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domingo, 15 de febrero de 2026

RAND ABDUL JABBAR (1990): A TALE BEFORE THE DELUGE (UN CUENTO PREVIO AL DILUVIO, 2025)










 Sobre ladrillos de madera, condenados a desaparecer -contrariamente a los de barro cocido- el artista iraquí Abdul Jabbar, instalado en los Emiratos, basándose en el poema de Gilgamesh, que incluye la narración del diluvio, ilustra la destrucción del patrimonio mesopotámico saqueado por las guerras, los aventureros, los arqueólogos del pasado, los traficantes, coleccionistas  y algunos conservadores de museos, como si un diluvio lo hubiera arrasado, un pasado compuesto de fragmentos dispuestos en desorden y de manera discontinua.

La instalación se expone en la bienal de arte de Riyadh dedicada a Gaza y a Iraq. 

viernes, 13 de febrero de 2026

El último faraón





El concilio Vaticano II, en los años sesenta del siglo pasado (1962-1965), conllevó un radical cambio en el vestuario papal.

Hasta entonces, el Papa, sentado en un trono, empuñaba o se acompañaba de un bastón de mando coronado co vistosas plumas de avestruz y una alta tiara en forma cónica rematada por una punta redondeada.

El trono, el abanico de plumas de avestruz y la tiara tenían una larga historia. Eran los atributos de los faraones.

La relación entre la cabeza de la iglesia cristiana, ubicada en Roma, y el mundo faraónico, entre los poderes de Roma y de Egipto, en suma, no era nueva ni extraña. Las referencias a Egipto aparecen en los evangelios -y en el antiguo testamento-.

Pero, sobre todo, el papa asumía el poder imperial. Los emperadores romanos se representaban con los atributos faraónicos en Egipto y en los santuarios egipcios en los territorios del imperio. 

Por otra parte, el palacio de Diocleciano en Split es una réplica del campamento romano en que se convirtió el templo en Luxor, y el emperador Constantino, el primer emperador cristiano que autorizó la libertad del culto cristiano, fue quien restauró por última vez templos de Amón; tal era la fascinación por el Egipto faraónico.

El poder imperial fue sustituido por el poder papal en Roma, y los atributos faraónicos asumidos por los emperadores fueron naturalmente transferidos a los papas quienes encarnaron los poderes de los faraones. El faraón, el emperador y el papa cumplían un mismo papel: la representación o manifestación  del hijo de un dios en la tierra.

Agradecimientos al egiptólogo italiano Christian Greco por esta comunicación.

lunes, 2 de febrero de 2026

Las primeras luces





 2 de febrero. De madrugada. Aún no ha amanecido. Apenas un temor de coches en la lejanía. La radio anuncia un día gris. El cielo, encapotado. Es hora de encender la luz; las candelas. Hoy es el día de la Candelaria.

Se celebremos la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén. Sus padres, María y José, cumplían con la tradición, con su deber. Todo recién nacido debía ser expuesto en el Templo.

Un hombre sabio se hallaba en el interior del templo. Se llamaba Simeón. El Espíritu Santo le alumbraba.  Tras el ritual, consistente en la presentación de la ofrenda de dos tórtolas  en un altar, los padres de Jesús acudieron ante Simeón. Al ver al niño Jesús, Simeón exclamó: 

“ Porque ya he visto la salvación
31 que has comenzado a realizar
a la vista de todos los pueblos,
32 la luz que alumbrará a las naciones”. 

Al menos eso cono el apóstol Lucas (2: 22-32).

La presentación de Jesús al templo es una de las cuatro más importantes  celebraciones religiosas católicas y ortodoxas, junto con la Anunciación, el Nacimiento y la Ascensión.

Esta fiesta remonta a la tardo-antigüedad, en el imperio romano oriental. Del Próximo Oriente antiguo, se extendió hasta Roma a finales del imperio occidental .
Se trata de una ceremonia sin referentes paganos. Las culturas antiguas rendían culto al sol, no a la luz. 

El elemento más singular es la candela. Está moldeada en cera. Un material blanco o blanquecino, producido sin impurezas. Las abejas alumbran a sus criaturas sin haber tenido contacto físico -o eso se creía- y el alumbramiento se acompaña de la excrecencia de cera, necesariamente incontaminada.
 Por otra parte, la vela alumbra gracias a la mecha. Ésta es la parte visible de un cordón de algodón blanco encerrado en el cuerpo de la candela, como el alma en la carne. 
Tras las ceremonias, las velas de la candelaria son los únicos objetos materiales que reciben la condición de reliquia. Alumbraron la vida. Cortadas a trozos, los fragmentos de las velas se depositan en las tumbas y dan luz al alma del difunto en su tránsito al más allá. Guardadas en sagrarios, estas velas extintas pero aún tibias, protegen de enfermedades.

