martes, 17 de febrero de 2015

Arte y estética (II)

A mediados del siglo XVIII se definió lo que era la obra d arte: qué características debía poseer, qué funciones satisfacer, cómo debía el espectador relacionarse con ella y qué esperar de ella.
Kant pensaba que describía con precisión actividades y obras humanas tales como la jardinería. Pero también pensaba en el arte del pasado: el arte greco-latino. posteriormente, Hegel incluiría en el mundo del arte así definido el arte oriental -babilónico, e hindú- y el arte egipcio.
Lo que Kant ni Hegel sabían -ni podían saber- es que el arte tal como lo concebían no existía, o apenas. Habían enunciado una definición de un tipo de objetos inexistentes, pero que desde entonces, fueron el objeto de la creación artística. Pensaron precisar qué era el arte del presente y del pasado y qué papel cumplía. Sin embargo, solo las obras del arte creadas a partir de entonces, respondieron -y aún responden- a esta definición.

El arte era la manifestación sensible de una idea. Ésta se encarnaba en una forma placentera. La belleza que cualificaba la forma seducía y evocaba ideas nobles en el alma del espectador. Éste, a fin de apreciar la obra de arte, debía situarse a cierta distancia de la misma, sin desearla ni menospreciarle. La obra no respondía a ningún deseo; no debía satisfacer ninguna necesidad ni responder clara ni directamente a ninguna función. La obra tenía una razón de ser, educar sin parecerlo, pero las razones de su existencia tenían que ser enigmáticas, como si la obra no respondiera a nada.

Gran parte del arte occidental, desde el siglo XIX, obedece a estas consideraciones.
Mas el arte anterior, tanto occidental cuanto de cualquier otra cultura, entre las que se hallan algunas culturas actuales no occidentales.

Eso no impide que la creación antigua se exponga en museos como si fuera una obra de arte, y que se aprecie como tal, que se la juzgue del mismo modo que se aprecia una obra de arte. Pero, la creación antigua -o de algunas culturas actuales no occidentales- no pertenece al mundo del arte.     

Pertenece al mundo la magia. Su función no consiste en ser contemplada y descifrada. La mayor parte del obrar humano antiguo o "tradicional" procede de tumbas y de templos. Estas piezas nunca fueron concebidas para ser contempladas por ojos humanos. Solo los dioses y los antepasados podían mirarlas.
Por otra parte, una obra de arte se somete a nuestra visión. Un ente antiguo o tradicional, en cambio, es un ente vivo que mira. Es el objeto el que escoge con quien se relaciona. La vida de una comunidad, las relaciones entre sus miembros, están determinadas por la manera cómo un objeto -un tótem, una estatua, por ejemplo- dirige su mirada y su influjo hacia determinados seres humanos, sometidos así al buen querer, al poder del objeto.

Un objeto, por otra parte, no adquiere sentido cuando ha sido manufacturado. Sigue siendo un objeto inerte. Es un determinado rito, una determinada acción practicada por determinadas personal, que emplean ciertas materias y ciertos, útiles, el que dota de vida -de poder- a un objeto. De pronto se anima. Y puede ejercer su fuerza, su influjo en una comunidad.

Por otra parte, el objeto mágico tiene que ser tratado con cuidado. Se le tiene que vestir, ornar, untar, alimentar, lavar, purificar regular y ritualmente. Es como un ser vivo: Es un ser vivo. Solo el contacto directo e íntimo con él permite apreciar su sentido. Es un ente exigente. Tiene una misión. Desde luego, no libra sus secretos a quien lo contempla distanciadamente, sino a quien escoge, el cual, a partir de entonces, tiene que tratarlo con sumo cuidado, tanto para evitar que el objeto le haga daño, como para, estando a su servicio, lograr que el objeto acepte revelarle ciertos secretos. Las cualidades sensibles son importantes. Pero éstas son inherentes a la materia y a la manera cómo han sido tratadas.
El valor, el sentido de una obra de arte  no reside en la manera cómo ha sido realizada, ni en la materia empleada. una obra, incluso, puede no haber sido materializada.
Un fetiche mágico, por el contrario, posee un cuerpo, que requiere cuidados y impone condiciones.

