jueves, 13 de agosto de 2026
KEITH CHAPMAN (1958): BOB, THE BUILDER (BOB, EL CONSTRUCTOR (1999)
La muralla de la ciudad
Su nombre no trasciende más allá del reducido círculo de los asiriólogos; pero su imagen, en una escena de un relieve, es una de las más conocidas del arte mundial. Se trata de una célebre composición, tallada en losas de piedra. que muestra a un emperador neo-asirio, el sanguinario Assurbanipal, estirado en un lecho, y su esposa, la emperatriz Libbali-Sharrat, sentada en un trono, celebrando una victoria sobre el rey de Elam (hoy en Irán), cuya cabeza decapitada cuelga de un árbol, en un frondoso jardín, atendido por sirvientes, bajo una parra cargada de racimos. El relieve, del siglo VII aC, hoy en el Museo Británico de londres, formaba parte de un conjunto de mayores dimensiones que decorada la sala del trono del palacio real , en el norte de la capital imperial de Ninive (hoy en la periferia de Mosul, en el norte de Iraq).
La emperatriz, al igual que en otro relieve, está coronada. La corona representa una muralla. Posiblemente, la muralla de la ciudad de Nínive.
Este motivo no es extraño. Abunda en el arte. Tres siglos más tarde. En época alejandrina, en efecto, nació una nueva divinidad: la diosa Fortuna. Al menos, surgió una nueva manera de representarla. Seguia sosteniendo el tradicional emblema de la Fortuna, una cornucopia -el cuerno del fecundo dios griego de los ríos, Aqueloo, fuente de vida, que Heracles arrancó-, cargada de bienes que desbordaban del cuenco, o unas espigas, signo de la riqueza de los campos cultivados que proporcionan alimentos a la ciudad.
Pero la Fortuna helenística, vestida con un peplo, una túnica de amplios vuelos, elegantemente sentada, portaba una corona en forma de la muralla de la ciudad de la que era la divinidad protectora. La imagen de la muralla es tan realista que los estudiosos pueden saber a qué ciudad la diosa Fortuna representada (o encarnada en su efigie) protegía. No existen dos imágenes idénticas. Cada representación de Fortuna es distinta, como diversas son las configuraciones de las murallas de las ciudades.
Este motivo deriva de la representación de la emperatriz neo-asiria Libbali-Sherrat . Ésta no era propiamente una diosa, aunque el trono en el que se asienta es un atributo divino, y el relieve destaca la figura de la reina, contrariamente a la de su esposo, Asurbanipal, con la cabeza al descubierto. Pero fue divinizada como la diosa Fortuna en época helenística.
La figuración de la diosa Fortuna, confundida a veces con la imagen de la benéfica diosa Cibeles, de origen también oriental, en el Imperio Romano -Cibeles se representaba coronada, sentada en un trono, flanqueada por leones o toros, como signo de su capacidad de dominar a las bestias (una función que la diosa llamada La Señora de las Bestias ejercía en el Mediterráneo central y oriental, como en la isla de Creta, por ejemplo, a lo largo de la edad del bronce, desde el cuarto milenio aC), y de asegurar la paz de la ciudad, liberada de los peligros que las fieras,provenientes de la selva, el espacio no civilizado, encarnan- prosperó en el mundo romano, y revivió en Europa a partir del Renacimiento.
Se trata, en suma, de una de los legados más divulgados y de mayor recorrido, de un motivo iconográfico de origen mesopotámico (neo-asirio), junto con, entre otros, la estructura política imperial, también neo-asiria, y desarrollada en el imperio alejandrino en contacto con oriente, y el cristianismo, de origen levantino -con influencias tanto egipcias como persas e hindúes.
martes, 11 de agosto de 2026
La letra con sangre…..: normas para estudios universitarios privados en Barcelona (ss. XVI-XVIII)
Fotos: Tocho, Biblioteca de Cataluña, Barcelona, agosto de 2026
Barcelona contó, a partir de mediados del siglo XVI, una universidad pública, llamada Estudio General de la Universidad de Barcrelona -cuya fundación fue rogada por la Corona de Aragón desde finales del siglo XIII, topando con la cerazón del gobierno municipal (el Consejo de Ciento), que temía que las tolerantes leyes universitarias pusieran en jaque a las mucho más severas leyes municipales- y dos centros de estudios superiores privados, además de estudios superiores especializados de medicina, de gran calidad, existentes desde el siglo XII.
Los centros de estudios universitarios privados de Barcelona, hoy desaparecidos, comprendían un centro exclusivo, el Colegio de los Cordellas, para primogénitos de las familias aristocráticas, que sumaban las asignaturas de danza y escrima, necesarias para triunfar en la corte, a los consensuados estudios europeos que basicamente comprendían Derecho (canónico y civil), Teología, Artes, Matemáticas, Filosofía y Medicina, cuya gestión finalmente recavó en los jesuitas, y un segundo centro, enteramente jesuítico, ubicado en el Convento de Belén -del que solo queda la iglesia que sustituyó a la original en el siglo XVII.