Dicha fiesta es necesaria. En febrero, los días empiezan a alargarse. El frío y la sequía son aún duros, y los campos yermos. Pero algo despunta, aunque sean unos pocos minutos más de luz. La vida está a punto de volver.
 Las candelas encendidas celebran el retorno de la vida como en el origen de los tiempo cuando el mundo fue creado, al mismo tiempo que activan o invocan  el despertar, aún tímido e incierto, de la naturaleza. La luz que encarna la divinidad se va extendiendo sobre los campos secos. Pronto deberán labrarse. El invierno está aún presente, pero declina. La velada luz de las candelas, portadas en procesión, auguran la próxima derrota de las tinieblas.

Hoy pues, empezamos a dejar atrás un infausto invierno. Que las candelas no se apaguen y celebremos la vuelta de la luz con la ofrenda tradicional, que simboliza la próxima regeneración de la tierra y los primeros frutos: con los dulces típicos de la Candelaria; las llamadas tetas o tetillas de Santa Águeda o Agata, unos bollos en cuyo interior se esconde la crema, henchidos como un pecho grávido, abovedados como el cielo y redondos como los astros, que evocan el sacrificio de la santa -la mutilación de sus pechos- para fertilizar la tierra para siempre. 
Santa Águeda (honrada el 3 ó el 5 de febrero) asegura la fertilidad y la fecundidad, y protege los alumbramientos. Cuida que ningún infante nazca muerto. 
Su culto sucedió al de la diosa egipcia Isis en el mundo romano -una diosa cuya figuración inspiró al de la Virgen y el Niño-, diosa que amamantaba a su hijo Osiris para siempre, y que cuidaba que toda madre tuviera leche para alimentar a sus hijos; un líquido nutricio del color de la cera, que se ofrendaba a la diosa para que la vida no se apagara.

Que disfrutemos de estos dulces cupulados por un día.
Aún nos espera la cuaresma y la enlutada penitencia pascual.m sumida en un silencio sepulcral.



lunes, 5 de enero de 2026

Estreno

 Un estreno es una fiesta. No podemos acudir a un estreno vestido de calle. Tenemos que vestirnos o revestirnos para la ocasión. Una ocasión singular.

El estreno de una casa se acompaña -y se simboliza- con un banquete. Los invitados -familiares, amigos y conocidos- no acuden con las manos vacías. Traen un detalle, un regalo que ofrecen a los dueños de la nueva casa. 

Un estreno se acompaña de un intercambio de regalos: alimentos y objetos decorativos, personalizados escogidos , por ejemplo, “para la casa”.

Nada se abre, no se accede a ningún estatuto -mayoría de edad, nuevo estado (de los esponsales a la recuperada soltería por separación o defunción del cónyuge)- sin un obsequio: una muestra palpable de cortesía, que realza la apertura del hogar o de un nuevo hogar, o la entrada en un nuevo estado civil, voluntario o forzado. El don expresa bien la importancia del acto, y lo realza.

Una conversación con amigos italianos sobre la importancia de la Befana, una bruja que durante la noche del 5 al 6 de enero, realiza los oficios que el España acometen los Reyes Magos, y otras figuras como el Papa Noel en otras culturas (habitualmente, unos días antes, cuando la Nochebuena, del 24 al 25 de diciembre), la entrega de regalos a los niños (y los adultos) que sella el inicio del año, invocando su prosperidad y el desvío de los males, puso el acento en el posible origen de esta figura anciana, o al menos de la figura que repartía bienes en el año nuevo (que en la Roma antigua acontecía cuando el solsticio de primavera, en el mes de marzo, Martius, dedicado al dios de la guerra Marte, cuando se reemprendían con renovado vigor las hostilidades puestas en cuarentena durante los fríos meses del invierno, hasta que Julio César decretó que el año nuevo se iniciaría cuando el mes dedicado al dios bifronte, de las dos caras, el dios Jano -Dios de los umbrales, el dios de la arquitectura, del tránsito entre los espacios exterior e interior-, que miraba hacia el año concluido pero también, con su otra faz, hacia el año que despuntaba, el mes de Enero -Janvier, January, Gener, en francés, inglés, catalán).

