miércoles, 15 de julio de 2026

Rebajas de verano


 Foto: Tocho, Barcelona, julio de 2026

Caverna

 










Imagen creada por IA: los nuevos tiempos 


Tras el tercer aviso sonoro, un timbre que resuena, con todos los espectadores, ya sentados, y en silencio tan solo algunos asiento aún libre-, al tiempo que las luces se apagaban y antes que los focos del escenario, aún vacío, se encendieran, una voz femenina grabada advertía en catalán y en inglés, con tono serio: no se podía grabar el espectáculo; los móviles encendidos -ya nadie piensa en cámaras- perturban a los bailarines.

A poco, un espectador, justo en la fila delante, un asiento más a la izquierda, saca el movil, lo mantiene vertical delante suyo y empieza a filmar con cierta discreción  . El escenario está lejos. Se distingue mal desde las últimas filas. Algunas cabezas, delante, se alzan a veces dificultando aún más la visión. 

La pantalla iluminada del móvil también molesta. Pero poco a poco atrapa. Apenas dos metros nos separan de ella. El espectador filma todo el escenario, así como detalles, según como aumente o disminuya la imagen tan solo tocando la pantalla con dos dedos que la recorren. 

La mirada de la mayoría de los espectadores sentados en la fila trasera, una de las más alejadas del escenario, se desplaza del escenario a la pantalla y, poco a poca, acaba fija en aquélla que le revela lo que no distingue claramente cuando mira directamente lo que el móvil filma. El escenario está en el móvil. Éste suple al espectáculo que se despliega ante su vista. La escena, encapsulada en la pantalla que devuelve lo que no se puede ver en directo -aunque en directo se ve en la pequeña pantalla. 

Al límite, pronto ya no nos parecerá necesario acudir a las salas. Las pantallas perciben mucho mejor que nuestros ojos. Y los actores acabarán actuando en salas vacías para los ojos de los móviles, que ya no registrarán, sino que crearán un espectáculo, invisible sin la intrusiva presencia del móvil, convertido en unas gafas imprescindibles. El móvil soy yo. Y sin él no veo nada. Es mi luz.


VÍCTOR HUGO (1802-1885): ARQUITECTURA































 

¿Y si el mejor pintor del siglo XIX, en Europa, Goya aparte, pero con afinidades con él, fuera un escritor? Y ¿el mejor arquitecto?
Víctor Hugo no solo escribió la monumental novela Notre-Dame de Paris, sobre la construcción de la catedral y sobre sus fantasmas -con un final persiguiendo al genio de la catedral que constituye el texto de novela negra y de misterio más inolvidable-, y los Miserables, con la más angustiosa, tensa y electrizante descripción de la laberíntica red de las cloacas parisinas, poblada de ecos que retumban y resuenan desorientando aún más a quien se adentré en aquella -por donde huye un presidiario, en un relato que no se puede dejar de leer-, sino que plasmó sus sombrías visiones en unas aguadas sobre papel, de pequeño tamaño, realizadas sin pensar en su venta, que acaban constituyendo el símbolo del siglo diecinueve europeo, con sus luces y sus sombras, sus sueños y sus pesadillas, la violencia política y militar, la rapiña y la destrucción, e insólitos fogonazos luminosos, entre los que brillan las novelas de Flaubert, Stendhal, Balzac, Zola, Dostoïeski, Tolstoi, Chejov, Dickens, Brönte (ambas hermanas Charlotte y Emily), Clarín, Pardo Bazán, Pérez Galdós y, obviamente, Hugo -a la espera de la llegada de Proust, Unamuno y Faulkner, ya en el siglo XX.

Durante años, estos dibujos imaginativos, cercanos al género del capricho arquitectónico, fueron silenciados o poco considerados. Los volúmenes que emergen de la niebla, a menudo en noches sin luna, son el perfecto ejemplo de lo que fue la arquitectura europea, tratando de desgajarse de la impronta clásica, sin conseguirlo, inmersa en formas del pasado, que en tanto que perteneciendo al pasado aparecen como masas muertas, componiendo pesados volúmenes hinchados y excesivos, una hojarasca que busca un lugar al sol -y que cuando lo consiga abrirá el paso al horror. Quizá la arquitectura europeo  haya muerto en el siglo XIX y los dibujos alucinados de Víctor Hugo sellen este pérdida, rememorando lo que fue y ya no tenía sentido.
Una exposición, hoy, descubre extensamente esta faceta del talento visionario del excesivo Víctor Hugo dibujante y arquitecto, antes que novelista:

martes, 14 de julio de 2026

IVÁN ZULUETA (1943-2009): MI EGO ESTÁ EN BABIA (1975)



Érase una vez un castillo fantástico...



