martes, 18 de agosto de 2026

SÉNECA, CHARLIE CHAPLIN Y EL ASESINATO DE ESTADO





Charlie Chaplin: Monsieur Verdoux, 1947) 
Monsieur Verdoux es un funcionario mayor, serio, honesto y escrupuloso, que pierde su trabajo. Dado su éxito entre mujeres mayores, decide casarse con quienes tienen bienes que le dejan en testamento. Las asesina “indoloramente” y prosigue con su macabro trabajo, siempre con buenas palabras y devolviendo la alegría a las viudas con las que se esposa, durante un tiempo. Un exquisito asesino en serie, muy lejos de la brutal indecencia de un ministro y de sus declaraciones ayer en la prensa.
Monsieur Verdoux, junto con Sed de mal, de Orson Welles, e Iván el Terrible, de Sergei Eisenstein, posiblemente sea una de las tres mejores películas de la historia. 


“ Nuestro frenesí no es meramente individual; es nacional. Castigamos el asesinato —la muerte de un hombre a manos de otro—, pero ¿qué decir de las guerras, de la matanza de naciones: una atrocidad coronada de gloria? La codicia y la crueldad no conocen límites; sin embargo, estos flagelos son menos dañinos y menos monstruosos mientras son perpetrados en las sombras por unos pocos. Pero esos mismos horrores se llevan a cabo por decreto senatorial y en nombre del pueblo; se ordena a los ciudadanos en masa que hagan aquello que está prohibido al individuo particular. Un acto que le costaría la cabeza a un hombre si lo cometiera en secreto es aclamado como una virtud cuando se realiza vistiendo uniforme militar. Lejos de sonrojarse por ello, el hombre —el más apacible de los seres— halla regocijo en derramar la sangre de su semejante y la suya propia, en librar guerras y en legarlas como herencia a sus hijos.”

Non privatim solum sed publice furimus. Homicidia conpescimus et singulas caedes: quid bella et occisarum gentium gloriosum scelus? Non avaritia, non crudelitas modum novit. Et ista quamdiu furtim et a singulis fiunt minus noxia minusque monstrosa sunt: ex senatus consultis plebisque scitis saeva exercentur et publice iubentur vetata privatim.  Quae clam commissa capite luerent, tum quia paludati fecere laudamus. Non pudet homines, mitissimum genus, gaudere sanguine alterno et bella gerere gerendaque liberis tradere….”

Séneca: Carta moral a Lucilo, 95, 30)


 …. llama públicamente a asesinar “entre 30 y 40 personas cada noche” en….

El ministro…. expresó su apoyo a llevar a cabo asesinatos selectivos contra….”


(Agencias, 16 de agosto de 2026)

Venus y la creación




















Dibujo de la Venus de Arles (en la fotografía anterior), realizado en el momento del descubrimiento de la obra.





 

Fotos: Tocho, estatuas y estatuillas romanas de Venus, s. I aC - I dC & fotografías de Man Ray para revistas de moda francesa y norteamericana, c. 1930,m

Arles, Museo Arqueológico Departamental, agosto de 2026.


Nota:

La mayoría de efigies venuseas son préstamos del museo del Louvre para la exposición dedicada à la diosa pagana Venus, que incluye la célèbre Venus de Arles, romana, en el museo arqueológico de Arles. 

Dicha estatua se basada quizá en un original helenistico de Praxiteles, hallada en el siglo XVII y depositada en la Gran galería de los espejos en el palacio de Versalles, por deseo (por no decir presión) del Rey Luis XIV. Tras la revolución francesa, pasó a formar parte de las colecciones del Louvre donde se expone en compañía de la Venus de Milo, que la eclipsa.

La Venus de Arles fue restaurada al llegar a Versalles, dotada de nuevos brazos y atributos ya que los originales nunca se hallaron. Tras un tiempo considerada como una imagen de la diosa Diana, pasó a ser considerada como una efigie de Venus.

A falta de los brazos originales es imposible saber a de cierta a qué diosa representa.

