jueves, 5 de noviembre de 2026

Investigación


INVESTIGAR


Del verbo latino investigare, del substantivo también en latín vestigium:

Vestigium: se traduce por 1.- Planta de pie , 2.- Huella o pisada, 3.- impresión, 4.- traza, marca, vestigio

¿Por qué son importantes las pisadas?  Primeramente, una pisada se descubre cuando dejamos de pisar: cuando ya no estamos en un lugar, cuando nos hemos desplazado, dejando una marca, la marca de nuestra pasada presencia (o existencia) en un lugar. Una pisada, por tanto, es la imagen visible de una ausencia. Pero esta ausencia se compensa gracias a la huella que ha dejado. El investigador, como el detective, sigue las huellas hasta llegar a quien o qué las ha producido. 

Esta búsqueda ¿tiene sentido, permite llegar a la verdad?  Una huella, un vestigio es una imagen. Las imágenes suelen ser engañosas; al menos, no dan cuenta de la complejidad y riqueza, del cuerpo, el volumen, el peso (en todos los sentidos) de aquél, aquella o aquello de él, la o lo que es imagen. Un retrato solo ofrece una cara -dos como máximo- de la realidad. Mas, la huella, como las proyecciones -arquitectónicas, por ejemplo, los planos, las plantas, los alzados y las secciones- tiene unas características, y unas cualidades o “virtudes” de las que carecen las imágenes más habituales (las imágenes artísticas): son imágenes producidas por el propio modelo. Éste ha inscrito su impronta en una superficie, la impronta de una sola cara, sin duda, pero que permite tomar las medidas de la realidad, mesurarla y actuar en consecuencia. La impronta permite darse cuenta de todo lo que constituye cada cara de un ente o un ser real. Esta capacidad informática de la huella o el vestigio es posible porque me media ningún agente en la producción de la imagen. Es el propio modelo (ente o ser) que ha producido una huella. El modelo ya no está: está lejos, en el espacio y/o el tiempo. Pero podemos saber de su pasada existencia, gracias a las huellas que dan testimonio que un día, en un momento dado, estuvo allí, donde hallamos la huella. Somos, por otra parte, conscientes que, si el modelo siguiera allí presente, la huella existiría -todos dejamos una huella a nuestro paso- pero ésta no sería ni relevante ni visible. Solo se descubre y se percibe su importancia, su necesidad, porque lo que produjo o dejó tales vestigios, ya no está allí delante de nosotros.

Hemos dicho que los vestigios llevan a descubrir la “verdad” de las cosas: nos informan de cómo eran y, posiblemente de lo que hacían, de cómo y porqué se movían.

Pero, ¿qué es la verdad?

En griego, verdad se decía alethia. Una palabra que poco o nada nos dice, salvo que intuyamos o postulemos que, al empezar por la letra a, es posible que aletheia indique la ausencia de letheia, dado que a es una partícula negativa.

¿Qué es letheia? En griego, dicha palabra proviene de Lethe. Ésta es una palabra que resuena claramente en términos que usamos hoy, como letargo o letal. Lethe tiene que ver con la desaparición, con la muerte.

Lethe era el nombre de uno de los cuatro ríos del Hades -el mundo inferior o infernal al que las psiqués o “almas” de los difuntos descendían y dónde “vivían” una vida aletargada, una vida que no era vida. Lethe causa la muerte, l desaparición, la extinción: Lethe es letal.

La función de las aguas del Leteo era clara ;como turbia eran sus aguas): impedir que las almas o dobles de los difuntos quisieran remontar a la superficie recordando las bondades de la vida pasada: una vida que, sean cual hayan sido sus cualidades, luminosos u oscuras, animadas, decepcionantes, grises o mortuorias, son más apetecibles, al menos en el recuerdo, a las que se intuyen se tendrán desde entonces en el Hades: un valle de lágrimas.

Por tanto, era necesario que las aguas del Leteo fueran capaces de borrar cualquier recuerdo del pasado. De este modo, al alma solo le cabría seguir adelante, adentrándose cada más más hondo en las profundidades del Hades.

