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martes, 3 de marzo de 2026

Estudiantes de arquitectura en el París del siglo XIX

















No sé sé si la lectura de una novela (escrita hace más de un siglo) puede ser un refugio seguro o una manera de olvidar temporalmente lo que ocurre en el presente. 

Me excuso por la mala calidad de las imágenes.

El inicio de La obra, de Émile Zola, publicada en 1886, es uno de los más electrizantes que existe, y una descripción fulgurante de una gran ciudad -París- bajo una violenta tormenta. A través de los rayos que no cesan de caer como flechas parecen, por el deslumbramiento que los fogonazos suscitan, incendiar el corazón de la capital. 

En este escenario dantesco, un joven se apresura, en medio del agua sucia y del barro, bajo una lluvia que corta el hálito y la vibración del suelo sacudido por los constantes truenos que reverberan en las agrietadas fachadas.

La novela es casi un diario que narra, apenas disimuladamente, la decepción que Zola tuvo a medida que contemplaba la evolución del arte de su antiguo amigo de infancia, Cézanne, unas pinturas cada vez más abocetadas de unas figuras deformadas, casi irreconocibles, no se sabe si voluntariamente o por la creciente incapacidad del pintor -ciertamente poco dotado para el retrato naturalista. 

Tres protagonistas se enfrentan: tres jóvenes, un pintor, un escritor y un arquitecto.

Zola recurrió a un texto de su amigo, el arquitecto belga afincado en París Frantz Jourdain, sobre la formación y el trabajo del arquitecto que reproduce con pocos cambios. 

Gracias a la novela sabemos de la dureza y de la amplitud de los estudios de arquitectura-que los planes de estudio decimonónicos que se conocen confirman-, de la organización de los estudios de arquitectura y del trato que recibiendo los estudiantes y los recién titulados, y de un evento -ya comentado en este blog hace años- que culminaba la carrera de arquitectura: el transporte en carreta de todos los planos de grandes dimensiones, enmarcados, que los estudiantes debían llevar a última hora, presos de los nervios y de noches de insomnio -y orgiásticas, señala Zola-, a la Academia de Bellas Artes donde el proyecto final de carrera iba a ser valorado severamente. 

El centro de París se llenaba de carros y carretas, casi siempre tirados por jóvenes, de los que podían caer algunos planos amontonados de manera inestable, formando piras que se tambaleaban. 

Una costumbre que hoy se reduce a enviar telemáticamente el proyecto a una imprenta, en la que se recogen los planos sobre papel que se cuelgan durante unas pocas horas en los corchos que cubren los muros de las salas de grado. Una evidente pérdida de heroicidad.

Una novela aconsejable en los estudios de arquitectura 

martes, 24 de febrero de 2026

El arte según Thomas Edison







 

Fotos: Tocho, edificio Parchís [sic]. Anexo 2, facultad de bellas artes, universidad de Barcelona, febrero de 2026


El estudio del pintor Francis Bacon, a su muerte, presentaba un estado de desorden tan inenarrable, que se decidió preservarlo tal como estaba. Si no se veía no se creía que pudiera ser posible.

La vanguardia artística europea se ha forjado en estudios de París, como el célebre Bateau-Lavoir, un abrevadero, tan sucio y dejado como las barracas que tomaban la colina de Montmartre al asalto a finales del siglo XIX y principios del XX

Pese a la dejadez y la mugre, en estos locales -de los que el novelista francés Emile Zola destacó el “desorden abominable” en la novela La obra, dedicada a la creación artística en el París finisecular- se alumbraron las obras maestras del arte moderno occidental.

Quizá recordando el contraste entre pureza y suciedad, pulcritud y abandono, y queriendo crear o recrear las mejores condiciones para la creación de obras deslumbrantes, la facultad de bellas artes de Barcelona dispone de un edificio que no desentonaría en un polígono industrial de la periferia de la ciudad. Se imparten clases en aulas con techo y estructura metálicos que tienen la virtud, siguiendo el célebre dicho de Thomas Edison que la creación responde a un uno por ciento de inspiración y noventa y nueve por ciento de transpiración, de hacer sudar ya en pleno mes de febrero, sin duda un síntoma y una consecuencia de los esfuerzos que los partos de grandes y singulares obras de arte exigen. 

Una oferta meritoria en pos del arte.


Los estudiantes de bellas artes tienen la suerte de tener a los mejores profesores, como los artistas y docentes Luis Pons y Luis Bisbe, que no dudan en impartir en semejantes recintos, sin torcer el gesto.

 

lunes, 23 de febrero de 2026

Viejo…. ¡Ay!, perdón

 Un dicho es que todos queremos llegar a viejos, pero nadie quiere serlo.

Así que las administraciones públicas acuden  en nuestra ayuda. A partir de la jubilación, a los 65, 67 ó 70 años, uno no alcanza la senectud. Uno deviene senior.  

¿Anciano? Dios nos libre, aunque la palabra anciano, que no deriva del latín, pero se compone del prefijo ante, designa a quien va delante, o llega en primer lugar. En la carrera de los años, anciano se refiere a quien va a caer exhausto y para siempre antes que los que precede, pero, en verdad, anciano no tiene que ver con la edad, sino con la posición. Un anciano encabeza una procesión. Dadas estas connotaciones, bien podríamos aceptar que se nos considere ancianos. Pero, afín de evitar cualquier connotación “edadista”, necesariamente peyorativa, creemos, como se dice hoy en el lenguaje bien pensante, nos refugiamos en el más “neutro” y vagamente más “señorial” senior. De hecho, del latín senior ha surgido señor. ¿Viejo? Vade retro. 

Mas, senior solo tiene sentido cuando se relaciona con junior. Senior, en latín, es el comparativo del senex, anciano. Senior designa, en verdad, a quien tiene más edad que otra. No se refiere a quien tiene más edad que cualquiera , sino solo con respecto a uno o una más joven. Se puede ser senior y junior a la vez en función de con quien nos relacionemos. En la Roma arcaica , los séniores eran los reservistas. Tenían más edad que los juniores, pero no eran ancianos.

Así que cuando nos referimos a los seniors, en vez de viejos, no se sabe bien qué queremos decir. Ni siquiera queda claro que no designamos a estudiantes. Después de todo, existen cursos para seniors.

