viernes, 10 de abril de 2026

Perspectiva y perspicacia

 La teoría del arte renacentista enunció que un cuadro era (como) una ventana: un marco que encuadraba una vista. Una parte del mundo quedaba desgajada y ofrecía a la contemplación del pintor y del espectador.

Para poder componer el cuadro, el pintor debía situarse ante la ventana (virtual) y asomarse an ella. Lo percibía dependiendo de cómo se situaba ante aquélla: su posición y la distancia a la que se ubicaba. Lo que descubría no era lo que “es” sino lo que se le mostraba en función  del lugar que ocupaba. La escena se sometía a su disposición, su predisposición. La escena atendía a sus deseos. El mundo servicial.

La ventana ideal establecía una frontera o un muro -en el que se inscribía dicha ventana- entre el espacio ocupado por el pintor y lo que se hallaba fuera, más allá del marco. El pintor y la imagen que percibía no se hallaban en el mismo espacio. Aquel se ubicaba, necesariamente, en un interior, y lo que descubría y comunicaba se encontraba al aire libre -difícilmente en otra estancia: los interiores se comunican a través de puertas, no de ventanas, y raramente, si es que hubiera acontecido alguna vez, el pintor miraba desde fuera, a través de una ventana, hacia un interior. 

El espacio interior era consustancial con el pintor. Lo acogía, lo envolvía; era su lugar. Formaba parte de su existencia en el mundo. Lo que percibía y reproducía, en cambio, era siempre, un espacio distinto y distante, como si el pintor se retrotrajera, se recogiera en un lugar que solo comunicaba con el mundo exterior a través de la ventana, es decir del cuadro. 

La pintura renacentista, en perspectiva, alejaba al artista del mundo. Éste se retiraba en su mundo, desde el cual oteaba lo que acontecía más allá del marco. 

La palabra perspectiva viene del verbo latino perspicio, un verbo compuesto que significa mirar a lo lejos. Con la perspectiva, el sujeto se distancia del objeto -el objeto de sus agencias-. Hoy, observar con perspectiva implica una retirada para tener una “buena” vista de un tema.  

Mas, el alejamiento no implica pérdida alguna. Los detalles (significativos) no se diluyen. Al contrario, la salida del mundo facilita su estudio. El mundo se vuelve un motivo, del que ya no formamos parte. El latín perspicio implica perspicacia: una mirada atenta, escrutadora, que somete el mundo a su punto de vista, obligado a descubrirse. Perspicio significa incluso prever: ver no solo más allá, más allá del horizonte, sino ver ya lo que aún no es. 

La pintura renacentista pone en mundo a disposición del artista quien lo escruta sin implicarse en el funcionamiento de aquel. Está más allá o por encima de ésta. Ha levantado una barrera y, al mismo tiempo, ha abierto una venta para mirar y estudiar. El mundo ya no lo envuelve, sino que se dispone como en la escena de un teatro, encerrado en la boca del escenario, el marco de la ventana, el cuadro. El corte en el mundo es inevitable. Ya no formamos parte del mundo, sino que el mundo es nuestra posesión. Dócil. Con el que podemos hacer lo que deseemos: cuidarlo, maltratarlo o ningunearlo.Y hasta hoy. Un sistema compositivo convertido en un arma con el que desprenderse del mundo para dominarlo mejor.





Con la perspectiva el mundo siempre se ve a través de una ventana. Es decir desde un interior 

jueves, 9 de abril de 2026

Asurbanipal (conferencias en CaixaForum, Madrid, abril, septiembre de 2026

 






CaixaForum Madrid ha programado diversas actividades para expandir la experiencia de los visitantes interesados en Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria, exposición que recorre uno de los grandes imperios de la Antigüedad. Entre ellas se encuentra un ciclo de conferencias que ofrece una mirada completa al mundo neoasirio: desde su historia política, sus ciudades y palacios, hasta su descubrimiento en época moderna y la fascinación estética que generó en Occidente.

Las sesiones combinan arqueología, arte y lectura crítica de las fuentes, e incluyen una perspectiva actual que visibiliza a mujeres, eunucos y otros actores a menudo ocultos. El programa muestra cómo Asiria ha sido comprendida, reinterpretada y reinventada a lo largo de los siglos.

El ciclo se ha realizado en colaboración con Pedro Azara, arquitecto, investigador, comisario y profesor de estética, y miembro de la misión arqueológica de Qasr Shemamok (Iraq) desde 2012.

Actividades del ciclo:

En paralelo, y a raíz del del ciclo de conferencias comisariado por Pedro Azara, CaixaForum+ tendrá disponible un ciclo de películas que habla de la influencia que la cultura mesopotámica ha tenido en el cine. 


miércoles, 8 de abril de 2026

Mesopotamia en el cine






 https://caixaforumplus.org/s/asurbanipal-caixaforumplus


¡MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN!

Mesopotamia en el cine.

