domingo, 8 de noviembre de 2026

TIM EITEL (1971): ARQUITECTURA






























 

Figuras a menudo solitarias. De espalda, o sin rasgos reconocibles; caras lisas, de perfil en el mejor de los casos.  Quietas, de pie, a menudo (o hundidas, más que sentadas . Detenidas, ensimismadas, mirando no se sabe bien qué (a una pantalla a veces), dándonos la espalda; atrapadas en un espacio, caracterizado por una brecha que abre a otro espacio, más luminoso, del que nada parecen saber, del que nada sabemos. Figuras de paso, calladas, que desfilan indiferentes a un entorno indiferente; espacios sin atributos, anodinos, anónimos, aunque pulcros, en edificios funcionales modernos, con grandes ventanales que parecen invitar al vacío . ¿Por qué una porta un casco, si el lugar parece seguro? Paredes lisas cuya altura desconocemos, más parecidos a fronteras, muros ciegos, fronteras, que tan solo dejan libre un paso estrecho hacia no se sabe dónde. Figuras, que son como sombras, atrapadas entre paredes, en estancias vacías.

Los cuadros del pintor alemán Tim Eitel (profesor de bellas artes en París), basados en fotografías, que parecen retratar sin aspavientos, la condición moderna, se exponen estos días en la capital francesa .


MAX PORTER (1981) & RU KUWAHATA (1981): NEGATIVE SPACE (ESPACIO SOBRANTE, 2017)


 

Obra maestra de animación en stop motion de los cineastas norteamericanos Porter y Kuwahata, finalista de los premios Oscar en 2018, sobre la vida de un viajante, siempre en camino, empaquetando y deshaciendo la maleta, cada vez más compacta, cada día, símbolo del vacío que tratamos de llenar en un viaje que dura una vida, y que se acaba imponiendo: ocupamos muy poco lugar, no ha lugar para nosotros, antes de que se cierre la maleta por última vez. 


Guion basado en el poema Negative Space (2014), del escritor norteamericano Ron Koertge:


“My dad taught me to pack: lay out everything. Put back half. Roll things
that roll. Wrinkle-prone things on top of cotton things. Then pants, waist-
to-hem. Nooks and crannies for socks. Belts around the sides like snakes.
Plastic over that. Add shoes. Wear heavy stuff on the plane.
      We started when I was little. I’d roll up socks. Then he’d pretend to put me
in the suitcase, and we’d laugh. Some guys bond with their dads shooting
hoops or talking about Chevrolets. We did it over luggage.
      By the time I was twelve, if he was busy, I’d pack for him. Mom tried
but didn’t have the knack. He’d get somewhere, open his suitcase and text
me—”Perfect.” That one word from him meant a lot.
      The funeral was terrible—him laid out in that big carton and me crying
and thinking, Look at all that wasted space.”

ZARADASHT AHMED (1968):THE LIONS BY THE RIVER TIGRIS (2025)


 

Documental sobre los intentos de revitalizar el casco antiguo de la ciudad norteña iraquí de Mosul, barrida y minada por el Estado Islámico cuando la conquista y posterior destrucción de la ciudad entre 2014 y 2017, a través las historias interrelacionadas de miembros de tres familias que han perdido sus casas y tratar de recuperar algunos objetos sepultados entre huesos y cascotes.
 
El director es iraquí y la película una producción noruega.

El documental dura 90 minutos en el cine. 