Pero que no sepamos qué estamos diciendo nos va bien. Hablamos por alusiones, quizá a la edad, pero de pasada, porque creemos que la verdad o la realidad solo es aceptable si se la sirve envuelta en condescendencia.  Aunque a perro viejo no hay tus tus.

No nos engañarán, somos viejos, lo que no implica que seamos verdes. 


Agradecimientos a Xavier Justes por sus lúcidas reflexiones 


viernes, 6 de febrero de 2026

¡Fuego!









El 6 de junio de 1885, el conserje de la Escuela Provincial de Arquitectura -desgajada, en 1875, de la Real Academia Provincial de Bellas Artes de Sant Jordi, en la sede de la Llotja de Mar y trasladada a la segunda planta de la Universidad Literaria de Barcelona (hoy la sede central de la Universidad de Barcelona)-, José Vila, denunció que una vez las calificaciones del examen de copia de yeso estuvieron listas para pasar a la tablilla, en un momento en que el catedrático de la asignatura, José Vilaseca, se ausentó del despacho, entró un estudiante, cogió una lista , la rasgó en varios trozos, y pasados unos momentos, prendió fuego al resto de las listas. 

Este estudiante había recibido un suspenso. Según el vigilante, sostuvo que prendería fuego a las listas con cada suspenso, afirmación que el estudiante negó haber dicho, aunque reconoció el resto de los hechos. Confesó, haciendo un involuntario chiste, que “lo hizo en un instante de acaloramiento [sic], de lo cual se manifiesta arrepentido.”

Tras los interrogatorios que la dirección de la Escuela llevó a cabo ante cuantos testigos y personas que se hallaban en las cercanías pudieran dar fe de lo que ocurrió -bedeles, profesores y estudiantes-, se convocó un consejo de disciplina el 15 de junio y se impuso el máximo castigo al estudiante: 

“la falta (…) calificada de insubordinación, desacato y perturbación del orden de carácter grave.

Después de larga discusión sobre si debía imponérsele el castigo del 5 o del 6 grados, se pasó a la votación acordándose la aplicación del 6 grado.”

Los apellidos de dicho estudiante son conocidos: de Villar de Lozano. Son los apellidos del arquitecto Francisco de Paula, catedrático de Arquitectura Legal, aunque, dado el exiguo número de catedráticos (y de estudiantes ) en la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona, solía formar parte de los diversos  tribunales de Teoría del Arte, de Composición Arquitectónica y de Construcción que evaluaban a los estudiantes. 

Obviamente quien fue condenado no era dicho catedrático, sino un estudiante, de nombre José, y con los mismos apellidos, que debió de ser hermanastro del catedrático. Eran de la misma familia, con la misma madre, ambos oriundos de Murcia, desde luego, y coincidieron en la Escuela, José como estudiante, y Francisco de Paula como catedrático y posteriormente como segundo director del centro, tras la grave enfermedad del primer director de la Escuela, el arquitecto Elías Rogent, autor del edificio de la Universidad. 

Francisco de Paula fue el arquitecto del ábside y del sagrario de la basílica  de Nuestra Señora de Montserrat, y  de la Sagrada Familia antes de que Gaudí, que habría trabajado para Francisco de Paula en la basílica, prosiguiese las obras. Seguramente no devino un templo expiatorio por la gravísima falta cometida por el hermanastro del arquitecto.

Como curiosidad, el consejo de disciplina de José de Villar de Lozano estuvo presidido por el catedrático de estructuras metálicas, D. Juan Torras, maestro de Gaudí.


De las actas manuscritas de las sesiones de las juntas de la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona (Archivo de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona)

Agradecimientos a Francisca Calderón.

miércoles, 28 de enero de 2026

Mito y arquitectura








 
https://upcschool.upc.edu/esp/estudis/formacio/curs/726600/curs-mite-arquitectura-antiga-mediterrania/

Curso sobre el imaginario arquitectónico antiguo basado en gestos, gestas y figuras de héroes fundacionales y constructores en Egipto, Próximo Oriente antiguo, Grecia, Roma y tardo - antigüedad, destacando la figura del patrón de los arquitectos, el apóstol Tomás.

Se contentarán también ritos fundacionales antiguos y modernos.

Así se irá estudiando la imagen del arquitecto y de su obra, a través de mitos y leyendas, una imagen que sigue rondando el crédito o el descrédito de la labor edilicia y del constructor. 

Se intenta que el curso tenga un precio asumible. 


miércoles, 14 de enero de 2026

Educación

 Solemos considerar que la educación consiste en la transmisión de datos, consejos y valores gracias a los cuales el oyente -un estudiante, por ejemplo- se va formando, de manera que acabe siendo apto para la vida en común, sepa comunicarse y comportarse, compartiendo puntos de vista y conocimientos.

El educador, en este sentido, es quien transmite estas ideas y estos consejos que el estudiante recibe y asume o integra. Tras una lección, el estudiante se ha enriquecido. Dispone ahora de lo que desconocía y no poseía.

Sócrates -o más bien Platon- considera que la tarea del educador consistía en una acción inversa. Más que entregar, extraía . En una célebre escena del diálogo Menon, Sócrates demostraba que su trabajo como educador consistía no en la transferir datos, sino en lograr que el estudiante se diera cuenta que poseía saberlo los conocimientos necesarios para la vida en común, y que la revelación de los mismos se lograba a través de las preguntas que el educador planteaba. Las respuestas a los problemas no eran enunciadas por el docente, sino descubiertas por el estudiante, gracias a la ayuda del profesor que lograba que dichas respuestas salieran a la superficie. El estudiante está ya formado sin ser consciente de lo que posee, y el educador le ayuda a darse cuenta de lo que sabe. Así que el profesor actúa como un arqueólogo -Socrates comentaba que su trabajo era similar al de una parturienta-, extrayendo lo que yace sepultado en el interior del estudiante, bienes y vidas, que alientan. La educatio, para Cicerón, consistía en la formación o el cuidado del espíritu. La educatio elevaba. La extracción levantaba el ánimo. En este sentido, el trabajo del maestro responde literalmente a lo que educar significa: conducir hacia fuera, ex-traer, traer a sí, para que el estudiante se dé cuenta de lo que tiene y de lo que no era consciente.

