domingo, 5 de julio de 2026

Tela y tabla

 La pintura medieval y del primer renacimiento, fueren retablos o cuadros, se aplicaba sobre un soporte de madera, compuesto por tablas cuidadosamente unidas. Su utilización que siguió durante buena parte del siglo XV en Flandres y en reinos influenciados por la pintura flamenca y la presencia de pintores venidos del norte, si bien a mediados del siglo XV la madera cayó el desuso, sustituida por la tela en algunas ciudades italianas, un material que se extendió por Europa occidental al menos para los cuadros portátiles. Los iconos bizantinos siguieron pintándose sobre tablas, pero no formaban parte de las bellas artes sino del arte sacro, con sus propios códigos, dando lugar a juicios para los que las cualidades sensibles no eran ni son aún de recibo.

¿A qué fue debido este cambio, de la tabla a la tela en la pintura?

La clasificación de las artes a finales del siglo XVIII, en Europa, abolió la clasificación medieval entre artes liberales (las ciencias) y las artes mecánicas (lo que pasó a llamarse bellas artes y artes decorativas). Una parte de las artes mecánicas ascendió al prestigio de las artes liberales bajo el nombre de bellas artes, que incluían la poesía, la música, la danza, las artes plásticas y la arquitectura, puesto que se consideraba que la idea o el concepto primaba sobre la ejecución y que la bondad de las imágenes dependía de la novedad de la idea o el tema y no de su correcta o brillante aplicación manual. Otra siguió con una consideración condescendiente bajo la expresión de artes decorativas. Esta división entre las bellas artes artes y las artes decorativas, pese a que la frontera o barrera entre ambas se ha forzado, o ninguneado, sigue vigente al menos parcialmente. Los museos de arte contemporáneo siguen exponiendo principalmente pintura, escultura, instalaciones y nuevas artes (fotografía, cine, vídeo), y las artes decorativas siguen en museos especiales, salvo que se realicen, independientemente de su fortuna, por artistas y no por artesanos. La cerámica de Miró, sea cual sea el juicio que merece, suele exponerse en museos de bellas artes. Los criterios decimonónicos no han sido totalmente derribados. No entramos en ls consideración si dichos criterios son obsoletos, ridículos o irrelevantes hoy.

Sean cuales sean las artes consideradas liberales o bellas, lo cierto es que el tejido  no forma parte de las bellas artes -pese al auge y el prestigio reciente del llamado arte textil.

Los tapices forman parte de las artes decorativas.

Mas, lo que quizá sorprenda es saber que los tapices eran considerados artes mayores en el renacimiento. Ornaban los palacios, desde la Edad Media, y las cortes, ambulantes hasta el siglo XVI, se desplazaban llevando consigo los tapices que se colgaban y descolgaban en los sucesivos palacios en los que las cortes reales se instalaban temporalmente.

Las tablas, en cambio, eran pesadas. Carecían de la liviandad física pero también espiritual de las telas -tejidas a menudo con hilos de oro y plata que les conferían un extraño brillo, y permitían, junto con el temblor de los tapices con las corrientes de aire, que las figuras parecieran cobrar vida. Las figuras pintadas en tabla, en cambio. eran rígidas, inertes.

La sustitución de la madera por la tela en la pintura responde seguramente al prestigio de los tapices que se pretendía alcanzar con los pinceles. La facilidad del transporte también entraba en cuenta en este cambio del soporte. Las telas pintadas se confundían con los tapices -hoy, por el contrario, asociamos a los tapices con las pinturas, como si el parangón fuera la pintura sobre tela-. En el siglo XVI, el tapiz, pese al extenuante trabajo manual y a la necesidad de cartones cuyos motivos se reproducían, era el modelo del arte mayor; y las tablas pintadas, artes manuales que solo requerían destreza y no ingenio, hasta la aparición de la tela tendida sobre un marco, una tela que, una vez pintada, se podía destensar y enrollar como un tapiz o una alfombra. La ligereza de la tela expresaba bien la agudeza del concepto que no caía lastrado por el peso de la madera que afectaba a la pintura sobre tabla.  

