domingo, 17 de mayo de 2026

MOHAMMED SAMI (1984): MASACRE (2023)



Foto: Tocho, Louisiana Museum of Art , Copenhague, mayo de 2026


¿Masacre? Un cuadro de grandes dimensiones, del pintor iraquí Mohammed Sami, educado en Bagdad -si bien hoy vive en Londres desde hace unos pocos años- muestra, de manera casi impresionista, en una sala de la colección permanente del museo Luisina de arte moderno en Copenhague, un plácido jardín florido, que se puede imaginar se ubica en la parte trasera de una holgada vivienda.

Un seto de girasoles: la referencia a van Gogh es casi demasiado evidente y fácil. Una evocación de un luminoso día de estío.

Es cierto que algunos tallos y flores yacen  aplastados en el suelo, cuando, en verdad, se trata de una planta que difícilmente se abate.

Cierto es también que se observa, de más cerca, huellas semicirculares inscritas en la tierra. Bien se asemejan a las marcas de herradura de un caballo, o de varios caballos que parecen haber accedido nerviosos al jardín. Dibujan unas marcas desordenadas. 

¿Unos caballos en un jardín privado? ¿Pisoteando setos?

El conocimiento, siquiera somero, de la historia de Iraq desde los años ochenta del siglo pasado hasta hoy, se recuerda, de pronto, si es que se hubiera olvidado.

Y entonces… 


https://www.mohammedsami.com/


 

TSUYOSHI TANE (1979): MEMORYSCAPE (EL PAISAJE DE LA MEMORIA, MUSEO LUISIABA, COPENHAGUE, 2026)













Fotos: Tocho, Atelier Tsuyoshi Tane Architects (Paris), Louisiana Museum of Art, Copenhague (Dinamarca), mayo de 2026


Memoryscape es una exposición dedicada a la manera de pensar y de proyectar del estudio de arquitectura japonés de Tsuyoshi Tane, afincado en París.

El estudio parte del presupuesto que la tabula rasa no es deseable -ni siquiera existe-, así como la invención a toda costa. 

El futuro se sustenta sobre el pasado. Son las soluciones y la aproximación ética al entorno del pasado que pueden alumbrar y guiar las maneras de obrar del futuro. Las referencias no son corsés, ni imposiciones, sino modelos positivos o negativos de lo que se quiso hacer con acierto o no. El pasado abre vías por las que se puede circular. No se tiene porque tomarlas, como se tiene que avanzar con los ojos abiertos y la mente abierta. Quienes niegan las lecciones del pasado pueden solventar problemas, pero a qué precio. La humanidad y el hacer humano se alzan sobre los logros y los fracasos del pasado y, sobre todo, sobre el temple de los seres del pasado que supieron abrir los ojos y nunca se negaron a bajar la vista.

La exposición despliega un sin número de referencias que cubren suelo y paredes sobre las que se apoyan pequeños soportes horizontales en delgados soportes verticales, a modo de atriles, que sustenten pequeñas maquetas, prototipos y libros abiertos, de tal modo que no se impongan, sino que parecen brotar de las soluciones que el pasado brinda: un fértil suelo que alimenta las propuestas del estudio de arquitectura, siempre generosas en el reconocimiento de las luces del pasado -que no se siguen ciegamente. La discreción rima con el discernimiento sobre las lecciones de la historia. En arte como en arquitectura no existe el progreso que cancela el pasado, sino que se da una permanente actualización de lo que se llevó a cabo, y la realización de lo que se quiso materializar sin lograrlo.

Una lección -que no da lecciones sino que brinda ejemplos- de cómo abordar la articulación del pasado y del futuro sin cancelar ni lo que se logró ni lo que se podría y debería mejorar -a partir de lo que se intentó.

https://louisiana.dk/en/exhibition/memoryscapes/


sábado, 16 de mayo de 2026

Museo Luisiana de Arte Moderno (Copenhague, 1958)

















 


Fotos: Tocho, Museo Luisiana, Copenhague (Dinamarca), mayo de 2026


El museo Luisiana de arte moderno de Copenhague no posee grandes salas de altos techos y complejos sistemas de iluminación: tan solo una sencillos focos de hace setenta años, colgados de un techo plano de listones de madera barnizada que recubre salas de paredes de ladrillo pintadas de blanco, sobre un suelo de losetas dd terracota. 

El parecido con el edificio original del museo de arte moderno de Nueva York, de los años treinta del siglo pasado, y de la casa de los arquitectos Eames, en Los Ángeles, de los años cincuenta, no es casual.

Mas, el museo de Copenhague se compone de tres edificios bajos y alargados, unidos por pasadizos cubiertos con paramentos vidriados, que dibujan un circuito cerrado en dos niveles, en plantas baja y subterránea, en lo alto de un acantilado que vierte, por una pendiente cubierta de vegetación, al mar Báltico, en medio de un extenso jardín arbolado salpicado de esculturas de bronce de los años felices de la vanguardia. De lejos, el conjunto se asemeja a tempos japoneses en lo alto de una colina.

