Un estreno es una fiesta. No podemos acudir a un estreno vestido de calle. Tenemos que vestirnos o revestirnos para la ocasión. Una ocasión singular.
El estreno de una casa se acompaña -y se simboliza- con un banquete. Los invitados -familiares, amigos y conocidos- no acuden con las manos vacías. Traen un detalle, un regalo que ofrecen a los dueños de la nueva casa.
Un estreno se acompaña de un intercambio de regalos: alimentos y objetos decorativos, personalizados escogidos , por ejemplo, “para la casa”.
Nada se abre, no se accede a ningún estatuto -mayoría de edad, nuevo estado (de los esponsales a la recuperada soltería por separación o defunción del cónyuge)- sin un obsequio: una muestra palpable de cortesía, que realza la apertura del hogar o de un nuevo hogar, o la entrada en un nuevo estado civil, voluntario o forzado. El don expresa bien la importancia del acto, y lo realza.
Una conversación con amigos italianos sobre la importancia de la Befana, una bruja que durante la noche del 5 al 6 de enero, realiza los oficios que el España acometen los Reyes Magos, y otras figuras como el Papa Noel en otras culturas (habitualmente, unos días antes, cuando la Nochebuena, del 24 al 25 de diciembre), la entrega de regalos a los niños (y los adultos) que sella el inicio del año, invocando su prosperidad y el desvío de los males, puso el acento en el posible origen de esta figura anciana, o al menos de la figura que repartía bienes en el año nuevo (que en la Roma antigua acontecía cuando el solsticio de primavera, en el mes de marzo, Martius, dedicado al dios de la guerra Marte, cuando se reemprendían con renovado vigor las hostilidades puestas en cuarentena durante los fríos meses del invierno, hasta que Julio César decretó que el año nuevo se iniciaría cuando el mes dedicado al dios bifronte, de las dos caras, el dios Jano -Dios de los umbrales, el dios de la arquitectura, del tránsito entre los espacios exterior e interior-, que miraba hacia el año concluido pero también, con su otra faz, hacia el año que despuntaba, el mes de Enero -Janvier, January, Gener, en francés, inglés, catalán).
Se trataba de una diosa de la que muy poco se sabe, pero que sigue presente entre nosotros a través del concepto de estreno y de los regalos de año nuevo que en francés se llaman, significativamente, étrennes: la diosa Strenia o Estrenia. Tan solo unos pocos textos (tres o cuatro) se refieren a esta antigua divinidad, cuya importancia, empero, no puede obviarse.
Su templo señalaba una vía procesional, la Vía Sacra, que ascendía del Foro a la Ciudadela en el Monte Celio donde, explica el gran sabio romano Varron, los augures leían la voluntad de los dioses a través del vuelo de los pájaros, lo que determinaba la suerte que acompañaría el año nuevo. La procesión se iniciaba no sin ofrendar a la diosa Strenia, que garantizaba el vigor, la energía y la determinación, así como la buena salud necesarios para emprender el largo tránsito de un año a otro. Strenia velaba sobre en intercambio de regalos que acontecía en las calendas de Enero, con los que se estrechaban los vínculos y se trataba de evitar los enfrentamientos cuando los lazos se rompen. Strenia daba la valentía necesaria para enfrentarse a lo desconocido, lo que nadie sabe qué nos ocurrirá. Fuerza y viveza, buen ánimo. Moral alta. La palabra inglesa de origen latino que se traduce por fortaleza, strength, aún recuerda la importancia de esta diosa antes de acometer el nuevo año.
Esperemos que Strenia aún vele sobre nosotros. La necesitamos más que nunca.
A Mariagrazia, Ilaria y Paola






















































































