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jueves, 22 de enero de 2026

Tic tac

 La palabra inteligencia lo dice todo: es clara. Se trata de una palabra compuesta, por el prefijo adverbial inter y el sustantivo lectura: inte-ligens

Inteligencia es, por tanto, la capacidad de leer entre líneas. Dicha capacidad permite ir más allá del primer significado. Capta los dobles sentidos, las alusiones, los que en francés se llaman “non-dits”, es decir, lo que se calla, pero que está allí, bajo una velo de palabras que dicen lo contrario de lo que deberían decir, a la espera de ser rescatadas. La inteligencia se adentra en el texto. Expone  o desvela lo que una primera lectura no discierne. La inteligencia inter-preta; está atenta no a lo que se dice o se lee, sino a los silencios, siempre expresivos, cargados de sentido; silencios que claman, y a los que no se les suele prestar atención. Los textos son como un mil hojas, o un yacimiento arqueológico; los primeros significados ocultan los dobles mensajes; pero también evidencian que algo se esconde en el texto. Palabras de múltiples significados, expresiones con doble sentido, frases que dicen lo contrario de lo que quieren contar; detalles o hechos que se silencian para que su ausencia sea un grito en el cielo. Leer es descubrir lo que un texto no cuenta de buenas a primeras. La inteligencia es una operación de cirugía que hasta saltar lo que el texto esconde.

La educación en secundaria y en la universidad teme el uso de la llamada inteligencia artificial. El adjetivo artificial también es revelador. Pertenece al mismo grupo de palabras como artificio, artero, y es sinónimo de superficial. Un artificio es un engaño; una ilusión. Detrás, se descubre que no existe nada; tan solo una imagen, una realidad ilusoria; es decir, una nadería. Lo artificial es una burda imitación de la realidad; la imitación de su apariencia. El artificio es una pompa de jabón, sin densidad, sin entidad. Tampoco las requiere. No es nada más que lo que muestra. Sin pliegues. Lo artificioso es una simple fachada, un decorado, que despierta y satisface una ilusión durante un tiempo, antes de que caiga la máscara y se revela lo que parecía estar y no está. Lo artificio es la ocultación del vacío. Un velo que, rasgado, revela la ausencia de profundidad.

Si la inteligencia es la capacidad de ahondar y de no dar por sentado evidencias, y lo artificioso es la cualidad de lo que no tiene trasfondo, la expresión inteligencia artificial es un oxímoron. La inteligencia no puede ser artificial, y el artificio es burdo -aunque puede distraer y divertir: es decir apartar -el prefijo di- de lo que cuenta, de la verdad que se cuenta. La inteligencia artificial yerra sobre el verdadero, a menudo oculto, significado de las cosas.

La docencia secundaria y universitaria está preocupada por el creciente uno de la inteligencia artificial en la elaboración de trabajos y exámenes. También de lecciones.

Un texto escrito por un programa de inteligencia artificial es perfecto. Correcto, neutro, impersonal. No se puede reprochar nada. No hay nada que decir. Nada.

Su perfección es lo que revela la ausencia de una voz personal, es decir de un sujeto que investiga y crea, de una inteligencia que se expresa, que lucha con la resistencia de las palabras, la rigidez de las frases, la inexistencia de palabras que detallen aspectos de la realidad a los que solo se llega a través de metáforas, es decir de palabras que no dicen lo que dicen . Las creaciones humanas son imperfectas. 

Es curioso, pero tan los años ochenta se pusieron en venta muñecas industriales en las que un programa ya informativo introducía un leve error en su fabricación para individualizarlas, convirtiéndolas en un remedo de un trabajo manual, un trabajo que revelaría una personalidad, una visión del mundo propia. El error revela una mano. 

Es cierto que se puede pedir a un programa de inteligencia artificial que imite una manera de escribir, un determinado estilo.

Pero el estilo no se imita. Una imitación estilística es una parodia. Las primeras palabras, las primeras frases, las construcciones de estas en las primeras páginas de grandes novelas son siempre imprevisibles, cuando no chocantes. Sorprenden. Pueden ser incluso gramaticalmente incorrectas o de corrección dudosa. La primera palabra de las tres mil quinientas páginas de la novela A la búsqueda del tiempo perdido, del novelista francés Marcel Proust -dotado para la imitación de estilos que dieron lugar a lo que se denominó pastiches, una mezcla de burla y de homenaje, un homenaje burlón y sarcástico, en el que la ironía esconde la admiración (volvemos a la multiplicidad de capas y sentidos de los textos)-, es un adverbio temporal, lo que no es posible, no “puede ser”, y sin embargo es, y es de manera esplendorosa e irrepetible, única: el texto empieza con la palabra “longtemps”, intraducible, pèse a tantos intentos, tantas aproximaciones que no logran ni pueden dar con la clave de dicha palabra, tal como la dispone y la emplea Proust  en esta frase. Cualquier imitación solo sería burda y ridícula.

El siglo XVIII fue el siglo de las autómatas en Europa. Su presencia en la novela recurrente en el siglo XIX en Europa. Los autómatas eran perfectas imitaciones de seres humanos, prodigios mecánicos que prestaban a engaño; hasta que la perfección de sus gestos y de su manera de expresarse levantaba suspicacias: Nadie era capaz de actuar y hablar de este modo. Solo los dioses que hemos creado son perfectos. Hemos proyectado la perfección en estas criaturas imaginarias, precisamente porque no somos perfectos. La perfección inhumana que les otorgamos los distingue de nosotros, y los aleja de nosotros.

La inteligencia artificial es un modelo de corrección. Lisa, fría, impersonal, incluso -o sobre todo- cuando imita un estilo personal. Porque los creadores no son previsibles.

A principios de los años ochenta, un jurado falló en el concurso para una nueva ópera y escogió un proyecto que tenía todos los dejes de un célebre arquitecto. La elección era previsiblemente una garantía de éxito y de excelencia. La apertura de los sobres produjo estupefacción: se trataba de la obra de un primerizo que, consciente o inconscientemente imitó el estilo de un gran arquitecto -quien, por el  contrario, presentó un proyecto muy alejado de lo que podía esperarse de él, y que tomó al jurado a contrapelo. El primerizo se reveló, finalmente, como un mediocre creador, incapaz de expresarse personalmente.

El reconocimiento de un texto, un examen, un trabajo, redactado con o por un programa de inteligencia artificial es fácil: se trata de un texto de una corrección tal que no hay nada que decir, sobre el que no se puede opinar, es decir usar la inteligencia para ahondar en él. Si, por el contrario, la construcción introduce cierto desorden, se percibe la falta de inteligencia en la construcción inesperada. 

La imperfección es signo de humanidad, siempre  que se intuya el porqué de aquélla, como si el escritor se hubiera topado con un obstáculo que hubiera tratado de sortear “maladroitement”, un adverbio francés de difícil traducción: quizá podría decir a renglones torcidos, con equivocada o torcida rectitud, con humana torpeza. 

Somos imperfectos y torpes. No somos máquinas. Por eso somos inteligentes. Y erramos. Las máquinas ni se equivocan ni se preocupan de los ocasiones desajustes mecánicos. No se arrepienten. El apóstol más humano fue Pedro. Porque traicionó, lloró y se avergonzó. El día en que la inteligencia artificial balbucee y llore, este día, sí caerá el telón. 


