viernes, 18 de septiembre de 2026

Hormigón armado

 ¿Hormigón armado?

De tanto usar esta expresión, su resonancia metafórica se ha perdido.

Pero la expresión es extraña: un ente -un material- se presenta armado: dotado de armas o armaduras.

Armas de metal.

Para nosotros, unos garfios rectilíneos que sobresalen de la masa encofrada como los nervios de un miembro amputado, o como los sibilinos mechones de la testa cercenada de la monstruosa Gorgona. En cualquier caso, una imagen inquietante, por no decir repulsiva. Con estas tripas que emergen y se retuercen.

El hormigón armado, literalmente, es ofensivo: una arma ofensiva, presta para atacar y defenderse. Acorazada o dotada de armamento. No es un material de construcción amable. Tosco, más bien. El hormigón armado forma un ejército de pilares, como figuras petrificada en formación, y el caparazón duro y reseco que envuelve el edificio. 

Si la palabra hormigón procede del latín y designa un tapial de (dos planchas de) madera, relleno de tierra compactada con troncos hincados en la masa, una técnica constructiva íbera  que despertó el interés de los romanos, “béton”, en francés medieval, significa cascotes o inmundicias. Concreto, en castellano y en inglés, significa cohabitado: una imagen de un líquido baboso endurecido. El hormigón no es un material puro ni  noble. Un material de batalla. Listo para dar guerra. Bruto, sucio, áspero, gris, contrapone su rugosidad, un signo de falta de pulido, de barbarie, con unas armas que intimidan. 

La burla y el descrédito que las inmundicias suscitan se cortan de raíz cuando la armadura despunta. El hormigón no tolera las bromas. Se impone como los gigantes y los monstruos por la fuerza bruta. No es dúctil. Rígido, duro, provoca rechazo. Su opacidad evoca la cortedad. No eleva el ánimo. No inspira. Embrutece. 

El hormigón es prosaico. El hormigón no posee la esbeltez del hierro, la transparencia del vidrio, el brillo del metal y del mármol, la lisura de la piedra pulida. Su finura, cuando se consigue, es impostada, y suscita suspicacia; parece esconder su arma secreta, escondida. Se asocia a los bunkers, donde la vida se hunde y se oculta: espacios subterráneos, propios de un mundo larvario; unos espacios fruto del miedo. 

El hormigón no respira, no vive, porque no envejece. Se ensucia, grisea, hasta que se desmorona, como una máquina que se atasca, se bloquea y deja de funcionar.

Y las armas, oxidadas, exhiben su patética desnudez.

El hormigón armado es el material de la arquitectura moderna. 

 




Gigantes (y cabezas huecas)

 




Las autoridades lo enuncian, los anuncios invaden la ciudad. Las farolas, ahora que las hojas caen, se cubren de banderolas: el 1 de octubre, fecha otoñal,  será el día de “les persones grans “ -en castellano, las personas mayores, en el otoño….

La expresión no se refiere a gigantes, sin duda.

¿Por qué una expresión cuando existen una o varias palabras precisas? ¿Por qué un eufemismo cuando la palabra precisa no designa nada ni nadie vergonzosos, ni es un insulto -aunque pueda ser utilizada como un insulto?

Una “persona gran” implica que existen “persones petites” y, antes que nada, “persones” sin calificativos, enteras, normales (exprese lo que exprese este adjetivo), que no necesitan precisiones para existir. Una “persona gran” o “petita” no en verdaderamente una persona. Ya no lo es o aún no lo es. Es subnormal.

Los eufemismos, la pudibundez, revelan bien nuestra mirada. Dicen lo que no nos atrevemos a decir. Son condescendientes. Las “persones grans” o “petites” no son personas -sino que necesitan ser adjetivadas para ser clasificadas y apartadas, agrupadas, como una especie aparte, no enteramente humana-, pero hago ver que lo son, aunque el calificativo o adjetivo que las califica las coloca en un plano distinto, inferior o superior : es decir, en los de los enseres o seres apartados, que ya no forman parte, o aún no lo hacen, de la vida “activa”.

El castellano es igualmente revelador. Los mayores y los menores no son normales. A una persona “de verdad” no se la califica o determina. Aquéllos, por el contrario, están afectados por una característica que los infravalora.

Niño, adulto, anciano no expresan ningún miramiento. Enuncian lo que es, lo que son. Personas en tres etapas de la vida. Obviamente distintas. Las diferencias se asumen; no se hace como si no existieran, como si quisiéramos magnificar para disimular lo que realmente pensamos. 

