lunes, 19 de mayo de 2025

La ciudad excavada: Tiermes (Soria, ss. II aC -IV dC)





Apolo, bronce del santuario de Apolo en el foro de Termes, copia en Museo Numantino, Soria. Original en el Museo Arqueológico Nacional, Madrid 

























 Fotos: Tocho, mayo de 2025


Aunque preguntarse por el origen y el significado de los nombres propios suele dar lugar a explicaciones fantasiosas, es cierto que es tentador asociar el nombre de la ciudad celtíbera - romana de Termes o Tiermes -un nombre ya existente en época romana- con el sustantivo griego trema (τρῆμα), compuesto posiblemente a partir de una raíz indoeuropea, presente en palabras como trauma (una honda marca indeleble que conforma a una persona), que significa orificio, agujero, en el verbo taladrar, y en el nombre del insecto capaz de abrir túneles en la madera: la termita.
Esta relación tendría sentido. 
Las construcciones originarias celtas o celtíberas, sobre las que se edificó la ciudad romana, estaban talladas o esculpidas en la piedra arenisca rojiza, adentrándose las estancias, bien conservadas aun, en la roca.
 La ciudad no se apoyaba sino que penetraba en los bloques de piedra, ubicados a mil doscientos metros de altura, en un páramo montañoso barrido por los vientos, por el que se inician los cursos del Tajo, el Duero y el Manzanares. La ubicación perfecta, con multiples puntos de agua traídos por acueductos.
La ciudad romana, sin embargo, levantaba cabeza. Se alzaba contra el viento. Disponía de dos foros. El foro principal se construyó sobre una imponente terraza que se alza sobre la pendiente como la proa de de un barco. Este espolón no constituía dos altos muros ciegos, ya que éstos fueron utilizados como fondos de comercios protegidos por un pórtico: lejos de imponer, la base del foro estaba animada por el mercado a sus pies, y evitaba la hierática y distante monumentalidad de la terraza, dotándola de un carácter propiamente urbano, al servicio de la ciudad, protegida por la triada de templos que se alzaban sobre la alta base de piedra. 
Una excelente, discreta y clarificadora intervención a cargo de profesores de Valladolid y de Madrid, delimitando bien las plantas de las construcciones, sobre las que discurren ligeras pasarelas, permiten apreciar la perfecta adaptación de la ciudad celtíbera y su posterior transformación romana, sobre el promontorio rocoso que domina sierras y valles cubiertos por una densa y oscura vegetación. Una ciudad abandonada desde hace milenios aferrada unas lomas de piedra, una ciudad-cueva perfectamente esculpida y de algún modo reanimada.
 







Horror vacui

 





Tras dieciocho años de espera y de trabajos, se ha inaugurado el segundo parque más grande de Barcelona, el parque de las Glorias, ubicado en una rotonda de gran tamaño que sustituyó a una plaza de grandes dimensiones y planta rectangular, una plaza de armas proyectada por el urbanista Idelfonso Cerdá, que mitad del siglo XIX y que nunca se construyó. La rotonda, en cambio pasó por diversas fases, siempre desgraciadas, y constituyó un agujero negro en la ciudad hasta el actual parque.

Éste responde a “un ecosistema urbano plurifuncional”, signifique lo que signifique esta expresión. Su descripción o evocación pasa por una enumeración: una interminable lista de espacios acotados y objetos, más o menos circulares,  dispuestos, como en un cajón de sastre sobre un plano horizontal. Un conjunto de objetos y espacios inconexos: toboganes, áreas de juegos infantiles, espacios “para mascotas” (que no sean niños), umbráculos, “parques de agua” (chorros que emanan del suelo), quioscos, zonas deportivas, viveros, etc. La lista recuerda la célebre serie numeración de los animales del emperador chino, según el escritor Jose Luis Borges, que comprendía animales embalsamados, fabulosos, sirenas, incluidos en esta lista, dibujados por un pincel compuesto por un fino pelo de camello, y etcétera, entre otros.

Parque grandes decimonónicos, como el parque de la Ciudadela de Barcelona, El Retiro en Madrid, el Bosque de Boulogne en París, o el Central Park de Nueva York, apenas dan pie a enumeración alguna. Un umbraculo, un quiosco de música, quizá un estanque…. Desde luego, la corta enumeración no da cuenta de lo que el parque es. Éste no resulta de una suma de cosas disparatadas y desparejadas.

En los parques decimonónicos uno se puede perder -sin sentir preocupación-, pero no se desorienta. Encuentra senderos, que siguen rectos, se bifurcan, ascienden y descienden, giran y prosiguen. El visitante se adentra en un mundo distinto del espacio urbano; logra olvidarse de éste. Tan solo llega un rumor de fondo. El parque recuerda un país de las maravillas, que invita a la exploración.

En el parque de las Glorias es imposible perderse. Pero no se sabe dónde ir. No existen caminos, sino tan solo espacios entre áreas. Es lo que queda si se abstraen aquéllos. No llevan a nada. El espacio, el paseo no existen. Solo cuentas bultos. El espacio se llena, se anula. El parque se asemeja a una ciudad sin calles ni pasos. Se asemeja más a un atestado trastero (verde).