Apunte  de quien utiliza a menudo la IA para textos que sean correctos e impersonales, lisos como un formulario administrativo, que no denoten emoción, para despersonalizar textos en los que se podría intuir quien lo ha escrito, por ejemplo, en concursos e impresos.  Un texto impersonal es un tic tac, necesariamente mecánico. 





viernes, 9 de enero de 2026

El poder de las imágenes (El miedo a las imágenes)






El gobierno español ha ordenado retirar todas las imágenes de un yugo y unas flechas, que se encuentran aún sobre todo en placas metálicas que el Ministerio de la Vivienda (El Instituto Nacional de la Vivienda) colocó en bloques de viviendas de protección oficial construidas bajo el régimen franquista. Esta imagen se asocia con dicho régimen. Fue reiteradamente utilizada en la heráldica y en la “señalética” oficial.

Sin embargo, tenemos que distinguir entre uso y creación. Este logotipo, emblema, símbolo o imagen no fue una creación de la postguerra ni del régimen franquista, sino que es renacentista. Remonta a los llamados Reyes Católicos, Fernando II de la Corona de Aragón, e Isabel I, de la Corona de Castilla, y simboliza sus esponsales. De hecho, es un símbolo de amor. Las flechas, propias de las armas de Isabel, evocan a su esposo Fernando (a través de la inicial F común a ambas palabras), mientras que el yugo, que formaba parte de la heráldica de Fernando, invoca a su esposa Isabel (cuyo nombre, entonces, se escribía Ysabel, con la y común a las dos nombres, común y propio).

Lo que acontece con este emblema ya ha afectado a la cruz gamada nazi, símbolo ominoso de la Alemania hitleriana, pero, en verdad, un símbolo antiquísimo, que remonta al neolítico, que prolifera en innumerables objetos, y que simboliza, a través de la posición de las aspas de la cruz, el curso circular del sol. Un símbolo vital y no de opresión y destrucción. Un símbolo que evoca no la eternidad, sino el paso del tiempo.

¿Qué hacer entonces ante estos símbolos antiguos utilizados modernamente?. Los nazis consideraban que se trataba de un símbolo ario -era hindú-; los franquistas debían pensar que evocaba la “union de la patria”. Pero dichos símbolos son muy anteriores a su uso y abuso partidista.

Si se retiran, en una especia de práctica iconoclasta que no destruye la imagen, pero la vuelve invisible, es que las tememos. Tememos su poder. No soportemos su vista. Asusta que puedan influir en nosotros, en nuestra relación con el mundo y con los demás, que nos alteren la percepción de lo que nos rodea, y nuestros criterios. Hacen daño a la vista. Pueden condicionar nuestros juicios y prejuicios. Mas, ¿son las imágenes temibles? Toda imagen puede ser manipulada, y puede tener varias lecturas, lecturas que la historia establece.

¿No es útil conocer tanto las imágenes, cómo lo que significan en función de los tiempos? Más que borrarlas ¿no deberíamos explicarlas? La decisión, suponemos, es política, no estética, aunque no hay política sin estética. La retirada de lo que da pie a una lectura estética quizá anule el valor de la decisión política. Y quedamos más ignorantes y desamparados. Listos para acometer nuevas barbaridades, para dejarnos apoderar o seducir por la barbarie.

martes, 30 de diciembre de 2025

Rostros en la encrucijada













 Fotos: Tocho, Matera (Italia), diciembre de 2025


¿Normandos, árabes, bizantinos, tardo-romanos, carolingios?
Los rostros de santos y de la corte celestial de las iglesias cristianas excavadas en la roca calcárea , entre los siglos IX y XIII, en Matera, en el sur de Italia, revelan un cruce de culturas, de figuraciones y de creencias, que se encontrarán en el sur de Italia -y en Sicilia. 
Los temas son cristianos, del antiguo y del Nuevo Testamento, de leyendas y de vidas santas imaginarias; la forma de representarlos presenta rasgos norteños y sureños, cristianos de oriente y occidente, incluso musulmanes 
Ejemplos ilustrativos del mediterráneo como espacio de encuentros y de conflictos . 

viernes, 26 de diciembre de 2025

Los rostros prehistóricos de Karahan Tepe (Turquía): entre la petrificación y la animación
















Los hallazgos arqueológicos en el yacimiento paleolítico de Karahan Tepe (Anatolia, a los pies de los montes Tauro que vierten al Sur en la llanura mesopotámica, entre los actuales países de Turquía e Iraq), de hace entre doce mil y once mil años, se multiplican recientemente.

Lo que parecía un pálido reflejo del monumental yacimiento, aún más antiguo, de Göbekli Tepe, a unos pocos quilómetros de distancia, se revela tan complejo como éste, y con un “rostro” propio. No son, además, los únicos yacimientos de parecidas características que se están hallando en el territorio.

¿Centros de culto? La noción de divinidad no ha sido aún inventada. ¿Asentamientos? Karahan Tepe seguramente lo fuera, pero sin apenas cultivos. La construcción de un imaginario parece haber precedido la construcción de un territorio, la figuración humana o sobrehumana antes que la domesticación de la tierra, las creencias antes que la racionalización del espacio, si es que ambas maneras de ser en el mundo, imaginativa y racionalmente, pueden ser separadas.

Se cree que en Karahan Tepe el sedentarismo había iniciado así como un primer atisbo de cultivo, pero el nomadismo seguía vigente así como la caza. Y, sin embargo, pequeñas (¿?) comunidades humanos empezaron a proyectarse en la piedra, labradas de manera hercúlea, sin útiles de metal, ni medios de transporte, o a humanizar la piedra no se sabe porque, buscando anular el abismo entre la carne y la piedra. ¿Rostros humanos o de seres imaginarios, serenos o dolientes, difuntos petrificados o revividos? La figuración humana de Karahan Tepe parece anunciar toda la historia del arte, como si éste no fuera sino una variante infinita e incesante, que aún prosigue, de la representación humana, empeñada en perdurar en la piedra por miedo al olvido, a ser piedra, consciente, sin embargo, como se intuye en los rostros dolientes o estupefactos de Karahan Tepe, con ojos sobre todo, de la imposibilidad o la irrealidad, y quizá la fatuidad del empeño.

Los rostros de Karahan Tepe posiblemente sean el legado perdurable del aciago 2025 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

L U X

 Solemos utilizar indistintamente las palabras convento y monasterio, por ejemplo en temas o lecciones de historia de la arquitectura, como la arquitectura medieval en occidente. Son o parecen términos  sinónimos.

Es cierto que monasterio designa más bien una construcción aislada en el campo, mientras que convento suele referirse a una construcción urbana, insertada en la trama aunque de difícil acceso al público, o de acceso vetado. 

Pero, más allá de una distinta ubicación, convento y monasterio son palabras que evocan espacios acotados y vueltos sobre sí mismos, vagamente misteriosos por la reclusión en la que se hallan voluntariamente sus moradores.

El imaginario que ambas palabras despiertan, sin embargo, es muy distinto.

