viernes, 9 de octubre de 2026

Petróleo, espías y arqueología








 

Fotos del Archivo Histórico del Museo Arqueológico de Florencia, recientemente puestos en línea:

https://memoriegeografiche.unifi.it/collections/SABAP


1930: el Duce Mussolini envía a una misión arqueológica a Mesopotamia, entonces en manos de los gobiernos francés e inglés. En concreto, lo que hoy es Iraq es una colonia británica.

La misión está liderada por el historiador de las religiones Giuseppe Furlani -no es un arqueólogo- y el arqueólogo especialista en la Grecia antigua Teodoro Levi, habituado a la arquitectura de piedra y de mármol, y no de adobe . En 1930, la persecución de los judíos no había aún empezado. Éste último emigraría a los Estados Unidos.

La misión se dirige al norte de Iraq: a Qasr Shemamok (donde nos encontramos hoy): una extensa y alta colina artificial que destaca en la llanura de Shemamok, compuesta por sucesivos niveles de ocupación, desde la Edad del Bronce hasta el periodo otomano (posteriormente el ejército de Sadam Hussein construiría una fortificación en lo alto, bombardeada por el ejército norteamericano en 2003).

Que Shemamok significará pequeño melón desató posiblemente la imaginación de los responsables. Las metáforas que los melones suscitan, y el culto a la diosa Ishtar (diosa del deseo irresistible -y destructor de voluntades) común en toda la región quizá se asociara al nombre y las imágenes que el montículo artificial despertaba.

El envío de la misión no respondía solo a un interés arqueológico o histórico. Las misiones francesas y británicas al sur de Mesopotamia habían desenterrado ciudades mesopotámicas, y pozos de petróleo, ya en la primera mitad del siglo XIX.

Igualmente, arqueólogos alemanes, a principios del siglo XX, mostraron que Babilonia y Ashur, entre otras, eran ciudades que no solo existían en textos bíblicos; y que el petróleo tampoco escaseaba en el norte de Mesopotamia.

La informaciones que los historiadores italianos, interesados en la historia, grande y pequeña, más que en la arqueología, recogían en los pueblos podían ser de interés para los espías invisibles italianos que se hallaban en la región, en comunicación con la Roma fascista.

Si las grandes potencias europeas habían hallado ruinas y petróleo, Italia no podía ser menos.

La misión italiana  no tuvo la suerte que acompañó a las francesas, germánicas y británicas. La colina artificial libró pocos secretos. Y el petróleo -pese a la proliferación actual de pozos- es de escasa calidad y a una profundidad que socava la rentabilidad de la extracción, de muy difícil solución. 

Ni siquiera desde el punto de vista científico. 

La mitad, supuestamente, de las piezas cerámicas y metálicas, todos los ajuares funerarios, según los acuerdos que existían entonces (raramente respetados por las potencias occidentales), fueron enviados al museo arqueológico de Florencia, así como los documentos escritos y las fotografías.

Mas, los cuadernos de la misión comportaban el nombre de Levi. Un funcionario italiano en los años cuarenta, temeroso de ser acusado por los nazis de guardar textos redactados por un judío, sacaron del museo y enviaron las cajas a diversas granjas en la periferia de Florencia. No se han encontrado nunca.

Los negativos fotográficos, empero, libres del apellido maldecido, quedaron en el museo.

La devastadora inundación que el Arno causó en Florencia en 1966 arrasó el museo. Los archivos fotográficos se perdieron. 

Hoy, por fin, se publica lo que queda de estas imágenes disueltas o transfiguradas por las aguas. Un archivo de un valor incalculable, pese a su estado. Ruinas que documentan ruinas, así como la ruina moral que conllevó esta misión.


Debemos esta historias la historiadora de religiones y arqueóloga, la doctora Mariagrazia Masetti-Rouault (EPHE, París), a quien agradecemos la comunicación oral, hoy, en Erbil, en la misión arqueológica de dicho yacimiento.

Queremos insistir en que los errores e imprecisiones del breve texto son imputables solo al redactor de la crónica escrita.


Ritual neo-asirio para los tiempos que corren

 Ritual neo asirio para conocer el porvenir.

De gran utilidad y efectividad, al parecer.

