martes, 14 de julio de 2026

IVÁN ZULUETA (1943-2009): MI EGO ESTÁ EN BABIA (1975)



Érase una vez un castillo fantástico...



A Juan y María, de Ediciones Asimétricas, editores de un libro titulado Babía, a lo lejos.
Mas, para el protagonista  del presente mediometraje, Babia no se hallaba (tan) lejos: se llegaba, como Ulises a Itaca, cruzando el ponto.

LOUISE NEVELSON (1899-1988): DREAM HOUSES (CASAS DE ENSUEÑO, o CASAS SOÑADAS)












 

Sí, son imágenes de rascacielos, una tipología arquitectónica que difícilmente encaja con la imagen de una casa de ensueño. El nombre que la escultura ruso-ucraniana-norteamericana Louise Nevelson otorgó, en los años setenta del siglo pasado, a un conjunto de treinta y siete esculturas de gran tamaño -la altura de la propia artista-, construidas con fragmentos de madera hallados en las calles, pintados de negro. Que sean fragmentos ensamblados otorga una insólita fragilidad y humanidad al frío deseen de un rascacielos.
Pero se trata de casas, ciertamente, y de casas soñadas: poseen amplías ventanas abiertas -y no muros de vidrio reflectante en los que las ventanas están proscritas-, en las que es posible asomarse para otear el interior. Alguna fachada dispuesta como una puerta entreabierta acentúa el carácter acogedor de estas moradas superpuestas, cuya verticalidad no es drástica, sino que presenta algún quiebro, una ondulación apenas, como si la construcción se asemejara a un cuerpo humano erguido representado no en posición de firmes sino con la técnica del contraposto, descansando más en una pierna que en otra. 
Nevelson reconoció la fascinación que ejercen los rascacielos, sobre todo los anteriores al anodino estilo internacional, pero supo mostrarlos como un conjunto articulado de espacios propios abiertos al mundo -y no hieráticos, adustos, cerrados al mundo: sin duda, unas moradas ideales, que solo existen en los sueños.

domingo, 12 de julio de 2026

LOUISE NEVELSON (1899-1988): SKY CATEDRAL - WEDDING CATEDRAL -FAÇADES (CATEDRALES CELESTIALES - CATEDRALES PARA UNIONES -FACHADAS)


























 

El nombre de la escultora Louise Nevelson presta a confusión. Nombre inglés -norteamericano. Nombre norteamericanizado, pues Louise era de Kiev (ayer del imperio ruso, hoy la capital de Ucrania), y judía.
Su familia emigró a los Estados Unidos a principios del siglo XX donde malvivieron, por falta de trabajo -su padre logró ser carpintero- y por su religión.
Cumplió con los preceptos familiares: se casó, tuvo un hijo que abandonó a causa del clima opresivo religioso, que la marcó: toda su obra refleja la fascinación por las iglesias ortodoxas, los lugares de culto judíos, y por los templos precolombinos. Estudió en Europa, se interesó por el surrealismo, antes de regresar a los Estados Unidos a finales de los años treinta. Vivió casi siempre arruinada, dando clases en colegios, el color negro era su favorito -poseía la elegancia que los colores vivos carecen-, pero no dejó de mostrarse vestida de manera llamativa, entre Frida Kahlo -que conocía- y la Cleopatra interpretada por Liz Taylor. Quizá para obviar, ocultar u olvidar su falta de medios.
La extensa serie de templos -de fachadas de templos monumentales, entre góticos y aztecas-, a escala casi natural, está  compuesta a partir de restos de madera quemada o pintada de negro (salvo los que compusieron sus templos de boda, con fachadas semejantes a filigranas góticas, de blanco), y de desechos, que su hijo y ella recogían en las calles de Nueva York, y recortaban. Son confesionarios, y rincones de meditación, en los que los elementos dejados de lado, a su suerte, logran, conjuntados, levantar imponentes construcciones, semejantes a mecanismos -como los que los astros dibujan en el cielo-….
que Nevelson fotografiaba, recortaba -devolviendo a los elementos su libertad, y recomponía para construir fachadas templarias, en unas composiciones que le permitieron multiplicar el número de obras de bajo coste en unos años en qué la miseria acechaba -el apoyo de galerías tardó en llegar, a menudo sin éxito: las ventas de obras fueron muy escasas y la artista debía los anticipos que recibía.

Hoy, una gran exposición antológica en Francia reconoce, después de años, su obra, compuesta como un puzzle en el que habitan y cohabitan elementos dispersos y opuestos que logren encajar. Algo parecido a lo que fue su vida



sábado, 11 de julio de 2026

YERVANT GIANIKIAN (1942-2026) & ANGELA RICCI LUCCHI (1942-2018): IMMAGINI DELL´ORIENTE. TURISMO DA VANDALI (IMÁGENES DE ORIENTE. TURISMO DE VÁNDALOS, 2001)



Documental característico de esta pareja de cineastas -el arquitecto armenio Yervant Gianikian, y la directora de cine italiana Angela Ricci Lucchi-, componiendo películas a partir del montaje y el tratamiento de imágenes extraidas de de filmaciones halladas en archivos civiles y militares, se se acompañan de voces, subtítulos y música, componiendo un retrato del ser humano en el siglo XX. Se acaba difícilmente indemne.