sábado, 7 de noviembre de 2026

Hay más cera de la que arde



Fotos: Tocho. André Ricard, Velas Babel, 2003

La actual exposición antológica que el museo del diseño de Barcelona acoge dedicada al diseñador industrial André Ricard presenta algunas obras que aún no existían hace veintisiete años, cuando la anterior antológica en la fundación Miró.
Entre estas obras, uno de los mejores y más hermosos y sugerentes diseños, en los que la función, el simbolismo, la belleza y el precio se alían, que sin embargo ya no se produce.
La vela Babel hace honor a su nombre, alta, escalonada, estilizada. La base más ancha que la sección media libra la vela de la necesidad de un soporte. 
Alta como la torre, desde luego. Y frágil como la mítica construcción. La vela no resiste el fuego: se desmorona lentamente, se deshace, se encoge, se deforma, se afea, pierde su prestancia bajo la llama y se cubre de excrecencias. Adquiere un aspecto informe, consumida por el calor. El fuego revela la fragilidad de la vela -como el de la torre de Babel bajo el rayo que el dios le lanza desde lo más alto.
La vela Babel, un útil y un objeto sacro, un cirio, que nos muestra que aún hoy en día los objetos cotidianos no están exentos de connotaciones simbólicas.
Como en el caso de la torre, el fuego ha acabado con esta vela que ha desaparecido de las cererías.

 

jueves, 5 de noviembre de 2026

Pero cuando llegó la trescientas cuarentava noche….La prodigiosa historia de la ciudad de bronce (Cuento de Las mil y una noches, s/f)

 


Historia Prodigiosa de la Ciudad de Bronce

[Cuento - Texto completo.]

Anónimo: Las mil y una noches 

HISTORIA PRODIGIOSA DE LA CIUDAD DE BRONCE

“Cuentan que en el trono de los califas Omniadas, en Damasco, se sentó un rey -¡sólo Alah es rey!- que se llamaba Abdalmalek ben-Merwán. Le gustaba departir a menudo con los sabios de su reino acerca de nuestro señor Soleimán ben Daúd (¡con él la plegaria y la paz!), de sus virtudes, de su influencia y de su poder ilimitado sobre las tierras de las soledades, los efrits que pueblan el aire y los genios marítimos y subterráneos.

Un día en que el califa, oyendo hablar de ciertos vasos de cobre antiguo cuyo contenido era una extraña humareda negra de formas diabólicas, asombrábase en extremo y parecía poner en duda la realidad de hechos tan verídicos, hubo de levantarse entre los circunstantes el famoso viajero Taleb ben-Sehl, quien confirmó el relato que acababan de escuchar y añadió: “En efecto, ¡oh Emir de los Creyentes! esos vasos de cobre no son otros que aquellos donde se encerraron, en tiempos antiguos a los genios que rebeláronse ante las órdenes de Soleirnán, vasos arrojados al fondo del mar mugiente, en los confines de Moghreb, en el Africa occidental, tras de sellarlos con el sello temible. Y el humo que se escapa de ellos es simplemente el alma condensada de los efrits, los cuales no por eso dejan de tomar su aspecto formidable si llegan a salir al aire libre.”

Investigación


INVESTIGAR


Del verbo latino investigare, del substantivo también en latín vestigium:

Vestigium: se traduce por 1.- Planta de pie , 2.- Huella o pisada, 3.- impresión, 4.- traza, marca, vestigio

¿Por qué son importantes las pisadas?  Primeramente, una pisada se descubre cuando dejamos de pisar: cuando ya no estamos en un lugar, cuando nos hemos desplazado, dejando una marca, la marca de nuestra pasada presencia (o existencia) en un lugar. Una pisada, por tanto, es la imagen visible de una ausencia. Pero esta ausencia se compensa gracias a la huella que ha dejado. El investigador, como el detective, sigue las huellas hasta llegar a quien o qué las ha producido. 