Primer milenio aC:


“El examen oracular tendrá lugar al alba, antes que despunte el sol. El adivino tomará un baño de agua bendita, se untará con óleo de primera cualidad en el que habrá echada la planta imhur-lim. Se vestirá con una túnica limpia y se purificará con tamarindo y con la planta TUL.LAL. En ayuno, masticará cedro y semillas. Ensartará fragmento de … (diversas piedras) sobre un hilo de lana roja… y se colocará este collar alrededor del cuello. En la rivera del Río, efectuará fumigaciones de azufre y llevará a cabo el sacrificio. Luego procederá al examen oracular.”


Y la verdad se hará.

(Necesario para los meses que nos aguardan).


De: https://fr.scribd.com/document/484319826/Divination-et-Realite-by-Vernant-Jean-Pierre-et-al-z-lib-org-pdf

Actas de un coloquio que tuvo lugar en París en 1974, con especialistas de diversas culturas antiguas que habitualmente no confrontan sus campos de estudio, que tenía como motivo estudiar la relación entre razón y creencia y mostrar que la adivinación antigua obedecía, como la ciencia moderna, exigía estudios y dedicación, a reglas muy estrictas -aplicadas al estudio de un campo que desde el siglo XVI ó XVII se considera, acertadamente o no -la ciencia también responde a cierta fe- escapa a la lógica, y cuyos razonamientos no se corresponden necesariamente con las observaciones. 

En los meses que vienen en algunos países se podrá comprobar la bondad o el acierto de la relación entre ciencia o magia, o de su negación o rechazo. 

miércoles, 7 de octubre de 2026

Sumer y Asiría, un encuentro de culturas en el norte de Iraq : museo arqueológico, Erbil (Iraq)




Terracotas de influencia helenística y romanas 




Cerámicas reutilizadas como tumbas de niños halladas cerca de Erbil, 3500 aC. La forma ovoide remita posiblemente al simbolismo del huevo como origen de la (nueva) vida.







Incrustación de marfil para mobiliario neo-asiria, s. VIII aC 




Cerámicas mágicas hebreas, utilizadas como protección de los hogares: los malos espíritus atraídos por el texto, quedan enredados en él y no logran desovillarlo y encontrar el hilo, quedando presos en los cuencos que se depositan boca abajo en las esquinas de los interiores, s. IV aC 




Ladrillo fundacional del zigurat de Kalhu (Nimrud ), por el rey Shelmaneser III, hijo de Asurnasirpal II, nieto  de Tikurti Ninurta II, s. IX aC




Pinturas sobre terracota, s. IX aC 



Objetos arquitectónicos de uso desconocido, que se insertaban en los muros interiores, llamados impropiamente manos de Ishtar, s. VIII aC





Recipiente votivo en forma de maqueta de edificio, Sumeria, III milenio 




Gozne de piedra dura de un templo neosumerio dedicado al dios de los aires y de las compuertas de las aguas del cielo, el dios Enlil, construcción que el propio dios ordenó al rey de la III dinastía de Ur, Shu-Sin,  III milenio




Recipiente sumerio de diorita, una piedra dura, mitad del cuarto milenio






 

Estatuilla, cuenco y barca votiva de terracota, Sumeria, cuarto y tercer milenios 

Tras el abandono del proyecto de un nuevo museo arqueológico de Erbil en 2014, en parte por la amenaza del Estado Islámico y la retirada de objetos del museo hacia Bagdad, el museo, casi vacío a principios del segundo decenio del siglo XXI,  se ha recuperado, ha sido remozado y presenta objetos desde el sexto milenio hasta la época romana, que documentan los intercambios entre Sumer y Akkad, en el sur de Iraq, y el norte del país, en manos principalmente de los asirios, a partir del primer milenio. Obras típicamente sumerias alternan con tumbas que responden a creencias locales de la edad del bronce.

Un fascinante viaje por el tiempo y el espacio mesopotámico que bien demuestra la ausencia de barreras en los cultos politeístas y los intercambios culturales y comerciales a lo largo de los valles del Tigris y del Eufrates, una visión del Próximo Oriente que incluye credos y culturas del Levante (Israel y Palestina), y combina creencias mágicas y propiamente sagradas. 




martes, 6 de octubre de 2026

Misión arqueológica

 



Es



Fotos: Tocho, Erbil (Iraq), octubre de 2026


Es posible que el blog permanezca en silencio durante dos semanas.