Del parque antiguo no se quiere salir. Se buscan los caminos más secretos, evitando las salidas. Una y otra vez, uno vuelve a adentrarse en el parque, obviando la ciudad. El parque constituye un alto o un paréntesis que se quisiera durara tiempo, como si de un espacio sagrado se tratara. Y, a la salida, el recuerdo permite proseguir el camino mentalmente. El parque constituye el espacio en el que uno se abandona, libre de imposiciones. 

El parque de las Glorias, en cambio, obliga a dar un rodeo, intentando no poner el pie en él. Si el recorrido es inevitable, la búsqueda de la salida deviene una necesidad, acentuada por los obstáculos encontrados. Un nuevo obstáculo. Hasta el próximo proyecto. 





Fotos: Tocho, mayo de 2025

domingo, 18 de mayo de 2025

MARTA SOLARANA CADELO : MIRADOR DEL ROQUEDAL DE CASTROVIEJO, SIERRA DE URBIÓN (SORIA, 2022)



 






































Fotos: Tocho, Soria (España), mayo de 2025

Un entorno de cantos romos de gigantes desperdigados en lo alto de la Sierra de Urbión, que componen, en la deshabitada provincia de Soria, una “ciudad encantada”, coronada por estructuras metálicas lunares que erizan la cumbre.
Un encuentro que remeda el surrealista una máquina de coser y un paraguas cabe una mesa de planchar, y que bien podría causar horror o indignación, pero que conjuga dos naturalezas que parecen hechas la una para la otra: descomunales rocas pulidas por el tiempo, como caídas del cielo, en cuya cumbre se accede por sencillas y ligeras escaleras y estructuras metálicas y conductos  de madera que desembocan en un trampolín suspendido sobre el vacío, una de las intervenciones arquitectónicas más hermosas -sino la que más- que se han compuesto en los últimos años en la península, que  permite, literalmente caminan sobre los riscos, muy cerca del cielo, desde donde se descubre el majestuoso y desolado entorno, hipnótico e inquietante. 
La intervención, poética, discreta e insólitamente necesaria sin serlo,  recibió el premio a la mejor infraestructura en la comunidad de Castilla y León. Un premio que podría englobar a toda España.

miércoles, 14 de mayo de 2025

Precariedad

 Precario: un adjetivo habitualmente asociado a las palabras trabajo y vida. Hoy más que nunca el adjetivo califica negativamente al sustantivo. Precario es sinónimo de inestable, temporal, mal retribuido, inseguro. Dibuja un perfil de una actividad o una persona con escaso futuro y pocas probabilidades de éxito, futuro, supervivencia incluso. Y evoca un porvenir siempre a merced de un tropiezo, una caída, un despido. 

Quien se ve marcado por la precariedad -quien tiene sus actos calificados de precarios- tiene poco de esperar y está a merced de la decisión, el humor o el capricho de otra persona. Los temporeros pasan. Son figuras a los que se presta poca atención. Literalmente, mano de obra, sin que sus vidas cuenten, sin que prestemos atención a lo que cuentan.

Precario viene del latín. La familia de verbo, sustantivo y adjetivo dibuja un mundo aún más oscuro. Precarius  designa lo que se obtiene tras rogar, suplicar. Se trata de una gracia que se concede, y que puede revocarse en cualquier momento. El verbo precor se traduce precisamente por rogar.

Rogamos cuando ya no podemos hacer nada. Las puertas se cierran, y no se tiene a donde ir. Se ruega cuendo no se puede hacer nada más. Se implora a lo alto, a poderes invisibles, o a superiores difícilmente alcanzables. Nuestra vida queda en sus manos. Pueden concedernos lo que imploramos, lo que sea, mas este bien, favor o gracia se otorga para hacernos callar. 

Quien logra lo que suplica queda en deuda -una deuda moral de la que no podrá deshacerse. Lo precario no es justo. No es lo que califica un gesto o una decisión justos, sino condescendientes. Atan para siempre el suplicante al suplicado. Deberá callarse, inclinarse, o reír las gracias. Su existencia depende del humor -necesariamente mudable- de quien lo ha agraciado. Lo precario rebaja, hunde, humilla. Impide cualquier atisbo de independencia. No se puede pensar en libertad. Solo cabe la adulación y la genuflexión. Es el tipo de trato que se tiene con los poderes ultramundanos.

Las gracias se conceden sin mirar, sin saber quiénes nosotros, porque a ojos del duplicado, quien suplica es una presencia molesta que se acalla con la venia. La gracia es la calificación del trato injusto, entre seres socialmente desiguales. Lo precario es una manifestación de falta de reconocimiento, de inhumanidad, en suma.


Agradezco las consideraciones del artista Gabriel Llinás.

Y la lectura de la espléndida novela Misericordia, de Benito Pérez Galdós.