lunes, 11 de julio de 2016

MAJD ABDEL HAMID (1988): PACIFIER (LLAVES DEL RETORNO, 2014)




Una llave es una clave. Abre y cierra puertas. Convierte un espacio en un lugar de acogida o una cárcel. Una llave es necesaria para habitar. Las puertas que dan a la calle -y las que guardan secretos y tesoros- tienen un cerrojo. Las casas se entregan "llaves en mano". La llave es el signo de la posesión, para bien y para mal. Los guardas poseen siempre un manojo de llaves. La llave el medio gracias al cual nos establecemos.
Una llave robada nos mueve al momento al cambio de cerradura. Los ocupas también se apresan a cambiar la cerradura. La llave nos une a un hogar.
En cuanto una llave se pierde, se pierde el espacio propio. El pánico se apodera cuando la llave desaparece. Ya no se podrá regresar de donde venimos.
Somos -habitamos- si poseemos la llave adecuada

La instalación Pacifier consiste en llaves añejas hechas de caramelo de unos doce centímetros de largo. Reproducen llaves de los años cuarenta. Del año 1948, exactamente, cuando habitantes palestinos fueron desposeídos de sus hogares. Se les quitó la llave.
Desde entonces, sueñan con recuperarlas. La llave de los sueños. Es una golosina siempre prometida. Inalcanzable. Que se deshace a poco de tocarla.

Sobre este artista palestino véase, por ejemplo, este enlace

domingo, 10 de julio de 2016

ERIK SATIE (1866-1925): OJIVES (ARCOS OJIVALES, 1880-1889)



Obra que se inspiraría en los arcos de la catedral de Notre Dame de París

BENJAMIN BRITTEN (1913-1976): THE BUILDING OF THE HOUSE (LA CONSTRUCCIÓN DE UNA CASA, 1976)



Esta obra compuesta para la inauguración de un auditorio, se basa en el Salmo 127:

"Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles.
Si el señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.
En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde,
para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados."










El primer concurso de pintura

Que agon, en griego, significara trabajo pero también lucha o competición, quizá haya marcado la historia -a menos que haya sido el reflejo de un impulso humano.
Ya el mito de Atenea y Aracne contaba la trágica contienda entre dos tejedoras, una divina -Atenea- y otra humana. Aracne se vanagloriaba de tejer más rápidamente y de realizar dibujos mucho más finos en los que las puntadas no se distinguían a simple vista que la diosa y demostró, tras una contienda, que no mentía, por lo que la diosa, colérica, la metamorfoseó en una araña. así Aracne (que significa Araña) podría dedicarse a su pasatiempo favorito toda la vida.
Este tipo de relato que narra un enfrentamiento entre un dios y un imprudente o iluso héroe hábil en la práctica artística, que acaba cruelmente para aquél, no es extraño en la mitología griega. Marsias fue colgado boca abajo de un árbol y despellejado vivo por haberse atrevido a competir con el dios Apolo en la interpretación de la flauta. Los dioses griegos no soportaban la emulación.
Las vidas de los artistas griegos, más o menos verdaderas, están salpicadas de anécdotas que contaban la rivalidad entre artistas -una versión moderna, quizá más sórdida, relata el enfrentamiento entre Barceló y un ayudante suyo (o un artista rival). Sea o no cierta la acusación, sí sigue un modelo clásica que muestra como la obra de arte es el fruto de una lucha, entre artistas, o entre un artista y consigo mismo, con sus fantasmas y temores, como contaba Louise Bourgeois. 
Estas luchas podían tener lugar durante competiciones reguladas como la que se estableció entre Policleto, Fidias y otros escultores, para determinar quién ejecutaría la estatua de la Amazona Herida para el templo de Ártemis en Éfeso. En otros casos, la lucha era más juguetona o ensañada. Las sucesivas intervenciones de los pintores Zeuxis y Parrasio, a escondidas uno del otro, en un mismo cuadro para determinar quien lograría una composición más ilusionista, entraron pronto en la leyenda.

Los Juegos píticos tenían lugar en Delfos cada cuatro años, un año antes que los Juegos Olímpicos. Su antigüedad es cierta, si bien se desconoce cuando se llevaron a cabo por vez primera. Una reforma en el siglo VI aC determinó la manera como se llevarían a cabo hasta el siglo V dC. 
Los Juegos, cuentan los mitos, fueron instituidos por el dios Apolo. Como cualquier juego, no consistían en una actividad profana -"lúdica"- sino sagrada. Apolo había logrado apoderarse de Delfos tras una dura contienda con la diosa ancestral que velaba en aquel lugar montañoso, tan antigua que tenía la forma de una descomunal serpiente. Se llamaba Pitón y era hija o nieta de la diosa de la tierra, Gea, a quien algunos autores antiguos atribuían la primera propiedad de Delfos. Una versión tardía aclarada la inquina con la que Apolo se enfrentó a Piton, cuyo cuerpo troceó y cuyos restos dejó pudrir (puthô, en griego, significaba dejar pudrir): Apolo y su hermana gemela Ártemis eran hijos ilegítimos. Nacieron de la unión de Leto y Zeus -o de la violación de la diosa-. Habiendo tenido noticias del engaño, Hera, la esposa de Zeus, envió a Pitón para que persiguiera a Leto y le impidiera descansar para dar a luz.
Pero Pitón era una divinidad. Apolo debía expiar el crimen. Es por esta razón que instituyó los Juegos píticos, y por lo que la sacerdotisa que enunciaba los designios del dios, sentada sobre la tumba de pitón, en el centro del templo de Apolo, se llamaba la Pitia. La voz con la que balbuceaba las palabras de Apolo provenían de las profundidades de la tierra.
Los juegos consistían en una composición poético-musical cuyo tema era la lucha de Apolo y Pitón. Posteriormente, competiciones deportivas -como las carreras de carro- similares a las que se llevaban a cabo durante los Juegos olímpicos, se añadieron al programa de los actos religiosos. Finalmente, en el siglo V aC, un concurso de pintura fue introducido. Timagoras de Calcis venció al hermano de Fidias, Panaino, quien, a su vez compitió en Corinto.
Se competía en habilidad y en ingenio. Las obras debían engañar los sentidos -humanos y divinos, si bien se suponía que los dioses se dejaban engañar. Las obras se copiaban, se citaban, se reproducían, precisamente para mostrar, con leves modificaciones, como un mismo texto podía adquirir valores insospechados gracias a levísimos cambios, que testimoniaban del ingenio, de la mano diestra y de la mano izquierda del artista. La obra de arte no se realizaba en un taller solitario, a escondidas, sino a plena luz del día. Era el fruto de un juego. Apenas se declaraba un vencedor se organizaba un nuevo juego. Las victorias humanas duraban lo que dura un juego: un soplo. 

