domingo, 16 de mayo de 2021

Joya

La joyería sea quizá el arte por excelencia: el arte de fabricar manualmente un presente, un regalo. Una actividad desinteresada, en la que se vuelca conocimientos y habilidades para honrar y colmar al otro; o, mejor dicho, un trabajo cuyo único interés perseguido es la satisfacción del receptor de nuestra entrega, con el que establecemos buenas relaciones con nuestra ofrenda. Una joya es lo más valioso e íntimo que podemos entregar. La relación de buena vecindad, la complicidad se da y se teje en este acto de transmisión o de transferencia de un objeto en el que hemos volcado todo lo que somos y sabemos. Un objeto diminuto, una pequeña joya símbolo de nuestros desvelos. La joya nos representa y adquiere pleno sentido, ilumina una relación, deslumbra, en el momento, durante el ritual de la entrega. A partir de entonces, el presente no solo se guarda sino que se porta. Quien nos ha regalado está, a través de la joya, con nosotros.

Casi podemos intuir de dónde deriva la palabra joya (joia en catalán, joyau en francés, jewel en inglés...): de iocus, que en latín significa juego, y que ha dado también la palabra francesa joie: alegría. 

Con la joya se tejen el juego y la fiesta, la entrega y el desbordamiento. Una joya es una iluminación, que colma una vida. La joya aporta luz; despierta sonrisa; diluye enfrentamientos; trae complicidades, en un ritual de creación y entrega que se presenta como un modelo de relación humana. La comunidad se organiza y se consolida a través de estos gestos de creación para alegrar la vida y honrar a los demás, gestos que dan vida.

Una joya dice más que una palabra. O, mejor dicho, una joya es una palabra cincelada, gracias a la cual establecemos contactos duraderos y solventamos reticencias.

Pero la palabra joya se relaciona con un nombre propio (ambos términos tienen una misma raíz, que también ha dado la palabra juglar: poeta, maestro de la palabra, que compone, recita y canta, que cuenta  y advierte): Jocasta. Jocasta era la reina de Tebas. Esposada con el rey Layo, no hizo caso de un oráculo. No quiso creer en la palabra divino que le avisaba que no tuviera descendencia, pues el hijo deseado que no debería haber nacido causaría la desgracia de la familia. Ya sabemos cómo concluye la historia. Nació Edipo, que fue un mal aún mayor de lo advertido; mató a su padre y se esposó con su madre con quien tuvo descendencia. Todos lo pagarán con su vida. Edipo fue un regalo envenenado. Jocasta y Edipo se suicidaron; en el caso de Edipo, tras arrancarse los ojos.

Las joyas presiden juegos y rituales; aportan alegría. Pero son palabras sagradas, que hacen ver lo que ni siquiera las palabras pueden apuntar y significar. Las joyas son un idioma universal, un símbolo, un creador de lo que nos constituye como humanos, antes incluso que la palabra, al que debemos prestar toda la atención, al que no podemos hacer oídos sordos so pena del castigo de una vida: la joya express el desvelo, la preocupación, el cuidado, el reconocimiento del otro al que entregamos lo más valioso que hemos podido crear: una ofrenda resplandeciente que diluye la oscuridad, los nubarrones que siempre amenazan las frágiles connivencias, el tejido social a merced del desgarro, de un paso en falso, un gesto malinterpretado.  


La exposición Picasso y la joya de artista, que se inaugura próximamente en el Museo Picasso de Barcelona, trata precisamente de la importancia de la joya en las relaciones humanas, de la entrega y de la compra de voluntades, de deseos alentados y satisfechos, de nuestra capacidad para entregarnos, contando  lo que las palabras no llegan a contar. Cuando la palabra se siente impotente, la joya, el presente, la ofrenda, dice lo indecible. Wittgenstein  no lo supo: podemos ir más allá de las palabras, con entrega y generosidad, con el lenguaje de las joyas. 


