domingo, 12 de abril de 2026

HASSAN FATHY (1900-1989): EL CUENTO DE LA CELOSÍA (OBRA DE TEATRO EN CUATRO ACTOS, EL CAIRO, 1942)



 Dibujos de Hassan Fathy


¿Una obra de teatro escrita por un arquitecto? Desconozco cuántas existen. 

Mas, una al menos sí se conoce, aunque escasamente conocida sea -al menos fuera de Egipto o de la cultura arquitectónica árabe moderna.

En 1942, el arquitecto egipcio Hassan Fathy (uno de los mejores arquitectos del siglo XX, teórico a la vez que proyectista), formado en el estudio del arquitecto griego Doxiadis, en Atenas, escribió una obra de teatro: entre un cuento “oriental” -las referencias explícitas a los relatos de las Mil y una noches noche no escasean- y un diálogo filosófico, parecido a los diálogos de Platón, también con una estructura de texto teatral.

Los cuatro actos de la obra, de atmósfera y estructura muy distintos, casi cuatro relatos independientes, narran un diálogo cada vez más tenso, en una tienda de anticuario en un barrio antiguo de El Cairo, entre unos ricos negociantes occidentales y el dueño del negocio, acerca de una antigua celosía extraída de las ruinas de una casa medieval: una finamente tallada celosía, con motivos únicos, que los negociantes, cada vez más amenazantes, quieren adquirir a precio de saldo, pese a -o débito a- la singularidad de este elemento arquitectónico tradicional caído en desuso en la arquitectura moderna egipcio, marcada por procedimientos constructivos industriales, en los que no cabe el tiempo, la inventiva y la dedicación requeridos para tallar la madera, ensamblar y encajar una multitud de diminutas piezas labradas hasta conformar una fina y compleja trama que filtra la luz, detiene el hiriente sol y activa el paso del aire, humedeciéndolo gracias a un búcaro lleno de agua depositado en el alféizar, como comenta un personaje. 

El segundo acto se retrotrae seis siglos para narrar el encuentro entre un joven solitario fascinado por una celosía, que parece emitir música a medida que el viento se enrosca en los enrevesados vanopartes, y una princesa que desde el interior lo observa extática sin ser vista. La celosía los une y los separa.

Un tercer acto une miembros de la acaudalada sociedad de El Cairo en una casa tradicional en la que chocan usos y útiles modernos con costumbres y modos de vida tradicionales, bendecidos o anticuados, ajenos a los tiempos, para bien y para mal, una fiesta que termina abruptamente entre la acrimonia y el reproche.

Ls historia, cada vez más sombría, concluye con una violenta y terrorífica pesadilla que compone el cuarto acto. 

Una celosía capaz de envenenar y de fascinar vidas, trastocadas por el embrujo que causa y alberga.

Esta obra de teatro, escrita en árabe, de la que se conocen recientes traducciones al francés y al inglés, poco conocidas, expone, bajo el velo de un cuento, una descarnada confrontación entre traducción y modernidad, entre tiempo y eternidad, entre oriente y occidente, un debate triste y agrio, desesperante y necesario, que concluye, en verdad, más que con una doble derrota, con un sutil encaje, como en una celosía, entre dos visiones de la arquitectura y el espacio interior -asociado, reflejo y condicionante de maneras de concebir las relaciones humanas y con el mundo-  y, en suma, de la vida. 

Entre el encuentro y el encontronazo, con víctimas de por medio, hasta hallar un equilibrio que se adivina frágil y posiblemente temporal y revocable, tenso y expuesto como el invisible hilo de una tela de araña.

Un hermoso y lucido texto, quizá más actual que nunca.


https://access.archive-ouverte.unige.ch/access/metadata/55da4dc8-fa0d-4912-a5a2-e2ecc05350e0/download

https://www.archnet.org/publications/6527


Obra leída en francés. 