El sentido del fetiche no se manifiesta cuando éste se expone aisladamente. El fetiche debe entrar a formar parte de un complejo ritual, que preside, para, a través de las palabras, los gestos y los cantos, librar a ciertos participantes, al servicio del fetiche, determinadas verdades.
El fetiche tiene una misión; y unas exigencias; los humanos están a su merced. De hecho, los humanos son creaciones del fetiche. Éste determina quien puede vivir, quien tiene que ser sacrificado. 
Si Kant hubiera tenido conocimientos de lo que un fetiche era y de las necesidades y poderes del mismo, es posible que hubiera definido lo que es la creación humana de modo muy distinto. Quizá nunca hubiera existido el arte.
Según el crédito que la creación moderna y contemporánea merecen, esta situación puede ser alabada o lamentada. La historia del "arte", desde luego, habría sido muy distinta. Quizá ni siquiera se hubiera dado.

15 comentarios:

  1. Antes que nada agradecer las entradas de este bloc a su autor... me fascinan y me llevan a la reflexión... aquí dejo una: Los museos no dejan de ser santuarios, con sus rituales impartidos por comisarios y otros "sacerdotes". Los críticos teólogos y el público creyentes... Hasta que nos nos liberemos y seamos todos artistas, el arte serà controlado por el poder (religioso, político,econòmico...). Hay intentos de no dejarse someter pero no reciben apoyos mayoritarios porqué són vistos por una parte como amenaza (al orden), y por otra parte acaban siendo adorados por minorias que los situan de nuevo al nivel de fetiche.

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    1. Buenos días

      ¡Muchas gracias por su apreciación!
      Estoy de acuerdo en que, incluso hoy, en un tiempo profano, el arte no deja de tener un componente sagrado. los templos son los museos, y artistas y comisarios son como sacerdotes. El arte requiere fe. Para poder apreciar una obra como algo más y algo distinto a un cúmulo de materiales, para apreciar una imagen, es necesario creer en qué además de los materiales -una tela pmtada, por ejemplo- la imagen es capaz de poseer cierta vida, como si mostrara a un ser vivo.
      Personalmente, no me molesta que todo el mundo no sea artista. en culturas antiguas y tradicionales, los hechiceros, los magos, quienes realizaban fetiches, tallaban y pintaban más caras, labraban joyas, etc., eran siempre unos seres especiales. Que el arte sea una actividad en manos de unos pocos -aceptados por tados- otorga a su práctica una cierta magia.
      ¿Hay farsantes? Desde luego, y muchos, en el mundo del arte. Pero seguramente ni más ni menos que en otros campos. Falsos profetas siempre ha habido
      ¡Muchas gracias por su comentario!

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    2. De acuerdo salvo en el hecho que lo que otorga magia es causado porque (el ser artista) está en manos de unos pocos. Para mi eso no es magia sinó ilusionismo, manipulación (como la que realiza el mago profesional sacando un conejo de la chistera); y lo acredito observando la magia diaria (de personas aparentemente no- artistas) que con sus producciones me hechizan. La muerte, el amor siempre es arte (si así se aprecia).... eso es lo que queria decir con que todos somos artistas...todo es arte...pequeñas piedras que alteran el lago, pequeñas ondas... y también claro el arte enclaustrado... necesario para mantener encendida la llama...esa quizás es la función del artista profesional... llevar ese fuego que todos tenemos pero no sabemos apreciar.

