domingo, 13 de septiembre de 2026
Al pot petit hi ha la bona confitura: Nicolás Rubió Tudurí (1891-1981) y los jardines miniatura
sábado, 12 de septiembre de 2026
….y dos huevos duros
https://www.instagram.com/reel/DdE5vq0xiAC/?stkn=dzVwOXBwOXV5enJx
Atrévanse a mirar este anuncio.
Cualquiera se arriesga a decir no a esta oferta
Lo que le espera, sino ….
La música es La cabalgata de las walkirias, de Richard Wagner, que suena en la película Apocalipsis now, de Francis Ford Coppola….
Scopusito de mi vida….
Salvo excepciones, honrosas o no, no es de esperar que los escritores, en general, tengan los bolsillos llenos. Ocurre lo mismo con los profesores. Por mucho que, además de dar clases, corregir exámenes y dirigir tesis y tesinas, den charlas y conferencias y redacten informes, tampoco se les supone una abultada cartera. Por tanto, un timador avispado no debería seguir la pista de estos dos colectivos. El olor a dinero, que lo tiene, no les sigue o les precede.
Mas, un profesor universitario necesita publicar si quiere tener un contrato y ejercer. A toda costa. Las evaluaciones anuales, las inscripciones a concursos u oposiciones para una plaza fija, las mejoras contractuales y de sueldo, requieren un currículum lo más completo y variado posible: las publicaciones juegan un papel imprescindible en las posibles promociones laborales. Sin tres congresos y cinco publicaciones anuales, al profesor solo le quedan las suplencias ocasionales, siempre a última hora, y las correcciones de centenares de ejercicios de incierta o indescifrable letra, sin posibilidad de ascenso que garantice cierta estabilidad.
Publicar. Pero no en cualquier revista o editorial. Solo los llamados medios indexados permiten abultar el currículum. Cuanto más pese, más se avanza en la carrera. Un medio indexado es un medio escogido, citado en determinados índices reconocidos principalmente por las universidades norteamericanas privadas. Son cuatro los índices más aceptados. Sin embargo, que una revista esté indexada no conlleva automáticamente que lo que publica sea de inmediato valorado. Cuenta también el puesto que ocupa la revista en estas listas. Si ésta no se halla entre el primer de los cuatro tramos en los que se estructuran las clasificaciones, poco valor tendrá la publicaciones y escaso rendimiento académico, es decir reconocimiento, que da lugar a un aumento de sueldo, se sacará de la publicación de un texto en dicha revista. Los profesores, desde hace unos años, han sustituido el catecismo o las tablas de la ley por la Web of Science y el Scopus (los abracadabras, de enigmático, esotérico nombre, que hoy abren o cierran puertas, verdaderas plegarias de las que abominamos -aparta este cáliz-, y que murmuramos implorando su benevolencia), las biblias que determinan la vida universitaria y la posibilidad de supervivencia o promoción en el mundo académico y universitario. Lo único que se valora no es lo que uno escribe ni cómo escribe, sino dónde publica.
Publicar es el maná en el desierto universitario. Se aguarda como agua de mayo. La aceptación de un artículo por parte de alguna revista puede tardar años. Dicha aceptación depende del juicio de dos evaluadores; cuyos criterios son, inevitablemente, subjetivos.
Existe, sin embargo, un atajo, que permite prosperar y ascender con rapidez en el competitivo mundo académico, y tomar la delantera, imprescindible si se quiere llegar a tiempo y el primero en una convocatoria de oposiciones a una plaza más o menos fija, a fin de obtener un contrato que no sea temporal: abonar; pagar por la publicación: entre dos y cinco mil euros o dólares. Preferentemente en China y la India.
Todo profesor, y cualquier persona que haya publicado en una revista que sea el ¡Hola!, recibe, a veces diariamente, ofertas de revistas, editores, agentes literarios y supuestos clubs de lectura que garantizan una publicación exitosa y una difusión masiva, a cambio de….. el modelo de la oferta es siempre el mismo: la alabanza de un artículo ya publicado, destacando sus bondades -una recesión y una valoración realizadas por un programa de inteligencia artificial o IA-, y un ofrecimiento de publicación garantizada de un nuevo texto, sea cual sea, con la máxima rapidez y la mayor divulgación, o la promoción de un libro ya publicado, lo que redundará en la mejora de las ventas. Estás generosas promesas requieren, explican los promotores o agentes, un esfuerzo por parte de la sufrida editorial o el club de lectura. Por lo que piden que el autor o el profesor, que tanto beneficio vaya a extraer de este inesperado regalo, contribuya económicamente con una cantidad de dos o tres cifras, lo que se pide y se detalla una vez el acuerdo alcanzado y firmado entre la revista, la editorial o el club de lectura, y el necesitado autor o profesor, que ya calculaba cuántos puntos obtendría de cara a la mejora de su currículum con vista a un concurso o una oposición con el que mejorará sus honorarios o su sueldo que, en el mundo de la educación pública española, ya sabemos a lo que equivale…
Y así, cada día, llegan ofertas cada vez más tentadoras que prometen la llave que abrirá las puertas del cielo del mundo universitario y el alejamiento temporal o definitivo del infierno de la irrelevancia del profesor o del autor que saca la lengua en las carreras de obstáculos en que se ha convertido la vida universitaria, en la que los catedráticos, como los antiguos capataces, siguen haciendo de las suyas, ascendiendo o humillando a quienes luchan por un sueldo digno y una labor reconocida.