Los tres centros, público y privados, estaban ubicados en la parte superior de las Ramblas, cerca de la muralla: la Rambla de los Estudios.
Las normas que regían el Colegio Superior de los Cordellas, en manos de la orden de Jesús, así rezaban (nunca mejor dicho):
"El precio del Seminario es de cien libras de moneda catalana al año, que son en moneda de vellón de Castilla mil setenta y cinco reales y veintidos maravedies. Estos se pagan en plazos adelantados, o de
seis en seis meses, o por cuartos, o por tercios, a arbitrio de los Interesados del Seminarista (...)
Las menudencia que necesita el Seminarista [el estudiante universitario], como son papel, plumas, Barbero, peluquero, chocolate en indisposiciones, y días de ayuno, Médicos, Cirujano, medicinas, coladas de ropa, etc. las provee el Seminario, y se apuntan por lo que cuestan, para que se satisfagan de seis en seis meses (,,,)
El vestido del Seminarista para lo público ha de ser de color negro a lo militar; en el invierno de paño, en verano de ropa ligera, pero no de seda, sino fueren las medias.
Dentro de casa el vestido puede ser de cualquier ropa, color y forma, con tal que sea decente. No se permite el uso del pelo natural sino rara vez, y con motivos particilares: regularmente llevan los Seminaristas [los estudiantes] peluquín. La ropa blanca que trae el Seminarista es la que quieran o puedan darle los suyos. El Seminario prove de ropa de mesa, toallas y cubierto de cuchara, tenedor y cuchillo, sin permitir el que nadie lo traiga por justos motivos (...)
Cada Seminarista habita en cuarto separado con un solo compañero. El ajuar de dicho cuarto trae el Seminarista en su entrada, y se lo devuelve en la salida. Se reduce a la cama regular con su cubierta, una cortina de indiana, una mesita, dos sillas de paja, y un baúl o arca para la ropa.
Distribución del tiempo, que observan los caballeros seminaristas:
En verano se levantan a las cinco y media, y en Invierno a las seis. En los días de fiesta y vacaciones de verana, a las seis, y en invierno, a las siete. Los criados acuden a despertarlos y ayudan a vestir a los más pequeños.
Emplean media hora en vestirse y lavarse las manos; luego se llama a Capilla, donde juntos hacen a Dios con el padre, que les preside, el ofrecimiento de las obras del día e imploran su protección, y la de los santos con algunos padrenuestros y avemarías; se lee inmediatamente en el Manual de Meditaciones del Padre Villacastin algún punto, que puedan meditar en tiempo de misa, la que concluida rezan la estación de la bula y se retiran a sus cuartos a peinarse, prever la lección, pensos, y libros para entrar en la clase; bajan a desayunarse, y concluido el desayuno dan la lección.
A las ocho entra cada cual con su maestro en el aula, que cursa hasta las diez. Dadas las diez salen del aula, y se retiran a sus cuartos a estudiar las lecciones, y trabajar los pensos, que han de llevar por la tarde a clase. A las once los Gramáticos, y Retóricos acuden con el maestro de escuela al salón, donde escriben planas, y se ejercitan en cuestas por espacio de media hora, la que los Filósifos y Teólogos emplean en argumentar.
A las once y media se toca a comer, y habiéndose lavado las manos, y dichas las bendiciones, se sientan en las mesas de los Padres Maestros, o en la del Padre Rector, conforme están repartidos. Mientras se come guardan silencio, y para conseguirle, uno de los Seminaristas lee algún libro espiritual,, o de historia, a excepción de los miércoles, viernes y sábado en que por su reo de facultad mayor explican alguna cuestión relativa a los tratados que actualmente estudian y satisfacen a los argumentos que sobre ellos se les proponen; los de Gramática, y Retórica recitan de memoria sus lecciones y traducen del latín al español en los autores que les destinan sus Maestros.
Después de comer dan gracias a Dios con la debida compostura, se lavan las manos, y dicha en el Salón la Salve a la Virgen Santísima, se dividen en las piezas, donde los Maestros de Danza, Esgrima y Música dan la lección a los que con voluntad de sus Padres aprenden estas habilidades. Duran estas lecciones por espacio de una hora, la que emplean en recreación y juegos permitidos los que no se imponen en ellas. A la una se retiran todos a sus cuartos a prevenir sus lecciones, composiciones ypasos. A las dos entran con sus Maestros en el Aula hasta las cuatro. A las cuatro meriendan y se entretienen en hablar unos con otros en juegos proporcionados, o en tocar algún instrumento hasta las cinco.
A las cinco acuden a sus respectivas piezas destinadas al esudio, en que deben perseverar hasta las siete en silencio, con aplicación y con quietud, interrumpiéndole solo por espacio de media hora los que toman lección de lengua Francesa . A las siete van todos al lugar de las conferencias, y pasos, que les tienen sus respectivos Maestros.
