sábado, 31 de octubre de 2026

MARÍA MANCHADO (1956-2026): LA CITÉ DES DAMES ((2023)


 

In memoriam:

La compositora española María Manchado ha fallecido en el reciente accidente de trenes de alta velocidad, camino de Sevilla.

La cité des dames se basa en el ensayo del mismo nombre de la escritora francesa tardo medieval Christine de Pizán, cuyo texto fue y es un veto absoluto a la concepción imperante entonces y aún hoy en algunos países del papel de la mujer en la construcción de la ciudad, entendida como una colectividad.

MICHAEL DAUGHERTY (1954): ONCE UPON A CASTLE (ÉRASE UNA VEZ UN CASTILLO, 2015)

 


 Michael Daugherty es un compositor de música "culta" norteamericano. Once upon a Castle es una sinfonía para órgano y osquesta (cuya grabación obtuvo un premio Grammy en 2019) dedicada al fantástico castillo neomedieval que el multimillonario William Randolph Hearst, dueño de los medios de comunicación (prensa y radio) más influyentes de la época, hizo construir para su amante,la actriz Marion Davies, en lo alto de una colina californiana en San Luis Obispo, al norte de Los Ángeles. Este castillo, obra de la primera arquitecta de la historia, Julia Morgan (titulada en París, dado que aún no existían Escuelas de Arquitectura en California en 1902), es un collage de elementos arquitectónicos y decorativos, de diversos estilos, adquirios en Europa a principios del siglo XX, y de copias cuando la compra, como la iglesia de la colegiata Santa María la Mayor, de Ronda, no fue posible. Esta mansión -hoy una atracción turística que se recorre en un trenecito, como en las peores pesadillas turísticas- se hallaba en medio de un gran zoo con animales salvajes.
William Hearst y su castillo de San Simeón, el Castillo Hearst, inspiraron al cineasta Orson Welles en la célebre película Ciudadano Kane.

España posee un castillo parecido: una gran mansión, en medio de un parque, creada a partir de piezas sueltas, adquiridas y replicadas, una composición imposible, de aire neo gótico, ubicada, al igual que el castillo de San Simeón, construidos ambos casi en los mismos años, en lo alto de un acantilado vertido sobre un mar a menudo embravecido: el sombrío y solitario castillo de Cap roig, construido a partir de 1927, entre Palamós y Calella de Palafrugell, en la Costa Brava, por sus propietarios, el colonel ruso Nicolai Woevodsky y su pareja la aristócrata inglesa Dorothy Webster, sede de fiestas casi tan renombradas, con estrellas de Hollywood y nobles mundanos y libertinos. No sabemos si Hearst, Webster y Woevodsky se conocían. Sospechamos que sí. 

Una próxima exposición del Museu d´Art de Girona (España), titulada Cap Roig. Un sueño en la Costa Brava (1927-1980), que se inaugurará el 6 de marzo de 2027, evocará una manera de hacer arquitectura muy alejada de las normas imperantes, una obra que quiso, como San Simeón, ser un sueño encarnado, un castillo al que solo cabe referirse, con justicia, invocando la sagrada expresión: Érase una vez... 

NB: Once Upon a Castle, de la que ofrecemos en primer y cuarto y último movimientos, se basa no en el castillo existente, sino en su versión fantaseada, su sueño, recreados, con el nombre de Xanadú, por Orson Welles en la película antes citada. 


NB bis:Contrariamente al Castillo Hearst, ninguna estrella, una lady Gaga más cercana (¿entre Marta Sánchez y Bad Gyal?), ha rodado aún un videoclip en Cap Roig, que aun acoge un festival de música pop veraniego cada vez más.... 


viernes, 30 de octubre de 2026

ANDRÉ RICARD (1929), EL DISEÑO DE LO COTIDIANO








André Ricard: el diseño de lo cotidiano, Fundación Joan Miró, Barcelona, 1999


La fundación Joan Miró organizó en 1999 una exposición dedicada al trabajo del diseñador industrial francés André Ricard, afincado en España y Suiza, con todas las obras al alcance de la mano, según el deseo del diseñador que no quería que los útiles, y algunos objetos suntuarios, estuvieran en vitrinas, sino que se pudieran tocar.

Noventa mil visitantes y apenas la desaparición de un cenicero de plástico, pronto sustituido. La exposición no solo exponía objetos, sino que contaba a qué respondían y cómo se usaban. Breves escenas fotografiadas documentaban el manejo de unas piezas que siempre resolvían mucho mejor que diseños parecidos, es decir de manera más sencilla, elegante y económica, necesidades cotidianas, desde la apertura de una botella de leche húmeda, sacada de la nevera, hasta una modesta pieza de plástico que no requería presión alguna para cumplir con la tarea encomendada. Eran y son diseños útiles que no daban la espalda a la belleza, fabricados en serie y, sin embargo, con la austeridad de un objeto artesano. Nada les sobraba. Y siempre se adaptaban de manera ingeniosa a la forma de la mano y a cómo cogemos y manipulamos objetos. No eran necesarias instrucciones. La forma de los objetos evocaba bien, se anticipaba casi a su uso. Hoy diríamos que estos objetos nos explicaban cómo relacionarnos con ellos.

