lunes, 11 de mayo de 2026

APHEX TWIN (RICHARD DAVID JAMES, 1971): HOME MADE OF POLYSYNTH, 2005)


 Sobre este compositor irlandés de música electrónica, véase su página web:  https://aphextwin.warp.net/?srsltid=AfmBOopYEL-9Dt2N05U7T-I2issXq17tS4RKYg2CnKRCtQSE_u5E7z2N

La mejor arquitectura de Cataluña

 



La Villa Perica [ubicada en Tamariu, en la Costa Brava, proyectada por el ruso Nikolai Woevodsky, que no era arquitecto, en los años 30] es una de las casas mejores del país, sobre todo desde el punto de vista arquitectónico. Los extranjeros —y sobre todo míster Woevodski—

parecen haber comprendido mucho mejor que algunos arquitectos indígenas las condiciones esenciales de nuestro paisaje y la relación for-

zosa que ha de establecerse entre el paisaje y la habitación humana. Lo funcional en arquitectura —supongo— debe consistir en fabricar una casa en función del paisaje que ha de servirle de marco. La locura arquitectónica de Caldetas —chalets suizos con tejado agudísimos, tejas verdes almidonadas, puertas y ventanas romboidales, estilo checo—, ¡cuánto daño ha hecho a nuestro país! ¡Qué espanto! siglo pasado] es una de las casas mejores del país, sobre todo desde el punto de vista arquitectónico. Los extranjeros —y sobre todo míster Woevodski—parecen haber comprendido mucho mejor que algunos arquitectos indígenas las condiciones esenciales de nuestro paisaje y la relación forzosa que ha de establecerse entre el paisaje y la habitación humana. Lo funcional en arquitectura —supongo— debe consistir en fabricar una casa en función del paisaje que ha de servirle de marco. La locura arquitectónica de Caldetas —chalets suizos con tejado agudísimos, tejas verdes almidonadas, puertas y ventanas romboidales, estilo checo—, ¡cuánto daño ha hecho a nuestro país! ¡Qué espanto!”

(Josep Pla: Guía de la Costa Brava)


En el año de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura otorgada a la ciudad de Barcelona, se inaugurará próximamente una gran exposición sobre ciento cincuenta años de arquitectura catalana, con las mejores obras construidas -no se consideran proyectos no materializados en “piedra”. 

Veremos el peso del juicio de Josep Pla.

Apenas existe información gráfica sobre esta secreta villa.

sábado, 9 de mayo de 2026

ADRIÀ GOULA (1973): COTA O (2024-2026)








Las paredes de las estancias solían recubrirse hasta media altura con azulejos o con pintura impermeable brillante. Así, se aseguraba cierto frescor en verano -la cerámica vidriada disipa el calor- y se evitaba el moho en invierno. Por otra parte, estas superficies eran fáciles de limpiar. El roce inevitable no dejaba una huella imborrable. La pared se podía baldear para mantenerla limpia. Se aseguraba un interior salubre y acogedor. Además, la división horizontal que recorría las paredes ayudaba a crear una sensación más confortable pues la gran altura, intimidante, de la estancia, disminuía visualmente. Se daba más importancia y peso a la parte inferior de la pared más en contacto con los usuarios. 

Mas, en la periferia de la ciudad de Valencia, a partir del 29 de octubre de 2024, y durante dos semanas al menos, la partición horizontal de las paredes de espacios interiores -garajes, comercios y viviendas- se tuvo que leer de manera muy distinta. La vida que aquélla garantizaba , y la comodidad que aportaba, devino lo contrario, y el nítido tratamiento distinto de las superficies inferiores y superiores expresó justo lo contrario de lo que se percibe habitualmente. La parte superior, a partir de una altura superior a la de un humano, definía una burbuja de aire -a la que nadie llegó. La parte inferior, en contacto con los usuarios, se convirtió en una trampa mortal. La línea de la vida señaló el final de la misma, por la inaudita  inundación que la imprevisión -cuando no la insensibilidad e indiferencia, la ineptitud, el cinismo y la dejadez- de ciertos representantes políticos no supo o no quiso advertir. La parte alta de los muros, impoluta. Encalada, incontaminada, blanca y luminosa, con la Inmaculada y fría indiferencia del cielo ante la muerte más abajo. La inferior, enterrada. Vidas enterradas. Interiores convertidos en trampas, cárceles, tumbas o sarcófagos. Espacios de los que ya no se pudo salir.

El arquitecto y fotógrafo Adrià Goula se atrevió a recorrer los interiores tres semanas más tarde. Sus fotografías no requieres explicaciones ni denuncias a voz de grito. Hielan. Porque no logran esconder el nivel del horror que una línea ocre, casi dorada, que recorre horizontalmente las paredes, traza y expresa. La línea que no es la de la vida.


