jueves, 8 de abril de 2010
miércoles, 7 de abril de 2010
Rito fundacional: (Material Girl)

"Primer ladrillo" de una escuela en Malawi por una diosa vestida para la ocasión .
"CNN — La reina del pop se solidarizó con la educación en África. En una visita a Malawi, Madonna puso la primera piedra para la construcción de una escuela para niñas en ese país (...)
Mañana el ladrillo que depositaré no será sólo la base de una escuela, son los cimientos para nuestro futuro compartido”, escribió la cantante".
Uf.
La casa tradicional en Bagdad


La desesperación y la indignación sacudieron a algunos arquitectos iraquíes mayores cuando observaban cómo las propuestas de modernización y rehabilitación de Bagdad, presentadas por arquitectos y promotores en el exilio, casi siempre localizados en los Emiratos Árabes, en el reciente congreso sobre preservación del patrimonio urbano iraquí que tuvo lugar en Bagdad, consistían en la sistemática destrucción de casas y barrios enteros, a menudo densas y compactas estructuras de barro o de ladrillo de dos plantas, dañadas o dejadas, pero restaurables, en favor de edificios mucho más altos y envueltos en baratos muros cortina azules eléctrico provenientes de China, -que también imperan en Barcelona, como se comprueba cerca de la plaza Cerdá-, a los que se recurre cuando se busca un "aspecto moderno" y no se quiere perder el tiempo componiendo fachadas.El arquitecto iraquí Subhi Al-Azzawi, sin embargo, defendió brillantemente y con pasión un sistema tradicional de ventilación, usado hasta hace poco en Bagdad, y de gran eficacia, como se pudo comprobar durante la visita del Museo de Bagdad, instalado en una de las pocas casas tradicionales preservadas: el badgir, cuyo aplicación, ahora que los muros de vidrio sufren por fin el descrédito en favor de muros espesos, de gran inercia, capaces de regular la temperatura, podría no limitarse a la capital iraquí.
El badgir es un sistema de captación de los frescos o más frescos vientos o brisas del norte. El muro perimetral de la fachada sur se compone de dos paramentos paralelos de ladrillos macizos. El más exterior se eleva y se corona con una "visera", de manera que capta y retiene el aire del norte que se desliza por el espacio vacío entre los dos paramentos, de modo semejante a cómo funcionan las altas torres de aire iranís (llamadas también bagdir), tan presentes aún en ciudades como Yazd e incluso Isfahán.
En las estancias situadas al sur, a media altura, el vacío entre ambos paramentos conecta con unas hornacinas semejantes a chimeneas, abiertas a media altura en la pared sur de las estancias, en cuya repisa se dispone un búcaro lleno de agua fresca. La corriente descendente se humidifica, y logra que la temperatura de la estancia, que en el exterior alcanza en verano los cincuenta grados, baje unos doce grados.
Por otra parte, estas estancias (llamadas sirdab, nombre que se aplica también a salas enterámente subterráneas o sótanos, utilizados como estancias) están semi-enterradas. Se accede a ellas desde el patio central, descendiendo unos escalones. El suelo se sitúa unos cincuenta centímetros por debajo del nivel del suelo del resto de la planta baja. Es precisamente en estas estancias, refrescadas tanto por la humedad que asciende del suelo (el nivel freático en Bagdad está a ras del suelo) cuanto por los "canales" de ventilación, donde las familias pasan las horas más calurosas del estío, esperando subir a la terraza cuando el sol se pone.
Este doble sistema de ventilación y humidificación, reforzado por los gruesos muros de la ladrillo y la ausencia de ventanas hacia las callejuelas (la casa se abre hacia el patio), logra que los aparatos de aire acondicionado, incluso los ventiladores eléctricos, sean inútiles. Una solución denostada por quienes sueñan con la imagen de Dubai.
Jan Svankmajer: Alice (1988)
Agradecimiento a Lorenzo Recio por esta espléndida recomendación. La mejor adaptación de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, por el cineasta de animación y poeta checo Jan Svankmajer (1934).
http://www.jansvankmajer.com/
Segundo de Chomon: El hotel eléctrico (1905)
El padre del cine fantástico, junto con Meliès, era español. Agradezco a Lorenzo Recio el haberme descubierto a Segundo de Chomón Ruiz (1871-1929)
lunes, 29 de marzo de 2010
BABILONIA













