron enunciarse en unos mismos tiempos o con unos pocos años de diferencia. La enunciación oral, de la que no queda ningún registro, impide darse con certeza cuándo estos relatos, que combinan mitos, leyendas, proverbios, dichos y relatos más o menos históricos, pudieron componerse, ni por quien o quienes.

La visión de Babilonia, en la Biblia y el Corán, ofrece una imagen en la que los parecidos y las diferencias quedan manifiestas.

Solemos, en Europa y posiblemente en el mundo occidental cristiano y judío, considerar el imaginario babilónico a la luz del antiguo testamento y del apocalipsis. 

La descripción de Babilonia por el historiador griego Herodoto, escrita cuando Babilonia ya era una sombra de sí misma, no suele entrar en consideración. Por otra parte, Herodoto trató de referirse a la ciudad existente (que seguramente no visitó), quedara lo que quedara de ella en el siglo VI aC., aunque no había sido aún asolada por Alejandro. 

Los textos religiosos remiten, por el contrario, a una ciudad soñada o temida, a una ciudad imaginaria -una imagen destilada por lo que se contaba de la ciudad existente, magnificada, y denostada, por las alabanzas y las habladurías.

En los textos hebreos, y cristianos posteriormente, Babilonia recibe el epíteto de la Gran Prostituta. Más que su poder militar, lo que fascina, atemoriza y suscita rechazo es su cualidad moral, su inmoralidad, ejemplificada en el edificio central, la torre de Babel, símbolo de la ambición, presunción o soberbia humana de igualarse con los dioses, yendo más allá de las limitaciones humanas.

La concepción coránica de Babilonia también ensombrece la imagen, por razones parecidas, pero expresadas de manera muy distinta, y ambigua. El perfil de Babilonia, pese a la brevedad de la cita coránica (2:102), es más complejo. La maldad de la ciudad no está tan claramente expresada, y la interpretación del texto no da lugar a una respuesta unívoca. De hecho, existen tantos juicios como lecturas del párrafo (la sura). 

Babilonia o Babel fue la ciudad o el lugar donde Alá mandó a dos ángeles, Harut y Marut, para que retaran y tentaran a los humanos. En un párrafo anterior del Corán (2:30), Alá anunció que establecería la autoridad de los humanos en la Tierra (no se refiere a la creación de los mismos, sino a los poderes concedidos a las criaturas). A la escucha de la proclama divina, los ángeles antes citados se sulfuraron: ¿cómo es que Alá entronizaba a unos corruptos, que harían correr la sangre, mientras cantarían alabanzas al señor, en la tierra?. La respuesta de Alá fue tan enigmática como la que hubiera podido pronunciar cualquier divinidad: sé lo que no sabéis.

Fue entonces cuando Alá mandó a Harut y Marut a la tierra. ¿Se habían convertido en unos ángeles caídos? El texto coránico no lo especifica, y los intérpretes debaten sobre la catadura moral de dichos ángeles. Eso aconteció en tiempos del rey Salomón, especifica el texto coránico.

Lo cierto es que Harut y Marut enseñaron las artes de la magia a los humanos, advirtiéndoles de los peligros que correrían si las ejercieran: el peligro del alejamiento de la protección divina. Ningún humano resistió a la tentación. Parecía que la opinión angelical sobre los humanos reflejaba bien lo que éstos eran: unos ambiciosos que no dudaban en recurrir a tretas, juegos de mano y apoyos bajo mano para dar satisfacción a sus deseos. La magia negra se adueñó de los humanos. 

Mas, ¿cómo los ángeles Harut y Marut pudieron conocer lo que transmitieron a los humanos? ¿Dónde  aprendieron los secretos de la magia negra? ¿Quién les adiestró? Silencio. ¿Cayeron en la tierra porque sabían lo que no debían saber? Silencio también. Imágenes islámicas muy posteriores representaron a Harut y a Marut colgados boca abajo, ajusticiados. ¿Por su caída, por sus saberes, por qué asumieron la maldad y la codicia humanas? ¿Acaso liberaron a la humanidad de unos males que unos demonios -llamados jinns, como Satán, seres a quienes los humanos no pueden ver- anteriores le inculcaron? ¿Cómo juzgar a quienes nos hicieron humanos, y fueron -o son- nuestros (¿acaso no nos son cercanos?) ángeles guardianes?