Esta búsqueda ¿tiene sentido, permite llegar a la verdad?  Una huella, un vestigio es una imagen. Las imágenes suelen ser engañosas; al menos, no dan cuenta de la complejidad y riqueza, del cuerpo, el volumen, el peso (en todos los sentidos) de aquél, aquella o aquello de él, la o lo que es imagen. Un retrato solo ofrece una cara -dos como máximo- de la realidad. Mas, la huella, como las proyecciones -arquitectónicas, por ejemplo, los planos, las plantas, los alzados y las secciones- tiene unas características, y unas cualidades o “virtudes” de las que carecen las imágenes más habituales (las imágenes artísticas): son imágenes producidas por el propio modelo. Éste ha inscrito su impronta en una superficie, la impronta de una sola cara, sin duda, pero que permite tomar las medidas de la realidad, mesurarla y actuar en consecuencia. La impronta permite darse cuenta de todo lo que constituye cada cara de un ente o un ser real. Esta capacidad informática de la huella o el vestigio es posible porque me media ningún agente en la producción de la imagen. Es el propio modelo (ente o ser) que ha producido una huella. El modelo ya no está: está lejos, en el espacio y/o el tiempo. Pero podemos saber de su pasada existencia, gracias a las huellas que dan testimonio que un día, en un momento dado, estuvo allí, donde hallamos la huella. Somos, por otra parte, conscientes que, si el modelo siguiera allí presente, la huella existiría -todos dejamos una huella a nuestro paso- pero ésta no sería ni relevante ni visible. Solo se descubre y se percibe su importancia, su necesidad, porque lo que produjo o dejó tales vestigios, ya no está allí delante de nosotros.

Hemos dicho que los vestigios llevan a descubrir la “verdad” de las cosas: nos informan de cómo eran y, posiblemente de lo que hacían, de cómo y porqué se movían.

Pero, ¿qué es la verdad?

En griego, verdad se decía alethia. Una palabra que poco o nada nos dice, salvo que intuyamos o postulemos que, al empezar por la letra a, es posible que aletheia indique la ausencia de letheia, dado que a es una partícula negativa.

¿Qué es letheia? En griego, dicha palabra proviene de Lethe. Ésta es una palabra que resuena claramente en términos que usamos hoy, como letargo o letal. Lethe tiene que ver con la desaparición, con la muerte.

Lethe era el nombre de uno de los cuatro ríos del Hades -el mundo inferior o infernal al que las psiqués o “almas” de los difuntos descendían y dónde “vivían” una vida aletargada, una vida que no era vida. Lethe causa la muerte, l desaparición, la extinción: Lethe es letal.

La función de las aguas del Leteo era clara ;como turbia eran sus aguas): impedir que las almas o dobles de los difuntos quisieran remontar a la superficie recordando las bondades de la vida pasada: una vida que, sean cual hayan sido sus cualidades, luminosos u oscuras, animadas, decepcionantes, grises o mortuorias, son más apetecibles, al menos en el recuerdo, a las que se intuyen se tendrán desde entonces en el Hades: un valle de lágrimas.

Por tanto, era necesario que las aguas del Leteo fueran capaces de borrar cualquier recuerdo del pasado. De este modo, al alma solo le cabría seguir adelante, adentrándose cada más más hondo en las profundidades del Hades.

Las aguas del Leteo eran las aguas del olvido. Lethe es el olvido.

Y alethia, por tanto, es lo que se opone al olvido.  La verdad es lo que permite recordar, conocer el pasado, desvelando todo lo que el pasado puede comunicarnos.

Un vestigio es, pues, un elemento que nos conduce al pasado y nos revela lo que hubo, lo que fue, desvelando la riqueza y complejidad de lo que y no ésta aquí, y su importancia -la importancia de entrar en contacto con este pasado, cercano o lejano. Nuestra vida presente -y futuro- esta marcada por este pasado que la investigación trata de descubrir. Un pasado sin el cual viviríamos en y del presente, sin saber nada de las bondades y maldades del pasado. Sin aprender nada.

La investigación es fuente del saber. Y aquélla se basa en vestigios -incluso la astronomía que reconstruye la vida de los cuerpos siderales, a través de las huellas que nos llegan cuando dichos cuerpos llevan años o eones desaparecidos.

Tenemos que ser conscientes quela investigación trata de reconstruir el pasado a través del estudio de algo, un vestigio, necesariamente muerte. La investigación es una tarea sobrehumana: devolver por un momento la vida -reconstruir como fue la vida a la que el vestigio pertenecía- a partir de un elemento muerto -pero capaz de darnos pistas, de conducirnos por unas pistas hacia lo que estuvo y fue.