Desde Erbil (Iraq): debería iniciarse una nueva campaña arqueológica en un extenso yacimiento neo-asirio, cerca de Mosul, sepultado capas y capas de posteriores construcciones a lo largo de casi tres mil años, que componen un tell o una colina artificial de planta casi redonda y más de treinta metros de alto; una capital imperial, llamada Kilizu, ampliada y embellecida, así lo cuentan ladrillos estampillados de terracota, hallados hace una quincena de años, en los inicios de la excavación , por el emperador Senaquerib, en el siglo VIII aC. Kilizu estaba emplazada en la carretera que unía dos otras ciudades imperiales, la capital Nínive y la ciudad sagrada de Ashur.

Dada el crecimiento de las ciudades del norte de Iraq, y la velocidad a la que crecen los rascacielos y se extienden los condominios, carcomiendo la tierra, misiones urgentes de salvamento de la historia enterrada tienen preferencia antes que sea demasiado tarde y se pierdan para siempre los testimonios de la organización política y social del imperio neo-asirio, borrados por una multitud de cimientos hincados del campo de altas torres, ahogadas  por sucesivos anillos de autopistas; por lo que excavaciones más pausadas quedan un tanto relegadas.

Todos los esfuerzos están dedicados a poder iniciar o proseguir , como cada año desde 2011, las excavaciones, también amenazadas por los posibles pillajes y sobre todo por los cultivos de las tierras que roen las que se preservan, libres de obras, para el estudio de la historia , necesarios para mantener el crecimiento de una población cada vez más joven que cada año pierde una parte del pasado -se deba o no preservar-, a la que se suma la emigración de países cercanos en guerra latente o en directo.

Quizá por tanto, el blog quede en silencio un par de semanas.  


La misión,este año, cuenta de nuevo con participación española, en la que destacan los arquitectos Oscar Poggi (doctorando y profesor de arquitectura) y Elisa Vegués.

domingo, 4 de octubre de 2026

Arquitectura y humanidad

 La arquitectura debe adaptarse a las necesidades y a las formas que adaptan los grupos humanos. A medida que las  parejas, las familias, los clanes, las tribus se organizan, se componen y se recomponen, la arquitectura tiene que seguir las variables y distintas organizaciones humanas. Esta lección es la que se nos enseña. Las normas son claras y así se enuncian.

¿Es cierto?

El ser humano es humano porque es social. Es un animal político: la polis es lo que permite calificarlo o nombrarlo. Vive en un territorio delimitado. Las relaciones, de buena vecindad o de confrontación vienen determinadas por la existencia de fronteras o barreras inviolables que se derriban o se sortean. La vida humana está a merced de la existencia de un techo y unas cotas que señalan hasta donde el grupo humano puede moverse y actuar en libertad, sin afectar la vida de otros colectivos. Los encuentros tienen lugar en los límites o sortean éstos. Para acceder a espacios vecinales, si se es invitado.

La arquitectura no se adepta al ser humano, sino que lo hace. Somos humanos gracias a la ordenación del espacio. El mito del primer arquitecto, en Grecia, el dios Apolo, lo enuncia claramente: antes de que Apolo interviniera en el espacio y levantara un centro desde el cual organizar el espacio -siendo Delfos el centro, y la matriz (que es lo que Delfos significa en griego), que centra el espacio y alumbra al ser humano- los humanos no eran humanos, sino habitantes de la selva: bárbaros o bestias. La arquitectura humaniza al ser: lo emplaza, le asigna un lugar en el mundo, da sentido a su presencia. Hasta entonces, el ser no sabía quién era. Una ciego, sin visión de futuro. Lo ordenación del espacio, su división, que otorgó un lugar propio al ser, lo convierte en un ser que se puede retirar, reposar u acoger. Las relaciones sociales se establecen a partir de la composición espacial. Sin arquitectura -lo que no implica necesariamente la existencia de arquitectos, aunque la divinidad primigenia era un arquitecto-, no somos humanos. Nos transformamos, nos metamorfoseamos gracias a la arquitectura, es decir gracias al gesto que nos asigna (en) un lugar, en el que nacemos y en el que nos enterramos: un lugar desde donde observar el mundo y negociar con el, conscientes de lo que somos.