 

Belsasar, rey de Babilonia, invitó a un gran banquete a mil de las altas personalidades de la nación; y, durante la comida, el rey y sus invitados bebieron mucho vino  (…) Todos bebían vino y alababan a sus ídolos, hechos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.

En aquel momento apareció una mano de hombre que, a la luz de los candiles, comenzó a escribir con el dedo sobre la pared blanca de la sala. Al ver el rey la mano que escribía, se puso pálido y, del miedo que le entró, comenzó a temblar de pies a cabeza. Luego, se puso a gritar y llamar a los adivinos, sabios y astrólogos de Babilonia…”

 

Mene, Mene, TekelUpharsin (Contado, contado, pesado, dividido), es la maldición que la mano de Yahvé escribió en una de las paredes de la sala de banquetes del rey babilónico: una bíblica escena terrorífica, que anunciaba el fin del imperio babilónico que ya no iba a tener peso alguno y se desmembraría, que el cine no ha dejado escapar.

A ojos de Occidente, el Próximo Oriente antiguo, centrado sobre todo en la ciudad de Babilonia, maldecida en la Biblia, ha sido percibido como un mundo de excesos, crueldad, corrupción y decadencia, personificada en la figura de la mítica reina asiria y babilónica Semiramis. Es decir, un mundo cinematográficamente atractivo en el que el misterio y el horror se conjugan, como ya retratara una de las primeras grandes películas de la historia, Lcaída de Babilonia, de D. W. Griffith, y la fascinante serie de peplums, de los años cincuenta, tras la Segunda Guerra Mundial, y en pleno auge de los irracionales miedos a lo desconocido que atenaza a Occidente. Una versión partidista y deformada que ha marcado y lastra el imaginario occidental del Próximo Oriente, como se percibe, precisamente, en estos días.

 

Notas:

Una última película, acabada de restaurar, otro conocido peplum , Los 7 rayos de Assur, de Silvio Amadio, de 1962, se incorporará a finales de semana.

La caída de Babilonia, de D.W. Griffith, es una obra maestra de los inicios del cine.

Por un tema de derechos, no se ha podido incluir otra obra maestra, más reciente, la terrorífica película de William Friedkin: El exorcista, de 1973, cuya larga primera escena se rodó en el yacimiento de Hatra en el norte de Iraq.

Caixaforum + es una plataforma gratuita. Ofrece un ciclo de cube sobre Mesopotamia, hasta agosto de 2028, relacionado con la exposición itinerante sobre el emperador neo-asirio Assurbanipal, organizada por el Museo Británico de Londres, que los centros CaixaForum presentarán desde este mes de abril sucesivamente en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza.


El león alado que voló: un Lamassu en la Lonja de Mar en Barcelona (2026)

 Nota: El artículo se encuentra en:


March 2026
Journal of Eastern Mediterranean Archaeology and Heritage Studies Cover Image for Volume 14, Issue 1


Enlaces activos durante noventa días


TEXTO COMPLETO


The Lion That Flew Away: The Lamassu in the Llotja del Mar, Barcelona Available to Purchase

Journal of Eastern Mediterranean Archaeology and Heritage Studies (2026) 14 (1): 104–119.




ABSTRACT

It was an exceptional event in the Spain of the second half of the nineteenth century: The Provincial Academy of Fine Arts of Barcelona acquired a plaster replica of a large Neo-Assyrian lamassu, among other replicas, in London. The copy was the work of the Italian company Brucciani, which produced copies of and for British museums. Such purchase did not happen on a whim. The training of students of fine arts and architecture was based on drawing and the study of classical works, thanks to plaster replicas. Lessons included, from the mid-nineteenth century, detailed sessions on the art of all ancient cultures, including the cultures of the ancient Near East, when Western archaeological missions, but not any Spanish ones, were just starting in the Ottoman Empire. This article follows the history of this unique acquisition, until the disappearance of the replica, despite its size, perhaps during the Spanish Civil War.

lunes, 6 de abril de 2026

Minerva


 

Foto: Tocho, Barcelona, abril de 2026


Giró la cabeza y puso ojos como platos: aún no se creía lo que había visto a sus espaldas.

El arquitecto en casa

 







Hace años, a principios del siglo XXI, el Colegio de Arquitectos de Barcelona organizó una exposición sobre la imagen de la arquitectura en la llamada prensa del corazón o prensa rosa: fotografías casi siempre de interiores, acompañadas de vistas del exterior,  en las que los propietarios, debidamente trajeados para la ocasión, exhibían, con todo lujo de detalles, sus moradas, desvelando orgullosamente sus gustos, y sus trofeos.

Este tipo de imágenes no se suelen dar entre músicos, pintores y escultores y escritores. Se suelen fotografíar estudios de artista, y se percibe el despacho de un escritor cuando, con motivo de una entrevista, se le retrata en su lugar de trabajo.  El hogar, por el contrario, el espacio doméstico no suele mostrarse -salvo en casos como el de Picasso para quien todo el espacio de la casa (la mansión) era un estudio. 