Se supone que se exponía en el decorado de escena del teatro de Arles. Estaba dedicado al emperador Augusto. Éste se considerada descendiente del mítico héroe troyano Eneas, quien salió vivo del incendio de su ciudad y, tras una ingrata travesía, llegó a la península italiana, bajo la protección de Venus (Afrodita). Por tanto, parece convincente que Venus presidiera el teatro agusteo y que su imagen fuera esta obra maestra de la estatuaria romana de inspiración griega o helenística.

https://www.arlesantique.fr/agenda/exposition-le-passage-de-venus


Aunque los textos de esta exposición sobre la figura de la diosa romana Venus (convertida en símbolo de lo que no se tiene pero a lo que se aspira a partir del Renacimiento en Europa), con una mayoría de obras del museo del Louvre de París -que se habrá vaciado en préstamos veraniegos a exposiciones en el sur del país-, no tienen la agudeza de los textos de la muestra sobre la función de la imagen en Roma, en el museo de la Romanidad en Nîmes, aquéllos no se limitan a destacar la socorrida belleza y la carnalidad de la diosa: ésta no era un emblema de la belleza (en el que se convirtió a partir del Renacimiento tras haber perdido su condición sobrenatural transferida a la virgen María), sino de la creación (y su antítesis o fuerza contraria: la destrucción; Venus se asociaba también a los efectos de la guerra -que no de los sexos). Gracias a su hijo Eros (el deseo), Venus movía a la procreación y a la creación, de hijos y de obras (también arquitectónicas). El anhelo de completar el mundo (y de destruirlo), de dotarlo de vida (o de convertirlo en un páramo de muerte), de crear algo o alguien en lo que o en quien nos veamos proyectados y que nos sobreviva, solo se manifestaba gracias al influjo de Venus. Explorar el mundo, ir más allá de los límites (lo que puede desembocar en un fracaso), el  placer de componer o dar a luz a lo que tiene o tendrá vida propia y de lo que o de quien nos sentiremos orgullosos (si bien la vergüenza y el arrepentimiento tienen también cabida ante el error cometido), la condición humana, en suma, son acciones en manos de Venus. 

Venus personifica así la capacidad humana de trascender sus límites. Venus hace humano (poderoso y frágil) a la criatura humana y le otorga la ilusión (luminosa o vana) de acercarse a la condición divina, de poder estar cerca de ella -pese a su inevitable frialdad o desdén, el acicate de la perseverancia en tratar de contentarla o desdén rivalizar con ella, dando lugar a un ente o un ser que bien podría haber sido creado o engendrado por ella: una creación que admiraría a Venus (si bien, movida por los celos o la envidia, la diosa bien podría poner coto o fin a la ilusión humana).

lunes, 17 de agosto de 2026

DEREK JARMAN (1942-1994): THE GARDEN (EL JARDÍN, 1990)


Sobre este película, véase, por ejemplo, este enlace:

Destacamos esta película casi muda y hermética porque fue parcialmente rodada en el jardin (hoy visitable, al igual que la casa), en parte mineral, muy lejos de los frondosos y calculadamente espontáneos jardines ingleses de los siglos XVIII y XIX, que el director de cine británico Jarman proyectó y plantó, a modo de Edén, ante su casa. Se trata de una sencilla construcción de pescadores, de madera, con un tejado a dos aguas, abandonada, que halló en un entorno casi apocalíptico, cerca de una central nuclear. Se ubica en una playa de guijarros en el sureste de Inglaterra. Las plantas que escogió son propias de terrenos yermos, azotados por la ventisca, y crecen en condiciones extremas.

(POESÍA URBANA, IV): JAIME GIL DE BIEDMA (1929-1990): BARCELONA JA NO ES BONA (C. 1966)



O mi paseo solitario en primavera
A Fabián Estapé
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo! representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago.

-Rodrigo Caro


En los meses de aquella primavera
pasaron por aquí seguramente
más de una vez.
Entonces, los dos eran muy jóvenes
y tenían el Chrysler amarillo y negro.
Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos,
la capota del coche salpicada de sol,
o quizá en Miramar, llegando a los jardines,
mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad
se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre,
y las conversaciones, y la música,
fundiéndose al rumor de los neumáticos
sobre la grava del paseo.
Sólo por un instante
se destacan los dos a pleno sol
con los trajes que he visto en las fotografías:
él examina un coche muchísimo más caro
-un Duesemberg  sport con doble parabrisas,
bello como una máquina de guerra-
y ella se vuelve a mí, quizá esperándome,
y el vaivén de las rosas de la pérgola
parpadea en la sombra
de sus pacientes ojos de embarazada.
Era en el año de la Exposición.