viernes, 8 de julio de 2016

ALAN SCHNEIDER (1917-1984): FILM (1966)

http://vk.com/video215794515_167660656



La "autoría" -la dirección- de este cortometraje mudo en blanco y negro suele ser atribuida  al autor de teatro y novelista Samuel Beckett, cuando éste fue el guionista.
La obra fue escrita para Charles Chaplin si bien acabó interpretada por Buster Keaton.
Una obra maestra que se puede ver creo que legalmente en el enlace aquí arriba.

Nota: En Google se encuentran más enlaces a este archivo de películas experimentales

Estatuas egipcias y griegas





La relación entre Egipto y Grecia, más sostenida que lo que los historiadores han creído a veces -quizá para salvaguardar la pureza o superioridad de la cultura griega, cuando, en verdad, son los contactos fructíferos los que enriquecen a una cultura y revelan, en la medida en la que una cultura es interpretada y elaborada por otra, su capacidad por recrear -transfigurar, cambiar- el mundo.
Mitos griegos alababan a Menfis como un ente divino primigenio. Historiadores como Herodoto consideraban que monumentos tan complejos como el Laberinto egipcio solo podían haber sido construidos por Dédalo. La obra maestra del mítico patrón de los constructores griegos no se habría encontrado en Grecia.

Ya los escritores clásicos habían observado el parecido formal y técnico entre la anterior estatuaria egipcia y la griega. Las monumentales esculturas antropomórficas de piedra del Egipto faraónico, que muestran a figuras masculinas erguidas en el acto de caminar, con una pierna adelantada y los brazos bien estirados unidos a ambos lados del cuerpo, talladas para ser contempladas frontalmente –la parte posterior presenta un trabajo más sencillo-, se asemejaban a las primeras estatuas griegas de gran tamaño, más altas que un ser humano, que representaban a muchachos en actitud heroica: cuerpos desnudos desafiantes, como si no temieran a la muerte –imagen que posiblemente quisieran evocar toda vez que se trataba de estatuas funerarias. 
Los contactos entre Grecia y Egipto a través de Creta debían ser relativamente habituales. Pero el indudable parecido formal entre la estatuaria del Egipto faraónico y de la Grecia arcaica no implica que las estatuas de ambas culturas significaran lo mismo. Aunque ambas pertenecían al ámbito funerario, las estatuas egipcias eran representaciones idealizadas de la condición humana en el más allá: los mortales seguirían disfrutando de su cuerpo, de un cuerpo aún más pletórico que el cuerpo en este lado del mundo visible. La estatua egipcia es la imagen del difunto en el otro mundo, con un cuerpo imperecedero. Por el contrario, la estatuaria griega permite al difunto, cuyo espíritu (la psique) habita en ella, seguir presente en el mundo visible, a la vista de todos los vivientes, para ser recordado y honrado por éstos; mas, con una existencia casi larvaria: con un cuerpo frío como la piedra, e imposibilitado de desplazarse: petrificado. La estatua griega recuerda todo lo que el difunto ha perdido: su constante movilidad, el calor del cuerpo. Se trata de una imagen eminentemente fúnebre, que pone en evidencia la pérdida –pese al aparente esplendor del cuerpo marmóreo, liso y brillante –pintado, incluso-, pero inerte y gélido. Las estatuas griegas daban la medida de la condición humana. La altivez o el carácter imperturbable que exhibían solo era un signo de la rigidez mortuoria o del terror ante la llamada de las Furias.

(Fragmento de un texto sobre la estatuaria arcaica griega que se está redactando para una publicación)

miércoles, 6 de julio de 2016

Lema de Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

"En los días antiguos del arte
Los constructores obraban con el más gran cuidado
En el menor detalle, el menos visible
Pues los Dioses se hallan en todas partes (éste podría ser mi lema)"

(Ludwig Wittgenstein, 1938)

Nota: Wittgenstein, filósofo, era ingeniero y construyó una casa para su hermana en los años 20, sustituyendo al arquitecto inicialmente escogido, discípulo de Loos. Pese al parecido formal de la vivienda con la obra de este arquitecto -cuya influencia Wittgenstein reconoció-, éste no apreciaba el "estilo moderno" sino el barroco, o el "antiguo" que debía ser interpretado.