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jueves, 16 de abril de 2026

La oscura historia del campus universitario de Barcelona

LA PUERTA DE LA CIUDAD: EL CAMPUS DE PEDRALBES EN BARCELONA (1946-1962)

Fernando Albaladejo (UPC-ETSAB)Pedro Azara (UPC-ETSAB) & Carlos Navas (UPC-ETSAB y KIT)

 

 

Firmado por el jefe del Estado, Francisco Franco, el Boletín Oficial del Estado publicó, e13 de diciembre de 1946un decreto en el que se ordenaba la expropiación de terrenos para la instalación del Colegio Mayor Raimundo Lulio y las facultades de Ciencias y de Farmacia en una nueva Ciudad Universitaria, localizada en el barrio de Pedralbes de Barcelona. Dicho decreto de expropiación forzosa era consecuencia de los intentos frustrados de compra de bienes privados en una de las salidas la considerada más noble de la ciudad.

 

Este texto (una ponencia), sobre las primeras expropiaciones, obras y corrupciones, para una expansión de la ciudad de Barcelona a consecuencia de la destrucción de la guerra civil, que aunaba educación y deportecuenta la historia de tal inicial fracaso.

 

EL PROYECTO DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA

Barcelona poseía una sede universitariala Universidad Literaria de Barcelona, desde el último cuarto del siglo XIX. El edificio fue bombardeado durante la Guerra Civil. Las aulas de los estudios de Farmacia quedaron muy dañadasLas lecciones reemprendieron en la Universidad Central en el curso 1940-41. La restauración de la sede, así como el cambio de uso de alguna estancia, no concluyó hasta cinco años más tarde.

Uno de los más graves problemas planteados a la Universidad de Barcelona era “la insuficiencia de sus instalaciones”. Resultaba indispensable “desarrollar un plan de construcciones en las que pudiesen albergarse las Facultades y Escuelas más necesitadas de nuevos alojamientos”, así como dotar a la institución de equipamientos complementarios como residencias universitarias, alojamientos para profesores y hasta centros de investigación como el CSIC.

La reapertura de la universidad, según unos nuevos programas, incidía en la visión política y moral del nuevo régimen. La Ley del 29 de julio de 1943 sobre ordenación de la Universidad española así lo explicitaba: “Cuando adviene la unidad nacional y suena la hora universal de España, nuestra Universidad (…) aparece en la plenitud de su concepto para servir los ideales de su destino imperial”.Durante una visita a la Universidad de Barcelona el año del decreto de las expropiaciones forzosas, ante “las altas autoridades eclesiásticas, civiles, militares que nos honran”el ministro de Educación Nacional, José Ibáñez Martín, manifestó que las “instituciones fundamentales de la vida española” eran “la Iglesia, la Universidad y el Ejército”. No se podía enunciar de manera más clara y contundente el papel ideológico de la Universidad en la postguerra.

El arquitecto Francisco Nebot de Paula fue el autor del proyecto de la Ciudad Universitaria. Su ubicación, en el barrio de Pedralbes, se localizaba sobre una extensa área casi completamente libre de construcciones, una gran parte de la cual pertenecía a la familia Güell (Il. 1), para la que Nebot había concluido anteriormente la reforma y ampliación con fondos privados de una torre decimonónica, convertida en Palacio Real. Allí tan solo se encontraban, dispersos, además del citado Palacio, el cementerio de las Corts, el Cuartel del Bruch y la Casa Provincial de la Maternidad.

Se conservan unos ciento cincuenta planos y, sobre todo, bocetos de la “Ciudad Universitaria, Parque Municipal y Jardín de Deportes Universitario” como anuncia una de las cartelasejecutados por el propio Nebot. No suelen estar fechados, pero incluyen el Monumento a los Caídosque los arquitectos municipales Adolf Florensa JoaquimVilaseca proyectaron y construyeronEste monumento, perfectamente reconocible en los dibujos, se inauguró en 1951. Su ubicación frente a la verja de entrada a los jardines del Palacio Real, en el lado mar de la avenida del Generalísimo Franco (Diagonal), organiza todo el proyecto de la Ciudad Universitaria, que se desarrolla a ambos lados de aquél, estableciendo una enigmática relación ¿simbólica? entre el Palacio, el Monumento a los Caídos y la Ciudad Universitaria. 