Las aguas del Leteo eran las aguas del olvido. Lethe es el olvido.

Y alethia, por tanto, es lo que se opone al olvido.  La verdad es lo que permite recordar, conocer el pasado, desvelando todo lo que el pasado puede comunicarnos.

Un vestigio es, pues, un elemento que nos conduce al pasado y nos revela lo que hubo, lo que fue, desvelando la riqueza y complejidad de lo que y no ésta aquí, y su importancia -la importancia de entrar en contacto con este pasado, cercano o lejano. Nuestra vida presente -y futuro- esta marcada por este pasado que la investigación trata de descubrir. Un pasado sin el cual viviríamos en y del presente, sin saber nada de las bondades y maldades del pasado. Sin aprender nada.

La investigación es fuente del saber. Y aquélla se basa en vestigios -incluso la astronomía que reconstruye la vida de los cuerpos siderales, a través de las huellas que nos llegan cuando dichos cuerpos llevan años o eones desaparecidos.

Tenemos que ser conscientes quela investigación trata de reconstruir el pasado a través del estudio de algo, un vestigio, necesariamente muerte. La investigación es una tarea sobrehumana: devolver por un momento la vida -reconstruir como fue la vida a la que el vestigio pertenecía- a partir de un elemento muerto -pero capaz de darnos pistas, de conducirnos por unas pistas hacia lo que estuvo y fue.

Los caminos (de la investigación) que se abren ante nosotros son como los que Hércules encontró y ante los que se detuvo: un camino arduo, pedregoso, que conduce hacia la luz, a la que no siempre se llega, y un camino cómodo, de fácil tránsito, rápido de recorrer, que no lleva a nada, o lleva a una meta olvidable, no memorable.

La disyuntiva plantea un problema ético: qué debo hacer, cómo debo comportarme, como deberé tratar las pistas y los vestigios, que no siempre sabré interpretar. Una investigación es un camino sin retorno, cuya meta quizá no alcancemos. Se trata de una carrera de relevos. Los testimonios que habremos ido desvelando nos han permitido acercarnos a lo que dichos testimonios apuntan. Y nuestra gloria consiste en ceder el puesto y entregarlos a quienes nos sucederán, que emprenderán el camino a partir del lugar en que hemos llegado. La ética es la cualidad de las acciones que redundan en beneficio de la vida. La investigación trata de entender nuestra vida, marcada por la vida del pasado. Somos humanos porque un día fuimos seres unicelulares, somos homo sapiens sapiens porque fuimos homo erectus y homo habilis. Esta investigación, como cualquier búsqueda detectivesca que busca desentrañar un misterio, busca pistas, las estudia, las conserva y las entrega. En ningún caso las oculta. Y las pistas más sólidas, las más importantes, son las que ponen en cuestión las interpretaciones o lecturas que hemos efectuado. Son las que provocan crisis. Y una crisis, en griego, no es una condena o un rechazo, sino una acotación que nos permite aislarnos, aislar lo que estudiamos, para poder observarlo mejor. Una crisis es un estudio detallado que se protege del ruido que nos envuelve. Un vestigio que pone en crisis lo que hemos estudiado, las explicaciones que hemos dado, es una bendición. Porque nos acerca a las cosas del pasado. Nos invita a estudiarlas de más cerca, y de hacernos más preguntas, de plantear nuevas preguntas. Una crisis cuestiona nuestros presupuestos. Es un aviso que nos obliga a volver a pensar lo que un vestigio induce. Esto implica que no tendremos nunca la última palabra. Pero nuestra investigación se acercará a la traducción de un texto redactado en una lengua desconocida. Nuestra traducción será aproximada y comportará errores. Pero permitirá acortar las partes en sombra que nuevos investigadores deberán y quizá podrán esclarecer. La investigación es la subida de una escalera. Cada investigador asciende unos peldaños, y la luz se hace cada vez más visible. Obviamente, podemos resbalar, tropezar o encontrarnos con un escalón por el que no podemosascender: un escalón que no lleva a nada, o que los investigadores que nos siguen -y que posiblemente aún no hayan nacido- sabrán como sortear, dándole o no importancia.

