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miércoles, 15 de julio de 2026

VÍCTOR HUGO (1802-1885): ARQUITECTURA































 

¿Y si el mejor pintor del siglo XIX, en Europa, Goya aparte, pero con afinidades con él, fuera un escritor? Y ¿el mejor arquitecto?
Víctor Hugo no solo escribió la monumental novela Notre-Dame de Paris, sobre la construcción de la catedral y sobre sus fantasmas -con un final persiguiendo al genio de la catedral que constituye el texto de novela negra y de misterio más inolvidable-, y los Miserables, con la más angustiosa, tensa y electrizante descripción de la laberíntica red de las cloacas parisinas, poblada de ecos que retumban y resuenan desorientando aún más a quien se adentré en aquella -por donde huye un presidiario, en un relato que no se puede dejar de leer-, sino que plasmó sus sombrías visiones en unas aguadas sobre papel, de pequeño tamaño, realizadas sin pensar en su venta, que acaban constituyendo el símbolo del siglo diecinueve europeo, con sus luces y sus sombras, sus sueños y sus pesadillas, la violencia política y militar, la rapiña y la destrucción, e insólitos fogonazos luminosos, entre los que brillan las novelas de Flaubert, Stendhal, Balzac, Zola, Dostoïeski, Tolstoi, Chejov, Dickens, Brönte (ambas hermanas Charlotte y Emily), Clarín, Pardo Bazán, Pérez Galdós y, obviamente, Hugo -a la espera de la llegada de Proust, Unamuno y Faulkner, ya en el siglo XX.

Durante años, estos dibujos imaginativos, cercanos al género del capricho arquitectónico, fueron silenciados o poco considerados. Los volúmenes que emergen de la niebla, a menudo en noches sin luna, son el perfecto ejemplo de lo que fue la arquitectura europea, tratando de desgajarse de la impronta clásica, sin conseguirlo, inmersa en formas del pasado, que en tanto que perteneciendo al pasado aparecen como masas muertas, componiendo pesados volúmenes hinchados y excesivos, una hojarasca que busca un lugar al sol -y que cuando lo consiga abrirá el paso al horror. Quizá la arquitectura europeo  haya muerto en el siglo XIX y los dibujos alucinados de Víctor Hugo sellen este pérdida, rememorando lo que fue y ya no tenía sentido.
Una exposición, hoy, descubre extensamente esta faceta del talento visionario del excesivo Víctor Hugo dibujante y arquitecto, antes que novelista:

domingo, 12 de julio de 2026

LOUISE NEVELSON (1899-1988): SKY CATEDRAL - WEDDING CATEDRAL -FAÇADES (CATEDRALES CELESTIALES - CATEDRALES PARA UNIONES -FACHADAS)


























 

El nombre de la escultora Louise Nevelson presta a confusión. Nombre inglés -norteamericano. Nombre norteamericanizado, pues Louise era de Kiev (ayer del imperio ruso, hoy la capital de Ucrania), y judía.
Su familia emigró a los Estados Unidos a principios del siglo XX donde malvivieron, por falta de trabajo -su padre logró ser carpintero- y por su religión.
Cumplió con los preceptos familiares: se casó, tuvo un hijo que abandonó a causa del clima opresivo religioso, que la marcó: toda su obra refleja la fascinación por las iglesias ortodoxas, los lugares de culto judíos, y por los templos precolombinos. Estudió en Europa, se interesó por el surrealismo, antes de regresar a los Estados Unidos a finales de los años treinta. Vivió casi siempre arruinada, dando clases en colegios, el color negro era su favorito -poseía la elegancia que los colores vivos carecen-, pero no dejó de mostrarse vestida de manera llamativa, entre Frida Kahlo -que conocía- y la Cleopatra interpretada por Liz Taylor. Quizá para obviar, ocultar u olvidar su falta de medios.
La extensa serie de templos -de fachadas de templos monumentales, entre góticos y aztecas-, a escala casi natural, está  compuesta a partir de restos de madera quemada o pintada de negro (salvo los que compusieron sus templos de boda, con fachadas semejantes a filigranas góticas, de blanco), y de desechos, que su hijo y ella recogían en las calles de Nueva York, y recortaban. Son confesionarios, y rincones de meditación, en los que los elementos dejados de lado, a su suerte, logran, conjuntados, levantar imponentes construcciones, semejantes a mecanismos -como los que los astros dibujan en el cielo-….
que Nevelson fotografiaba, recortaba -devolviendo a los elementos su libertad, y recomponía para construir fachadas templarias, en unas composiciones que le permitieron multiplicar el número de obras de bajo coste en unos años en qué la miseria acechaba -el apoyo de galerías tardó en llegar, a menudo sin éxito: las ventas de obras fueron muy escasas y la artista debía los anticipos que recibía.

Hoy, una gran exposición antológica en Francia reconoce, después de años, su obra, compuesta como un puzzle en el que habitan y cohabitan elementos dispersos y opuestos que logren encajar. Algo parecido a lo que fue su vida