martes, 15 de julio de 2025

AUGUSTIN LEPAGE (1876-1954): LOS MISTERIOS DEL ANTIGUO EGIPTO (1930)




Aunque el minero Augustin Lepage afirmaba que las voces de Leonardo de Vinci y de su hermana pequeña fallecida, que le llegaban en lo hondo de las galerías, le alentaban a pintar, no fue hasta un encuentro con el reputado egiptólogo Alexandre Moret en 1930 que Lepage, sin ninguna formación académica, empezó a componer y pintar, cuidadosa y obsesivamente, gigantescos cuadros abstractos con formas vagamente arquitectónicas simétricas, incrustadas, como en elaboradas joyas afiligranadas, con motivos egipcios y mesopotámicos reconocibles, sin duda copiados de libros o revistas. 
Las voces le dictaban los motivos. Éstos se desarrollaban sin bocetos previos, de la derecha a la izquierda. Un sinfin de estratos geológicos o arqueológicos se superponían, contrastando con las particiones verticales.

En uno de sus cuadros más célebres, dedicados a cantar los misterios de Egipto, en verdad lo que más pululan son motivos sumerios como la reconstrucción del retrato enjoyado de la reina Puabi -su tumba fue hallada por la misión arqueológica de Charles Leonard Woolley en el yacimiento de Ur en el sur de lo que hoy es Iraq, en 1927, y el deslumbrante ajuar funerario, tras su restauración, fue comparado por la prensa con el tesoro de Tutankhamon descubierto tres años antes y también ampliamente publicitado en todo el mundo-, así como las esculturas de un carnero de pie contra un árbol, considerado como una imagen del árbol de la vida, y testas de toro que ornaban grandes arpas de madera, que juntos también formaban parte del llamado tesoro de las tumbas reales de Ur, del siglo XXVI. aC.

 Lesage copió las imágenes sumerias de libros y revistas de finales de los años 30. Contrariamente a las tumbas egipcias en las que los cuerpos estaban bien conservados, la humedad de las marismas en las que o cerca de las que se edificaron las primeras ciudades sumerias impidió la conservación de la materia orgánica. 
Las joyas, las tiaras, fueron encontradas dispersadas en las tumbas, a menudo deformadas por la desaparición de los cuerpos que les daban sustento. 
Los arqueólogos restauraron cómo pudieron el ajuar y reconstruyeron el rostro de los difuntos, inspirándose, involuntariamente, en rostros de actrices de Hollywood como Greta Garbo y Jean Harlow, que sin duda prestaron sus facciones sin quererlo a la Reina Puabi que devino así cercana, y fascinó a la prensa que multiplicó su imagen y escapo del severo y exclusivo cerco de la arqueología para convertirse en un ícono de la moda, como bien refleja este cuadro del artista francés de art brut, Augustin Lesage, que pintaba por gusto, vendía a precio de materiales y de horas de un minero, y fue descubierto por el artista Jean Dubuffet que lanzó a los artistas que no tenían estudios y no estaban condicionados por lo que sabían y tenían que demostrar. 
El llamado desde Dubuffet arte brut, el arte sin pulir, libre de los buenos modales, las formas correctas de las enseñanzas académicas. Pero no libre de la irresistible fascinación del próximo oriente antiguo 


Una gran exposición sobre Art brut se encuentra, este verano, en el Grand Palais en París:

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