Así yo estuve aquí
dentro del vientre de mi madre,
y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae
por estos sitios destartalados.
Más aún que los árboles y la naturaleza
o que el susurro del agua corriente
furtiva, reflejándose en las hojas
-y eso que ya a mis años
se empieza a agradecer la primavera-,
yo busco en mis paseos los tristes edificios,
las estatuas manchadas con lápiz de labios,
los rincones del parque pasados de moda
en donde, por la noche, se hacen el amor…
Y a la nostalgia de una edad feliz
y de dinero fácil, tal como la contaban,
se mezcla un sentimiento bien distinto
que aprendí de mayor,
este resentimiento
contra la clase en que nací,
y que se complace también al ver mordida,
ensuciada la feria de sus vanidades
por el tiempo y las manos del resto de los hombres.

Oh mundo de mi infancia, cuya mitología
se asocia -bien lo veo-
con el capitalismo de empresa familiar!
Era ya un poco tarde
incluso en Cataluña, pero la pax burguesa
reinaba en los hogares y en las fábricas,
sobre todo en las fábricas – Rusia estaba muy lejos
y muy lejos Detroit.
Algo de aquel momento queda en estos palacios
y en estas perspectivas desiertas bajo el sol,
cuyo destino ya nadie recuerda.
Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges, o en Caldetas,
heredada también por el hijo mayor.

Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la ciudad les pertenezca un día.
Como les pertenece esta montaña,
este despedazado anfiteatro
de las nostalgias de una burguesía.

domingo, 16 de agosto de 2026

MARY HEILMANN (1940-2026): TAKE A CHAIR (COJA UNA SILLA)






































 La artista (pintora y ceramista) norteamericana (californiana) abstracta (así se definía) Mary Heilmann, fallecida ayer, se formó en San Francisco (era amiga del videoartista Bruce Nauman), y tuvo durante años (los años más duros de Nueva York) un estudio en barrios del sur de Manhattan, como TRiBECa y SoHo, junto con el artista  y arquitecto Gordon Matta-Clark. Apenas tuvo reconocimiento en vida, como muchas mujeres artistas. Tan solo iniciado el siglo XXI, dejó de quedar excluida de exposiciones temáticas. Vivía o malvivía sobre todo de la cerámica.

Sin embargo, una obra, entre la pintura, el mobiliario y la instalación, llamó la atención a partir del año 2000. Sillas muy sencillas, confortables pese a su esquematismo, hechas de contrachapado y tejido sintético de vivos colores (tiras entrelazadas que conforman el dosel y el asiento), formadas básicamente por un volumen cúbico vacío, con una cara inclinada que sobresale (el dosel), pintadas de colores claros no primarios , fluorescentes a veces, que la artista realizaba al mismo tiempo que cuadros abstractos o geométricos, de colores planos vibrantes como los de las sillas, las cuales se disponen de manera que establecen un diálogo silencioso con las pinturas, y al que se invita al público en participar, sentándose en las sillas, sin indicaciones especiales, apareciendo así el conjunto desde dentro. 

Creó un gran número de sillas de madera contrachapada , casi siempre pintadas, y doseles que parecen inspirados por el neoplasticismo y el estampado de telas -la referencia a la silla de Rietveld, así como a las butacas de Donald Judd: muebles al mismo tiempo que esculturas, es evidente, con la salvedad que las sillas de Heilmann pueden ser usadas y siempre se disponen para facilitar la conservación y poder abrirse a la contemplación de las pinturas y del mundo en general. No son sillas que inviten al recogimiento o la meditación, sino al encuentro con los demás y con el entorno. Lugares de encuentro y de diálogo; de reposo, para abarcar el mundo con la mirada, y dejarse poseer por él. 

Ojalá puedan disponerse durante un tiempo en algún museo de Barcelona, como los tristes museos de diseño, o nacional de arte de Cataluña, aportando algo que contemplar y un lugar desde contemplar, quizá a través de una ventana.