La Universidad del Estudio General de Barcelona: emplazamiento.







Tercera y última entrada sobre planos antiguos de Barcelona amurallada, con la indicación (marcada en rojo) del emplazamiento de la llamada Universidad del Estudio General, un edificio modesto y sin gran atractivo, si las escasas imágenes que existen -de principios del siglo XIX-, son fiables, en lo alto de las Ramblas: se trataba de  la primera universidad de Barcelona, de origen manierista, fundada en el primer tercio del siglo XVI, gracias al empeño del emperador Carlos I. La gracia para la construcción del centro se remontaba, sin embargo, doscientos cincuenta años antes, en 1297, cuando el Jaime II de la Corona de Aragón no logró que el Consejo de Ciento municipal aceptara la venia -negativa derogada demasiado tarde en 1450, si bien pasaron más de ochenta años antes de la colocación de la primera piedra en lo alto de las Ramblas, contra la muralla, con financiación municipal. eclesiástica y privada-, una decisión aun hoy difícilmente explicable, y que posiblemente impidió que la universidad de Barcelona tuviera importancia antes de finales del s. XIX, pese a estudiantes prestigiosos como Ignacio de Loyola.


Agradecimientos a Ramón Pujadas y Mónica Blasco (MUHBA) así como a Neus Verger  (Fondo histórico de la biblioteca de la universidad de Barcelona).

ORSON WELLES ;1915-1985): LA CATEDRAL DE CHARTRES (F FOR FAKE -FRAUDE, 1973)


 

La arquitectura gótica o, mejor dicho, el ideario de los constructores de la catedral gótica, resumidos en un edificio, en dos minutos y medio de un monólogo introspectivo, bajo la sustente mirada de las estatuas.

Fragmento del célebre documental de Orson Welles (una de las mejores y más excesivas películas) sobre el fraude artístico entendido como un género, como una de las bellas artes.


 Ha estado aquí durante siglos [la catedral de Chartres]. Quizá la mayor obra del hombre en todo el mundo occidental, y no tiene ninguna firma. ¡Chartres! Una celebración de la gloria de Dios y de la dignidad del hombre. Todo lo que queda -parecen pensar la mayoría de los artistas de hoy- es el hombre. Desnudo, pobre, retorcido tubérculo. No hay celebraciones. El nuestro, nos dicen los científicos, es un universo desechable. Es posible que sea esta gloria anónima de entre todas las demás cosas, este rico bosque de piedra, este canto épico, este gozo, este grandioso salmo de afirmación, lo que elijamos cuando nuestras ciudades sean solo polvo; para que permanezca intacto, para indicar dónde estuvimos, para dar testimonio de cuanto logramos. Nuestras obras en piedra, en pintura, en papel se conservan. Alguna de ellas desde hace algunas décadas, o un milenio, o dos. Pero todo debe caer en la guerra o destruirse en la ceniza última y universal: los triunfos y los fraudes, los tesoros y las falsificaciones. Es ley de vida, todos moriremos. «Tened buen corazón», claman los artistas muertos desde el vivo pasado. Nuestros cantos serán completamente silenciados pero ¿qué importa? ¡Seguid cantando!”


sábado, 4 de julio de 2026

Una vista de Barcelona, con el emplazamiento de la primera universidad, en la primera mitad del siglo XVII.



 


Foto remitida por Ramón Pujadas (MUHBA) a quien agradecemos el envío de la imagen y los datos proporcionados.

Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, AHCB, R. 18295

[Guerra dels Segadors. Setge marítim i terrestre de Barcelona.. En primer terme els campaments dels assetjadors col·locats de forma paral·lela a les muralles. Al centre la ciutat]


Notes

[La ciutat de Barcelona assetjada per Joan d'Àustria] 
Còpia manual, realitzada per Ignasi Casassayas Mariol el 1944, d'un dibuix original conservat als arxius de Viena.


