sábado, 7 de marzo de 2026

No - lugar

 Las últimas salas de la colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, dedicadas al siglo XXI, que la anterior dirección del centro organizó, no fueron las más acertadas: exponían pancartas, banderas y folletos políticos, convertidos en obras de arte, musealizados, momificados, perdida su función propagandística y de protesta, si bien su calculada distribución desordenada en las salas no desmerecían de la presentación del resto de la colección. Podido tener interés o suscitar desinterés, pero estaban muy bien, y astutamente, colocadas y no dañaban física y visualmente el espacio que acogía bien el material expuesto. La estructura de las salas y su articulación habían sido respetadas. Éstas, en su origen, no formaban parte de un museo, sino de un hospital o un hospicio. Pero en ningún caso, las obras entraron en conflicto con el lugar que podía ser apreciado o no, admirado o no, pero nunca negado. Se hizo lo que se pudo y se pudo mucho.

El final de la colección permanente, referida a finales del siglo XX ha vuelto a replantearse: obras, textos y montaje han cambiado.

Una exposición es una disposición de obras en el espacio, obras que tienen que relacionarse con las que las acompañan, y con el lugar en el que se manifiestan. El espacio entra o no en resonancia con las obras. Una mala relación puede silenciar las obras, y éstas ningunear las salas. Una colección no es un conjunto de obras sueltas, maestras o no. Su maestría no viene dada, sino que se construye y se manifiesta en la relación que una obra teje con las que las acompañan y con el lugar. Tienen que hallar su lugar en la secuencia de obras y de salas.

La presentación actual, definitiva, introduce paneles que se confunden con los cuadros colgados de aquéllos, y que recuerdan los que se utilizan en las oficinas, paneles de quita y pon, sin grosor, sin cuerpo, que parecen propios de un montaje provisional, y que desentonan con la arquitectura barroca, sin que se sepa muy bien porque se han instalado. Si de algo no adolece el museo es de muros con entidad, que infunden casi un excesivo respeto. Pero que merecen un respeto. Y un panel no es un muro. Es un objeto suelto, desarticulado, que no compone ni estructura un espacio. Es un recurso de última hora, útil es una muestra temporal, en una feria, pero que no tienen sentido en una construcción barroca. Sobre todo si dichos paneles se colocan como si fueran esculturas, sin relación con el lugar.

Las películas pueden ser obras de arte. Requieren un tiempo y un espacio. Una atmósfera. Una sala oscura. Proyectadas en un pasillo sobre una pantalla traslúcida, a plena luz, por la que se transita, es una muestra de involuntario desprecio hacia la película que se ve o no se ve desde una caricatura de gradas en las que casi nadie se asienta, porque la película se pierde en el espacio de tránsito.

Un museo posee pasos y salas. Los pasos configuran zonas de paso. Se circula, no se contempla. Nadie se detiene en una zona de paso. No tiene sentido. Utilizar una rampa para colgar a ambos lados fotografías significa que dichas obras no merecen mayor atención y se cuelgan como decoración o atrezzo. Lo mismo ocurre con obras ubicadas en espacios que conducen a los servicios.

Si algo caracterizaba la anterior disposición de la colección era su perfecta colocación de las obras en el espacio. Dignas o indignas, con textos claros u abstrusos, presentadas como meras ilustraciones de textos o como obras que daban pie a reflexiones, su exposición tenía en cuenta el lugar donde se exponían y en compañía de quien se mostraban. Seguramente algunas obras empalidecían en los almacenes. Tal como se presentaban adquirían dignidad y empaque y dignificaban el espacio. Todo esto se ha perdido… a cambio de, posiblemente, nada.  


https://elpais.com/babelia/2026-03-07/demolicion-en-el-reina-sofia.html


Agradecimientos a HT y AM por sus reflexiones.

Y a RA por sus consideraciones sobre los llamados “no lugares” 

 


viernes, 6 de marzo de 2026

MONA HATOUM (1952): JAULA, 2019




Foto: Tocho, ARCO, Madrid, marzo de 2026

Una pequeña jaula de pájaros adquirida en Atenas -la “patria” de la democracia.

Jaula: en latín cavea, un recinto o una cavidad para encerrar animales salvajes, y las gradas de un teatro o un anfiteatro desde donde el público asiste a una representación y descubre el drama que se escenifica ante sus ojos.

En su interior, dos ovillos compuestos por mechones. El pelo es una reliquia. Remite a quien lo poseía. Cuando el cuerpo fallece, el pelo sigue vivo un tiempo, crece y perdura. La persona sigue, de algún modo, allí presente. El pelo es un signo de identidad; y de vigor, de fuerza y de valor. La humillación, por el contrario, pasa por rapar la cabeza. Y la pérdida del pelo conlleva la inmediata debilidad de la persona.

Dos ovillos en una jaula. ¿Una pareja, acaso?  Puede haber hallado un refugio seguro detrás de unos barrotes, que corten el paso a quien pudiera causar el mal, pero pudieran igualmente haber quedado encerrados, habiéndose el hogar transformado en una cárcel.

La artista libanesa Mona Hartoum deja la puerta abierta a interpretaciones opuestas. No fuerza ninguna lectura.
La situación del Líbano, hoy, apunta, sin embargo, inevitablemente hacia una determinada visión.