André Ricard se ha retirado. La riqueza y variedad de sus diseños, algunos recientes, y muchos reeditados y al alcance de casi todos, no evocan un mundo que ha concluido. Las causas que dieron lugar a estos objetos siguen vivas. 


https://www.dissenyhub.barcelona/es/exposicion/andre-ricard-diseno-en-uso




 

jueves, 29 de octubre de 2026

SKARMA SONAM TASHI (1997): ECHOES OF HOME (ECOS DEL HOGAR, 2026)










Fotos: Tocho, Venecia, octubre de 2026


Raras son las obras de arte escogidas por los responsables de la bienal de arte de Venecia de 2026, a punto de concluir con un éxito inesperado -y merecido-, que proceden de galerías de arte. La mayor parte han sido prestadas por los propios artistas. Escasos son, por tanto, los datos existentes sobre obras y artistas tanto en publicaciones en papel como electrónicas. Algunos artistas, incluso, han acabado la formación académica recientemente y son pocas las exposiciones en las que han participado o que se les han dedicado. Esta singularidad aumenta aún más el interés de dicha bienal, con obras y artista que quienes tenemos un conocimiento muy limitado del mundo del arte contemporáneo, no habríamos podido siquiera imaginar.
El artista hindú Skarma Sonam Tashi vende su obra por Internet. Ésta consiste en pequeñas esculturas de papel mâché que reproducen modestas, pequeñas  construcciones domésticas propias de su comunidad.
 La obra creada especialmente para la bienal sigue los mismos preceptos, la misma técnica y el mismo material. El tamaño, singular, resulta de la adición de obras tan pequeñas como las que realiza habitualmente. Ya no se trata de una casa solitaria, sino de un barrio, o un pueblo de montaña, con las casas distribuidas en una ladera empinada, como si se sustentaran unas sobre otras. En la realidad, son construcciones de adobe. La modestia del material se transfiere a la recreación artística. El adobe se sustituye por cartón obtenido de cajas de huevos de gallina que se trituran y se mezclan con agua. Un material frágil, a merced de las inclemencias, como así ocurre en la realidad en el norte de la India, bajo la amenaza de las inundaciones del Himalaya, y en Venecia, aterida estos días, precisamente, víctima de mareas altas -el frio, la niebla  y la lluvia, que encogen el ánimo. 
Y, sin embargo, la escultura, que recrea un pueblo de montaña, ubicada en un angosto altillo con un desgastado de madera al que se accede por una estrecha escalera de dificultosa subida, medio en la penumbra, que apenas se entreve desde la planta principal del pabellón central que acoge la exposición principal de la bienal, impone: suscita una impresión que combina la serenidad, la solidez y cierta fragilidad inherente a la sencillez de la obra, su material y la técnica utilizada que parecen estar al alcance de cualquier visitante o habitante: la obra se titula Eco del Hogar; el eco es imperceptible y sin embargo persistente. Viene de ninguna parte, del pasado remoto. Siempre está aquí, resuena, pero es necesario prestarle atención. Son las voces del pasado que alertan y alientan. Un construcción inmemorial, que se levanta y se destruye a merced del clima y la historia, que no decae cuando cae, y que evoca bien la capacidad humana de resistir -y de aceptar- lo que el destino, lo que el ciclo de la vida, imponen.
 Una de las obras que mejor encajan con el tema o lema de la bienal: En tono menor, un título que quiere evocar como gestos y actos modestos, a veces imperceptibles, lejos de proclamas y actuaciones grandilocuentes, anónimos o colectivos, pueden redundar en la mejora y la estabilidad de la vida. Una lección estética y ética.

 

lunes, 26 de octubre de 2026

WEREWERE LIKING (1950): CIUDADES







 Fotos: Tocho, Bienal, Venecia, octubre de 2026

Werewere Liking, del Camerún, viven en Costa de Marfil. Sus casas, sus ciudades, no se distinguen del entorno, los animales, las personas. Las altas torres de la ciudad moderna se asemejan al elongado cuello de las girafas -Giraffe City es el título de una de las obras-, o a los troncos de los árboles que se alzan como si el viento los meciera, o como si jugaran con él, y las casas pueden tener rostros. Siguen los ritmos de la tierra; se inclinan, o se balancean según las ondulaciones del suelo. Los edificios se olvidan de la geometría. Reproducen el imprevisible perfil de las rocas. El viento recorta los volúmenes, que avanzan y se retraen en un equilibrio que parece inestable, pero que es el resultado del juego del viento y la roca o el volumen de una construcción. Entre las casas y las rocas se tejen relaciones de buena convivencia. La casa tiene el imprevisto perfil de una montaña y ésta adquiere una forma que podría ser habitada. En la ciudades marítimas, el agua se infiltra entre las construcciones y abre calas, componiendo un paisaje en el que la naturaleza y la cultura, la tierra tal como el tiempo la labra y la que el hombre compone apenas se distinguen. Mar, cielo, tierra y obra crean un espacio en el que la vida se recoge. La ciudad no es la antítesis de la naturaleza, sino su perfección, porque muestra todo lo que la naturaleza es y aporta. A cambio de someterse a la pulsión, la vibración, la respiración de la tierra. 
La obra de Werewere Liking, para quienes no solemos estar familiarizados con el arte contemporáneo, es uno de los descubrimientos más singulares que desvela la bienal de venecia de este año.



domingo, 25 de octubre de 2026

Compañía

 Comulgar.