Un monasterio acoge a monjes. Las monjas, en cambio, se recluyen en conventos. Sin espacios marcados por el sexo o el género.

Esta no es la diferencia principal.

Los monasterios acogen a monjes, es decir, a monachoi: un monachos, en griego, es un solitario: una persona que voluntariamente se aparta de la comunidad. Se trata de un ermitaño, una figura que rehuye el contacto. Una persona arisca. 

El adjetivo griego monos se traduce por simple, solo, unico. Un monasterio se dibuja así como una comunidad de seres que rehusan la vida en común, un espacio de personas encerradas en si mismas.Nada comparten. Son seres singulares que nada tienen que ver con los demás, que no se relacionan, porque no establecen vínculos, no hallan nada que los una a los demás solitarios. Son un mundo propio y viven en su mundo, vueltos sobre si mismos. No ven ni necesitan ver a los demás, cuya compañía rechazan. No comparten una misma visión del mundo, ni tratan de comunicarla, ni imponerla.

Un convento, es cambio, es un espacio radicalmente distinto. El verbo latino convenire -de donde deriva la palabra moderna convento-, como cualquier término compuesto a partir del prefijo o del radical con-, se opone a la soledad y la soledad y la reclusión: convenire significa, literalmente, venir juntos; convivir. Un convento es el espacio de acogida de una comunidad. Su establecimiento requiere convenios, acuerdos. Acordar requiere establecer lazos y compartir valores. El diálogo es necesario. La singularidad, el desmarcarse de los demás, el aislarse, no tienen cabida. 

Se trata de un modo de ser y de vida conveniente, que solo es posible si el individuo tiene la capacidad de adaptación, la voluntad de romper las barreras que le impiden acercarse a los demás. 

El convento se presenta así como un modelo de vida en común; una comunidad modélica que acepta la convivencia y rechaza la exclusión. Un convento es, o debería ser, un lugar de intercambio, donde se comparten valores y se intercambian bienes y principios, donde la apertura y no la cerrazón debe regir la vida comunitaria. Nadie debe destacar, como si poseyera lo que los demás no tienen, ni pueden acceder a dicho bien. Una comunidad de lazos y afectos que se preocupa por los demás antes que por uno mismo. 

Dos modelos de estar en el mundo. Entre la estrella fugaz y la constelación. Dos concepciones de la vida en la tierra.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Transmisión

 Sabemos que la ciencia de la Grecia antigua se habría perdido quizá siempre, si no hubiera sido por los esfuerzos de los sabios árabes que se interesaron, tradujeron, preservaron y divulgaron los tratados filosóficos, astronómicos, médicos, matemáticos y de ciencias naturales griegos.

Esta tarea salvadora aconteció cuando la conquista árabe del Mediterráneo oriental, en decadencia tras el fugaz renacer bizantino del imperio de Justiniano.

El Próximo Orienta, en la segunda mitad del primer milenio, tras la caída del imperio romano occidental, hacía tiempo que ya no era politeísta. Dos religiones, ambas monoteístas , se imponían, antes de la llegada del islam : el cristianismo y el mazdeísmo (o Zoroastrismo). 

Mientras en el Mediterráneo occidental se asentaba un cristianismo paulino, que sostenía que Jesús y Cristo eran dos personas (dos naturalezas) en una (en una persona), el Mediterráneo oriental estaba recorrido por el nestorianismo, una versión del cristianismo que afirmaba que Cristo era dios disfrazado de Jesús (de ser humano). Su humanidad era solo una apariencia que permitía que la divinidad se manifestara. La discusión afectaba también la condición de la madre de Jesús, considerada la madre de dios en occidente, y madre de un humano en oriente -lo que evitaba que compitiera con Cristo en divinidad.

Hoy el nestorianismo se ha fundido con el catolicismo; hace mil quinientos años, las discusiones sobre quién era y qué era el mesías o quién se proclamaba mesías dieron lugar a un violento cisma.

Quienes tradujeron los textos griegos al árabe fueron los nestorianos -cuya concepción del hijo de dios que ponía el acento no en su carácter humano, sino en su condición divina, los acercaba al islam-. 

De este modo, se produjo un encuentro entre paganismo, cristianismo e islam, que tardaría siglos -o más de un milenio- en volverse a producir. Si es que se produjo.


Debo estos datos a una brillante tesis doctoral, que pronto se publicará en el Líbano en francés, de la doctora Narmeen Alí. Sus conocimientos del árabe, el kurdo, el latín y el griego, y el francés le han permitido acceder a textos en lengua original. 

martes, 16 de diciembre de 2025

La medalla (Cancelación)




La actriz de teatro Nuria Espert ha recibido hoy una alta distinción institucional.
Las autoridades han destacado que la censura de la dictadura del general Franco no logró abatirla. 
Sin embargo, no se recordado que fue ninguneada, en democracia.
El ayuntamiento de la ciudad de Hospitalet de Llobregat, vecina a Barcelona, financió, entre 1975 y 1978, una brillante Escuela de Estudios Artísticos. Se impartían estudios de cine, dirigidos por el cineasta Jordi Cadena, de artes plásticas, a cargo del pintor Joan Hernández Pijuán, y de teatro, con el director de teatro Ricard Salvat y la actriz Nuria Espert. 
Los estudios duraban dos años, y concedían importancia al contacto con el medio, y a las prácticas. El curso de primero de cine requería la asistencia a la filmación de la película de Jordi Cadena, La oscura historia de la prima Montse, basada en ls novela de Juan Marsé, con las actuaciones de la actriz y cantante Ana Belén, del cantante (fallecido) Ovidi Montllor, y de la actriz, “performer” o stripper (fallecida), musa del poeta Joan Brossa, Christa Leem -una discutible película cuya razón de ser, explicaba el director, en clase, era lograr la película española con más tetas y culos de la historia.

Los estudiantes de segundo curso, en 1977-1978, se declararon en huelga durante casi todo el curso. Querían denunciar que la Escuela había virado hacia el “star system”, lo que contradecía, se sostenía, los postulados de la escuela. Esta peligrosa inclinación se manifestaba por la presencia de la “estrella”, la actriz Nuria Espert.
Al acabar el curso, el ayuntamiento decidió clausurar la escuela para siempre.
Nuria Espert ya no pudo impartir clases. 







domingo, 14 de diciembre de 2025

Divino encuentro (o Politeísmo y Monoteísmo)

 




Procesión durante la cual la Virgen María de Montserrat de Sevilla visita a la Moreneta de Montserrat, cerca de Barcelona.

La Moreneta es el nombre de la Virgen María de Montserrat, que es una “virgen negra” (de piel ennegrecida por el humo de las velas, sin duda).

¿Son las estatuas dos imágenes diferentes de un mismo ser, o representan a dos seres distintos? ¿La diferencia reside en la imagen o en el modelo?

Un encuentro ocurre entre dos seres diferentes. El único encuentro que un ser, cada uno de nosotros, puede tener consigo mismo es a través del espejo.
Pero las estatuas no son solo imágenes, sino “verdaderas” imágenes, imágenes que coinciden con el modelo. Entre el modelo y la imagen no hay diferencia. Quien se enfrenta a una imagen se enfrenta a un modelo.

