sábado, 7 de febrero de 2026

SÉNECA (4 aC - 65 dC): DE LA INSIGNIFICANCIA HUMANA (CUESTIONES NATURALES, I)

 “¡Oh, qué pequeño es el hombre mientras no se eleva por encima de las cosas humanas! ¿Qué hacemos de admirable mientras luchamos con nuestras pasiones? La misma victoria, si llegamos a conseguirla, ¿tiene algo de sobrenatural? ¿Debemos gloriarnos porque no nos parecemos a los seres más depravados? No veo por qué razón haya de admirarse nadie al encontrarse más robusto que un enfermo. Mucha distancia hay de la robustez a la salud perfecta. Has escapado de los vicios del alma; no finge tu frente; la voluntad ajena no te hace sujetar la lengua, ni disimular tus sentimientos; huyes de la avaricia, que lo arrebata todo a los demás para negárselo todo a sí misma; el libertinaje, que prodiga vergonzosamente el dinero que gana por caminos más vergonzosos todavía; la ambición, que no lleva a las dignidades sino por indignas bajezas. Pero nada has hecho hasta ahora; has escapado de muchos escollos, pero no has escapado de ti mismo.”

Esté lúcido texto romano fue respondido mil cuatrocientos años más tarde por el florentino Giovanni Pico de la Mirándola y por el español Fernán Pérez de Oliva, en sus ilusos y célebres breves textos Sobre la dignidad del hombre, a finales del siglo XV y principios del XVI.

viernes, 6 de febrero de 2026

¡Fuego!









El 6 de junio de 1885, el conserje de la Escuela Provincial de Arquitectura -desgajada, en 1875, de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Sant Jordi, en la sede de la Llotja de Mar y trasladada a la segunda planta de la Universidad Literaria de Barcelona (hoy la sede central de la Universidad de Barcelona)-, José Vila, denunció que una vez las calificaciones del examen de copia de yeso estuvieron listas para pasar a la tablilla, en un momento en que el catedrático de la asignatura, José Vilaseca, se ausentó del despacho, entró un estudiante, cogió una lista , la rasgó en varios trozos, y pasados unos momentos, prendió fuego al resto de las listas. 

Este estudiante había recibido un suspenso. Según el vigilante, sostuvo que prendería fuego a las listas con cada suspenso, afirmación que el estudiante negó haber dicho, aunque reconoció el resto de los hechos. Confesó, haciendo un involuntario chiste, que “lo hizo en un instante de acaloramiento [sic], de lo cual se manifiesta arrepentido.”

Tras los interrogatorios que la dirección de la Escuela llevó a cabo ante cuantos testigos y personas que se hallaban en las cercanías pudieran dar fe de lo que ocurrió -bedeles, profesores y estudiantes-, se convocó un consejo de disciplina el 15 de junio y se impuso el máximo castigo al estudiante: 

“la falta (…) calificada de insubordinación, desacato y perturbación del orden de carácter grave.

Después de larga discusión sobre si debía imponérsele el castigo del 5 o del 6 grados, se pasó a la votación acordándose la aplicación del 6 grado.”

Los apellidos de dicho estudiante son conocidos: de Villar de Lozano. Son los apellidos del arquitecto Francisco de Paula, catedrático de Arquitectura Legal, aunque, dado el exiguo número de catedráticos (y de estudiantes ) en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, solía formar parte de los diversos  tribunales de Teoría del Arte, de Composición Arquitectónica y de Construcción que evaluaban a los estudiantes. 

Obviamente quien fue condenado no era dicho catedrático, sino un estudiante, de nombre José, y con los mismos apellidos, que debió de ser hermanastro del catedrático. Eran de la misma familia, con la misma madre, ambos oriundos de Murcia, desde luego, y coincidieron en la Escuela, José como estudiante, y Francisco de Paula como catedrático y posteriormente como segundo director del centro, tras la grave enfermedad del primer director de la Escuela, el arquitecto Elías Rogent, autor del edificio de la Universidad. 

