Se ha dicho a menudo que el arte, no solo las bellas artes, sino cualquier obrar humano, cualquier creación humana, cualquier manifestación del ingenio humano, tiene como finalidad facilitar la vida, esto es, mediar entre la naturaleza y nosotros, a fin de aproximarnos a ella, tal como narra el mito bíblico de la creación del mundo, por ejemplo: gracias al trabajo, Adán y Eva lograrían volver a relacionarse con la tierra de la que habían quedado excluidos tras una primera falta: la ingesta de un fruto prohibido.
Sin embargo, las necesidades básicas de un ser viviente -de un animal- pueden ser cubiertas de inmediato: alimentarse, cobijarse, defenderse se satisfacen al momento. No es necesaria ninguna reflexión. En cuanto se manifiestan, el cuerpo reacciona hasta dar cumplida satisfacción a la urgencia manifestada.
En cambio, el hacer humano obliga a tomar las distancias con el impulso físico. El ser humano se toma su tiempo. Cocina, construye, teje, modela, lo que exige postergar, a veces durante años, la necesidad. El ser humano se construye un mundo que se interpone entre la naturaleza y su naturaleza, su persona. Un mundo adaptado a él, que, de algún modo, le protege de la "llamada" natural.
El arte, así, no nos une con el mundo, sino que nos aparta de él. Nos protege de sus exigencias.
Pero bien es cierto que esas actividades técnicas o artísticas no son necesarias. Están casi contraindicadas pues impiden colmar lo que el cuerpo pide. La satisfacción mediata puede causar un daño. Se puede morir en el empeño. La construcción exige fuerza y tiempo del que quizá no se dispone. Y sin embargo esta actividad se emprende y se continua incluso si se pone la vida en peligro.
El arte, por tanto, es superfluo. Su gratuidad es su grandeza. Denota que el ser humano es capaz de detenerse y reflexionar, de no estar sometido a las necesidades de la vida.
El arte no defiende la vida terrenal. Pero permite soñar o imaginar "otra" vida, una vida a la que se accede cuando cesan las necesidades físicas, cuando la vida se detiene para facilitar la entrada en esa otra vida a la que el arte da acceso, o que el arte configura.
jueves, 28 de septiembre de 2017
Referéndum
El referéndum por la independencia lleva al cierre del aeropuerto a los vuelos internacionales. Solo caben vuelos nacionales.
La frontera terrestre también ha sido cerrada.
No se puede llegar a la ciudad desde los países limítrofes.
Al mismo tiempo la salida de la ciudad hacia el extranjero obliga a viajar a la capital previa la obtención de un visado que puede tomar entre varias semanas y varios meses.
Las medidas se harán efectivas a partir de mañana viernes 29 a las 1 horas.
Quienquiera tenga que acudir a la ciudad deberá emprender el viaje antes de esta fecha y hora, aunque no tiene garantizado el regreso.
Me refiero a la ciudad iraquí de Erbil, en el Kurdistan iraquí, tras el referéndum de independencia no reconocido por Bagdad ni por Turquía e Irán, donde Tocho debía volar el domingo 1 de octubre por la noche para sumarse durante una semana a una misión arqueológica internacional que excava un yacimiento neo-asirio, ya presente en la ciudad de Erbil hasta finales de octubre.
La frontera terrestre también ha sido cerrada.
No se puede llegar a la ciudad desde los países limítrofes.
Al mismo tiempo la salida de la ciudad hacia el extranjero obliga a viajar a la capital previa la obtención de un visado que puede tomar entre varias semanas y varios meses.
Las medidas se harán efectivas a partir de mañana viernes 29 a las 1 horas.
Quienquiera tenga que acudir a la ciudad deberá emprender el viaje antes de esta fecha y hora, aunque no tiene garantizado el regreso.