En este “sentido”, es muy cierto que de lo que más disfrutamos, y lo que más recordamos, no son datos nuevos, de los que nada sabemos, sino de lo que ya conocemos y habíamos olvidado, que nos vuelve a la memoria a la escucha de las explicaciones del profesor. Dar clase es ayudar a que los estudiantes recuerden lo que conocen, y que el recordatorio “refresque” la memoria, poniendo el acento en lo que quizá no se le había dado importancia. El estudiante es un instrumento que el docente activa y afina. Pero lo que produce ya está en el ánimo del estudiante.

Volver a escuchar lo que habíamos escuchado es lo más enriquecedor. Y lo verdaderamente ilustrativo. El conocimiento se asienta y, sobre todo, queda a la vista. No vuelve a estar sepultado. Se despliega, quizá para siempre, sorprendiéndonos, prendidos y prendamos de lo que emana de nosotros.




sábado, 1 de noviembre de 2025

Babia, a lo lejos (ilustraciones: Roget Adell, Ediciones Asimétricas, Madrid, noviembre de 2025)

 



Ediciones Asimétricas publicará en noviembre, generosamente y con mucho cuidado, este libro que recoge una parte de las clases que el autor ha impartido en los últimos años.

Las ilustraciones son del Roger Adell 


Agradecimientos a la editorial, a Roger Adell y a los estudiantes sin cuyas intervenciones, observaciones, preguntas y comentarios este libro no habría existido. Un libro que recoge un diálogo interior y en voz alta con estudiantes de arquitectura.


Contraportada :

Descripción 

Ha pasado un ángel. ¿Quién no se ha quedado en silencio, la mirada perdida, ajeno a lo que le rodea, como si estuviera en Babia? Babia, El País de Nunca Jamás, la ínsula de Barataria, El País de las Maravillas, La Ciudad Esmeralda: países o ciudades a los que se sueña ir, cuyo viaje se realiza en sueños o en una ensoñación, y de los que cuesta regresar.

 

Babia es un lugar fascinante, que atrae y atrapa. Alejado, pero no inaccesible, al que se llega a menudo inesperadamente. Por esto mismo, la reflexión sobre lo qué es el arte y la función o el sentido de la obra de arte, que requiere toda nuestra atención, con los sentidos en alerta y la mente dispuesta a descifrar las sensaciones que le llegan, exige que nos alejemos de Babia. Mas, cuando estamos atentos ante una obra de arte, nos aislamos en la contemplación de la imagen, como si la obra nos transportara a Babia. Interrogarse sobre la creación artística e interpretarla para descubrir su razón de ser y su necesidad exige, en un movimiento imposible, estar, a un tiempo, en y lejos de Babia.

 

Babia, a lo lejos es un breviario sobre la enseñanza de la teoría del arte y la arquitectura, sobre cómo, qué y porqué se enseña a interpretar la creación humana. Comprende notas, ordenadas alfabéticamente, tomadas antes y después de las clases. El texto comenta algunos de los criterios o conceptos más habitualmente utilizados a la hora de apreciar y estudiar la creación artística, ayer y hoy, en diversas culturas. Y, al cierre del libro, asume una paradoja: el paso de un ángel, camino de Babia, acontece en silencio, dando la callada por respuesta.

 

sábado, 23 de agosto de 2025

Arquitectura, ¿una categoría estética?: notas para una ponencia del congreso de la EAAE (Asociación Europea de la Enseñanza de la Arquitectura), ETSAB & COAC, Barcelona, 27-30 de agosto de 2025

 

NOTAS PARA LA PONENCIA FINAL DEL CONGRESO de la EAAE (EUROPEAN ASSOCIATION FOR ARCHITECTURE EDUCATION):

ARQUITECTURA, UNA CATEGORIA ESTÉTICA

COAC, 29 de agosto, 18-19 h

 

PRÓLOGO

0.- Ejemplo introductorio: cuando la oposición a profesor titular en 1987, defendí -no era una elección de tema muy hábil para una oposición a funcionario- que entendía que se considerara que la estética y la teoría del arte, pese a que me fascinaban, no tenían razón de ser en unos estudios de arquitectura. ¿Estaba en lo cierto?

 

INTRODUCCIÓN

1.- Definición de categoría: concepto bajo el cual se juzgan ciertos aspectos o propiedades distintos de un conjunto de obras.

La categoría de arquitectura designa un concepto bajo el cual se juzga ciertas cualidades del espacio preferentemente construido o habilitado por el ser humano, sea denominado arquitectura, construcción, obra…

 

2.- Paul Valéry escribió en 1917:

a) “La buena arquitectura tiene mucho de las plantas. Y esto en el detalle -que es la modulación de las formas y permite conducir un edificio de abajo a arriba como un organismo vegetal (para la vista).

La ley del crecimiento debe sentirse.  Igualmente, la ley del cuidado de las aperturas - una ventana no debe ser un agujero horadado como con un taladro en una plancha de madera, sino como el resultado final de leyes internas, como la mucosa y el modelado de orificios naturales.” 

Valéry consideraba que la arquitectura era un organismo vivo. ¿Por qué?

b) Definición de arquitectura a partir del estudio etimológico de la palabra:

-Arje: origen, fundamento, primero, principio. Significa base solida y germen. Básico, fundamental, principal. No es algo secundario, prescindible.  Con un contenido ético: tener principios, que orientan y regulan la acción. Una acción recta -un adjetivo geométrico, y moral-, signo de rectitud.

-Técnica:

Del griego tiktoo (τίκτω). Crear, engendrar, dar a luz (en francés: mettre au monde : poner en el mundo. Algo desciende, se manifiesta y se materializa. Un gesto creador, en el sentido fuerte de la palabra. Nada había. Hay un ser ahora.

Emparentada con:

Teknon (τέκνον): hijo 

Tektoon (τέκτων): productor, trabajador, artesano (en concreto: carpintero, que trabaja con una materia viva, la madera, fruto de un pilar de la tierra, que sostiene el cielo y mantiene la triple estructura del mundo.

Arquitecto: arje + tektoon: Creador de vida, engendrador. Padre. (Dios padre: una expresión común en distintas culturas y creencias)

 

3.- El arquitecto. El patrón de la arquitectura

Uriel Birnbaum (1894-1956): Der Kaiser und der Architekt (El rey y el arquitecto): el sueño de un monarca: una ciudad celestial. Manda a su arquitecto que se la construya, que materialice un sueño. La primera maqueta no traduce dicha visión. El arquitecto lo intenta de nuevo, sin éxito. Producirá treinta maquetas, sin acierto. Hasta que entendió que lo que vio el rey fue una ciudad que alumbraba sin imponerse, un punto de luz.