A Juan y María, de Ediciones Asimétricas, editores de un libro titulado Babía, a lo lejos.
Mas, para el protagonista  del presente mediometraje, Babia no se hallaba (tan) lejos: se llegaba, como Ulises a Itaca, cruzando el ponto.

LOUISE NEVELSON (1899-1988): DREAM HOUSES (CASAS DE ENSUEÑO, o CASAS SOÑADAS)












 

Sí, son imágenes de rascacielos, una tipología arquitectónica que difícilmente encaja con la imagen de una casa de ensueño. El nombre que la escultura ruso-ucraniana-norteamericana Louise Nevelson otorgó, en los años setenta del siglo pasado, a un conjunto de treinta y siete esculturas de gran tamaño -la altura de la propia artista-, construidas con fragmentos de madera hallados en las calles, pintados de negro. Que sean fragmentos ensamblados otorga una insólita fragilidad y humanidad al frío deseen de un rascacielos.
Pero se trata de casas, ciertamente, y de casas soñadas: poseen amplías ventanas abiertas -y no muros de vidrio reflectante en los que las ventanas están proscritas-, en las que es posible asomarse para otear el interior. Alguna fachada dispuesta como una puerta entreabierta acentúa el carácter acogedor de estas moradas superpuestas, cuya verticalidad no es drástica, sino que presenta algún quiebro, una ondulación apenas, como si la construcción se asemejara a un cuerpo humano erguido representado no en posición de firmes sino con la técnica del contraposto, descansando más en una pierna que en otra. 
Nevelson reconoció la fascinación que ejercen los rascacielos, sobre todo los anteriores al anodino estilo internacional, pero supo mostrarlos como un conjunto articulado de espacios propios abiertos al mundo -y no hieráticos, adustos, cerrados al mundo: sin duda, unas moradas ideales, que solo existen en los sueños.

domingo, 12 de julio de 2026

LOUISE NEVELSON (1899-1988): SKY CATEDRAL - WEDDING CATEDRAL -FAÇADES (CATEDRALES CELESTIALES - CATEDRALES PARA UNIONES -FACHADAS)


























 

El nombre de la escultora Louise Nevelson presta a confusión. Nombre inglés -norteamericano. Nombre norteamericanizado, pues Louise era de Kiev (ayer del imperio ruso, hoy la capital de Ucrania), y judía.
Su familia emigró a los Estados Unidos a principios del siglo XX donde malvivieron, por falta de trabajo -su padre logró ser carpintero- y por su religión.
Cumplió con los preceptos familiares: se casó, tuvo un hijo que abandonó a causa del clima opresivo religioso, que la marcó: toda su obra refleja la fascinación por las iglesias ortodoxas, los lugares de culto judíos, y por los templos precolombinos. Estudió en Europa, se interesó por el surrealismo, antes de regresar a los Estados Unidos a finales de los años treinta. Vivió casi siempre arruinada, dando clases en colegios, el color negro era su favorito -poseía la elegancia que los colores vivos carecen-, pero no dejó de mostrarse vestida de manera llamativa, entre Frida Kahlo -que conocía- y la Cleopatra interpretada por Liz Taylor. Quizá para obviar, ocultar u olvidar su falta de medios.
La extensa serie de templos -de fachadas de templos monumentales, entre góticos y aztecas-, a escala casi natural, está  compuesta a partir de restos de madera quemada o pintada de negro (salvo los que compusieron sus templos de boda, con fachadas semejantes a filigranas góticas, de blanco), y de desechos, que su hijo y ella recogían en las calles de Nueva York, y recortaban. Son confesionarios, y rincones de meditación, en los que los elementos dejados de lado, a su suerte, logran, conjuntados, levantar imponentes construcciones, semejantes a mecanismos -como los que los astros dibujan en el cielo-….
que Nevelson fotografiaba, recortaba -devolviendo a los elementos su libertad, y recomponía para construir fachadas templarias, en unas composiciones que le permitieron multiplicar el número de obras de bajo coste en unos años en qué la miseria acechaba -el apoyo de galerías tardó en llegar, a menudo sin éxito: las ventas de obras fueron muy escasas y la artista debía los anticipos que recibía.

Hoy, una gran exposición antológica en Francia reconoce, después de años, su obra, compuesta como un puzzle en el que habitan y cohabitan elementos dispersos y opuestos que logren encajar. Algo parecido a lo que fue su vida