Otra gran obra, de pequeñas dimensiones, expuesta en la feria ARCO, en Madrid, este año.

corten el 
 

SAJID WAJID SHAIKH (1989): HOME? (¿HOGAR?, 2024)







 

Fotos: Tocho, ARCO (Madrid), 2026


Sobre una construcción inestable de ladrillos rotos, fragmentos de mármol de un santuario islámico en la India, intencionadamente destruido. La pequeña y amenazada comunidad musulmana es el objetivo de este atentado en aquel país de mayoría hinduista.

Una pesada almádena metálica cuya cabeza tiene la forma de una casa con un tejado a sus aguas, sin puerta ni ventanas, un volumen ciego y macizo, evoca bien la destructiva función del útil: demoler casas y santuarios para desestructurarlos y ahuyentar pequeñas comunidades, desestabilizadas por la pérdida de centros comunales. 

Sobre estos fragmentos, unos grabados representan casas. Bien mirado, éstas son imposibles. No caben en la realidad; no pueden tener realidad alguna. Son ilusiones, que dicen bien de la pérdida de ilusión de una comunidad. Sus viviendas ya solo existen en sueños. Figuras irreales inscritas en ruinas. Unos trazos inscritos en el mármol que no constituyen casa alguna, que no llevan a nada. El golpe recibido ha quebrado cualquier sueño de una vida asentada.

La obra de Sajid Wajid Ahaikh es posiblemente la más sugerente y potente expuesta en la actual feria ARCO en Madrid. 


jueves, 5 de marzo de 2026

MIGUEL FISAC (1913-2006): IGLESIA DEL ESPÍRITU SANTO (1942)


















 

Fotos a color: Tocho, marzo de 2026


¿Cómo juzgar un “buen” edificio -por su relación con el “tejido” urbano, con el entorno, por su volumen, su fachada, sus proporciones, su material, su estado de conservación, cierta contención- cuya construcción conllevó la mutilación de un muy buen edificio existente? Los nombres de los arquitectos, y su carrera también condicionan el juicio. En un caso, además, uno de los autores acabó proscrito por ambos “bandos”.  

La política puede incidir en el juicio estético. El destino del templo, perteneciente a una secta católica, quizá tiña aquél. 

Mas, ¿podemos o debemos juzgar hoy, con criterios y valores actuales, decisiones y obras tomadas y llevadas a cabo hace sesenta años, en tiempos de postguerra y de durísima represión? El arquitecto posiblemente lograra el encargo por su afección a dicha secta -y su desafección final pudo haber acarreado que el destino de su última obra hubiera seguido los pasos de lo que él desfiguró medio siglo antes. 

Dudas y preguntas que matizan mucho la visión y la opinión -la interpretación- de la obra.

 Una respuesta prudente podría valorar el edificio externamente; parcialmente. El interior, más cercano a los dictados del concilio de Trento que del puritanismo protestante -pese a la admiración que sentía el arquitecto por creadores nórdicos-, en cambio, difícilmente logre una admiración unánime. 

¿Se pudo construir con independencia de la ideología, empero, en la postguerra? Y las dudas vuelven a aflorar. O, dicho de otro modo, el juicio tiene que tener en cuenta, valorar o desechar, pero no desconocerlos, todas esas preguntas.

Por fin ¿cómo  comparar dos edificios, uno de los cuales solo se conoce por fotografías, mientras el otro, cuya existencia conllevó la inexistencia violenta del anterior, luce aún hoy de manera impecable?

El auditorio de la Residencia de Estudiantes, obra maestra de los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, de 1933, fue condenado al acabar la guerra civil. La institución estaba relacionada con la Segunda República, y con una enseñanza laica. 

El arquitecto Miguel Fisac recibió el encargo de implantar un templo en la estructura desacralizada de la Residencia Universitaria. Dicho templo iba a aplastar el auditorio de la misma. Éste no fue destruido. Pero sufrió una transformación tal que hoy es irreconocible. Un auditorio podría confundirse con un templo. Pero seguramente no debía. Mutó, pues, en lo que es hoy: una iglesia de estructural basilical, cuyo interior presenta un interés muy limitado (siendo educado o prudente), salvo en la sorprendente bóveda, elevada vertiginosamente, como un pozo de luz, sobre el altar.

Dada la adscripción a una secta escasamente aficionada a los edictos del Concilio Vaticano II, el templo sigue atrayendo a fieles incluso en días no festivos, a horas laborables. Pero la edad de los fieles augura que, un día, en un futuro que se augura relativamente próximo, el interior quede desierto para siempre, y la puerta se cierre por última vez. Entonces….


Una apasionante exposición, muy bien documentada, articulada y explicada, en la histórica Residencia de Estudiantes, en Madrid -que, sin duda, será votada merecidamente como una de las mejores, o la mejor, del año en España-, titulada Intolerancia. España en una época convulsa 1914-1945, con un despliegue inimaginable de documentos originales y reproducidos (libros, folletos, carteles, postales, cartas, notas, etc.), fotografías, obras y filmaciones, amén del vértigo que suscita su inquietante actualidad pese a referirse a hechos que en algunos casos acontecieron hace más de un siglo, invita hoy a pensar en lo que significa la construcción de la Iglesia del Espíritu Santo y a enjuiciarla -enjuiciando la decisión de su proyecto :

https://residenciadeestudiantes.com/exposiciones/intolerancia-espana-en-una-europa-convulsa-1914-1945


miércoles, 4 de marzo de 2026

Lo más destacado de ARCO (Madrid, 2026)

































 Fotos: Tocho & HT, Feria de Arte Contemporáneo ARCO, Madrid, marzo de 2026