En la primera mitad del siglo XX, arquitectos como Le Corbusier, conocedores del poder de la prensa, y de los beneficios económicos que aportaba, abrieron las puertas de sus casas, y ya no solo de sus estudios. Las casas eran el vivo resultado de lo que tramaban en los talleres, la materialización de sus proyectos. 

Desde entonces, arquitectos gustan de desplegar imágenes de sus propias casas. Dichas imágenes constituyen casi un género fotográfico: la casa del arquitecto con el arquitecto en el centro. Arquitecto o arquitecta.

 La casa, el espacio privado, íntimo, deviene un escaparate, un espacio público; un escenario teatral donde el arquitecto se muestra rodeado de su creación. Todas las estancias son fotografiadas con todo detalle, y se enumeran cada uno de los bienes creados o adquiridos; denotan el buen gusto del autor -y su poder económico, lo que inspira confianza en el posible cliente . Cada cosa está en su sitio -incluso algunos complementos pueden haber sido dispuestos para la fotografía-, y la casa posa, junto a su artífice. Una imagen de perfección, sabiduría y buen gusto, una imagen modélica, tentadora a la vez que inalcanzable, que se ofrece como ejemplo, pero es a la vez exclusiva. Nada está dejado al azar. El interior tiene que sorprender -no puede ser vulgar, anodino, semejante a cualquier entorno casero-, pero a la vez tiene que ser previsible, es decir, contener todo lo que se espera escoja y posea un arquitecto, sobre todo si es una obra suya. Así los sillones, los sofás, las otomanas, los útiles de cocina, no son enseres anónimos. Tampoco requieren ningún pie de foto. Son reconocibles. Su elección y su disposición  no son casuales. Los objetos nos representan. Son los emblemas que nos identifican, que proclaman lo que somos y lo que podemos hacer. Son los blasones o escudos actuales. Somos lo que poseemos. Nos proyectamos en lo que construimos y adquirimos. La imagen ofrece así, “proyecta”, comunica, una cuidada visión armónica, transmite confianza en la capacidad y el poder del arquitecto. Revela buena mano. Gusto no adocenado, y enuncia que se puede tener confianza en sus ideas y sus logros. Escogiéndole, uno podrá entrar a formar parte de su círculo, exclusivo, sin cometer ninguna falta de gusto. 

El arquitecto cumple así dos funciones antagónicas. Se muestra no como un profesional, sino como un vecino cualquiera, retirado en su casa, descansado, apartado, en su espacio y en sus horas de ocio, y a la vez, como un arquitecto que proclama sus habilidades, su saber estar y hacer. Lo público y lo privado se conjugan en la imagen del arquitecto en su casa, que hace ver que no trabaja, relajado, absorto, tranquilo -sonriente, sentado o no, pero sin nada en manos que denote su actividad profesional. Tan exitoso es que puede dedicarse un tiempo al dolce farniente. La imagen de un arquitecto abrumado, desbordado por el trabajo  -lo que denota falta de previsión y una deficiente organización, cuando no la imposibilidad de disponer de ayudantes eficientes que solventan los trabajos ideados por el maestro-, no es “glamurosa” y no destila confianza, como si el arquitecto no tuviera los medios y los conocimientos suficientes para que los proyectos “anden” por sí mismos: el arquitecto tiene que excusar charme y nonchalance,  que no es lo mismo que desinterés o hastío. Savoir faire, savoir vivre. Mas, la imagen es, en verdad, la de un vendedor al acecho, vestido para la ocasión, a la espera de un cliente, con la confianza en el poder publicitario de la imagen. La mirada hacia la cámara así lo denota. Los ojos del arquitecto taladran a quien contempla la fotografía. Así serás si me contratas, aunque nunca llegarás a ser lo que soy..

Los arquitectos somos grandes actores. Desplegamos aura. Por eso, los dioses siempre han sido arquitectos. Requiescat in pace.





Esto no es una vespasiana




Foto: CA, Barcelona, abril de 2026, a quien agradecemos el envío de esta ilustrativa fotografía sobre la amplia gama de actividades en el espacio urbano 


Dada la prohibición de orinar en calles y plazas de París, el municipio decidió, a mitad del siglo XIX, instalar unos urinarios públicos metálicos, disimulados tras una placa metálica, llamados vespasianas en honor al emperador romano Vespasiano quien creó  un impuesto sobre la recogida de orina en las calles, un líquido muy útil, por su contenido en amoniaco, para desengrasar la lana, antes de tejerla. 

Las vespasianas fueron populares en algunas ciudades europeas, en Barcelona, por ejemplo, hasta su sustitución por cabinas cerradas. Obviamente solo eran útiles para varones, y no permitían evacuar aguas mayores.

En el presente caso, no se trata, sin embargo, de una “performance ”, una pose para foto publicitaria de la ciudad recurriendo a la popular figura de belén -un “caganer”2, un anuncio, un hombre estatua, ni es una imagen creada por IA.

En Barcelona, Paseo de Gracia, sábado 4 de abril, 19 horas