Me refiero a la ciudad iraquí de Erbil, en el Kurdistan iraquí, tras el referéndum de independencia no reconocido por Bagdad ni por Turquía e Irán, donde Tocho debía volar el domingo 1 de octubre por la noche para sumarse durante una semana a una misión arqueológica internacional que excava un yacimiento neo-asirio, ya presente en la ciudad de Erbil hasta finales de octubre.
NB: El gobierno autónomo kurdo echa el freno. La sensatez aún no ha desaparecido en ciertas partes del mundo.
martes, 26 de septiembre de 2017
AGNÈS VARDA (1928): LE LION VOLATIL (2003)
Una sugerente y sencilla manera de evocar, recordar y mostrar una plaza central de París
Estado de excepción
Bagdad, entre 2003 y 2014, en medio de atentados mortales, constantes explosiones de bombas, vuelos rasante de "aviones invisibles" y helicópteros, y de secuestros rápidos incesantes -que siguen, hoy, a finales de 2017, con un promedio de unos treinta muertos a la semana-, estuvo sometida al toque de queda. Entre las seis de la tarde -las nueve de la noche en 2012- y las siete de la mañana, nadie podía desplazarse por la capital iraquí, a pie ni en vehículo, so pena de ser detenido en cualquiera de los numerosos controles instalados permanentemente en la ciudad. En 2008, no se podía circular a pie ni siquiera de día a menos de conocer los gestos que se debían realizar al llegar ante un control, cómo se debía mostrar el pase, y dónde, cómo y a qué distancia detenerse. El arresto no era un peligro. Los guardias tenían la orden de disparar a matar, como recordaban carteles: Shoot to Death. Las empresas públicas y privadas cerraban a las dos de la tarde para que los empleados pudieran llegar a casa, en medio del trafico infernal colapsado por los controles y agravado por la falta de transporte público (aún hoy) a causa del peligro de los suicidas que portaban bombas, antes del toque de queda. Las cenas empezaban a las cuatro y media o las cinco de la tarde. Los comensales debían estar de vuelta antes de la caída de la noche. Recuerdo, ya en 2011, una carrera desesperada en taxi camino del hotel, a las nueve de la noche, cuando ya no se podía circular por la ciudad. El pánico del taxista imponía. Nadie decía nada. Trataba de esquivar los controles circulando por callejuelas aún más oscuras, y por las autopistas que cruzan la ciudad. Ni siquiera de día se podía circular a pie. Altos y gruesos muros de hormigón armado, situados en el borde de la acera, protegían las casas e impedían caminar frente a ellas. Los barrios, a su vez, estaban rodeados de los mismos muros y precedidos por controles.
Un grupo de profesores y estudiantes visitábamos Egipto cuando estalló la revuelta en enero de 2011. Se instauró el estado de excepción en todo el país, particularmente en El Cairo. Incluía el toque de queda, desde las cuatro de la tarde hasta las ocho -luego las nueve- de la mañana. Los tanques se hallaban en las entradas de la ciudad, circulaban por las calles y, cruzados en las calzadas, constituían controles insuperables. Tiendas, discotecas, restaurantes y hoteles eran incendiados. Franco-tiradores disparaban por encima de nuestras cabezas en la terraza del hotel. Bandas de vecinos armados trataban de defender sus negocios y las gasolineras -que incendiadas, podían hacer saltar la ciudad-. No se podía circular por las carreteras y desde luego detenerse. El aeropuerto estaba colapsado. No se tenía acceso. Recuerdo a una joven rumana llorando tras varios días deambulando por la terminal sin que ningún representante de su país la atendiera. Una familia sudanesa con un bebé acampaba, hundida, desde hacia cinco días, sin agua ni alimentos, abandonados, sin poder regresar a su país. Una vez accedido al aeropuerto, tampoco se podía salir de él. La plaza Tahir infundía miedo: aviones de caza sobrevolaban en círculo sobre la muchedumbre rodeada de tanques, causando estampidos. Los controles militares impedían el tránsito. De noche, los tanques rondaban incesantemente, sin detenerse ante bandas armadas de palos y cadenas.