Así, según se desprende de la noticia,  dado que las estatuas son consideradas diferentes, deben representar —o deben estar relacionadas con— dos seres distintos.

El fiel no reza de manera indiferente a una estatua. Elige cuidadosamente ante qué estatua situarse. Esto significa que elige con qué ser desea conectarse. Y la elección, lógicamente —si la lógica profana puede aplicarse a los misterios— indica que los modelos son diferentes.

Así pues, la Virgen de Montserrat en Sevilla es (y no es) diferente de la Virgen de Montserrat (o Moreneta) de Montserrat.

Esto, por supuesto, es lógico, pero no posible, porque solo hay una Virgen y porque ella es un ser humano, no una divinidad, y aún menos dos divinidades.

Pero, como en la Antigua Grecia el Apolo de Delfos no era el mismo que el Apolo de Delos —y se representaba de manera diferente—, la Virgen María de Montserrat en Sevilla es diferente de la Virgen María de Montserrat en Montserrat.

De algún modo, nosotros, como seres humanos, tenemos distintos rostros. Uno el mismo dando una clase que escribiendo en un blog. Nos expresamos de manera diferente. Mostramos distintos aspectos de uno mismo. Somos —y no somos— la suma de todas nuestras imágenes. Tenemos distintos roles como profesionales, amigos, amantes, padres… y los roles que desempeñamos son tan diferentes, las maneras en que actuamos son tan distinguibles —uno puede ser severo como profesor o como padre, tolerante como amigo o como colega—, que de hecho resulta difícil incluso para nosotros mismos tener la impresión de que somos la misma persona en situaciones tan distintas.

Así, este encuentro religioso anunciado por las noticias revela en realidad cuán complejos somos, cuán misteriosas, imaginativas y creativas son nuestras creencias —en seres divinos o humanos—, cuán rica y compleja es nuestra percepción del mundo, y cuán sutil y matizada es la diferencia entre el politeísmo y el monoteísmo

lunes, 8 de diciembre de 2025

Misterio o el 8 de diciembre




8 de diciembre: fiesta de la Inmaculada Concepción de María en los países de religión católica o protestante mayoritaria o por decreto. No así en los países de religión ortodoxa.

Una concepción que es un oxímoron. Revela una contradicción o una imposibilidad que solo una gracia sobrenatural salva.

Los humanos nacemos marcados por un doble crimen: la desobediencia de Adán y Eva, la pareja primigenia, probando el fruto prohibido cuya ingesta mágicamente les habría convertido en dioses así su creador no hubiera borrado este don milagroso, un borrado deficiente que dejó para siempre una mancha indeleble que el paso de los siglos y de las generaciones no logró atenuar, y el crimen de Caín, hijo de Adán y Eva, ya ensombrecido por el mal, que asesinó a su hermano Abel por el injusto e inexplicable favoritismo que recibía del creador.

El dios cristiano es al mismo tiempo un ser humano -lo tiene que ser: solo así puede cumplir con su promesa de liberar a la humanidad de su falta inicial, liberación que pasa por su muerte a causa de nuestros males originados por el mal inicial que nos marca como un hierro candente, que nos esclaviza. La última falta, el último crimen que cometemos es la ejecución de la divinidad -o de su faceta humana, que se repite o se rememora cada año por pascua, cuando el mal del invierno llega a su fin. Cometiéndolo, agotamos al fin el poder destructor de la falta inicial siempre presente. Desde entonces, estamos libres de culpa.

Mas, en tanto que divinidad, el dios cristiano no está mancillado. Sí debería estarlo su faceta humana -si quiere ser un ser humano a parte entera, cuya muerte humana causada por nosotros nos libera del mal tras haber cometido el último crimen, tras haber gastado el último cartucho maléfico. 

En este caso, sin embargo, la faceta divina prevalece y la cara humana de la divinidad no queda afectada por el mal humano original.

En tanto que ser humano, o mejor dicho, para ser un humano, tiene la divinidad que tener un alumbramiento humano, una concepción y un nacimiento que imprime el mal en el cuerpo del recién nacido. La impresión viene causada por la madre, y el hijo a su vez transmitirá esta falta originaria que nos predispone a hacer el mal  -una predisposición innata de la que somos culpables en tanto que humanos, e inocentes puesto que nos ha sido impuesta.

Si el dios cristiano nace sin mancha necesariamente su madre a su vez tiene que estar liberada de tal falta.

Que lo esté su hijo puede explicarse, porque además de ser un humano, es también una divinidad.

Pero ¿su madre? Si no posee una mancha, solo puede ser una diosa. Pero las diosas solo pueden alumbrar a divinidades, no a humanos.

Solo un milagro, la intervención de un deus ex machina puede solventar esta contradicción irresoluble…. Una humana que no es una humana que alumbra a un ser humano que es una divinidad.


(La teología, la magia, la poesía, la física cuántica y la filosofía son fascinantes,  porque se enfrenten serenamente a la absurdidad de la vida y tratan de hallar una razón a la irracionalidad). La ciencia y ls técnica, por el contrario, solo quieren ver la luz.

De ahí la grandeza de la arquitectura -que no de la construcción- que sabe ver las alturas y el abismo.

Pero hoy la arquitectura se inclina peligrosamente hacia la mera materialidad de la construcción. Ya no cree que las piedras puedes desplazarse solas y disponerse donde les toca, mientras los héroes gemelos  Zeto y Anfión logran con su música y sus versos que la materia se libere del peso que la atenaza y la embrutece y levite.

domingo, 7 de diciembre de 2025

Descolonizar

 Un verbo ha irrumpido, zarandeando los muros más sólidos de  museos europeos y norteamericanos: descolonizar.

El prefijo de-, del latín dis-, indica la reversión de una acción. Descolonizar significa revertir, anular el acto de colonizar: no solo se pone freno, sino que se restaura lo que ha sido alterado -cultura, creencias, juicios y prejuicios- por la colonización.

Cabe preguntarse si este verbo es apropiado.

La descolonización museística conlleva la explicación detallada de lo que aconteció para que la obra expuesta haya tenido lugar: trabajadores, condiciones de trabajo, materiales empleados, extracción de los mismos, modelos artísticos y temáticos impuestos, censuras, condiciones de venta, intercambio o expolio, etc.

La pregunta que quizá cabría hacerse es : ¿qué sentido, qué función cumplen estos datos? ¿Cómo afectan, si es que afectan, el juicio que la obra merece -pues un museo expone al juicio público unas obras para que sean percibidas e interpretadas, enriqueciendo, corroborando, contrastando o negando la visión del mundo de cada visitante?. La confrontación con la obra, en algunos casos, puede provocar un replanteo de lo que somos y de lo que hacemos. La obra es un espejo que nos revela lo que somos y nos manifiesta lo que no  podemos o queremos ver. 

¿Como debemos percibir una obra de arte? ¿Informados o desinformados? El encuentro con la obra debe darse a cara limpia, o con la lección aprendida?