A las ocho rezan el rosario, y luego cenan, guardando el mismo método y orden de lugares que los del mediodía. Habiendo cenado, dado gracias al Señor y lavado las manos, se recogen todos en el Salón grande donde tienen con el Padre Rector y Padres Maestros, media hora de recreación. A las nueve y cuarto rezan de rodillas las Letanías de la Virgen; hacen el examen de conciencia, con el Acto de Constricción, y besando la mano del Padre rector,y a sus Mestros se retira cada uno a su cuarto para acostarse, ayudando los criados a que se desnuden los pequeños. Acostados todos se apagan las luces, a excepción de las lámparas que permanecen toda la noche encendidas en los tránsitos, para que en cualquier ocurrencia esté pronta la luz y sea siempre fácil el registro.
Esta distribución de tiempo se observa todo el año constantemente en los días de clase, a excepción de los meses de mayor calor en que la variación de las aulas públicas hace inevitable alguna mudaza en las horas del estudio y del recreo. En los días de Fiesta y Asueto tiene también alguna variación el estudio, son más las horas del recreo, hay media hora destinada para la explicación del catecismo, pláticas y documentos espirituales y para darles reglas de la policia y urbanidad qu se estila en el trato y concurrencia de las Personas de forma. En los mismos días se les ejercita en escribir y notar debidamente las cartas, asi familiares como cortesanas; y se les dan lecciones de Blasón, Geografía, Historia, Cronología y Esfera; se les impone en el manejo de los Globos, y en otras materias útiles y curiosas conforme se reconocen a cada uno más proporcionadas (...)"
(Constituciones del Imprial y Real Seminario de Nobles de Barcelona fundado bajo la invocación de Nuestr Señora y Santiado de Cordelles. Barcelona: Francisco uriá, 1763, ps. 7-15)
Se ha actualizado la ortografía.
El programa suma la vida de un colegio mayor con el de una universidad privada con estudiantes internos.
Hoy que triunfan los "coaches", el "mindfullness" y el "wellness", este programa sería sin duda recibido entusiásticamente. Si el ministerio y los rectorados...
Si Foucault hubiera leído este programa, que data de mediados del siglo XVI, no hubiera teorizado sobre la educación reglamentada, entre la cárcel y el hospital, a partir del siglo XVIII.
lunes, 10 de agosto de 2026
Color
Una próxima exposición sobre el color en Barcelona da pie a que le demos una vuelta a dicho tema.
Aunque sabemos que el color nace en nuestro cerebro cuando éste interpreta los rayos reflejados que llegan al ojo -rayos que resultan de una parte de la luz descompuesta cuando llega a un objeto y una parte de la misma rebota en la superficie, sin la parte que el objeto absorbe-, solemos considerar que el color es una materia o tiene un fundamento material: el color es un pigmento, sólido o licuado, y no un rayo de luz descompuesto. El color se toca, se palpa y tiñe los dedos. El color es un polvo imperceptible, una pasta o un líquido que recubre las cosas.
Color, en latín no designa exactamente lo que nombramos color. El latín, color se traduce más bien por tinte como por tono. El color es una substancia que por un lado impregna, es decir se adentra en la materia, el interior de las cosas, pero por otro se queda en la superficie que recubre. El verbo coloro se traduce por disfrazar. El color es una máscara que cambia la apariencia de las cosas.
Tiene así el color, en latín, una connotación estética. Así como no existe una palabra que se pueda traducir directamente por belleza o bello -una cualidad estética siempre asociada a un valor ético-, lo que más se acerca a lo que entendemos hoy por belleza, en latín, es color. El color embellezca, o, mejor dicho, otorga una cualidad a las cosas que las hace atractivas.
La máxima atracción posible es la sensación de vida: el tono, uno de los significados del latín color, es el tono vital. Y es cierto que distinguimos a los vivos y del muertos por el color: blanco, lívido en un caso, vívido en otro. A los muertos, precisamente, se los maquilla, se les colorea el rostro con colorete, para producir una ilusoria ilusión de vida durante el velatorio. Detectamos que una persona está enferma, no se encuentra “bien”, algún mal la afecta, cuando percibimos que tiene “mal” color: un color apagado, gris, mortecino. El “buen” color, que implica viveza y brillantez, claridad, luminosidad, que estalla o irradia, está asociado a la vida.
A un tipo de vida. El color, en Roma, se asocia a la urbanidad. Las personas educadas, civilizadas, hechas a las normas urbanas que regulan las relaciones y dictan lo que está escrito y lo que está proscrito, lo aceptado y lo prohibido, tienen un color determinado. Los malhechores, los maleducados, los fantasmas no tienen color. Son oscuros, sombríos, opacos; no circulan a plena luz; actúan a la sombra; no presentan el barniz, el color, que invita a establecer buenas relaciones porque suscita imágenes placenteras. El color es una muestra de urbanidad; determina la cualidad, la “bondad” de las relaciones que mantenemos con los demás. Tenemos que poner o tener buena cara para evitar conflictos, que siempre nacen de la ausencia de color, de la oscuridad, de la cerrazón.









