miércoles, 20 de mayo de 2026

SONJA FERLOV MANCOBA (1911-1984): ESCULTURAS (1958-1981)








Fotos: Tocho, Louisiana Museum of Art, Copenhague 

 







































 Fotos: Google Image


¿Qué ocurre cuando se visita un museo -sobre todo de arte moderno- de un país del que poco sabemos, y recorremos salas donde se exponen obras de artistas cuyos nombres desconocemos, pero cuyos estilos nos son familiares porque se asemejan a obras de nuestro entorno que no nos son extrañas? Solemos acelerar el paso, encontrando que las obras son casi una copia, una simple copia de lo que estamos acostumbrados a ver. Tenemos la sensación de desfilar ante obras de segundo nivel.

Hasta que….

En una sala en la que entramos sin curiosidad alguna, en la pared del fondo, dispuestas sobre estanterías, unas esculturas que no nos recuerdan a ningunas otras o, en todo caso, nos evocan, inesperadamente, como si fueran formas extrañas y desubicadas, figuras arcaicas o “primitivas”. 

 Sonja Ferlov Mancoba era una escultora moderna danesa. Su segundo apellido no “suena” danés. No es extraño. Estaba casada con un artista sudafricano, y tuvieron que emigrar a París para escapar al racismo que imperaba en Dinamarca en los años cincuenta y principios de los sesenta..

Los historiadores sin duda conocen su obra. La primera gran exposición fuera de Dinamarca tuvo lugar en París hace seis años.

Sin embargo, la artista, conocida en Dinamarca por sus máscaras que revelan influencias de culturas antiguas y modernas no europeas, fue miembro del conocido grupo CoBra. Aún así, su suerte empalideció ante sus compañeros de grupo, todos varones.

Sus esculturas son de pequeño tamaño. Realizadas en yeso, dieron lugar a un número limitado de variaciones en bronce, un material que también utilizaron sus amigos Giacometti y Miró -cuya influencia se percibe en algunas esculturas y en los dibujos. ¿A menos que la influencia fuera en el otro sentido? En cualquier caso, Miró y Ferlov Mancoba estaban fascinados por las artes populares y por las artes “primitivas” europeas o no. 

Una obra que me hubiera gustado conocer mucho antes, que se encuentra, casi toda, en unos pocos museos daneses.

Estaría bien que alguna institución española organizara una exposición antológica de la obra pictórica y escultórica de esta artista, creo que poco conocida en España, al menos por mi parte.



martes, 19 de mayo de 2026

Babel en Copenhague









Fotos: Tocho, Copenhague (Dinamarca), mayo de 2025
 

La traducción al alemán del Nuevo Testamento que llevó a cabo Lutero se acompañaba de grabados de Lucas Cranach. Entre éstos, imágenes de Babilonia, simbolizada por un monstruo cabalgado por una mujer con una tiara papel, y designada como una prostituta, que ilustraban el texto del Apocalipsis atribuido al apóstol Juan.
Vistas de Babilonia y de su edificio más representativo: la mítica torre de Babel (inspirada en el zigurat del templo del dios principal babilónico: Marduk). 

La torre de Babel seguía lastrada por los cualidades funestas que el antiguo testamento le otorgaba: un símbolo de la soberbia humana y, por tanto, de su impiedad.
Mas, en las tierras protestantes, la torre de Babel asumió un nuevo papel simbólico: su valor denostado era el mismo que el que se otorgaba la Roma papal. La católica Roma era la nueva Babilonia, la nueva ciudad rastrera, vendida y entregada al mal.

El catolicismo replicó a esta visión siniestra luterana de la torre de Babel. La torre troncocónica, compuesta a partir de una espiral, con la que Boromini coronó la cúpula de la iglesia de San Ivo de la Sabiduría, evocaba las aspiraciones de la humanidad y su deseo de ir más allá de las limitaciones terrenales. Babel invitaba a mirar al cielo.

Este cambio de valoración, del vicio a la virtud, de la torre de Babel, acontecida en tierras católicas opuestas al luteranismo, llegó, sorprendentemente al corazón del protestantismo.
Esta nueva calificación de un símbolo gráfico que había llegado a simbolizar la gran ramera, como se decía, se hizo visible en lo alto del campanario de la Iglesia barroca de Nuestro Salvador, en Copenhague , del arquitecto danés  Lauritz de Thurah, quien se inspiró precisamente en Borromini. 
Un campanario que recuerda imágenes medievales de Babel, así como el minarete de Samarra -inspirado en un zigurat mesopotámico. La altura y esbeltez del campanario recorrido, en su tramo final, por una escalera exterior en forma de espiral, se percibe visiblemente desde lejos, y trastoca la concepción negativa de la torre de Babel. El altísimo campanario domina toda la ciudad de Copenhague, y la protege, en uno de los giros simbólicos más sorprendentes -y bienvenidos, toda vez que libera el lastre asignado a Oriente por las culturas occidentales - de la historia del arte.