domingo, 16 de agosto de 2026

MARY HEILMANN (1940-2026): TAKE A CHAIR (COJA UNA SILLA)






































 La artista (pintora y ceramista) norteamericana (californiana) abstracta (así se definía) Mary Heilmann, fallecida ayer, se formó en San Francisco (era amiga del videoartista Bruce Nauman), y tuvo durante años (los años más duros de Nueva York) un estudio en barrios del sur de Manhattan, como TRiBECa y SoHo, junto con el artista  y arquitecto Gordon Matta-Clark. Apenas tuvo reconocimiento en vida, como muchas mujeres artistas. Tan solo iniciado el siglo XXI, dejó de quedar excluida de exposiciones temáticas. Vivía o malvivía sobre todo de la cerámica.

Sin embargo, una obra, entre la pintura, el mobiliario y la instalación, llamó la atención a partir del año 2000. Sillas muy sencillas, confortables pese a su esquematismo, hechas de contrachapado y tejido sintético de vivos colores (tiras entrelazadas que conforman el dosel y el asiento), formadas básicamente por un volumen cúbico vacío, con una cara inclinada que sobresale (el dosel), pintadas de colores claros no primarios , fluorescentes a veces, que la artista realizaba al mismo tiempo que cuadros abstractos o geométricos, de colores planos vibrantes como los de las sillas, las cuales se disponen de manera que establecen un diálogo silencioso con las pinturas, y al que se invita al público en participar, sentándose en las sillas, sin indicaciones especiales, apareciendo así el conjunto desde dentro. 

Creó un gran número de sillas de madera contrachapada , casi siempre pintadas, y doseles que parecen inspirados por el neoplasticismo y el estampado de telas -la referencia a la silla de Rietveld, así como a las butacas de Donald Judd: muebles al mismo tiempo que esculturas, es evidente, con la salvedad que las sillas de Heilmann pueden ser usadas y siempre se disponen para facilitar la conservación y poder abrirse a la contemplación de las pinturas y del mundo en general. No son sillas que inviten al recogimiento o la meditación, sino al encuentro con los demás y con el entorno. Lugares de encuentro y de diálogo; de reposo, para abarcar el mundo con la mirada, y dejarse poseer por él. 

Ojalá puedan disponerse durante un tiempo en algún museo de Barcelona, como los tristes museos de diseño, o nacional de arte de Cataluña, aportando algo que contemplar y un lugar desde contemplar, quizá a través de una ventana.

sábado, 15 de agosto de 2026

Asunción


Tiziano: Ascensión, 1518, iglesia de Santa María en la Gloria, Venecia. 

La descomunal obra maestra de Tiziano


Asunción, del verbo asumir.

Asumir significa llevar algo consigo, tomar una idea y hacérsela suya. Hacer suyo algo que no lo era. La asunción implica una toma, un rapto, de un bien. Éste no es un regalo. Es un hurto que deviene un bien y entra a formar parte de lo que se posee, si bien la procedencia es fruto de acto de dominación: una mano coge lo que no le pertenece, y la robado, desde entonces, se suma a lo que uno ya tiene, como si lo hubiera tenido desde siempre. 

La asunción implica, necesariamente, el sometimiento de lo que se asume. Lo asumido cede, y acepta el desplazamiento y la entrada en un conjunto del que, originariamente, estaba excluido, al que no estaba destinado. Extracción, desarraigo, algo es arrancado de su mundo y forzado a acceder a otro, si bien, este inicial acto de violencia redunda en beneficio de lo desplazado. Aunque no podemos olvidar la fuerza ejercida, sufrida por lo que no le cabe sino asumir la violencia.

La asunción es la palabra que designa la ascensión de la virgen María, la madre humana del hijo de la divinidad, a los cielos. La divinidad la trajo a él en un ascenso flamígero. La llamó, la forzó a dejar su mundo, su entorno, para entrar a formar parte de la corte celestial.

La asunción se desmarca de la ascensión propiamente dicha, ya que éste se ejerce voluntariamente, como que la el hijo de María decidió emprender cuando consideró que su misión en la tierra había concluido. Volvió con los suyos. Dejaba un mundo que le era ajeno, aunque lo vivió como si formara parte del mismo. La asunción, por el contrario, implica un destierro. Algo o alguien es arrebatado y pierde para siempre el contacto del mundo al que pertenecía y que lo acogió desde siempre.

Hoy, los fieles cristianos celebran este insólito rapto que una humana tuvo que asumir por su bien y, se le explicó, para el bien de todos (sus seguidores, que tenían que ser, un día u otro, más pronto que tarde, todos). 