Se trataba de una diosa de la que muy poco se sabe, pero que sigue presente entre nosotros a través del concepto de estreno y de los regalos de año nuevo que en francés se llaman, significativamente, étrennes: la diosa Strenia o Estrenia. Tan solo unos pocos textos (tres o cuatro) se refieren a esta antigua divinidad, cuya importancia, empero, no puede obviarse.

Su templo señalaba una vía procesional, la Vía Sacra, que ascendía del Foro a la Ciudadela en el Monte Celio donde, explica el gran sabio romano Varron, los augures leían la voluntad de los dioses a través del vuelo de los pájaros, lo que determinaba la suerte que acompañaría el año nuevo. La procesión se iniciaba no sin ofrendar a la diosa Strenia, que garantizaba el vigor, la energía y la determinación, así como la buena salud necesarios para emprender el largo tránsito de un año a otro. Strenia velaba sobre en intercambio de regalos que acontecía en las calendas de Enero, con los que se estrechaban los vínculos y se trataba de evitar los enfrentamientos cuando los lazos se rompen. Strenia daba la valentía necesaria para enfrentarse a lo desconocido, lo que nadie sabe qué nos ocurrirá. Fuerza y viveza, buen ánimo. Moral alta. La palabra inglesa de origen latino que se traduce por fortaleza, strength, aún recuerda la importancia de esta diosa antes de acometer el nuevo año. 

Esperemos que Strenia aún vele sobre nosotros. La necesitamos más que nunca.


A Mariagrazia, Ilaria y Paola

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Démeter o la madre de los dioses



















 Fotos: Tocho, Museo Nacional de Matera, 31 de diciembre de 2025


Ante la persistencia del culto a la diosa griega Demeter en la isla de Sicilia, en la que se asentaron griegos a partir del siglo VIII aC,  hasta la Alta Edad Media, en el siglo XI -un culto vivo también en los territorios de la Magna Grecia en el sur de Italia-, la iglesia cristiana cedió y asoció el culto a la virgen María, que no prendía, al de la diosa griega, logrando así una insólita fusión -común por otra parte entre santos cristianos y héroes griegos-, y una iconografía de la Madre y el Hijo inspirada en las imágenes de Demeter y su hija Perséfone.

Demeter era una diosa madre, diosa de las cosechas -cuyo culto fervoroso era lógico en las fértiles tierras del sur de Italia y de Sicilia-, y madre, una madre doliente que padeció el rapto de su hija Perséfone a manos del dios del inframundo, Hades, y que tuvo que aceptar que su hija pasara la mitad del año desaparecida en las entrañas de la tierra. 

Demeter velaba pues sobre los matrimonios a fin de evitar el padecimiento de las madres, y de las hijas cuando pasaban de la casa del padre a la del esposo, un paso decisivo y sin vuelta atrás, que significaba la ruptura entre la madre y su hija.

Demeter mediaba entre los dioses y los humanos que sufrían las inclemencias invernales, con la tierra de cultivo yerma, los meses en que su hija Perséfone desaparecía y Demeter desesperada ya no cuidaba de la fertilidad de la tierra hasta que tras lograr un pacto entre Zeus, dios de los cielos -que también deseaba a Perséfone- y Hades, dios de los infiernos, que permitía la liberación y el retorno de Perséfone a la tierra y su reencuentro con su madre, en primavera, cuya alegría permitía que las cosechas reverdecieran. 

Demeter conocía las penalidades de las mujeres, porque ella misma las había padecido, pero se preocupaba que su dolor no aniquilara la tierra, y que ésta, en los meses de felicidad con su hija, la Tierra volviera a ser un vergel como en los inicios del mundo.

Demeter era así una diosa particularmente venerada. La vida de ls humanos dependía del estado de ánimo de la diosa, que alternaba alegría y desolación, como los humanos. Una diosa humana. Una madre divina.

Una excelente exposición, con obras de la mayoría de los museos arqueológicos del sur de Italia, recuerda y revive la importancia de una diosa que forjó ella veneración de su transfiguración en la virgen María, en el museo nacional de la ciudad sureña italiana de Matera.


https://www.museimatera.it/le-dee-del-grano/


 

domingo, 14 de diciembre de 2025

Divino encuentro (o Politeísmo y Monoteísmo)

 




Procesión durante la cual la Virgen María de Montserrat de Sevilla visita a la Moreneta de Montserrat, cerca de Barcelona.

La Moreneta es el nombre de la Virgen María de Montserrat, que es una “virgen negra” (de piel ennegrecida por el humo de las velas, sin duda).

¿Son las estatuas dos imágenes diferentes de un mismo ser, o representan a dos seres distintos? ¿La diferencia reside en la imagen o en el modelo?

