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miércoles, 3 de junio de 2026

JOSÉ ROMERO AGUIRRE (1922-1979): IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN (ZARAGOZA, 1962)















Fotos: Tocho, Zaragoza, junio de 2026


Hoy que tanto se alaban los colores chillones del templo expiatorio de la Sagrada Familia, iniciada por Antonio Gaudí a partir de una construcción neogótica anterior, y concluida por programas informáticos, en Barcelona, quizá debamos volver la vista hacia las iglesias de Miguel Fisac en Madrid y José Romero Aguirre en Zaragoza , sumidas en la penumbra, que realzan muros de tramas irregulares de densas luces de colores -la luz, necesariamente inmaterial, intangible, puede ser tan grávida y densa como el agua de las profundidades marinas en las que apenas alcanza la luz, y se diría que podría recogerse en el cuenco de las manos-, luces sombrías que parecen emanar  de no se sabe dónde.

La iglesia del Carmen de Zaragoza -que forma parte de un conjunto que ocupa una manzana entera y se completa con un colegio mayor y una Residencia para religiosas, que recuerdan la arquitectura holandesa de ladrillo de los años veinte del siglo pasado-, vacía, y sumida en silencio, invita a caminar con cuidado y hablar quedamente para que las capas de colores no tiriten y  ya no encuentren su lugar.
 

jueves, 5 de marzo de 2026

MIGUEL FISAC (1913-2006): IGLESIA DEL ESPÍRITU SANTO (1942)


















 

Fotos a color: Tocho, marzo de 2026


¿Cómo juzgar un “buen” edificio -por su relación con el “tejido” urbano, con el entorno, por su volumen, su fachada, sus proporciones, su material, su estado de conservación, cierta contención- cuya construcción conllevó la mutilación de un muy buen edificio existente? Los nombres de los arquitectos, y su carrera también condicionan el juicio. En un caso, además, uno de los autores acabó proscrito por ambos “bandos”.  

La política puede incidir en el juicio estético. El destino del templo, perteneciente a una secta católica, quizá tiña aquél. 

Mas, ¿podemos o debemos juzgar hoy, con criterios y valores actuales, decisiones y obras tomadas y llevadas a cabo hace sesenta años, en tiempos de postguerra y de durísima represión? El arquitecto posiblemente lograra el encargo por su afección a dicha secta -y su desafección final pudo haber acarreado que el destino de su última obra hubiera seguido los pasos de lo que él desfiguró medio siglo antes. 

Dudas y preguntas que matizan mucho la visión y la opinión -la interpretación- de la obra.

 Una respuesta prudente podría valorar el edificio externamente; parcialmente. El interior, más cercano a los dictados del concilio de Trento que del puritanismo protestante -pese a la admiración que sentía el arquitecto por creadores nórdicos-, en cambio, difícilmente logre una admiración unánime. 

¿Se pudo construir con independencia de la ideología, empero, en la postguerra? Y las dudas vuelven a aflorar. O, dicho de otro modo, el juicio tiene que tener en cuenta, valorar o desechar, pero no desconocerlos, todas esas preguntas.

Por fin ¿cómo  comparar dos edificios, uno de los cuales solo se conoce por fotografías, mientras el otro, cuya existencia conllevó la inexistencia violenta del anterior, luce aún hoy de manera impecable?

El auditorio de la Residencia de Estudiantes, obra maestra de los arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez, de 1933, fue condenado al acabar la guerra civil. La institución estaba relacionada con la Segunda República, y con una enseñanza laica. 

El arquitecto Miguel Fisac recibió el encargo de implantar un templo en la estructura desacralizada de la Residencia Universitaria. Dicho templo iba a aplastar el auditorio de la misma. Éste no fue destruido. Pero sufrió una transformación tal que hoy es irreconocible. Un auditorio podría confundirse con un templo. Pero seguramente no debía. Mutó, pues, en lo que es hoy: una iglesia de estructural basilical, cuyo interior presenta un interés muy limitado (siendo educado o prudente), salvo en la sorprendente bóveda, elevada vertiginosamente, como un pozo de luz, sobre el altar.

Dada la adscripción a una secta escasamente aficionada a los edictos del Concilio Vaticano II, el templo sigue atrayendo a fieles incluso en días no festivos, a horas laborables. Pero la edad de los fieles augura que, un día, en un futuro que se augura relativamente próximo, el interior quede desierto para siempre, y la puerta se cierre por última vez. Entonces….


Una apasionante exposición, muy bien documentada, articulada y explicada, en la histórica Residencia de Estudiantes, en Madrid -que, sin duda, será votada merecidamente como una de las mejores, o la mejor, del año en España-, titulada Intolerancia. España en una época convulsa 1914-1945, con un despliegue inimaginable de documentos originales y reproducidos (libros, folletos, carteles, postales, cartas, notas, etc.), fotografías, obras y filmaciones, amén del vértigo que suscita su inquietante actualidad pese a referirse a hechos que en algunos casos acontecieron hace más de un siglo, invita hoy a pensar en lo que significa la construcción de la Iglesia del Espíritu Santo y a enjuiciarla -enjuiciando la decisión de su proyecto :

https://residenciadeestudiantes.com/exposiciones/intolerancia-espana-en-una-europa-convulsa-1914-1945


martes, 3 de marzo de 2026

MIGUEL FISAC (1913-2006): PARROQUIA DE SANTA ANA (MORATALAZ, MADRID, 1965)





























 Fotos: Tocho, marzo de 2026


Una indiferente exposición de arte contemporáneo, promovida por una acaudalada coleccionista en un templo , dentro del marco de las actividades de la feria de arte contemporáneo ARCO en Madrid, ha permitido la apertura de las puertas y la visita hasta los últimos recovecos de una notable iglesia parroquial de hormigón, del mejor arquitecto español del siglo XX, Miguel Fisac, en un polígono, asentado en un terreno con pronunciados desniveles, en el barrio de Moratalaz, en la periferia oriental de Madrid.
El cuerpo central, que se despliega en un volumen de planta rectangular, se asemeja a una capa extendida o un ave de alas extendidas, cuyos límites ondulados están formados por entrantes y salientes que, por un lado evitan la reverberación del sonido y, por otro, abren concavidades detrás del altar mayor que acogen un crucifijo, reducido a un rasguño que flota en la curva que el ábside apunta, un púlpito y un sagrario, dispersando así la figura y la voz de la divinidad. 
De lejos, la iglesia apenas se reconoce. La planta y el volumen evitan que la singularidad de un templo se perciba en favor de un edificio más integrado en un barrio modesto.. Apenas un delgado campanario se otea desde lejos, desdibujado por las ramas de los árboles y en parte oculto por los muros de los servicios adheridos al santuario, desde la casa parroquial hasta aulas y patios que configuran un centro religioso y cultural inicialmente rodeado de jardines. 
Dicha parroquia fue el resultado de la primera aplicación de los edictos del concilio del Vaticano II que pedía que el ritual aconteciera en la tierra y entre los humanos, y no en las distantes alturas de los príncipes de la Iglesia. El color ceniza del hormigón, la ausencia de ornamentación, y el uso de jácenas de hormigón pretensado acentúan la humanidad del templo y su horizontalidad, a la altura de los fieles sobre los que no se impone una parroquia concebida como un centro comunitario.