Fotos: Tocho, Cy Carlberg Glyptotek, Copenhagen, mayo de 2026
El museo arqueológico de Copenhague, llamado Gliptoteca o colección en su gran mayoría de esculturas en piedra, posee una sorprendente muestra de “retratos” -casi todos funerarios, junto con alguna estatua de culto- egipcios, griegos y romanos.
Casi todas las figuras, a excepción casi mágica de una cabeza de Alejandro el Magno y una estatua de cuerpo entero de Antinoo -dos humanos divinizados-, poseen rostros tumefactos, desfigurados: heridas, mutilaciones, ojos violentamente arrancados , dejando hondas cuencas vacías, labios partidos, mejillas hundidas y cabezas fuertemente golpeadas.
Este muestrario de daños infligidos a una imagen -o a un doble- no afectan solo a las obras del museo danés, como si este hubiera coleccionado obras en mal estado. Toda la estatuaria antigua ha sufrido, no solo el inevitable desgaste temporal, sino que ha sido intencionadamente mutilada, en un intento de atentar contra el personaje histórico del que la estatua constituye un doble perdurable.
En la mayoría de los casos, sin embargo, a partir del siglo XVII, las estatuas fueron restauradas; incluso vueltas a tallar parcialmente. La falta de miembros, de narices o labios fue compensada. Las heridas disimuladas, en un intento de revertir el tiempo y de devolver una supuesta prestancia a una estatuas idealizadas. Un insólito trabajo de cirugía estética para garantizar la inmortalidad de la estatua -y del personaje encarnado.
A diferencia de otros museos, la Gliptoteca ha retirado todos los añadidos -que se conservan, sin embargo, agrupados en lo que irónicamente el museo denomina narizteca. Añadidos que actuaban como parches o máscaras, disimulando las laceraciones, como si las estatuas hubieran gozado siempre de una admiración respetuosa y rendida, por encima de los mudables gustos humanos.
Hoy, las estatuas despojadas revelan las vidas que han padecido, y su extraordinaria resistencia, manteniendo la dignidad y su capacidad hipnótica, pese a todos los intentos de acallarlas, cegarlas y derribadas.
Estas estatuas dicen mucho de nuestra conflictiva o pasional relación con las imágenes naturalistas.






