Agradecimientos a Adrià Goula por sus explicaciones. 




 

viernes, 8 de mayo de 2026

ALBERTO IGLESIAS (1955): CASA CON VENTANA Y LIBROS (1995)


 De la película La flor de mi secreto, de Pedro Almodóvar 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Atravesado

 





Fotos: Tocho; de textos expositivos, mayo de 2026.


Cada año o cada época ve como algunas palabras se ponen, de pronto, de moda, y salpican, como gotas de salsa espesa de una comida excesiva,  en textos y conversaciones, a los que concede un deje de modernidad.

Como ha sentenciado un museo de arte moderno y contemporáneo en varios textos expositivos hoy, la gloria le ha llegado al verbo atravesar. Y no solo en España.

No se da circunstancia alguna que no esté atravesada por….

¿Qué se quiere decir?

Por de pronto, sorprende la construcción. Habitualmente, se atraviesa algo, pero no se está atravesado por.  Se trata de un verbo de acción, no de pasión.

¿Influir, marcar, cruzar, hendir, distorsionar, afectar? ¿Tales son sinónimos? Desde luego, atravesar queda mucho más dos mil veintiséis. 

La etimología tampoco ayuda. El verbo deriva del latín. El adjetivo transversus significa desviado o torcido: un mal camino. Un significado lógico. Atravesar contiene el sustantivo través que significa torcimiento y desgracia. El través afecta negativamente.

Atravesar, entonces, indicaría un daño, un dolo, que modificaría sustancialmente lo que una cosa o un ser es. La condición pasiva, de víctima, que evoca la peculiar manera de emplear el verbo -no se atraviesa, sino que se es atravesado por- así lo sugiere. 

Atravesar alude a una pérdida. Algo pierde su condición primigenia. Un doloso problema o afecto le clava. El daño es profundo. Se adentra y hiere. Revela la mácula -de nuevo la mancha imborrable que se extiende, como cuando se come glotonamente sin servilleta al cuello, descuidadamente- de la inocencia y la pureza originarias. Estamos en el mundo de la caída, del irremediable pecado original. Desvela un baño de realidad. Un choque que trastoca un ideal. Lo que más sufre es un cuerpo. La herida toma por sorpresa. El ser o el ente no resiste. Se encoge. La herida puede ser mortal.

Un uso del verbo, en suma, lógico que se extienda en estos tiempos. Cuando  veamos que desaparece de las sesudas conversaciones y los textos eruditos, nos daremos cuenta que las nubes han escampado. Hasta entonces, sufriremos atravesados por un verbo, propio de la teoría del arte (moderno),  que nos conduce por el camino de la amargura.

Amén.

martes, 5 de mayo de 2026

Lo común y lo singular

 Lo común es la cualidad de lo que se ofrece o se posee en común: un bien (en) común. Lo común se comparte. No es de nadie, sino de todos. 

Lo común exige -y funda- una comunidad. Ésta dispone de riquezas, valores y creencias comunes, sin las cuales la comunidad no consiste sino en una agrupación casual de seres encerrados en sí mismos. 

Lo común exige apertura de miras y disponibilidad para abrirse a los demás. Los secretos, las mentiras están proscritos, lo que no implica que no se goce de vida interior y propia. Pero ésta no altera ni se opone a los sueños y deseos de cada uno de los miembros de una comunidad que no está conformada por una masa anónima, sino por sujetos que voluntariamente se han unido, dispuestos a compartir lo que tienen y lo que creen; bienes que, ubicados en el centro de la comunidad, la alimentan.

Las lenguas latinas distinguen el singular del plural. La lengua francesa exacerba esta diferencia. Las palabras llegan a alterarse tanto que apenas se reconocen como variantes de un mismo término: mientras el español y el catalán suele añadir una letra -una ese- al final de la palabra, y el italiano procede a un cambio de la última vocal, el francés introduce cambios significativos. Por ejemplo, caballo/caballos, o cavallo/cavalli, deviene cheval/chevaux. ¿Quién reconoce en el francés yeux el plural de oeil (ojo) que posee incluso en su centro una nueva vocal: œ, con un sonido propio

El singular se distingue del plural, y la distinción es un atributo apreciado en la visión del mundo occidental. Lo singular implica excelencia. Contiene, bien es cierto, cierta dosis de rareza, incluso de (aparente o involuntaria) imperfección, pero ésta realza lo singular: lo alza pie encima de los demás. La regularidad es mediocre : se halla en medio, no destaca; no llama la atención, pasa desapercibida, como si no tuviera relieve. Plana, chata, no tiene vida propia, no existe.

