miércoles, 4 de marzo de 2026
lunes, 23 de febrero de 2026
GALA PORRAS-KIM (1984): A LA VISTA
martes, 17 de febrero de 2026
HUSSEIN NASSEREDDINE (1993): YEARS OF THE SHINING FACE: TIME OBJECTS (CUANDO LAS CARAS RESPLANDECÍAN, 2026)
Hubo un tiempo, ya lejano, en que los países del Próximo Oriente vivieron libres del peso del integrismo religioso, del terrorismo, de la violencia y, a veces, de la injerencia extranjera.
Esta edad de oro concluyó con la guerra de los siete días en 1967, que la guerra en 1973, ambas entre Israel y una coalición de países árabes, unidos fugazmente en estados federados, remató. La guerra civil libanesa, y la guerra entre Irán e Iraq, y el manto negro que cayó sobre Irán tras la huida del emperador iraní (el shah), acentuaron una situación que cincuenta años más tarde, aún perdura.
Ésta es la edad, real o soñada, o la imagen que la televisión ofrecía, que la instalación del artista libanés Hussein Nassereddine recrea inocente o irónicamente : un plató televisivo -una tarima, unos cortinajes, un mobiliario estrambótico y kitsch, de colores chillones -, presidido por una evocación de la obra maestra mesopotámica más antigua y deslumbrante, la llamada máscara de Uruk (o de Warka), conservada en el Museo Nacional de Iraq, en Bagdad, convertida, deformada inteligentemente, en un rostro alienígena, una clara y lúcida señal que el pasado, con el que creemos entroncamos natural y directamente, nos es, en verdad, tan alejado de nosotros, tan enigmático o incomprensible, como un marciano. Nuestra comprensión del pasado, reciente o lejano, es un sueño o una construcción, una imagen que nos damos para soñar que existió un tiempo mejor, que nos evite enfrentarnos a la cara más sombría del presente.
Esta instalación, un encargo de una fundación privada de arte contemporáneo de Arabia Saudí, se encuentra en este momento en la bienal de arte de Riyadh.
viernes, 12 de septiembre de 2025
DO HO SUH (1962): LA CASA NOS HABITA
“La casa nos habita” escribió el filósofo francés Gaston Bachelard, a principios de los años sesenta, invirtiendo la frase. La casa no nos envuelve, no nos pesa. No cargamos con ella, como una cáscara vacía. Pero la casa va con nosotros, pese -o porque- a que parece un emblema de inmovilidad. Y, como un órgano interno, determina quiénes somos y lo que emprendemos. La casa nos guía. Es la casa la que nos anima a salir de ella, porque, en el “fondo” sabemos que está íntimamente unida a nosotros.
El artista coreano Do Ho Suh ha construido toda su obra escultórica y dibujada a partir del anhelo de la casa ideal, siempre un sueño íntimo. Una casa que no se busca ni se persigue en el exterior, sino que solo se alcanza introspectivamente. Un refugio al que se accede cerrando los ojos. Una casa que se construye a medida de nuestra vida, nuestras acciones y nuestros desplazamientos; nunca concluida, y, sin embargo, siempre perenne. La casa es lo único estable, lo que nos ancla en el mundo, sea una realidad o un anhelo.
Del mismo modo que Proust quien descubrió que su obra estaba en él, aunque no la hubiera aún escrito, Do Ho Suh sabe que para construir hay que ensimismarse hasta hallar, entera, completada pero abierta, la casa en la que habitamos en sueños, que puebla nuestros sueños.
Una exposición actual en Londres debería ser el punto de partida de cualquier curso de arquitectura, o quizá deba clausurarlo, ya que solo apreciamos lo que tenemos después del viaje de una vida a la búsqueda de lo que, sin saberlo, tenemos en nosotros.
https://www.tate.org.uk/whats-on/tate-modern/the-genesis-exhibition-do-ho-suh
























































