Ambas concepciones tienen sus defensores.  La información puede ayudar a apreciar y a entender una obra, o puede distorsionar nuestro aprecio, nuestro disfrute, o nuestro aprendizaje. La lección estética y moral que una obra nos da puede fracasar, o llegarnos con más claridad si no acudimos ante una obra con las manos en los bolsillos.

La descolonización museística no cambia la historia, pero puede ayudarnos a entenderla mejor -para no repetirla. Puede beneficiar la comprensión de la obra y entender el complejo trasfondo que la ha alumbrado, un complejo en el que el sometimiento, el dolor y la rabia han podido estar presente, como posiblemente ha estado rondando en muchas obras desde los albores de la historia. ¿Cuántos muertos carga sobre sus espaldas el Partenón, las tumbas de la primera dinastía China, o las pirámides de Tenochtitlan? Y ¿cuántas esperanzas han despertado o han quebrado? 

Las obras de arte pueden poner buena cara al mal tiempo. Saberlo no impedirá que esta fenómeno se haya dado y pueda volverse a dar. Pero nos ayudará quizá a entender que la obra de arte es una creación humana y, por tanto, una creación en la que se mezcla la ilusión y la mezquindad, el desprendimiento y la imposición; la muerte incluso. 

La creación blanca, sin vergüenzas, es angelical: no es humana. Saberlo no implica aceptarlo. No cabe justificación alguna. Solo tratar por todos los medios de reparar al momento el daño, quizá inevitable, cometido, una reparación que no es un blanqueo sino un reconocimiento -sin aspavientos, resentimientos, dedos acusadores, ni golpes en el pecho, para aliviar la conciencia- que cualquier acción creativa es violenta -y necesaria, y posiblemente imposible de liberar de la violencia. 


viernes, 5 de diciembre de 2025

Santa Faz

 Los dioses politeístas tenían  un rostro: el que, aún siendo invisibles y no sabiéndose qué forma tenían, adoptaban cuando se disfrazaban de un ser humano cercano o al menos conocido, y aparecían ante quien instruir o advertir.   Las imágenes también los dotaban de un rostro característico que facilitaba el reconocimiento de la divinidad cuya naturaleza espiritual se manifestaba a través de su imagen pintada o esculpida. 

Todos sabían que las imágenes no eran un verdadero retrato, entre otras razones, porque los dioses no poseían un cuerpo material, pero se asumía que las plegarias dirigidas a la imagen se transferirían a la divinidad si ésta, desmaterializada -o inmaterial-, no se hallaba en la imagen.

Este juego complejo entre visible e invisible es más sencillo con el cristianismo. Puesto que la divinidad era, al mismo tiempo, un ser humano, poseía un rostro que podía ser plasmado en una imagen. Ésta era un verdadero retrato, es decir, era la representación o la duplicación incluso de los rasgos del rostro reproducido. Dichos retratos se basaban en un retrato primigenio: la impresión del rostro del dios-humano (la impresión del rostro de su “faceta” humana) en una tela cuando se secó el rostro empapado de sudor durante un esfuerzo -la ascensión del monte Gólgota, cargando la cruz en la que sería clavado tras haber sido condenado a muerte.

Este juego no existe en el Islam. El dios es invisible e informe. Es una luz y un nombre (una multitud de nombres cuya totalidad es desconocida, fuera del alcance del ser humano).

Mas, cuando éste vence a la muerte, deviene un inmortal y entra donde hubiera pasado sus días si no hubiera sido expulsado por sus fechorías, inevitables en todo ser humano -son las faltas las que lo convierten en un humano-, el Paraíso, la faz de la divinidad se le aparece: revela su rostro verdadero; un rostro que solo alcanzan a contemplar después de la muerte. Un rostro que rechaza mostrarse en la tierra; un rostro que le es propio, que los ojos humanos no pueden ver o reconocer.


PS: de las lecciones comunicadas en un taller sobre arte y religión en París . 





viernes, 21 de noviembre de 2025

Babia, a lo lejos






Ha pasado un ángel. ¿Quién no se ha quedado en silencio, la mirada perdida, ajeno a lo que le rodea, como si estuviera en Babia? Babia, El País de Nunca Jamás, la ínsula de Barataria, El País de las Maravillas, La Ciudad Esmeralda: países o ciudades a los que se sueña ir, cuyo viaje se realiza en sueños o en una ensoñación, y de los que cuesta regresar.

 

Babia es un lugar fascinante, que atrae y atrapa. Alejado, pero no inaccesible, al que se llega a menudo inesperadamente. Por esto mismo, la reflexión sobre lo qué es el arte y la función o el sentido de la obra de arte, que requiere toda nuestra atención, con los sentidos en alerta y la mente dispuesta a descifrar las sensaciones que le llegan, exige que nos alejemos de Babia. Mas, cuando estamos atentos ante una obra de arte, nos aislamos en la contemplación de la imagen, como si la obra nos transportara a Babia. Interrogarse sobre la creación artística e interpretarla para descubrir su razón de ser y su necesidad exige, en un movimiento imposible, estar, a un tiempo, en y lejos de Babia.

 

Babia, a lo lejos es un breviario sobre la enseñanza de la teoría del arte y la arquitectura, sobre cómo, qué y porqué se enseña a interpretar la creación humana. Comprende notas, ordenadas alfabéticamente, tomadas antes y después de las clases. El texto comenta algunos de los criterios o conceptos más habitualmente utilizados a la hora de apreciar y estudiar la creación artística, ayer y hoy, en diversas culturas. Y, al cierre del libro, asume una paradoja: el paso de un ángel, camino de Babia, acontece en silencio, dando la callada por respuesta.

 

Ediciones Asimétricas, Madrid

ISBN: 979-13-87634-15-5
Formato: 13 x 21 cm.
Páginas: 220
Encuadernación: Rústica

Primera edición: 14 de noviembre de 2025
PVP: 24,00 €


Dibujos Roger Adell





El mago de Oz: la Ciudad Esmeralda, 1939

Dibujo: Roger Adell 


NB: La publicación del libro fue anunciada el 1 de noviembre en este blog 

sábado, 1 de noviembre de 2025

Babia, a lo lejos (ilustraciones: Roget Adell, Ediciones Asimétricas, Madrid, noviembre de 2025)

 



Ediciones Asimétricas publicará en noviembre, generosamente y con mucho cuidado, este libro que recoge una parte de las clases que el autor ha impartido en los últimos años.

Las ilustraciones son del Roger Adell 


Agradecimientos a la editorial, a Roger Adell y a los estudiantes sin cuyas intervenciones, observaciones, preguntas y comentarios este libro no habría existido. Un libro que recoge un diálogo interior y en voz alta con estudiantes de arquitectura.


Contraportada :

Descripción 

Ha pasado un ángel. ¿Quién no se ha quedado en silencio, la mirada perdida, ajeno a lo que le rodea, como si estuviera en Babia? Babia, El País de Nunca Jamás, la ínsula de Barataria, El País de las Maravillas, La Ciudad Esmeralda: países o ciudades a los que se sueña ir, cuyo viaje se realiza en sueños o en una ensoñación, y de los que cuesta regresar.

