domingo, 21 de junio de 2020

Barcelona tras la pandemia (2)








































































































Fotos, Tocho, 21 de junio de 2020, tras el estado de alarma por la pandemia del virus Corbid-19

Fotos tomadas en orden, de las fachadas a la izquierda de en la centrica calle Ferran (Fernando), desde la Vía Layetana hasta las Ramblas, y de ésta a la Via Layetana.
Las fotos no retratan la desértica plaza Sant Jaume, donde se halla el Ayuntamiento de la Ciudad y la sede del Gobierno autonómico de la Generalitat, atravesada por la calle Ferran.

Barcelona tras la pandemia



FilmaciĂłn: Tocho, 21 de junio de 2020, tras el cese del estado de alarma instaurado con motivo de la pandemia del virus Corbid-19

La céntrica calle de Ferrán (Fernando), en el caso antiguo de Barcelona, situada perpendicularmente a las Ramblas y a la Via Layetana, que une. La calle, recta, fue trazada y abierta en el siglo XIX en medio del tejido urbano medieval, y responde a la primera intervención urbanística y constructiva unitaria en lo que hoy es el centro de la ciudad.
La filmaciĂłn recorre la acera izquierda de la calle, entre las Ramblas y la plaza Sant Jaume.
La casi totalidad de los comercios está cerrada: comercios en su mayoría destinados a la venta de productos turísticos o destinados principalmente a turistas, desde heladerías hasta recuerdos del FC Barcelona.


sábado, 20 de junio de 2020

DIANE NERWEN (1965): TRAVELING SHOTS: NYC: 16.00 (ESCENAS DE VIAJE. NUEVA YORK A LAS CUATRO DE LA TARDE, 2014)

Traveling Shots: NYC, 16:00, 2016 from Diane Nerwen on Vimeo.

Para ver legalmente este vĂ­deo en Vimeo, "clique" en la franja azul.

Una "sinfonĂ­a urbana", quizá menos conocida que otras menos recientes, compuesta a base de fragmentos de pelĂ­culas en las que la ciudad de Nueva York aparece como telĂłn de fondo. En este caso, una pelĂ­cula de pelĂ­culas, los fondos, los segundos planos, se convierten en los protagonistas de la filmaciĂłn, y traducen el flujo de y en la ciudad. Un viaje por el espacio y el tiempo, Nueva York multiplicada, cambiante -y sin embargo idĂ©ntica a sĂ­ misma. 

Sobre esta artista canadiense, véase su página web

jueves, 18 de junio de 2020

La ruina del arte (destrucciones en "Oriente" y "Occidente")

Policía investiga a curadora de museo inglés por mensajes sobre ...


Estado Islámico destroza el patrimonio de “valor incalculable” del ...






La retirada, el mancillado, la mutilaciĂłn, el derribo y la destrucciĂłn, en suma, de grandes estatuas naturalistas que acontece hoy en el mundo no es un hecho excepcional. Obras que desaparecen de la vista del pĂşblico, obras que ya no nos pueden ver e influir.
Aunque haya ocurrido en todas las épocas, seguramente se recuerda las reacciones de indignación, espanto y desolación que sucedieron a las destrucciones de monumentos y estatuas en Palmira, Nínive, Hatra, o anteriormente, en Bamiyan- y otros yacimientos arqueológicos, en Iraq, Siria y Afganistán, en la primera y segunda décadas del siglo XX, destrucciones que aún hoy siguen.
Mas, ¿por quĂ© se han producido reacciones tan distintas ante lo que ocurre en las Estados Unidos, AmĂ©rica Central y del Sur, y en Europa, hoy, y lo que aconteciĂł y acontece en paĂ­ses islámicos? ¿Por quĂ© en caso se aplaude, y en otros se lamenta?
¿SĂłlo porque en Afganistán, Iraq o Siria son los yacimientos arqueolĂłgicos y los museos de arqueologĂ­a los que sufren destrucciones, y las ruinas -ruinas antiguas- nos fascinan?