Francisco de Paula fue el arquitecto del ábside y del sagrario de la basílica  de Nuestra Señora de Montserrat, y  de la Sagrada Familia antes de que Gaudí, que habría trabajado para Francisco de Paula en la basílica, prosiguiese las obras. Seguramente no devino un templo expiatorio por la gravísima falta cometida por el hermanastro del arquitecto.

Como curiosidad, el consejo de disciplina de José de Villar de Lozano estuvo presidido por el catedrático de estructuras metálicas, D. Juan Torras, maestro de Gaudí.


De las actas manuscritas de las sesiones de las juntas de la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona (Archivo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona)

Agradecimientos a Francisca Calderón.

jueves, 5 de febrero de 2026

TADASHI KAWAKATA (1953): LA ÚLTIMA MORADA


 























Tadashi Kawakata: arquitecto y escultor japonés. 
Sus esculturas son maquetas de arquitectura; o son construcciones en miniatura. Cabañas, construidas como nidos, en lugares parecidos a los que los pájaros escogen: intersticios, aleros, quicios, rebordes; o árboles.
Muros cortina impolutos y reflectantes sobre los que se adhieren pequeñas moradas hechas con unas pocas muestras de materiales que se diría halladas al azar y combinadas y trabadas rápidamente, como un trabajo modesto y provisional, que contrasta con la frialdad de la pared de cristal. 
Construcciones de fortuna, que desentonan de la pulcritud del entorno y de las construcciones a las que se unen parasitándolas, buscando protección, y exhibiendo por contraste la inhumanidad y absurdidad de los paramentos vítreos, que tienen la transparencia del cristal pero que no se pueden abrir como una ventana: ventanas ciegas a las que no se puede asomar, cerradas a cal y canto como en una cárcel de cristal. 
Por contraste, las cabañas de Kawamata se ubican aquí y acullá, están y no están, son molestas para la vista que busca líneas rectas y pulcritud, lisura, ausencia de vida y de relieve, sobre lo que cualquier accidente o incidente resbala. 
Pero las cabañas no resbalan y denotan que los hogares se construyen con remiendos, se hacen y se deshacen, siempre son frágiles, a merced de la vida, se reparan, se destruyen, se desplazan, crecen y disminuyen, y contrasten con la imagen fúnebre de los muros cortina.
Buscan un lugar, su lugar, y lo hallan, sabiendo que pronto deberán desmontarse y desplazarse. Son refugios precarios, que “hablen” de precariedad y calidez, sin embargo. De resistencia y empeño, de la huida al abandono aunque -quizá puesto que - no se dispone de casi nada. La cabaña como el último refugio -antes de dejarse ir, que evita abandonarse.

Kawamata expondrá próximamente en París .

Ya en 2013, sus construcciones en los árboles , al aire libre, fueron mostradas en este blog :

miércoles, 4 de febrero de 2026

La protección del hogar

 

¿Merecen una pocas líneas un objeto de 1,9 cm? ¿Merece que se le destaque?

Se trata de un colgante de esteatita negra, una piedra blanda pero resistente, suave como el talco, tallada. Representa una cabaña -delicada, detalladamente esculpida en un volumen apenas más grueso que un pulgar.
Fue hallado por el arqueólogo Max Mallowan, el segundo esposo de la novelista de misterio Agatha Christie, en el yacimiento prehistórico sirio de Tell Halaf.
Tiene 8000 años.
Colgaba de una persona, viva o muerta.
Su porte debía ser importante, seguramente para la vida terrenal o en el más allá, fuere donde fuera, en la tumba, las hondonadas o el empíreo.
Protegía o prolongaba la vida -la vida hasta la muerte, y la vida eterna. 
La persona se sentía segura acompañaba de su morada . 
El colgante no era solo una imagen de una cabaña, sino que era una verdadera cabaña, en versión reducida, reducción que no afectaba la protección que un hogar brinda, antes bien lo concentraba, lo realzaba.
La casa no era solo un motivo de orgullo, sino un digno de reconocimiento, de identificación, y un objeto valioso, cuyo valor residía en el cobijo que evocaba o prometía, en la seguridad que infundía, en la protección mágica que efectivamente garantizaba.

