sábado, 3 de mayo de 2025

OSCAR NIEMEYER (1907-2012): UNIVERSIDAD CONSTANTINE 1(ANTES UNIVERSIDAD MENTOURI, CONSTANTINE, ARGELIA, 1971-1977)












Fotos y dibujos de la universidad I de Constantine, Constantine (Argelia): Estudiantes de máster de laUPC-ETSAB (España), mayo de 2025


Agradecimientos a Fernando Albaladejo, Joséphine Ombredane y Andrea Solanas por las imágenes y el dibujo (Andrea Solanas), así como a Jaime Ferrer (director del departamento de Proyectos de la UPC-ETSAB) por la recomendación 

Los derechos de las fotografías y los dibujos pertenecen a las personas antes citadas.

Un pórtico de hormigón dotado de rejas, controlado con férrea mano, controla el paso a la plaza central de la universidad Mentouri en Constantine , uno de los tres proyectos de equipamientos universitarios que el arquitecto Óscar Niemeyer realizó para la antigua República Socialista de Argelia (hoy muy lejos de este credo) que admiraba como tierra de acogida de desterrados y perseguidos por sus ideas o ideales. La universidad aparecía así como un espacio de lucha contra la intransigencia.
Anunciada desde lejos por un rascacielos, en lo alto de uno de los acantilados que configuran la abrupta topografía de la ciudad, el campus, en bastante buen estado, tras cincuenta y dos años, y una devastadora guerra civil en los años 90, comprende una biblioteca, aularios y un célebre auditorio semienterrado, cubierto por una bóveda rebajada, una lámina de hormigón que  apenas se alza como una hinchazón del suelo de la descomunal plaza, salpicado de estanques circulares dotados de surtidores -hoy desactivados. 
Los edificios son objetos distantes entre ellos, posados en el vacío. La bóveda descansa sobre tres puntos apenas visibles. Para Niemeyer la sensación de levitación casaba bien con la imagen de la ciudad que corona altísimos acantilados, suspendida sobre el abismo de los tajos que parten la ciudad.
Constantine es hoy una ciudad que ha barrido la presencia de la mujer en la calle, salvo en el recinto de la universidad, en lo alto, aún un espacio acotado donde la imposición es contenida. 

 

viernes, 2 de mayo de 2025

El cuerpo y la ciudad: Tibbis (Argelia, s. II dC)

 


















Fotos: Tocho, Tibbis (Argelia), mayo de 2025


Si la ciudad bien regida es la metáfora del alma, o es un cuerpo lleno de vida, en ningún otro lugar se percibe literalmente estas asociaciones como la ciudad numido-romana de Tibbis.

El nombre deriva del numida -una lengua y una grafía del pasado, que resistieron a la romanización  y solo se extinguieron con la forzada islamización en el siglo VII- Tibist -de donde proviene el nombre de la ciudad en ruinas desde la destrucción por los árabes-, una palabra que designaba un vientre grávido, encinto. La relación entre el cuerpo fértil y la ciudad se estableció gracias a la numerosa presencia -hoy reducidas a trazas- de numerosas tumbas numidas formadas por un tambor coronado por un cono o una cúpula : una forma abombada que sobresalía, como un ombligo de un vientre encinto, de la tierra. 

Esta asociación no solo reflejaba que la ciudad de los inicios era la ciudad de los muertos, sino que la ciudad acogía también a los difuntos -cuyas tumbas anunciaban la ciudad y formaban parte de los hogares- devueltos a la vida en la ciudad.

Estas evocaciones soteriológicas -que denotan la creencia en la vida después de la muerte- también explican la presencia de santuarios dedicados a diversos cultos -o se apoyan en éstos-, entre los que destacaban cultos a divinidades numidas, a Ceres, la diosa del inframundo -y del crecimiento o renacimiento cíclico de las espigas que aún pueblan las ruinas-, a Mitra, una divinidad hindú-persa adoptada por Roma, que nacía, moría y resucitaba, dando su vida y su sangre por sus fieles que comulgaban con la divinidad a través del pan y del vino, y a Saturno, el dios-padre romano, portador de un cuerno de la abundancia, o de espigas, sobre todo en el norte de África, en cuyas manos se hallaba el destino de la ciudad.

Esta preocupación por la vida más allá de la vida no era extraña. La ciudad, agazapada por la ladera rocosa de una montaña, vertía sobre un tajo abismal, por donde circulaban bandas y ejércitos armados, refugiados en las montañas, escapados del control de Roma, que pretendían tomas la ciudad de Cinta (llamada posteriormente Constantine, en honor del emperador Constantino). Ls vida y la muerte de las ciudades y los cultivos se dirimían en Tibbis.

Hoy, los restos dispersos como huesos salpican las escarpadas laderas de piedra rojiza como un cuerpo desollado de los montes Aurès .

La primera universidad del mundo: Madaura (Argelia, s,. II dC)

 




























Fortaleza bizantina, teatro romano, basílica paleocristiana,  almazara, termas, Madaura, ss. I -VI dC

Fotos: Tocho, mayo de 2025


Las ciudades de Bolonia, París y Oxford, a las que pronto se sumaron un gran número de ciudades europeas, desde el norte de Alemania hasta el Mediterráneo, desde Praga a Salamanca y Coimbra, idearon, a partir de finales del siglo XI, un sistema educativo superior que cambió para siempre la formación universitaria: programas similares que permitían convalidar enseñanzas de una universidad a otra para poder proseguir los estudios en una sede distinta de la precedente sin tener que repetir clases. A partir de entonces, estudiantes europeos empezaron a recorrer distintos estados en pos de las mejores clases en diversas ciudades, alejadas entre ellas, configurando así una trayectoria por los mejores centros universitarios.

Sin embargo, los estudios, las especialidades, la calidad de las enseñanzas en estos nuevos centros europeos no superaban los que se daban ya desde la antigüedad en centros chinos, romanos, e islámicos -cuyo nivel a menudo hubiera superado el de las primeras universidades europeas. Sin embargo, a diferencia de lo que ofrecían éstas últimas, los estudios superiores antiguos, hindús e islámicos, pese a su más alta calidad y exigencia, solo podían desarrollarse en un mismo centro. Y no otorgaban títulos reconocidos.

Se discute acerca del primer centro superior de la historia, la primera universidad. Mas, en todos los debates, se destaca la primacía de un centro superior fundado por orden del emperador Trajano en la ciudad de Madaura, hoy en Argelia. Fue la primera o la segunda “universidad” del mundo. Dan fe del nivel de los estudios algunos de los estudiantes más aventajados como el teólogo y escritor San Agustín, y el novelista romano Apuleyo.

Este centro, creado en el siglo I dC, desapareció a causa de la invasión árabe seis siglos más tarde.

Hoy, no quedan rastros de este equipamiento. Madaura es un hermoso campo de ruinas desperdigadas por lomas verdes delimitadas a lo lejos por bosques, a casi mil metros de altura, en los montes Aurès, a los que solo se puede llegar con escolta militar. Un mundo de silencio, barrido por el viento y el lamento temeroso de los rebaños de corderos, sobre el que cigüeñas vuelan en círculo como aves de buen agüero, querríamos creer.