1992
2026
La restitución caracteriza la manera de tratar la creación: se restaura, se reconstruye lo que se ha perdido o destruido. Lo que había caído vuelve a la vida. Se suprimen añadidos y se reponen privaciones. El daño no podrá nunca ser borrado, empero, y quizá no deba desaparecer, como testimonio de lo que se ha padecido.
La arquitectura es quizá el arte en el que la restitución cobra más protagonismo. Las adherencias, los cambios sin sentido, las mutilaciones, que deforman y descomponen una obra deben de ser tratados. La restitución restablece un equilibrio perdido. El desequilibro provoca caídas, desajustes, derrumbes físicos y morales.
Pese al trato que recibe y ha recibido una parte de la obra de Antoni Gaudí, convertida en una caricatura de sí misma en ocasiones, Barcelona sabe bien la importancia de la restitución. Se reconstruyen obras del pasado, se rescatan colores originales, se suprimen añadidos innecesarios, y se trata de compensar la falta de respeto que ha recibido un edificio. Intervenciones recientes no escasean, desde la casa Vicens hasta la casa Moratiel: muestras de respeto, comprensión y aprecio por la obra ajena.
Una próxima restitución deberá acontecer para que la central telefónica de la Villa Olímpica de Barcelona, construida en 1992, con motivo de los Juegos Olímpicos en la ciudad, recupere de lo que ha sido privada y cargada recientemente bajo la indiferencia de la autoridad. Seguramente la central ya no es necesaria en los tiempos de los móviles y las llamadas redes sociales. Pero es un testimonio de lo que aconteció. La justicia implica el reconocimiento de lo que los otros son y fueron, que son y fueron lo que somos y esperamos seguir siendo.
Agradecimientos a CG, AS y AdB por sus informaciones y reflexiones que dan de pensar


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