miércoles, 1 de febrero de 2012

La casa de las Amazonas














Fotos: Tocho, enero de 2012

El patrón de los arquitectos, el apóstol Tomás, conocido por el castillo aéreo que levantó (literalmente: el palacio estaba suspendido en los aires) para el rey de la india Gundosforo, como cuenta la leyenda, murió y fue enterrado en este país.

Sin embargo, poco tiempo después, sus restos fueron desenterrados y llevados a Edessa. Y Tomás se convirtió en el santo protector de la ciudad.
Edessa había entrado en la historia poco antes. El rey de la ciudad Abgaro V, sintiéndose un día gravemente enfermo, escribió al hermano gemelo del apóstol Tomás -a Cristo- suplicándole que lo sanara. Cristo no pudo desplazarse personalmente pero se aprestó a enviar a un discípulo suyo, escogido por Tomás, que llevaba un perfecto sustituto: su imagen mágicamente impresa en un lienzo (llamado el Mandylion): mano humana alguna había intervenido en su realización. por tanto, era un doble perfecto de la Santa Faz. El lienzo obró el milagro. El rey curó.

Edessa estaba por tanto ligada a las imágenes mágicas: castillos celestiales y imágenes santas.

Esta suerte no era casual.
En 2005, mientras se iniciaban las obras del futuro museo de los mosaicos en la ciudad turca de Sanliurfa (cerca de las fuentes del Tigris y el Éufrates), una excavadora dio con unos restos que han alterado la historia del arte: las trazas de una villa de gran tamaño (levantada en época helenística, hacia el siglo III aC, o en época romano-imperial). Las paredes apenas se habían conservado. Tan solo se distinguía bien la planta de la villa. Pero lo sorprendente fueron los fragmentos del pavimento: un gigantesco mosaico, suficientemente conservado para que se aprecie el o los temas y la excelencia de la ejecución, que cubría todo el suelo.
Los motivos eran dos, y estaban bien engarzados. por un lado, la educación de Aquiles a cargo del centauro Quirón; por otro una escena de caza a cargo de las Amazonas.

Cuentan los mitos que los Centauros, en tanto que seres híbridos, monstruosos, eran unos salvajes: semi-humanos, pertenecían a la era anterior a los dioses olímpicos, cuando los monstruos reinaban. Sin embargo, Quirón fue un centauro muy distinto: sabio y bondadoso, educó a la mayoría de los héroes griegos, como Jasón o Aquiles. Era ducho en las artes de la medicina, la música y la caza, es decir en las artes de Apolo, lo cual no es de extrañar: el mismo dios Apolo fue formado por Quirón.
Quirón, por tanto, era el maestro adecuado para educar en el tránsito de las naturalezas salvaje a comedida. era el buen salvaje. En tanto que salvaje, sabía que la luz y el orden poseían un anverso oscuro.

Quirón era tan monstruoso como las Amazonas, mas éstas nunca se despojaron de su condición indómita. Más bien., esta su naturaleza se manifestaba siempre. Para un griego, las Amazonas encarnaban todos los valores a los que se oponía la cultura griega: el espacio urbano, civilizado se oponía a la naturaleza desatada de las Amazonas y en la que las Amazonas se hallaban a gusto. Vivían como fieras, entre fieras.

Centauros y Amazonas: encarnaban todo lo que los griegos temían. Símbolos del mundo salvaje al que la ciudad griega trataba de poner coto.
¿Cuántos templos griegos no se ornaron con escenas de luchas entre héroes apolíneos y monstruos como las Amazonas?

Que el extensísimo mosaico de Edessa (hoy Sanliurfa) mostrase escenas protagonizadas por Amazonas implicaba que la villa era juzgada como un espacio ordenado que se imponía al caos que las Amazonas protagonizaban. Éstas yacían a los pies del edificio que se levantaba sobre el mundo indómito.

Pero el mosaico también incluye al educado Aquiles: el héroe griego por excelencia. Aquiles luchó contra Pentesilea, la reina de las Amazonas. El duelo fue a vida o muerte. En el momento en que Aquiles se apresaba a hundir su puñal en la garganta de la Amazona caída, inclinada hacia atrás mientras exponía su cuello perfecto, sus ojos se reflejaron en los de Pentensilea; y mientras la mataba lentamente, quedó prendado de ella para siempre. El orden del héroe se unía al caos del monstruo.

Ésta es la escena que el propietario de la villa, heleno o romano, que vivía en los confines del imperio romano, a merced de los Partos (venidos de Persia), enfrentados a muerte con las centurias romanas, y que quizá sintiera o intuyera que el orden no estaba libre de la noche, escogió para proteger a su morada.

El mosaico era una especie de imagen sagrada. La vida y la muerte estaban trabadas en su superficie. Como un lienzo cubría la tierra, pero ni dejaba de revelar la fragilidad del orden humano. Servía de base para una edificación, física y espiritual, porque manifestaba que el aguerrido y adusto Aquiles, un día, cayó en la trampa de Pentesilea. Ésta murió; pero Aquiles no salió indemne de la contienda.

 El mosaico era una especie de precedente del Mandylion. Protegía, y adevertía, empero. Del mismo modo que la santa faz testimoniaba de la naturaleza dual de Cristo -la faz inscrita correspondía a su rostro humano- y, por tanto, de su próxima muerte, el mosaico revelaba la siempre incierta suerte del orden humano.

Quizá lo lección más hermosa del mosaico la brinden tanto el monstruoso Quirón, educando al probo Aquiles, cuanto a las Amazonas, enfrentándose a las fieras que, sin duda, rondaban la morada.

El caos curando al orden. Como si ambos se necesitaran.

¿Acaso Tomás, el patrón de los arquitectos, en tanto que ser dual, o dúplice (era el hermano gemelo de Cristo), no encarnaba valores antitéticos?

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