domingo, 19 de julio de 2026

NURIA GIMÉNEZ LORANG (1976): MY MEXICAN BRETZEL (2019)









https://vimeo.com/1114499544?fl=pl&fe=sh

Visión legal de calidad en Vimeo. "Clicar" en el enlace

El mejor documental (?) -o película de ficción a partir de imágenes y filmaciones documentales (o filmaciones de la vida diaria, tal como ésta se dispone, pasa y posa ante la cámara)- español o europeo del siglo XXI, seguida por la reciente Historias del Buen Valle, de José Luis Guerín.

My Mexican Bretzel es un montaje de filmaciones caseras familiares heredadas y halladas casualmente de tal modo que cuentan una historia (ficticia) que nada tiene que ver con la vida de quienes filmaron y aparecen en pantalla, sin que se produzca ningún desacuerdo entre lo que se narra y lo que se muestra. 
Un prodigio perturbador sobre los límites -y el poder - desacuerdo los documentales.

RAYMOND HAINS (1926-2005): LE GRAND LOUVRE (1986-1996)










 

El artista francés Raymond Hains, conocido por sus obras que rasga las vestiduras y levanta las alfombras -así, por ejemplo, exponía carteles arrancados de las paredes, compuestos por sucesivas capas de carteles pegados los unos sobre otros, a lo largo de años, maltrechos, rotos, desgarrados, que en su involuntaria yuxtaposición mostraban en un mismo plano detalles de carteles distintos, que adquirían un significado muy distinto, casi siempre caricaturizado, del que poseían en su origen, un trabalenguas de imágenes y palabras propias de registros distintos accidentalmente acordados, y creando obras absurdas, risibles y fascinantes en su despropósito-, retrató durante diez años la construcción de la gran intervención arquitectónica en el museo del Louvre en París, consistente en el entierro de un único acceso señalado por una discutida pirámide de vidrio, convertida en el reclamo del museo y el origen y el destino de las colas diarias de visitantes y de las miserias de la institución. 
Cables desacordados que sobresalen del suelo como plantas deshojadas y secas, sillares olvidados, grúas que se baten contra el viento, y el habitual desaliño de una obra, con los grumos de cemento y las sobras o los olvidos de los materiales de construcción, componen la irónica imagen de grandeza que las obras pretendían comunicar.

Una exposición, hoy, rescata este fotografías, el anverso de un gran proyecto en entredicho por los problemas causados por la sobreexposición del museo.

sábado, 18 de julio de 2026

Cuando la defensa de una tesis doctoral era un acontecimiento cultural…


Principios del siglo XVII




Primera mitad del siglo XVIII


 ¿Podemos imaginarnos hoy carteles de gran tamaño por toda la ciudad, desde paradas y vehículos de transporte público. hasta toda clase de medios informativos o propagandísticos, anunciando, no lo último en electrodomésticos, coches, cervezas, antitranspirantes o perfumes, o publicidad institucional trabajamos-para-ti, sino cuidados anuncios grabados de lecturas de tesis doctorales?

Esto es lo que ocurría, sin embargo, en Barcelona -y sin duda en otras ciudades europeas con universidad- en los siglos XVII y XVIII, con la difusión de carteles con de densos textos en latín encabezados por grabados de artistas como Ignasi Valls, de principios del siglo XVIII, el mejor grabador catalán del siglo, sin que el traslado parcial de la universidad de Barcelona a Cervera en el siglo XVIII haya impedido la anunciada lectura pública de tesis doctorales en Barcelona que tuvieron lugar en centros religiosos no universitarios.


Títulos de tesis:

Deiparae numquam maculatae, Theses philosophicas ex logica, metaphysica, physica, & ethica inter annua eidem Virgini sacra

increatae sapientiae sedi, ad quam vel ipsa cherubim divinis accedunt instruenda mysteriis, accedentes quoque erudiendi


Agradecemos a Neus Verger (Archivo histórico de la biblioteca de la UB) y la Biblioteca de Cataluña esta valiosa y para nosotros desconocida información, así como la cesión de las imágenes.

miércoles, 15 de julio de 2026

Rebajas de verano


 Foto: Tocho, Barcelona, julio de 2026

Caverna

 










Imagen creada por IA: los nuevos tiempos 


Tras el tercer aviso sonoro, un timbre que resuena, con todos los espectadores, ya sentados, y en silencio tan solo algunos asiento aún libre-, al tiempo que las luces se apagaban y antes que los focos del escenario, aún vacío, se encendieran, una voz femenina grabada advertía en catalán y en inglés, con tono serio: no se podía grabar el espectáculo; los móviles encendidos -ya nadie piensa en cámaras- perturban a los bailarines.

