martes, 15 de septiembre de 2026

ADRIÁ GOULA (1973): RUINAS Y RECONSTRUCCIONES



























 Fotos de la exposición: Tocho, septiembre de 2026


Barcelona fue planificada por el ingeniero Cerdá, construida (o destruida) por el alcalde Porcioles, y restaurada por la arquitecta Gemma Serch;
quien, precisamente, tras años, decenios, siglos de desidia municipal, ha podido rehabilitar inteligente, sensible y preciosamente el devastado palacio barroco del marqués de Alfarrás, cuyo origen, una torre de defensa, se remonta a la alta Edad Media, y cuya parque, un laberinto -que se restaura- que se prolonga en los bosques de la Sierra de Collcerola a cuyos pies se extiende la ciudad, es uno de los más hermosos en Europa.
La restauración preserva la condición de ruina interior que, gracias a la intervención, se transforma no en un espacio mutilado, sino en un lugar en cuyos muros cohabitan, se completan y se superponen los estratos, a lo largo del tiempo -testimonios del uso y del abuso, el interés y el abandono, los cambios de gusto que han marcado el vientre del palacio-, y se desvela la antigüedad, el pasado que ha conformado el edificio y lo ha dotado con la imponente presencia que manifiesta hoy.

Y es en este laberinto interior -así se configura el volumen, entre escaleras y salas que se abren a otras a las que no se puede acceder, un juego parecido a un juego de espejos- donde se dispone la mejor exposición que cabe imaginar. 
Una exposición de fotografías que parecen imágenes de las estancias, acrecentando esta ilusión espacial, pero que son, en verdad, fotos de encargo del arquitecto y fotógrafo Adrià Goula de edificios aparentemente en ruinas, cargados de cascotes, debido a los complejos trabajos de rehabilitación llevados a cabo por conocidos arquitectos actuales, restos que se asemejan a obras -instalaciones, esculturas- de artistas contemporáneos fascinados por la destrucción, expuestos ante las fotografías, como si hubieran salido de éstas,  por la ruina, por lo que queda de construcciones agotadas o abandonadas porque ya no nos sirven, justo antes de ser barridas.
Una excelente exposición en el lugar más adecuado, y un oportuno aviso el año de los fastos de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura en Barcelona; como si la exposición, como en el primer capítulo de la novela Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, documentase lo que queda, el polvo, la caída, la decadencia y los desperdicios, cuando las últimas luces de feria se apagan, rescoldos de lo que fue o pudo haber sido.

lunes, 14 de septiembre de 2026

SÉBASTIEN LAUDENBACH (1973): MORCEAU (TROZO, 2006)

 

 Sobre la obra del cineasta de animación francés Sébastien Laudenbach, consúltese su página web de Vimeo: https://vimeo.com/sebastienlaudenbach

ANTONIO RUBINO (1880-1964): NEL PAESE DEI RANOCCHI (1942)



Este cortometraje surrealista fue premiado en la Mostra, el festival de cine de Venecia.

LUIGI BERIO (1977) & EMANUELE LUZZATI (1921-2007): GENOVA SINFONIA DELLA CITTÀ (2005)

 

Cortometraje de animación del diseñador Luigi Berio con Emanuele Luzzati. 

Esta pelicula se basa en dibujos que Emanuele Luzzati realizó a lo largo de su vida, que casan bien los relatos de Marco Polo en su viaje a Oriente que componen Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, una novela de "novellas" ante el todo arquitecto no pude sino caer de rodillas, pues revela la abismal diferencia entre la ciudad real y las ciudades entrevistas, soñadas, contadas, imaginadas, como si fueran reales, más allá de los límites de la realidad. Los dibujos realzan las imágenes insólitas, imposibles o desconcertantes de unas ciudades que aparecen de pronto antes de desaparecer, siempre en el horizonte y, por tnto, inalcanzables.

...Por no citar el amargo y puntilloso código técnico, la pesadilla de los arquitectos, que si no tuvieran las ciudades invisibles, abandonarían...

GIULIO GIANINI (1927) & EMANUELE LUZZATI (1921-2007): PULCINELLA E IL PESCE MAGICO (POLICHINELA Y EL PEZ MÁGICO, 1981)



Una próxima exposición sobre el imaginario arquitectónico y urbano en los cuentos infantiles está y estará quizá en una selección de animaciones de tema arquitectónico, como este cortometraje del cineasta Gianini y del gran dibujante e ilustrador Luzzati.

domingo, 13 de septiembre de 2026

Al pot petit hi ha la bona confitura: Nicolás Rubió Tudurí (1891-1981) y los jardines miniatura












 
Fotos: Tocho, Barcelona, septiembre de 2026.


