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martes, 6 de octubre de 2026

Misión arqueológica

 



Es



Fotos: Tocho, Erbil (Iraq), octubre de 2026


Es posible que el blog permanezca en silencio durante dos semanas.

Desde Erbil (Iraq): debería iniciarse una nueva campaña arqueológica en un extenso yacimiento neo-asirio, cerca de Mosul, sepultado capas y capas de posteriores construcciones a lo largo de casi tres mil años, que componen un tell o una colina artificial de planta casi redonda y más de treinta metros de alto; una capital imperial, llamada Kilizu, ampliada y embellecida, así lo cuentan ladrillos estampillados de terracota, hallados hace una quincena de años, en los inicios de la excavación , por el emperador Senaquerib, en el siglo VIII aC. Kilizu estaba emplazada en la carretera que unía dos otras ciudades imperiales, la capital Nínive y la ciudad sagrada de Ashur.

Dada el crecimiento de las ciudades del norte de Iraq, y la velocidad a la que crecen los rascacielos y se extienden los condominios, carcomiendo la tierra, misiones urgentes de salvamento de la historia enterrada tienen preferencia antes que sea demasiado tarde y se pierdan para siempre los testimonios de la organización política y social del imperio neo-asirio, borrados por una multitud de cimientos hincados del campo de altas torres, ahogadas  por sucesivos anillos de autopistas; por lo que excavaciones más pausadas quedan un tanto relegadas.

Todos los esfuerzos están dedicados a poder iniciar o proseguir , como cada año desde 2011, las excavaciones, también amenazadas por los posibles pillajes y sobre todo por los cultivos de las tierras que roen las que se preservan, libres de obras, para el estudio de la historia , necesarios para mantener el crecimiento de una población cada vez más joven que cada año pierde una parte del pasado -se deba o no preservar-, a la que se suma la emigración de países cercanos en guerra latente o en directo.

Quizá por tanto, el blog quede en silencio un par de semanas.  


La misión,este año, cuenta de nuevo con participación española, en la que destacan los arquitectos Oscar Poggi (doctorando y profesor de arquitectura) y Elisa Vegués.

jueves, 25 de abril de 2024

La villa de otro mundo








































Fotos: Tocho, Stabiae, abril de 2024


 La villa de San Marco, en Estabia, en la bahía de Nápoles, escasamente visitada, fuera del circuito más habitual entre Nápoles y Sorrento, una de las mayores y más hermosas villas pompeyanas, presenta la estructura habitual de una gran villa de recreo  patricia romana del siglo I aC, abierta hacia las vistas de la bahía, mientras el amplio jardín del peristilo mira hacia las frondosas colinas circundantes.

La villa fue arruinada por la erupción del volcán Vesubio a principios del siglo I aC.

En perfecto estado de conservación, los frescos de las paredes incluyen cuadritos con vistas de arquitecturas fantásticas, casi siempre acuáticas, o flotando sobre las aguas, entre seres de otro mundo, seres alados o mitológicos. El conjunto encuadra escenas del otro mundo que se perciben a través de ilusorias ventanas, que permiten que los seres de ese mundo ideal o de otro tiempo puedes asomarse al interior de la villa y protegerla. La villa de este mundo se abre a villas de un tiempo antes del tiempo, adquiriendo así la cualidad de las moradas de los héroes.


lunes, 30 de agosto de 2021

Asiriomanía

 Pese a que la asiriomanía es menos popular que la Egiptomanía, azuzada por el descubrimiento de la tumba de Tutankhamen en los años veinte del siglo pasado y las leyendas que  la envuelven, lo cierto es que los grandes relieves y las descomunales estatuas procedentes de palacios neo-asirios de la mítica ciudad de Nínive, maldita en el Antiguo Testamento, llegados a los grandes museos europeos, por vías legales o no, a mitad del siglo XIX, fascinaron y tuvieron una cierta influencia en el interiorismo y el gusto por un oriente imaginario, considerado como la antítesis de la mesura y la contención friegas.

Una sorprendente y aguda reflexión de la doctora Mariagrazia Masetti-Rouault, profesora de la École Practique des Hautes Études de París, ofrece una novedosa explicación de este interés decimonónico europeo por el Imperio neo-asirio.

Éste, en sintonía con el punto de vista bíblico, presentaba a los emperadores neo-asirios como unos ávidos conquistadores de nuevos territorios, integrados al Imperio, a los que se les dotaba de todos los elementos clave de la cultura Asiria: ciudades, infraestructuras, un panteón común, de tal modo que reinos y ciudades provincianos de pronto se elevaban hasta los elevados niveles culturales imperiales asirios. Esta política se llevaba a cabo sin contemplaciones. El emperador era un militar implacable que contaba con un ejército eficaz. A cambio de la cultura asiría, los territorios colonizados entregaban sus bienes al imperio.

Esta visión de la política asiria  -una visión interesada, sesgada y errónea, ya que el Imperio se apoyaba en gobernadores que eran quienes gestionaban los territorios incorporados al Imperio de tal modo que éste era, en verdad, un conjunto más o menos articulado, de tierras y reinos casi autónomos, que contaban con cierta independencia y mantenían sus costumbres, con relaciones lejanas con las capitales imperiales asirias- estaba en consonancia con la política colonial europea. Medios y fines aparecían idénticos. Lo que los emperadores neo-asirios perseguían era juzgado con una política que legitimaba y daba crédito a las conquistas coloniales. Lo que los europeos emprendían ya lo habían llevado a cabo los asirios con gran éxito. Su Imperio, el más potente y eficaz del Próximo Oriente antiguo, con logros artísticos notables, era un modelo en el que los imperios europeos del siglo XIX se miraban, si bien éstos se consideraban superiores puesto que eran cristianos, lejos del salvajismo asirio descrito por la Biblia. La política militar, cultural y económica Asiria parecía fundamentar la política colonial europea. La expresión “colonias asirias “, que aún hoy se utiliza, es un testimonio de esta peculiar manera de mirarse en el espejo asirio. El pasado siempre es juzgado como un reflejo, mejorado o deformado, de nuestros deseos más o menos confesables.