Los caminos (de la investigación) que se abren ante nosotros son como los que Hércules encontró y ante los que se detuvo: un camino arduo, pedregoso, que conduce hacia la luz, a la que no siempre se llega, y un camino cómodo, de fácil tránsito, rápido de recorrer, que no lleva a nada, o lleva a una meta olvidable, no memorable.

La disyuntiva plantea un problema ético: qué debo hacer, cómo debo comportarme, como deberé tratar las pistas y los vestigios, que no siempre sabré interpretar. Una investigación es un camino sin retorno, cuya meta quizá no alcancemos. Se trata de una carrera de relevos. Los testimonios que habremos ido desvelando nos han permitido acercarnos a lo que dichos testimonios apuntan. Y nuestra gloria consiste en ceder el puesto y entregarlos a quienes nos sucederán, que emprenderán el camino a partir del lugar en que hemos llegado. La ética es la cualidad de las acciones que redundan en beneficio de la vida. La investigación trata de entender nuestra vida, marcada por la vida del pasado. Somos humanos porque un día fuimos seres unicelulares, somos homo sapiens sapiens porque fuimos homo erectus y homo habilis. Esta investigación, como cualquier búsqueda detectivesca que busca desentrañar un misterio, busca pistas, las estudia, las conserva y las entrega. En ningún caso las oculta. Y las pistas más sólidas, las más importantes, son las que ponen en cuestión las interpretaciones o lecturas que hemos efectuado. Son las que provocan crisis. Y una crisis, en griego, no es una condena o un rechazo, sino una acotación que nos permite aislarnos, aislar lo que estudiamos, para poder observarlo mejor. Una crisis es un estudio detallado que se protege del ruido que nos envuelve. Un vestigio que pone en crisis lo que hemos estudiado, las explicaciones que hemos dado, es una bendición. Porque nos acerca a las cosas del pasado. Nos invita a estudiarlas de más cerca, y de hacernos más preguntas, de plantear nuevas preguntas. Una crisis cuestiona nuestros presupuestos. Es un aviso que nos obliga a volver a pensar lo que un vestigio induce. Esto implica que no tendremos nunca la última palabra. Pero nuestra investigación se acercará a la traducción de un texto redactado en una lengua desconocida. Nuestra traducción será aproximada y comportará errores. Pero permitirá acortar las partes en sombra que nuevos investigadores deberán y quizá podrán esclarecer. La investigación es la subida de una escalera. Cada investigador asciende unos peldaños, y la luz se hace cada vez más visible. Obviamente, podemos resbalar, tropezar o encontrarnos con un escalón por el que no podemosascender: un escalón que no lleva a nada, o que los investigadores que nos siguen -y que posiblemente aún no hayan nacido- sabrán como sortear, dándole o no importancia.

Un a investigación es la exploración de una vida

La tarea más hermosa de la arqueología (el estudio de los archai, es decir, los fundamentos sobre los que se sustentan las construcciones del pasado, y las muestras de nuestra pasada presencia en el mundo, testimonios de los que fuimos) o la paleontología -que significa la búsqueda de lo más antiguo (paleo) que es también lo más esencial (el eon): es decir la ciencia (logos: palabra que cuenta la verdad, una verdad que puede ser certificada, que narra lo que fue, un hecho comprobable y que se puede repetir para que nos cercioremos de la bondad y verdad de lo que la lógica destapa) búsqueda de la verdad, la razón de nuestro lugar en la tierra. 


Texto de introducción a un breve semanario sobre la ética de la investigación en arqueología y paleontología que el Comité de Ética de la Universidad Politécnica de Cataluña impartirá el año que viene.

 

lunes, 2 de noviembre de 2026

¿Estudias o trabajas? ¿Vida activa o contemplativa? Los saberes de la universidad

 Los gremios y las universidades (a las que se sumaron las academias), entre los siglos XI y XVIII, en Europa, cumplieron funciones muy distintas, que se podrían agrupar bajo las denominaciones romanas de artes mecánicas y artes liberales.

