lunes, 3 de julio de 2017

CAMARÓN DE LA ISLA (JOSÉ MONJE, 1950-1992): CALLE REAL (1983)


CALLE REAL CAMARON DE LA ISLA por videosdeflamenco

Calle real del Alosno [pueblo de la provincia de Huelva]
con sus esquinas de acero
es la calle mas bonita
que rondan los alosneros

Cuantos paseos me debes
adiós calle del mal pago
cuantas veces me han tapao
las sombras de tus paredes
las tejas de tus tejaos

La esquina
me dieron tus resplandores
al revolver una esquina
se aleja queriendo niña
el color de toas las flores
de lirios y clavellinas


Ayer se cumplieron veinticinco años de su muerte

NORMAM McLAREN (1914-1987): A CHAIRY TALE (UN CUENTO DE SILLAS, 1957)



... o cómo los objetos no son enseres inanimados, dispuestos o nuestra merced, sino que tienen deseos y necesidades, que requieren que dialoguemos con ellos. Los objetos no se someten. No satisfacen caprichos.
Cuando decimos que los objetos de uso diario, cotidianos, condicionan la vida, no nos damos cuenta de hasta qué punto es cierto: la afirmación debe ser tomada literalmente. Pueden hacernos la vida imposible (no es un cuento de hadas -a fairy tale-), o ser indispensables para vivir, para "asentarse" bien.

sábado, 1 de julio de 2017

THUNDERCAT (STEPHEN BRUNER, 1984): TOKYO (2017)



Sobre este músico californiano, véase su página web.

SAMUEL BECKETT (1906-1989) Y EL ARTE SUMERIO (FILM, 1963-1964)





Un personaje, siempre de espaldas a nosotros, vive obsesionado por el poder de la mirada. Encerrado en una habitación, cubre un espejo, una pecera en la que brillan los ojos siempre abiertos de un pez, teme la mirada aguda de un loro, y se sienta, casi en actitud reverencial, ante la imagen de "Dios Padre", de ojos tan abiertos y obsesivos como los de un Pantocrator, que lo absorben hasta llevarlo a romper la imagen impresa en un pared, clavada en la pared, en pedazos.

Esta escena, central en el cortometraje en blanco y negro Film (inicialmente titulado El ojo), de Samuel Beckett, escrito en 1963 y filmado un año más tarde, protagonizado por Buster Keaton -aunque fue redactado pensado en Charlie Chaplin-, no muestra al dios cristiano, sino a la imagen de un orante sumerio hallado en el templo del dios Abu en Tell Asmar (Iraq) en 1933, la mayor estatua sumeria encontrada, que se halla en el Museo Nacional de Iraq en Bagdad, cuyos ojos desmesurados son, en efecto, absorbentes.
La referencia bíblica se acrecienta por el recuerdo del poema de Victor Hugo, La consciencia, que narra los intentos desesperados de Caín por esconderse de la omnipresencia del ojo de Dios, que nunca se cierra, incluso en la propia tumba.

La imagen procede posiblemente de la tercera o cuarta edición (1936, 1948) del libro de Helen Gardner, Art through the Ages, publicado inicialmente en 1926.

viernes, 30 de junio de 2017

PETER FISCHLI (1952) & DAVID WEISS (1946-2012) DER LAUF DER DINGE (THE WAY THINGS GO, EL CURSO DE LAS COSAS, 1987)



La Fundación Joan Miró de Barcelona ha inaugurado una exposición dedicada a celebrar el treinta aniversario de esta filmación de los artistas suizos Fischli y Weiss que sorprendió a finales de los años ochenta pues, aunque prolongaba el juego y la ironía del arte de la transvanguardia que tanto impacto tuvo en aquel decenio, la libró de cierta pomposidad que, en ocasiones, involuntariamente acercaban más las obras transvanguardistas a la pintura "pompier" o decimonónica, que a la ligereza de los juegos dadaístas o de Fluxus o, incluso, del Pop Art.
Los comisarios (Martina Millà y Serafín Álvarez) explican que este vídeo mostraría a artistas jóvenes cómo crear con mucho ingenio y pocos medios (como David Bestué y Marc Vives en Acciones para la casa de 2005) y fuera en parte de las exigencias o presiones mercantiles de ciertas galería de arte.
Formas y materias en permanente búsqueda -atracción y rechazo- unas de otras y transformación, sin llegar nunca a una forma definitiva, siempre en equilibrio precario, pero sin dejar nunca de buscar el equilibrio -sabiendo que nunca se hallará, quizá por suerte.

Mesopotamia en España: una colección inédita







Fotos: Tocho, junio de 2017

Quizá el nombre de Damián Mateu diga poco hoy. Sin embargo, una marca española de coches de lujo de los años 20 y 30 (1904-1946), al alcance solo de la realeza y de millonarios, pese aya no existir, como Hispano Suiza (convertida en la marca Pegaso tras la Guerra Civil, hasta 1990), sea más conocida.
Fue fundada por un acaudalado industrial catalán, Damiá Mateu -de origen herrero- junto con un ingeniero suizo, quien financiaría también la construcción del primer metro de Barcelona y en funicular del monasterio de Montserrat.
Dada su fortuna y su posición social tuvo que crear una colección de arte, asesorado -a menudo mal- por el estudioso y divulgador Folch i Torres. Sin embargo la colección de vidrio antiguo sigue siendo una de las mejores de Europa, así como las de cerámica china y de cerámica española.
Su pasión era la glíptica. Llegó a atesorar unos cuatro mil camafeos, romanos y muchos del siglo XIX. Esta colección, junto con la de numismática, contaba -cuenta- con una obras poco conocidas: sellos cilindro mesopotámicos, la mayoría asirios o neo-asirios, de piedras semi preciosas.
Comprados a un anticuario o intermediario de París, H. Hassan, en los años 20 y principios de los años 30, contaba con unos cuarenta o cincuenta sellos. Diecisiete forman parte de la colección del Museo de Peralada, ubicado en un monasterio gótico, junto al castillo mediaval de Perelada -restaurado en el siglo XIX según el gusto neo-gótico. Se hallan en las reservas. No han sido nunca estudiados ni publicados. Próximamente se va a iniciar su estudio a cargo de Marc Marín, Holly Pittman y quien redacta..
Constituyen la mayor colección de sellos cilindro española, más importante que las del Museo Arqueologico Nacional de Madrid, y del Museo Bíblico del Monasterio de Montserrat, y que revela que en periodo de entreguerras, existía un inesperado coleccionismo español por obras mesopotámicas, adquiridas en París ante la falta de marchantes locales.

