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sábado, 24 de octubre de 2026

Álgebra



El “arte de restituir a su lugar los huesos dislocados” es una técnica que practican los cirujanos. Recomponen una entidad , reuniendo y ensamblando los fragmentos dispersos. Un ente fracturado trata de recomponerse. Las heridas buscan suturarse. Las grietas, los cortes, fruto de una violencia voluntaria o involuntaria, intentan superar lo que los causó.

Se trata de un trabajo similar al del arqueólogo o al del restaurador que recogen lo que queda de un ente al que tratan de devolver la unidad, disimulando o no las juntas y supliendo en ocasiones las partes que faltan para asegurar la estabilidad del conjunto : un ejercicio que devuelve a la vida lo que se ha perdido, y reordena el mundo sumido en el caos.

Este trabajo meticuloso lo asumen también otros profesionales: los matemáticos y los arquitectos. Recibe un nombre de origen árabe, procedente del título de un manual persa de origen hindú: álgebra (al-jabr). Una ciencia que combina lo que no pertenece a una misma familia, de modo que se alcanza un todo armónico que no neutraliza la libertad de movimiento de cada componente: permite cierto juego, siempre que los ligámenes recompuestos no se vuelvan a quebrantar.

El arquitecto selecciona lo disperso y lo junta hasta componer un elemento que los engloba. Estos materiales son minerales. Y también orgánicos. Tribus, clanes, familias son invitadas a participar en una tarea común. Proceden de ámbitos, credos y culturas diversos, a veces enfrentados. Pero la álgebra, como la arquitectura les abre un espacio común en el que se compensan, se corresponden y se equilibran. La álgebra es el arte que atiende al número y a la suma, y trata que nada ni nadie quede excluido: una reflexión y una práctica que rescata lo perdido, lo retraído, lo abandonado y desdeñado, devolviendo a cada elemento su dignidad y su prestancia, cuidando que ningún componente no pueda sumarse a la edificación devolviendo un conjunto: una comunidad en la que lo que más se valora es el equilibrio y los contactos entre miembros. La álgebra reduce diferencias y rechazos en beneficio de un todo que se compone sumando y emplazando cada componente, sin que nadie se vea forzado a intervenir. Una tarea que busca el bien común. 


Tal es el tema y el título de la exposición del artista brasileño Paulo Nazareth hoy en Venecia:

 https://www.pinaultcollection.com/palazzograssi/en/paulo-nazareth-algebra

lunes, 28 de septiembre de 2026

El piso

 Por suerte, sin lugar a dudas, empleamos palabras tan comunes que no pensamos ni necesitamos hacernos preguntas sobre lo que evocan. Y, sin embargo…

¿Qué es un piso o, mejor dicho, qué cuerdas o qué notas hace resonar esta palabra. Los pisos parecen no tener misterio -salvo su precio.

Piso es, en verdad, un verbo en latín. A veces se escribe como pinso. Piso o pinso significan prensar, machacar. Designan una acción destructiva, sin duda, pero necesaria para igualar y alisar un conjunto compuesto de elementos dispares que configurar un grupo escasamente cohesionado. De ahí que, en inglés, flat signifique piso y planicie. 

Un piso es una superficie alisada, fácilmente pasable, que no ofrece dificultad alguna para deslizarse con comodidad.

El piso se caracteriza por el suelo sobre el que descansa. Un plano horizontal -o dos, más bien, ya que el techo constituye el piso o el suelo del piso superior. Un piso se extiende horizontalmente: el espacio se alarga, se intercala entre dos planos. Los muros, las divisiones verticales no definen ni constituyen un piso: su volumen se expande en todas direcciones. Un bloque de pisos resulta de la superposición de volúmenes en los que domina la horizontalidad, una línea que apacigua e inspira seguridad. Los dos planos que nos soportan y que nos cubren delimitan un espacio en el que deberíamos sentirnos cómodos, acogidos. La altura está a nuestra altura: una altura humana, que ni angustia ni encoge el ánimo. Un piso es un hogar -hoy tan difícil de conseguir.

