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viernes, 21 de agosto de 2026

JEAN-MARC BUSTAMANTE (1952): TABLEAUX (TERRAINS VAGUES -CUADROS: TIERRAS BALDÍAS)































 Charles Zana (1960): arquitecto y escenógrafo: Fonds Bustamante (Colección Bustamante), antigua iglesia de la Santa Cruz (Sainte Croix), Arles (Francia), 2026 

Fotos del centro: Tocho, Arles, agosto 2026


Siempre enmarcadas con un sencillo listón de madera oscura, las fotografías del francés Jean-Marc Bustamante, se titulan de la misma manera: Tableau (Cuadro, seguido de una numeración). Sin embargo, la imagen es voluntariamente anodina: una vista de un terreno baldío, con edificios que pasarían casi desapercibidos, si no fuera por cierto mal gusto, cierta ostentación en su decoración barata, y sobre todo, porque se trata de construcciones abandonadas, a medio levantar, en medio de un entorno arruinado por la propia obra, un ejemplo de dejadez y degradación. Bustamante fotografía obras que no han llegado a buen puerto, que tampoco merecían ser concluidas, en un entorno empequeñecido, reseco, que ni siquiera llama la atención por su fealdad. Toda la escena es casi invisible. Nada tiene que llame la atención, por sus cualidades o por la falta de éstas; una nadería que no atrae ni molesta, sobre la que la vista resbala, sin que nada lleve a arquear las cejas, salvo por el marco que metamorfosea la nada en un cuadro y lleva a que nos preguntemos qué es un cuadro y qué rasgos posee que merezca que sea expuesto. No son el tema ni la técnica. Y, sin embargo, la propia ausencia de cualidades deviene una cierta cualidad, un rasgo propio, que lleva a detenerse ante la imagen y sorprenderse que lo que no merece ser contemplado atraiga. Un ejercicio, seguramente enrevesado y quizá arado, que da lugar a obras que, ciertamente, llevan a preguntarse porque las miramos, con cierta obsesión, cuando no hay nada que ver.

Algunos de estos “cuadros” -junto con otras obras escultóricas y pictóricas del artista, de menor interés- se exponen, al lado de obras de otros artistas que colecciona (el alemán Thomas Schütte siendo el más y mejor representado), en un nuevo museo de arte contemporáneo privado en la ciudad francesa de Arles, creado por Bustamante, ubicado en una iglesia sobriamente (salvo la escalera, excesiva en su flamígero tratamiento) restaurada y convertida en un centro cultural, que se suma a la fundación LUMA de fotografía, cuya masa y desafortunada forma, del arquitecto Frank Gehry, domina o aplasta el discreto perfil de la ciudad de Arles, de origen romano.    

sábado, 15 de agosto de 2026

COURBET Y LA ARQUEOLOGÍA: EL PUENTE ROMANO Y EL YACIMIENTO DE AMBRUSSUM EN LA VÍA DOMITIA (NÎMES, FRANCIA)





 















 
Fotos del puente y del yacimiento del oppidum de Ambrussum: Tocho, Ambrussum (Lunel), agosto de 2026


El pintor francés Gustave Courbet documentó, en los inicios de su carrera, un encuentro en un camino en el sur de Francia, entre Nîmes y Montpellier. Seguía la umbría senda , de difícil encuentro, ayer como hoy, que bordea el violento y destructivo torrente de la Vidourle y la vía Domitia romana, que unía Hispania y Galia con Roma, y pasa cerca del acueducto que conduce al oppidum galo, del siglo IV aC, convertido, dos siglos más tarde, en el asentamiento romano de Ambrussum, vigente hasta mitades del siglo III.
El acueducto, del que se conserva una arcada completa -Courbet vio aún dos, y tres se conservaban en el siglo XVII-, tras las destrucciones causadas, aún hoy, por las súbitas crecidas del torrente, tenía once arcadas y una longitud de ciento cincuenta metros. 
Daba acceso a un poblado galo convertido en la colonia romana de Ambrussum. Excavada a partir de 1964, cuyas excavaciones siguen hoy, muy bien documentada y de visita libre, conserva empinadas calles bien pavimentadas, seiscientos cincuenta metros de la muralla gala, con una altura de un metro y medio aún, y torreones de planta cuadrada, inscritos en torreones de planta semicircular romanos que envuelven la defensa gala. Viviendas romanas y edificios público se dispersan por la garriga deshabitada, recorrida a lo lejos por la autopista paralela a la vía Domitia. 
El yacimiento y el acueducto fueron preservados por el entonces inspector de los monumentos históricos  franceses, en la primera mitad del siglo XIX,  el gran escritor Prosper Mérimée (historiador y arqueólogo), quien, inspirado por el paisaje y las ruinas de la región, escribiría uno de los cuentos de terror más célebres: La Venus de Ille. 
El cuadro que Courbet dedicó al acueducto acabó por asentarlo en la memoria y permitió que fuera preservado. La visita, entre árboles y la garriga, sin nadie, constituye un arduo y hermoso recorrido entre piedras, arbustos y matorrales, cabe un torrente de aguas verdes, amansado estos días, hasta su próxima e inevitable furia.


