martes, 28 de enero de 2025

Babel no está solo en Babilonia












Fotos: Tocho, enero de 2025


A poco de la fundación de Bagdad, una ciudad de nueva planta circular, en el siglo VIII, como capital del imperio abasí, ésta fue abandonada en favor de una nueva capital, fundada según un plan semejante: Samarra se creó según un plan hexagonal, aunque se compuso de varias unidades centrales unidas por una vía recta.

Entre los equipamientos destacaba la que ha permanecido como la mayor mezquita del mundo. Levantada en ladrillo en el siglo IX, ha desaparecido, tras la pérdida de importancia de la ciudad, una vez que Bagdad recuperó la capitalidad en el siglo XI, pero permanecen el muro perimetral, las bases de las columnas, el perímetro del patio y, sobre todo, un minarete en espiral, por el que se que se asciende por una escalera caracol sin barandilla, una imagen vagamente inspirada en los ziggurats mesopotámicos, y que dio origen a la imagen medieval de la Torre de Babel -posteriormente sustituida por una imagen más acorde con una pirámide escalonada. El minarete se alza en medio de un extenso yacimiento arqueológico de adobe, sobre el que se levantan, aquí y acullá, restos de murallas y, en la lejanía, cabe el horizonte, ruinas difíciles de interpretar.
 

lunes, 27 de enero de 2025

A los ojos de los dioses: obras maestras de pequeño tamaño del Museo Nacional de Iraq (Bagdad) (IV - I milenios ac)

















 

Fotos: Tocho, enero de 2025


Las Salas de arte Sumerio -las más importantes- siguen cerradas debido a trabajos de mantenimiento, y las salas de los grandes relieves palaciegos neo-asirios de Nimrud están inesperadamente invadidas por vitrinas tapadas; la librería vende publicaciones datadas de los años sesenta; apenas existen paneles con textos introductorios y las cartelas son escasas.

Pero el Museo Nacional de Iraq en Bagdad, devastado hace veintiún años cuando la invasión de Iraq, está abierto, algunas salas están en mejores condiciones y las vitrinas están cuidadas.

Mas allá de las obvias obras maestras, destacan obras de pequeño tamaño -de los que se ofrecen aquí una mínima selección-, algunas de unos pocos centímetros, como los marfiles neo-asirios de los siglos VIII -VII aC, que revelan la intensidad de la mirada de las efigies, que parecen expresar una mezcla de serenidad, lucidez y ausencia de expectativas irrealizables: figuras muy humanas, sin ilusiones ni amargura.

La primera universidad del mundo: Mustansiriya, Bagdad (Iraq, 1227)










 Fotos: Tocho, enero de 2025


Bagdad es una ciudad de nueva planta fundada en el siglo VIII según un esquema circular. Capital del califato abasí -de Mesopotamia al Al-Andalús-, devino el centro mundial de la cultura en el siglo XII, que mantuvo hasta la invasión turca en el siglo XVI, aunque la destrucción de la ciudad por los mongoles, en el siglo XIII, supuso una primera pérdida de prestigio.
En el momento de máximo esplendor, a principios del siglo XIII, el sultán Mustansir ordenó la construcción de lo que sería la primera universidad de la historia, anterior a la de Bolonia. Se trataba de un complejo de dos plantas, alrededor de un patio dotado de diwanes (nichos de gran tamaño abovedados abiertos al patio central, dotados de asientos corridos), estanques y fuentes. Aulas, bibliotecas de un lado y estancias para los estudiantes del otro, de gran altura y gruesos muros de ladrillo, con luces cenitales que proporcionan una iluminación difusa uniforme, distribuidos en dos niveles, configuran un centro de estudios superiores a los que acudían especialistas de euroasia en teología, filosofía, matemáticas, geometría y astronomía, y los mejores estudiantes del imperio becados por el propio califa. La universidad no se limitaba a mantener y divulgar el legado clásico, sino que sus aportaciones, lejos ya de Grecia, sentaron las bases de la ciencia y el pensamiento que anunciaban el renacimiento en occidente.

El conjunto, maltrecho por los siglos de incuria que sufrió Bagdad en manos turcas u otomanas hasta el final de la primera guerra mundial, está siendo rehabilitado y pronto su biblioteca podría volver a estar a disposición de los estudiosos.

domingo, 26 de enero de 2025

Ctesifonte o el palacio del Rey Parto















 

Fotos: Tocho, enero de 2025


Tras el paréntesis de monarcas griegos, sucesores de Alejandro, fundadores de la dinastía de los Seleucidas, a cargo del general helenístico Seleucos, dos tribus persas dieron lugar a dos dinastías sucesivas propiamente orientales que conquistaron toda Mesopotamia, desde la India hasta Anatolia: los partos, a partir del siglo II aC, derrotados y remplazados por los Sasanidas a partir del siglo II dC, hasta la invasión árabe y la creación de un nuevo imperio que sumaba el norte de África, una parte de Europa y Arabia a Mesopotamia. El islam se sumó o sustituyó al Zoroastrismo (la religión de los partos y los sasánidas), el Cristianismo, el Islam y cultos aún politeístas.

