miércoles, 8 de julio de 2026

ÉDOUARD LEVÉ (1965-2007): ANGOISSE (2000)











El parecido entre angustia y angosto ya denota lo que la angustia es, o lo que causa. Angustia, en latín, significa estrechez o, mejor dicho, estrecheces: en latín se trataba de una palabra en plural, angustiae. Las miserias nunca venían solas. Y eran dolorosas. El verbo latino ango, de donde viene angustiae, se traduce por comprimir, encoger el ánimo, inquietar, atormentar: una sensación física y psíquica que atenta contra la vida y el ánimo. Implica una pérdida de vitalidad y de confianza.

Angustia es el nombre de un pueblo de poco más de quinientos habitantes en el suroeste de Francia, muy cerca del centro del país, entre Burdeos y Limoges. Una región, el Périgord, áspera, dura y escasamente poblada, marcada por montes de piedra calcárea roídos y plantas ralas. 

Un cartel de carretera anuncia el nombre del pueblo en la entrada. Bien podría ser un epígrafe que denominara la sensación que el pueblo puede suscitar en quien lo recorriera o se detuviera en él. 

El pueblo posee todas las instituciones políticas, religiosas y culturales propias de una comunidad, por pequeña que sea: una iglesia, un ayuntamiento y una biblioteca pública. Todos son equipamientos de Angustia.

El escritor y fotógrafo francés Édouard Levé halló casualmente el pueblo y lo retrató. Fotografió todas las veces en que el nombre, independientemente del tamaño del anuncio, aparece en el pueblo. Las imágenes parecen haber sido tomadas un domingo al alba. O de noche. Un haz de faros de un automóvil rebota en la señal de carretera. Se dirigen tomas de la policía, cuando algo va mal. No se ve nadie. Postes con cables telegráficos, situados en el borde de la carretera secundaria, avanzan hacia el centro, entre yerbas amarillentas. Un pueblo adormecido o abandonado -los equipamientos necesitarían una restauración siquiera superficial-. Las pocas casas de fachada enlucida de color gris mantienen los postigos de madera, mal pintados de blanco, cerrados. La entrañable y patética disposición regular de arbustos en el pueblo, simétricamente ubicados a lado y lado de algunas fachadas, acentúa la irrealidad del burgo. Tan solo los carteles con el nombre Angustia en letras mayúsculas, revelan que sigue vivo. Algunos pocos coches están aparcados. Y olvidados. 

Édouard Levé se suicidó seis años más tarde.

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