domingo, 2 de agosto de 2026

JEROME HILL (1905-1972): THE SAND CASTLE (EL CASTILLO DE ARENA, 1960)



Entre Tati y Fellini, esta extraordinaria película, entre ficción y animación, de uno de los mejores cineastas norteamericanos -pintor y músico, formado en Francia-, es una joya que el Museo de Arte Moderno de Nueva York acaba de restaurar.
Basada en teorías de Jung, entre el sueño y la realidad, la película muestra que cuando se logran construir castillos de arena, dar forma a los sueños, todo ya es posible.
Imprescindible.

domingo, 19 de julio de 2026

RAYMOND HAINS (1926-2005): LE GRAND LOUVRE (1986-1996)










 

El artista francés Raymond Hains, conocido por sus obras que rasga las vestiduras y levanta las alfombras -así, por ejemplo, exponía carteles arrancados de las paredes, compuestos por sucesivas capas de carteles pegados los unos sobre otros, a lo largo de años, maltrechos, rotos, desgarrados, que en su involuntaria yuxtaposición mostraban en un mismo plano detalles de carteles distintos, que adquirían un significado muy distinto, casi siempre caricaturizado, del que poseían en su origen, un trabalenguas de imágenes y palabras propias de registros distintos accidentalmente acordados, y creando obras absurdas, risibles y fascinantes en su despropósito-, retrató durante diez años la construcción de la gran intervención arquitectónica en el museo del Louvre en París, consistente en el entierro de un único acceso señalado por una discutida pirámide de vidrio, convertida en el reclamo del museo y el origen y el destino de las colas diarias de visitantes y de las miserias de la institución. 
Cables desacordados que sobresalen del suelo como plantas deshojadas y secas, sillares olvidados, grúas que se baten contra el viento, y el habitual desaliño de una obra, con los grumos de cemento y las sobras o los olvidos de los materiales de construcción, componen la irónica imagen de grandeza que las obras pretendían comunicar.

Una exposición, hoy, rescata este fotografías, el anverso de un gran proyecto en entredicho por los problemas causados por la sobreexposición del museo.

jueves, 9 de julio de 2026

ÉDOUARD LEVÉ (1965-2007): AMÉRIQUE (2006)










 Hace cuarenta y dos años, Europa y los Estados Unidos se maravillaban con una premiada película de título confuso: París, Texas , del cineasta alemán Win Wenders. Los dos nombres propios del título estaban separados por una coma. Parecía que la película contaría  una historia en dos escenarios distintos. No era así. El París de la película se hallaba en el estado de Texas y ni siquiera era una ciudad, sino un solar desértico.

Es difícil que el escritor y fotógrafo francés no tuviera en mente esta película cuando viajó a los Estados Unidos para fotografiar otros Parises norteamericanos: ciudades, o más bien pueblos -apenas unas pocas casas aisladas de madera, de planta baja, sin cercado, cercanas a una gasolinera, una iglesia y una tienda donde se podía comprar de todo y nada. Y, así, Levé retrató a pueblos llamados Paris, Versailles, Florencia, Berlín, Estocolmo, Río de Janeiro, Lima, Bagdad, Jericó, o Calcutta, entre otros. Pequeñas aglomeraciones que parecían haber sido erróneamente llamadas, como si alguien hubiera barajado mal las cartas y las hubiera asignado a quien no hubiera debido, pero que constituyen el corazón de Norteamérica, formado por asentamientos que no son lo que parecen, y que remiten, absurda y entrañablemente a ciudades y megapolis que nada tienen que ver con la imagen que su nombre suscita, o suscitaba, ya que hoy, bajo el nombre de Paris se recoge y se recuerda la llamada ciudad de la luz, sin que haya caído en el olvido un terreno yermo en el centro de un estado sureño norteamericano.
Quizá ocurra lo mismo con los nombres antes evocados. 
La importancia del nombre para exaltar o rebajar a un emplazamiento.
Poco tiempo después, Levé se suicidaria .