COURBET Y LA ARQUEOLOGÍA: EL PUENTE ROMANO Y EL YACIMIENTO DE AMBRUSSUM EN LA VÍA DOMITIA (NÎMES, FRANCIA)





 















 
Fotos del puente y del yacimiento del oppidum de Ambrussum: Tocho, Ambrussum (Lunel), agosto de 2026


El pintor francés Gustave Courbet documentó, en los inicios de su carrera, un encuentro en un camino en el sur de Francia, entre Nîmes y Montpellier. Seguía la umbría senda , de difícil encuentro, ayer como hoy, que bordea el violento y destructivo torrente de la Vidourle y la vía Domitia romana, que unía Hispania y Galia con Roma, y pasa cerca del acueducto que conduce al oppidum galo, del siglo IV aC, convertido, dos siglos más tarde, en el asentamiento romano de Ambrussum, vigente hasta mitades del siglo III.
El acueducto, del que se conserva una arcada completa -Courbet vio aún dos, y tres se conservaban en el siglo XVII-, tras las destrucciones causadas, aún hoy, por las súbitas crecidas del torrente, tenía once arcadas y una longitud de ciento cincuenta metros. 
Daba acceso a un poblado galo convertido en la colonia romana de Ambrussum. Excavada a partir de 1964, cuyas excavaciones siguen hoy, muy bien documentada y de visita libre, conserva empinadas calles bien pavimentadas, seiscientos cincuenta metros de la muralla gala, con una altura de un metro y medio aún, y torreones de planta cuadrada, inscritos en torreones de planta semicircular romanos que envuelven la defensa gala. Viviendas romanas y edificios público se dispersan por la garriga deshabitada, recorrida a lo lejos por la autopista paralela a la vía Domitia. 
El yacimiento y el acueducto fueron preservados por el entonces inspector de los monumentos históricos  franceses, en la primera mitad del siglo XIX,  el gran escritor Prosper Mérimée (historiador y arqueólogo), quien, inspirado por el paisaje y las ruinas de la región, escribiría uno de los cuentos de terror más célebres: La Venus de Ille. 
El cuadro que Courbet dedicó al acueducto acabó por asentarlo en la memoria y permitió que fuera preservado. La visita, entre árboles y la garriga, sin nadie, constituye un arduo y hermoso recorrido entre piedras, arbustos y matorrales, cabe un torrente de aguas verdes, amansado estos días, hasta su próxima e inevitable furia.


viernes, 14 de agosto de 2026

El arte y la ciudad: la función ética de las imágenes (en la Roma Antigua)

 

























Fotos: Tocho, Nîmes, agosto de 2026


Una exposición de obras romanas de diversos géneros -desde mosaicos hasta vidrios pintados-, procedentes todas del departamento de antigüedades griegas, etruscas y romana, del museo del Louvre, de París, permite no solo ver una excelente selección de obras maestras (que lo son), sino reflexionar sobre la función ética -antes que estética- de la imagen naturalista en Roma republicana e imperial, entre los siglos II aC y V dC.

La exposición debate sobre la función de las imágenes plásticas, sobre todo públicas, a la vista de todos. 

Éstas no reproducen usos y costumbres cívicas romanas, sino que las crean. La sociedad romana no se mira en las imágenes que poblaban casas y ciudades, sino que se constituye a través de aquéllas. 

Las imágenes promueven valores éticos, difunden cómo debe organizarse una comunidad y qué papel juega y debe jugar un individuo en la colectividad. A través de la imagen de figuras modélicas y, sobre todo, de actividades colectivas, desde la fundaciones de ciudades hasta trabajos agrícolas y en talleres, pasando por la práctica de rituales y de asistencia a los mismos, todas ellas actividades colectivas, las imagen divulgan y exaltan determinados comportamientos y acciones conjuntas que solo pueden tener lugar en el seno de comunidades, comunidades que se constituyen gracias a la labor conjunta emprendida.

 Las sociedades se mantienen unidas gracias a una imágenes que educan, sin dejar de lado la pericia técnica ni los valores estéticos. Pero éstos no existen para ser apreciados en sí mismos, sino para permitir que las historias narradas o ilustradas actúen de ejemplos sobre cómo interactuar en el conjunto de una ciudad. Las imágenes se definen así como creadoras de lazos interpersonales y ayudan a que las tareas conjuntas en favor de la comunidad aparezcan como acciones que benefician a todos y a cada uno, sin que nadie salga más beneficiado de este servicio público llegado a cabo entre todos los miembros de una ciudad. La imagen no refleja la vida urbana sino es que capaz de crear -y de mostrar de manera atractiva y convincente- una ciudad -una cives- entendida como una colectividad que persigue el bien común, las buenas relaciones entre sus miembros, los dioses y los antepasados. ¿Un ideal, una ilusión, una burda manipulación?

La imagen forma parte de un programa político que estudia y regula cómo actuar para que la vida no sea un enfrentamiento permanente, sino una apertura hacia los demás y una disposición a recibir lo que los demás aportan. 

Obviamente, las imágenes pueden ser manipuladas, y pueden exaltar determinados valores que favorezcan a una parte de la sociedad en detrimento de otra, pero, más allá del cortejo imperial (de la atención, a veces critica, de la corte -corte que, de todos modos, se inserta en la sociedad y la estructura), no parece que la imagen se haya puesto al servicio de unos pocos en Roma, sino que se configura para ser entendida y apreciado por una mayoría.

Un arte político en el sentido más noble de la expresión, en favor de una vida estoica -aunque no sumisa ni indiferente, y menos aún cínica (en el sentido moderno de la palabra, ya que el cinismo originario promovía la exaltación de valores en favor de la comunidad y denunciaba con dureza la vanagloria, la búsqueda de placeres egoístas y la indiferencia ante la suerte de los demás).

Esta exposición que da qué pensar, de manera clara, se presenta hoy en la ciudad francesa de Nimes:


https://museedelaromanite.fr/agenda/exposition-lart-romain-du-louvre-un-monde-dimages