Para Montse D., la mejor joyera de Barcelona 

viernes, 14 de mayo de 2021

Suicidio

 


La venta en subasta, ayer, de un gran y espléndido óleo de Picasso por un precio desorbitado, y el trabajo de montaje de la exposición Picasso y la joya de artista, en el Museo Picasso de Barcelona, que se inaugura el jueves 20 de mayo, nos ha llevado, a quienes trabajamos en la muestra, durante el almuerzo, a recordar que todas las mujeres de Picasso se suicidaron -una, Marie Thérèse Walter, conocida cuando ella tenía dieciséis años y él cuarenta y cinco, a la que abandonó cuando quedó embarazada, y que años más tarde se colgó -, menos una, la pintora Françoise Gilot, que lo dejó, pero que tuvo que huir a los Estados Unidos para poder sobrevivir, pues Picasso, enfurecido, ordenó que ninguna galería ni ningún coleccionista franceses expusieran ni compraran su obra. También sorprendió que Jacqueline Roque, su última mujer (que se suicidó tras el fallecimiento de Picasso y la resolución de la herencia), se refiriera a su esposo como El Sol, y se dirigiera a él como Mi Señor.

Una última víctima fue un nieto de Picasso, llamado Pablito, que se envenenó con lejía, tras una atroz agonía, porque Jacqueline no le permitió velar el cuerpo difunto de Picasso. 


http://www.bcn.cat/museupicasso/ca/exposicions/picasso-i-les-joies-de-artista.html

jueves, 13 de mayo de 2021

La plata de Picasso



















 En los años cincuenta, Picasso encargó unas bandejas de plata al mejor metalista y joyero de Francia, Francisco Hugo, célebre por la manera tan precisa como martilleaba el metal.

Dichas bandejas, un regalo para su esposa Jacqueline, fueron la primera incursión de Picasso en esta arte decorativa. Picasso realizó los bocetos y supervisó todo el trabajo. Algunas bandejas se produjeron en series limitadas.

Poco conocidas -mucho menos que obras similares en cerámica, originariamente modeladas y pintadas por Picasso-, la platería de Picasso no suele exponerse, pero constituye un muestrario de los motivos -caras, toros y bestiario diverso, retratos- que Picasso cultivó tras la Segunda Guerra Mundial. No se han expuesto nunca públicamente.


Agradezco a la estudiosa Manon Lecaplain la información sobre esta obra de Picasso 

miércoles, 12 de mayo de 2021

Ascensión

Sorprende que, siendo España un país católico, no celebre la principal fiesta cristiana que no es tanto la Natividad o el Calvario, sino el acto que cierra la vida terrenal del Hijo de Dios: la Ascensión, que acontece cuarenta días después de la Resurrección, es decir, mañana jueves 13 de mayo.

La Ascensión no se debe confundir con la Transfiguración ni con la Resurrección. La transfiguración fue un acontecimiento que tuvo lugar en lo alto de una montaña, durante el cual la naturaleza divina se impuso a la humana: el dios hombre que es Jesucristo devino, por un momento, Cristo: su rostro empezó a irradiar con tal intensidad, anulando la opacidad de la carne, que los discípulos no pudieron soportar la visión. La esencia anuló la apariencia; ésta fue incapaz de traducir la esencia; se quemó, se consumió, y la esencia sin el soporte material de la apariencia devino invisible.

La resurrección fue un hecho que puso en evidencia la superioridad de la naturaleza divina en la figura de Jesucristo durante el periodo de cuarenta días  que le quedaban en la tierra. A partir de entonces Jesucristo se comportó más como Cristo -una figura sobrenatural que aparecía y desaparecía misteriosamente, sin que fuera en ocasiones reconocido- que como Jesús. 

La Ascensión pone fin a la vida terrenal de Cristo. Se trata de un hecho también misterioso. Mateo no lo menciona. Para Marcos y Lucas, Cristo es raptado al cielo. Su ascenso no parece un acto voluntario, sino sufrido. No se indica quien le hizo subir hasta desaparecer. Y, sorprendentemente, Juan, que se extiende sobre la última vida terrenal de Jesucristo tras su resurrección, tampoco menciona la ascensión. Las Actas de los Apóstoles sí se refieren, brevemente, a la ascensión -un hecho también causado por un agente externo- y a la desaparición tras una nube, si bien se indica que el regreso de Cristo al final de los tiempo acontecerá de manera exactamente inversa a la ascensión.  

La ascensión es, pues, un acontecimiento mágico, que dos de los evangelistas no mencionan y al que los dos otros evangelistas se refieren en una línea.