Agradecimientos al Museo de Perelada, a muy especialmente a su director Jaime Barrachina, a Susana García González, y a Maribel González; también al IPOA (UB), Lluis Feliu, Joaquín Sanmartín y Adelina Millet, y a Holly Pittman.

martes, 27 de junio de 2017

FRANÇOIS SCHUITEN (1956) & BENOÎT PEETERS (1956): LA TOUR (LA TORRE, 1987)















La torres es tan grande como el mundo; se pierde, hacia abajo, por debajo de las nubes que coronan los árboles y se adentra no sé sabe a qué profundidad; la cumbre no parece existir; por mucho que uno ascienda, por fuera o por dentro de espacios cada vez más estrechos, los muros siguen rasgando la niebla permanente. pero nunca se descubre en su totalidad.
La torre es un mundo vertical, empinado y desolado. Como el mundo, la torre se estructura en varios niveles. Cada uno está poblado de seres muy distintos. Se cuenta que el gobierno se halla en la cumbre. La torre cruza el espacio y surca el tiempo. Tan alta es que no rige el mismo tiempo en cada parte: la parte central, dotada de amplias terrazas, parece hallarse en el Renacimiento, aunque las altas ventanas que iluminan el corazón de la torre sean góticas. Los niveles inmediatamente superiores acogen construcciones que parecen directamente trasladadas de un grabado de Piranesi, cuando el Siglo de las Luces. Aún más arriba, se intuye el constante bramido de mecanismos industriales del siglo XIX. En lo alto, aún no se sabe.
La torre, de planta circular y muros exteriores inclinados como la panza de un muro de contención, está construida con sillares imponentes. Acoge a vivos y muertos. Altísimos columbarios, donde reposan los muertos, recorren las paredes catedralicias de ciertas estancias. Pero la torre se cae. Algunas partes, por la que cuesta circular a causa de montañas de piedras, están derrumbadas. El chasquido de bloques que se precipitan puntea la vida como las puntuales campanadas de una iglesia.  La torre no está deshabitada aunque en algunas zonas solo se hallan cadáveres. La conexión entre niveles no es fácil ni siempre posible. Imponentes túneles, escaleras de caracol, rampas, puentes colgantes, pasarelas, pasadizos, a menudo tendidos en el vacío, y bloqueados por toda clase de restos, entre cuerdas, cadenas y poleas que cuelgan desde no se sabe dónde, y que se hallan en malas condiciones, revelan que la circulación es o fue posible, solo para quienes superaran el vértigo. Si no, la subida y el descenso solo se puede realizar por el grueso muro exterior, punteado, como una construcción romana,  por pilastras, contrafuertes y molduras que no siempre resisten el peso de un hombre.

"En un principio, la Torre fue concebida como imagen del universo. La construcción debía permitir el ascenso a los diferentes niveles para acercarse a poco a lo Divino. A medida que se ascendiera, ésta debería afinarse y depurarse, librándose de toda pesadez y despojándose de todo recargamiento. Así se alcanzaría el Alma de la Torre, el verdadero objetivo del edificio (...)
Construir la torre ha sido algo tan absurdo como querer tocar a Dios con los dedos. La distancia entre el cielo y nosotros es tan grande que por muy alta que sea nuestra Torre, jamás nos aproximará lo más mínimo al mundo.
¿Está seguro que la Torre no es lo más grande que existe?
Sí, estoy seguro... la Torre no es nada. Representa menos en el Universo que una piedra en la Torre."      
Pese a que, cuando se recorre la Torre, se salga al exterior y se vague por montes empinados, atravesados por fallas abismales, y uno se adentre en bosques impenetrables, siempre se está en la Torre. Es imposible salir de ella, aunque, desde las ventanas, se perciba un mundo poblado de nubes.
Existe, sin embargo, una única salida -si es que una salida se trata: En algunas estancias cuelgan cuadros descomunales: cuadros barrocos y decimonónicos, enmarcados por gruesas molduras, que abren ventanas a otros mundos -no siempre deseables: si algunos cuadros muestran escenas mitológicas protagonizadas por diosas carnales que se ofrecen a la vista del espectador, otros documentan batallas mortíferas, pero también revueltas... E imágenes de la torre de Babel.
Quizá aquí estaría el secreto de la torre...

El célebre cómic belga La Tour (La torre), publicado hace treinta años exactamente, que forma parte de la serie de doce libros Las ciudades oscuras, publicado inicialmente en francés, y que ha dado pie a un sinfín de estudios, tesis doctorales y exposiciones (una de las últimas en la Cité de l´Architecture de París) ha sido recientemente reeditado cuidadosamente en español.


Quizá centre algunas clases prácticas de la asignatura de Teoría II en la UPC-ETSAB el curso que viene....