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jueves, 1 de octubre de 2026

SALVADOR DALÍ (1904-1989): MADRID (1922)










Burdeles, borrachos, y la Navidad.
La imagen de Madrid que Salvador Dalí compuso a principios de los años veinte, entre el cubismo decorativo, la viñeta cómica de periódico y los dibujos caricaturescos de Xavier Nogués y de García Lorca, muestran a una ciudad en blanco y negro, sin duda nocturna,  descompuesta, desordenada y vital, en la que todo parece posible, y edificios y habitantes componen un acertijo de luces (eléctricas) y sombras -que Dalí ya no volvería a practicar. Una ciudad poblada de personajes -el borracho, el noctámbulo- más que de personas, que revelan lo que la ciudad debía ser y quizá la ciudad que el artista buscada.
Son dibujos raramente mostrados siempre en favor de su obra canónicamente surrealista. En 1922 Dalí dibujaba y pintaba como quería. 
 

Comentario en relación a una próxima exposición en la que Dalí juega un papel importante. 

sábado, 26 de septiembre de 2026

Arquitectura urbana (1929)


Foto: Tocho, Alfonso Ponce de León, Arquitectura urbana, 1929, colección permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, septiembre de 2026


La historia se escribe con renglones torcidos. 
Alfonso Ponce de León fue un pintor andaluz afincado en Madrid. Formado, junto con Salvador Dalí, Remedios Varo y Maruja Mallo, en la Real Academia de San Fernando, fue amigo y colaborador de García Lorca en la compañía La Barraca, de Buñuel, en su relación con el cine como director y actor, y de Picasso, tras su estancia en París.
Participó en la exposición sobre Arquitectura y Pintura Modernas, en el Casino de San Sebastián, en 1930, con los arquitectos José Luis Sert, Josep Torres Clavé y Sixto Illescas, entre otros, y la mayoría de los pintores antes citados, junto con Juan Gris, por ejemplo. El grupo GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea) se fundó a raíz de esta muestra.
Era falangista. Fue hecho preso, torturado en una checa, y asesinado, junto con su familia en 1936.
Esta obra refleja bien su relación con la arquitectura moderna.
Una vista de pequeño tamaño, abocetada al óleo, inspirada por la pintura metafísica italiana, muestra, desde un punto de vista bajo, a altura de la calle, dos. altos bloques paralelepípedicos, desnudos y repetitivos -pero se sugiere que no están aislados-, de composición seriada propia de la arquitectura racionalista, representados inclinados, una orientación que sugiere dinamismo e inestabilidad, fragilidad, casi inocencia o infantilidad pese al adusto y hierático porte, bajo un cielo ceniciento, animada o humanizada por la intrusión del marco inestable de una portería de fútbol, sostenida por delgados perfiles metálicos  que sugiere la presencia de un área de juego, seguramente de niños (la portería en mal estado no es propia de un equipo profesional), un solar, un descampado o, menos probablemente una plaza, delimitados por los bloques de un nuevo barrio periférico, al parecer bordeado o rodeado por un bosque. No es una vista de un centro histórico ni de un barrio burgués. 
Luces y sombras de la nueva arquitectura entonces.


 

martes, 22 de septiembre de 2026

MAN RAY (1890-1976): LAMPSHADE (1919)



Foto: Tocho, Musée d' Art Moderne, Céret (Francia), septiembre de 2026




Lámpara de techo, a partir de una plancha metálica enrollada que simula caer desenrollándose.
La pantalla reproduce la forma, la caída de una hoja de papel sometida al mismo tratamiento. Dicha hoja procedía de una pantalla de lámpara de mesa rota, de papel, que Man Ray halló en un basurero y recogió. Realizó varias fotografías del papel colgado de diversas maneras antes que alguien inadvertidamente echara de nuevo la hoja a la basura y que Man Ray decidiera reproducir la forma en una delgada plancha de metal pintada de blanco y convertirla en una pantalla de lámpara -o le devolviera a su función primera-, esta vez de lámpara de techo. Este modelo, convertido en un inesperado icono del diseño industrial, entre una escultura y un útil -la frontera es ambigua- se ha reproducido en series limitadas varias veces a lo largo de los años.

Un brillante ejercicio de reutilización, cuando una parte del diseño industrial “transitaba” del modernismo al art déco, vagamente kitsch,  y otro se abría al severo, y a veces incómodo  racionalismo. 

Para Rosa Llinás, la mejor diseñadora de lámparas, hechas a mano, de Europa.

lunes, 21 de septiembre de 2026

MAN RAY (1890-1976): NEW YORK 17 (1917)




 Fotos: Tocho, Museo de Arte Moderno, Ceret (Francia)


Con más gracia que las absurdas torres inclinadas del arquitecto Philip Johnson en Madrid, y confirmando, una vez más, la diferencia abismal entre la idea (la maqueta, ligera y estilizada) y la realidad (elefantesca), el joven artista Man Ray, recién desembarcado en Nueva York en 1915, compuso esta estatuilla de plata maciza -primeramente en madera-, convirtiendo un rascacielos escalonado, seguramente de dimensiones colosales en la realidad (si se hubiere construido), en un cohete: un símbolo festivo, pero también una delgada flecha apuntando certeramente al futuro. Un signo de prosperidad y optimismo que doce años más se quebraría quizá para siempre.

Esta insólita  estatuilla se puede ver en la excelente exposición sobre el artista dadaísta Picabia, sus amigos, y su relación con Barcelona en los últimos años de la Primera Guerra Mundial -que no afectó directamente a España-, en la pequeña ciudad francesa de Ceret. 