La historia resigue la leyenda del patrón de los arquitectos -contarla brevemente-, el apóstol Tomás, que creó un palacio solo visible a los ojos del alma, cerrando los ojos físicos. Un palacio imaginado. Un sueño.

 

LA ARQUITECTURA COMO UNA CATEGORÍA

3.- La arquitectura, ¿es una categoría? ¿Por qué, y qué consecuencias acarrea si lo fuera?

 

4.- La categoría kantiana de belleza: un principio que atribuimos a lo que nos atrae. La belleza no es un atributo de las cosas, sino una cualidad que, suponemos, poseen las cosas con las que nos sentimos bien, pero que, en verdad, es una dádiva que concedemos a dichas cosas: una cualidad que, creemos, poseen lo que nos atrae y distrae.

 

5.- Siguiente el modelo kantiano de definición de las cualidades de las cosas que nos placen y complacen, cualidades que son una expresión de nuestro gusto, similarmente podríamos decir que arquitectura es la cualidad que atribuimos al espacio en el que estamos a gusto, en el que estamos bien. Donde reposamos. Donde nuestro ser se asienta y se siente bien. Donde nos mostramos cómo somos.

El gusto no es solo un sentido menor -bajo, o inferior, como se dice, pues implica un contacto físico con las cosas-, sino que es una cualidad anímica que nos permite discernir lo que nos gusta, lo que disfrutamos, y apreciar la “bondad” de las cosas que nos hacen bien.  “Tener el gusto de” significa que tenemos un encuentro satisfactorio y que nos colma. Nos sentimos “realizamos”, plenos. El encuentro nos devuelve a la vida.

Con la facultad del gusto, gustamos de la “esencia” de las cosas, de su sabor. No nos alimentamos -el hambre nos impide disfrutar de la comida que engullimos-, sino que saboreamos.  Las cosas insípidas no despiertan ninguna sensación, mientras que las amargas y las que están en “mal” estado, nos desagradan, y nos enferman. Nos hacen daño.

Tener “buen” (un adjetivo moral) gusto es una expresión de civilidad y educación. Nos permite apreciar las cualidades de las cosas.

Goûter, en francés, es probar: nos adentramos con precaución en algo que desconocemos, nos aventuramos. Podemos sentir disgusto, o, por el contrario, el goûter (la merienda) nos colma. Teníamos hambre, algo nos faltaba, y el “tast”, en catalán, nos deja satisfechos, ya sin preocupación.  

Ejemplos de espacios que pueden gustarnos:

En francés, maison. En español, mansion : del latín manere: morar, habitar, permanecer, perdurar. Lugar donde estar

Sede: asiento, donde sentarse, asentarse.

Habitación: del latín habere: haber, tener: un bien / hábito, costumbre: ropaje, costumbre (en francés, costume y coutume). Manera de ser: nos define o caracteriza. Es cómo nos mostramos, cómo nos insertamos en un lugar.

Todos éstos, son lugares donde recogerse y acoger: son lugares hospitalarios, en los que reina la hospitalidad, es decir la cualidad del recibimiento los brazos abiertos. Denota apertura de mente y de costumbres. Se opone al encierro, a la cerrazón, a la oposición al recibimiento, el intercambio, al enriquecimiento. Lo inhóspito nos rechaza. Nos impide sentirnos seguros, relajarnos, confiando que el espacio nos protegerá.

La hospitalidad -que se practica en un hostal, un hotel un hospital que ofrece curas- se opone también a la hostilidad.

 

6.- ¿Dónde se encuentran tales lugares acogedores, que calificamos de arquitectura?

En realidad, desde luego:

Algunos espacios encarnan cualidades arquitectónicas capaces de provocar emociones estimulantes. Son arquitectura, no mera construcción. Para mí, las bóvedas de las Tumbas Reales sumerias en Ur (Iraq), o la iglesia del Gesù en Roma de Vignola, especialmente justo antes de su cierre, al anochecer, cuando las sombras alargadas deforman el espacio como en una película expresionista. Por el contrario, el pasillo oscuro, desolado, aterrador, interminable y demasiado grande de la Unité d'Habitation de Le Corbusier en Marsella, encarna lo que es, y no debería ser, un espacio inhóspito e inhumano. La película de Kubrick, El Resplandor, podría haberse filmado perfectamente allí.

Pero la arquitectura se encuentra también, o especialmente, en otros mundos:

 

El cuento de Blancanieves nos lo revela. La madrastra inquiere una y otra vez al espejo mágico que le cuente la verdad y le revele si es la más guapa, o quien es la más guapa. El espejo no la engaña.

Las imágenes pueden confundirnos; pero también pueden ilustrarnos, haciéndonos ver lo que no éramos capaces de observar o no queríamos ver. Las imágenes son reveladoras. Muestran la cara de lo invisible. Nos lo acerca hasta ponérnoslo ante la vista. La práctica de la imagen plástica, su defensa o su condena, reside en su poder revelador de lo que queremos o no queremos saber. La imagen es tentadora. Permite otear y descubrir lo que se oculta. Puede velar o desvelar.

Recodemos que imago, en latín, se traduce, entre otros significados, por eco y por sombra: dobles fantasmagóricos de las cosas, apegados a éstas; pero también por imagen mental, incluso por pensamiento. Una imagen es un modo de reflexionar; acaso sea “la” manera.

Si aplicamos dicha facultad reveladora y profética de la imagen, son las imágenes que manifestarían las cualidades de los espacios que calificaríamos de arquitectónicas.

Imágenes de exteriores o de interiores, por ejemplo, que suscitan en nosotros el deseo de proyectarnos en aquéllos, dándonos la sensación que allí dentro estaríamos bien.

Pero también las imágenes pueden exponer cualidades negativas. La categoría de arquitectura también se aplicaría en este caso. Las imágenes nos expondrían lugares que nos harían daño. Nos detallarían aquellos lugares que deberíamos evitar. Serían ejemplos de lo que no es arquitectura. La categoría de arquitectura -que atribuimos a lo que nos suscita sensaciones vitales – no se ve derogada. Arquitectura sería lo que no son dichos lugares, cuyas cualidades dañinas quizá no habríamos sido capaces de discernir directamente.