El gesto del arquitecto es fundador: lo que funda es lo que nos instituye. La arquitectura nos constituye. Somos gracias a ella. Sabemos lo que somos.


https://www.harvarddesignmagazine.org/articles/talking-to-myself-about-the-poetics-of-space/



sábado, 3 de octubre de 2026

CASSANDRA MILLER (1976): A LARGE HOUSE (2009, 2015)


 

Cassandra Miller es una compositora británica que trabaja a partir de obras ajenas.

https://cassandramillermusic.ca/


Leamos la descripción de la obra y la justificación del título. La compositora sostiene que compuso como una arquitecta. 

https://cassandramillermusic.ca/2009/08/30/large-house/

viernes, 2 de octubre de 2026

Naturalismo

 Creemos -por no escribir: creo- que la abstracción se aleja de la realidad -sería una construcción imaginaria, sin conexión con el mundo sensible-, mientras que el realismo o el naturalismo no solo revelan la realidad sino que nos la acercan -el realismo no dudando en exponer los aspectos más oscuros de la realidad, casi regodeándose en éstos.

La lectura de varias novelas seguidas  del escritor francés decimonónico Émile Zola, uno de los llamados padres de la novela naturalista o más bien realista -Thérèse Raquin, Una página de amor, La jauría (La curée), La obra (L’oeuvre), y hoy La bestia humana (la bête humaine)- pone de manifiesto el efecto opuesto de este tipo de representación: no se aleja de la realidad, sino que nos distancia de ella, pese a (puesto que) tratar de captarla en toda su complejidad, elemento por elemento. Las descripciones de París en Une page d’amour, Thérèse Raquin y L’oeuvre  son de una precisión obsesiva, casi obscena y repulsiva (todo y siendo fascinantes, estremecedoras, y maravillosamente escritas o descritas, construidas o transcritas, más bien); los dos jardines antitéticos de Una página de amor -el jardín placentero donde dejarse ir, y el solitario e intimidante, silencioso, con un silencio de losa sepulcral del cementerio, que definen los dos estados mentales de la protagonista- se convierten en selvas, tal es la multitud de detalles de cada hoja, cada flor, cada pétalo incluso, que invaden las páginas; éstas se convierten en irrespirables. El jardín es un bloque impenetrable: el aire no circula entre las hojas que uno se imagina desmesuradas tal es el número de rasgos imperceptibles ante los que se detiene la escritura. 

Esta alucinante precisión convierte lo que detalla en una ciudad o un jardín imposibles. Nuestra percepción de la realidad -la realidad solo existe cuando la percibimos; no sabemos cómo es “en sí”, siquiera si “es”- es necesariamente borrosa o difusa: nos centramos en un aspecto, un detalle, que puede variar en función de nuestro movimiento, nuestro estado de ánimo, nuestros deseos o temores, que engrandecen o disminuyen, acercan, alejan o hacen desaparecer aspectos de la realidad que nos atraen, repelen o dejen indiferentes, como si no existieran. La realidad nos envuelve, pero no nos ahoga, salvo en visiones alucinadas. La realidad compuesta de formas, colores, sonidos, olores, elementos palpables e impalpables, que componen un todo en el que los elementos se funden. La mirada de botanista, de criminalista, de Zola, que observa el mundo con una Lipa o un microscopio, otorga tal densidad a lo que percibe, que la realidad adquiere un carácter pétreo, una materialidad ilusoria: no existe o no percibimos que existe en la “realidad”. Lo que Zola describe es tan denso, preciso, obsesivo que la realidad descrita se desvanece y solo queda el texto. El realismo anula la realidad, la hace desaparecen en beneficio de su admirable transcripción. El París que Zola describe no existe fuera de la novela. Ciertamente, es más fascinante que el París “real”, y no tenemos que buscarlo más allá de la novela. De algún modo, la novela consigue que París deje de tener interés o incluso de existir, y se vuelva anodina, gris o molesta cuando la visitemos o vivimos en ella. París solo es París, un denso sueño, en los textos de Zola. El realismo suple la realidad. Seguramente por suerte. El París novelado no decepciona nunca.