Una vista aérea pintada en guache (Il. 2) muestra la extensión de la mismaLa Ciudad Universitaria se ordenaba longitudinalmente a lo largo de dos ejes paralelos, la avenida del Generalísimo Franco y la calle de Europa, desde la plaza circular de Santa María de la Cabeza, en la que dos altas torres, a lado y lado de la avenida, enmarcaban el acceso (Il. 3). A lo largo de los dos ejes longitudinales antes citados, se disponían, por el lado del mar de la avenida principal, seis bloques monumentales continuos, dispuestos a lado y lado de un segundo eje, de menor importancia, pero no de menor simbolismo: el eje perpendicular definido por el Palacio Real y el imponente Monumento a los Caídos. Una segunda fila de bloques semejantes se dispone a lo largo de una calle interior, paralela a la avenida principal (Il. 4). Los bloques de piedra y ladrillo ofrecen un frente continuo, con una misma altura salvo por torreones escalonados en los extremos de los bloques, a modo de zigurats, puntuado por retranqueos volumétricos, hacia la avenida del Generalísimo Franco, y un frente menos rectilíneo, marcado por acentuados volúmenes en U, a lado y lado de la calle interior (Il. 5)Por el lado de montaña, por el contrario, contra la ondulada masa oscura de la sierra de Collserola, se perfila una composición distintagrupos aislados de edificios de planta central, cupulados, separados entre síde color claro, a lado y lado del jardín vallado del Palacio Real(Ils. 6 y 7)

El anteproyecto de Nebot encajaba perfectamente con la urbanización y monumentalización del final de la avenida Generalísimo Francoacelerado por los preparativos del XII Congreso Eucarístico que iba a tener lugar en este tramo final de la avenida en 1952. La dignificación de la zona conllevaba la erradicación de áreas de chabolas, llevada a cabo de manera tajante. El vocabulario político utilizado por el despiadado Gobernador Civil Felipe Acebo Colunga, “sobre los problemas de las barracas, en el barrio de las Corts, donde se iba a construir la Ciudad Deportiva y el nuevo estadio del F.C. Barcelona, es explícito: “una serie meditada de resoluciones encaminadas a la extirpación de esta lacra social”.

La acogida entre algunos sectores de la profesión no fue tan entusiasta. El proyecto fue severamente criticado por una comisión que incluía al Decano del Colegio de Arquitectos de Cataluña y Baleares, el urbanista Manuel de Solà-Morales, que consideraba “la extensión y el desarrollo lineal asignados actualmente a la zona de edificios propiamente docentes (…) insuficientes e inadecuados”El propio arquitecto municipal José Soteras, ya en 1949, consideraba que se debían abandonar las vías interiores de circulación rodada en favor de unas supermanzanas. Ni siquiera el estilo entre neoclásico y art decó del anteproyecto habría gustado al ministro Ibáñez Martín. Cinco años antes del anteproyecto, ya declaró:


“(…) en cuanto al estilo, yo, personalmente, no tengo uno definido como de mi preferencia, ya que, aquí, tienen ustedes en Barcelona el Pueblo Español que es una de las cosas más bellas que he conocido y en el que no predomina ningún estilo y existe una muestra de todos, a cuál mejor”.

 

LA CONSTRUCCIÓN DE LA CIUDAD UNIVERSITARIA

El 22 de diciembre de 1950 se constituyó la Junta de Obras de la Ciudad Universitaria.  De los muchos edificios que poblaban los dibujos de Nebot, finalmente no se construyó ninguno. De aquel plan apenas han quedado el perfil, la extensión y la disposición del área de la Ciudad Universitaria, con edificios a ambos lados de la avenida Diagonal, y una Ciudad Deportivaen el extremo más alejado del centro de Barcelona. 

Es difícil precisar la fecha del inicio efectivo de las obras.Su desarrollo avanzó de forma intermitente debido a la falta de presupuestos. Los años cincuenta y principios de los sesenta fueron los más fecundos, pero el paso del tiempo ha demostrado que el proyecto se convirtió en una colección de edificios desaparejados, dispuestos sin un plan regulador. 