Pocas veces, la intimidad del hogar, su pertenencia al círculo de quien vive, que vive porque pertenece a dicho hogar, ha sido tan sugerentemente evocada e invocada.
Una casa reducida a sus valores: el aprecio que despierta y la confianza que infunde.

Este obra diminuta pertenece a la colección del Museo Británico.


martes, 3 de febrero de 2026

La primera mirada . La representación humana a finales del paleolítico



































La figuración humana paleolítica se resumía a algunas estatuillas, casi todas femeninas, desnudas y con una pronunciada acentuación de pechos, cadera y vulva proeminente. La cara, por el contrario, era una superficie lisa, y la cabeza, un apéndice, sin parangón con otras partes del cuerpo, exageradas o realistas. Dificil es saberlo. Diosas, sacerdotisas, mujeres comunes; muñecas, amuletos, "ídolos"; figuras funerarias, religiosas, domésticas; realizadas para niños o adultos, por hombres o por mujeres; rotas intencionadamente o no; creadas para ser rotas, o guardadas;  símbolos de poder, de fertilidad....

La gana de lecturas e interpretaciones de las figuras ha dependido y depende de los enfoques, las espectativas, la formación y la ideología de los intérpretes (historiadores, arqueólogos, antropólogos, teóricos, filósofos). 
Lo único cierto es la escasez de figuración antropomórfica tridimensional entre el 300000 -fecha de una posible figura- y el 15000 aC.
Cierto hasta 1994.

El descubrimiento del yacimiento de Göbekli Tepe, en Anatolia, y posteriormente de una red de asentamientos similares, algunos aún por explorar y otros en proceso de desenterramiento y estudio como Karahan Tepe y Görece Tepe, ha  trastocado la concepción de la historia, en Occidente y el Próximo Oriente, y por ahora, en el mundo. 
Son yacimientos permanentes, con construcciones de piedra descomunales talladadas y esculpidas, procedente de canteras a decenas de quilómetros, de finales del Paleolítico y los inicios del Neolítico, cuando los grupos humanos eran escasos y escasamente poblados. 
Los asentamientos no parecen haber sido espacios domésticos. Ni siquiere existían siempre poblados de chozas de madera. Faltaban milenios para las primeras muestras de agricultura y ganadería. Unos siete mil años para las primeras ciudades, y casi diez mil años para estructuras políticas y religiosas, como las primeras monarquías y las primeras organizaciones templarias.  

Dichos yacimientos estaban "poblados" por centenares de figuraciones esculpidas (esculturas y relieves en piedra) de animales y humanos: hombres, mujeres y figuras andróginas. Representaciones simples y dobles -o de figuras con dos cabezas: naturalistas y fantásticas, si es que esta diferenciación tiene sentido. Figuras de cuerpo entero, desnudas o ¿vestidas?, y rostros, un sin número de rostros en los que destacan los ojos. Rostros y/o máscaras. Rostros humanos; algunos naturalistas. ¿Retratos? ¿Idealizaciones? ¿Invenciones? Figuras vistas, imaginarias o soñadas. En cualquier caso, representaciones con una técnica depurada, con miradas que recorren toda la gama de emociones humanas.

Todas aguardan en el más grande y quizá mejor museo de Turquía, construido hace diez años - y dañado por una inundación hace dos años-, en la ciudad de Sanliurfa. Allí parece residir una clave del arte local, occidental, oriental o mundial, según como lo consideremos.

En este breve texto solo se destacan las figuraciones humanas con rostro.
La fauna es también inabarcable.

La respuesta a la existencia de tantas efigies por ahora -y quizá para siempre- no se puede dar.