martes, 9 de julio de 2013

El templo y el cosmos en la Grecia antigua

Los estudiosos no gustan de la búsqueda de relaciones entre la planimetría del cielo y de los templos. Éstos estaban orientados hacia determinados cuerpos celestiales, o se disponían según los ejes cardinales, como la mayoría de los santuarios en todas las culturas antiguas, pero descartan que hubieran existido relaciones entre determinadas formaciones siderales y la organización de un recinto.
Sin duda, este temor o rechazo está fundado. Se han escrito demasiados textos esotéricos sin base alguna, en los que las relaciones entre el cielo y la arquitectura son solo las que el estudioso quiere descubrir.
Sin embargo, la arquitectura sagrada de la Grecia antigua presentaba unas características sencillas que la enlazaban con parámetros celestiales.
Los templos, en general con una planta y un volumen repetitivo -por lo que, seguramente, los arquitectos de la Grecia antigua no necesitaban trazar planos, pues los constructores tenían en mente las características, tan reiterativas, de la arquitectura sagrada-, se componían a partir de un juego de proporciones simples. Lo que contaba no eran tanto las medidas de los elementos, cuanto las proporciones, es decir las relaciones entre elementos. Las proporciones más habituales eran 1:1, 1:2, 2:3, 3:4, y 4:5. Se trataba de proporciones que también se utilizaban en música. Correspondían a las distintas longitudes de dos cuerdas que, tocadas juntas, emitían sonidos armónicos.
Estas proporciones arquitectónicas y musicales, fáciles de calcular, se basaban en el supuesto juego de medidas entre los diez cuerpos celestiales: el sol, la tierra, la luna, los planetas y el cinturón de las estrellas fijas. Las distancias entre los planetas respondían a proporciones musicales. Es así como se suponía que los movimientos de los cuerpos celestiales emitían sonidos armónicos (la llamada música de las esferas).
El cosmos, pues, era una entidad, limitada o ilimitada, que comprendía una serie de cuerpos dispuestos concéntricamente,y que mantenían unas distancias tales que, cuando se observaban dos cuerpos desplazándose en órbita en el cielo, se suponía que el movimiento conjunto de los cuerpos llenaba el cielo de  música celestial.
Era difícil tener una clara visión y una noción completa del cosmos. Pero no era necesario tenerla, ya que los templos, compuestos según el mismo juego de proporciones que regulaban las posiciones de los astros, ofrecían una imagen perfecta del cielo. De algún modo, eran imágenes reducidas del universo. La misma disposición de las columnas que rodeaban la capilla central del templo (la cella), recordaba la disposición de cuerdas tensadas dispuestas para ser tocadas.
Era necesario que el cielo y el templo estuvieran relacionados. Por tanto, el templo no podía presentarse como una unidad cerrada, vuelta sobre sí misma. por el contrario, tenía que abrirse al cielo, remitir a él, a partir de su volumen y de la disposición de sus elementos. Los templos griegos no se delimitaban con paredes continuas. Antes bien, una columnata los envolvía. De este modo, era visible la relación entre la serie de columnas, dispuestas según un juego de proporciones armónico, y la disposición de los astros que componían el cosmos. El templo se abría al cielo, no porque reprodujera ninguna planimetría celestial, sino porque se componía según las mismas proporciones, manifestándolas.
De este modo, era lógico y comprensible pensar que la divinidad moraba en el templo, al igual que se hallaba en el cosmos.
El templo, así, ofrecía una nítida imagen del cielo y permitía estudiarlo. Quizá no fuera casual que la concepción del mundo por parte de algunos pensadores pre-socráticos recurriera a un vocabulario espacial (lo ilimitado, el límite, lo informe, la forma, el principio o fundamento), que podría sugerir que la arquitectura constituyó un campo de experimento a través del cual se estudió la organización del cielo, prescindiendo de la existencia de divinidades.
Además de ofrecer un cobijo, la arquitectura ofrecía una imagen clara y comprensible del mundo; actuaba como un espejo revelador del universo; disipaba dudas y temores, solventaba la ignorancia ante las disposiciones celestiales; se erigió como un mecanismo gracias al cual se pudo estudiar el cosmos, disipando sus enigmas.      

4 comentarios:

  1. Buen día,

    ¡Cuanta claridad y comprensión da su artículo!

    Los sabios arquitectos eran/son los intermediarios, los mensajeros entre el Cosmos y la Tierra con el don de crear en perfecto equilibrio junto al entorno. En los cimientos y las estructuras de los Templos -son la base- están almacenados los saberes universales, el origen.

    Muy interesante la relación entre la arquitectura y la música, es poesía celestial. Todo está conectado en armonía: los vacíos, lo superior e inferior, las distancias y las casualidades no existen.

    La arquitectura es un mapa explicando la cercanía des de lo micro a lo macro y viceversa.

    Muchas gracias por compartir,

    Esther


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  2. Buenos días

    muchas gracias por el comentario.
    Supongo que los arquitectos y los técnicos -se distinguía al proyectista, mejor remunerado- del constructor- aplicaban reglas sencillas para dibujar y construir: proporciones fáciles de calcular y de aplicar; tenemos que pensar que los tallistas no podían calibrar al milímetro.
    Pero tambien es cierto que las proporciones musicales eran claras y sencillas.
    Lo innovador, lo enriquecedor y desde luego lo más imaginativo fueron estas equiparaciones entre la música -supongo que de cuerda- , la arquitectura y el cielo. En parte tuvo que ser lógica (los templos albergaban a dioses), pero mucho más sofisticada fueron las consideraciones acerca de la música celestial considerada equivalente a la música muda que las columnas producirían si pudieran haber sido tañidas.

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  3. Buenas noches

    Muchas gracias por la explicación del gran trabajo artesano en equipo construyendo un templo.

    En la sencillez está la maestría; captar con las manos el legado de las estrellas es fantástico; arquitecto y cielo se comunican con el mismo lenguaje. Importante complementar con conocimientos de astronomía, geometría, matemáticas para reflejar el Cosmos en el arte. Las notas musicales, como las palabras, son también herramientas de creación ideando nuevos arquetipos y estructuras. Puede que la música celestial presente en los cuerpos del Cosmos y entre los espacios mantenga el equilibrio entre lo creado y lo sutil.

    Saludos y atentamente,

    Esther

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  4. Buenos días

    Existían razones prácticas, y políticas, para construir sin duda. Los edificios se adaptaban a las necesidades, los conocimientos y el entorno.
    Pero también existían razones impalpables como era la "voluntad" del cielo. Supongo que es inútil preguntarse si se creía en éstas o si éstas eran aducidas por motivos políticos o partidistas. Lo cierto es que decenas de operarios trabajaban en condiciones a veces muy duras para levantar templos, necesarios para mantener unida a la comunidad, quizá para subyugarla, pero también para dar gracias a quienes se suponían protegían al grupo.

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