viernes, 9 de enero de 2026

El poder de las imágenes (El miedo a las imágenes)






El gobierno español ha ordenado retirar todas las imágenes de un yugo y unas flechas, que se encuentran aún sobre todo en placas metálicas que el Ministerio de la Vivienda (El Instituto Nacional de la Vivienda) colocó en bloques de viviendas de protección oficial construidas bajo el régimen franquista. Esta imagen se asocia con dicho régimen. Fue reiteradamente utilizada en la heráldica y en la “señalética” oficial.

Sin embargo, tenemos que distinguir entre uso y creación. Este logotipo, emblema, símbolo o imagen no fue una creación de la postguerra ni del régimen franquista, sino que es renacentista. Remonta a los llamados Reyes Católicos, Fernando II de la Corona de Aragón, e Isabel I, de la Corona de Castilla, y simboliza sus esponsales. De hecho, es un símbolo de amor. Las flechas, propias de las armas de Isabel, evocan a su esposo Fernando (a través de la inicial F común a ambas palabras), mientras que el yugo, que formaba parte de la heráldica de Fernando, invoca a su esposa Isabel (cuyo nombre, entonces, se escribía Ysabel, con la y común a las dos nombres, común y propio).

Lo que acontece con este emblema ya ha afectado a la cruz gamada nazi, símbolo ominoso de la Alemania hitleriana, pero, en verdad, un símbolo antiquísimo, que remonta al neolítico, que prolifera en innumerables objetos, y que simboliza, a través de la posición de las aspas de la cruz, el curso circular del sol. Un símbolo vital y no de opresión y destrucción. Un símbolo que evoca no la eternidad, sino el paso del tiempo.

¿Qué hacer entonces ante estos símbolos antiguos utilizados modernamente?. Los nazis consideraban que se trataba de un símbolo ario -era hindú-; los franquistas debían pensar que evocaba la “union de la patria”. Pero dichos símbolos son muy anteriores a su uso y abuso partidista.

Si se retiran, en una especia de práctica iconoclasta que no destruye la imagen, pero la vuelve invisible, es que las tememos. Tememos su poder. No soportemos su vista. Asusta que puedan influir en nosotros, en nuestra relación con el mundo y con los demás, que nos alteren la percepción de lo que nos rodea, y nuestros criterios. Hacen daño a la vista. Pueden condicionar nuestros juicios y prejuicios. Mas, ¿son las imágenes temibles? Toda imagen puede ser manipulada, y puede tener varias lecturas, lecturas que la historia establece.

¿No es útil conocer tanto las imágenes, cómo lo que significan en función de los tiempos? Más que borrarlas ¿no deberíamos explicarlas? La decisión, suponemos, es política, no estética, aunque no hay política sin estética. La retirada de lo que da pie a una lectura estética quizá anule el valor de la decisión política. Y quedamos más ignorantes y desamparados. Listos para acometer nuevas barbaridades, para dejarnos apoderar o seducir por la barbarie.

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