Un a investigación es la exploración de una vida

La tarea más hermosa de la arqueología (el estudio de los archai, es decir, los fundamentos sobre los que se sustentan las construcciones del pasado, y las muestras de nuestra pasada presencia en el mundo, testimonios de los que fuimos) o la paleontología -que significa la búsqueda de lo más antiguo (paleo) que es también lo más esencial (el eon): es decir la ciencia (logos: palabra que cuenta la verdad, una verdad que puede ser certificada, que narra lo que fue, un hecho comprobable y que se puede repetir para que nos cercioremos de la bondad y verdad de lo que la lógica destapa) búsqueda de la verdad, la razón de nuestro lugar en la tierra. 


Texto de introducción a un breve semanario sobre la ética de la investigación en arqueología y paleontología que el Comité de Ética de la Universidad Politécnica de Cataluña impartirá el año que viene.

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

¿Estudias o trabajas? ¿Vida activa o contemplativa? Los saberes de la universidad

 Los gremios y las universidades (a las que se sumaron las academias), entre los siglos XI y XVIII, en Europa, cumplieron funciones muy distintas, que se podrían agrupar bajo las denominaciones romanas de artes mecánicas y artes liberales.

Los gremios formaban técnicos -en cualquier arte manual, incluidas las bellas artes, si bien éstas, a partir del siglo XVI, inicialmente en Italia, trataron de, y finalmente consiguieron, desmarcarse del mundo gremial para acceder al mundo académico, considerado, desde la antigüedad, superior: del saber hacer al saber pensar, de la vida activa a la vida contemplativa, del obrar al reflexionar sobre el obrar-; las universidades, por su parte, formaban sabios o estudiosos, que reflexionaban sobre las causas del hacer, la razón del obrar. No se preguntaban sobre el cómo sino sobre el porqué y el para qué. Inquirían sobre la necesidad y las consecuencias del operar humano -comprándolo con el divino.

Tras el creciente crédito de las universidades y el consecuente descrédito de los gremios -una oposición bien simbolizada por autorretratos de pintores que mostraban que no pintaban, sino que pensaban o contemplaban, como Velázquez en el cuadro de las Meninas-, fue el emperador francés Napoleón I, quien puso fin al Antiguo Régimen de pensamiento, y creó las llamadas Grandes Escuelas, dedicadas a formar técnicos en la administración del imperio, distintas de las Universidades en las que se reflexionaba sobre el poder y el administrar, estudiando valores y fines.

La decisión napoleónica tuvo un inesperado precedente en la ciudad de Barcelona -y en el Principado o antiguo reino de Aragón. El cierre de la universidad de Barcelona y su traslado a la pequeña ciudad de Cervera, a principios del siglo XVIII, como consecuencia de la reorganización de la administración del reino y para desactivar posibles revueltas urbanas en una ciudad marcada por guerras civiles y la defensa de prerrogativas de origen medieval, frente al absolutismo y la naciente noción de Estado, fue aprovechado por la junta de comercio para fundar estudios técnicos y comerciales superiores, volcados a la creciente industria textil. La universidad , con sus estudios de derecho, filosofía, y teología quedaba como un centro casi obsoleto  dedicado al pensamiento, mientras que las nuevas facultades estaban dedicadas a formar a especialistas en el hacer y el operar, en la gestión de una comunidad, en favor de la industrialización y el naciente capitalismo: estudios muy especializados, frente a la amplitud de miras y la distancia con la que se abordan los problemas que toda acción acarrea, propias de la universidad.

