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sábado, 28 de marzo de 2026

Mezquita al Muayyad Shayk (s. XV, El Cairo)














 Fotos: Tocho, El Cairo, marzo de 2026


Las mezquitas medievales de El Cairo son las más hermosas y mejor conservadas que se pueda recordar.
Pero poseen estilos distintos, marcados por la dinastía reinante.
En cualquier caso, una mezquita no es un espacio sagrado, sino profano y público, al que se accede desde la calle sin tener que subir escaleras como si el edificio estuviera en un podio por encima de las casas circundantes. Se trata de un espacio comunitario donde caben toda clase de prácticas y comportamientos, desde el descanso, la comida, el juego y la oración: un lugar de encuentro del barro en el que se inscribe. 
La mezquita ofrece un espacio amplio, insertado en la densa y laberíntica trama medieval, con callejuelas de tierra, y casas sobre casas coronadas por palomares, del Cairo histórico. De pronto, al cruzar el umbral, el espacio se expande y se hace la luz.
El Cairo medieval  presenta principalmente dos tipos de mezquitas: mezquitas fatimies, y mamelucas. Las primeras, inspiradas en la casa romana,  consisten en un patio y nada más. Un amplio patio cuadrado, perfecto, rodeado por los cuatros lados de un pórtico abierto que ofrece sombra y frescor. Uno de los pórticos se amplía con dos o tres filas de columnas que configuren una estancia amplia, también enteramente abierta al patio: la sala de oraciones.
En el centro del patio, una construcción de planta central, a veces circular, coronada por una cúpula debajo de la cual se disponen, a lo largo del perímetro del cuerpo central, fuentes que componen la zona de abluciones. No se requiere, no se encuentra ningún elemento o añadido más. Una depuración y un rigor.m diríamos impropia mente que franciscano.
La mezquita Fátima es un inmenso y bienvenido vacío en la ciudad medieval, que juega con la luz y las sombras y la insólita beatitud que aporta la perfección geométrica y de proporciones del patio, en una insólita armonización de la importancia griega de las medidas y oriental de la luz.

La mezquita del sultán al - Muayyad, del siglo XV -restaurada desde entonces innumerables veces, lo que no ha afectado a su magnetismo- se construyó bajo los mamelucos, que eran de origen turco, y concebían la mezquita de manera muy distinta. Sin embargo, en una insólita muestra de amplitud de miras o de sincretismo, esta mezquita se construyó según el gusto fatimida: un espacio abierto -aunque algunas pequeñas estancias más recogidas son más propias de los mamelucos. 

La mezquita fatimida -de la que la mezquita Ibn Tulun, ya comentada es es ejemplo perfecto- responde a una tarea paradójica: construir un vacío, de manera que los materiales intangibles del aire y la luz, y las divinas proporciones, también ideales, sugieran un espacio abierto a lo alto -los lados del patio encuadran el azul del cielo-, al que todos tienen acceso: un espacio accesible y que no domina, un lugar de bienvenida y de encuentro entre lo visible y lo invisible . 
Construir lo inmaterial: tal fue la ambición y el logro de las mezquitas fatimies -de la que esta mezquita es un epígono tardío y admirable. Y que las mezquitas modernas y contemporáneas han olvidado a menudo bajo el peso de los mármoles y los ornamentos dorados rococós:

domingo, 26 de enero de 2025

Ctesifonte o el palacio del Rey Parto















 

Fotos: Tocho, enero de 2025


Tras el paréntesis de monarcas griegos, sucesores de Alejandro, fundadores de la dinastía de los Seleucidas, a cargo del general helenístico Seleucos, dos tribus persas dieron lugar a dos dinastías sucesivas propiamente orientales que conquistaron toda Mesopotamia, desde la India hasta Anatolia: los partos, a partir del siglo II aC, derrotados y remplazados por los Sasanidas a partir del siglo II dC, hasta la invasión árabe y la creación de un nuevo imperio que sumaba el norte de África, una parte de Europa y Arabia a Mesopotamia. El islam se sumó o sustituyó al Zoroastrismo (la religión de los partos y los sasánidas), el Cristianismo, el Islam y cultos aún politeístas.

Los partos fundaron una capital, en la vecindad de Seleucis sobre el Tigris, la ciudad de los Seleucidas helenísticos: Ctecifonte., una ciudad que murió con la invasión árabe.

El poder de los monarcas partos, y luego sasánidas, se descubría no solo por la capacidad que exhibieron de detener el avance romano por oriente -estableciendo una frontera entre ambos imperios, romano y parto, constantemente violada por los romanos - en el río Eufrates, sino en el tamaño del palacio real, de ls sala del trono, en particular, cubierta por una gigantesca bóveda de cañón construida con ladrillos -la mayor bóveda del mundo levantada con este material-, que se alzaba sobre el ya de por sí descomunal volumen de la sala de planta cuadrada.

Las desgracias del palacio, sin embargo, no han sido causadas por guerras y desidias sino, por el contrario, paradójicamente, por sucesivos intentos de consolidación y restauración, emprendidos en los siglos XX y ya XXI, que han acabado por debilitar la bóveda y causar su derrumbe parcial, hasta un último intento reciente, por una ingeniería británica, que por ahora no ha logrado ningún éxito destacable. El derrumbes de la bóveda parece sino irremediable sí inevitable. Un bosque de andamios por ahora la sostiene aún.

El yacimiento está cerrado aunque se ha logrado poder recorrerlo tras un breve permiso especial. 

La fachada del palacio ya anuncia la arquitectura tardo-romana imperial y el románico.