Compartir alimentos. Ingerir lo mismo que otro. Acabar siendo lo que otro también será.

Comer juntos lo mismo: un signo de confianza. Las armas bajadas. Sentados ante una mesa, o ante un plato en el suelo nos expone. Bajamos la guardia. Sentarse en la misma mesa expresa entrar en la intimidad de otros comensales. Estamos cerca, ejecutamos los mismos gestos, distribuimos la alimentación. Las posibles diferencias se solventan. Si comemos del mismo plato, la intimidad necesariamente se refuerza. Somos tan cercanos que dividimos la comida. Y regalamos una parte de lo que nos correspondería si estuviéramos solos.

Las primeros ligámenes se tejen alrededor de la comida. Los acuerdos, los deseos de buena vecindad se sellan antw un plato (que no se rechaza). No existen fiestas ni ceremonias sin banquetes: invitar a cenar a personas envía un mensaje claro. Los invitados entrarán en nuestro espacio doméstico y, durante unas horas, participaremos de un ritual íntimo. Nos llevaremos a la  boca el mismo alimento. La comida, a través de la cual se simboliza las diferencias, también sella la igualdad, la correspondencia. Y una invitación debe ser correspondida. A una cena en una casa le sucede otra en casa ajena. Se va formando así una compañía. Somos compañeros. Entramos a formar parte de un colectivo -que estamos también creando y abriendo a quienes comparten nuestros gustos. Una compañía que puede llegar a ser de por vida. Se establece, por lo menos, una cierta visión de futuro, en compañía del o de los comensales. Y la compañía quiebra la soledad. La sensación de abandono se disipa. Quien se sentía rechazado u olvidado se reintegra en la sociedad. Hacer compañía es un deber; es un bien. Hace lo que querríamos que nos hicieran.

Que la compañía se crea a través de la comida no es casual. Compañía: cum panis: partir el pan; comer el mismo pan. Una comunión llevada hasta sus últimas consecuencias. Darlo todo, nuestro corazón, nuestra carne. Fundirnos con los comensales. Sellar una unidad para siempre. Partir y compartir el pan: digno de nuestra humanidad


Texto inspirado por la exposición actual de Paulo Nazareth en la fundación Pinault en Venecia.





sábado, 24 de octubre de 2026

Álgebra



El “arte de restituir a su lugar los huesos dislocados” es una técnica que practican los cirujanos. Recomponen una entidad , reuniendo y ensamblando los fragmentos dispersos. Un ente fracturado trata de recomponerse. Las heridas buscan suturarse. Las grietas, los cortes, fruto de una violencia voluntaria o involuntaria, intentan superar lo que los causó.

Se trata de un trabajo similar al del arqueólogo o al del restaurador que recogen lo que queda de un ente al que tratan de devolver la unidad, disimulando o no las juntas y supliendo en ocasiones las partes que faltan para asegurar la estabilidad del conjunto : un ejercicio que devuelve a la vida lo que se ha perdido, y reordena el mundo sumido en el caos.

Este trabajo meticuloso lo asumen también otros profesionales: los matemáticos y los arquitectos. Recibe un nombre de origen árabe, procedente del título de un manual persa de origen hindú: álgebra (al-jabr). Una ciencia que combina lo que no pertenece a una misma familia, de modo que se alcanza un todo armónico que no neutraliza la libertad de movimiento de cada componente: permite cierto juego, siempre que los ligámenes recompuestos no se vuelvan a quebrantar.

El arquitecto selecciona lo disperso y lo junta hasta componer un elemento que los engloba. Estos materiales son minerales. Y también orgánicos. Tribus, clanes, familias son invitadas a participar en una tarea común. Proceden de ámbitos, credos y culturas diversos, a veces enfrentados. Pero la álgebra, como la arquitectura les abre un espacio común en el que se compensan, se corresponden y se equilibran. La álgebra es el arte que atiende al número y a la suma, y trata que nada ni nadie quede excluido: una reflexión y una práctica que rescata lo perdido, lo retraído, lo abandonado y desdeñado, devolviendo a cada elemento su dignidad y su prestancia, cuidando que ningún componente no pueda sumarse a la edificación devolviendo un conjunto: una comunidad en la que lo que más se valora es el equilibrio y los contactos entre miembros. La álgebra reduce diferencias y rechazos en beneficio de un todo que se compone sumando y emplazando cada componente, sin que nadie se vea forzado a intervenir. Una tarea que busca el bien común. 


Tal es el tema y el título de la exposición del artista brasileño Paulo Nazareth hoy en Venecia:

 https://www.pinaultcollection.com/palazzograssi/en/paulo-nazareth-algebra