Eugène Delacroix: La muerte de Sardanápalo, 1844
“El bien y la felicidad paréceme que con razón la juzgan, según el modo de vivir de cada uno. Porque el vulgo y gente común por la suma felicidad tienen el regalo, y por esto aman la vida de regalo y pasatiempo.
Porque tres son las vidas más insignes: la ya dicha, y la civil, y la tercera la contemplativa. El vulgo, pues, a manera de gente servil, parece que del todo eligen vida más de bestias que de hombres, y parece que tienen alguna excusa, pues muchos de los que están puestos en dignidad, viven vida cual la de Sardanápalo.”
(Aristóteles: Ética a Nicómaco, I, 5)
El emperador neo asirio Asurbanipal- al que CaixaForum dedica una gran exposición, bien narrada y presentada, con buenas obras- tiene mala imagen.
A las maldiciones bíblicas lanzadas a capitales neo asirias como Ninive desde las que el emperador llevó una política de conquista territorial y se mostraba inclemente -como los gobernantes de ayer (y de….)-, se suman las imágenes de las guerras emprendidas por el monarca, sus luchas con fieras y el trato de los prisioneros que los relieves palaciegos neo-asirios despliegan desde los museos Británico y del Louvre, en París y en Londres, principalmente.
Asurbanipal se mostraba, ante los embajadores que acudían, quizá atemorizados por lo que los relieves desvelan, y por el poder del imperio que se intuía, capaz de disponer de trabajadores para extraer y transportar lastras de piedra descomunales y de tallistas superdotados capaz de ejecutar estas escenas sobre decenas de metros de longitud y varios metros de altura. Relieves que cubrían las paredes de las estancias principales y de los pasillos que llevaban a éstas. Las composiciones documentaban casi siempre escenas violentas, actos de guerra y luchas con leones, y el maltrato o la condena a muerte del vencido.
Pero lo que seguramente más contribuyó a la imagen inhumana del monarca -un monarca ambicioso y lúcido, culto y letrado, por otra parte- fueron las descripciones de este emperador por autores griegos, quienes, a la violencia, le sumaron la depravación.
El nombre de Asurbanipal no aparece en la cita de Aristóteles. Pero sí el nombre con el que se conocía en la Grecia antigua: Sardanápalo,
Este nombre ha logrado casi ensombrecer el verdadero nombre del monarca, Asurbanipal. Y se ha convertido en el nombre del prototipo del inmoral. Sardanápalo, una figura que fascinó a los románticos por su capacidad de saltarse las normas y explorar los márgenes, fuera de la moral convencional, victoriana, una figura trágica y perversa, superada por sus deseos, fue descrito como un varón entregado a las tareas y los placeres de sus concubinas. Lejos de mostrarse como un guerrero, Sardanápalo se descubre como una víctima de la lujuria y de todos los placeres concebibles, con seres humanos y animales: un depravado derrochador u malgastador -de sus fuerzas y sus bienes - ( una imagen que los “virtuosos” griegos cultivaron, para marcar bien las diferencias entre los demócratas y los sátrapas) que, ante la inevitable caída, ordenó la inmolación de todos sus bienes -materiales y humanos-, y de sí mismo, un suicidio por el fuego que, según autores griegos, fue la única muestra de “hombría” y de decencia que practicó.
Hoy se sabe que esta imagen no coincide con la realidad, al menos con la que se desprende de las que el arte neo-asirio promovió, pero es la que el delicuescente romanticismo asumió y divulgó.
Y aún hoy….
Solo hay que pensar en las imágenes orientalistas que siguen circulando e impregnando la política (exterior e interior). ¿Acaso no somos esforzados y honestos, mientras que “ellos”….? Así vamos.
Agradecimientos al doctor Armando Bramanti su apasionante conferencia sobre Asurbanipal como Sardanápalo en CaixaForum de Madrid hace una semana






























