La ascensión, en cuerpo y alma, no es un hecho propio del cristianismo (o, mejor dicho, del judaísmo reformado). Enoch, un patriarca antediluviano, fue raptado en vida hacia el cielo y nunca regresó. Viajes de ida y vuelta, como el del profeta Elías llevado en un carro de fuego -ciertamente se trata más de un viaje aéreo que de una ascensión-, podían acontecer. Pero héroes greco-latinos como Herakles y Eneas sufrieron la apoteosis, que es, literalmente, el desplazamiento vertical hacia los dioses, entre los que el héroe ascendido vivirá. la apoteosis es tanto una ascensión como una deificación: el héroe es reconocido como un igual por los dioses que lo llaman a su seno.

En todos los casos, la ascensión pone en jaque la condición humana que, lejos de elevarse desciende, se escoge y cae. La elevación es un acto digno de dioses y héroes -sin que la caída más dura ocurra.

  

martes, 11 de mayo de 2021

Ni pan

 En 2014, comentamos la transformación -o degradación- de la librería Ancora y Delfín (durante muchos años la mejor y más agradable librería de Barcelona), proyectada en los años 50, en una panadería de franquicia:

http://tochoocho.blogspot.com/2014/06/pan-y-circo-o-la-destruccion-de-la.html


Siete años más tarde, ya solo queda:



Foto: Tocho, mayo de 2021




Estética y Arquitectura


Dirección y entrevista: Jorge Raedo (Bogotá, Colombia)

lunes, 10 de mayo de 2021

El enigma íbero. Arqueología de una civilización (Museo de Arqueología de Cataluña, Barcelona, 2021)

 
































Fotos: Tocho, Mayo de 2021


Raras, muy raras son las exposiciones de arte íbero, en España y en el extranjero. Considerado a menudo como un arte provinciano, torpe, grosero, derivativo del arte fenicio y griego, las artes o las culturas íberas han sufrido además manipulaciones políticas, ya sea presentadas como la "esencia" de, paradójicamente, lo hispano o lo catalán, un arte autóctono, propio y personal, no "contaminado" por las artes orientales y clásicas.

La propia situación del museo de arqueología de Barcelona es o ha sido insegura. Durante muchos años -y quizá aún siga así- las autoridades quisieron desmontar el museo, uniendo sus colecciones a las de los museos de artes y tradiciones populares, y de etnología, para crear un gran museo costumbrista, en el que las aportaciones griegas y romanas se diluirían ante las artes "autóctonas". Esta inseguridad legal o estatutaria, ha llevado a un incesante baile de directores que, apenas nombrados, se enfrentaban a presupuestos irrisorios, estructuras avejentadas, museografía y museología, textos y presentaciones añejas -que nadie actualizaba dada la precariedad y temporalidad del museo, siempre a merced del cierre y desmantelamiento-, y abandonaban; cualquier modificación era siempre temporal. Los presupuestos eran casi inexistentes. El museo no tenía fondos ni para modestas exposiciones temporales. Carecía -carece aún- de catálogos. Se trataba de un museo fantasma, sin visitantes, desconocido, olvidado y abandonado, sufriendo la comparación con el muy ideologizado Museo de Historia de Cataluña -que expone, a través de réplicas, una historia gloriosa.

 Barcelona se ha caracterizado por la existencia de múltiples pequeños museos municipales y de una errática o errónea política museográfica, que ha llevado, por ejemplo, al cierre del segundo mejor museo de cerámica europeo, diluido en el Museo del Diseño, en el que también ha quedado encerrado el antiguamente gran museo textil y de la indumentaria. 

Pero parece que el museo de arqueología ha resistido. Desde hace algunos años, se han renovado las explicaciones, a falta de las presentaciones -aunque se acaba de ordenar la exposición permanente del altillo, con muy buenos retratos romanos-, y se ha logrado organizar excelentes exposiciones arqueológicas.

La presente muestra sobre arte íbero es una de las mejores exposiciones arqueológicas del siglo XXI en Barcelona. Con unas obras muy bien escogidas de una cuarentena de museos, unos textos y unas explicaciones, en paneles y pantallas de los mejores estudiosos, claros, la exposición plantea la complejidad, la dificultad de la interpretación de la cultura íbera, que van desde el marcaje ideológico y los lugares comunes hasta la imposibilidad del desciframiento de la escritura, mostrando cómo se ha fraguado un imaginario, que ha ido desde el desprecio hasta la exaltación del caudillismo. Una maravillosa lección de historia, en toda su complejidad, muy bien explicada, que acompañan obras, hermosas o intrigantes.