 

7.- Caso de estudio:

Breve comentario de las cualidades positivas o negativas de los espacios que estas imágenes suscitan, y que merecen el calificativo de arquitectura.

Henri Matisse: Atelier rouge (Estudio rojo)








Atelier Rouge, que el artista francés Henri Matisse pintó en 1911, es una obra fundamental en la historia del arte moderno occidental (europeo y norteamericano, en particular) debido a la influencia que ha ejercido, la descendencia que ha tenido. Los cuadros abstractos monocromos, de estilo conocido como Color Field, derivan del Atelier Rouge de Matisse. No es una suposición o una interpretación. El pintor norteamericano Ellsworth Kelly, uno de los artífices de cuadros Color Field, reconocía su deuda con la obra de Matisse, en particular con este cuadro.

La fotografía nos muestra, más que un estudio de artista bohemio de principios del siglo XX, en el Bateau-Lavoir de Paris, por ejemplo, como nos lo podemos imaginar, un interior gris y burgués. Telas en las paredes, sillones, cortinas en la ventana, estanterías y, sí, cuadros de Matisse ya colgados. Tan solo un caballete denota que no se trata de un salón, al menos de un salón común. Este lugar no posee, a primera vista, ninguna cualidad especial. Es cierto que no estamos en el salón tal como se encontraba, sino que observamos una fotografía. Pero también es cierto que esta fotografía no parece tener ninguna ambición de mostrar lo que no se ve, sino que tal solo documenta “objetivamente”, de manera precisa y “neutral”, lo que uno debía percibir cuando entraba en esta sala. El objetivo de la cámara sustituye al ojo del visitante.

Matisse pintó un primer cuadro del estudio, en dicho estudio. La vista deforma el espacio; la perspectiva no responde al estricto canon renacentista. Los muebles (mesitas, taburetes) están simplificados, una representación que casa bien con la “rusticidad” del mobiliario de madera. Pero salvo estas manipulaciones, el cuadro documenta con precisión lo que se encontraba en el estudio. Todas las obras representadas con perfectamente reconocibles.  

Matisse no quedó satisfecho. El cuadro no reproducía la impresión que el estudio le causaba. De pronto, un día, sin saber por qué -no lo explicó ni justificó, no supo porque lo hizo, y nadie dio con una razón-, Matisse empezó a extender el color rojo por toda la superficie. El color inundó el espacio. Desbordaba del cuatro representado en el cuadro. El Estudio rojo se pintó en dicho estudio, que devino rojo después que el cuadro, titulado Estudio rojo, y que representaba el estudio y al estudio, fuere pintado. Se produjo lo que en francés se llama “une mise en abyme”, una imagen en una imagen que es la misma imagen, como si un espacio y su imagen en el espejo se confundieran. El estudio era la prolongación y la réplica del cuadro Estudio rojo. La relación entre continente y contenido se trastocó. El cuadro Estudio rojo creó el estudio rojo, el estudio enteramente pintado de rojo: paredes, suelo y techo, así como todo lo que contenía. El cuadro creó el lugar donde fue creado. Sacó los colores al estudio. Le dio vida, o le devolvió a la vida. Hasta entonces se trataba de un estudio gris y apocado. Nada permitía predecir ni explicar que Estudio rojo iba a ser pintado en dicho estudio. El cuadro Estudio rojo mostró esta realidad inimaginable: se trataba de la representación de los valores o cualidades latentes de dicho estudio, imperceptibles a simple vista, y que el cuadro Estudio Rojo expuso: un estudio que inspiró una obra maestra, cuyo particular influjo, propio de un lugar creativo, capaz de inspirar una obra maestra, solo se descubrió y se manifestó en el cuadro Estudio Rojo.

Las imágenes, al igual que la realidad, posiblemente más que la realidad, revelar la categoría de arquitectura, las cualidades arquitectónicas de lugares que, en la realidad no parecen posee atributo alguno.

   

7.-CONCLUSION

La arquitectura está en nosotros. Somos nosotros quienes transfiguramos una construcción en arquitectura cuando descubrimos las propiedades y cualidades de un espacio, que una música, un texto, una imagen, un espectáculo exponen.

La arquitectura no es obra del arquitecto, sino de quien sueña con habitarla, o la habita, incluso. Un calificativo que no e aplicaría, bien es cierto, si nadie -un arquitecto, por ejemplo- no hubiera edificado lo que suscita, posteriormente, imágenes placenteras.

Me equivocaba cuando consideraba que la estética y la teoría de las artes que nos muestra qué esperar de la relación con las imágenes, y como relacionarnos con ellas no tenía lugar en una carrera de arquitectura.

Quizá no solo tenga lugar, sino que quizá debería ocupar todo el lugar.

 Otras carreras podrían enseñar cómo construir. En una escuela de arquitectura se podrán enseñar a reflexionar sobre la construcción, una reflexión que quizá sirviera para desechar la construcción más habitual, carente de cualidades, incapaz de suscitar cualquier aprecio.

 

8.-PALABRAS FINALES

Agradecimientos a Félix Solaguren-Beascoa, director de la Escuela por la propuesta, a las sub-directoras Eulalia Gómez y Carolina García Estévez, a los profesores Marta Llorente con quien empecé a dar clase y a Joan Ramón Cornellana, con quien impartí la última clase el curso pasado, a los profesores, amigos y becarios del departamento de Teoría e Historia de la Arquitectura y Técnicas de Comunicación, de quienes he aprendido lo que sé, y he desaprendido lo que no hubiera tenido que saber, y ante todo a todos los estudiantes que me han obligado a no dar nada por sentado y tratar siempre de tener presente que fui un estudiante, que ironizaba sobre los profesores, agradeciendo, por fin a Xavier Rubert de Ventós, el que haya podido estar aquí esta tarde, tras haber disfrutado preparando esta ponencia, que le está dedicada.

domingo, 27 de julio de 2025

Somos tres millones…


 Ante todo, muchísimas gracias a todos los lectores. Tres millones de entradas de lectura o de simple pasada en el blog -seguramente a veces por error, descubriendo que no responde a lo que se busca-, en dieciséis años.

La cifra coincide con la próxima salida de la universidad.

Ésta suscita una duda: el blog ¿debe seguir, o se cierra una actividad que inevitablemente llega o llegará un día a término? Este día ¿ha llegado?

La pregunta no busca la respuesta negativa, ni el ánimo.