Faltaban días para que la exposición que celebraba el cincuentenario de la Exposición Internacional de Barcelona se inaugurara en la fundación Miró de Barcelona, aunque, debido a los atrasos, ya no estábamos en 1979, sino un año más tarde.
La exposición documentaba los pabellones que se construyeron en la montaña de Montjuic, e incluía una pequeña muestra, organizada por el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, dedicada al pabellón alemán diseñado por Ludwig Mies y Lilly Reich. Aún no se había decidido su reconstrucción (contraviniendo el sentido del pabellón, necesariamente una obra temporal, como cualquier pabellón ferial o los pabellones que cada verano  grandes arquitectos levantan por unos meses en un parque de Londres).
La exposición comprendía también un apartado dedicado a las artes decorativas, casi todas de estilo art déco, popularizado cuatro años en la exposición de Artes Decorativas  de París de 1925. Iba a ser la primera muestra sobre el art déco catalán, aún no documentado. 
Las obras expuestas procedían de colecciones privadas -que a menudo no daban importancia a lo que era percibido como una gastada antigualla de dudoso gusto, pasado de moda- o de los talleres de los propios artistas y artesanos, a veces olvidados y en las postrimerías de sus carreras.
La familia de un conocido ceramista modernista casualmente halló, en un desván, una obra que resultó ser una rareza de gran valor: uno de los pocos ejemplares conservados de unos raros tiestos de cerámica vidriada -unas piezas únicas, todas distintas, una treintena de variantes de un mismo modelo- que representan pabellones o mansiones de veraneo rodeadas de fuentes y jardines escalonados. 
Estas cerámicas, de Llorenç Artigas -una de las cumbres del arte decorativo de los años veinte-, estaban pintadas por el artista francés Raoul Dufy, y ajardinadas por el arquitecto, experto en jardines, Nicolás Rubió Tudurí. Eran unos delicados jardines en miniatura, hoy ávidamente coleccionados.
El descubrimiento era una noticia inesperada, excepcional. Mas, el tiesto no estaba pintado ni barnizado. Y desde luego no tenía plantas.
Contactado Rubió Tudurí -el ceramista y el pintor ya no vivían-, aceptó, curioso, ajardinarlo. Mas, a la vista del tiesto, también se ofreció para pintarlo con esmaltes en frío que adquirió en una tienda de material artístico. Tenía noventa años. La mano le temblaba. 
Preguntó al estudiante de arquitectura y artista Manuel Arenas, quien trabajaba en la exposición en ciernes, si podría ser su mano y pintar el tiesto siguiendo sus precisas indicaciones, en medio de la calle. Rubió Tudurí conservaba su mirada acerada : una corta y nerviosa línea azul celeste aquí, unos puntos rojos a un lado, un detalle ocre en la punta del tejado a cuatro aguas…. Sabía cómo metamorfosear la terracota, como si ya tuviera la imagen de la cerámica completada en la imaginación; quizá como intuyera que iba a ser una de sus últimas intervenciones.
No se trataba de pintar todo el tiesto, algo imposible dada la premura y los medios; solo de evocar los colores y el brillo del acabado que presentaba este tipo de cerámicas. Luego, se atrevería a firmar el tiesto, con letra temblorosa pero legible, orgulloso del trabajo del estudiante. Así se hizo. Rubio Tudurí escogió entonces pequeñas plantas en una conocida floristería de la calle Balmes donde solía acudir, y ajardinó el tiesto que ahora lucía. Y se incluyó en la muestra. Los comisarios, profesores universitarios, de la muestra quedaron estupefactos. Rubió Tudurí, a petición de unos desconocidos, estudiantes, había aceptado intervenir.
Meses más tarde, Rubió Tudurí fallecía.

Hoy, una pequeña exposición, muy bien montada, en Barcelona, recuerda hoy la obra teórica y práctica de jardinería y de arquitectura de Rubió Tudurí. Incluye una obra única, quizá la mejor que jamás hiciera o habría hecho este arquitecto: un desconocido diminuto tiesto, pintado y barnizado, de Llorenc Artigas, que, sin duda, habría sido ajardinado por el arquitecto. Solo por esta obra la exposición merece una visita.
  

sábado, 12 de septiembre de 2026

….y dos huevos duros


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Atrévanse a mirar este anuncio.

Cualquiera se arriesga a decir no a esta oferta

Lo que le espera, sino ….

La música es La cabalgata de las walkirias, de  Richard Wagner, que suena en la película Apocalipsis now, de Francis Ford Coppola….