viernes, 19 de febrero de 2010

Keith Jarrett: Bremen (Solo Concert) (1973)

Puerta





Letra, en castellano (al igual que el catalán lletra, el francés lettre, el italiano lettera, el inglés letter) tiene dos significados básicos: designa al signo gráfico escrito, y a un soporte bidimensional, ligero y transportable, escrito (es decir cubierto de "letras", de signos).

En griego antiguo, letra (entendido como soporte escrito, en este caso, como tablilla -sin duda, un recuerdo de los soportes micénicos que se utilizaban para escribir, ecos, a su vez, de las tablillas de arcilla mesopotámicas-) se decía deltos.

Este término estaba emparentado con delta: el nombre de la letra d.

En hebreo (y en la mayoría de las lenguas semitas), d se decía daleth (en árabe, dal).

D se escribía mediante un signo formado por un ángulo recto invertido, girado hacia la izquierda: un tramo vertical unido, en el extremo derecho, a uno horizontal, dispuesto en ángulo recto.

Daleth no solo designaba la letra d sino que también significaba puerta, la puerta que el dintel antes descrito representaba.
La letra d, en semita (daleth o dal) derivaba del egipcio faraónico. Los signos jeroglíficos designaban entidades, pero también sílabas, de las que que se representaba la consonante inicial que permitía distinguirlas. La consonante d ya se representaba por un ángulo recto (girado noventa grados, en sentido del reloj, con respecto a la d semita). Sin embargo, el dibujo mostraba, en este caso, un brazo con el antebrazo tendido y la palma de la mano abierta: un signo de recepción, de acogida.

Por tanto, daleth era una apertura (una buena recepción), física (una puerta, pero también una concavidad: una vagina que da paso a una nueva vida, cuya forma triangular se refleja en la delta mayúscula griega), y psíquica.
Conocemos el imaginario de la puerta como lo que da acceso -o impide el acceso- a lo que se encuentra más allá, o en un plano distinto. No se sabe bien lo que uno puede encontrar detrás de una puerta. Ésta controla el contacto con el vano que defiende o encierra.

La puerta abierta cede el paso. Quien la cruza se dirige hacia otro espacio. Daleth, entonces, también significa camino, vía de acceso, comunicación, flujo -el flujo, símbolo de la vida, de las relaciones fluidas-.
La Cábala ha estudiado detalladamente el imaginario de la puerta que abre o cierra el paso hacia lo que se halla má allá. En la mística hebrea, siete puertas sucesivas, que deben ser cruzadas por el alma, pautan la senda hacia el conocimiento o el encuentro de la luz

Apolo era el dios griego de la arquitectura: abría caminos, ordenaba el espacio y fundada asentamientos (ciudades, casas y templos donde reogerse y acoger al viandante). Fue amamantado por la divina Temis, la ley o norma personificada.

Por esto, los themistes, las leyes que regían la vida en común dependían de Apolo. Comunidades que las trazas de Apolo delimitaba: las leyes, que Apolo edictaba, también se decían, además de themistes, nomoi; las cuales derivaron en las rectas normae latinas, perfectamente escuadradas.

Pero norma, en latín, no significaba ley sino escuadra, el instrumento con el que el arquitecto ordena y compone el espacio, deimitando espacios de acogida y permanencia (la escuadra es también el atributo tradicional del arquitecto; lo representa).

Las themistes, gracias a los instrumentos de dibujo y de construcción, dejaban una huella en el territorio; se inscribían profunda y nítidamente en éste, gracias a los themeilia, que eran los cimientos de los edificios o los fundamentos de las comunidades, enraizados en la tierra -fundaciones con los que Apolo asentaba las colectividades que inspiraba.

Escritura y arquitectura: dos maneras de marcar y ordenar espacios comunitarios, concebidos para que los humanos puedan convivir; marcas o trazas que son líneas que pautan la vida en común.

La arquitectura es una escritura inscrita en un plano y transladada sobre un llano, convertida en themelia (signos o marcas en el suelo) sobre las que se asientan las construcciones. Tengamos presente que graphein, en griego, significaba tanto escribir cuanto dibujar o proyectar.

La finalidad de la arquitectura es escribir la normas de convivencia e inscribirlas o plasmarlas en espacios ordenados. La arquitectura sin ley no tiene sentido. Pero la ley en un territorio sin límites no se puede aplicar. La arquitectura es lo que permite que la ley sea efectiva, lo que la encuadra. Abrir puertas de acogida y edictar leyes que faciliten el encuentro. O, al menos, éste fue un día el objetivo de la arquitectura: traer la civilización, que la ciudad y las leyes cívicas encarnan -o encarnaban.

