viernes, 10 de mayo de 2013

Cuelgue a un pobre en el salón

"Siente a un pobre en su mesa".
Este caritativo lema franquista, de los años cincuenta, inspiró a Berlanga una de sus mejores películas, Plácido (1962). Mostraba cómo señores y señoras de buena familia, acostumbrados a las mesas petitorias (una ayudita para los negros), se ufanaban, poco antes de Nochebuena, en encontrar a un pobre decente para darse de cenar. Una sola vez, no se fuera a habituar.

Este costumbre, tan útil para lavar malas costumbres en días tan "señalados" y familiares, por suerte, no se ha perdido.
Pero, hoy, ya no son señoritos y señoritas quienes piden a pobres; ahora son artistas. ¿Su obra?: pobres expuestos en galerías, en situaciones inverosímiles (en la pasada Bienal de Arquitectura de Venecia, el pabellón español presentaba a estudiantes de arquitectura y jóvenes arquitectos en paro vestidos de payaso, para denunciar, claro, el maltrato de los jóvenes creadores), o un tanto torturados, como en la obra maestra de Santiago Sierra, de 2001, 20 trabajadores (encerrados) en la bodega de un barco (en la que no se podía ni respirar). El arte de denuncia tiene eso: lo que se denuncia tiene que quedar muy claro, y la obra sale muy barata: si se pagara mucho al pobre, dejaría de serlo, y la obra ya no tendría sentido. No se pueden atar a esclavos con longanizas.

Exponer personas como obras de arte tampoco es una gran novedad. Desde los años sesenta, artistas como Gilbert & George se han expuesto a sí mismo de pie sobre una peana. El ejercicio era interesante. Una profunda reflexión sobre el carácter convencional de las definiciones. Una cosa es un artista, otra su obra. Pues no, no siempre: pueden ser lo mismo.
Así que exponer a pobres, hoy, es casi una práctica entrañable; como, por ejemplo, la contribución artística del pabellón catalán en la próxima Bienal de Arte de Venecia.
Cuentan los responsables que, al principio, estaban un poco preocupados porque los pobres "podían estar muy indefensos ante una propuesta tan conceptual". Es lo que tienen los pobres; además de pobres, son tontos.
El presupuesto para la preparación y exposición de esta magna obra se acerca a los quinientos mil euros. Cada uno de los ocho pobres han cobrado mil quinientos euros. Brutos.
El viaje a Venecia y una estancia de un par de días cuesta alrededor de doscientos euros por persona (un billete de avión en una compañía de bajo coste: 80 euros, una noche en un piso compartido: 30 euros, dietas -día y medio-: 90 euros). el gasto ascendería a mil seiscientos euros.
Pero no se les invita.
Espero que el séquito institucional y político que acuda desde Cataluña a la inauguración del pabellón veneciano esté a la altura de tan magna obra.

http://www.europapress.es/catalunya/noticia-catalunya-llevara-retrato-social-artistico-ocho-parados-bienal-arte-venecia-20130509152917.html
(remitido por Helena Tatay)

6 comentarios:

  1. " (un billete de avión en una compañía de bajo coste: 80 euros, una noche en un piso compartido: 30 euros, dietas -día y medio-: 90 euros). el gasto ascendería a mil seiscientos euros. "
    Para que no se acostumbren mal y no quieran viajar en business como el séquito...

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  2. Y eso que el presupuesto para esta edición es de 520.000 €, para la anterior (año 2011) fue de 450.000€

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  3. Tienen suerte que no intervenga Sierra, ya que los facturaría en un container a Venecia (que no sé si es más barato que en avión)...

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  4. Para las ofrendas al Arte, la carne humana es la más asequible. Lo ha demostrado, más allá de cualquier duda, Tunick. En Barcelona, especialmente, con éxito notable. ¿Hubiera podido -estrictamente: se lo hubiera podido permitir, y se lo hubieran permitido- materializar su hecatombe a los pies del MNAC con carne de pollo?

    Saludos,
    Santiago

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  5. El éxito de Tunick es sorprendente, inexplicable.
    El interés de las fotos, y de las acciones que ilustra, dudoso, me parece.
    Se ha convertido, como Christo, en un reclamo turístico. Muchas ciudades luchan por tener miles de personas desnudas para que Tunick las inmortalice, como, hasta no hace mucho, tener un edifico envuelto en tela daba prestigio.
    Enfin
    Gracias por recordar algunas obras absurdas

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