Es cierto que las ruinas que han saltado por los aires son o eran testimonios del pasado Ăşnicos, cuya destrucciĂłn acarrea una pĂ©rdida irremediable. Pero es muy posible que las grandes esculturas de bronce vandalizadas o destruidas no puedan restaurarse o replicarse (las rĂ©plicas en 3-D de estatuas modernas o antiguas que hoy se llevan a cabo, pensemos lo que pensemos de esta práctica y de los resultados, puede contradecir aquella afirmaciĂłn). Podemos pensar que el arte neo-asirio y palmirense es incomparablemente superior a las mediocres estatuas naturalistas derribadas. Pero la crĂ­tica, en tiempos de paz,  no ha solido ser benigna con el arte de Palmira -considerado, como asĂ­, un arte provinciano- ni de Asiria -juzgado repetitivo, carente de vida, meramente polĂ­tico (salvo algunos relieves neo-asirios de animales heridos, como la cĂ©lebre y perturbadora imagen de una leona agonizante, o la extraña y emotiva entrega de una vĂ­ctima a o en las fauces de un leĂłn en una pequeña talla de marfil). El arte asirio y de Palmira ha sido escasamente valorado.
Sin embargo, su destrucciĂłn ha causado (justificadas, sin duda) rasgaduras de vestidos.
Son obras mucho más antiguas que los bronces del siglo XIX.
Pero ¿quĂ© se está juzgando?
¿La calidad de las obras? Bronces y relieves asirios son, segĂşn una gran parte de la crĂ­tica, obras mediocres.
¿La antigĂĽedad? ¿A partir de cuándo una obra pasa a ser antigua a entrar a formar parte de la AntigĂĽedad?
¿El tema? En ambos casos, el tema es parecido: la exaltaciĂłn de personajes de dudosa reputaciĂłn (segĂşn nuestros criterios).
¿La capacidad crĂ­tica de quien reacciona? ¿Por quĂ© en en caso la destrucciĂłn es una muestra de ceguera, incultura y fanatismo, y en otro una muestra de apertura de miras?
En todos los casos, las obras han logrado sacarnos de nuestras casillas y es posible que nuestra reacción violenta haya sido y sea inevitable, sea la respuesta que el reto de las imágenes pedía.
Pero en este caso, ninguna destrucciĂłn deberĂ­a ser condenada.
Si creemos en el respeto por la obra ajena, si consideramos que la obra merece, como todo ser vivo, un respeto -pues la destrucciĂłn implica que reaccionemos como ante un enemigo que nos agrede-, en este caso, toda destrucciĂłn es condenable.
Los personajes representados son odiosos, sean sudistas, esclavistas, o emperadores sanguinarios. ¿Lo son sus imágenes?, SĂ­, lo son, si equiparamos o confundimos imagen y modelo. Quizá no podamos dejar de confundirlos. Pero la confusiĂłn raramente es un ejemplo de clarividencia.
¿Debemos dejar a la vista estatuas que representan a figuras odiadas? Si queremos que se recuerde lo que hicieron, quiĂ©nes eran, seguramente. Sino, negamos la historia, nos negamos. Destruir la imagen de Buda, de Lamassu (el feroz guardián de los palacios neo-asirios) o de ColĂłn, conlleva que esos seres, reales o imaginarios, desaparecen de nuestra memoria. Y es posible, entonces, que los volvamos a crear, a descubrir y a creer en ellos. Las imágenes establecen lĂ­mites que no deberĂ­amos franquear: delimitan nuestro mundo y nos informan sobre esos otros mundos, esas historias de los que deberĂ­amos prevenirnos. Respetarlas -sabiendo quĂ© representan, quĂ© "valores" presentan- quizá nos mantenga a distancia de lo que no debiera ocurrir. Una imagen es un aviso. Si Ă©ste desaparece, el camino vuelve a ser transitable. Hacia la ruina.