PHUONG MAI NGUYEN (1985): CHEZ MOI/HOME (EN MI CASA, 2014)



Cortometraje de animación de la directora vietnamita Phuong Mai Nguyen, finalista de los premios César y candidato a los Ocars en 2015:

jueves, 9 de julio de 2026

ÉDOUARD LEVÉ (1965-2007): AMÉRIQUE (2006)










 Hace cuarenta y dos años, Europa y los Estados Unidos se maravillaban con una premiada película de título confuso: París, Texas , del cineasta alemán Win Wenders. Los dos nombres propios del título estaban separados por una coma. Parecía que la película contaría  una historia en dos escenarios distintos. No era así. El París de la película se hallaba en el estado de Texas y ni siquiera era una ciudad, sino un solar desértico.

Es difícil que el escritor y fotógrafo francés no tuviera en mente esta película cuando viajó a los Estados Unidos para fotografiar otros Parises norteamericanos: ciudades, o más bien pueblos -apenas unas pocas casas aisladas de madera, de planta baja, sin cercado, cercanas a una gasolinera, una iglesia y una tienda donde se podía comprar de todo y nada. Y, así, Levé retrató a pueblos llamados Paris, Versailles, Florencia, Berlín, Estocolmo, Río de Janeiro, Lima, Bagdad, Jericó, o Calcutta, entre otros. Pequeñas aglomeraciones que parecían haber sido erróneamente llamadas, como si alguien hubiera barajado mal las cartas y las hubiera asignado a quien no hubiera debido, pero que constituyen el corazón de Norteamérica, formado por asentamientos que no son lo que parecen, y que remiten, absurda y entrañablemente a ciudades y megapolis que nada tienen que ver con la imagen que su nombre suscita, o suscitaba, ya que hoy, bajo el nombre de Paris se recoge y se recuerda la llamada ciudad de la luz, sin que haya caído en el olvido un terreno yermo en el centro de un estado sureño norteamericano.
Quizá ocurra lo mismo con los nombres antes evocados. 
La importancia del nombre para exaltar o rebajar a un emplazamiento.
Poco tiempo después, Levé se suicidaria .

miércoles, 8 de julio de 2026

ÉDOUARD LEVÉ (1965-2007): ANGOISSE (2000)











El parecido entre angustia y angosto ya denota lo que la angustia es, o lo que causa. Angustia, en latín, significa estrechez o, mejor dicho, estrecheces: en latín se trataba de una palabra en plural, angustiae. Las miserias nunca venían solas. Y eran dolorosas. El verbo latino ango, de donde viene angustiae, se traduce por comprimir, encoger el ánimo, inquietar, atormentar: una sensación física y psíquica que atenta contra la vida y el ánimo. Implica una pérdida de vitalidad y de confianza.

Angustia es el nombre de un pueblo de poco más de quinientos habitantes en el suroeste de Francia, muy cerca del centro del país, entre Burdeos y Limoges. Una región, el Périgord, áspera, dura y escasamente poblada, marcada por montes de piedra calcárea roídos y plantas ralas. 

Un cartel de carretera anuncia el nombre del pueblo en la entrada. Bien podría ser un epígrafe que denominara la sensación que el pueblo puede suscitar en quien lo recorriera o se detuviera en él. 

El pueblo posee todas las instituciones políticas, religiosas y culturales propias de una comunidad, por pequeña que sea: una iglesia, un ayuntamiento y una biblioteca pública. Todos son equipamientos de Angustia.

El escritor y fotógrafo francés Édouard Levé halló casualmente el pueblo y lo retrató. Fotografió todas las veces en que el nombre, independientemente del tamaño del anuncio, aparece en el pueblo. Las imágenes parecen haber sido tomadas un domingo al alba. O de noche. Un haz de faros de un automóvil rebota en la señal de carretera. Se dirigen tomas de la policía, cuando algo va mal. No se ve nadie. Postes con cables telegráficos, situados en el borde de la carretera secundaria, avanzan hacia el centro, entre yerbas amarillentas. Un pueblo adormecido o abandonado -los equipamientos necesitarían una restauración siquiera superficial-. Las pocas casas de fachada enlucida de color gris mantienen los postigos de madera, mal pintados de blanco, cerrados. La entrañable y patética disposición regular de arbustos en el pueblo, simétricamente ubicados a lado y lado de algunas fachadas, acentúa la irrealidad del burgo. Tan solo los carteles con el nombre Angustia en letras mayúsculas, revelan que sigue vivo. Algunos pocos coches están aparcados. Y olvidados. 

Édouard Levé se suicidó seis años más tarde.