No existe el “día de la persona”; sí el de la “persona gran”: una persona exótica, que no llega o ha dejado de ser una persona. ¿Acaso un mueble, un ser de compañía?

jueves, 17 de septiembre de 2026

OSCAR OIWA (1965): LA CIUDAD ESPECTRAL
















Arquitecto y pintor brasileño de familia japonesa emigrada, pintor en Brasil y hoy en Nueva York, y antes arquitecto en Japón, Oiwa compone cuadros desmesurados (230x450 cm), a menudo, con motivos urbanos o arquitectónicos: ruinas, u obras inacabadas, cin estructuras de hormigón a medio levantar, ciudades nocturnas como Barcelona, Babel convertida en un tornado que desciende del cielo, como un castigo, asolando la tierra; ciudades representadas desde los aires, bajo luces espectrales, abandonadas o deshabitadas, inquietantes por la aparente ausencia de vida, la ciudad que Oiwa concibe y recuerda, entre Sao Paolo y Tokio,  sucia y descompuesta, pero amenazadora, salpicada de luces hirientes, parece extraída de un mal sueño, aunque sabemos que no es una fantasía. Sentimos que es casi demasiado realista, pese a una apariencia de imagen de cómic sombrío. 

Una exposición hoy en Nueva York pone el acento en el doble e insólito origen de Oscar Oiwa que le permite descubrir inesperadas correspondencias entre ciudades en apariencia alejadas como Sao Paolo, Tokio -y Barcelona.

https://www.goca.gallery/exhibitions/oscar-oiwa


https://www.oscaroiwastudio.com/


 

LAURA VEGA (1978): LABERINTOS (2010)


 

Sobre esta premiada compositora española, véase su página web: https://lauravegacompositora.es/catalogo-obras-a-solo/


miércoles, 16 de septiembre de 2026

El cuento del arquitecto





































































Colecciones particulares 



LA CIUDAD CONTADA (ÉRASE UNA CASA…)

 

«Los cuentos, tanto los antiguos como los nuevos, pueden ayudar a formar la mente. El cuento es el lugar dónde caben todas las hipótesis.»  Gianni Rodari



El cuento es un lugar….

El cuento del arquitecto será una pequeña exposición de libros de cuentos infantiles ilustrados contemporáneos, muchos premiados, de temática arquitectónica y urbana, que se presentará en mayo del año que viene (2027), iniciándose durante la Semana de la Arquitectura, en el Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña en Barcelona.

   La casa y la ciudad no constituyen sólo el marco de la historia, sino que son en muchos casos, los protagonistas de la misma.

   A través de relatos cortos ilustrados, con textos sencillos y breves, estos cuentos, para niños de entre cinco y diez años, ofrecen una imagen del entorno construido en el que a menudo viven los jóvenes lectores. Estos textos les permiten entender, apreciar o rechazar el mundo en el que viven, y les ayudan a percibirlo y a juzgarlo -o les condiciona la manera de aprehenderlo. Los ciudadanos del futuro -los estudiantes de arquitectura, y los propios arquitectos- posiblemente hayan entrado en contacto con lo que la casa o la ciudad es y significa, a través de dichos relatos.

Unos relatos en los que, como ocurre habitualmente en los cuentos populares, la realidad, que suele ser descarnada, se percibe y se asume críticamente a través de velo de la fantasía. Sin el protagonismo del gato con botas, el castillo del ogro sería insoportable, como inimaginable sería la casita de azúcar de la bruja sin la temerosa o aterida presencia de Hansel y Gretel. Es la reina de las nieves que logra que su palacio de hielo sea asumible, sin esconder su gelidez física y moral. Las virtudes del teatro, según Aristóteles, la catarsis que suscita en el ánimo del espectador, que aprende a empatizar con el sufrimiento ajeno, bien pueden trasladarse al cuento infantil. Constituye una preparación a la vida, en este caso, a la vida urbana, con sus bondades y sus inquietudes que suscita, sus valores y sus limitaciones, desde la hospitalidad al rechazo, permitiendo así darse cuenta de los valores estéticos y éticos de la creación arquitectónica, una creación que tiene consecuencias, positivas y negativas, para el usuario, para quien sufre o goza de un entorno construido para una persona o para todos. Conocerlas, asumirlas o rechazarlas críticamente, son virtudes, consecuencias o finalidades del cuento infantil.

   La exposición está dedicada a cuentos con un trasfondo arquitectónico. Algunos se centran en valores de la casa o la ciudad, apreciados o denunciados. Otras historias acontecen en marcos urbanos o domésticos, y vehiculan un imaginario soterrado, nada explícito, pero que bien puede conformar desde entonces cómo se percibe la cultura urbana y la vida doméstica que impera, que se impone o se rechaza.


Montaje: Roger Adell