Lo que suscita la duda es el contenido y la finalidad del blog -hoy en día, una anticualla ante el empuje y el dominio, que quizá esté llegando a la saturación, de las redes sociales y la ola de la inteligencia artificial (Chat GPT y similares, tan decepcionantes e ilusorios, a menudo, como oráculos en los que depositamos nuestra fe antes de descubrir que la realidad es reacia a la profecía, y parece disfrutar de obviarla o contradecirla-.

El blog es un bloc de notas, un cuaderno de apuntes, un archivo. Los textos, a menudo, están motivados por la preparación de clases, o son consecuencia de algunas clases, así como de reflexiones de estudiantes, del diálogo con alumnos. Desarrollan, comentan, matizan lo debatido o contado en clase, así como discusiones con amigos y colegas, con otros profesores con los que se comparten experiencias, satisfactorias, enriquecedoras o decepcionantes. 

Son también borradores o versiones, ampliadas o acortadas, de textos ya publicados o por publicar. De hecho, alguna revista llamada científica, nos ha acusado de auto plagio, es decir de haber escrito un texto parecido al publicado en el blog, no sabiendo o no aceptando que el texto del blog era una primera versión del texto publicado, era el origen del mismo. De todos modos, esta acusación, producida en dos ocasiones, revela que el blog es leído, encontrado, seguramente por algún “algoritmo”. Finalmente, algún texto dialoga con otras personas, sin que éstas lo sepan, aunque sin duda lo intuirían si se toparan con el blog. 

El respeto, o la ironía, en todos los casos, ha trazado siempre el camino a seguir, y han dibujado los límites a no traspasar. 

Respeto que también han mantenido los comentarios. En dieciséis años solo se ha tomado la decisión de no publicar un comentario porque insultaba a otro comentarista. Y algún comentario, cuatro o cinco, que haciendo publicidad de algún producto. El blog nunca ha aceptado la publicidad. Aporta dinero, pero coarta lo que se puede cobrar.

Estos textos han alimentado exposiciones, conferencias, clases y libros. Constituyen un mismo texto que vuelve sobre sí mismo, amplía o perfila algún comentario u observación anterior, complementa escritos del pasado.

Mas, con la salida de la universidad, el origen y finalidad de los textos, y de la búsqueda de datos e imágenes que puedan resultar útiles para las clases, dejan de tener sentido.

Quedan ciertamente exposiciones por delante, hasta 2028. Programadas siempre con años de antelación, aunque a veces tan solo con meses de adelanto.

El ritmo de escritura, si prosigue, seguramente se ralentizará, porque ya no se tendrá que pensar en lo que se explicará en clase ni, sobre todo, se tendrá la recepción, positiva o indiferente, de lo contado, lograda o fallidamente.  Se tendrá menos qué decir, menos sobre lo qué reflexionar, buscando corregir lo contado en clase, y se perderán las observaciones, reflexiones, críticas y comentarios de los estudiantes que permiten tratar de mejorar, se consiga o no. La exposición oral y escrita busca establecer puente. Mas si, ante sí, solo queda la ausencia y el vacío….

Y, desde luego, agradecimiento a los estudiantes y a los profesores con los que hemos trabajado, por su atención y respeto, el silencio y las reflexiones, a veces solo por las expresiones de aceptación o rechazo, por el movimiento de la cabeza, aprobando o negando, y el estímulo que brindan, sus agudas observaciones que evitan que se dé por sentado que una clase irá bien. 

Toda clase es una aventura, un salto en el vacío, en el que a veces nos estrellamos porque actuamos confiados, sobradamente. Las caídas son una excelente lección para darse cuenta que una clases no es un recitado mecánico, sino una fantástica exploración, que da miedo y causa placer, angustia, temor, que enriquece y obliga a repensar en lo ocurrido, se haya superado o no el reto que toda clase presenta. 

Y que el blog recoge.


Muchas gracias, y hasta mañana o hasta….

sábado, 3 de mayo de 2025

OSCAR NIEMEYER (1907-2012): UNIVERSIDAD CONSTANTINE 1(ANTES UNIVERSIDAD MENTOURI, CONSTANTINE, ARGELIA, 1971-1977)












Fotos y dibujos de la universidad I de Constantine, Constantine (Argelia): Estudiantes de máster de laUPC-ETSAB (España), mayo de 2025


Agradecimientos a Fernando Albaladejo, Joséphine Ombredane y Andrea Solanas por las imágenes y el dibujo (Andrea Solanas), así como a Jaime Ferrer (director del departamento de Proyectos de la UPC-ETSAB) por la recomendación 

Los derechos de las fotografías y los dibujos pertenecen a las personas antes citadas.

Un pórtico de hormigón dotado de rejas, controlado con férrea mano, controla el paso a la plaza central de la universidad Mentouri en Constantine , uno de los tres proyectos de equipamientos universitarios que el arquitecto Óscar Niemeyer realizó para la antigua República Socialista de Argelia (hoy muy lejos de este credo) que admiraba como tierra de acogida de desterrados y perseguidos por sus ideas o ideales. La universidad aparecía así como un espacio de lucha contra la intransigencia.
Anunciada desde lejos por un rascacielos, en lo alto de uno de los acantilados que configuran la abrupta topografía de la ciudad, el campus, en bastante buen estado, tras cincuenta y dos años, y una devastadora guerra civil en los años 90, comprende una biblioteca, aularios y un célebre auditorio semienterrado, cubierto por una bóveda rebajada, una lámina de hormigón que  apenas se alza como una hinchazón del suelo de la descomunal plaza, salpicado de estanques circulares dotados de surtidores -hoy desactivados. 
Los edificios son objetos distantes entre ellos, posados en el vacío. La bóveda descansa sobre tres puntos apenas visibles. Para Niemeyer la sensación de levitación casaba bien con la imagen de la ciudad que corona altísimos acantilados, suspendida sobre el abismo de los tajos que parten la ciudad.
Constantine es hoy una ciudad que ha barrido la presencia de la mujer en la calle, salvo en el recinto de la universidad, en lo alto, aún un espacio acotado donde la imposición es contenida. 

 

sábado, 1 de marzo de 2025

Cementerio -o al final de la carrera de arquitectura






Fotos: Tocho, febrero de 2025
 

Llegó la hora. Inmisericorde. Desinfección. El pasado, barrido. Los trabajos, al cubo de los despojos.