 

Babia es un lugar fascinante, que atrae y atrapa. Alejado, pero no inaccesible, al que se llega a menudo inesperadamente. Por esto mismo, la reflexión sobre lo qué es el arte y la función o el sentido de la obra de arte, que requiere toda nuestra atención, con los sentidos en alerta y la mente dispuesta a descifrar las sensaciones que le llegan, exige que nos alejemos de Babia. Mas, cuando estamos atentos ante una obra de arte, nos aislamos en la contemplación de la imagen, como si la obra nos transportara a Babia. Interrogarse sobre la creación artística e interpretarla para descubrir su razón de ser y su necesidad exige, en un movimiento imposible, estar, a un tiempo, en y lejos de Babia.

 

Babia, a lo lejos es un breviario sobre la enseñanza de la teoría del arte y la arquitectura, sobre cómo, qué y porqué se enseña a interpretar la creación humana. Comprende notas, ordenadas alfabéticamente, tomadas antes y después de las clases. El texto comenta algunos de los criterios o conceptos más habitualmente utilizados a la hora de apreciar y estudiar la creación artística, ayer y hoy, en diversas culturas. Y, al cierre del libro, asume una paradoja: el paso de un ángel, camino de Babia, acontece en silencio, dando la callada por respuesta.

 

sábado, 25 de octubre de 2025

Mal sabor

 Hacemos algo, tomamos una decisión de lo que nos avergonzamos. Hemos actuado forzados, movidos por la ira, el despecho o el entusiasmo, pero sin pensar, movidos por un impulso súbito, y no hemos medido las consecuencias. El gesto o la palabra han sido imprudentes, o dañinos. Y nos arrepentimos, tras tener un mal sabor de boca por nuestro error, consciente o no. Un sabor amargo que nos invade y nos deja en mal lugar.

Un mal sabor: un sabor descalificado desde el punto de vista ético; nos hace daño y daña nuestro entorno, nuestras relaciones. Nos envenena, envenena éstas. La acritud nos corroe. 

El daño cometido deja una huella sensible. La percibimos. Destaca que hemos mordido o ingerido lo que no hubiéramos tenido ni siquiera que probar. Nuestra propia vida podría  haber quedado afectada por la acidez que nos ahoga.

Podríamos escupir para liberarnos de este veneno que nos hemos creado. Un veneno del que no podremos librarnos fácilmente. El mal está hecho, y el daño es imborrable. No se puede dar marcha atrás. Como si arrastráramos una pesada bolsa y una cadena, avanzaremos desde entonces con dificultad, bajo el peso de la culpa.

La ética, el bien y el mal, lo que nos colma y llena de gozo a los demás, y lo que nos corroe y avergüenza, y rompe nuestras relaciones, se percibe con el gusto. 

El sentido del gusto, por el gusto o el disgusto que sentimos, nos da la medidas de la pertinencia o impertinencia de nuestras acciones. 

Lejos de ser un sentido inferior, comparado con la vista o el oído, el gusto nos hace “sentir” físicamente las consecuencias de nuestra decisiones, dejándonos con un sabor de boca del que no logramos librarnos. El mal gusto que exhibimos cuando operamos a conciencia dañinamente es literalmente un sabor ácido o repugnante que nos corta la respiración y nos impide comer o beber. Al igual que un veneno ingerido voluntariamente o no, el daño está hecho. Solo cabe asumir y cargas con las consecuencias. Quizá mortales, como la acidez que nos embarga, y causa dolores insoportables nos hace sentir.

El gusto no es un sentido menor:  es lo que, en fin, nos permite calibrar la dulzura o la corrosión que nuestras palabras o nuestras acciones causan, dando frutos, o provocando la aridez definitiva alrededor nuestro. Sin gusto solo podemos actuar a ciegas. Sin gusto no existe ni puede existir la red de relaciones que nos mantiene en vida, que nos conecta con el mundo. 


PS: el museo Picasso de Barcelona , bajo la dirección de una de las mejores teóricas de las artes actuales en España, la profesora Jéssica Jaques (UAB, Barcelona), organiza, en diciembre, un congreso sobre la facultad del gusto, sobre la que la profesora Jaques lleva años investigando.




domingo, 12 de octubre de 2025

La fenomenología del meme

 Un meme -una palabra creada hace unos cincuenta años- designa una imagen (fija o en movimientos) en la que chocan texto e ilustración. De las chispas del choque, casi siempre cómico, irónico o sarcástico, se desvela, fugaz y fulgurantemente, una cara de la realidad que siempre estuvo allí, pero que nadie había visto o querido ver. 

El meme despelleja la realidad y libra lo que las imágenes y las palabras pomposas, la palabrería, recubren como un exceso de nata de bote sobre un pastel casero tambaleante. El meme expone con gracia y estilete la poca gracia de la realidad.

El meme bebe más del collage surrealista que de la viñeta cómica o de la tira cómica periodística. Las imágenes proceden del pozo sin fondo de internet. El comentario personal, agudo, sibilino, elegante y cortante surge con fuerza -cuando se hubiera querido mantener a escondidas-. Y las redes sociales divulgan la ocurrencia -que es algo más y algo distinto a una ocurrencia, porque lo que sacan a la luz no volverá a la oscuridad y ya no será posible ver de la misma manera la realidad. 

La circulación incontrolable, imprevisible, del meme lleva a que un meme nazca de otro meme, formándose una cadena que va rascando la caspa, la costra, la falsedad o nimiedad de la realidad que la imagen -que el meme sacude- aureola con una luz que solo puede suscitar la burla por el brillo involuntariamente gratuito, barato, absurdo o grotesco, cuando quería deslumbrar.

Lo que el meme expone no se puede resumir ni contar. Se tiene que ver y leer. En ocasiones, el estupor, o la incomprensión invade el espectador. ante el humor británico o salvaje -pero nunca grosero ni torpe. Hasta que, de pronto, se entra en el juego y se pierde pie. El meme es irresistible, y siempre sorpresivo. Su acidez decapa los revestimientos que esconden imperfecciones y sobre todo las vergüenzas, y el rey queda desnudo. 

Pero la verdad no se impone como una proclama. El meme no canta la verdad. No es un edicto ni un tratado de moral. No da consejos. No se burla por el placer de burlarse, sino que hace estallar las costuras de un traje tan estrecho que pretende hacer pasar por finura la bastedad. 

La verdad solo está en la mirada del espectador que entiende lo que el meme apunta y completa el texto que sugiere en silencio. El meme es silencioso. Su efecto es atronador. Y las proclamas huecas, desde entonces, solo provocar el arqueo de cejas.

El meme mata la indignidad de quien se pavonea, hinchado como un ratón  que se creyó un  león.


Agradecimientos a Rosa Llinás y Elisa Vegue, arquitectas y teóricas del meme, en las horas muertas esperando, sentados en el polvo, en una misión arqueológica en el desierto, que tras en último golpe de piolet en la tierra, aparezca la tapa de un tesoro (lleno), mientras que solo se recogen restos cerámicos polvorientos -pero imprescindibles para conocer, entender y aceptar el destructivo paso del tiempo en las perdidas huellas del pasado humano.

Amén 




jueves, 9 de octubre de 2025

La política cultural del imperio asirio

 Entre los comunicados y la realidad, bien sabemos hoy la diferencia que media.