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    3. La magia juega con nuestra capacidad tanto de ser engañados, de dejarnos engañar, de querer ser engañados, cuanto con nuestra capacidad de creer en lo que vemos -y en lo que no vemos: la religión supongo que revela nuestra atracción y rendición ante lo que no es evidente.
      De ahí que el artista esté entre el hechicero y el sacerdote. Manipula, sin duda, a veces incconscientemente o dejándose llevar, a veces con motivaciones poco claras o confesables (los sacerdotes que jugaban con el eco en los templos para hacer creer en presencias divinas) pero también ocurría que los sacerdotes tenían la sensación que no engañaban sino que actuaban de un modo determinado para que las voces divinas pudieran ser escuchadas. sus gestos solo servían para amplificar la voz sobrenatural, del mismo modo que el pintor y el tallista ponía su "arte" al servicio de la divinidad para que ésta pudiera "materializarse".

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    4. La magia juega con nuestra capacidad tanto de ser engañados, de dejarnos engañar, de querer ser engañados, cuanto con nuestra capacidad de creer en lo que vemos -y en lo que no vemos: la religión supongo que revela nuestra atracción y rendición ante lo que no es evidente.
      De ahí que el artista esté entre el hechicero y el sacerdote. Manipula, sin duda, a veces incconscientemente o dejándose llevar, a veces con motivaciones poco claras o confesables (los sacerdotes que jugaban con el eco en los templos para hacer creer en presencias divinas) pero también ocurría que los sacerdotes tenían la sensación que no engañaban sino que actuaban de un modo determinado para que las voces divinas pudieran ser escuchadas. sus gestos solo servían para amplificar la voz sobrenatural, del mismo modo que el pintor y el tallista ponía su "arte" al servicio de la divinidad para que ésta pudiera "materializarse".

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  2. Interesante planteo, aunque todavía no sé si estoy de acuerdo. Pienso en el contenido y referencia del término griego clásico de tekné, pienso en el no menos clásico de poiesis. ¿Con estos términos no se definía el arte y la creación (luego los resultados tangibles de éstos)?
    Estos valiosos artículos darán lugar a una jugosa discusión, sin duda. Y gracias por ello

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    1. Grecia, para bien y para mal, ha determinado qué es el arte. Quienes, en el siglo XVIII, determinaron qué debía ser el arte, tenían una aguda formación clásica.
      Creo que la tekne era un hacer, o un modo de hacer, que daba lugar a entes, en verdad mágicos. Los "técnicos" eran unos seres especiales, temidos y despreciados precisamente porque poseían saberes esotéricos que daban miedo. Se les despreciaba, también, porque vivían al margen, en parte a fin de preservar el "secreto" profesional, en parte porque manejaban materias y elementos, como, el fuego, peligrosos.
      La poiesis era un simple hacer. Nombraba el hacer del "artesano" -que deberíamos llamar más bien mago, al menos en época arcaica.
      Si platón condenaba a los creadores de imágenes era precisamente por los peligros que éstas encarnaban.
      La "poesía" era una actividad sagrada, al menos hasta el siglo V aC. Y los poetas o vates estaban, se pensaba y creían, estaban en contacto con fuerzas sobrenaturales.
      Incluso platón, que temía y se burlaba de los poetas, aceptaba que eran seres especiales, y Aristóteles los presentó como seres dotados de un "humor" espacial, que les llevaba a alcanzar fuerzas o seres sobrenaturales también.
      Es decir, creo que si se hubiera interpretado el arte griego, no desde una perspectiva moderna, sino como una práctica no muy distinta de cualquier práctica mágica de cualquier cultura antigua y tradicional, seguramente la historia del arte habría cambiado, pero se habría atendido mejor a lo que el arte era en verdad: una práctica esotérica, valiosa, necesaria, aunque el practicante fuese temido y despreciado, como ocurre con los "tricksters" y los chamanes en las culturas "tradicionales", con las brujas antes del siglo XVIII, temidas, y quemadas.