En un mundo cada vez más especializado ¿cuál es la razón de ser y la finalidad de la universidad, sobre todo pública? ¿Debe formar a los técnicos requeridos por la sociedad, limitando por tanto el ingreso de los estudiantes, en función de las demandas de empleo, o debe permitir que cualquier estudiante interesado en estudiar un tema, en reflexionar sobre éste, pueda acceder, sin pensar en las necesidades laborales?

Si una universidad es un centro de saber y no un centro formativo, la universidad debe enseñar a pensar, no a obrar.

Esta discusión afecta especialmente los estudios que combinan la reflexión con el hacer, como los estudios de bellas artes, y arquitectura. Ciertas escuelas de arquitectura abordan la arquitectura entendida como el estudio de la razón del ser humano en el mundo, del lugar que ocupa, y de las consecuencias que dicho estar en el mundo acarrea. Otras, especialmente españolas, están orientadas a satisfacer necesidades y deseos, sin poder preguntarse por la pertinencia o bondad de dichos anhelos: enseñan a responder a peticiones, y no a pensar si se tiene que responder. Los resultados saltan a la vista. Algunas obras memorables, que hacen que la vida tenga sentido, frente a tantas otras obras que son un sinsentido. 

Quizá los últimos adelantos tecnológicos, si no sustituyen el hacer y el pensar humanos, nos obliguen a cavilar sobre lo que somos y lo que hacemos: una oportunidad para repensar nuestro lugar en el mundo, antes de que sea demasiado tarde.


A Joan Subirats, tras la lectura de su libro La universidad en el cambio de época. Dilemas presentes, escenarios de futuro. Valencia, 2026



domingo, 1 de noviembre de 2026

Charlotte Perriand y Japón



Hermosa exposición itinerante, muy bien presentada, con piezas originales y facsímiles, recreaciones de interiores y documentos, dedicada a la arquitecta francesa Charlotte Perriand (1903-1999), cuya fama se debe, inevitablemente, a sus proyectos de diseño de mobiliario para o con Le Corbusier -quien se atribuiría toda la autoría de los proyectos-, en cuyo estudio trabajó en los años 20 y 30.

La exposición quiere presentar a Charlotte Perriand fuera de la sombra de Le Corbusier, antes y después de formar parte de su estudio, a partir de 1937.

La exposición no recorre los cuarenta últimos años de la vida laboral de Perriand, cuando trabajó enteramente por su cuenta, proyectando grandes edificios en estaciones de esquí francesas, aún hoy en uso -quizá no lo mejor de su obra.

Destaca lo que Perriand aprendió, fascinada, de la cultura japonesa, cuando, invitada por el gobierno japonés para el que trabajó, huyó de París ocupado por los nazis (actúo en favor de la República, y rompió con el estalinismo) y emigró a Japón donde permaneció dos años, hasta 1942, cuando Japón había ya firmado el Pacto Tripartito con los gobiernos nacionalsocialista alemán y fascista italiano y tenía carta libre para actuar en Asia (las masacres de Manchuria, Pearl Harbor) como Alemania actuaba en Europa. Perriand regresaría a Japón en 1953.

https://www.fmirobcn.org/es/exposiciones/7357/charlotte-perriand-la-libertad-de-repensar-el-mundo

sábado, 31 de octubre de 2026

MARÍA MANCHADO (1956-2026): LA CITÉ DES DAMES ((2023)


 

In memoriam:

La compositora española María Manchado ha fallecido en el reciente accidente de trenes de alta velocidad, camino de Sevilla.

La cité des dames se basa en el ensayo del mismo nombre de la escritora francesa tardo medieval Christine de Pizán, cuyo texto fue y es un veto absoluto a la concepción imperante entonces y aún hoy en algunos países del papel de la mujer en la construcción de la ciudad, entendida como una colectividad.