La implementación de los proyectos urbanísticos y constructivos requirieron la previa compra o la expropiación urgente de solares, así como la puesta en marcha de concursos de arquitectura de nueva planta públicos y encargos directos de obras o de reforma de obras. Estos procedimientos, entre los años cuarenta y sesenta del siglo pasado, se vieron enturbiados por un juicio y una condena por cobro de comisiones en 1952 de dos arquitectos y un aparejador de la citada Junta de Obras, y de un corredor de fincas. De esta sonada polémica se hicieron eco los tabloides de la época.

Laobras se pueden agrupar en cuatro bloques, tres centrales y uno periféricoDel lado mar de la avenida del Generalísimo Franco: los Colegios Mayores de Raimon de Peñafort de Nuestra Señora de Montserrat, la facultad de Ciencias, y la Escuela de Arquitectura. Mas, una facultad Politécnicaanunciada en 1951 por el nuevo ministro de Educación NacionalJoaquín Ruiz Jiménez, no prosperó. La decisión de construir esta facultad no estaba exenta de claras y evidentes connotaciones políticas. Permitiría “descongestionar las Facultades clásicas”, lo que evitaría revueltas: [el ministro] “aludió a este propósito al papel que en las agitaciones subversivas que padeció España representaron muchos hombres decepcionados en la aspiración de ingresar en uno de tales Centros”. La función política de las mejoras educativas superiores, cristalizadas en una Ciudad Universitaria, no podían ser obvias: incumbe a la actual generación universitaria afirmó una gran tarea al servicio de la Patria”.

Las obras en el lado montaña de la avenida tuvieron mayor fortuna y fueron de más calidad. Las facultades de Derecho (1958-59) y Economía (1962-66), de Guillermo Giráldez, Pedro López Íñigo y Xavier Subías, y Empresariales (1954-61), de Francesc Bassó, Javier Carvajal y Rafael García de Castro, se edificaron en solares ubicados a lado y lado del Palacio Real. Respondieron a concursos cuyos fallos se respetaron.

En el otro lado de la avenida, el Gabinete Técnico encargó directamente el proyecto al arquitecto Pere Benavent, quien compuso edificios gemelos con fachada a la avenida del Generalísimo (1955-65)que enmarcaban, en un segundo plano, el cuerpo central de la fachada de la facultad de Farmacia. 

Los proyectos de la facultad de Ciencias, la Escuela de Arquitectura y la Escuela de Ingenieros compartieron un mismo origen. Ya antes del primer decreto de expropiaciones de solares para la Ciudad Universitaria, el ministro Ibáñez Martín sostenía:

(…) que él no era partidario de pabellones independientes para cada Facultad o Colegio, sino de un solo bloque de edificios con una sola puerta, donde todos tuvieran cabida y espacio suficiente, que al mismo tiempo redundaría en provecho de los estudiantes, puesto que al estar todos ampliamente agrupados, tendrían más facilidades para las comunicaciones urbanas de autobuses y tranvías y se fomentaba la camaradería con una mayor convivencia estudiantil”.

La facultad de Ciencias, como tal, nunca se construyó. La desaparición de las Ciencias como un bloque unitario en favor de la disgregación en áreas de conocimiento más específicos, llevó a que el concurso exigiera un proyecto de cuatro edificios interrelacionados —de los que solo se construyó uno, dedicado a Químicas. El primer premio fue declarado desierto, concediendo la realización del proyecto definitivo al equipo de los hermanos Manuel y José Romero Aguirre, el 11 de noviembre de 1954. El edificio fue inaugurado quince años más tarde.

El procedimiento para la realización de dos proyectos de las Escuelas de Ingenieros y de Arquitectura fue distinto. Se llevaron a cabo sin un concurso abierto. La razón era evidente. Ambas escuelas disponían de los profesionales capaces de llevar a cabo los proyectos. Mientras la Escuela de Ingenieros se proyectó y se construyó de manera independiente (1960-64)la Escuela de Arquitectura llegó a un acuerdo con la facultad de Bellas Artes para organizar el concurso de una manzana, al final de la Ciudad UniversitariaEn ella también se daría cabida la Escuela de Aparejadores. El resultado daba la espalda a la avenida del Generalísimo y organizaba una serie de volúmenesunidos por una galería porticada en torno a un patio. Sin embargo, sucesivas modificaciones no tardaron en desdibujar la silueta original de la propuesta ganadora de Eusebio Bona, José María Segarra y Pelayo Martínez(1961)Una historia que, en consonancia con la mayoría del resto de actuaciones, volvía a repetirse.