Existe una traducción en inglés, en una obra dedicada al autor, Hassan Fathy, que no se encuentra en biblioteca alguna en España. Las bibliotecas más cercanas que las albergan se hallan en Bolonia y en Venecia. Otras bibliotecas universitarias de Harvard (Cambridge, Mass., EEUU),  de Arabia Saudí, Emiratos Árabes y Jordania.

sábado, 11 de abril de 2026

Mi’mar o el arquitecto

 El gran arquitecto turco en el imperio otomano, en el siglo XVI, admirado por Miguel Ángel, y autor de las mejores mezquitas -más hermosas, mejor proporcionadas, más depuradas y estilizadas, y más integradas en la enrevesada trama urbana de origen romano- de Estambul se llamaba Sinan. Mimar Sinan.

Mimar es un nombre propio; pero en este caso es un nombre común. Designa la profesión de Sinan: arquitecto.

Mi’mar, en árabe (una palabra pasada al turco), procede de una raíz formada por tres consonantes:  ع م ر (ʿayn - mīm - rā), que ha dado lugar a dos grupos de palabras estrechamente relacionadas. Designan dos verbos, nombran dis acciones: vivir, por un lado -vivir una larga vida-, y habitar por otro.

La concepción del arquitecto en el mundo semita no se desmarca de la concepción griega. Si la palabra arquitecto incluye el radical arkhe (αρχη), que significa principio u origen (vital), y convierte al arquitecto en un creador de vida, o de las condiciones para que la vida se enraíce, la palabra árabe va aún más lejos: el arquitecto crea las condiciones para que la vida sea, y ésta solo prende en una tierra habitable: un hábitat. 

La vida no se concibe fuera del espacio compuesto, delimitado y ordenado. La casa alumbra la vida. Fuera, a la intemperie, la vida no prende o se extingue.

El acento pasa del arquitecto, como ocurre en Grecia, a su obra. Lo que establece el marco para que la vida sea no es el arquitecto, sino su creación. Ésta es capaz de alumbrar y acoger la vida. La casa es un ente animado: un ser. Un arquitecto es el agente, pero lo que agencia es donde reside lo que causa y protege la vida. 

Arquitecto puede ser cualquiera que construya una casa. Todo aquel que construye su casa lo es: se construye una vida, se dota de ella. Y recibe el nombre de mi’mar solo si la casa es capaz de generar vida.

Pero la vida en la tierra requiere unas condiciones. Éstas también se asocian a la casa. Son las virtudes del espacio doméstico. Reciben, en árabe, el nombre de umran. Esta palabra se suele traducir por civilización. Pero ésta resuena en nosotros de un modo que no es lo que la palabra evoca en verdad. La civilización se aparta de la barbarie. Esta se asocia a la naturaleza, entendida como una fuerza infinita, aún no domesticada; una fuerza no sometida a leyes.  Mas, ‘umran evoca una realidad muy distinta. Lo que llamamos civilización conlleva el apego y el respeto a la naturaleza y a sus “leyes” en tant que expresión de una voluntad sobrenatural. 

La casa aparece así como un contenedor de virtudes naturales, no contaminadas. Se define así como el lugar en el que se puede vivir de acuerdo con los ritmos naturales, es decir, en armonía con los deseos y edictos de lo alto. 

En la casa se produce el encuentro entre las emanaciones de lo alto y la receptividad natural, que permite vivir en sintonía con el mundo. La casa no es un mundo, sino el mundo, un lugar donde confluyen las virtudes o normas que regulan la vida y permiten una larga y provechosa (una palabra asociada al radical m-r) vida.

Sin casa no se es nada. La casa es un sueño -aunque muchas sean hoy pesadillas.


Agradecimientos a la arquitecta Maroua Ben Kiran por los consejos sobre vocabulario y transliteración del árabe. 

viernes, 10 de abril de 2026

Perspectiva y perspicacia

 La teoría del arte renacentista enunció que un cuadro era (como) una ventana: un marco que encuadraba una vista. Una parte del mundo quedaba desgajada y ofrecía a la contemplación del pintor y del espectador.

Para poder componer el cuadro, el pintor debía situarse ante la ventana (virtual) y asomarse an ella. Lo percibía dependiendo de cómo se situaba ante aquélla: su posición y la distancia a la que se ubicaba. Lo que descubría no era lo que “es” sino lo que se le mostraba en función  del lugar que ocupaba. La escena se sometía a su disposición, su predisposición. La escena atendía a sus deseos. El mundo servicial.

