martes, 29 de enero de 2013

¿La primera ciudad, según la Biblia?

Una rápida lectura del Génesis, en cualquier idioma, revela que la primera ciudad fue la que Caín, tras haber sido expulsado del Edén y haber sido condenado al destierro hasta el fin de sus días, con el consentimiento de Yahvé, construyó, para poder refugiarse y albergar en ella a todos los desterrados de la tierra, semejantes a él.
De ahí, ha resultado la imagen negativa que el Antiguo Testamento ofrece del mundo urbano, lógica si pensamos que se trataba de una cultura de nómadas, contrarios a la sedentarización. El mismo Yahvé, en los inicios, prohibió la construcción de un templo permanente, y solo autorizó la existencia de un Arca, transportable, algo así como un santuario móvil. La posterior equiparación entre el Arca de la Alianza, el Arca de Noé, y el Templo de Jerusalén, confirmaría que el Arca que Moisés construyó era un templo en miniatura, adaptado a la vida de una tribu nómada.

Por el contrario, se ha destacado -se ha dicho una y otra vez en Tocho- que la imagen de la ciudad en Mesopotamia era muy distinta. No se trataba de una estructura, y un modelo de sociedad, denostados -como lo fueron Babilonia, Nínive, Nimrud, Sodoma y Gomorra, etc. en la Biblia- sino que, por el contrario, las ciudades fueron consideradas como un invento que mejoró la suerte de los humanos. La imagen de la estructura y la vida urbanas era tan positiva que, según algún mito poco conocido, la tierra o la materia de los inicios fue una ciudad llamada "la ciudad de los tiempos remotos".
Hasta aquí, nada nuevo.

Pero no sé si estas afirmaciones no deberían ser matizadas.

Como ya se ha comentado, las traducciones griegas, latinas o en lenguas modernas del inicio del Génesis que narra la creación del mundo sostienen que Yavhé, cuando creó el cielo y la tierra, primeramente creó una tierra vacía y solitaria -o creó a partir de una tierra vacía o solitaria, existiendo ésta cuando la creación del mundo. Las descripciones en griego afirman que la tierra era " aoratos kai akataskeuastos (ἀόρατος καὶ ἀκατασκεύαστος)", que significa invisible o insustancial, y mal ejecutada (lo que evoca un trabajo desordenado, incompleto, o quizá por llevar a cabo, y, desde luego, indigno de ser contemplado; eso indicaría que la tierra era una materia necesitada del obrar divino, o resultaba una obra fracasada, que debía ser revisada durante los seis días siguientes, matices que, todos ellos, no se encuentran en el original hebreo, ni en las traducciones latina y modernas); en latín, "inanis et vacua"; en inglés, "void and empty"; en castellano, "caos y confusión"; en francés, "déserte et vide". Es cierto que las distintas traducciones no dicen exactamente lo mismo. Así, la Vulgata (en latín) utiliza dos adjetivos sinónimos: inanis y vacuus: se podrían traducir por vacío y vaciado -lo que  denotaría que la tierra habría estado o sido, anteriormente, plena.

Sin embargo, todas estas traducciones no acaban de reflejar lo que el original dice.

La tierra que Yahvé crea, o con la que se encuentra cuando se dispone a crear es "tohu bohu" (ṯō·hūwā·ḇō·hū -תֹ֙הוּ֙ וָבֹ֔הוּ), una expresión que el francés ha tomado literalmente: significa desorden absoluto (por tanto, caos); en hebreo, empero, ya vimos que tohu estaba emparentado con el acadio Tiamat, el nombre de una de las dos divinidades babilónicas acuosas de los inicios, lo que llevaría a considerar que en los inicios érase, no la tierra sino las aguas, una imagen que, de todos modos, no se desmarca de la que el Génesis afirma. En efecto, el Génesis cuenta dos veces, de dos maneras distintas, la gestación del universo y, según una versión, la materia o la entidad primera es la tierra (desértica, vacía), mientras que, según la segunda, las aguas son lo primero.
 
To.hu se utiliza en otra descripción bíblica. Aparece en Isaías 24, 10: y describe una entidad " del caos -o caótica" (en francés); en griego, se emplea un calificativo, que deriva del verbo eremooo, y que significa devastar -lo que implica que, anteriormente, la entidad devastada estaba entera o completa-, y del adjetivo eremos, que se traduce por desierto o solitario; en latín, dicha entidad es "attrita (adtrita) vanitatis": literalmente, gastada por el uso, el roce, agotada, y vacía, irreal o falsa.

¿Cuál es esa entitad? Una ciudad.
Como comenta André Wénin (D´Adam à Abraham ou les errances de l´humain. Lecture de Génèse 1,1-12,4, Cerf, París, 2011, p. 29), al referirse al inicio del Génesis: "el narrador (del Génesis) no dice de dónde procede el caos (de los inicios) (...). Se limita a decir: "la tierra era tohu-bohu". El nombre común hebreo tohu (...) evoca la imagen de una ciudad devastada, inhabitable, no hospitalaria (...) Es la inversa de un mundo creado."
Así que el caos primordial podría ser una ciudad destruida -algo, por otra parte, lógico, dadas las guerras en el próximo oriente antiguo (y no solo antigua), y la fragilidad de los materiales de construcción. Una ciudad destruida ofrecía -y ofrece- la imagen de un mundo carente de vida, del que la vida, si la hubo, ha huido. La descripción del espacio originario, ¿constituye un mito, o es una metáfora? Es decir, ¿describe como se concebía realmente aquel espacio, o se trata tan solo de una imagen poética? Es difícil precisarlo. Mas, es muy posible que exista un sustrato mítico más o menos perceptible.
En este caso, la comparación del caos con una ciudad arrasada no sería tal, sino que aquél habría tenido el aspecto, o habría sido, una urbe caótica. La comparación con el mito de la ciudad primigenia sería inevitable.

En Mesopotamia, la ciudad era un espacio deseable; la vida no se concebía fuera de aquélla, al menos, de un espacio acotado y ordenado, edificante si no edificado. El caos originario bíblico, que es lo primero que Yahvé crea, sería una ciudad inhabitable. Pero ésta no sería un modelo. Antes bien, aparece como el anverso de lo que tendría que "ser": una ciudad acogedora.
Yahvé creó el universo en seis días. Los cinco días siguientes a la creación de la tierra y el cielo, o los cinco días en los que Yahvé partió de la tierra ya existente -tierra tan inhóspita como una ciudad asaltada- fueron dedicados a completar, corregir la creación del primer día: es decir, a convertir una ciudad en la que la vida no podía desarrollarse, en algo así como un Edén.

Tenemos que pensar que el Edén era un jardín: en hebreo, un gan, un sustantivo relacionado con el verbo ganan, que significa proteger. Esto significa que el Edén estaba acotado, defendido (Wenin, p. 60). Se le podría incluso describir como un espacio clausurado o incluso amurallado: una ciudad, en suma.
Si esto fuera cierto, y la imagen que el Génesis en hebreo presenta fuera la que se puede interpretar hoy, el Edén quizá no se opusiera a la ciudad de Caín, sino que éste fuera una imagen, una pálida imagen, quizá, de la ciudad originaria: una ciudad restaurada y, por tanto, habitable.

La relación entre los mitos sumerio y hebreo se acrecentaría, y la imagen bíblica de la ciudad sería más rica y compleja, lejos del aparente desprecio -quizá tardío, fruto del temor ante el poder de los imperios neo-babilónico y neo-asirio- por los modos de vida urbano que es posible que la versión latina de la Biblia, opuesta a la Roma pagana,  haya acentuado.








go eremooo

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