Desde lo alto de la colina artificial sobre la que se alza un decrépito palacio de Sadam Husein, se descubre la ciudad de Babilonia, en medio de un vergel, punteado de palmeras, cerca de un brazo secundario y tranquilo del Eúfrates. El curso principal se ha ido alejando tanto de Babilonia, célebre por su imponente puente de piedra y las murallas que vertían al río, según la descripción de Herodoto (s. V aC), que, desde la invasión árabe (s. VIII aC), Babilonia, ya en ruinas, fue definitivamente abandonada.
La Babilonia actual, ilusoriamente íntegra, ha sido, en verdad, relevantada -e inventada- por orden de Sadam Husein, convirtiendo los restos de las murallas, que se alzaban varios metros, en un remedo del parque temático alicantino Terra Mítica.
La base militar polaca, que rodeaba el yacimiento, no ha sido aún enteramente desmantelada, y las zanjas de los cimientos del zigurat del templo del dios principal babilónico, Marduk (el dios creador del universo según la cosmogonía babilónica) -lo único que se conserva de lo que los sacerdotes de Jerusalén, exiliados a Babilonia, denominaron la "Torre de Babel"-, siguen sin ser visitables, en medio de una base militar reducida pero aún activa.
Sin embargo, en medio de lo que ha quedado convertido en un decorado barato, de pronto, dos murallas de la ladrillos paralelas, de unos veinte metros de alto, forman un paso estrecho de unos ochenta metros de largo, que se abren al visitante. Son los restos auténticos y perfectamente preservados (que no han sufrido de la invasión) de una parte del complejo arquitectónico que delimitaba el acceso procesional hasta el templo del dios Marduk.
Dos filas de relieves, representando a los emblemas del dios de la luz (Marduk, simbolizado por un toro) y de la noche (el dragón Tiamat, contra el que luchó Marduk, y que también evocaba, gracias a las escamas relucientes de su cuerpo, las aguas primordiales de las que el cosmos y la vida surgieron), decoran y dan sentido a las murallas, y acompañan, desde lo alto, a quienes desfilan.
Aunque hoy los labrillos sean terrosos, originariamente estaban vitrificados. Eran azules (mientras que los relieves animales tenían tonos dorados) -como se descubre en la reconstruida Puerta de Ishtar, hoy en el Museo Pérgamo de Berlín.
Estas dos paredes azules, que se alzan muy por encima de los humanos que transitan entre éstas, representan la partición de las aguas primordiales. Se abren y se separan para acoger y dejar paso a los humanos. Éstos circulan como por un estrecho conducto que les lleva hasta la base de la escalinata del zigurat, que deberán ascender hacia el templo del dios de la luz, situado en la cumbre de la pirámide escalonada.
Las murallas que dibujan el escenario de la procesión que se llevaba a cabo durante las celebraciones del Año Nuevo babilónico, no solo equiparaban a Babilonia con la materia primordial (las aguas fecundas de Tiamat -aguas dulces- y del Apsu -aguas salobres-), convirtiendo a la ciudad en el centro y la causa de la creación, sino que daban nacimiento a los hombres que, desde ellas, protegidos y conducidos por éstas, subían, desde las profundidades, hacia la luz.
El escenario arquitectónico procesional daba a luz a los humanos y, aún hoy en día, mientras se recorre lentamente este tramo, casi mágicamente conservado, en medio del polvo del desierto próximo, no se puede dejar de admirar el espléndido escenario concebido y construido para dar sentido a la vida y, casi, sentir la presión que dichas altivas murallas -que avanzan y retroceden, fluyen y se retiran, como las aguas del óceano, ensanchando y estrechando el camino-, ejercen.
Todos caminábamos en silencio, intuyendo que se tocaba alguna verdad -que la reconstrucción del resto de las murallas no había logrado ni lograría nunca.
En medio de la violencia, al sur de Bagdad, un silencio religioso se impone, y acalla, por un momento, las disensiones.
Quizá Irak renazca entre las paredes ultramarinas de Babilonia.
sábado, 27 de marzo de 2010
Bagdad, cara B: 26 de marzo de 2010
Área de control del aeropuerto de Bagdad
Mujeres chiítas enlutadas en el santuario de Kerbala, al sur de Bagdad
Obscenidad: detalle del fresco del techo de la sala central del palacio de Sadam Husein eb Babilonia
Sala central del palacio de Sadam Husein en Babilonia, construido en pleno embargo (por arquitectos obligados, so pena de ejecución, de levantarlo)
Cuadro en el anexo del servicio del palacio de Sadam Husein en Babilonia
Estancias de la vivienda del personal del palacio de Sadam Husein en Babilonia

