domingo, 19 de julio de 2026
NURIA GIMÉNEZ LORANG (1976): MY MEXICAN BRETZEL (2019)
RAYMOND HAINS (1926-2005): LE GRAND LOUVRE (1986-1996)
sábado, 18 de julio de 2026
Cuando la defensa de una tesis doctoral era un acontecimiento cultural…
Principios del siglo XVII
Primera mitad del siglo XVIII
Esto es lo que ocurría, sin embargo, en Barcelona -y sin duda en otras ciudades europeas con universidad- en los siglos XVII y XVIII, con la difusión de carteles con de densos textos en latín encabezados por grabados de artistas como Ignasi Valls, de principios del siglo XVIII, el mejor grabador catalán del siglo, sin que el traslado parcial de la universidad de Barcelona a Cervera en el siglo XVIII haya impedido la anunciada lectura pública de tesis doctorales en Barcelona que tuvieron lugar en centros religiosos no universitarios.
Títulos de tesis:
Deiparae numquam maculatae, Theses philosophicas ex logica, metaphysica, physica, & ethica inter annua eidem Virgini sacra
increatae sapientiae sedi, ad quam vel ipsa cherubim divinis accedunt instruenda mysteriis, accedentes quoque erudiendi
Agradecemos a Neus Verger (Archivo histórico de la biblioteca de la UB) y la Biblioteca de Cataluña esta valiosa y para nosotros desconocida información, así como la cesión de las imágenes.
miércoles, 15 de julio de 2026
Caverna
Imagen creada por IA: los nuevos tiempos
Tras el tercer aviso sonoro, un timbre que resuena, con todos los espectadores, ya sentados, y en silencio tan solo algunos asiento aún libre-, al tiempo que las luces se apagaban y antes que los focos del escenario, aún vacío, se encendieran, una voz femenina grabada advertía en catalán y en inglés, con tono serio: no se podía grabar el espectáculo; los móviles encendidos -ya nadie piensa en cámaras- perturban a los bailarines.
A poco, un espectador, justo en la fila delante, un asiento más a la izquierda, saca el movil, lo mantiene vertical delante suyo y empieza a filmar con cierta discreción . El escenario está lejos. Se distingue mal desde las últimas filas. Algunas cabezas, delante, se alzan a veces dificultando aún más la visión.
La pantalla iluminada del móvil también molesta. Pero poco a poco atrapa. Apenas dos metros nos separan de ella. El espectador filma todo el escenario, así como detalles, según como aumente o disminuya la imagen tan solo tocando la pantalla con dos dedos que la recorren.
La mirada de la mayoría de los espectadores sentados en la fila trasera, una de las más alejadas del escenario, se desplaza del escenario a la pantalla y, poco a poca, acaba fija en aquélla que le revela lo que no distingue claramente cuando mira directamente lo que el móvil filma. El escenario está en el móvil. Éste suple al espectáculo que se despliega ante su vista. La escena, encapsulada en la pantalla que devuelve lo que no se puede ver en directo -aunque en directo se ve en la pequeña pantalla.
Al límite, pronto ya no nos parecerá necesario acudir a las salas. Las pantallas perciben mucho mejor que nuestros ojos. Y los actores acabarán actuando en salas vacías para los ojos de los móviles, que ya no registrarán, sino que crearán un espectáculo, invisible sin la intrusiva presencia del móvil, convertido en unas gafas imprescindibles. El móvil soy yo. Y sin él no veo nada. Es mi luz.












