En un texto anterior mostrábamos una imagen inédita de la ciudad de Barcelona, recientemente hallada en las páginas de un libro del siglo XVI, aunque trazada medio siglo más tarde, y que mostraba la ubicación del Estudio General (o Universidad de Barcelona), en lo que hoy es el encuentro de las Ramblas y la plaza Cataluña, un edificio construido en la primera mitad del siglo XVI, tras tres siglos de forcejeo entre la Corona de Aragón y el Consejo de Ciento municipal que se oponía a que Barcelona dispusiera de una universidad por el temor al contrapoder que ésta pudiera adquirir. Solo la constatación que las ciudades europeas con universidad eran las que más prosperaban, en un momento de declive de Barcelona -que no se recuperará hasta finales del siglo XIX en medio de un conflicto social que no aminoró hasta un siglo más tarde-, logró que la municipalidad cediera a las peticiones de la Corona y del papado de dotar a Barcelona de unos estudios superiores homologables a los de otras ciudades, incluso en el propio territorio de la Corona de Aragón, como la ciudad de Lérida, por ejemplo.

El dibujo a tinta antes citados data de la guerra de los Segadores cuando la ciudad fue sitiada por las tropas reales a causa del conflicto político y religioso con los campesinos abrumados por nuevos impuestos levantados para financiar huestes militares implicadas en la devastadora guerra de los treinta años, una guerra de religiones que asoló el sacro imperio germánico, origen de la monarquía española (hasta la muerte sin herederos de Carlos II a principios del siglo XVIII).

El dibujo mostrado hoy, en cambio, es conocido aunque no muy divulgado. Muestra, como el anteriormente citado, la ciudad de Barcelona asediada durante la guerra de los segadores (dels Segadors). Se trata de un dibujo realizado por un profesional, que carece del encanto del dibujo trazado en un espacio en blanco del libro mencionado, pero que también muestra, entre otros edificios destacados, la probable ubicación del Estudio General (que hemos marcado con un punto rojo), cerca de la muralla, y en concreto de las torres de San Severo en la muralla. 

Las trazas del Estudio General, abandonado, a principios del siglo XVIII, tras la guerra de Sucesión entre las tropas del rey de Francia y del emperador del sacro imperio germánico, por el trono de España, vacío tras la muerte sin heredero de Carlos II,  en muy mal estado y derribado tras las guerras napoleónicas, se han encontrado recientemente durante las obras de reforma de las Ramblas, aunque, tras la documentación, han vuelto a ser enterradas.

jueves, 2 de julio de 2026

Una vista inédita de Barcelona en el siglo XVI







 





Fotos: Tocho, Universidad de Barcelona, Julio de 2026


Barcelona, aunque sea de origen ibérico -y se conozcan restos neolíticos, quizá incluso fuera la capital de la tribu íbera de los Layetanos, hubiera  sido fundada o refundada como una colonia romana en los últimos años de la República romana, y hubiera tenido importancia en la Edad Media como ciudad marítima mediterránea-, adolece de vistas anteriores al siglo XVIII: la lista de representaciones urbanas es escueta.

Desde hace unas semanas está lista se ha ampliado.

La pequeña pero importante exposición que la Universidad de Barcelona ha organizado en la biblioteca central de su sede, sobre los primeros libros de texto escritos por profesores de lo que se llamaba entonces el Estudio General de Barcelona, a partir de mediados del siglo XVI, ha permitido descubrir, entre las páginas de un texto religioso de finales del siglo XVI o principios del XVII, un dibujo a plumilla, trazado seguramente por un estudiante, un lector, que muestra la ciudad costera o portuaria de Barcelona, amurallada, en la que se reconocen algunas construcciones notables. Un dibujo ingenuo, torpe, pero precioso, único, hasta ahora desconocido.

El dibujo de una plataforma o baluarte con cañones permite precisar la fecha del dibujo, años posteriores a la edición. Esta baluarte armado tenía como fin defender la ciudad durante la revuelta o guerra civil de Els Segadors, entre campesinos y el ejército, debido a un inasumible aumento fiscal , que asoló el principado entre 1640 y 1650. Esta sublevación tenía también tintes religiosos -se acusaba al ejército de actos sacrílegos-, y la mayor dotación de las armas se enmarcaba en la guerra europea de los Treinta Años, que prendió inicialmente en el sacro imperio germánico entre católicos y protestantes, con una directa incidencia en el reino de España en manos de una dinastía alemana (los Habsburgo). 