Quizá por eso, cuando empleamos la expresión "estado de excepción" en los soleados días otoñales mediterráneos, deberíamos pensar en lo qué decimos.
Un grupo de profesores y estudiantes visitábamos Egipto cuando estalló la revuelta en enero de 2011. Se instauró el estado de excepción en todo el país, particularmente en El Cairo. Incluía el toque de queda, desde las cuatro de la tarde hasta las ocho -luego las nueve- de la mañana. Los tanques se hallaban en las entradas de la ciudad, circulaban por las calles y, cruzados en las calzadas, constituían controles insuperables. Tiendas, discotecas, restaurantes y hoteles eran incendiados. Franco-tiradores disparaban por encima de nuestras cabezas en la terraza del hotel. Bandas de vecinos armados trataban de defender sus negocios y las gasolineras -que incendiadas, podían hacer saltar la ciudad-. No se podía circular por las carreteras y desde luego detenerse. El aeropuerto estaba colapsado. No se tenía acceso. Recuerdo a una joven rumana llorando tras varios días deambulando por la terminal sin que ningún representante de su país la atendiera. Una familia sudanesa con un bebé acampaba, hundida, desde hacia cinco días, sin agua ni alimentos, abandonados, sin poder regresar a su país. Una vez accedido al aeropuerto, tampoco se podía salir de él. La plaza Tahir infundía miedo: aviones de caza sobrevolaban en círculo sobre la muchedumbre rodeada de tanques, causando estampidos. Los controles militares impedían el tránsito. De noche, los tanques rondaban incesantemente, sin detenerse ante bandas armadas de palos y cadenas.
Quizá por eso, cuando empleamos la expresión "estado de excepción" en los soleados días otoñales mediterráneos, deberíamos pensar en lo qué decimos.
domingo, 24 de septiembre de 2017
GEORGE HARRISON (1943-2001): WONDERWALL (EL MURO DE LAS MARAVILLAS): GLASS BOX (BLOQUE DE VIDRIO) & DRILLING A HOME (AGUJEREANDO EL HOGAR) (1968)
Del espléndido -aunque poco apreciado- primer LP de George Harrison, Wonderwall (Muro Maravilloso, o Muro de las Maravillas: o qué se halla tras la muda y ciega apariencia -si se cruza. La portada del disco -a un lado un "gentleman" con bombín y paraguas, en blanco y negro, inspirdo en los hombres grises y lluviosos de Magritte, tras el muro, náyades en un paraíso colorístico- lo revela todo. La contraportada, una foto en blanco y negro del muro de Berlín, aportaba una nota amarga y realista. El sueño se había desvanecido -mucho antes de lo previsto.)
Se trata de la banda sonora de una película del mismo título.
ALDO ROMANO (19419: CORNERS (ESQUINAS, 1999: PETIONVILLIE, STORYVILLE, POSITANO)
Maravillosa Positano -el pueblo y su traducción musical.
Sobre este percusionista -y pianista ocasional- de jazz italiano, véase, por ejemplo,eesta página web
ANZO (JOSÉ IRANZO ALMONAZID, 1931-2006): AISLAMIENTO (1967)
Cuando se celebrar laudatoriamente los cincuenta años de la construcción de los barceloneses edificios Trade del arquitecto José Antonio Coderch (1913-1984) -un conjunto de bloques de oficinas recubiertos por un muro cortina de vidrio curvos (que ondulan como si quisieran tritutar más eficazmente a quien recorre los espacios intersticiales)-, quizá nos hayamos olvidado que el artista valenciano conocido como Anzo -que formó parte del grupo Estampa Popular-, el mismo año de la edificación, pintó este conjunto arquitectónico para simbolizar espacios de exclusión y de aislamiento, en los que el ser humano se pierde, y que formó parte de una amplia selección de obras tituladas Aislamiento, a las que el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) dedica una muy buena -y sorprendente por lo desconocida- exposición antológica
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