A poco, un espectador, justo en la fila delante, un asiento más a la izquierda, saca el movil, lo mantiene vertical delante suyo y empieza a filmar con cierta discreción  . El escenario está lejos. Se distingue mal desde las últimas filas. Algunas cabezas, delante, se alzan a veces dificultando aún más la visión. 

La pantalla iluminada del móvil también molesta. Pero poco a poco atrapa. Apenas dos metros nos separan de ella. El espectador filma todo el escenario, así como detalles, según como aumente o disminuya la imagen tan solo tocando la pantalla con dos dedos que la recorren. 

La mirada de la mayoría de los espectadores sentados en la fila trasera, una de las más alejadas del escenario, se desplaza del escenario a la pantalla y, poco a poca, acaba fija en aquélla que le revela lo que no distingue claramente cuando mira directamente lo que el móvil filma. El escenario está en el móvil. Éste suple al espectáculo que se despliega ante su vista. La escena, encapsulada en la pantalla que devuelve lo que no se puede ver en directo -aunque en directo se ve en la pequeña pantalla. 

Al límite, pronto ya no nos parecerá necesario acudir a las salas. Las pantallas perciben mucho mejor que nuestros ojos. Y los actores acabarán actuando en salas vacías para los ojos de los móviles, que ya no registrarán, sino que crearán un espectáculo, invisible sin la intrusiva presencia del móvil, convertido en unas gafas imprescindibles. El móvil soy yo. Y sin él no veo nada. Es mi luz.


VÍCTOR HUGO (1802-1885): ARQUITECTURA































 

¿Y si el mejor pintor del siglo XIX, en Europa, Goya aparte, pero con afinidades con él, fuera un escritor? Y ¿el mejor arquitecto?
Víctor Hugo no solo escribió la monumental novela Notre-Dame de Paris, sobre la construcción de la catedral y sobre sus fantasmas -con un final persiguiendo al genio de la catedral que constituye el texto de novela negra y de misterio más inolvidable-, y los Miserables, con la más angustiosa, tensa y electrizante descripción de la laberíntica red de las cloacas parisinas, poblada de ecos que retumban y resuenan desorientando aún más a quien se adentré en aquella -por donde huye un presidiario, en un relato que no se puede dejar de leer-, sino que plasmó sus sombrías visiones en unas aguadas sobre papel, de pequeño tamaño, realizadas sin pensar en su venta, que acaban constituyendo el símbolo del siglo diecinueve europeo, con sus luces y sus sombras, sus sueños y sus pesadillas, la violencia política y militar, la rapiña y la destrucción, e insólitos fogonazos luminosos, entre los que brillan las novelas de Flaubert, Stendhal, Balzac, Zola, Dostoïeski, Tolstoi, Chejov, Dickens, Brönte (ambas hermanas Charlotte y Emily), Clarín, Pardo Bazán, Pérez Galdós y, obviamente, Hugo -a la espera de la llegada de Proust, Unamuno y Faulkner, ya en el siglo XX.

Durante años, estos dibujos imaginativos, cercanos al género del capricho arquitectónico, fueron silenciados o poco considerados. Los volúmenes que emergen de la niebla, a menudo en noches sin luna, son el perfecto ejemplo de lo que fue la arquitectura europea, tratando de desgajarse de la impronta clásica, sin conseguirlo, inmersa en formas del pasado, que en tanto que perteneciendo al pasado aparecen como masas muertas, componiendo pesados volúmenes hinchados y excesivos, una hojarasca que busca un lugar al sol -y que cuando lo consiga abrirá el paso al horror. Quizá la arquitectura europeo  haya muerto en el siglo XIX y los dibujos alucinados de Víctor Hugo sellen este pérdida, rememorando lo que fue y ya no tenía sentido.
Una exposición, hoy, descubre extensamente esta faceta del talento visionario del excesivo Víctor Hugo dibujante y arquitecto, antes que novelista:

martes, 14 de julio de 2026

IVÁN ZULUETA (1943-2009): MI EGO ESTÁ EN BABIA (1975)



Érase una vez un castillo fantástico...



A Juan y María, de Ediciones Asimétricas, editores de un libro titulado Babía, a lo lejos.
Mas, para el protagonista  del presente mediometraje, Babia no se hallaba (tan) lejos: se llegaba, como Ulises a Itaca, cruzando el ponto.