Sobre ladrillos de madera, condenados a desaparecer -contrariamente a los de barro cocido- el artista iraquí Abdul Jabbar, instalado en los Emiratos, basándose en el poema de Gilgamesh, que incluye la narración del diluvio, ilustra la destrucción del patrimonio mesopotámico saqueado por las guerras, los aventureros, los arqueólogos del pasado, los traficantes, coleccionistas y algunos conservadores de museos, como si un diluvio lo hubiera arrasado, un pasado compuesto de fragmentos dispuestos en desorden y de manera discontinua.
domingo, 15 de febrero de 2026
RAND ABDUL JABBAR (1990): A TALE BEFORE THE DELUGE (UN CUENTO PREVIO AL DILUVIO, 2025)
Sobre ladrillos de madera, condenados a desaparecer -contrariamente a los de barro cocido- el artista iraquí Abdul Jabbar, instalado en los Emiratos, basándose en el poema de Gilgamesh, que incluye la narración del diluvio, ilustra la destrucción del patrimonio mesopotámico saqueado por las guerras, los aventureros, los arqueólogos del pasado, los traficantes, coleccionistas y algunos conservadores de museos, como si un diluvio lo hubiera arrasado, un pasado compuesto de fragmentos dispuestos en desorden y de manera discontinua.
viernes, 13 de febrero de 2026
Conocimiento
Solemos pensar que el conocimiento sucede al distanciamiento. Necesitamos separarnos de las cosas para poder conocerlas mejor. La cercanía impide la apreciación objetiva. La presencia del objeto o el tema no nos permite valorar y comprender lo que las cosas son y significan.
Conocer viene del verbo latino conoscere . Se trata de una palabra compuesta por la preposición co- y el verbo noscere.
Co- significa cercanía. Señala nuestra posición física y afectiva con respecto a un ser o un ente. Estamos junto a uno u otro. Estamos unidos, próximos. Son nuestros próximos. Forman parte de nuestro entorno , nuestra familia. La cercanía permite -y el consecuencia- de buen entendimiento. Entendemos lo que ocurre a nuestro alrededor porque éste no nos es ajeno ni indiferente. Sabemos lo que es y lo que siente.
El verbo noscere significa examinar, escuchar. Acciones que requieren toda nuestra atención, nuestros desvelos. Estamos atentos, atendemos a los seres o los entes. Escuchamos lo que tienen a bien contarnos. Precisamente porque nos reconocemos en ellos somos capaces de prestarles la atención, y darles el cuidado que requieren y solicitan. Somos solícitos. Estamos en contactos, no nos alejamos de sus necesidades.
Conocer significa atender a los demás, a los seres o los entes. Prestar el oído, tener el oído fino para captar lo que quedamente exponen, hacerles caso. Solo así no serán unos desconocidos para nosotros, o unos enigmas, y podremos aprender, ensanchar nuestra visión del mundo gracias a lo que nos habrán podido transmitir sin ni siquiera hablarnos. Solo estando o mejor dicho, solo estando nosotros a su lado, acompañándolos, velándolos. La empatía es lo que nos permite acercarnos a las cosas y las personas para enriquecernos con lo que sentimos saben y revelan.
La distancia solo permite generalidades, sin profundidad alguno, un conocimiento -que no es tal- pasajero y superficial.
Obras maestras arábigas del Museo Nacionsl de Riyadh (Arabia Saudí)
Cerámicas, estatuillas y betilos de resonancias sumeria, helenística, nabatea y romana, propias de la península arábiga, entre el tercer y el primer milenio aC
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El último faraón
El concilio Vaticano II, en los años sesenta del siglo pasado (1962-1965), conllevó un radical cambio en el vestuario papal.
Hasta entonces, el Papa, sentado en un trono, empuñaba o se acompañaba de un bastón de mando coronado co vistosas plumas de avestruz y una alta tiara en forma cónica rematada por una punta redondeada.
El trono, el abanico de plumas de avestruz y la tiara tenían una larga historia. Eran los atributos de los faraones.
La relación entre la cabeza de la iglesia cristiana, ubicada en Roma, y el mundo faraónico, entre los poderes de Roma y de Egipto, en suma, no era nueva ni extraña. Las referencias a Egipto aparecen en los evangelios -y en el antiguo testamento-.
Pero, sobre todo, el papa asumía el poder imperial. Los emperadores romanos se representaban con los atributos faraónicos en Egipto y en los santuarios egipcios en los territorios del imperio.
Por otra parte, el palacio de Diocleciano en Split es una réplica del campamento romano en que se convirtió el templo en Luxor, y el emperador Constantino, el primer emperador cristiano que autorizó la libertad del culto cristiano, fue quien restauró por última vez templos de Amón; tal era la fascinación por el Egipto faraónico.
El poder imperial fue sustituido por el poder papal en Roma, y los atributos faraónicos asumidos por los emperadores fueron naturalmente transferidos a los papas quienes encarnaron los poderes de los faraones. El faraón, el emperador y el papa cumplían un mismo papel: la representación o manifestación del hijo de un dios en la tierra.
Agradecimientos al egiptólogo italiano Christian Greco por esta comunicación.
martes, 10 de febrero de 2026
ARTUR CARBONELL (1906-1973): ARQUITECTURA Y ESCENOGRAFÍA
LA HORDE (BALLET DE MARSELLA): A ROOM WITH A VIEW (2020-2025)
La mejor compañía de danza europea hoy
O como la arquitectura no se ciñe a paredes que se alzan -como muros de contención y de encierro
lunes, 9 de febrero de 2026
Paseo por Barcelona
https://factoriaculturalmartinez.com/descubriendo-el-guinardo-con-pedro-azara/











