¿Dar clases de la manera como mejor se intenta, tratar de mejorar como docente, explicar y estar atento, escuchar y aclarar sin condescendencia? Por favor, eso no tiene valor alguno. Es una aspiración de otra época, qué no nos enteramos…
viernes, 11 de septiembre de 2026
MOUNIR FATMI (1970): SAVE MANHATTAN (SALVEMOS -SALVAD- MANHATTAN, 2004)
Célebre obra escultórica efímera, del artista marroquí Mounir Fatmi, sobre los mortíferos atentados en NuevaYork el 11 de septiembre de 2001 (tres mil muertos al momento, y nueve mil hasta hoy, por los componentes cancerígenos de los materiales utilizados en la obra, y por la falta de protección que sufrieron quienes trataron de salvar vidas tras los intencionados choques).
La arquitectura como la larga sombra de la literatura; ésta, como la madre de la arquitectura, constituyendo una barrera contra el daño inflingido a la comunidad, a una ciudad, y que se interpone también contra la presencia invasiva de la obra de los arquitectos.
Si solo fuera verdad que la literatura pudiera impedir la barbarie -de quienes construyen y de quienes destruyen, aniquilando vidas e ilusiones.
jueves, 10 de septiembre de 2026
Ídem
Ídem es una palabra comúnmente utilizada en textos teóricos (históricos, filosóficos, etc.) que requieren notas a pie de página o finales que contengan referencias bibliografías. Dicha palabra, de origen latino, significa lo mismo. Y se recurre a ella cuando una nota contiene la idéntica referencia ya enunciada previamente, líneas o páginas antes, en una nota anterior. Ídem evita tener que repetir todos los datos bibliográficos. El lector solo tiene que revisar notas anteriores hasta dar con la primera referencia bibliográfica.
Está palabra indica que la nota destaca que la referencia se halla en un libro, una edición, y una página, incluso una línea mencionada anteriormente. Si hubiere el menor cambio de página o de párrafo, la expresión, también abreviada, habitualmente utilizada es, también latina, pero abreviada op. cit.: obra cuyo título ya se ha citado, aunque el detalle de la página no es el mismo que en una nota anterior. Existe pues, un mínimo cambio. No así cuando se emplea la palabra ídem.
Ídem marca la total igualdad: la copia perfecta, punto por punto. De hecho la palabra ídem indica que la referencia es idéntica a una o unas anteriores, pero distinta de todas las demás. Ídem juega con la identidad y la diferencia, en ambos casos absolutas.
El sugerente cartel reproducido anuncia una festividad, y seguramente una procesión o una manifestación, es decir un conjunto de seres juntos pero no revueltos, partícipes o protagonistas de un mismo acontecimiento político, religioso, deportivo, etc.
Los asistentes no se reconocen o se identifican por sus rasgos faciales, sino por sus huellas dactilares. Éstas son personales. Se componen de unas finas líneas que componen una red inconfundible. Cada persona posee huellas únicas. Nadie las comparte con otra u otras personas. Gracias a las huellas, estampilladas en el carnet de identidad -volvemos a esta palabra o concepto-, junto con una fotografía del rostro, un retraso compuesto según criterios fijos preestablecidos, el carnet comunica quién es su propietario. Entre los datos (nombre, apellido, edad, etc…), la huella dactilar es seguramente el dato más relevante. Las huellas dactilares siempre conducen a quien las ha dejado marcadas, llevan al culpable. La huella es el indicio cierto que dice quien estuvo o quien actuó en un sitio preciso.
Lo es porque no guarda relación alguna con las huellas del resto de las personas -o miembros de un colectivo. No se intercambien, comercian, regalan, alteran. Están fijadas para siempre. Las huellas son comunes. Todos tenemos huellas. Cada huella posee su propio trazado. Pero no nada tienen que ver las unas con las otras. Somos lo que nuestras huellas dicen quien somos, y somos en ausencia u oposición a los demás, con los que no tenemos, no podemos tener contacto alguno. Una comunidad de huellas es un oximorón: las huellas no constituyen una comunidad, porque no se abren, ni se relacionan con otras. Insisten en la singularidad y el aislamiento de cada persona.
Destacar que somos tan distintos que no tenemos nada que compartir compone un conjunto de figuras solitarias, encerradas, ensimismadas. El diálogo, el comercio, el intercambio son posibles siempre que existan acuerdos, que poseamos bases que no son extrañas o desconocidas para los demás. Las huellas, en cambio, insisten o realzan que somos de una pieza sin común mesura con los demás miembros de un colectivo. Ni siquiera darse la mano es concebible. Las huellas provocan y exigen el rechazo. Las manos se rehúyen y se retiran al momento, como los polos de una batería. Su unión provoca un cortocircuito, dolorido, al que sigue el apagón, una metáfora de la extinción, la muerte. La manifestación de cordialidad, de apertura y de civilidad que darse la mano expresa en algunas culturas no es posible cuando somos huellas. La adaptación, la entrega, la cesión y el don no tienen sentido. Carecen de base alguna.
Que un día de fiesta o celebración se comunique mediante la imagen de las huellas dactilares quizá sea, intencionadamente o no, significativo de los tiempos en el que vivimos, en el que el rechazo del otro es lo que nos caracteriza. La identidad implica el desmarque, el desajuste, la imposibilidad de acoplamiento : somos lo que los otros no son, otros que no reconocemos como nuestros semejantes, cuyos valores no compartimos. Y ellos, “ellos”, nunca podrán ser lo que yo soy. No tenemos nada que decirnos. La negación, el miedo se imponen como una losa. Y la comunidad se disuelve en seres aislados y enfrentados.
Agradecemos a la profesora Judit Gabriel cuyas reflexiones reproducimos en este breve texto.



















