La ventana ideal establecía una frontera o un muro -en el que se inscribía dicha ventana- entre el espacio ocupado por el pintor y lo que se hallaba fuera, más allá del marco. El pintor y la imagen que percibía no se hallaban en el mismo espacio. Aquel se ubicaba, necesariamente, en un interior, y lo que descubría y comunicaba se encontraba al aire libre -difícilmente en otra estancia: los interiores se comunican a través de puertas, no de ventanas, y raramente, si es que hubiera acontecido alguna vez, el pintor miraba desde fuera, a través de una ventana, hacia un interior. 

El espacio interior era consustancial con el pintor. Lo acogía, lo envolvía; era su lugar. Formaba parte de su existencia en el mundo. Lo que percibía y reproducía, en cambio, era siempre, un espacio distinto y distante, como si el pintor se retrotrajera, se recogiera en un lugar que solo comunicaba con el mundo exterior a través de la ventana, es decir del cuadro. 

La pintura renacentista, en perspectiva, alejaba al artista del mundo. Éste se retiraba en su mundo, desde el cual oteaba lo que acontecía más allá del marco. 

La palabra perspectiva viene del verbo latino perspicio, un verbo compuesto que significa mirar a lo lejos. Con la perspectiva, el sujeto se distancia del objeto -el objeto de sus agencias-. Hoy, observar con perspectiva implica una retirada para tener una “buena” vista de un tema.  

Mas, el alejamiento no implica pérdida alguna. Los detalles (significativos) no se diluyen. Al contrario, la salida del mundo facilita su estudio. El mundo se vuelve un motivo, del que ya no formamos parte. El latín perspicio implica perspicacia: una mirada atenta, escrutadora, que somete el mundo a su punto de vista, obligado a descubrirse. Perspicio significa incluso prever: ver no solo más allá, más allá del horizonte, sino ver ya lo que aún no es. 

La pintura renacentista pone en mundo a disposición del artista quien lo escruta sin implicarse en el funcionamiento de aquel. Está más allá o por encima de ésta. Ha levantado una barrera y, al mismo tiempo, ha abierto una venta para mirar y estudiar. El mundo ya no lo envuelve, sino que se dispone como en la escena de un teatro, encerrado en la boca del escenario, el marco de la ventana, el cuadro. El corte en el mundo es inevitable. Ya no formamos parte del mundo, sino que el mundo es nuestra posesión. Dócil. Con el que podemos hacer lo que deseemos: cuidarlo, maltratarlo o ningunearlo.Y hasta hoy. Un sistema compositivo convertido en un arma con el que desprenderse del mundo para dominarlo mejor.





Con la perspectiva el mundo siempre se ve a través de una ventana. Es decir desde un interior 

jueves, 9 de abril de 2026

Asurbanipal (conferencias en CaixaForum, Madrid, abril, septiembre de 2026

 






CaixaForum Madrid ha programado diversas actividades para expandir la experiencia de los visitantes interesados en Asurbanipal, rey del mundo, rey de Asiria, exposición que recorre uno de los grandes imperios de la Antigüedad. Entre ellas se encuentra un ciclo de conferencias que ofrece una mirada completa al mundo neoasirio: desde su historia política, sus ciudades y palacios, hasta su descubrimiento en época moderna y la fascinación estética que generó en Occidente.

Las sesiones combinan arqueología, arte y lectura crítica de las fuentes, e incluyen una perspectiva actual que visibiliza a mujeres, eunucos y otros actores a menudo ocultos. El programa muestra cómo Asiria ha sido comprendida, reinterpretada y reinventada a lo largo de los siglos.

El ciclo se ha realizado en colaboración con Pedro Azara, arquitecto, investigador, comisario y profesor de estética, y miembro de la misión arqueológica de Qasr Shemamok (Iraq) desde 2012.

Actividades del ciclo:

En paralelo, y a raíz del del ciclo de conferencias comisariado por Pedro Azara, CaixaForum+ tendrá disponible un ciclo de películas que habla de la influencia que la cultura mesopotámica ha tenido en el cine. 


miércoles, 8 de abril de 2026

Mesopotamia en el cine






 https://caixaforumplus.org/s/asurbanipal-caixaforumplus


¡MENE, MENE, TEKEL, UPHARSIN!

Mesopotamia en el cine.