Entre las sorpresas que depara la muestra: el legado de Picabia y sus amigos se halla en el archivo histórico municipal y en el ayuntamiento de Gerona: un material inédito, expuesto por vez primera, que incluye preciosas obras de Sonia Delaunay y de un aún titubeante Miró, junto con material gráfico con un diseño caligráfico muy alejado de las corrientes que imperaban en n Barcelona (los últimos coletazos del modernismo y el melifluo noucentismo), de la entonces vanguardista galería Dalmau.

 


https://www.musee-ceret.com/expositions/exposition-en-cours/




jueves, 17 de septiembre de 2026

OSCAR OIWA (1965): LA CIUDAD ESPECTRAL
















Arquitecto y pintor brasileño de familia japonesa emigrada, pintor en Brasil y hoy en Nueva York, y antes arquitecto en Japón, Oiwa compone cuadros desmesurados (230x450 cm), a menudo, con motivos urbanos o arquitectónicos: ruinas, u obras inacabadas, cin estructuras de hormigón a medio levantar, ciudades nocturnas como Barcelona, Babel convertida en un tornado que desciende del cielo, como un castigo, asolando la tierra; ciudades representadas desde los aires, bajo luces espectrales, abandonadas o deshabitadas, inquietantes por la aparente ausencia de vida, la ciudad que Oiwa concibe y recuerda, entre Sao Paolo y Tokio,  sucia y descompuesta, pero amenazadora, salpicada de luces hirientes, parece extraída de un mal sueño, aunque sabemos que no es una fantasía. Sentimos que es casi demasiado realista, pese a una apariencia de imagen de cómic sombrío. 

Una exposición hoy en Nueva York pone el acento en el doble e insólito origen de Oscar Oiwa que le permite descubrir inesperadas correspondencias entre ciudades en apariencia alejadas como Sao Paolo, Tokio -y Barcelona.

https://www.goca.gallery/exhibitions/oscar-oiwa


https://www.oscaroiwastudio.com/


 

viernes, 11 de septiembre de 2026

MOUNIR FATMI (1970): SAVE MANHATTAN (SALVEMOS -SALVAD- MANHATTAN, 2004)






 

Célebre obra escultórica efímera, del artista marroquí Mounir Fatmi, sobre los mortíferos atentados en NuevaYork el 11 de septiembre de 2001 (tres mil muertos al momento, y nueve mil hasta hoy, por los componentes cancerígenos de los materiales utilizados en la obra, y por la falta de protección que sufrieron quienes trataron de salvar vidas tras los intencionados choques).

La arquitectura como la larga sombra de la literatura; ésta, como la madre de la arquitectura, constituyendo una barrera contra el daño inflingido a la comunidad, a una ciudad, y que se interpone también contra la presencia invasiva de la obra de los arquitectos.

Si solo fuera verdad que la literatura pudiera impedir la barbarie -de quienes construyen y de quienes destruyen, aniquilando vidas e ilusiones.


jueves, 10 de septiembre de 2026

GEORGIA O’ KEEFFE (1887-1986): ARQUITECTURA Y CIUDAD








































 
Desiertos, tierras áridas esculpidas por el sol, cielos de titanio, cactus carnosos y flores impúdicas erectas como tótems fueron temas de predilección de la pintora norteamericana Georgia O’ Keeffe, convertida en el equivalente plástico de Virginia Woolf: una artista cuya obra, que bordeó la caricatura de sí misma, es reconocible desde lejos. Una obra singular, única, que no buscó gustar, orgullosa de cómo era y de lo que mostraba, plasmada en colores contrastados y planos, convertidos en “iconos”, que solo puede asociarse a ella. 
Casas y rascacielos constituyen el otro gran tema que O’Keeffe trató: construcciones que no se mostraban como la antítesis de la naturaleza incontaminada, sino como perfectos ejemplos de estructuras minerales; casas de campo silenciosas como lomas, y rascacielos abruptos erguidos sobre angustias calles como paredes rocosas entre las que se abren hondas gargantas. La arquitectura entendida como una construcción del mundo, que no se opone a él. Rascacielos inclinados como si siguieran secretos ritmos naturales, en calles solitarias, bajo luces espectrales. Las vistas nocturnas que el lívido óculo lunar, que rememora los círculos ciegos de la luz de las farolas, dota de una fantasmagórica iluminación que no es diurna ni de noche; una ciudad, Nueva York, y unos haciendas en Nuevo México que parecen existir desde siempre, imperturbables ante el estrépito de la masa humana que no es digna de ser representada, como si distrajera de la inmutable o inmemorial presencia de construcciones verticales u horizontales, presentes antes del origen de los tiempos. Porque el tiempo está detenido en la visión del mundo deI’Keeffe. La luz no parpadea, el humo de las fábricas se convierte en los tiesos pliegues de unos pesados cortinajes que nadie puede abrir, y el temblor de la multitud empequeñecida ante el frío y desnudo empaque de los acantilados arquitectónicos no merece ser tenido en cuenta, un imperceptible rumor opacado por el imperturbable silencio que emana de las escenas.

Una exposición, hoy, recuerda todo lo que la arquitectura debe a Georgia O’ Keeffe, que naturalizó y ennobleció la intervención artificial humana, extrayendo la gratuidad del gesto creador, dotándole de sentido: la gran ciudad erizada de rascacielos, y los campos bajo el acecho de las granjas del mismo color que las rocas de fuego petrificado.
Si las pinturas estaban marcadas por la época, los espléndidos dibujos, de limpio y continuo trazo, que apenas circunscriben los perfiles de los rascacielos, como si estos no invadieran el espacio sino que emanaran de él, constituyen la aportación más hermosa, que escapa a la huella del tiempo, de la visión de la ciudad de O’ Keeffe.