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    2. "A mediados del siglo XVIII se definió lo que era la obra d arte: qué características debía poseer, qué funciones satisfacer, cómo debía el espectador relacionarse con ella y qué esperar de ella."
      No puedo estar de acuerdo con esta afirmación. En primer lugar porque equiparar una definición teórica como un acta de nacimiento es confundir una definición con una referencia. El arte preexiste a su definición teórica por aquello de "primum vivere deinde filosofare".
      La tekné no era simplemente un modo de hacer, sino de hacer ser cosas que contingentemente pueden ser o no ser, según Aristóteles. Por su parte la poiesis es el hacer en su aspecto intelectual.
      El arte no debe, creo yo, definirse por sus implementaciones sociales (mágicas, religiosas, intelectuales o el simple uso) sino por su carácter sustancial de producción.
      Agradecido por su atención y paciencia

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    3. Muchas gracias por el comentario
      Supongo que el texto que redacté es exagerado.
      Una obra de arte es un objeto fruto de un hacer o un obrar. Es un producto.
      Pero Kant definió las características de este objeto.
      Y prácticamente ningún objeto anterior al s. XVIII, en Occidente, respondía a esta definición.
      Formalmente, una escultura del s. XIX era similar a una de la Grecia clásica. Pero su finalidad era distinta. Y la relación que el ser humano establecía con la obra también era distinta. Un espectador moderno contempla -se relacionas sensiblemente con- una obra. No ocurre así en sociedades antiguas y tradicionales. Es la obra la que se impone, que escoge a sus espectadores. A éstos no debe seducirlos a través de una forma atractiva o curiosa, para hacerles pensar, sino que ejerce una acción o influjo tal que somete a quienes autoriza a que la contemplen. Los fetiches no existen para ser expuestos, sino que son agentes activos que modifican el comportamiento de quienes se relacionan con ellos.
      Es en este sentido que podríamos llegar a decir que antes del siglo XVIII no hubo ningún objeto que respondiera a la definición kantiana de obra de arte, si bien todas las obras antiguas pudieron ser juzgadas como obras de arte, lo que llevó a faltar a lo que eran y a lo que cumplían. Al menos, eso es lo que me parece

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    4. Muchas gracias por su respuesta.
      Es llamativo que ni Platón ni Aristóteles (particularmente en su Ética a Nicómaco o bien en su Poética), cuando abordan el tema del arte y la creación omitan consignar el papel fetiche de la obra de arte. Por eso es que su proposición, por otra parte muy clara, me resulta algo extraña para compartirla. Aunque agradezco especialmente las visiones alternativas, pues me estimulan a pensar.

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    5. Hace la misma observación que me planteé durante una discusión sobre el carácter mágico del "arte" antiguo que tuve con una antropóloga recientemente.
      Es cierto que el mundo antiguo no es monolítico y que, por tanto, lo que ocurriera y se pensara en el siglo IV aC podía no tener nada que ver con creencias del tercer milenio. La Grecia clásica, o el mundo helenístico, estaban muy lejos de lo que ocurrió en el mundo sumerio.
      Sin embargo, podríamos pensar que la condena radical del mundo de la imagen por parte de Platón no reflejaba el carácter insustancial de la misma sino, antes bien, el miedo que suscitaba el influjo que aquélla pudiera ejercer.
      Igualmente, Aristóteles sostenía que la tragedia -un acontecimiento religioso o sagrado, por otra parte, ya que la trilogía (dos tragedias y una sátira) que se representaba acontecía durante los festivales en honor de Dioniso cuyo altar presidia la escena- ejercía un fuerte impacto en el ánimo del espectador hasta llegar a prepararlo para la vida. ¿Función educativa de la tragedia, o función mágica? Debía de haber, en las consideraciones de Aristóteles, un eco o un reconocimiento de la influencia que los rituales ejercían en los asistentes a los mismos, capaces de modelar comportamientos y pautar existencias.

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    6. Mucho le agradezco estos aportes. Si bien no me convencen aún, he de admitir, hidalgamente, que ha introducido una brecha de duda en la muralla de mis convicciones, cosa que es de mucho agradecer.