(Supervivencia del mito) Led Zeppelin: Achilles´ Last Stand (1979)



Es lo que hay.

(del LP Presence, 1976)

La furia de Aquiles era realmente atronadora

Divinidades de la arquitectura: El rito de la piedra fundacional

http://terratv.terra.cl/Entretenimiento/Musica/4408-138778/Madonna-construye-escuela-en-Malawi.htm

jueves, 18 de febrero de 2010

Dan Yaccarino (1965): (La mítica casa de) Willa´s Wild Life

Metáfora arquitectónica (en La Ilíada)


En la guerra de Troya no luchaban solo aqueos contra troyanos. También en cada bando los héroes competían entre sí para demostrar quien era el más valeroso y audaz, capaz de matar el mayor número de enemigos, con la protección o el permiso de alguna divinidad, pero sin la ayuda de ningún compañero.

Los ejércitos griego y troyano estaban compuestos únicamente de individualidades que luchaban para su único prestigio. Si Aquiles se hubiera preocupado por la suerte de sus iguales, hubiera renunciado a su enfado para con Agamenón (quien se había quedado con la parte del botín que le correspondía a Aquiles), y hubiera vuelto al combate en un momento en que los troyanos ya acorralaban a los aqueos.


Sin embargo, en medio de esta pelea de gallos que fue la guerra de Troya, sobresalieron situaciones durante las cuáles los héroes se olvidaron de su fama y decidieron poner sus fuerzas al servicio de una noble y ajena causa: la "salvación" del alma de Patroclo, necesitada de todos las energías que se le pudieran brindar para sortear el abismo que media entre el mundo de los vivos y el sombrío reino de los muertos.


Aquiles organizó unos juegos en honor de Patroclo. Mandó que sacrificaran animales y humanos. Y que sus iguales, los héroes junto a los que había combatido (y volvería a competir hasta su muerte) compitieran voluntariamente entre ellos a fin que el esfuerzo, la fuerza, la energía entregadas animaran la sombra del difunto.


Es cierto que cada héroe iba a luchar para la gloria que la victoria en el deporte concede; pero también se entregaría para ayudar al espectro de Patroclo.


Los contendientes competirían por parejas, o en grupos. Recurrirían a las armas y tendrían, en ocasiones, que herir al contrincante a fin que la sangre vertida alimente al difunto. Pero no tenían que matarse. De hecho, en varias ocasiones, Aquiles paró la contienda para salvar a sus iguales.
Poco antes del final de los juegos, Aquiles solicitó un último esfuerzo:
"Aquiles.- Levantaos los que hayáis de entrar en esta lucha.

Así habló. Alzóse en seguida el gran Ayante Telamonio y luego el ingenioso Ulises, fecundo en ardides. Puesto el ceñidor, fueron a encontrase en medio del circo y se cogieron con los robustos brazos como se enlazan las vigas que un ilustra artífice une, al construir alto palacio, para que resistan el embate de los vientos. Sus espaldas crujían, estrechadas fuertemente por los vigorosos brazos..." (Rapsodia XXIII)


Ulises y Ayante Telamonio luchaban cuerpo a cuerpo. Sus miembros se unían como la estructura de un edificio. Sus cuerpos unidos alzaban una construcción. La metáfora arquitectónica, en este caso, expresaba que los ligámenes que los unían eran sólidos y flexibles. Ulises y Ayante estaban unidos, no solo porque competían, sino porque eran iguales y, siendo iguales, se olvidaban de sus individualidades para unirse en una tarea común, un esfuerzo común en favor de un igual a ellos, un miembro de la comunidad que los aqueos constituían.


La arquitectura, en este caso, expresaba los valores de la comunidad: dos héroes abandonaban su reserva y aceptaban luchar en favor de un tercero. Pertenecían a una misma casa, y la casa que levantaban era el testimonio del respecto que concedían a los valores de la vida en común -respeto tan difícil de lograr ya que se trataba de héroes para los que solo contaban las hazañas individuales.
La arquitectura construye casas: es decir comunidades al servicio de las cuales los humanos se entregan o se entregaban apasionadamente.
Esto ocurría cuando las comunidades -y las casas- tenían un tamaño "humano". Hoy babeles apuntan directamente al cielo.