Aún hoy en día, la imagen que traducen los descomunales relieves asirios (neo-asirios, de los siglos VIII y VII aC) tallados en bloques de piedra, extraídos de los palacios imperiales de Nínive, Nimrud y Dur Sharrukin, principalmente, los muros de cuyas estancias reales y de cuyos patios ornaban, exhibiendo escenas feroces o crueles - matanzas de animales y de humanos, trabajos extenuantes, asedios, máquinas de guerra, ejecuciones, etc- y la presencia de genios protectores y dioses con caras de pocos amigos, que debían encoger el ánimo de quienes el emperador recibía, encogimiento acentuado por el despliegue de la riqueza y la magnificencia de las posesiones asirias-, sorprende, irrita e impresiona. La perfección técnica y la ostentación de poderío, en los relieves palaciegos,  pocas veces ha sido igualadas.

El impacto sobrecogedor de las imágenes era buscado. ¿Quién iba a atreverse a toserle al emperador asirio, a la vista de lo que era capaz? ¿No desfilaban los representantes de los pueblos conquistados y sometidos portando ofrendas? La genuflexión y la temerosa caída de ojos era todo lo que podía hacer frente al monarca.

Sin embargo, la arqueología da un tono muy distinto. Ciudades que se sabe fueron conquistadas por el imperio asirio e incluidas en su esquema político, cultural y militar, no dejan traslucir, cuando se estudian con detalle los restos de casas, talleres, y tablillas con los datos contables, el arrasamiento de pueblos y de culturas -matanzas, genocidios, desplazamientos de poblaciones- y su prohibición, su desaparición o su conversión. Nada ni nadie era aniquilado.

Por el contrario, los asirios asumían las culturas de las poblaciones conquistadas, que seguían vivas y que, a menudo, producían hibridaciones de gran belleza e interés. Se producía a menudo un arte tan asirio como no asirio y, sobre todo, un arte que resultaba de un doble linaje integrado sin censura en una obra de un tipo nuevo.

La imagen de inflexibilidad, crueldad e inclemencia del poder asirio era una imagen que se creqba intencionadamente, se comunicaba y se extendía, en verdad, como una medida de protección. De puertas para adentro, la realidad era muy distinta, y culturas supuestamente reducidas a cenizas proseguían y fecundaban las artes asirías.

Hoy no solemos proclamar y defender la destrucción del otro. Antes bien, votamos por la concordia. La realidad, sin embargo….


A partir de los comentarios y observaciones de la directora de la misión arqueológica de Qasr Shemamok en Iraq, a la vista de la cerámica hallada en el yacimiento de una ciudad medio y neo-asirias.

Los errores son imputables solo al autor del texto.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Arquitectura y botánica

 “La buena arquitectura tiene mucho de las plantas. Y esto en el detalle -que es la modulación de las formas y permite conducir un edificio de abajo a arriba como un organismo vegetal (para la vista).

La ley del crecimiento debe sentirse.  Igualmente la ley del cuidado de las aperturas.- una ventana no debe ser un agujero horadado como con un taladro en una plancha de madera, sino como el resultado final de leyes internas, como la mucosa y el modelado de orificios naturales (…)

La analogía no consiste en la imitación de las formas, sino de leyes traspuestas.” (1917)

(Paul Valéry: “Arte y estética “, Cuadernos, II )






sábado, 16 de agosto de 2025

“Like”

 Habiendo sabido que en el lejano occidente existían pintores capaces de duplicar la realidad, el emperador chino mandó que del lejano occidente  trajeran uno de esos artistas de inmediato. 

Apenas el pintor veneciano, meses más tarde, llegó a la corte celestial, el hijo del cielo le ordenó retratar a la emperatriz. Ningún pintor chino había logrado reproducir la belleza de su rostro.

El pinto explicó que la emperatriz debería posar ante él durante largas horas a lo largo de días, pero concluyó que el emperador quedaría satisfecho. 

Durante semanas el emperador fue preguntando por la evolución del retrato. Pero se abstuvo de penetrar en el estudio que se había habilitado para la ocasión.

Llegó el dia.

La corte se ufanó en llegar a tiempo en la sala del trono en la que, cubierto por una tela que lo ocultaba, un caballete presidía la estancia. 

A petición del emperador, el pintor descorrió la tela. Arrestad y ejecutad al pintor, ordenó el emperador, antes la estupefacción y el horror del artista, quien suplicó el emperador le dijera qué no le gustaba, en qué se había equivocado, para corregir de inmediato el error.

No era un error, respondió secamente el hijo del cielo, sino un atentado intencionado. Había desfigurado a la emperatriz.

El pintor y sus asistentes italianos no daban crédito. No entendían a qué se refería el emperador del Reino Celestial. Era la obra maestra del pintor. El retrato parecía a punto de cobrar vida.

Antes de salir de la sala del trono y que el pintor fuera decapitado, el emperador señaló unas manchas oscuras en el retrato. ¿Así que considerada que la cara de la emperatriz estaba ensombrecida?  

Antes de morir el pintor entendió, demasiado tarde, que el emperador creía en la capacidad de la pintura de reproducir todos los rasgos, por mínimos o escasamente visibles que fueran, por lo que la mancha oscura, que era la sombra que la nariz vertía en la mejilla, no era la representación de algo impalpable y transitorio, sino la representación de una mancha realmente existente, lo que indicaba que el pintor encontraba que el rostro de la emperatriz estaba afeado por una mancha que nadie había visto o que nadie se había atrevido a señalar, poniendo así en evidencia a la emperatriz, y al emperador, un iluso.

El pintor podría haber sido Lorenzo Lotto. Había fracasado como retratista en Venecia. Lotto era incapaz de embellecer a sus figuras. Sus retratos eran fieles a la apariencia de las personas que le encargaban un retrato. A nadie le gustaba verse como era. Lotto tuvo que abandonar la profesión. Cayó en el olvido hasta el siglo XX.

Los retratos renacentistas escondían las imperfecciones de la cara, del cuerpo. Sabemos las dificultades de Piero della Francesca ante el encargo de un retrato del duque de Urbino con una parte del rostro desfigurado. El retrato no muestra al duque de frente, sino de perfil, el perfil agraciado. Un truco que el cantante Julio Iglesias exigió que se utilizara en sus retratos fotográficos.

La pintura y la fotografía son las artes de la ilusión. Mejoran la realidad, esconden las imperfecciones. Crean un mundo ilusorio. Es lo que esperamos que hagan. Bien sabemos que lo que muestran no es lo que veríamos si estuviéremos ante la realidad. Crean un mundo otro, al que, como Alicia, o como Dorothy, querríamos acceder y penetrar  -y escapar a tiempo ante del despertar. La realidad es lo que nos acoge. La ficción, detrás del espejo, solo revela que fascina desde fuera. Por dentro es inconsecuente. Aunque no dejemos de soñar de vivir en un cuento, una vida de cuento. La percepción lúcida de las necesarias diferencias entre el suelo y la vigilia, la realidad y la ficción, es lo que nos define como humanos. Tenemos sueños, pero sabemos que tienen que permanecer como sueños -para seguir haciéndonos soñar.