 

CONCLUSIÓN

Setenta y cinco años más tarde, ¿qué ha quedado del largamente elaborado proyecto de la Ciudad Universitaria? Todo o mucho, y nada. El proyecto sigue vivo: una nueva Escuela de Ingenieros está en obrasAlgunos edificios han cambiado de adscripción. La creación de la Universidad Politécnica de Cataluña, en 1971, conllevó el traslado administrativo aunque no físico de las Escuelas Superiores de Ingenieros, Arquitectura, y Aparejadores. A la Escuela de Química se le adjuntó una facultad gemela, de Físicas, recuperando en parte el proyecto original de la facultad de Ciencias. Un nuevo Campus, el Campus Nord, perteneciente a la UPC, planificado y no resuelto mediante la suma de edificios desparejados, se ha instalado en el límite norte de la Ciudad Universitaria a finales del siglo XX, y aún crece. 

Así que la elección de una de las puertas de entrada y salida de la ciudad para ubicar la Ciudad Universitaria no habría sido un errorPosee edificios notables y algunos bien conservados. Pero carece de lo que constituye una ciudad universitaria: espacios de encuentro públicosHoy ya es demasiado tarde. La Ciudad Universitaria apenas puede extenderse más. Quizá nadie ya sueña con estos espacios físicos complementarios. El espacio virtual ha llamado a la puerta y parece decidido a quedarse.







jueves, 2 de abril de 2026

La sopa de ajo



 Un titular periodístico, ayer, abrió las puertas del cielo: se hizo la luz. 

Había salido a la luz el expediente académico del arquitecto Antonio Gaudí, estudiante de arquitectura cuando dichos estudios se independizaron de la academia de bellas artes ubicada en la Lonja de Mar y se trasladaron al nuevo edificio de la universidad literaria de Barcelona. Un ascenso a la luz del documento  precisamente el año del centenario de la muerte del arquitecto, que coincide con la obtención por parte de la ciudad de Barcelona del título de capital mundial de la arquitectura, y que da lugar a una multitud de actos que culminarán con la visita papal al inconcluso templo expiatorio de la Sagrada Familia, parcialmente proyectado por Gaudí. 

El ingreso en la escuela de arquitectura requería una formación previa en dibujo, geometría, matemáticas, y gramática que el estudiante debía alcanzar por su cuenta, y dos años de preparación en la facultad de ciencias, antes de poder presentarse a un examen de ingreso.

El documento “salido a la luz” muestra la discreta carrera académica de Gaudí previa a su ingreso en la escuela de arquitectura de quien será posteriormente considerado un singular arquitecto, con una cartera de clientes adinerados muy notable, y una gran diversidad de proyectos arquitectónicos, urbanísticos, de ingeniería y de artes aplicadas en España y norte de África. 

Lo milagroso, lo excepcional de esta salida a la luz, hoy, es que este documento, debidamente catalogado y conservado por el archivo histórico de la universidad de Barcelona, en perfecto estado, fue generosamente propuesto, hace años ya, por dicho archivo al museo de historia de Barcelona para su inclusión en una exposición sobre la historia de la universidad en Barcelona, desde los convulsos orígenes tardo medievales, cuando la Corona de Aragón, hasta hoy; una exposición, iniciada desde antes de la pandemia, de acuerdo con las universidades públicas de Barcelona, y que se inaugurará a finales de este año. 


viernes, 27 de febrero de 2026

Arquitectura gustosa




Aunque la aportación del artista surrealista español Salvador Dalí a la arquitectura ha sido muy estudiada y mostrada en exposiciones, no estoy seguro que las historias de la arquitectura moderna recojan habitualmente las visiones e interpretaciones arquitectónicas y urbanísticas de este artista. Las historias suelen centrarse en edificios y ciudades contemplados por los ojos físicos y no entrevistos en visiones, por la mirada interior

Dalí fue quizá el único teórico que dio con una acertada definición de la arquitectura de Gaudí: ésta era comestible. Bien hubiera podido calificarla de incomestible -un adjetivo con el que estaríamos de acuerdo muchos barceloneses confrontados diariamente con sus obras cada vez más petrificadas, musealizadas, disecadas para el turismo de masas-, pero fuera comestible o no, lo cierto es que Dalí relacionó la arquitectura de Gaudí con el gusto y no con la vista. Una arquitectura viscosa, blenda, vagamente repelente, que produce una sensación entre el placer culpable gustativo, frío y húmedo, y el asco. Una arquitectura que hace salivar -y, en último extremo, vomitar-, que suscita reacciones físicas violentas e incontrolables, muy lejos de la contemplación distanciada que el filósofo del siglo de las luces, Emanuel Kant, defendía como la manera correcta de apreciar y evaluar una obra de arte: una obra inalcanzable, lejos del contexto físico percibido como incapaz de  despertar un placer intelectual, y no superficial.

