viernes, 13 de febrero de 2026

El último faraón





El concilio Vaticano II, en los años sesenta del siglo pasado (1962-1965), conllevó un radical cambio en el vestuario papal.

Hasta entonces, el Papa, sentado en un trono, empuñaba o se acompañaba de un bastón de mando coronado co vistosas plumas de avestruz y una alta tiara en forma cónica rematada por una punta redondeada.

El trono, el abanico de plumas de avestruz y la tiara tenían una larga historia. Eran los atributos de los faraones.

La relación entre la cabeza de la iglesia cristiana, ubicada en Roma, y el mundo faraónico, entre los poderes de Roma y de Egipto, en suma, no era nueva ni extraña. Las referencias a Egipto aparecen en los evangelios -y en el antiguo testamento-.

Pero, sobre todo, el papa asumía el poder imperial. Los emperadores romanos se representaban con los atributos faraónicos en Egipto y en los santuarios egipcios en los territorios del imperio. 

Por otra parte, el palacio de Diocleciano en Split es una réplica del campamento romano en que se convirtió el templo en Luxor, y el emperador Constantino, el primer emperador cristiano que autorizó la libertad del culto cristiano, fue quien restauró por última vez templos de Amón; tal era la fascinación por el Egipto faraónico.

El poder imperial fue sustituido por el poder papal en Roma, y los atributos faraónicos asumidos por los emperadores fueron naturalmente transferidos a los papas quienes encarnaron los poderes de los faraones. El faraón, el emperador y el papa cumplían un mismo papel: la representación o manifestación  del hijo de un dios en la tierra.

Agradecimientos al egiptólogo italiano Christian Greco por esta comunicación.

martes, 10 de febrero de 2026

ARTUR CARBONELL (1906-1973): ARQUITECTURA Y ESCENOGRAFÍA














 
La postguerra, misérrima y gris, abrió una vía a Artur Carbonell, pintor y diseñador catalán  que combinaba el surrealismo con la nueva objetividad a finales de los años veinte y en los años treinta.
Oriundo de la villa costera de Sitges, refugiado en su pueblo, aislado de Barcelona, halló entonces en la escenografía teatral una escapatoria a la realidad y un espacio donde desarrollar sus fantasmagorías y sus obsesiones. Obras de Tennessee Williams, Cocteau y García Lorca pudieron representarse ya en los años cuarenta -algo inaudito bajo la bota del franquismo de la postguerra-  en los escenarios que Artur Carbonell compuso y en los que sus dos visiones del mundo coincidieron.
Una hermosa exposición en su villa natal recuerda a esta figura un tanto olvidada, cuyas obras pintadas con alucinada precisión ofrecen cuerpos y frutos encarnados y que, sin embargo, no parecen de este mundo, sino del mundo de los sueños -los rostros parecen máscaras, que no se sabe si esconden o revelan-  que se expandirá en el teatro del que Carbonell fue también un destacado enseñante. 



LA HORDE (BALLET DE MARSELLA): A ROOM WITH A VIEW (2020-2025)


 La mejor compañía de danza europea hoy 


O como la arquitectura no se ciñe a paredes que se alzan -como muros de contención y de encierro 

lunes, 9 de febrero de 2026

Paseo por Barcelona





https://factoriaculturalmartinez.com/descubriendo-el-guinardo-con-pedro-azara/

Organizado por la Factoría Cultural Martínez en Barcelona
Domingo 1 de marzo a las 10 horas en el viaducto de Vallcarca 


 

Barcelona: otros relatos arquitectónicos, en Madrid


 La presentación, a cargo de la arquitecta Eva Fidalgo, tendrá lugar a las 19.30 h en:

Magasand Delicias
Tomás Bretón 54
28001 Madrid 


Magasand Delicias

Tomás Bretón, 54.
28001 Madrid
910 78 98 23


 

domingo, 8 de febrero de 2026

ROBERTO ROSSELLINI (1906-1977): LA PRISE DU POUVOIR PAR LOUIS XIV (LA TOMA DEL PODER POR LUIS XIV, 1966), O EL REY-ARQUITECTO



Por fin la obra maestra del director de cine italiano Roberto Rossellini, realizada para la televisión, se encuentra legalmente en internet, tras su restauración.

Se considera que se trata de de mejor película "de ficción documental", que recrea un hecho histórico, el ascenso del monarca europeo más poderoso hasta Napoleón I, que marecará para siempre la organizaciuón -y la división- europea, influyendo decisivamente en la cultura, la política, la religión y los equilibrios y desequilibrios de poder. 
Nunca el reino de Francia fue mas poderoso  -y más pobre.

Luis XIV fue un consumado bailarín, real y metafóricamente; un gran hombre de teatro, que dejó el palacio de Versalles -que ordenó construir, cuyos planos estudiaba y cuyas obras supervisaba-, el apoyo a las letras, y la suspensión de edicto de Nantes que regulaba pacíficamente la relación entre católicos y protestantes, tras las matanzas de protestantes un siglo antes.

Fue también el primer monarca absoluto europeo, minusvalorando el poder del primer ministro; el primer rey -se llamaba elk Rey Sol, y se equiparaba al dios Apolo, inspirador de las artes, de la arquitectura, en particular, un dios luminoso, pero también despiadado, sombrío- que se dedicó a la política, decidiendo sobre los ascensos y las bajadas a los infiernos de sus acólitos y sus rivales, siempre a merced de sus decisiones y caprichos, y no solo a las fiestas, creando una corte a su servicio, temerosa, complaciente y untuosa -absorbida por la moda, astutamente lanzada por el rey-, un modelo de comportamiento político que autócratas y presidentes, ayer y hoy mismo, han seguido y siguen. 

La grandeza de la película reside en el texto, directo, que cuenta sin florituras la vida política en la corte, y que el tono con el que se pronuncian cortas y secas frases, matiza o acentúa el poder de las palabras. Cuenta más, en verdad, lo que no se dice.
Pero no es una obra de teatro filmada. Varias estancias - la cámara real, la cámara del primer ministro, las estancias de la reina madre…- constituyen núcleos donde se desarrolla la historia y que la organizan. Estancias siempre atestadas de guardias, nobles y servidumbre, a las que tan solo el rey tiene el poder de acceder. Ante él las puertas se abren, y se cierran tras su paso. El rey está permanentemente en marcha, de estancia en estancia, dictando sus voluntades ante las que la corte y los ministros, como autómatas, solo pueden inclinarse.
La película narra los primeros años del reinado de Luis XIV. Mas, este hecho, lejos de parecernos de otra época, lejana e incomprensible, deviene extrañamente cercano: dibuja con precisión  los inicios del capitalismo y el sometimiento del poder al capital, todo u las pelucas y las reverencias. O quizá debido a éstas. 

Versión original francesa con subtítulos en inglés en:



ROBERTO ROSSELLINI (1906-1977): POMPEYA (VIAGGIO A ITALIA, 1954)