Un encuentro ocurre entre dos seres diferentes. El único encuentro que un ser, cada uno de nosotros, puede tener consigo mismo es a través del espejo.
Pero las estatuas no son solo imágenes, sino “verdaderas” imágenes, imágenes que coinciden con el modelo. Entre el modelo y la imagen no hay diferencia. Quien se enfrenta a una imagen se enfrenta a un modelo.

Así, según se desprende de la noticia,  dado que las estatuas son consideradas diferentes, deben representar —o deben estar relacionadas con— dos seres distintos.

El fiel no reza de manera indiferente a una estatua. Elige cuidadosamente ante qué estatua situarse. Esto significa que elige con qué ser desea conectarse. Y la elección, lógicamente —si la lógica profana puede aplicarse a los misterios— indica que los modelos son diferentes.

Así pues, la Virgen de Montserrat en Sevilla es (y no es) diferente de la Virgen de Montserrat (o Moreneta) de Montserrat.

Esto, por supuesto, es lógico, pero no posible, porque solo hay una Virgen y porque ella es un ser humano, no una divinidad, y aún menos dos divinidades.

Pero, como en la Antigua Grecia el Apolo de Delfos no era el mismo que el Apolo de Delos —y se representaba de manera diferente—, la Virgen María de Montserrat en Sevilla es diferente de la Virgen María de Montserrat en Montserrat.

De algún modo, nosotros, como seres humanos, tenemos distintos rostros. Uno el mismo dando una clase que escribiendo en un blog. Nos expresamos de manera diferente. Mostramos distintos aspectos de uno mismo. Somos —y no somos— la suma de todas nuestras imágenes. Tenemos distintos roles como profesionales, amigos, amantes, padres… y los roles que desempeñamos son tan diferentes, las maneras en que actuamos son tan distinguibles —uno puede ser severo como profesor o como padre, tolerante como amigo o como colega—, que de hecho resulta difícil incluso para nosotros mismos tener la impresión de que somos la misma persona en situaciones tan distintas.

Así, este encuentro religioso anunciado por las noticias revela en realidad cuán complejos somos, cuán misteriosas, imaginativas y creativas son nuestras creencias —en seres divinos o humanos—, cuán rica y compleja es nuestra percepción del mundo, y cuán sutil y matizada es la diferencia entre el politeísmo y el monoteísmo

sábado, 18 de octubre de 2025

El origen de la lluvia ( Akre)

















 Fotos: Tocho, Akre (Gobernación de Mosul, Kurdistán, Iraq), octubre de 2025


Los días del ogro, cubierto de serpientes, que mandaba en Akre hace dos mil setecientos veinticinco años, al tiempo que, como todo ogro, se alimentaba de niños que devoraba, iban a llegar a su fin. 
Un joven herrero templó una espada y consiguió decapitar al ogro.
Hacia treinta años que la sequía asolaba la tierra. Apenas cayó el ogro, llegaron las primeras lluvias de marzo. 

Desde entonces, el Newroz o año nuevo zoroástrico -año de lluvias, año de bienes, como en el inicio de los tiempos- se celebra en Akre -y en el Kurdistán iraní-, una ciudad montañosa, de casas cúbicas, a menudo pintadas de los colores del cielo y del fuego, adherida a las estribaciones de la cordillera del Tauro, entre el norte de Mesopotamia y el altiplano anatólico, donde la religión monoteísta de Zoroastro -la primera religión monoteísta de la historia, aunque la figura del demonio, como en el cristianismo, tiene un peso importante- se sigue practicando.
La lluvia se acompaña del fuego, símbolos zoroástricos: jóvenes porteadores de antorchas descienden de la montaña bajo un cielo iluminado por fuegos (artificiales).

NB: el ex-presidente Saddam Hussein asoló la ciudad y ejecutó a una gran parte de la población  a finales de los años ochenta, tras lo cual la sometió a un durísimo toque de queda hasta 1991: solo se permitía salir de la ciudad solo entre las ocho de la mañana y las dos de la tarde en invierno (las cuatro de la tarde en verano). 
Tras la primera guerra del golfo y hasta la caída de Saddam Hussein en 2003, ls coalición internacional impidió que el gobierno Iraqi siguiera dominando la ciudad, por lo que, de hecho, ésta se volvió independiente. El gobierno turco también ha bombardeado la región hasta hace poco, afectada por los misiles de la reciente guerra de los doce días entre Irán e Israel. 
El agua ha vuelto a su cauce hoy.

Agradecimientos al cónsul honorario español, kurdo, por las explicaciones