Salvador Dalí volvió a aplicar su criterio gustativo a la arquitectura de Nueva York que visitó por vez primera en 1935, cuya interpretación redactó y dibujó para un semanario muy divulgado entonces, el American Weekly, el 31 de marzo de este año. La recta y rígida arquitecta erecta de los rascacielos se doblaba y se inclinaba mustiamente penetrada por autopistas que ascendían en espiral, extrañamente humanizando a los edificios -dos de ellos convertidos en los piadosos penitentes que el pintor decimonónico francés Millet retratara-, con la cabeza gacha, como si quisieran expiar su altivez y se inclinaran hacia los transeúntes, vagamente observados desde las alturas por los ojos de las testas de los edificios de altos cuellos vueltos, como girasoles apagados, hacia la calle, en una imagen cotidiana de debilidad y humanidad. Toda la fiereza del rascacielos reducida a una temblorosa masa que se alza y se funde a medida que se acerca al sol. 

Seguramente Dalí dio, también en este caso, con las cualidades físicas y morales de los rascacielos, la angustia (como escribió) y el patetismo, cierta vana ambición, que suscita y corroe a estos altos edificios en el fondo emasculados. Unas construcciones “pegajosas” -como apuntó en la publicación-, babosas e irreales, semejantes a lenguas y a flácidos órganos -musicales y físicos-  que despiertan sueños (y pesadillas).









 

sábado, 10 de enero de 2026

Visionario

Cartel en Barcelona en enero de 2026


Pues cuando  el arquitecto lleva gafas -y presume de ello:



Salen estos proyectos:


 





                                 ….gafados.

(Excusen el chiste obvio).

(Proyectos urbanísticos seriados de Le Corbusier, entre los años 30 y 50 del siglo pasado, para las ciudades de París, Barcelona, Argel, Río de Janeiro y Bogotá.Todas tuvieron suerte. Se libraron del arquitecto visionario) .

jueves, 11 de diciembre de 2025

LYGIA PAPE (1927-2004): LIVRO DA ARQUITETURA (EL LIBRO SOBRE ARQUITECTURA, 1959-1960)








 

No, cuando estudié arquitectura en la segunda mitad de los años setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, tras la muerte del dictador Francisco Franco, y, mucho peor, cuando empecé a dar clases de estética y posteriormente de teoría en la escuela de Arquitectura de Barcelona, ningún profesor me habló de este libro y, sobre todo, yo no mostré ni comenté este libro a los estudiantes de arquitectura, porque nadie me lo había mostrado, porque lo desconocía.

El libro de arquitectura de la artista brasileña Lygia Page sustituye las farragosas teorías deconstructivistas con un libro con recortables, en tres dimensiones, que cuentan una historia de la arquitectura desde la prehistoria hasta el siglo veinte, desde las primeras trazas hasta los rizos modernos. Entre el libro de arte o de artista y el libro infantil, cada página muestra un espacio definido, creado por los pliegues (tan queridos por los filósofos antes mencionados, y los arquitectos que los seguían pavlovamente), como de las rasgaduras del suelo emergiera un cráter que constituyera un cerco que delimitara un interior. Todos los espacios que se abren en el libro no se cierran en banda, sino que miran al exterior no sin estar constituidos por unos planos en ángulo que constituyen un refugio aunque no un encierro. Espacios aéreos aunque -porque- aferrados a la tierra, a la página en blanco.