Lo único que se sabe es que la tentación -en la que cayeron los humanos- de obtener saberes para lograr lo que el saber humano no permite -a menos que el saber humano sea propiamente mágico- aconteció en Babilonia: la ciudad tentadora. ¿La gran prostituta? Silencio. La grandeza de los textos sagrados reside en lo que callan.







viernes, 2 de enero de 2026

GIANNI VERSACE (1946-1997) Y LA MAGNA GRECIA





































 
Fotos: Tocho, Museo Arqueológico Nacional, Reggio Calabria, enero de 2026


El hijo pródigo de Reggio Calabria, pese a haber sido asesinado en Miami hace ya treinta años, ha regresado a su ciudad natal. 

Una gran exposición dedicada a la obra del modisto de alta costura italiano Gianni Versace, pone el acento en la influencia del arte de la Magna Grecia, que Versace conocía y apreciaba, en los estampados de las telas, los motivos de las joyas, y el plegado y la caída de los vestidos, tanto de alta costura como de pret-à-porter. 

Su lema que defendía la superficialidad como emanación, manifestación o visualización de la profundidad -una imagen marítima que se despliega ante las costas de Reggio Calabria y de la isla de Sicilia, tan cercana, que tan solo una lámina de agua centelleante bajo el sol de invierno, separa y une al mismo tiempo, acerca y aleja- estructura la exposición, que combina el pasado, lo más alejado, de las imágenes del primer milenio aC, con el temblor de los trajes metálicos, de diminutas partículas metálicas, cuyo brillo remite al de las aguas del temible estrecho de Mesina.

Una exposición a través las artes y los tiempos, de la imagen a la trastienda, en un cruce y un encuentro sorprendente que hubiera podido fracasar -y sale viva.

La exposición se titula, intencionalmente, Terra Mater: referencia a la diosa madre, a las divas del diseñador, y a sus fantasmas y obsesiones.

viernes, 26 de diciembre de 2025

La arquitectura según San Esteban

 




Esteban, cuando el juicio por impiedad en el Templo de Jerusalén, al que sucedió su condena a muerte por lapidación -el material cuya potencia negó:

"Salomón le edificó casa; si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como dice el profeta:

        El cielo es mi trono,

        Y la tierra el estrado a mis pies.""

(Hechos de los apostoles 7: 47-49)


Pese a sus esfuerzos, los humanos no han sido capaces de acoger a los dioses; las moradas que les han edificado, por descomunales que fueran, nunca han podido acoger a las infinitas potencias sobrenaturales. No tienen cabida -ni tienen porque tener. Los sueños y las ilusiones están en ninguna y en todas partes.

Una soberbia bofetada a la soberbia de los constructores. Y un canto a la imaginación libre de ataduras y constricciones. El anti santo patrón de los arquitectos , o el patrón de quienes construyen en sueños castillos en el aire.

Hoy, veintiséis de diciembre, en Cataluña se honra temerosa y admirativamente a Esteban



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jueves, 18 de diciembre de 2025

PETER MILLER (1913-1996): ESPACIOS SAGRADOS











La foto, en blanco y negro, de Peter Miller puede sorprender. La persona retratada lleva pantalones -una observación banal-, en los años cincuenta, pero, no cabe duda alguna, es una mujer. 
Su nombre o apodo masculino podía abrirle puertas, pero también evocaba las piedras que tanto le fascinaban, piedras inmemoriales con las que, y sobre las que las comunidades Pueblo, en Nuevo México, fundaron construcciones y aglomeraciones desde el año mil. Comunidades en las que Henrietta Myers (tel era su nombre originario) se encontraba a gusto, en las que había hallado su lugar. 
Su obra confirma, si hiciera falta, que el arte moderna no rompió con la tradición, sino solo, en ocasiones, con ciertos estilos o ciertas miradas. 

Peter Miller, en los inicios, sintió fascinación por el arte frágil y torpe de Joan Miró, que le llevó a estudiar el arte, las creencias y los rituales de los primeros pobladores históricos de Norteamérica, anteriores a la llegada de los europeos.  
Esta influencia no pretendía remedar un estilo no naturalista, sino aprender de su visión de mundo, una visión, enmarcada por mitos y rituales, que, pensaba, podía echar luz y profundidad a un mundo plano y chato moderno. Toda su obra interpreta motivos y acciones de los Pueblos, representados por colores que el buen gusto no siempre veía con buenos ojos.
Caída en el olvido, una fundación reivindica su obra, Grqcias a lo cual, quizá por primera vez, se puede contemplar alguna obra suya en la fabulosa exposición sobre Joan Miró y la pintura norteamericana en la fundación Miró -la mejor, más ponderada y bien estructurada exposición del año en Barcelona.