Con más gracia que las absurdas torres inclinadas del arquitecto Philip Johnson en Madrid, y confirmando, una vez más, la diferencia abismal entre la idea (la maqueta, ligera y estilizada) y la realidad (elefantesca), el joven artista Man Ray, recién desembarcado en Nueva York en 1915, compuso esta estatuilla de plata maciza -primeramente en madera-, convirtiendo un rascacielos escalonado, seguramente de dimensiones colosales en la realidad (si se hubiere construido), en un cohete: un símbolo festivo, pero también una delgada flecha apuntando certeramente al futuro. Un signo de prosperidad y optimismo que doce años más se quebraría quizá para siempre.
Esta insólita estatuilla se puede ver en la excelente exposición sobre el artista dadaísta Picabia, sus amigos, y su relación con Barcelona en los últimos años de la Primera Guerra Mundial -que no afectó directamente a España-, en la pequeña ciudad francesa de Ceret.
Entre las sorpresas que depara la muestra: el legado de Picabia y sus amigos se halla en el archivo histórico municipal y en el ayuntamiento de Gerona: un material inédito, expuesto por vez primera, que incluye preciosas obras de Sonia Delaunay y de un aún titubeante Miró, junto con material gráfico con un diseño caligráfico muy alejado de las corrientes que imperaban en n Barcelona (los últimos coletazos del modernismo y el melifluo noucentismo), de la entonces vanguardista galería Dalmau.
https://www.musee-ceret.com/expositions/exposition-en-cours/



















































































