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viernes, 11 de septiembre de 2026

MOUNIR FATMI (1970): SAVE MANHATTAN (SALVEMOS -SALVAD- MANHATTAN, 2004)






 

Célebre obra escultórica efímera, del artista marroquí Mounir Fatmi, sobre los mortíferos atentados en NuevaYork el 11 de septiembre de 2001 (tres mil muertos al momento, y nueve mil hasta hoy, por los componentes cancerígenos de los materiales utilizados en la obra, y por la falta de protección que sufrieron quienes trataron de salvar vidas tras los intencionados choques).

La arquitectura como la larga sombra de la literatura; ésta, como la madre de la arquitectura, constituyendo una barrera contra el daño inflingido a la comunidad, a una ciudad, y que se interpone también contra la presencia invasiva de la obra de los arquitectos.

Si solo fuera verdad que la literatura pudiera impedir la barbarie -de quienes construyen y de quienes destruyen, aniquilando vidas e ilusiones.


jueves, 10 de septiembre de 2026

GEORGIA O’ KEEFFE (1887-1986): ARQUITECTURA Y CIUDAD








































 
Desiertos, tierras áridas esculpidas por el sol, cielos de titanio, cactus carnosos y flores impúdicas erectas como tótems fueron temas de predilección de la pintora norteamericana Georgia O’ Keeffe, convertida en el equivalente plástico de Virginia Woolf: una artista cuya obra, que bordeó la caricatura de sí misma, es reconocible desde lejos. Una obra singular, única, que no buscó gustar, orgullosa de cómo era y de lo que mostraba, plasmada en colores contrastados y planos, convertidos en “iconos”, que solo puede asociarse a ella. 
Casas y rascacielos constituyen el otro gran tema que O’Keeffe trató: construcciones que no se mostraban como la antítesis de la naturaleza incontaminada, sino como perfectos ejemplos de estructuras minerales; casas de campo silenciosas como lomas, y rascacielos abruptos erguidos sobre angustias calles como paredes rocosas entre las que se abren hondas gargantas. La arquitectura entendida como una construcción del mundo, que no se opone a él. Rascacielos inclinados como si siguieran secretos ritmos naturales, en calles solitarias, bajo luces espectrales. Las vistas nocturnas que el lívido óculo lunar, que rememora los círculos ciegos de la luz de las farolas, dota de una fantasmagórica iluminación que no es diurna ni de noche; una ciudad, Nueva York, y unos haciendas en Nuevo México que parecen existir desde siempre, imperturbables ante el estrépito de la masa humana que no es digna de ser representada, como si distrajera de la inmutable o inmemorial presencia de construcciones verticales u horizontales, presentes antes del origen de los tiempos. Porque el tiempo está detenido en la visión del mundo deI’Keeffe. La luz no parpadea, el humo de las fábricas se convierte en los tiesos pliegues de unos pesados cortinajes que nadie puede abrir, y el temblor de la multitud empequeñecida ante el frío y desnudo empaque de los acantilados arquitectónicos no merece ser tenido en cuenta, un imperceptible rumor opacado por el imperturbable silencio que emana de las escenas.

Una exposición, hoy, recuerda todo lo que la arquitectura debe a Georgia O’ Keeffe, que naturalizó y ennobleció la intervención artificial humana, extrayendo la gratuidad del gesto creador, dotándole de sentido: la gran ciudad erizada de rascacielos, y los campos bajo el acecho de las granjas del mismo color que las rocas de fuego petrificado.
Si las pinturas estaban marcadas por la época, los espléndidos dibujos, de limpio y continuo trazo, que apenas circunscriben los perfiles de los rascacielos, como si estos no invadieran el espacio sino que emanaran de él, constituyen la aportación más hermosa, que escapa a la huella del tiempo, de la visión de la ciudad de O’ Keeffe.


viernes, 21 de agosto de 2026

JEAN-MARC BUSTAMANTE (1952): TABLEAUX (TERRAINS VAGUES -CUADROS: TIERRAS BALDÍAS)































 Charles Zana (1960): arquitecto y escenógrafo: Fonds Bustamante (Colección Bustamante), antigua iglesia de la Santa Cruz (Sainte Croix), Arles (Francia), 2026 

Fotos del centro: Tocho, Arles, agosto 2026


Siempre enmarcadas con un sencillo listón de madera oscura, las fotografías del francés Jean-Marc Bustamante, se titulan de la misma manera: Tableau (Cuadro, seguido de una numeración). Sin embargo, la imagen es voluntariamente anodina: una vista de un terreno baldío, con edificios que pasarían casi desapercibidos, si no fuera por cierto mal gusto, cierta ostentación en su decoración barata, y sobre todo, porque se trata de construcciones abandonadas, a medio levantar, en medio de un entorno arruinado por la propia obra, un ejemplo de dejadez y degradación. Bustamante fotografía obras que no han llegado a buen puerto, que tampoco merecían ser concluidas, en un entorno empequeñecido, reseco, que ni siquiera llama la atención por su fealdad. Toda la escena es casi invisible. Nada tiene que llame la atención, por sus cualidades o por la falta de éstas; una nadería que no atrae ni molesta, sobre la que la vista resbala, sin que nada lleve a arquear las cejas, salvo por el marco que metamorfosea la nada en un cuadro y lleva a que nos preguntemos qué es un cuadro y qué rasgos posee que merezca que sea expuesto. No son el tema ni la técnica. Y, sin embargo, la propia ausencia de cualidades deviene una cierta cualidad, un rasgo propio, que lleva a detenerse ante la imagen y sorprenderse que lo que no merece ser contemplado atraiga. Un ejercicio, seguramente enrevesado y quizá arado, que da lugar a obras que, ciertamente, llevan a preguntarse porque las miramos, con cierta obsesión, cuando no hay nada que ver.

Algunos de estos “cuadros” -junto con otras obras escultóricas y pictóricas del artista, de menor interés- se exponen, al lado de obras de otros artistas que colecciona (el alemán Thomas Schütte siendo el más y mejor representado), en un nuevo museo de arte contemporáneo privado en la ciudad francesa de Arles, creado por Bustamante, ubicado en una iglesia sobriamente (salvo la escalera, excesiva en su flamígero tratamiento) restaurada y convertida en un centro cultural, que se suma a la fundación LUMA de fotografía, cuya masa y desafortunada forma, del arquitecto Frank Gehry, domina o aplasta el discreto perfil de la ciudad de Arles, de origen romano.