MICHAEL DAUGHERTY (1954): ONCE UPON A CASTLE (ÉRASE UNA VEZ UN CASTILLO, 2015)

 


 Michael Daugherty es un compositor de música "culta" norteamericano. Once upon a Castle es una sinfonía para órgano y osquesta (cuya grabación obtuvo un premio Grammy en 2019) dedicada al fantástico castillo neomedieval que el multimillonario William Randolph Hearst, dueño de los medios de comunicación (prensa y radio) más influyentes de la época, hizo construir para su amante,la actriz Marion Davies, en lo alto de una colina californiana en San Luis Obispo, al norte de Los Ángeles. Este castillo, obra de la primera arquitecta de la historia, Julia Morgan (titulada en París, dado que aún no existían Escuelas de Arquitectura en California en 1902), es un collage de elementos arquitectónicos y decorativos, de diversos estilos, adquirios en Europa a principios del siglo XX, y de copias cuando la compra, como la iglesia de la colegiata Santa María la Mayor, de Ronda, no fue posible. Esta mansión -hoy una atracción turística que se recorre en un trenecito, como en las peores pesadillas turísticas- se hallaba en medio de un gran zoo con animales salvajes.
William Hearst y su castillo de San Simeón, el Castillo Hearst, inspiraron al cineasta Orson Welles en la célebre película Ciudadano Kane.

España posee un castillo parecido: una gran mansión, en medio de un parque, creada a partir de piezas sueltas, adquiridas y replicadas, una composición imposible, de aire neo gótico, ubicada, al igual que el castillo de San Simeón, construidos ambos casi en los mismos años, en lo alto de un acantilado vertido sobre un mar a menudo embravecido: el sombrío y solitario castillo de Cap roig, construido a partir de 1927, entre Palamós y Calella de Palafrugell, en la Costa Brava, por sus propietarios, el colonel ruso Nicolai Woevodsky y su pareja la aristócrata inglesa Dorothy Webster, sede de fiestas casi tan renombradas, con estrellas de Hollywood y nobles mundanos y libertinos. No sabemos si Hearst, Webster y Woevodsky se conocían. Sospechamos que sí. 

Una próxima exposición del Museu d´Art de Girona (España), titulada Cap Roig. Un sueño en la Costa Brava (1927-1980), que se inaugurará el 6 de marzo de 2027, evocará una manera de hacer arquitectura muy alejada de las normas imperantes, una obra que quiso, como San Simeón, ser un sueño encarnado, un castillo al que solo cabe referirse, con justicia, invocando la sagrada expresión: Érase una vez... 

NB: Once Upon a Castle, de la que ofrecemos en primer y cuarto y último movimientos, se basa no en el castillo existente, sino en su versión fantaseada, su sueño, recreados, con el nombre de Xanadú, por Orson Welles en la película antes citada. 


NB bis:Contrariamente al Castillo Hearst, ninguna estrella, una lady Gaga más cercana (¿entre Marta Sánchez y Bad Gyal?), ha rodado aún un videoclip en Cap Roig, que aun acoge un festival de música pop veraniego cada vez más.... 


viernes, 30 de octubre de 2026

ANDRÉ RICARD (1929), EL DISEÑO DE LO COTIDIANO








André Ricard: el diseño de lo cotidiano, Fundación Joan Miró, Barcelona, 1999


La fundación Joan Miró organizó en 1999 una exposición dedicada al trabajo del diseñador industrial francés André Ricard, afincado en España y Suiza, con todas las obras al alcance de la mano, según el deseo del diseñador que no quería que los útiles, y algunos objetos suntuarios, estuvieran en vitrinas, sino que se pudieran tocar.

Noventa mil visitantes y apenas la desaparición de un cenicero de plástico, pronto sustituido. La exposición no solo exponía objetos, sino que contaba a qué respondían y cómo se usaban. Breves escenas fotografiadas documentaban el manejo de unas piezas que siempre resolvían mucho mejor que diseños parecidos, es decir de manera más sencilla, elegante y económica, necesidades cotidianas, desde la apertura de una botella de leche húmeda, sacada de la nevera, hasta una modesta pieza de plástico que no requería presión alguna para cumplir con la tarea encomendada. Eran y son diseños útiles que no daban la espalda a la belleza, fabricados en serie y, sin embargo, con la austeridad de un objeto artesano. Nada les sobraba. Y siempre se adaptaban de manera ingeniosa a la forma de la mano y a cómo cogemos y manipulamos objetos. No eran necesarias instrucciones. La forma de los objetos evocaba bien, se anticipaba casi a su uso. Hoy diríamos que estos objetos nos explicaban cómo relacionarnos con ellos.

