sábado, 2 de septiembre de 2017
JEAN VIGO (1905-1934): ZÉRO DE CONDUITE (UN CERO EN COMPORTAMIENTO, 1933)
El cineasta francés Jean Vigo, muerto a los veintinueve años, tras cuatro obras maestras -que Tocho irá mostrando.
VADIM FIŠKIN (1965): DOORWAY (EL QUICIO DE LA PUERTA, 2015)
Breve filmación: Tocho, agosto de 2017
Una sala húmeda y a oscuras, de modestas dimensiones, en un modesto y largo almacén de planta baja semi-abandonado, escondido por unos árboles, en un muelle del Arsenal, hoy inutilizado, de Venecia.
Una puerta se abre y se cierra violentamente en la pared de enfrente. Por unos segundos, una luz deslumbrante invade la estancia. Nada o nadie ha empujado la puerta. Se diría movida por un súbito vendaval. Extrañamente, ningún ruido ha precedido la apertura, también silenciosa, como si un fantasma la golpeara.
Tras unos instantes, el movimiento hipnótico se vuelve a producir.
Y es, entonces, cuando se intuye que no "es" una puerta la que se abre.
No hay una puerta verdadera.
Quizá la mejor obra, del artista ruso Fiškin,de la presente Bienal de Arte de Venecia.
http://194.249.15.84/fishkin/wp-content/uploads/2017/02/doorway_msum-.mp4?_=1
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arquitectura desde las artes,
arte moderno
miércoles, 30 de agosto de 2017
Lugar común
Existe una maravillosa y compleja expresión española: lugar común.
Un lugar común es una evidencia; una banalidad; una obviedad. De los lugares comunes no se puede de ir nada, ya no merecen que se les comenta. Todo ha sido dicho ya. Cualquier frase sería una cansina repeticion. Nadie quiere escuchar, ni explorar un lugar común. Espacios transitados incesantemente, gastados. Ya no poseen secretos, rincones sorprendentes. Todo está a la vista. Un lugar común es como un guante al que se le hubiera dado la vuelta, con todas sus interioridades expuestas a la vista de todos. Los lugares comunes son, en el fondo, los más misteriosos y ocultos, precisamente porque ya nadie se ocupa de ellos, nadie reflexiona sobre ellos. Los lugares comunes han dejado de ser un tema de estudio, de constituir una preocupación. Se han vuelto invisibles. Nadie osa recorrerlos, ni mencionar su existencia. Son espacios vetados, como si fueran espacios sagrados, pese a su carácter eminentemente profano. Han sido profanados, usados desde hace tanto tiempo. Todo el mundo cree conocerlos. Todo el mundo ha estado allí (y nadie quiere reconocerlo, nadie quiere reconocerlos, como si se temiera decir algo insustancial, y quedar como alguien inconsecuente. Los lugares comunes son siempre para los otros, aquellos que despreciamos, que no queremos encontrar, con los que no querríamos ser vistos juntos). Lugares ambiguos, vetados y evidentes. Tierra de nadie, ni humanos ni divinos. Carecen de vida. ¿Quien se refugiaría en un lugar común, sabiendo que cualquiera daría por sentado que estaría allí o, quizá, por el contrario, dado que los lugares comunes no merecen atención alguna, permanecería abandonado u olvidado, el refugiado dejado de la mano de dios?.
No hay nada menos común que el lugar común. El lugar común no se comparte, se esconde.
lunes, 28 de agosto de 2017
Auténtico arte
"¿Te has fijado en ese momento artesanal de los entierros en el que una veintena de familiares y amigos del difunto contempla como el albañil prepara la masa de yeso y embadurna las filas de bardos de la pared que cierra el nicho? Nadie se mueve hasta que el paleta ha concluido la obra, todos pendientes de sus gestos. Cada vez que he tenido que contemplar esa escena, no he podido dejar de sentir emoción: ese trabajo me ha parecido el mejor antídoto contra el dolor, contra la punta de nihilismo que te amenaza cada vez que se te muere alguien a quien quieres, o con quien has convivido. Esos veinte doloridos amigos y familiares contemplan el trabajo del paleta que evoluciona ante ellos, un elegante y sobrio bailarín, un atleta de gestos precisos, que despliega auténtico arte, ¿o es que el arte no es precisamente la mezcla de trabajo y representación? Prepara la masa, mide, coloca las hileras iguales de bardos, revoca, enluce. Con su trabajo nos anuncia que la vida sigue."
(Rafael Chirbes: Cremación, 2007)
(Rafael Chirbes: Cremación, 2007)
domingo, 27 de agosto de 2017
MEHRDAD NARAGHI (1978): THE CITY (2014)
Sobre este ingeniero (fotógrafo y cineasta) iraní -expuesto en las Rencontres Photographiques de Arles de este año-, véase su página web
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Como la carne humana...
"...qué belleza es el ladrillo bien trabajado: resiste el tiempo más que la piedra, es más flexible, se deja moldear, late, y, lo que es aún más hermoso, lleva las huellas de las manos que lo colocaron, lleva incorporada su habilidad, su sabiduría, su alma, tiene alma. Como la carne humana, también el ladrillo está animado por un espíritu que lo habita, y es polvo que vuelve lentamente al polvo, arquitectura que se convierte en geología."
(Rafael Chirbes: Cremación, 2007)
NB: Cremación -sobre como la corrupción urbanística corre de parejo con la corrupción moral- es la mejor novela española desde la Fiesta del Chivo de Vargas Llosa.
(Rafael Chirbes: Cremación, 2007)
NB: Cremación -sobre como la corrupción urbanística corre de parejo con la corrupción moral- es la mejor novela española desde la Fiesta del Chivo de Vargas Llosa.
El genio de la botella
Durante años, en los años noventa y principios del dos mil, Turisme de Barcelona participó en la feria de turismo de Riad en Arabia Saudí para captar a un turismo pudiente que interesaba. Según qué años, la delegación se enfrentaba a problemas toda vez que estaba encabezada por una mujer que no podía asistir a las reuniones en la capital saudí.
Mientras, decenas de saudís (esposos, diversas esposas y servicio), vestidos con trajes propios, acudían a una clínica oftalmológica de Barcelona y se instalaban en un hotel de la parte alta de la ciudad. En ocasiones, se sentaban por la tarde en la acera ante la fachada del establecimiento. El tren de vida era tal que numerosos comercios de lujo (joyerías, etc.) se abrieron cerca del hotel.
No hubo ninguna queja.
Mientras, decenas de saudís (esposos, diversas esposas y servicio), vestidos con trajes propios, acudían a una clínica oftalmológica de Barcelona y se instalaban en un hotel de la parte alta de la ciudad. En ocasiones, se sentaban por la tarde en la acera ante la fachada del establecimiento. El tren de vida era tal que numerosos comercios de lujo (joyerías, etc.) se abrieron cerca del hotel.
No hubo ninguna queja.
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