Agradecimientos al archivo de la biblioteca de la UB, a Neus Verger ( Responsable del CRAI, Biblioteca del Fondo Antiguo de laUB) y a Ramón Pujades (MUHBA)


https://www.ub.edu/cultura/activitats/exposicions/nova-exposicio-entorn-dels-textos-dels-professors-de-la-universitat-de


 

miércoles, 1 de julio de 2026

JOHN DOWLAND (1563-1626): LACHRIMAE OR SEAVEN TEARES (LAS SIETE LÁGRIMAS DE LA MELANCOLÍA, 1604)



Un concepto fundamental en la estética occidental, la melancolía -o un estado de humor sombrío que influye en la creación y en la percepción, activado por el dios y el planeta Saturno y un exceso, desde el nacimiento, de bilis negra, uno de los cuatro humores que configuran el cuerpo humano, según una teoría que se remonta a la Grecia antigua. Este humor volvió a cobrar importancia, asociado a la facultad del genio, que lo activa, en el mundo del arte barroco, y se consideraba que solo los afectados por la melancolía ern capaces de componer obras que trascendieran las miserias humanas y elevaran el espíritu, sin dejar que constase que la elevación siempre era temporal y acababa en un hundimiento anímico, fuente de un nuevo deseo creativo para superar esta bajada de ánimo-, la melancolía, decíamos, puesta en música por el gran compositor y laudista británico John Dowland, afincado en Dinamarca -la patria de Hamlet.
Las célebres siete composiciones instrumentales de Dowland, únicas en su temática, describen los siete estados llorosos que la melancolía suscita, llanto que expresa hondo pesar y profundidad en el pensamiento angustiado ante el abismo desconocido ante el que se ve abocado el ser humano al que la divinidad deja libertad para darse cuenta de lo que desconoce y a lo que aspira vanamente. 

martes, 30 de junio de 2026

RENZO PIANO (1937): DIÓGENES (2013)










 Fotos: Tocho, Vitra (Alemania), junio de 2026


Que la pequeña construcción autosuficiente metálica, dotada de placas solares y un depósito de agua, que el arquitecto Renzo Piano ha realizado, semejante a un baúl, se titule Diógenes, puede o no sorprender.
Dicha casa, de seis metros cuadrados, es tan reducida como una vasija -que no un tonel- donde se contaba que vivía frugalmente el filósofo cínico griego Diógenes (s. IV aC), admirador de Sócrates, aunque se burlase de Platón por sus sermones. 
La cabaña se puede desplazar. No pertenece a ningún sitio, lo que cada bien con la afirmación del filósofo que se presentaba como un ciudadano del mundo, un cosmopolita.

No se guardan textos de Diógenes, tan solo dichos lapidarios, ciertos o no.
Pero entre sus obras destaca la República, un texto que se conoce solo por referencias de autores posteriores. En este texto -que replica al tratado del mismo título, de Platón-, Diógenes, al parecer, describía una República compuesta solo por sabios, despojados de cualquier posesión, que vivían frugalmente, y prescindían de convenciones sociales y morales -no se oponían al incesto ni a la antropofagia, al menos, teóricamente: toda carne siendo receptáculo de dioses-, de bienes, de armas, y defendían la igualdad entre hombres y mujeres, así como las relaciones no santificadas por el matrimonio, fueren las que fueran. Los rituales les parecían inútiles, entre éstos los funerarios. Los difuntos no padecerían dolores si sus cuerpos se abandonaban a la intemperie. Defendían en cambio la educación de los niños, y Diógenes mismo fue un gran preceptor.
Este perfil, que rechaza riquezas y convenciones, quizá no case plenamente con esta pequeña construcción modélica, ubicada ciertamente en un amplio jardín, en el centro de una arboleda, situada  en el campus de la empresa de diseño de lujo Vitra.
Quizá el título de la cabaña sea una lúcida muestra de cinismo, un buen homenaje a Diógenes, aunque los árboles le tapen el sol.