Los gremios formaban técnicos -en cualquier arte manual, incluidas las bellas artes, si bien éstas, a partir del siglo XVI, inicialmente en Italia, trataron de, y finalmente consiguieron, desmarcarse del mundo gremial para acceder al mundo académico, considerado, desde la antigüedad, superior: del saber hacer al saber pensar, de la vida activa a la vida contemplativa, del obrar al reflexionar sobre el obrar-; las universidades, por su parte, formaban sabios o estudiosos, que reflexionaban sobre las causas del hacer, la razón del obrar. No se preguntaban sobre el cómo sino sobre el porqué y el para qué. Inquirían sobre la necesidad y las consecuencias del operar humano -comprándolo con el divino.

Tras el creciente crédito de las universidades y el consecuente descrédito de los gremios -una oposición bien simbolizada por autorretratos de pintores que mostraban que no pintaban, sino que pensaban o contemplaban, como Velázquez en el cuadro de las Meninas-, fue el emperador francés Napoleón I, quien puso fin al Antiguo Régimen de pensamiento, y creó las llamadas Grandes Escuelas, dedicadas a formar técnicos en la administración del imperio, distintas de las Universidades en las que se reflexionaba sobre el poder y el administrar, estudiando valores y fines.

La decisión napoleónica tuvo un inesperado precedente en la ciudad de Barcelona -y en el Principado o antiguo reino de Aragón. El cierre de la universidad de Barcelona y su traslado a la pequeña ciudad de Cervera, a principios del siglo XVIII, como consecuencia de la reorganización de la administración del reino y para desactivar posibles revueltas urbanas en una ciudad marcada por guerras civiles y la defensa de prerrogativas de origen medieval, frente al absolutismo y la naciente noción de Estado, fue aprovechado por la junta de comercio para fundar estudios técnicos y comerciales superiores, volcados a la creciente industria textil. La universidad , con sus estudios de derecho, filosofía, y teología quedaba como un centro casi obsoleto  dedicado al pensamiento, mientras que las nuevas facultades estaban dedicadas a formar a especialistas en el hacer y el operar, en la gestión de una comunidad, en favor de la industrialización y el naciente capitalismo: estudios muy especializados, frente a la amplitud de miras y la distancia con la que se abordan los problemas que toda acción acarrea, propias de la universidad.

En un mundo cada vez más especializado ¿cuál es la razón de ser y la finalidad de la universidad, sobre todo pública? ¿Debe formar a los técnicos requeridos por la sociedad, limitando por tanto el ingreso de los estudiantes, en función de las demandas de empleo, o debe permitir que cualquier estudiante interesado en estudiar un tema, en reflexionar sobre éste, pueda acceder, sin pensar en las necesidades laborales?

Si una universidad es un centro de saber y no un centro formativo, la universidad debe enseñar a pensar, no a obrar.

Esta discusión afecta especialmente los estudios que combinan la reflexión con el hacer, como los estudios de bellas artes, y arquitectura. Ciertas escuelas de arquitectura abordan la arquitectura entendida como el estudio de la razón del ser humano en el mundo, del lugar que ocupa, y de las consecuencias que dicho estar en el mundo acarrea. Otras, especialmente españolas, están orientadas a satisfacer necesidades y deseos, sin poder preguntarse por la pertinencia o bondad de dichos anhelos: enseñan a responder a peticiones, y no a pensar si se tiene que responder. Los resultados saltan a la vista. Algunas obras memorables, que hacen que la vida tenga sentido, frente a tantas otras obras que son un sinsentido. 

Quizá los últimos adelantos tecnológicos, si no sustituyen el hacer y el pensar humanos, nos obliguen a cavilar sobre lo que somos y lo que hacemos: una oportunidad para repensar nuestro lugar en el mundo, antes de que sea demasiado tarde.


A Joan Subirats, tras la lectura de su libro La universidad en el cambio de época. Dilemas presentes, escenarios de futuro. Valencia, 2026