Los partos fundaron una capital, en la vecindad de Seleucis sobre el Tigris, la ciudad de los Seleucidas helenísticos: Ctecifonte., una ciudad que murió con la invasión árabe.

El poder de los monarcas partos, y luego sasánidas, se descubría no solo por la capacidad que exhibieron de detener el avance romano por oriente -estableciendo una frontera entre ambos imperios, romano y parto, constantemente violada por los romanos - en el río Eufrates, sino en el tamaño del palacio real, de ls sala del trono, en particular, cubierta por una gigantesca bóveda de cañón construida con ladrillos -la mayor bóveda del mundo levantada con este material-, que se alzaba sobre el ya de por sí descomunal volumen de la sala de planta cuadrada.

Las desgracias del palacio, sin embargo, no han sido causadas por guerras y desidias sino, por el contrario, paradójicamente, por sucesivos intentos de consolidación y restauración, emprendidos en los siglos XX y ya XXI, que han acabado por debilitar la bóveda y causar su derrumbe parcial, hasta un último intento reciente, por una ingeniería británica, que por ahora no ha logrado ningún éxito destacable. El derrumbes de la bóveda parece sino irremediable sí inevitable. Un bosque de andamios por ahora la sostiene aún.

El yacimiento está cerrado aunque se ha logrado poder recorrerlo tras un breve permiso especial. 

La fachada del palacio ya anuncia la arquitectura tardo-romana imperial y el románico.

Adobe y agua: el mantenimiento de los zigurats mesopotámicos









Fotos: Tocho, enero de 2025


 Ha sido la arquitecta y agregada de construcción en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, la doctora Cristina Pardal, quien ha observado la trama de oquedales que recorre el volumen macizo del  arruinado y parcialmente restaurando zigurat de Dur-Kurigalzu (o Gran Montaña de la Sabiduría), del siglo XIII ac, cerca de Bagdad (Iraq) y ha dado con una explicación, corroborada por otros estudiosos. Recordemos que un zigurat es una montaña artificial, alta y altiva base de un templo, en cuya cumbre acontecía la renovación del pacto entre el cielo y la tierra cuando las fiestas de Año Nuevo que ponían fin al yermo invierno. Construidos en el centro de l santuario de la divinidad principal de la ciudad, de las principales ciudades, los primeros, en forma de pirámide escalonada con siete niveles que remiten a los siete niveles celestiales, se levantaron a finales del tercer milenio

Construido con ladrillos macizos de adobe e, el gigantesco macizo descansa sobre una tierra con un nivel freático casi a nivel de suelo, por la cercanía de los ríos Tigris y Eufrates que discurren con dificultad por la casi inexistente pendiente del terreno y la lejanía de la costa, por lo que las aguas van empapando la tierra. 

Las aguas freáticas ascienden absorbidas por la masa del zigurat poniendo en peligro su estabilidad, pese a las sucesivas capas horizontales de alquitrán y de yeso que los constructores depositaban horizontalmente, cada metro de altura, cubriendo la masa de los ladrillos, para detener la subida de nivel de las aguas freáticas. 

Una extensa red de conductos horizontales atraviesas a distintas alturas la masa del zigurat. Aún aún se percibe, acercando la mano, las corrientes de aire que atraviesan la imponente mole. Éstas permiten que el viento seco de la tierra árida vaya ventilando y secando constantemente los ladrillos humedecidos, impidiendo o retrasando que se desmoronen. Aunque una parte del zigurat ha colapsado, permanece el núcleo central bien mantenido por este sistema constructivo que pone coto eficazmente a los efectos más dañinos de la humedad en una obra monumental de adobe.


Agradecimientos a Cristina Pardal por sus clarividentes explicaciones 

jueves, 23 de enero de 2025

Analógico

 Una aguda observación sobre el regreso de la imagen fotográfica analógica -en detrimento de la digital-, más por razones poéticas que técnicas o económicas, nos puede invitar a reflexionar por un momento sobre la analogía/m.

La analogía  -ana + logos, en griego, es decir, reflexión o palabra fundada sobre lo que se encuentra por encima, que observa desde lo alta, y percibe, por tanto, relaciones, conexiones, parecidos o parentescos “por encima” de las diferencias- pone el acento sobre lo común en detrimento de la diferencia. 

La analogía descubre las secretas correspondencias entre unas cosas que en apariencia no mantienen contacto alguno. La analogía acerca los entes y los seres. Les hace ver que se parecen más de lo que muestran o creen ser, y que este parecido no es superficial o insignificante, sino que dice algo importante sobre estos seres. Son seres o entes que no son extraños entre sí. No se dan la espalda, contrariamente a lo que podamos pensar. 