 

Belsasar, rey de Babilonia, invitó a un gran banquete a mil de las altas personalidades de la nación; y, durante la comida, el rey y sus invitados bebieron mucho vino  (…) Todos bebían vino y alababan a sus ídolos, hechos de oro, plata, bronce, hierro, madera y piedra.

En aquel momento apareció una mano de hombre que, a la luz de los candiles, comenzó a escribir con el dedo sobre la pared blanca de la sala. Al ver el rey la mano que escribía, se puso pálido y, del miedo que le entró, comenzó a temblar de pies a cabeza. Luego, se puso a gritar y llamar a los adivinos, sabios y astrólogos de Babilonia…”

 

Mene, Mene, TekelUpharsin (Contado, contado, pesado, dividido), es la maldición que la mano de Yahvé escribió en una de las paredes de la sala de banquetes del rey babilónico: una bíblica escena terrorífica, que anunciaba el fin del imperio babilónico que ya no iba a tener peso alguno y se desmembraría, que el cine no ha dejado escapar.

A ojos de Occidente, el Próximo Oriente antiguo, centrado sobre todo en la ciudad de Babilonia, maldecida en la Biblia, ha sido percibido como un mundo de excesos, crueldad, corrupción y decadencia, personificada en la figura de la mítica reina asiria y babilónica Semiramis. Es decir, un mundo cinematográficamente atractivo en el que el misterio y el horror se conjugan, como ya retratara una de las primeras grandes películas de la historia, Lcaída de Babilonia, de D. W. Griffith, y la fascinante serie de peplums, de los años cincuenta, tras la Segunda Guerra Mundial, y en pleno auge de los irracionales miedos a lo desconocido que atenaza a Occidente. Una versión partidista y deformada que ha marcado y lastra el imaginario occidental del Próximo Oriente, como se percibe, precisamente, en estos días.

 

Notas:

Una última película, acabada de restaurar, otro conocido peplum , Los 7 rayos de Assur, de Silvio Amadio, de 1962, se incorporará a finales de semana.

La caída de Babilonia, de D.W. Griffith, es una obra maestra de los inicios del cine.

Por un tema de derechos, no se ha podido incluir otra obra maestra, más reciente, la terrorífica película de William Friedkin: El exorcista, de 1973, cuya larga primera escena se rodó en el yacimiento de Hatra en el norte de Iraq.

Caixaforum + es una plataforma gratuita. Ofrece un ciclo de cube sobre Mesopotamia, hasta agosto de 2028, relacionado con la exposición itinerante sobre el emperador neo-asirio Assurbanipal, organizada por el Museo Británico de Londres, que los centros CaixaForum presentarán desde este mes de abril sucesivamente en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Zaragoza.


El león alado que voló: un Lamassu en la Lonja de Mar en Barcelona (2026)

 Nota: El artículo se encuentra en:


March 2026
Journal of Eastern Mediterranean Archaeology and Heritage Studies Cover Image for Volume 14, Issue 1


Enlaces activos durante noventa días


TEXTO COMPLETO


The Lion That Flew Away: The Lamassu in the Llotja del Mar, Barcelona Available to Purchase

Journal of Eastern Mediterranean Archaeology and Heritage Studies (2026) 14 (1): 104–119.




ABSTRACT

It was an exceptional event in the Spain of the second half of the nineteenth century: The Provincial Academy of Fine Arts of Barcelona acquired a plaster replica of a large Neo-Assyrian lamassu, among other replicas, in London. The copy was the work of the Italian company Brucciani, which produced copies of and for British museums. Such purchase did not happen on a whim. The training of students of fine arts and architecture was based on drawing and the study of classical works, thanks to plaster replicas. Lessons included, from the mid-nineteenth century, detailed sessions on the art of all ancient cultures, including the cultures of the ancient Near East, when Western archaeological missions, but not any Spanish ones, were just starting in the Ottoman Empire. This article follows the history of this unique acquisition, until the disappearance of the replica, despite its size, perhaps during the Spanish Civil War.

lunes, 6 de abril de 2026

Minerva


 

Foto: Tocho, Barcelona, abril de 2026


Giró la cabeza y puso ojos como platos: aún no se creía lo que había visto a sus espaldas.