Lo que se suele obtener con más facilidad es un apartamento. De nuevo, una palabra denota de dónde procede y qué imágenes acarrea. El verbo en latín parto se traduce más que por apartar, que también, por trocear o dividir. El plano vertical, en este caso, constituye el eje principal, que construye y articula el espacio. Un apartamento es un espacio (pequeño) segregado. Está separado de los demás, cerrado sobre sí mismo. Un bloque de apartamento es un espacio troceado, triturado. Se compone de celdas aisladas, de espacios desconectados, partidos. Un apartamento no constituye unidad alguna. No está entero. Es solo una parte, debido al deseo de multiplicar los espacios, necesariamente pequeños o empequeñecidos, en aras de una mayor ganancia. En el apartamento las paredes mandan. Constituyen barreras. En un piso, en cambio, son los pasos, que conectan espacios, los que permiten que la vida circule. 

Entre el aplanar , que facilita el tránsito, y la partición, que lo interrumpe, se dibuja dos maneras de concebir y de constituir un espacio doméstico: un espacio libre de obstáculos, por el que la imaginación se desliza, frente a la imposibilidad de ir más allá de unos límites que se alzan, evitando cualquier escapada imaginativa: un espacio bloqueado. 


domingo, 2 de junio de 2024

Umbral

 Seuil, la traducción francesa de la palabra umbral, puede sonar a sol -suelo. Mientras, una rápida pronunciación de la palabra el umbral da algo así como lumbral. 

Esta supuesta palabra, lumbral, no es tal: no es una palabra inventada o mal pronunciada, sino la palabra de la que deriva finalmente umbral, y que tiene la ventaja sobre ésta que conjuga los dos significados que evoca, sin que quizá seamos conscientes, el umbral. 

Umbral aúna la lumbre y el límite, como seuil está relacionada, no es una ilusión o confusión sonora, con suelo.

El unbral es un límite entre dos mundos. Los mantiene separados, pero permite el tránsito. Estos mundos son como el día y la noche. La calidad del fuego se opone a la fría noche. La protección que aporta la lumbre se desmarca de la inseguridad que la oscuridad trae consigo. 

Pero la frontera entre ambos mundos existe para ser cruzada. No es una barrera, un muro infranqueable que impide el acceso.

 Un umbral existe para ser transitado. El umbral compone el movimiento y la quietud a la que el fuego, o el hogar invita. Un umbral es la antesala al recogimiento, que solo tiene sentido y calor como la culminación y el final de un desplazamiento. El umbral acelera la venida hacia el hogar, y frena, detiene el avance. 

Tras el cruce del umbral ya solo queda el detenimiento, es decir, el encuentro con uno mismo y con los demás.

 Las comunidades se constituyen, el diálogo se establece gracias al umbral. Éste invita a reunirse, sentarse y asentarse, obviando la soledad indeseada. Un umbral es una promesa de espacio y de vida compartidos. 

El umbral derriba un muro, sin que éste pierda su condición defensiva. Mas, tras haber superado el umbral, caen las defensas, los recelos. El espacio delimitado, cerrado por los muros, al que solo se puede acceder a través del umbral, invita a la apertura, al abrirse a los demás, sin que por otra parte, el ensimismamiento, que solo se da en un espacio recoleto, a solas con uno mismo, esté proscrito. 

El umbral articula valores contrarios que confluyen en este paso, gracias al cual se transforman, se dan la vuelta. El desplazamiento y el emplazamiento, la luz y lo umbrío, el límite físico y la imaginación sin límites, el esfuerzo y el descanso, hallan el equilibrio tras el umbral, cuando la noche o el sol cegadores del exterior se atemperan en contacto con la clarividencia que la lumbre aporta. 

De la acción incesante e intempestiva que el espacio exterior, ilimitado, exige, donde solo cabe el griterío para hacerse oír en la lejanía, a  la contemplación fascinada, quieta y en voz queda a la que invita la lumbre a la que el umbral abre las puertas. 

El umbral negocia la unión y el tránsito de lo propio y lo ajeno, la privacidad y la publicidad, la intimidad y la exterioridad, permitiéndonos una vida plena y compleja, en la que acción y sentimiento no constituyen mundos enfrentados, sino que componen un universo plenamente humano en el que el presente, el pasado recordado, y el futuro soñado, a la luz del hogar, antes volver a cruzar el umbral y partir a la aventura, se encuentran y dan sentido a la vida.

Quizá sea el umbral el hallazgo más humano y el origen de la arquitectura, su base o fundamento (su “suelo”), un espacio hecho a la medida del hombre, con el que nos podemos hacer al mundo y hacérnoslo nuestro.