Los estudiantes de arquitectura pasan seis años como mínimo produciendo maquetas para distintas asignaturas de la carrera: felices o desafortunadas, torpes o casi demasiado perfectas, faltando al gusto o zalameras, imprecisas o montadas al milímetro, de cartón o de materiales más duraderos -pero cuyo vida y cuyo destino acaba en un cubo. Horas, días de trabajos manuales, que no solo dan lugar a veces o a menudo a obras atractivas, sino a obras que traduzcan o visualicen ideas o contenidos, maneras de concebir y plasmar espacios.

Son centenares de maquetas, algunas de gran tamaño que se tienen que preservan durante un curso o dos, por si se fueran reclamaciones y peticiones de revisión de resultados académicos. Ocupan mesas, estanterías, sillas y taburetes. Conquistan poco a poco o de súbito el espacio de las salas y los despachos.

Y llega la hora de hacer tábula rasa. Las maquetas se echan al suelo. Se desparraman o montan piras. Se pisan, se pisotean descuidadamente, o no. Molestan. Sin testimonios a los que no se concede valor alguno. Tan solo alguna maqueta, algún año, como en las fallas de Valencia, es perdonada y guardada. Seguramente hasta nueva orden.

Años de trabajo condenados. Olvidados, o echados  por la borda antes de que el polvo recubra las maquetas malheridas.

Y lo estudiantes devienen arquitectos.

Sus trabajos, a los sumideros. 

Sin contemplaciones.

La educación tiene algo de producción en serie donde no cabe la clemencia y la añoranza.

Quizá esta frialdad -la ausencia de sentimientos, quizá cierto sentimentalismo- explica que algunas construcciones se alcen como lo hacen en la vida real. Sin miramientos por lo que las rodea. Pisoteando. 


sábado, 18 de enero de 2025

A poco de medio siglo más tarde

 Todos hemos tenido o tenemos hijos, nietos, sobrinos, ahijados, hijastros, o incluso amistades (antiguos estudiantes) o parejas mucho más jóvenes, que nos han dado la medida del paso del tiempo, del abismo entre maneras de pensar o de percibir el mundo, y de la creciente incredulidad, incomodidad e incomprensión que se instala y distorsiona la relación.

Por lo que el encuentro con estudiantes, en clase y fuera del aula, hoy, durante el curso, no debería deparar sorpresas ni aportar experiencias o sensaciones muy distintas de las que se tienen o se sufren en los casos antes citados.

Y, sin embargo, sí ocurre. 

Es posible que la ausencia de una relación familiar sea un detonante. Fuera de los encuentros, los diálogos, las conversaciones fuera y dentro de la clase, la relación entre el docente y los estudiantes (“sus” estudiantes) es inexistente o casual. Los lazos acontecen en determinadas circunstancias -lo que no anula la posible amistad, incluso íntima y duradera: quizá la funda.

Lo más sorprendente, sin embargo, y que solo o principalmente acontece en el aula, es la sensación de la existencia de un espejo. El aula, o al menos ocurre con determinados estudiantes, se convierte en un cristal que nos devuelve nuestra imagen medio siglo antes. Ayer y hoy son distintos. Las circunstancias sociales, personales, familiares, culturales, políticas, económicas poco tienen que ver -o no tienen porque coincidir, y, sin duda, más extrañeza causaría que pudieran confundirse. Dos mundos se confrontan: mundos en los que se hallan docentes y estudiantes, separados por decenios de experiencias, ilusiones, desilusiones, logros y fracasos.

Mas, todos los obstáculos que deberían impedir cualquier aproximación o comprensión saltan por los aires. Y se produce una ilusión, un sentimiento que es a la vez cierto e ilusorio: la sensación que los estudiantes somos nosotros medio siglo antes, cuando, precisamente, nos faltaba recorrer medio siglo durante el que ilusiones, aspiraciones, creencias, temores y fatalidades se pondrían a prueba y se revelarían certeras o irreales, inevitables o imposibles, sueños o pesadillas realizados o volatilizados, sin entidad o fatales. Esta sensación de ver en el estudiante lo que fuimos nosotros media o podría dar la desagradable sensación de superioridad que lleva a la fatídica expresión -tan vacua como improcedente- de: ya verás de aquí a cincuenta años, Como si la experiencia inevitable fuera un castigo que lija, roe o destruye sueños  y nos pone en su sitio. Por el contrario, el encuentro con los estudiantes, lejos del cinismo que podríamos esperar -que no se hagan ilusiones que la vida los pondrá en su sitio, una expresión que solo traduce amargura-, como de la ilusoria creencia, tan común en la docencia, que éramos mejores que ellos cuando éramos jóvenes, porque nunca llegaran a lo que somos hoy, el encuentro -pues de un encuentro se trata- produce un fogonazo, un estallido: la ilusión que creíamos pérdida -la inseguridad ante el futuro incierto, temible y maravillosa, pues invita a un recorrido no previsto ni previsible, a un recorrido que solo puede ser personal, sin modelos que puedan guiar al estudiante- la ilusión, decíamos, existe y se manifiesta: la bendita sorpresa, la revelación de lo desconocido, el deseo de conocimiento, y la ilusión, en este caso luminosa, que los obstáculos no serán tales, y que los errores que han cometido los docentes no serán y no se cometerán. Y nadie puede asegurar que se vayan a cometer de nuevo. 

El espejo que el estudiante tiende refleja lo que éramos y a lo que aspirábamos, por encima de las diferencias antes citadas que la edad establece. Un espejo en el que el desengaño no empaña, las ilusiones se quiebran, y las esperanzas vitales, todo y las inseguridades, necesarias, están allí, enteras, íntegras, e incontaminadas. Que no vayan a seguir siéndolo no es óbice para no admirar, sin nostalgia, la imagen que el estudiante nos tiende.

Quizá por eso la docencia sea un trabajo -una vocación casual o perseguida y desarrollada, voluntaria o hallada sin quererlo- que, pese a las inevitables decepciones, tan hermoso. Nos permite darnos cuenta que, por un lado no somos únicos porque otros son lo que fuimos, y, por otro que la docencia es una práctica compartida: ambos, estudiante y docente aprenden uno del otro, un aprendizaje de la vida. Pasado y presente se unen para complementarse y enriquecerse, relativizando éxitos y fracasos, permitiendo descubrir que la vida es un trenzado, un tejido imprevisible y, sin embargo, a partir de una trama que solo se desvela a medida que se avanza. Si, la palabra medida, o mesura, es reveladora: mide lo que fuimos y los que somos, lo que aprendimos de nuestros docentes, y lo que enseñamos hoy. con la alegría, la esperanza o la ilusión que la enseñanza -que no fue vana para nosotros, y no lo es cuando aprendemos de los estudiantes-, es un aprendizaje que se transmite, un legado compartido.