Ante el Museo de Bagdad
Edificio administrativo otomano bombardeado y rematado por un suicida-bomba
La calle de Rasheed, otrora semejante a la calle de Rívoli de París
Mercado callejero de pescado
Ministerio de justicia destruido por un suicida-bomba el miércoles negro del pasado agosto

Un cansancio espeso cae tras la salida de Bagdad. Cuesta respirar. Atosiga.
Al alivio por ya no ver más a una ciudad y un país tan devastados, se suman la tristeza por todas esas personas, amigos y conocidos (arquitectos, profesores, estudiantes, etc., como nosotros), que tuvieron una ciudad impecable hasta la primera guerra del golfo -Bagdad no fue físicamente tocada por la guerra entre Irak e Irán-, y que se quedan y se quedarán allí, sabedoras que no verán el renacer de Bagdad, sino que solo sus hijos -o sus nietos- podrán disfrutarlo, que aceptan su suerte no sin luchar por cambiarla; y la angustia ante la devastación -con las imágenes en la cabeza de cómo era Bagdad hace treinta años-, frente al inmenso trabajo de reconstrucción física y moral; ¿por dónde empezar?: ¿por las infraestructuras, la recogida de basuras, el tratamiento de las aguas, la luz, la rehabilitación, la reconstrucción de las casas, el ordenamiento del espacio público, el cableado? Si solo se pudieran retirar los muros de hormigón que trocean la ciudad y parten barrios y familias. Porque todo está por relevantar.
Congresistas iraquíes exiliados que no habían vuelto a Bagdad en treinta o más años sollozaban a volver a ver su ciudad, el estado en qué ha quedado. Una pena inmensa en la sala y las cenas, que trataban de disipar.
La calle Rasheed: hasta los años ochenta, un largo y ordenado paseo porticado, planificado entre 1910 y 1920, bordeado por casas de tres plantas de los años veinte y treinta, y excelentes ejemplos de arquitectura de los cincuenta, armoniosamente compuestas, la gran arteria comercial y festiva de Bagdad, cerca del río, punteada de plazas circulares; hoy, un amasijo de ruinas, cables, hierros retorcidos y oxidados que asoman de las paredes o los ornamentos de hormigón reventados, basura y comercios ambulantes o misérimos, bajo pisos destruidos ocupados por familias que huyeron a Bagdad de la guerra en el sur del país, o que han sido expulsadas de otros barrios, ya que van imperando la limpieza religiosa.
Nadie puede dormir la última noche en Bagdad.
Nosotros nos vamos.
Pero es posible ver a un padre reir a carcajadas, sentado en el borde polvoriento de una calzada hundida, ante las diabluras de unos niños en plena calle, en medio de la grisura. Sorprende y admira el optimismo, las ganas de vivir (y la ingenuidad, posiblemente) de los jóvenes, que salen de noche (aunque nunca más tarde de las doce) para encontrarse en calles y algunos bares, prefiriendo correr el peligro de morir (las bombas lapa proliferan y antes de subir a un coche es imprescindible echar un vistazo a los bajos), o ser secuestrados, a vivir siempre encerrados en casa, es decir, a morir enterrados.
Cuesta ver el interés de lo que nos rodea, de lo que tenemos durante los primeros días fuera de Bagdad.
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