Una escuela exposición antológica dedicada a la artista en una fundación de París, rescata este libro que hubiera constituido un soplo de aire fresco en los estudios de arquitectura.

https://www.pinaultcollection.com/en/boursedecommerce/lygia-pape-weaving-space

miércoles, 10 de diciembre de 2025

JUNYA ISHIGAMI (1974): CAPILLA DEL VALLE (2016)






 Fotos: Tocho,  diciembre de 2025


La apertura de la nueva y descomunal sede de la fundación Cartier, justo en frente del Museo del Louvre, en París, se acompaña de una extensa exposición de lkos fondos de la colección de la fundación. Dado que la remodelación de un bloque haussmaniano, en la calle de Rivoli, ha contado con el arquitecto de la fundación, Jean Nouvel, la exposición se abre con una selección de maquetas de arquitectura, de tamaño casi natural.
La Capilla del Valle, del arquitecto japonés Ishigami (docente en la escuela de arquitectura de Mendrisio, en Suiza), presenta un juego curioso entre la realidad y la ficción.
Por su tamaño casi podría ser un edificio.
La obra juega con la ambigüedad entre una maqueta arquitectónica, un edificio  (un templo en una región montañosa en China) y una escultura. Cuesta saber qué es. ¿Tiene que percibirse como una imagen de un edificio, o es, "en sí", una obra independiente, autónoma. La Capilla "real" justifica su forma por su relación con el entorno, que le da sentido. Esta referencia o relacion desaparece en este caso -como ocurre casi siempre con las maquetas, a menudo transportables, que se convierten en ofrendas u objetos devocionales. 
La referencia a la escultura de Richard Serra aún complica más saber a qué atenerse.
su imponente presencia, con una altura de varios metros, subyuga. Y pone en cuestion la frontera entre la arquitectura y la estatuaria. 

domingo, 7 de diciembre de 2025

FREDDY MAMANI (1971): CHOLETS


















 

El albañil (con estudios de ingeniería) boliviano Freddy Manani ha logrado lo que pocos arquitectos alcanzan: no solo desarrollar un estilo decorativo personal, sino definir el estilo con el que una clase social y cultural (acomodada) se reconoce.
Los cholets son chalets en altura para cholos -mestizos o indígenas aymaras- de la ciudad de El Alto en Bolivia y, en general, de toda la cordillera andina boliviana. 
Se caracterizan por una composición y decoración de la fachada principal que recurre a motivos. que son signos de identidad de la comunidad aymara.
El Alto merece su nombre: se halla a unos cuatro mil doscientos metros de altura, y devino una ciudad independiente de la capital La Paz, de la que era un barrio periférico, hace cuarenta años. 
Los cholets caracterizan esta ciudad, y Freddy Mamani ha logrado tal reconocimiento, que instituciones de arte contemporáneo como la fundación Cartier de París le encargan decoraciones interiores presentadas como obras de arte independientes, muy lejos de sus primeras manifestaciones a principios del siglo XXI.
A pequeñas dosis, los cholets son una corriente de aire fresco, como tantas arquitecturas de artistas que no deben atender a los cánones arquitectónicos imperantes, que sacude los bloques clonados de muros cortina y los edificios zebra que se expanden como una plaga sin control.

domingo, 19 de octubre de 2025

La ruina -o el pabellón alemán en Barcelona

Sebastiano Ittar: planta de las ruinas del templo de Zeus en Nemea, 1803, encargada por Lord Elgin, publicada en Elgin Drawings, vol.2. Londres, Museo Británico 




Ludwig Mies van der Rohe: planta del pabellón alemán, Exposición Internacional de Barcelona, 1929


Los tramos de muros inconexos, como guiones sin palabras, ¿una romántica evocación de una ruina? 

La ruina ¿modelo de arquitectura? Inútil, sin poder ser habitada, tan solo contemplada o soñada. Dejada en los huesos, liberada de lo superfluo -que ponen la obra en contacto con el ser humano, que la humanizan. Una obra de arte, que se puede recorrer, pero en la que no se puede asentar. 

Que la construcción de esta romántica ruina en Barcelona, tan visitada y admirada, fuera financiada por el industrial alemán Georg von Schnitzler, inventor, promotor y vendedor del gas Zyklon B. con el que se gaseara a los prisioneros en los campos de exterminio nazi diez años más tarde -menos es más, que aquí adquiera su verdadera desoladora,  espeluznante dimensión: apenas un poco de gas sobre una multitud-, echa un gélida luz sobre semejante escenografía. Una evocación de una ruina, una construcción fragmentada, por un criminal -que no se limitó a recortar paredes .
 


Agradecimientos a la arquitecta y escritora Inés Vidal por echar luz dónde la oscuridad impenetrable