André Ricard se ha retirado. La riqueza y variedad de sus diseños, algunos recientes, y muchos reeditados y al alcance de casi todos, no evocan un mundo que ha concluido. Las causas que dieron lugar a estos objetos siguen vivas. 


https://www.dissenyhub.barcelona/es/exposicion/andre-ricard-diseno-en-uso




 

jueves, 29 de octubre de 2026

SKARMA SONAM TASHI (1997): ECHOES OF HOME (ECOS DEL HOGAR, 2026)










Fotos: Tocho, Venecia, octubre de 2026


Raras son las obras de arte escogidas por los responsables de la bienal de arte de Venecia de 2026, a punto de concluir con un éxito inesperado -y merecido-, que proceden de galerías de arte. La mayor parte han sido prestadas por los propios artistas. Escasos son, por tanto, los datos existentes sobre obras y artistas tanto en publicaciones en papel como electrónicas. Algunos artistas, incluso, han acabado la formación académica recientemente y son pocas las exposiciones en las que han participado o que se les han dedicado. Esta singularidad aumenta aún más el interés de dicha bienal, con obras y artista que quienes tenemos un conocimiento muy limitado del mundo del arte contemporáneo, no habríamos podido siquiera imaginar.
El artista hindú Skarma Sonam Tashi vende su obra por Internet. Ésta consiste en pequeñas esculturas de papel mâché que reproducen modestas, pequeñas  construcciones domésticas propias de su comunidad.
 La obra creada especialmente para la bienal sigue los mismos preceptos, la misma técnica y el mismo material. El tamaño, singular, resulta de la adición de obras tan pequeñas como las que realiza habitualmente. Ya no se trata de una casa solitaria, sino de un barrio, o un pueblo de montaña, con las casas distribuidas en una ladera empinada, como si se sustentaran unas sobre otras. En la realidad, son construcciones de adobe. La modestia del material se transfiere a la recreación artística. El adobe se sustituye por cartón obtenido de cajas de huevos de gallina que se trituran y se mezclan con agua. Un material frágil, a merced de las inclemencias, como así ocurre en la realidad en el norte de la India, bajo la amenaza de las inundaciones del Himalaya, y en Venecia, aterida estos días, precisamente, víctima de mareas altas -el frio, la niebla  y la lluvia, que encogen el ánimo. 
Y, sin embargo, la escultura, que recrea un pueblo de montaña, ubicada en un angosto altillo con un desgastado de madera al que se accede por una estrecha escalera de dificultosa subida, medio en la penumbra, que apenas se entreve desde la planta principal del pabellón central que acoge la exposición principal de la bienal, impone: suscita una impresión que combina la serenidad, la solidez y cierta fragilidad inherente a la sencillez de la obra, su material y la técnica utilizada que parecen estar al alcance de cualquier visitante o habitante: la obra se titula Eco del Hogar; el eco es imperceptible y sin embargo persistente. Viene de ninguna parte, del pasado remoto. Siempre está aquí, resuena, pero es necesario prestarle atención. Son las voces del pasado que alertan y alientan. Un construcción inmemorial, que se levanta y se destruye a merced del clima y la historia, que no decae cuando cae, y que evoca bien la capacidad humana de resistir -y de aceptar- lo que el destino, lo que el ciclo de la vida, imponen.
 Una de las obras que mejor encajan con el tema o lema de la bienal: En tono menor, un título que quiere evocar como gestos y actos modestos, a veces imperceptibles, lejos de proclamas y actuaciones grandilocuentes, anónimos o colectivos, pueden redundar en la mejora y la estabilidad de la vida. Una lección estética y ética.