La analogía abre un espacio de diálogo, incluso para que las cosas puedan debatir sobre sus diferencias. Dibuja o establece una mesa de negociaciones. Permite que seres que pretenden no tener nada que “ver” se vean las caras y se descubran; descubran lo que les une por encima de lo que les divide. 

La analogía no niega o escinde la diferencia, sino que valora la coincidencia, entendida como el fruto de un acercamiento entre los seres, entre un entendimiento entre éstos, sin que sean tan solo, meras copias o dobles. Son seres, es decir poseen rasgos individuales propios, pero poseen un ser, una humanidad que trasciende las singularidades.

La fotografía analógica expone una relación entre un ser y su imagen. Ésta se asemeja, o resulta de un íntimo contacto entre un ser y un plano. El ser o el entre se proyecta y deja una huella de su pasada presencia. Dicha marca o señal no es gratuita, sino que remite a quien ha querido indicar su presencia. El ser no se retrotrae o no se esconde, como si no quisiera saber nada del mundo ni de los demás. Se abre al mundo, revela su presencia y el lugar que ocupa, el papel que juega en una comunidad. 

La imagen analogía revela la cara que un ser acepta mostrar, una cara que no es una máscara que esconde su auténtico rostro, sino que es  una plasmación de su faz a través de la cual libra su ser. La imagen analogía muestra como sin los entes y los seres. Es una imagen que abre perspectivas sobre los seres que aceptan descubrirse y entrar en contacto con los demás.

La analogía es lo que constituye la comunidad. Formamos parte de la misma porque destacamos lo que nos une y compartimos valores, maneras de ser, lo que implica que nos percibimos como distintos y, por tanto, necesitados de lo que los demás nos aportan para completarnos. La imagen (analógica) suple y destaca lo que nos falta para integrarnos en una comunidad y no sentirnos excluidos cuando lo que cuenta no son valores o propiedades comunes o semejantes, sino diferencias o sorteadas. 

Solventar diferencias sin anularlas: tal es la función de la analogía, que da continuidad al mundo y lo hace más humano, un espacio en el que las diferencias no son obstáculos o muros.


Agradecimirntos a Roger Adell por su observación 

miércoles, 22 de enero de 2025

Imagen y escritura en el islam



La tradición occidental cristiana señala una nítida distinción entre imagen naturalista y texto. Las imágenes se aprecian con la vista; se interpretan con el intelecto. Su significado puede ser ambiguo o múltiple, o pueden no tener significado alguno, ser meras imágenes decorativas.

Los textos se leen. Se recorren con la vista. La lectura activa de inmediato la comprensión del texto. Su significado suele ser unívoco. 

El texto no cumple ninguna función decorativa -aunque el arte contemporáneo puede comprender textos como imágenes, cuyo significado suele ser obvio, sin requerir interpretación alguna.

El islam (sunita, principalmente), por el contrario, suele o ha sólido proscribir imágenes naturalistas religiosas. Mas, esta prohibición, al contrario que la prohibición luterana, no conlleva la ausencia de motivos, por ejemplo en una fachada o cara de un edificio o un objeto. En estos casos, la geometría, que en el mundo cristiano actúa como base de la composición de las imágenes naturalistas -cuyos primeros bocetos pueden consistir en un juego de figuras geométricas, como ocurre a veces en los apuntes de Durero-, se presenta como la protagonista de las trazas en las paredes o las superficies. 

Las formas geométricas, que no son apreciadas en el mundo cristiano, subsumidas en las formas naturalistas (que se apoyen en la geometría), deben ser consideradas en sí mismas. No componen simples motivos decorativos, sino que su presencia y las relaciones que las figuras geométricas establecen -relaciones complejas, uniones, enlaces, lazos que complican y enriquecen el encuentro o la yuxtaposición de las figuras- deben ser interpretadas.

Como deben ser interpretadas las frases, procedentes del Corán, por ejemplo, que recorren las fachadas, componiendo motivos entrelazados que se distinguen difícilmente de los lazos que las figuras geométricas trazan. Las palabras se leen y se aprecian visualmente, casi como los motivos geométricos. La diferencia entre letra e imagen no es de recibo: las letras, a menudo, se componen -se  grafían, es decir, se inscriben y se escriben- con formas geométricas indistinguibles de las figuras geométricas  “libres”.

Toda vez que las vocales no suelen escribirse, son puntos, semejantes a notas de una partitura, sembrados o diseminados sobre y bajo las consonantes que facilitan la lectura, animan la grafía y se mezclan con los puntos que junto con líneas y planos configuran las composiciones geométricas.

Las imágenes naturalistas, terrenales están proscritas o desaconsejadas, pero no ocurre lo mismo con las palabras y las figuras geométricas, figuras ideales, que “iluminan” las superficies opacas de cuerpos y volúmenes.

La palabra instruye. La imagen distrae.

Una visión distinta -y complementaria- de la que el Renacimiento impuso en occidente.


Véase el texto de Hans Belting: Florencia y Bagdad