Lo singular domina la masa y lo común. Lo singular no es común, sino extraordinario. Singularizar significa distinguirse, apartarse, marcar y mantener las distancias con los demás. Lo singular es raro, es decir incomprensible, imprevisible. No responde a valores ni criterios conocidos, compartidos. 

Un ente o un ser singular es único, y la unicidad es un valor que prima en el imaginario occidental. Bien lo destacó el filósofo Walter Benjamín cuando dispuso que el aura, una cualidad mágica, impalpable, pero imperiosa, ciñe y aísla la obra de arte y le confiere un aire que la desmarca de los útiles, los enseres de uso diario, comunes.

La dicotomía singular/común estructura la visión o teoría del arte en occidente (o europeo). Aquélla fue llevada al extremo -o se jugó con ella-, a principios del siglo XX, cuando objetos comunes como una pala o una funda de máquina de escribir, abandonaron el mundo de los objetos anónimos, para acceder al de las obras de arte o sagradas. Eran comunes; devinieron singulares. La cualidad “artística” se alcanzó mediante la palabra. Adquirieron un nombre propio, que solo les pertenecía a cada uno de ellos, les identificaba, les singularizaba. Lo común posee un nombre de familia. Lo singular se apoya en el nombre propio -que no comparte con nadie. ¡Ay de quién posee el mismo nombre que otro ser!. Ambos parecen querer confundir y, por tanto, se les supone oscuras intenciones Tener un nombre “común” es propio del vulgo: uns vulgaridad. Y la vulgaridad se asocia a la falta dd cultura, la barbarie, que marca a quienes no han logrado crear comunidades, de la que se distinguen los seres singulares. Pues la singularidad, no solo para brillar, sino tan solo para existir, requiere, paradójicamente, la existencia previa de lo común. La singularidad sólo adquiere sentido a la vista de los demás, quienes, al reconocerla y apreciarla, le confieren el aura que corona lo singular. Lo singular existe en los ojos de lo común.

La diferencia entre los útiles y los iconos reside en una letra. Ésta concede letras de nobleza a lo que se adscribe. La buena letra que permite reconocer, identificar y aislar, lo común, entendido como lo grosero, banal, impersonal -que tales son también los significados de la palabra común, sin tener que evocar el mundo de los comunes o letrinas-, de lo personal, altamente valorado por su singularidad, su carácter único , reconocible a la legua, imposible de confundir y de ser confundido.

Mas, cabría preguntarse si esta división acentuada entre lo común y lo singular (que alimenta la noción de genio y se alimenta de ella, exacerbando la superioridad de uno sobre el conjunto de seres) que recorre y estructura la noción de arte europeo desde el Renacimiento -aunque  ya presente en la concepción platónica del arte, si bien, en este caso, los valores que posee lo singular se ponen a disposición, mediante la educación, y se transmiten, de la comunidad, en un logrado puente entre lo singular y lo común-, no ha acabado por ser una amenaza para la vida en común. Compartir es lo que da sentido a la vida, que la compartimentación corroe.

lunes, 4 de mayo de 2026

OMAR KHAYYAM (1048-1131): LA RUEDA DEL DESTINO

 “El correr de mi existencia se agotará en pocos días. Pasará

como el viento del desierto.

Así, mientras me quede un soplo de vida, habrá dos días

que no me inquietarán jamás: aquel que no ha llegado; aquel que

ya pasó.

(…)

No puedes presumir de conocer el día de mañana.

Pensar aún en el mañana sería de tu parte una locura.

Si tienes el corazón despierto no pierdas en la inacción

este instante de vida que te queda y de cuya duración no se

vislumbra prueba alguna.”


Khayyam fue un poeta persa seguidor del carpe diem que ya practicaba, por ejemplo, el héroe  Gilgamesh tras asumir que no era un dios, aceptando su mortalidad.

Poeta, pero sobre todo matemático y astrónomo.

El título del poemario Cuartetos (Rubaiyat) fue aplicado a un grupo de poemas sueltos traducidos en el siglo XIX a partir de un manuscrito del siglo XV y, diríamos, atribuidos al astrónomo.

En verdad, a Khayyam le ocurre lo contrario que a Homero. Khayyam es una figura histórica que no es seguro que escribiera poemas o todos los poemas que se le atribuyen. Algunos o todos son de diversos autores medievales conocidos e identificados.

Homero, en cambio, no existió nunca, pero La Iliada y La Odisea, supuestos poemas homéricos, son obra de uno o dos autores desconocidos, y Homero un nombre de grupos de intérpretes que recitaban dos textos aún no puestos por escrito, pero que no resultaban de un amalgama de poemas de autores distintos. 

En verdad, la preocupación por la autoría -y el séquito de normas, derechos y castigos- es moderna.