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domingo, 5 de abril de 2026

El fantasma del autor











 

Fotos: Tocho, Abril de 2026


La teoría del arte (necesariamente) moderna occidental sustenta en la noción de autor. El foco se centra en la figura del creador, una concepción de raíz monoteísta, judeo-cristiana, en este caso, alejada de concepciones politeístas como la greco-latina, para las cuales los dioses eran creadores artesanos, sin duda, pero lo maravilloso no era la potencia creadora del autor, capaz de lograr la aparición de seres y enseres tan solo invocándolos, sino la obra, cuya presencia lograba hacer olvidar su origen y a quien le había dado vida. Apenas creada, la obra tenía vida propia,, y su autor retornaba al olvido.  El creador era un agente, no un fin. Los papeles se intercambiaban, en verdad. El creador no hacía la obra, sino que ésta hacía al creador, quien por unos momentos se reconocía en su obra, muy pronto libre, y desaparecía. ¿Quién recuerda que el resplandeciente  templo de Apolo en Delfos fue obra del propio dios? La obra, por un lado creaba a su creador, lo convertía en creador, y, al mismo tiempo, no le cedía la palabra. Lo oscurecía apenas lo había expuesto a la vista de todos. La obra era imperiosa.

Por el contrario, en occidente, la obra anónima, es decir la obra de cuyo autor nada sabemos, es un contrasentido. No puede existir. La primacía recae en el artista. Sin él, la obra es huérfana, y no existe, no puede existir. Es un error, una ilusión, no cabe en la historia. El autor tiene que existir y se le tiene que hallar. La interpretación de la obra su sustituye por la búsqueda detectivesca de quien la ha creado.

La historia del arte occidental está llena de El pintor de…., el Maestro de…., el Seguidor de …., figuras que creamos para dar sentido a unas obras que consideramos desnudas, desvalidas.

La propia exposición -excelente- así lo reconoce: el Maestro de Cabestany es una invención del primer tercio del siglo XX: un nombre adscrito a una serie de obras y de fragmentos de obras, adscritas a una misma mano. El subtítulo de la muestra lo recalca: la creación de un mito, siendo el mito no un relato, sino una figura; la figura de un “genio” capaz de recrear y revivir, en pleno siglo XI, el arte greco-latino, elevándose así sobre los torpes artesanos ciegos ante la gracia clásica o desconocedores de ésta. ¿Quién fue este “enigmático” escultor -sobre cuyos conocimientos, mirada y técnica se especula para convertirlo en un rara avis, un nuevo Fidias y un precedente de los grandes escultores renacentistas (no podemos escapar al culto de los artistas). ¿Existió? No se sabe, pero no importa , porque ya existe: lo hemos inventado, y con su invención legitimamos uns obras que ahora aparecen como la creación de un creador, necesariamente único.

¿Existió el Maestro de Cabestany?  Lo que existen son los restos de esculturas y relieves que ornaron el monasterio de San Pedro de Rodas, talladas en el siglo XI, probablemente, en algunas de las cuales se intuyen influencias clásicas -o así nos parece-, unos fragmentos espléndidos de unas obras capaces de subyugarnos, y, obviamente, de evocarnos el destructor paso del tiempo. Estas obras son espléndidas a nuestros ojos, en nuestra mirada, es decir, nos hacen mejores.

Ten solo por eso su contemplación suspende el tiempo y merece ser afrontada, como se puede comprobar hoy en una muestra, sobriamente presentada, y bien explicada, en Barcelona.

https://www.museunacional.cat/es/sant-pere-de-rodes-y-el-maestro-de-cabestany-la-creacion-de-un-mito

viernes, 5 de septiembre de 2025

El dragón (Niki de Saint Phalle, Antonio Gaudí y el arte de los cuentos infantiles)
































Fotos sobre fondo negro: Tocho, septiembre de 2025


La artista franco-norteamericana Niki de Saint Phalle (1930-2004) descubrió, en una visita a Barcelona que realizó en 1954, el parque Güell que el arquitecto Antonio Gaudí proyectó y construyó a principios del siglo XX, y en particular el dragón del acceso al parque y los motivos serpenteantes que se desenvuelven en el mismo.

Niki de Saint Phalle sufrió incesto de pequeña. Y violaciones.

Expulsó los fantasmas que la habitaron a través de motivos en apariencia infantiles: el dragón del parque Güell le ayudó exorcizar el horror. 

Los motivos del dragón y la serpiente empezaron a multiplicarse en su obra pintada, esculpida y arquitectónica .

Niki de Saint Phalle supo ver en la obra de Gaudí una faceta terrorífica procedente del universo infantil.

 Lejos de la iconografía religiosa -y mitológica-, un inquietante humor surgido de los temores nocturnos infantiles recorre la obra de la artista, como del arquitecto Gaudí, que Niki de Saint Phalle intuyó y supo ver. 

La iconografía de los cuentos y las leyendas, con las que se sacuden los demonios que asustan y fascinan, ha sido olvidada en la lectura de las obras de Gaudí

Una hermosa y perturbadora exposición antológica sobre el bestiario de Niki de Saint Phalle, en la ciudad francesa de Aix-en-Provence, nos recuerda, hoy, la función sanadora del arte y la necesidad de los monstruos de los cuentos para sobreponerse a monstruos aún más terribles puesto que muy cercanos, reales o imaginarios.

https://www.caumont-centredart.com/fr/niki-saint-phalle

jueves, 4 de septiembre de 2025

El ogro




















 

Fotos: Tocho, septiembre 2025 -salvo la primera


La diseñadora industrial Eileen Gray, con la ayuda del arquitecto Jean Badovici, proyecto, construyó y amuebló , en 1926, una de las primeras villas modernas europeas, llamada E-1027, en la Costa Azul francesa.

Trece años más tarde, cuando los inicios de la Segunda Guerra Mundial, estando la villa desocupada, el arquitecto Le Corbusier invadió la villa y pintarrajeó las paredes de la estancia principal, movido sin duda por la envidia por no haber logrado construir a tiempo una villa tan innovadora, en una acción que Gray dijo haber vivido  como una violación.

Cuando la restauración de la villa , recién concluida, no se han podido eliminar las mediocres pinturas de Le Corbusier, porque cualquier trazo suyo es hoy patrimonio universal.

El fotógrafo francés Stéphane Couturier ha cumplido con un encargo de fotografiar la villa en todo su renovado esplendor. Couturier ha superpuesto en una misma imagen los lenguajes antagónicos de Gray y Le Corbusier, la delicadeza del pincel con la brocha gorda. 

En una explicación de su trabajo, Couturier comenta que sus fotografías digitales muestran al ogro devorando a la artista, la obra de Gray mancillada o absorbida y destruida por Le Corbusier.

Esta reciente serie fotográfica se expone hoy en los Encuentros Fotográficos de la ciudad francesa de Arles.

https://www.rencontres-arles.com/en/expositions/view/1617/stephane-couturier

https://www.frequence-sud.fr/m/art-103424-stephane_couturier__eileen_gray_et_le_corbusier_arles