 El único edificio que destaca en una villa del siglo XIX, de un dueño esposado en tres ocasiones con tres Luisas, abandonada y restaurada en los años cincuenta para acoger una colección privada de arte moderno, que pronto requirió una extensión del museo a carga del arquitecto danés Vilhelm Wohlert en colaboración con Jon Utzon -inmerso en el enrarecido proyecto de la Ópera de Sydney. 

La colección -que obvia los nombres más obvios-, iniciada por un comerciantes de quesos y editor , las exposiciones temporales de tamaño asumible, la disposición en salas, la planimetría del museo en su conjunto, siempre abierto al jardín y a la línea del horizonte sobre el mar, la altura doméstica de las salas, componen uno de los mejores museos de arte del mundo, a la altura de las galerías Courtauld de Londres, el museo de arte abstracto de Cuenca, el museo Isabella Stewart Gardner de Boston, y la Galería de arte de Dulwich.  

El perdón y la tortura : Eugenio Cajés, San Sebastián, s. XVI




 Foto: Tocho, Galería Nacional de Dinamarca, Copenhague (Dinamarca), mayo de 2026


Perdónales, porque no saben lo que hacen: el grito del hijo de dios a su padre mientras le están ejecutando, condenándolo a una muerte atroz, una larga agonía clavado en la cruz hincada en el monte Gólgota -que significa Calavera- de Jerusalén, en el fundamento del amor cristiano: un amor desinteresado hacia quien no lo merece; el amor a quien te daña, te mata.
Las espeluznantes escenas de tortura cristianas -al nivel de los antiguos sacrificios sanguinolentos de culturas amerindias, quizá incluso más incomprensibles si cabe  porque eran gratuitas-, desplegadas en los templos y en los palacios, y hoy en los museos, como esta imagen particularmente retorcida del pintor manierista español de origen italiano Eugenio Gajés -una cumbre el manierismo-, son una paradójica muestra de amor: amor y perdón, expresión de amor, por quien te sesga la vida infringiéndote todo el daño posible, hasta una muerte agónica, a fin de poner a prueba la grandeza del corazón, capaz de obviar o acallar las lógicas y humanas ansias de venganza, y que sea la divinidad que decida sobre la vida del torturador en el más allá. Que ningún mortal se arrope un juicio que no le incumbe pues afecta el destino final tras la muerte.
La tortura pone a prueba la confianza de la víctima en la divinidad y deja que ella, en su omnipotencia y omnisciencia, decida sobre la suerte del triturador, expresando así que nadie escapa a la mirada divina.
El perdón es un sentimiento complejo y paradójico que requiere la previa humillación para manifestarse. Con el perdón aumenta el refinamiento de la tortura que engrandece el desprendimiento del perdón. 



  

viernes, 15 de mayo de 2026

Obras maestras de la Gliptoteca de Copenhague (Dinamarca)




















 

Fotos: Tocho, Cy Carlberg Glyptotek, Copenhagen, mayo de 2026


El museo arqueológico de Copenhague, llamado Gliptoteca o colección en su gran mayoría de esculturas en piedra, posee una sorprendente muestra de “retratos” -casi todos funerarios, junto con alguna estatua de culto- egipcios, griegos y romanos.

Casi todas las figuras, a excepción casi mágica de una cabeza de Alejandro el Magno y una estatua de cuerpo entero de Antinoo -dos humanos divinizados-, poseen rostros tumefactos, desfigurados: heridas, mutilaciones, ojos violentamente arrancados , dejando hondas cuencas vacías, labios partidos, mejillas hundidas y cabezas fuertemente golpeadas. 

Este muestrario de daños infligidos a una imagen -o a un doble- no afectan solo a las obras del museo danés, como si este hubiera coleccionado obras en mal estado. Toda la estatuaria antigua ha sufrido, no solo el inevitable desgaste temporal, sino que ha sido intencionadamente mutilada, en un intento de atentar contra el personaje histórico del que la estatua constituye un doble perdurable. 

En la mayoría de los casos, sin embargo, a partir del siglo XVII, las estatuas fueron restauradas; incluso vueltas a tallar parcialmente. La falta de miembros, de narices o labios fue compensada. Las heridas disimuladas, en un intento de revertir el tiempo y de devolver una supuesta prestancia a una estatuas idealizadas. Un insólito trabajo de cirugía estética para garantizar la inmortalidad de la estatua -y del personaje encarnado.

A diferencia de otros museos, la Gliptoteca ha retirado todos los añadidos -que se conservan, sin embargo, agrupados en lo que irónicamente el museo denomina narizteca. Añadidos que actuaban como parches o máscaras, disimulando las laceraciones, como si las estatuas hubieran gozado siempre de una admiración respetuosa y rendida, por encima de los mudables gustos humanos. 

Hoy, las estatuas despojadas revelan las vidas que han padecido, y su extraordinaria resistencia, manteniendo la dignidad y su capacidad hipnótica, pese a todos los intentos de acallarlas, cegarlas y derribadas.

Estas estatuas dicen mucho de nuestra conflictiva o pasional relación con las imágenes naturalistas.