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    7. La teoría del arte se basa en impresiones personales, razonadas o razonables, pero no demostrables, por lo que las impresiones de cada uno son perfectamente defendibles, siempre, pienso, que se puedan "razonar", aunque no se deban imponer.
      Muchas gracias por esta esclarecedora conversación

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  3. Yo veo que cuando se teoriza sobre lo que llamamos arte muchas veces se olvida a quienes llamamos artista.
    Es verdad que en cada tiempo y lugar cambian las funciones y la concepción que se tiene de lo que hemos metido en estas categorías ,pero también es cierto que hay personas que sienten una necesidad de expresarse plasticamente y que en ello está involucrada ,seguramente ,su identidad,su percepción de sí mismos y del mundo.
    Quienes pintaran las cuevas del paleolítico tenían unas capacidades y un instinto semejantes en la mayoría de los casos a los de Degas o Picasso.
    Ahora es habitual dar a los niños ceras y plastilina .Los niños paleolíticos ¿dibujarían trazos en la arena para traducir lo que veían y les impresionaba? es cierto que las representaciones estaban ligadas a lo sagrado y que tendría que haber detrás una tradición que los niños conocieran y una escuela y unas ideas ,pero seguro que había personas más proclives que otras a expresarse plásticamente ,a rellenar de color de determinada manera ,a la mímica,a elaborar historias y serían las que determinarían el estilo de las representaciones ..El hermoso tocado de la dama Puabi no lo diseñó cualquiera aunque quizá supiera que no lo iba a ver nadie más allá de la familia .
    Sea lo que sea eso llamado arte,creo que siempre existirán los llamados artistas.Y personas receptivas a las realizaciones de estos.Hace unos años se pretendía que el arte ya sólo podría ser conceptual y quizá lo crean así críticos y galeristas y eso condicionará la obra de muchos artistas pero creo que siempre habrá gente que lleve a cabo sus realizaciones en el mundo de lo sensible y gente que aprecie esas realizaciones más allá de su función social.
    Lo de la muerte del arte es un poco como lo de la muerte de dios:siempre habrá creyentes.
    A veces he pensado si no habría sido más sano para el artista seguir en la simple y cotidiana categoría de artesano sin tener sobre sí la obligación de tener que revolucionar la historia del arte a diario.
    Ideas un tanto simples,lo reconozco,pero que también reflejan una realidad

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    1. Estoy plenamente de acuerdo en que siempre ha habido y habrán personas que han sentido y sentirán una "llamada", la necesidad de crear, ya atribuyeran este deseo a una fuerza superior o una fuerza interior.
      Eso no hace sino apoyar la imagen del creador como un mago en las sociedades antiguas y tradicionales.
      Desde luego, los saberes y la "mano" que requería la elaboración de las joyas de la reina Puabi no estaban al alcance de todo el mundo. La dificultad técnica era extrema. Algunos estudiosos piensan que la búsqueda del "más difícil todavía" era una muestra de los poderes especiales de los creadores, que actuaban en conjunción con poderes superiores.
      Pero también es cierto que dichos creadores -que hoy llamaríamos artesanos, aunque eran más bien magos- necesitaban ser reconocidos y requeridos como tales. Es decir el consenso social acerca del estatuto, la función, y las capacidades del artesano eran necesarios. Éste no podía crear libremente. Esta creencia y esta actitud pervivió hasta finales del barroco, cuando los talleres se disolvieron ante el empuje del artista tal como lo definieron los filósofos de la Ilustración.
      Hoy, es cierto, el mercado es un elemento que posiblemente distorsione la percepción de la creación, y de lugar a la existencia de embaucadores, pero éstos siempre han existido y no siempre fueron desenmascarados -un verbo que revela que el artista es quien maneja una máscara que lo convierte en otro ser, que se oculta para ser otro.

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