Hoy la virtud del arte del retrato ha devenido una enfermedad. Recibe el enigmático y vagamente inquietante nombre de “trastorno de dismorfia corporal”, nada más y menos. Una enfermedad fruto de la incapacidad de aceptar la imagen que la fotografía (la horrorosa y cursi palabra de “selfie”) transmite, lo que obliga a recurrir a filtros y aplicaciones de móviles para “mejorar” la imagen hasta que coincida con la imagen que querríamos tener y transmitir.  Querríamos ser la imagen que la fotografía ofrece, sin ser conscientes que la función de la imagen es poner buena cara ante la adversidad, que no somos una insgen.

La función de la imagen mimética, producir una ilusión de la realidad creando un universo fantástico que entusiasma todo y que sabemos que es irreal -y tiene que permanecer en el universo de la ficción- hoy convertida en un síndrome, y nuestro lógico y esperable disgusto ante la imagen espejada de la realidad -como bien sabía la madrastra de Blancanieves-,  percibido como una enfermedad, tema de análisis o de preocupación. Se diría que el disgusto ante una imagen realista es nuevo y problemático, cuando siempre ha existido, sin mayores complicaciones ni implicaciones -salvo para Lotto y el pintor italiano en la corte celestial. 

Algo va mal en nuestra sociedad: el desconocimiento de la historia, en tiempos del eterno presente.








viernes, 15 de agosto de 2025

IRENE GONZÁLEZ & JULIA MOLINA: LA VISITA

 “Hemos hablado con Pedro Azara, arquitecto y autor del ensayo 'La ciudad de los días lejanos', con quien hemos reflexionado sobre los motivos por los que en las ciudades las visitas inesperadas en casa están prácticamente en peligro de extinción.”


https://cadenaser.com/audio/1755122848405/



La visitación






 

El Greco: La Visitación (dos versiones), principios del s. XVII


No, el 15 de agosto no es el aniversario de la Visitación.

Mas, como quien se desplazó fue María cuendo acudió por sorpresa a visitar a su prima Isabel, y hoy, 15 de agosto, es el día de María, es asumible comentar la Visitación hoy.

Un comentario suscitado también por un reciente programa de radio sobre la noción de visita y lo que éste conlleva, ayer y hoy.

La Visitación, un tema propio del arte religioso cristiano, no solo es la obra maestra de El Greco, sino que este cuadro es una de las mejores pinturas del arte occidental.

La imagen representa el encuentro entre María, madre humana del dios cristiano, embarazada del mismo, y su prima Isabel, encinta de Juan Bautista. Éste sería el profeta que anunciaría la divinidad de Jesús, hijo de María.

“Por aquellos días, María se dirigió de prisa a un pueblo de la región montañosa de Judea, y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel” ( Lc, 1, 39).

Esta es la escueta noticia que ha dado lugar a toda una serie de cuadros y estatuas desde la Edad Media.

La representación de la escena por parte de El Greco muestra el encuentro de las dos mujeres, una en el zaguán de una casa, y otra, vista de espaldas, frente a aquélla, que se entiende acude desde fuera. Ambas mujeres togadas están cerca y se intuye la cercanía entre ellas. Se miran. No percibimos sus rostros.

¿Qué nos dice el cuadro sobre lo que es e implica una visita?

Los verbos visitar y ver están emparentados en latín. Visitar, literalmente, significa desplazarse para ver a alguien. El desplazamiento y la mirada se conjugan. La vista es el motivo de la visita. 

Encontrarse con alguien: verla la cara. Una visita exige un cara a cara, un careo.

El rostro es el tercer elemento que delimita el territorio semántico alrededor de la visita. En castellano y catalán, cara y rostro están lejos de la palabra visita. No así en francés: la contemplación de un visage da sentido a una visita. Se produce lo que en castellano se designa con la expresión vis-a-vis.

El encuentro entre María e Isabel tiene lugar en el umbral del hogar de Isabel. María se quedará en casa de su prima hasta el nacimiento de Juan Bautista, tres meses más tarde. Se da por supuesto que Isabel invitará a María a entrar en la casa. 

Pero el momento decisivo que culmina una visita ya ha acontecido cuando las dos personas se han visto las caras.

Una visita es una acción entre dos personas. El encuentro las aísla del resto. Mirarse a las caras no requiere nada más. No es necesario hablar. A la vista ésta lo que cada persona piensa y es. En los rostros se traslucen lo que de verdad sienten, sienten hacia quien visita, hacia quien es el objeto de la visita. El encuentro dura un momento. Al momento, la visita desembocará en un abrazo, una conversación o un rechazo. La visita suspende el tiempo. Dos personas se conocen o se reconocen. Se reconocen como personas. La visita da fe de lo que somos. Revela cómo somos. La visita da pie a una apertura. Instituye o confirma una relación. Hasta que las caras no se han encontrado, el contacto no constituye un hito. La visita marca un inicio, que no se podrá borrar o negar. 

La visita no puede llevarse a cabo, no tiene sentido, con los ojos cerrados. La proximidad física que requiere una vista, la cercanía que instituye, permite que nos veamos reflejados en los ojos de la otra persona. Ésta nos acepta, acepta nuestra imagen, que nos veamos en ella, que entremos a formar parte de su rostro. Nos acoge con y en su mirada.

Así describía el filósofo renacentista Nicolás de Cusa una visita a un templo. El visitante se encuentra con la imagen de la divinidad, pintada en lo alto del ábside. Nota que aquélla lo mira. Y, al acercarse, descubre que su imagen se refleja en los ojos de la imagen, unos ojos pintados con pan de oro que actúen como un espejo. Verse en los ojos de la divinidad significa que ésta nos acepta en su seno, y nos protege y nos defiende con el cerco de sus ojos, y nos redime.

Igual redención acontece en una visita entre humanos. La cercanía, el desvelamiento, la mirada implican la aceptación del otro con sus singularidades y particularidades. Éstas no son un obstáculo. Aceptamos al otro tal como es. La visita confirma lo que somos y confirma que somos capaces de aceptar a los demás, con sus diferencias. La visita es un gesto de magnanimidad, que anula el orgullo y la sensación de superioridad. 

Pues una visita sólo tiene sentido entre iguales que se reconocen como iguales. Si el pantocrator acepta la imagen del fiel es porque la divinidad también es humana, y la visita del fiel confirma la humanidad de la divinidad, la necesidad de dicha humanidad que acerca e  iguala a la divinidad con el ser humano. 

Una visita, en suma, es una acción consustancial al ser humano -solo los humanos se visitan: un encuentro que responde a un deseo y un esfuerzo, no siendo casual sino intencionado- que permite reconocernos como humanos, es decir como iguales.

Una visita no obliga a nada. El objeto de la visita es soberano para aceptarnos o para cerrarnos las puerta. Un portazo que nos obliga a reflexionar sobre lo que somos y lo que hacemos.Tanto la puerta que se abre como la que se cierre nos ayuda a entendernos y a aceptarnos, a aceptar que no podemos imponernos. Nos coloca en nuestro sitio. Nos hace más humanos. Solo los que no miran creen que todas las puertas tienen que abrirse a su paso.