 

miércoles, 8 de enero de 2025

Final de obra

 Desde hace años estudiantes de arquitectura, desengañados a veces del enfoque de los estudios que realizan, o atraídos por alguna asignatura no directamente implicada en la edificación material, deciden no construir. Prefieren optar por profesiones que requieren conocimientos de arquitectura, teóricos o prácticos, ya sea la enseñanza o la investigación, la escenografía, la antropología, el diseño gráfico o industrial, la moda, o las bellas artes. Son arquitectos porque reflexionan sobre el espacio y maneras de estar, de ocupar el espacio, modos de ser y de estar en el mundo. Porque piensan como merece la vida ser asumida.

Mas, en estos últimos años, un creciente número de estudiantes deciden no construir no por razones de gusto o de interés -razones estéticas-, sino por motivos éticos. El mundo está excesivamente construido. Existen demasiadas construcciones, a menudo deshabitadas la mayor parte del año. Las urbanizaciones desiertas se emprenden por todo el territorio. Gangrenan el entorno. No son necesarias. La fiebre del ladrillo les desalienta. No quieren contribuir a esta enfermedad.

Cabría la rehabilitación: la recuperación de lo construido. No se trata de añadir obras nuevas, sino de devolver la vida a obras abandonadas. En estos casos, sin embargo, la ética también impone el silencio. Las obras rehabilitadas multiplican su valor. Los precios ascienden. Estas obras dejan pronto de estar al alcance de una parte importante de la población.

La reflexión, la investigación, tan mal financiada es la opción vital preferida. Mas, ¿permite vivir dignamente? La mirada de muchos estudiantes denota escepticismo, distanciamiento, desengaño, estupor, matizados por la ironía, como si ya no hubiera solución.

El texto transcribe consideraciones de estudiantes, intentando no desvirtuarlas

A B. G., R.A, N.A, O. S., V. A, y tantos otros 





miércoles, 25 de diciembre de 2024

Júbilo

 ¿Qué profesor universitario no ha aspirado a obtener un año sabático? ¿Qué funcionario no lo ha perseguido -maldiciendo a quien lo obtuviera en detrimento suyo?

Un sabático es un periodo anual durante el cual el profesor abandona la docencia y las tareas de gestión, para dedicarse a labores introspectivas o contemplativas, gracias a las cuales amplía conocimientos y reflexiona sobre su trabajo, lo que le permite, al concluir el año, reemprender la docencia con nuevas ideas, nuevos esquemas y nuevas líneas de investigación. Se supone que con ánimos renovados. 

Un sabático es un alto para poder mirar hacia atrás y percibir el futuro con ojos nuevos. Todos los trabajos cotidianos se interrumpen. La meditación, la soledad, la tranquilidad y la reflexión constituyen los objetivos del año sabático que se desarrolla fuera del ámbito universitario. Corresponde a una retirada, a un enclaustramiento, o a un cambio de aire y de rutina. Una renovación mental o espiritual. Una cierta purificación, tras la evaluschim de lo emprendido, de los logros y los errores del pasado. Con el sabático, el tiempo es detiene. Las prisas no son de recibo.

Los años sabáticos se pueden solicitar cada diez años. Mas, el intervalo temporal es insólito; posiblemente incorrecto, si atendemos a lo que la expresión significa.

 Un sabático corresponde al tiempo que media entre el primer y el séptimo día, el día del Sabbat. Éste, que se puede traducir por descanso o por huelga, invita a holgazanear: a no hacer nada, no emprender trabajo alguno, rememorando el séptimo día de la creación, cuando la divinidad abandonó sus tareas y descansó. El fiel se abandona. O mejor dicho, se recoge, para pensar en el modelo de la acción divina, que cesa en su esfuerzo creativo. A la acción -necesariamente fuera de sí- sucede la vuelta hacia uno mismo y el cerrar los ojos a los acontecimientos exteriores.

El sabbat acontece cada semana. Cada siete días, un día de detención. Y cada siete sabbats, cada siete semanas, durante los cuales se han alabado las atenciones divinas, cada cuarenta y nueve días, tiene lugar el jubileo: una demostración de júbilo.

El jubilo es un estallido de alegría: se canta, se grita, se tocan instrumentos, inventados por Ioubelaios (Jubal), descendiente de Caín. Las trompetas, hechas de cuerno de carnero (yobbel) resuenan. El jubileo marca un nuevo inicio. La vida reemprende como la primera vez, renovada. Se recupera el vigor, la memoria se agudiza. Se dirá que uno renace. Los obstáculos se han superado: un viaje inédito se abre ante quien ha manifestado el júbilo, tras las siete estaciones sabáticas. Las faltas, las deudas, las manchas se perdonan tras cincuenta años de vida activa, toda una vida. Era un periodo para abandonar el ejército y retirarse al campo, en Roma. El retiro, literalmente, es un tiro que lleva consigo el apartar a quien lo recibe, de la vida en el frente. El tiro conlleva una parada, un recogimiento, un apartarse de la vida hasta entonces llevada. Un retirado ha quedado detenido. 

El jubilado inicia un nuevo tramo vital. El último. Las tareas anteriores, las preocupaciones que los sabáticos suavizaban, ya no marcan los años postreros. No necesitará ninguna jubileo más. La renovación es definitiva, última.  Accede a otra, la otra vida. Una vida que desemboca, inevitablemente, en un estallido de luz, o de sombras.

Nota: el Jubileo, periodo de renovación en el culto cristiano, cuando las puertas, cerradas a cal y canto, vuelven a abrirse durante un año para que el aire y la luz penetren de nuevo en las estancias o capillas cerradas, y las purifiquen, se inició esta pasada noche a medianoche: el inicio de un año nuevo verdadero, que empieza sin estar lastrado -ni guiado- por los acontecimientos del pasado. Un año de promesas e incertidumbres. Sin el apoyo de la experiencia, sin la sabiduría y los prejuicios, las orejeras y las visiones que el pasado ofrece e impone.